LA LIBERTAD Y LA LEY

La Coherencia sólo es posible si se aceptan principios bien definidos, F.A.Hayek.

La resurrección de Ayn Rand y el dislate de Víctor Gago

Publicado por yosoyhayek en Febrero 9, 2010

Dijo El País, hace poco más de un mes, que “Los conservadores estadounidenses usan a la escritora de “El manantial’ como arma intelectual contra Obama”, información diametralmente opuesta a la severa afirmación hecha por Victor Gago en el programa de libros de LD: “Dudo mucho que un conservador o un liberal consciente puedan tomar en serio a Ayn Rand, al contrario, Rand triunfa entre el socialismo más rampante…”.

Lo cierto es que de todas las novelas randianas únicamente he leído El Manantial. Desconocía las claves de su argumento antes de lanzarme a una digestión lenta pero constante de las casi 800 páginas de su edición de bolsillo. Lo hice por consejo de un amigo, que no se equivocó en la recomendación, porque ha resultado ser uno de los libros más interesantes que he leído en los últimos años. Me gusta la arquitectura. El marido de una compañera de despacho es arquitecto. Ingenuamente le recomendé, a mi compañera, que le regalase El Manantial por navidades. Cuál fue mi sorpresa al comprobar que el consejo llegaba tarde, ya era su libro fetiche desde sus años de estudiante universitario. Gracias a una conversación sobre los personajes y el tipo de arquitectura defendida por Howard Roark (protagonista de la novela), tengo en mi repisa de “pendientes de lectura” la autobiografía de Frank Lloyd Wright (en quien se inspiró Rand para componer al susodicho Prometeo del egoísmo creativo).

Sin entrar en la historia ni tratar de hacer una crítica literaria que, por mis conocimientos, ni me corresponde ni me apetece, sí me parece desafortunado el comentario de Gago. No soy objetivista, ni randiano, ni comulgo con su culto al egoísmo malamente conceptualizado, pero sí advierto que en su obra se exaltan con brillantez y contundencia, valores y principios que siento míos como defensor de la libertad individual. La ligereza que intuyo en las palabras de Gago, no sé si por su desprecio del laicismo ateísta que practicó la fumadora compulsiva de peinado futurista, como dicen algunos, o simplemente hablando por hablar y no callar, como suele pasar en demasiadas ocasiones cuando no se tiene nada mejor que decir, es inveraz. Hoy, Ayn Rand, sigue siendo un referente para liberales y libertarios, no para socialistas, de la condición o dirección que sea.

“Pero nadie puede vivir del otro. No puede compartir su espíritu, como no puede compartir su cuerpo. El parásito se vale del altruismo como arma de explotación e invierte los principios morales del género humano. Les enseña a los hombres preceptos para destruir al creativo. Les enseña que la dependencia es una virtud”

“A los hombres se les ha enseñado que la virtud más alta no es crear, sino dar. Sin embargo, no se puede dar lo que no ha sido creado. La creación es anterior a la distribución, pues, de lo contrario, no habría nada que distribuir”

“Una persona piensa y trabaja sola. Pero no puede robar, explotar ni gobernar sola. El robo, la explotación y el gobierno presuponen la existencia de víctimas. Implican dependencia”

“El “bien común” de una colectividad, una raza, una clase, un Estado, ha sido la pretensión y la justificación de toda tiranía que se haya establecido sobre los hombres”

“La civilización es el progreso hacia una sociedad de privacidad. La existencia del salvaje es pública, regida por las leyes de su tribu. La civilización es el proceso que consiste en liberar al hombre del hombre”

“No reconozco ninguna obligación hacia los demás, excepto una: respetar su libertad y no formar parte de una sociedad esclava”…

Saludos y Libertad!

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Lecciones de Vascuence

Publicado por yosoyhayek en Febrero 8, 2010

Patxi López conoce el gugu-tata del euskera ilustrado. No le suenan los sonidos y expresiones de los dialectos vascos originales, y menos aún entiende batua. Se aprende los discursos de memoria, como Zapatero cuando habló en la Asamblea nacional francesa. Por ello ha decidido, como hicieran sus antecesores, contratar servicios de enseñanza del vascuence común en la República independiente del Batzoki.

Tantos años esmerándose en hacer de lo minoritario y postergado, seña de identidad nacional para una sociedad pretendidamente moderna, que parece mentira la falta de previsión de los aspirantes a Lehendakari de todos los vascos y las vascas. Ibarretxe tampoco conocía la lengua de sus tátara, tátara abuelos. Hoy tampoco, porque lo que habla es una suerte de esperanto élfico, que suena a japonés rural, derivado de un corta y pega lingüístico caprichoso. Si se habla es por imposición. Pero con esto, como con otras cosas, surge el efecto “bola de nieve”. Crece y crece hasta toparse con un obstáculo que la quiebra desde su interior. Eso ha pasado con el Euskera, con la Batua ilustrada. Por mucho empeño que se haya puesto en inculcarla, define menos la naturalidad de quien habla con libertad lo que oye en casa y en la calle, que el sectarismo forzado y el paletismo importado por la media y gran ciudad.

Patxi López necesita colgarse en la solapa la EuskoLabel lingüística. Para ser un vasco de primera, primero hay que serlo. Y es que en estos sitios donde prima el pedigrí, sin importar el solar de nacimiento, un López de Barakaldo de padres maketos, nunca será tan vasco como un Aguinaga de Madrid, de padres madrileños. Hace poco, haciendo gestiones familiares en Bilbao, salió el asunto de la estirpe, que no sé por qué razón es tema de conversación recurrente entre los acomplejados. Resulta que mi abuelo es uno de esos vascos nacidos en Madrid, no por sentimiento (él siempre decía, y seguro que murió confiando en, que “de Madrid al cielo, y desde el cielo un agujerito para seguir viéndolo”), sino por la cuna de su padre, un bilbaíno de pro y “8 apellidos vascos de verdad” (y no tanta traducción paleta y efectista: cuanto más largo y ininteligible, más falso y reciente). El caso es con estos antepasados, por arte y gracia del etnicismo vasco, me convierto en ilustre miembro de la “colonia vasca en la Capital”. Algo así como la NABO (North American Basque Organizations), incluida en la historia de la “diáspora vasca” (ejem). No sé si tiene ventajas, pero seguro que hay carné y muchas subvenciones para mantener el arraigo.

Con esta cerrazón dominando las conciencias de propios, asimilados y colaboracionistas, parece razonable que Patxi López se aferre a la mera apariencia como mejor estrategia personal y política. El dinero público está para estas cosas, digo yo: para pagar caprichos y construir naciones de la nada. A eso se han dedicado los Estados durante los últimos 200 o 300 años. ¿Por qué negarles el derecho a ser imbéciles? No será el primer falso derecho convertido en justificación de un programa de intervención social.

Los vascos, incluido mi bisabuelo, dejaron de hablar vascuence hace mucho tiempo. Reductos que no justifican la imposición, el dominio de la cultura rural sobre la urbana, el reinado del cazurrismo convertido en mejor baza para segregar sociedades espontáneamente vinculadas. La violencia que representa la imposición del euskera como lengua de los que habitan en aquellas tierras, no se siente solo en la irresistible mediatización de la educación, sino en el ambiente que empuja a comulgar con los giros de soberbia y paletismo con que se pretende moldear una sociedad industrial y abierta como la vasca.

Saludos y Libertad!

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Up in the air

Publicado por yosoyhayek en Febrero 7, 2010

La última de George Clooney (dirigida por J. Reitman) no es una cinta al uso. Su interpretación es notable, aunque lo realmente remarcable es la brillantez carrera profesional del actor protagonista. Lleva años eligiendo bien, interpretando mejor y labrándose un merecido prestigio. A Clooney no se le nomina a los Oscar por su interpretación; se le nomina por su particular trayectoria.

Up in the air habla del desempleo, sin duda el auténtico drama de esta crisis. Pero también trata de la soledad o del arraigo individual a través de personajes randianos, por así decirlo, dotados de personalidades olímpicas, incomprensibles en sus motivaciones para la mayoría de quienes los tratan y rodean. La moraleja de la película depende de la perspectiva vital de cada uno.

Me ha gustado el ritmo que mantiene el film hasta el final, la elección de sus tres actores principales y la banda sonora, tranquila y cargada de letras que aportan densidad a la historia (que ni tanto, ni tan poco, como parece en un primer momento).

El personaje que interpreta Clooney se dedica a la dura tarea de notificar, de la mejor manera posible (evitando problemas legales o arrebatos psicóticos), el cambio brutal e irremediable que para un trabajador representa el despido. Poco importa la edad o el puesto del que uno sea lanzado: tu vida se rompe y con ella toda una red, perfectamente tramada, de expectativas. La historia cuadra a la perfección, conectando esta circunstancia, que es al mismo tiempo propia y ajena para el protagonista, un individuo que deambula de aeropuerto en aeropuerto, de hotel en hotel, sin dejar ni tomar conexiones materiales o personales…

Más allá de ser un derecho, la posesión de bienes inmuebles es una necesidad humana. Hay quien reniega de ello, aparentando no padecer semejante insuficiencia, que nos obliga a definir arraigos locales (no por ello perpetuos ni únicos) desde los que contemplar el mundo y la vida con nuestra personal perspectiva. Ciudades o fincas, espacios que poseemos en exclusiva o que disfrutamos sin lamentarnos por los demás. Nadie puede vivir sin tales referencias. De ahí que el personaje de Clooney se me antoje randiano, inverosímil o sobrehumano.

La película es muy recomendable. Una cita obligada para completar la lista principal de nominados a los Oscar de este año.

Saludos!

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La reforma laboral

Publicado por yosoyhayek en Febrero 6, 2010

Dicen los cuantitativistas, los que analizan la economía en base a agregados, un empirismo grosero y gráficas maquilladas por teorías equivocadas, que el salario mínimo interprofesional únicamente provoca cerca de 70.000 parados en total. Tendrán que revisar sus cifras a la vista de la actual situación, pero ante todo, lo que urge revisar es su concepción del mercado, su manera de estudiarlo, de comprender el tipo de conocimiento e información que permiten coordinar y corregir desajustes, aprovechar oportunidades y favorecer la acumulación de riqueza y prosperidad.

Parece legítimo que un trabajador consiga ciertas garantías ante un eventual despido. En un mercado libre, cada empresa, cada grupo organizado de trabajadores, cada profesional independiente, pactaría sus despidos con total libertad, ajustándose en cada caso a las circunstancias del mercado y la naturaleza del empleo o actividad en concreto. El problema de trazar normas generales en este sentido es que no todos los casos particulares soportan su rigidez.

El despido es un riesgo que empresario y trabajador deben prever y asegurar. El mercado genera mecanismos eficientes para que la garantía frente al despido no se convierta en una carga demasiado onerosa para los que ni despiden ni son despedidos. En el sistema actual todo empleador debe incorporar en su personal planificación económica el coste de despido que realmente puede asumir. Si es rígido y elevado, será su capacidad productiva y de contratación la que se verá afectada a la baja. Si existen subterfugios o evasivas, sin duda acudirá a ellas para conseguir la mayor actividad con el menor coste: ese, y no otro, es el origen de lo que los sindicatos llaman “precariedad” (fórmulas flexibles que el propio sistema genera, por ser demasiado rígido, a fin de corregir sus propios excesos).

La tímida reforma de Zapatero va en ese sentido, como lo fue también la introducción que González hizo de las Ett, u otros mecanismos y parches que enmascaran los defectos del sistema aparente. Al mismo tiempo se subvenciona cierto tipo de contrataciones, haciendo que los empresarios consignen contratos por mera conveniencia fiscal, provocando desajustes terribles en situaciones de crisis como la que vivimos. El resultado, entre normas, contranormas y correctivos e incentivos fiscales, es el fisco actual, generador de un 20% de paro y al mismo tiempo, barrera prácticamente insalvable para una próxima y acuciante recuperación económica, con su consecuente generación de empleo. Es un sistema destructivo y maniaco depresivo. Zapatero ni lo modera ni lo reforma, sencillamente lo empeora.

Los agregacionistas, macroeconomistas neoclásicos y neokeynesianos, se fijan en lo que se ve, o lo que creen ver cuando contemplan la realidad con sus teorías defectuosas. No perciben lo que se deja de hacer, el coste de oportunidad traducido en información y conocimiento que no llega a generarse o ponerse en práctica. Aunque en sus esquemas, tal indemnización por despido (de 45, 20 o 33 días, lo que sea), motiva movimientos de tantos parados a la actividad, en realidad pierden la perspectiva de una realidad económica donde son el conocimiento y la información las claves del dinamismo y la eficiencia. Los datos no están dados, en absoluto, e incluso los que se cree tener perfectamente identificados y clasificados, no son una traducción fiable de lo que contienen.

Un precio mínimo parece proteger a los ofertantes (en el caso de los salarios, a los trabajadores), cuando en realidad lo que hace es impedir que se cierren intercambios por precios inferiores al fijado, dejando a mucho oferente sin liquidar su bien o servicio. La demanda de trabajo se limita a la que soporta dicho coste, que no solo es el nominal del precio mínimo, sino la suma de éste y del resto de costes adicionales incorporados: impuestos, cotizaciones, indemnización por despido, etc. Con los datos presentes y presumiblemente identificados, pueden hacerse las cábalas que se quiera en el sentido de advertir el efecto que tendría mover una o más de una variables en una dirección u otra. El resultado es irreal, no por poco riguroso en la labor de cálculo, sino porque evita incorporar el efecto que efectivamente provoca en el mercado, como gran motor de generación de conocimiento y transmisión de información.

Toda reducción de costes adicionales, o eliminación de precios mínimos, no redunda en el empobrecimiento del trabajador, como tratan de demostrar los sindicatos, sino todo lo contrario, dado que el trabajador no puede ser más pobre de lo que es dentro de un sistema que le obliga a soportarlo todo contra su renta disponible (la que al final le queda después de impuestos, cargas y cotizaciones). Un sistema de despido libre (con indemnizaciones competitivas, y no fijadas por una ley), sin costes fiscales o cotizaciones igualmente predefinidas y ajenas a la singularidad de cada contrato y actividad, será en realidad un auténtico mercado de trabajo, que por definición permitirá la oferta y demanda de una mercancía (el trabajo), ajustando y coordinando las decisiones de todos los agentes en virtud del conocimiento y la información que, de continuo, se cree y transmita descubriendo oportunidades de ganancia, beneficios puros, nuevas actividades y mejores asignaciones de recursos. Todo eso es lo que frena la intervención. El mito de que sin intervención el mercado no sería capaz de sostener el nivel de vida actual, es tan falaz como acientífico. Ya hoy son los trabajadores quienes sufren, al liquidar su salario dejándolo en los huesos de la renta disponible, todas las consecuencias de un sistema viciado e insostenible que es causa única de los niveles de paro y precariedad que tanto lamentan los intervencionistas. Bonita razón para no aplaudir reformas tan groseras e inútiles como la planteada por el Gobierno.

Saludos y Libertad!

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PPorquería

Publicado por yosoyhayek en Febrero 5, 2010

Rajoy quiere ganar en 2012 con la misma estrategia que le hizo perder en 2008 y 2004: la estrategia Arriola.

Plantear una Moción de Censura es una cuestión de responsabilidad política. Incluso a sabiendas de que será derrotada, el PP tiene la obligación de proponer un debate serio y general sobre la gobernabilidad de España. Si lo hiciera, con Rajoy a los mandos, las obviedades bombardearían a Zapatero, no obstante el resultado sería poco más o menos el de siempre: un Rajoy que no impresiona, ni emociona, y menos aún convence.

La cobardía que demuestra el PP, como partido aspirante a gobernar, con las encuestas a su favor, muy a pesar de las carencias evidentes de su equipo de mando, es casi tan repulsiva como la necedad y el sectarismo de Zapatero, sus secuaces y mancebos.

Nos merecemos, todos, el drama social que estamos viviendo en España. No solo tenemos en La Moncloa a un “hijoputa” integral (como diría Aguirre), sino que en Génova, lo que abunda, es la poca gallardía y una suma babosería: Rajoy, Soraya, Cospedal, Moragas, Pons… ¿Está es la alternativa?

Pero lo grave, lo que demuestra que este es un País de mediocres y cobardes, es que ni en el PSOE ni en el PP son capaces, los que sí mantienen cierta altura y coherencia, de remover a sus actuales cúpulas dirigentes, tumbar gobiernos, exigir congresos internos, provocar temblores con los que acabar con esta putrefacción.

No vale lanzar globos sonda, incluso atreverse a dar un primer paso, para después recular, cobijarse en el propio nicho de poder y disfrutar de los años que le restan hasta la jubilación. En esta vida la valentía se demuestra andando, y la pasión por la libertad, luchando.

Zapatero y Rajoy son dos mitades de la misma enfermedad, y tras ellos, quienes los alimentan y ponderan.

Saludos y Libertad!

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Pícaros by Adolfo Domínguez

Publicado por Liberand en Febrero 4, 2010

Se cumple una semana del famoso “pensionazo”, aún proyecto, pero que se ha erigido como protagonista indiscutible en las tertulias radiotelevisivas y como tema preferido para discutir en familia, entre amigos, en el mercado o en la consulta del médico. De hecho, en este blog, ya le hemos dedicado cuatro entradas.

Se nota que el sentir mayoritario de la opinión pública es contrario a retrasar la edad de jubilación a los 67 años. En ese termómetro social que es facebook ya podemos encontrar varios grupos diciéndole a Zapatero que sea su “puta madre” la que se jubile a los 67 años, y también otros menos ofensivos con su progenitora como el “Vale Zapatero yo me jubilo a los 67 pero tú dimites mañana”.

Es una pena, tenemos una oportunidad de oro para acabar con uno de los pilares clave del estatismo, la Seguridad Social, pero el debate se está llevando, como siempre, por el lugar equivocado. Parece que lo único que nos molesta es que tengamos que trabajar dos años más, ese es el punto que suscita las quejas de sindicatos y parece que de la mayor parte de la sociedad, pero es que el problema no es que nos obliguen a trabajar hasta los 67, el problema es la obligación en sí misma, me da igual que sea a los 67, a los 65 que a los 50. Y centrándonos solo en este punto, estamos obviando lo fundamental, y es que el sistema de reparto de la Seguridad Social es fraudulento, injusto y además nos obliga a trabajar cada vez más por menos dinero. Pero, lo único que se oye en la televisión y en la calle es que “nos van a hacer trabajar hasta los 67”. Es lo que tiene vivir en un país de dependientes, que lo único que quieren es chupar cada vez más por menos y encima que les den todo hecho y mascadito.

Con un gobierno socialista en coma, un partido de la oposición que es para echarle de comer a parte, unos sindicatos de los trabajadores empecinados en el hambre para todos y un sindicato de los empresarios que solo se muestra interesado en mantener este sistema socialista de grandes empresas, siempre es de agradecer que de vez en cuando salgan voces ajenas a las alimañas antes citadas, diciendo verdades como puños. Adolfo Domínguez se alzó ayer como defensor del despido libre y de toda medida que se tome para hacer más fácil el trabajo del emprendedor como única solución a las escalofriantes cifras del paro, un mercado laboral intervenido hasta la médula como el español nos ha llevado a tasas de desempleo por las nubes, a cualquier persona con dos nociones de buena economía se le ocurriría que su liberalización sería la solución. Además, el diseñador gallego (y empresario) arremetió contra el mal llamado Estado del Bienestar generador de una sociedad de pícaros, contra el Gobierno y contra la oposición. En lo único que creo que patina es en que apoya el retraso de la edad de jubilación a los 67 años. Nobody’s perfect.

P.D.: Thanks to JJ ;)

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Que caigan los salarios

Publicado por yosoyhayek en Febrero 3, 2010

No es que deban caer, es que ya están haciéndolo. Los salarios, pese a la rigidez del mercado laboral, están cayendo. Pero menos de lo necesario para asegurar niveles de empleo razonables. El ajuste llega, eso resulta inevitable, la cuestión la manera que tiene de hacerlo. En el mercado de trabajo la ecuación es sencillísima, en el precio (el salario real, o coste por trabajador), o en la cantidad. El paro galopante que padece nuestra economía no se debe a que falte actividad, o ganas de iniciarla. Nuestro problema es de rigidez, de poca capacidad de ajuste.

Y ahora surge la siguiente cuestión: ¿deben sufrir los trabajadores todo el coste de la crisis en forma de reducciones salariales? Lo cierto es que, por culpa de la política del gobierno y su negativa a reformar el mercado laboral, son los trabajadores quienes más intensamente sienten las consecuencias de la crisis: tenemos un paro del 20%. Por muchos diques que se mantengan o alcen ex novo, el paro llegará a los niveles que sea inevitable alcanzar. El drama y el horror es que una economía, como la española, que por obcecación sindical y gubernamental, se niega a ajustar en los precios, aun cuando lo haga en cantidades (cifras de desempleo), pagará las consecuencias que esto tiene para el dinamismo indispensable a fin de reiniciar una nueva senda de crecimiento. Más paro es igual a menos actividad. Menos salario, a la postre, significa ajuste y recuperación.

Pero, ¿por qué tendría que sacrificarse el trabajador respecto de la parte del salario (coste por trabajador) que queda a su disposición? Primero aclaremos la siguiente verdad: el salario neto (renta disponible), que es lo que nos queda si restamos impuestos directos y cotizaciones al salario bruto, supone una cuantía mucho más reducida de lo que representa el salario real, o coste por trabajador soportado por el empleador concreto.

Cada trabajador por cuenta ajena puede hacer el cálculo sobre su propia nómina. Si suma un 30% al salario bruto, se aproximará a la cifra real que asume la empresa por contar con sus servicios productivos. Cotizaciones empresariales e intervención, reconociendo eventuales indemnizaciones por despido o derechos concretos. El empresario incorpora en el coste por trabajador, todos estos conceptos. El resultado es el salario bruto, al que aún queda por restar cotizaciones a cargo del trabajador, irpf, para concluir el salario neto. Y además, siendo precisos, a ese neto debemos descontar el resto de impuestos, directos o indirectos, precios públicos y tasas, que debe pagar el trabajador. La diferencia es nuestra renta disponible.

De este modo, ¿no sería una grave injusticia que el indispensable ajuste de los salarios (coste total por trabajador) fuera asumido, íntegramente, con cargo a la renta disponible final? Pues es eso lo que está haciendo el gobierno con medidas como el retraso de la edad de jubilación o el incremento de 15 a 25 años en el intervalo sobre la base de cotización media para calcular la pensión.

Pero incluyamos más conceptos: el IVA pasa del 16 al 18%, suben el IRPF, no bajan cotizaciones ni demás impuestos, no reducen la indemnización por despido. Al mismo tiempo, el gasto público no cae en idéntica proporción a los ingresos del Estado, sino que se mantiene e incluso crece, generándose déficit y endeudamiento. El resultado es, más paro, más impuestos y menos actividad general en la economía.

En escenarios como el español, donde la rigidez en el mercado laboral impide ajustes severos, solo existen dos alternativas: una justa y otra que por injusta resulta criminal. La primera, que la reducción de salarios (coste por trabajador) no la pague el propio trabajador, sino el Estado: esto se consigue reduciendo los impuestos a empresarios y trabajadores a fin de amortiguar la necesaria bajada de salarios. De este modo el Estado se ve forzado a estrechar su intervención y su gasto, favoreciendo el ajuste y no lastrando la actividad: el paro no sube tanto y los emprendedores comienzan proyectos que absorberán recursos y generarán riqueza.

La segunda forma de tratar de favorecer el ajuste, frenando el desempleo, es el recurso inflacionista o las devaluaciones monetarias. Depende de la realidad de cada economía. El inflacionismo es tan común que ha generado su propia teoría al respecto: la curva de Phillips. Relacionando desempleo e inflación concluye, que en todos los casos, a más inflación, menos desempleo (curva negativa). No voy a entrar en el debate sobre su rigurosidad o acierto científico, pero sí en lo perverso de sus conclusiones más obvias: la inflación devora las rentas establecidas a largo plazo mediante contrato, a pesar de los mecanismos de actualización. La inflación permite que los salarios reales decrezcan más que los beneficios. Los trabajadores se empobrecen, todo ello bajo la justificación, o el bien superior, de mejorar la actividad y aumentar la ocupación.

España no está donde está por manías del destino o singularidades no imputables al gobierno y la estructura de intervención que defiende. Todo lo contrario. Tanto el estancamiento unido a un 20% de paro son consecuencia de la política que se viene practicando: impedir el ajuste en precios, también en el mercado de trabajo, y hacer que los ciudadanos sufran en sus bolsillos toda pérdida de poder adquisitivo indispensable para que dicho ajuste tenga lugar. No estamos en un escenario inflacionista, pero sí de déficit y deuda, que viene a ser la otra solución socialista para afrontar estas situaciones. Los resultados hablan por sí mismos. ¿Qué más nos hace falta para despertar?

Saludos y Libertad!

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El Bigote de Aznar

Publicado por yosoyhayek en Febrero 2, 2010

Es ralo, corto y encanecido, ya no tiene el mostacho negro y frondoso de antaño. Aznar mantiene su capacidad de decir poco pero decirlo bien. Zapatero representa un desastre para España. Esto no exonera al PSOE de hoy, tampoco al que lo eligiera como Secretario General en 2000. Tampoco indulta al PP de hoy, con Rajoy al mando, ni a quien lo nombrara en 2003. España es víctima de dos mediocres cuyo liderazgo nació en el mejor momento de su historia reciente.

Zapatero pasará a la historia por la memoria histórica, la alianza de las civilizaciones, la fallida rendición frente a ETA, el Estatuto de Cataluña, la negación de la crisis, el paro del 20% y su despiadado sectarismo intelectual, traducido en un amiguismo mediático que por no sorprender, no deja de ser intolerable.

Aznar pasará a la historia por meternos en el Euro, meternos en la guerra de Irak y mentir entre el 11 y el 13 de marzo. Todo esto dicho en la peor de sus versiones, porque para algo es la izquierda, y nadie más, quien decide los eslóganes y etiquetas de la derecha. Y esto implica algo respecto del párrafo anterior; un error, un equívoco deliberado: a pesar de los pesares, Zapatero no pasará a la historia por todo lo dicho, sino por el matrimonio homosexual, el talante, la ley de violencia de género, el derecho al aborto y cosas por el estilo, relegando al olvido cualquier consecuencia que contribuya a cuestionar planteamientos generales de la izquierda, llevados a su máxima expresión por un gobierno radical e incompetente.

Las guerras que apoyó Aznar siguen hoy, pero sin el griterío y la oposición de entonces. Zapatero refuerza nuestra presencia en Afganistán, esa intervención “justa”, tan, tan, tan distinta a la de Irak. Aznar no cedió ante ETA colocando al Estado en una posición avasalladora frente a la banda de asesinos. Zapatero quiso negociar, ofreció mucho, pero recibió poco a cambio. Hemos vuelto a la política de Aznar, pero ya no se oyen las voces contra la ley de partidos o la asfixia del entorno etarra. Zapatero dejó fluir la corriente expansiva hasta los niveles más descontrolados e insostenibles que ha conocido la historia económica reciente de España, Europa y el Mundo. Aznar aprovechó, gustoso, esta misma política de crecimiento, a sabiendas de su naturaleza cíclica. Es más, fue tan ingenuo y tan complaciente Zapatero con dicha cirucnstancia, que confió en su perpetuidad, demostrando una estulticia inaudita de dos maneras: primero, pavoneándose mientras anunciaba como España superaría a Francia en rente per cápita; segundo, negando, convencido de ello, el advenimiento de la peor crisis que hemos conocido en décadas. Zapatero llegó prometiendo cambios, si bien optó por mantener una estrategia económica que ya empezó a dar problemas en 2003.

Aznar se permite el lujo de dar lecciones, porque guste o no, puede hacerlo. Nada de lo que él hiciera no ha sido superado en inquina o necedad por el mismísimo Zapatero. Siendo serios, no cabe criticarle al ex presidente casi ningún defecto, puesto que hasta sus peores manías o excesos, han sido miméticamente reproducidos, incluso superados, por el bueno de Zapatero. Todo ello bajo un análisis despojado de pasión, centrado en los hechos.

Siguiendo esta senda de torpe emulación, le ha faltado a Zapatero marcharse por su cuenta, en su mejor momento, sin que los españoles se lo pusieran complicado o su partido tratara de decapitarle. La reciente polémica en torno a una eventual sucesión en la candidatura a presidencia del gobierno por parte del PSOE ha confirmado que a Zapatero, sus propios compañeros, le quieren donde Aznar, en el retiro y la distancia.

La diferencia más importante de todas, las que convierten a Aznar en un ex presidente remarcable, y a Zapatero, en un cadáver político pestilente, trata sobre liderazgo, originalidad pero ante todo, oportunidad: Aznar supo aprovechar la suya, colocando a España en la Liga de Campeones. Zapatero se lo creyó y su siguiente paso fue hundirnos en la miseria. No ha sido capaz de calcular, de darse cuenta de los cambios, de adaptar su política económica, de aminorar el expansionismo para prevenir los efectos de esta crisis. No sabemos si Aznar lo hubiera hecho, sí que hasta 2004 España prometía, ilusionaba y sorprendía a propios y extraños. Hoy España es un mero esperpento de sí misma, una ilustración deformada de lo que podría haber sido, el producto de una elección equivocada, en 2000, en 2004 y en 2008, pero también de la ausencia de alternativa, y en eso sí que Aznar tiene su parte de responsabilidad.

Saludos y Libertad!

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Socialismo contra más Socialismo

Publicado por yosoyhayek en Febrero 1, 2010

El argumento de Cospedal tiene ventajas e inconvenientes. Personalmente, me preocupan más los inconvenientes que las supuestas ventajas que pudiera generar en el mero debate entre partidos, aprovechando la ocasión y sirviéndose del sofisma más oportuno para abofetear al contrincante. Entre socialistas anda el juego pero, yo me pregunto: ¿son ideas como la expuesta por Cospedal esas que convierten al PP en una alternativa de gobierno capaz de sacarnos de esta crisis? La respuesta es muy simple: No.

Dice la Secretaria General del PP, Presidenta del PP de Castilla la Mancha, expedientadora de alcaldes pro-nucleares, amiga de Aguirre, mano derecha de Rajoy, ochentera y entusiasta de la moda textil-cinegética, lo que sigue:

“Obligar a la gente a jubilarse a los 67 años reduce el número de puestos de trabajo disponibles para los jóvenes”

Vaya con la popular, no se habrá rebanado mucho el seso para decir semejante sandez, más propia de dirigentes sindicalistas, de corte marxista o visión estática de la economía, que consideran todo dado, incluida la demanda de trabajo.

Primero, obligar a jubilarse a los 67 es lo mismo que obligar a hacerlo a los 65, a los 60 o a los 45, una obligación, y como todo lo que toca el Estado convirtiéndolo en imperativo, un grave atentado contra la coordinación social. Cada cual debería ser capaz de plantearse la jubilación cuando quiera, pueda o estime conveniente. En función de la decisión tomada se optará por contribuir más, menos, de una forma u otra, al sistema de previsión que más le guste o convenga.

Segundo, que los trabajadores, por decreto, se jubilen cuando el Estado lo diga, merced del presunto juego contable de un sistema a priori quebrado e insostenible (las cotizaciones no pagan al cotizante todo lo que se supone que cubren… el exceso se sufraga con otros impuestos, ergo, el coste social es muchísimo más elevado que el absorbido por la Seguridad Social, de ahí su falseado superávit, cuando lo tiene), no implica que los puestos de trabajo desalojados queden a disposición de los jóvenes, sino que el coste social crecerá, requiriendo de una mayor recaudación para sostenerlo. Lo que se ve, o se cree ver por ser intuitivo, no es sino un espejismo que oculta la realidad: jubilar por la fuerza a los trabajadores nos hace  más pobres a todos, destruye indirectamente otros puestos de trabajo y merma actividad y producción económica. No es cierto que el mercado funcione como Cospedal describe, no se trata de un trasvase de un mero relevo generacional, sino de someter, vía impuestos y cotizaciones, a un coste que lastra el crecimiento económico empobreciendo a jubilados, trabajadores y parados.

Tercero, las cotizaciones e impuestos que todos pagamos para alimentar al Estado y sus sistemas de cobertura y previsión, dada su naturaleza de mero reparto, dilapidan el ahorro frenando la capacidad productiva de nuestra economía. Dilapidan esfuerzo, creando la sensación de que gracias al Estado se garantizan pensiones y subsidios para todos. Nada más lejano de la realidad: las pensiones y subsidios son pagadas, única y exclusivamente, por los trabajadores, como también son ellos quienes se pagan todas las “conquistas” sociales. Quien crea que la renta que genera es aquella que aparece como bruta en su nómina, está muy equivocado. El empresario asume un coste por trabajador, que desliga en cotizaciones empresariales, impuestos, ventajas laborales y salario. El Salario es sólo una parte de la renta, y aun así está sometido al gravamen mediante cotizaciones del trabajador e irpf. El salario neto es una pequeña parte de la renta total. Si el trabajador medio fuera consciente de esta circunstancia saldría despavorido cada vez que oyera hablar a sindicalistas o socialistas de todos los partidos.

Aquí nadie regala nada, si acaso lo pierde, y los trabajadores, confiados de ser los máximos beneficiarios de todas las conquistas sociales, los sistemas estatales de pensiones y demás ventajas logradas tras décadas de lucha sindical, son los grandes estafados de todo este tinglado. Hasta que no despierten los ingenuos los políticos seguirán echando mano de sofismas como el blandido por Cospedal, como mejor baza para captar la atención pedigüeña de la mayoría, mientras contribuyen a ensuciar y corromper, más aun, el degradado nivel del debate político de este país.

Saludos y Libertad!

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Invictus, 9000 days

Publicado por yosoyhayek en Enero 31, 2010

La nueva película de Clint Eastwood, definida como un drama biográfico, se basa en la novela de Jonh Carlin, Playing the Enemy: Nelson Mandela and the Game That Changed a Nation. Invictus. Titulazo que no deja nada para el postre. No es una ligera pincelada sobre la compleja y polémica biografía de este personaje, héroe, mártir, o lo que se quiera, pero ante todo, un símbolo para las sociedades occidentales, donde su impronta ha sido formidable. En mi opinión, la perfecta producción de Eastwood no va más allá del reportaje dramatizado, con un Morgan Freeman fantástico, con una piñata que parecen teclas de piano, cumpliendo con meticulosidad las maneras y gestos de Mandela, un tipo sonriente, entre Cassius Clay y Ray Charles en sus movimientos, dotado de un atractivo singular.

El genial actor de raza negra ve así cumplida una de sus cuentas pendientes, dado su llamativo parecido físico con el ex Presidente Sudafricano, aunque en mi opinión sus mejores papeles son los que no le exigen, a priori, cumplir como negro, dejando que el gran actor que es llene la pantalla sin más. Vedla en V.S.O, los acentos están muy logrados tanto por él como por Matt Damon, el hipertrófico capitán de Rugby que lidera la selección sudafricana durante la Copa del Mundo de 1995.

He contado hasta 10 veces donde resulta inevitable que se le salten a uno las lágrimas. La dramatización es genial, todo un éxito si el objetivo es conmover al público y distraer la atención de otros detalles, como la curiosa banda sonora, muy parecida a la de Gran Torino, pero con ritmos africanos y un tema llamado “9000 days”, interpretado por una voz, que sin serlo, se parece mucho a la de Jamie Cullum (que sí cantó el tema de Gran Torino).

8,9 euros bien gastados en una película que apela a la Grandeza, el Perdón, la Justicia y la capacidad de levantarse, aprovechar las oportunidades a nuestro alcance, y hacer que las cosas cambien. En nuestras manos queda sentirnos inspirados por su mensaje: querer es poder, o al menos esa debe ser la convicción que nos impulse a luchar por lo que creemos justo. Mandela lo hizo, como también lo hicieron los miembros de la selección de Rugby sudafricana. Clint Eastwood contribuye así a la forja de un mito, pero no desde la arrogancia y la mediocridad intelectual, sino con un lenguaje limpio, un espíritu libre y una honestidad que solo un tipo como él puede traducir en fotogramas con tanta brillantez. Algo que ver tendrá con que se reconozca a sí mismo como un Libertario.

9000 days, inspirada en el poema de William Ernest Henley, Invictus, que da título a la película, y cuyo texto reproduzco:

Out of the night that covers me,
Black as the pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul.

In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed.

Beyond this place of wrath and tears
Looms but the Horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds and shall find me unafraid.

It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll,
I am the master of my fate:
I am the captain of my soul.

Saludos y Libertad!

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Cataluña es bilingüe, ergo, el cine en Cataluña es…

Publicado por yosoyhayek en Enero 31, 2010

No, no lo es. Cataluña no es nada fuera del mapa, de una definición geográfica, histórica o cultural. Si hablamos de la Generalidad, pues sí, como persona jurídica, cabe atribuirle un uso idiomático dual, pero decir que “Cataluña es bilingüe” es tan relativo como decir que Cataluña es cristiana, blanca, española, laboriosa y fascista. El problema de entender la vida en común desde una perspectiva colectivista es que el individuo, su libertad e interés, quedan supeditados al cálculo general dominante.

No existe el derecho a que a uno le hablen en el idioma preferido. Que una administración hable a sus administrados en uno u otro idioma depende de un compromiso político que, en general, derivará del consenso social en un plano lingüístico. Donde se habla mucho catalán parece razonable que la administración de lo común se exprese en catalán (hablar, o escribir, hablan y escriben sus funcionarios o autoridades).

No existe derecho subjetivo al doblaje, ni siquiera al subtítulo, de una película producida por un agente privado. Si éste hubiese recibido subvención de una administración, bajo la condición de rodar la película en un idioma determinado, o doblarla a dicha lengua, es una cuestión bien distinta, que sólo nos preocuparía si existiera la prohibición general de hacer cine sin subvención.

No debería existir el derecho político a que una administración se dedicara a subvencionar cine bajo semejantes cláusulas, menos aún a que todo el mercado cinematográfico dependiera de consideraciones colectivas impuestas a través de mandatos coactivos. Pero, desgraciadamente, esa es la realidad en Cataluña (también en España, Francia… y tantos otros aparatos de coerción estatales).

El catalanismo quiere que Cataluña sea nación. La autonomía le ha sido muy útil a este respecto, pero ya es hora de dar el salto definitivo, desligando la organización estatal catalana de la sujeción a un Estado más amplio. Lo que sucede con el catalanismo es que se define como un esfuerzo constructivista, artificial, que enfrentado a la tozudez de los hechos, pretende un resultado social, cultural y político predefinido: Cataluña como nación, a imagen y semejanza de las naciones históricas con Estado.

La ley del cine catalán, forzando a doblar un mínimo de películas, a exhibirlas y demás, no es sino un calco de lo que vienen haciendo los Estados independientes en sus propios “mercados” cinematográficos. La cultura es poder, siempre y cuando la cultura se defina como la expresión colectiva de un pueblo, tamizada por el ajuste y definición planeado por el Estado (muy lejos de la naturaleza espontánea del hecho cultural efectivo). El catalanismo no maneja un concepto de “cultura” distinto al que lleva manejando el Estado español desde hace décadas (incluso siglos, en según qué ámbitos).

Pero repito, y es lo fundamental: no existe el derecho subjetivo a que se doblen las películas, se hagan dichas películas o se exhiban en salas abiertas al público. Sí existe, y esa es la desgracia del estatismo, el derecho político (que no es “derecho”, sino poder para imponer por la fuerza, una determinada preferencia personal de uno o muchos sobre la libertad y la propiedad de otro o varios) a que un aparato de represión e imposición, en esa dirección, promulgue normas y prohíba conductas, u obligue a ellas. Para defenderse del catalanismo no basta con apelar a la resistencia del statu quo (español), frente a una revolución fascista como la que se está viviendo en Cataluña desde hace tres décadas. Para defenderse del catalanismo debe tenerse claro su origen, su fundamento, identificarlo en lo que parece no afectarnos (mercado general del cine a nivel español), pero debería, y combatirlo en todos sus frentes, sin distinción. No se puede ser liberal y españolista, en su sentido colectivista, como tampoco se puede ser liberal y defender el soberanismo estatista que representa el catalanismo de hoy.

Saludos y Libertad!

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Alguien tendrá que pagar dos veces por lo mismo

Publicado por yosoyhayek en Enero 30, 2010

Esto no es poco habitual en las relaciones (sumisas) entre el Estado y el ciudadano. Pero si queremos salir del inmenso lío montado por la Seguridad (estafa) Social, no nos queda otra que asumir que algunos pagarán más que otros, muchos se irán de rositas y los españoles seremos (ya lo somos) menos ricos que si no hubiera existido tamaño invento socialdemócrata (franquista, vaya).

Jesús Huerta de Soto, en su Teoría de la Crisis y Reforma de la Seguridad Social, ya en 1985, describió la situación que hoy parece sorprender a todos: la Seguridad Social era y es un sistema en quiebra técnica. Su propuesta de reforma merece un análisis más preciso, pero se describe en el estudio comparado de los distintos sistemas de previsión colectiva, más o menos diseñados e impuestos por el Estado, que existían (en los ochenta)  en las socialdemocracias del mundo:

España o Italia, cotización pública sobre el 100% del salario a un único nivel (sistema de reparto, no capitalización de las aportaciones);

Francia, pensión mínima garantizada por los presupuestos generales, y cotizaciones sobre un 60-70% del salario, unido a planes de pensiones privados (colectivos y voluntarios) más fomento del ahorro individual;

Inglaterra o Suiza: pensión mínima garantizada por los presupuestos generales, Seguros de Vida y Planes de pensiones privados (Obligatorio hasta nivel 50-60% del salario, voluntario por encima de esos niveles), más fomento del ahorro individual.

Y por fin, el modelo hayekiano (desconozco si Huerta lo llama así, pero se desprende de la propuesta que hizo Hayek en Camino de Servidumbre, de la que se arrepintió parcialmente con el paso de los años): Asistencia social (en base a necesidades demostradas y con cargo a los presupuestos Generales del Estado), Seguros de Vida y Planes de pensiones privados (colectivos y voluntarios) y respeto del ahorro individual.

Desde el Pacto de Toledo, ratificado en 1995, la Seguridad Social española se sabe en quiebra absoluta. Para evitar la evidencia contable se recurrió al burdo falseamiento de los datos:

Cuando cotizamos a la seguridad social (yo no cotizo, a Dios gracias! –privilegios de ser abogado-) lo hacemos por Jubilación, contingencias comunes, contingencias laborales y seguro de desempleo. La reforma separó entre las prestaciones contributivas y las no contributivas o universales, dejando con cargo a la seguridad social sólo las primeras, quedando el resto sufragadas por el resto de impuestos (no por las cotizaciones). Esto se resume de la siguiente manera: quien no contribuye, chupa de los presupuestos generales del Estado, y quien contribuye, pese a que lo hace por cuatro conceptos, de dicha cotización solo obtiene un tipo de prestación, quedando las otras también con cargo a los presupuestos generales del Estado. Las razones de la estafa son muy simples: la Seguridad Social, como sistema de protección individual, donde se realizan aportaciones para recibir prestaciones, no es universal ni es por todos los conceptos que sirven de excusa para completar su cotización. No es sostenible por no ser capaz de cumplir el cometido que justifica su existencia: el sistema de reparto puro es inviable y requiere de semejante falseamiento para mantener, nominalmente, su vigencia. En realidad vivimos en un Estado asistencial con un impuesto singular, llamado cotización a la seguridad social.

La única forma de resolver el carácter piramidal de nuestro modelo de pensiones y demás prestaciones, es abandonar su carácter de reparto, logrando que los partícipes acumulen ahorro, a lo largo de su vida laboral, y lo capitalicen. El espejismo del superávit de la Seguridad Social es un juego de artificio contable que compensa, en su caso, los gastos del presupuesto general. Un Estado con déficit, como España, no puede seguir mintiendo a sus ciudadanos hablando de un superávit inexistente.

Si nos fijamos en los distintos modelos de los que nos habla Huerta en su trabajo, vemos que España está colocado en el peor de los mundos, mientras que los demás sirven a modo de fases hasta alcanzar la meta más liberal (sin renunciar al Estado y una mínima colectivización de la asistencia social… Hayek fue, ante todo, un pensador realista). Lo que se propone es viable en términos de estatismo, no representa una revolución anarquista ni nada por el estilo. Conseguir que sea cada individuo quien planifique su propio ahorro y decida a qué dar prevalencia, es el mejor de los mundos con ventajas evidentes: independencia individual, más ahorro invertido, patrimonios personales crecientes, un mercado de seguros sanitarios, planes de pensiones, seguros de vida y otras contingencias, más dinámico y eficiente. Ante todo, libertad, saneamiento del presupuesto público y desincentivo de la dependencia. Es una propuesta que no desampara las situaciones marginales de necesidad, pero sin comprometer al 90% (o más) de individuos en un sistema insostenible por hallarse en quiebra técnica.

Desmontar la gran farsa que padecemos no será fácil, una generación pagará dos veces por lo mismo, reduciendo riqueza, por tener que contribuir tanto al actual sistema de reparto, hasta que sus perceptores se extingan, como a su propia previsión, a través de un sistema de capitalización en forma de ahorro privado, planes de pensiones voluntarios y demás. Esa generación es la mía, la que se jubilará en 40 o 50 años. Durante ese medio siglo tendremos que pagar las pensiones y prestaciones de los nacidos antes que nosotros, y a la vez, ahorrar para pagarnos las nuestras.

El Estado debe liberarnos de gran parte de la carga fiscal que padecemos a fin de facilitar nuestra propia previsión individual. Puede hacerse por fases, reduciendo la base de cotización a la seguridad social y obligando que el resto se invierta en determinados productos o bienes capaces de generar rentas en el futuro. La siguiente fase, reduciendo aun más la base obligatoria, abriría la puerta a la libertad de elección del producto o bien donde invertir.

Debe suprimirse por completo el impuesto de sucesiones, patrimonio, sobre rentas del capital, ganancias patrimoniales… todo lo que obstaculice la formación de ahorro y su inversión. Bastante daño nos ha hecho el Estado ya como para que ponga trabas a la única solución viable para salir de esta estafa: la exención fiscal del ahorro individual.

Saludos y Libertad!

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El “hijoputa” de Aguirre no es Zapatero

Publicado por yosoyhayek en Enero 29, 2010

Zapatero es el “hijoputa” de todos nosotros. El Presidente del Gobierno que, en estas tres décadas de democracia, más sencillo lo ha tenido todo: Suárez hizo la transición, se las vio con los jerifantes de la dictadura, con el ejército, con el PSOE, con sus propios compañeros de partido. Calvo Sotelo fue vapuleado, de manera irresponsable, por un PSOE ávido de poder, capaz de casi cualquier cosa justo después del 23-F. Felipe González culminó el cambio iniciado en 1975, vivió años difíciles, no supo reaccionar frente a ETA, tuvo que ajustar España a Europa, ver cómo crecía el número de parados. Aznar llegó por los pelos, a pesar del Dóberman (!) y el “Puyol, enano!”, casi es sustituido como candidato a Presidente del Gobierno, ETA atizó con fuerza (en 1995, gracias al “despiste” de Interior, casi se lo cargan a lo Carrero), las reformas económicas exigieron sacrificio y valentía…

Y por fin Zapatero, que ganó después del 11m, con un PP anonadado, una España próspera, ETA descompuesta, y cierta indulgencia para emprender reformas. Dado que todo andaba tan bien, se decidió a explotar su buena suerte, tratando de pasar a la historia como vengador de los caídos, valedor de los oprimidos, entregado a los secesionistas, decidido a refundarlo casi todo.

Como había dinero, todo perfecto; a pesar de sus mentiras, infamias y errores en la negociación con ETA, su irresponsable actitud respecto de las aspiraciones catalanistas, sus concesiones a determinados grupos de presión, su inmovilismo en las reformas ineludibles… supo vivir del Boom del ladrillo, coronó con orgullo la efímera cresta de la ola, confió en la apoteosis expansiva, creyó que todo iría rodado hasta 2012, y más allá. Jugó a ser presidente con trucos, vidas extra y mucha demagogia.

Zapatero es ese “hijoputa” en quien se caga (perdonad la ordinariez) media España, mientras que la otra media mira hacia otro lado. Quienes lo votaron, cada vez con más vergüenza, se arrepienten por el error cometido. Pero lo más triste de todo es que la alternativa incentiva la desgana ante un eventual cambio en el poder. En 2000 ganó el PP porque muchos moderados creyeron que era la mejor opción, pero también porque muchos socialistas se quedaron en casa o no votaron al PSOE (que ni era opción). La ecuación de 2012, o cuanto toque, no será exactamente la misma: a pesar de todo, seguirá el espíritu de 1993, 1996 y 2008, sin que el PP consiga la soñada movilización social que lo catapulte hasta una mayoría holgada. A pesar del fracaso de la oposición, hoy por hoy, parece claro que Zapatero no es un activo seguro para vencer en unas elecciones. Propios y extraños conocen su indecencia, su necedad, la imbecilidad que lo impulsa a ese ridículo continuo al que nos tiene acostumbrados. No hay nada después del aborto, el matrimonio gay y el Estatuto de Cataluña. No queda nada que pueda hacer, menos aun cuando casi 5 millones de parados merodean por las calles pidiendo una solución.

Zapatero es víctima de sí mismo, de su sectarismo, su visión utópica y suicida de la realidad. Nos ha llevado a donde hoy estamos. Pudo haber hecho lo que muchos, incluso dentro de su partido, le recomendaron, no ya con una crisis en ciernes, sino cuando tocaba, en la cúspide de la burbuja que ahora tanto nos está costando digerir. Zapatero no puede aspirar a reformar las pensiones cuando la sensación de dependencia y anonadamiento es mayor que nunca. Tampoco puede pretender que con cuatro remaches, los españoles confíen en que les ha salvado de lo que se sabe un sistema en quiebra.

Saludos y Libertad!

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Apocalipsis del Bienestar

Publicado por yosoyhayek en Enero 28, 2010

El Estado de bienestar es atávico y encarna, en su falsa y coactiva calma, la violencia más extrema de la que es capaz el Hombre. El socialismo nos llevó a las dos guerras más destructivas de la Historia. El Estado de Bienestar corre el riesgo de convertirse en la principal causa de muerte y desolación del futuro.

En primer lugar acabó con la natalidad. Que los hombres y mujeres occidentales hayan reducido el número de nuevos nacimientos hasta los niveles actuales, es responsabilidad única y exclusiva del Estado creciente, el Estado tributario, el Estado que interviene y paraliza el mercado de Trabajo. Solo el capitalismo y el libre mercado han conseguido hacer más productivo el trabajo de todos los individuos. Más impuestos y prestaciones más caras exigen a las familias menor gasto y más horas de trabajo. El socialismo impide la conciliación de la vida familiar con la laboral. La renta disponible cae, y las contrapartidas o no son demandadas o son extremadamente costosas y poco eficientes. El Estado empobrece, convirtiendo en más dependientes a sus ciudadanos.

En segundo lugar acabó con el ahorro. Impuestos al capital, inflación, auténtico promotor del consumismo desaforado: el Estado de bienestar crea la falsa sensación de ser garantía para la vejez, la enfermedad y el infortunio. Además de devorar la riqueza de los ciudadanos, les inocula una errónea creencia de que no tienen porqué prevenir, asegurar su porvenir, ahorrar e invertir sus ganancias. Al Estado Social no le interesan súbditos con propiedades que no sean bienes de consumo duradero, a los que se encuentren atados y de los que sean incapaces de obtener un rendimiento acumulativo (más allá del propio uso).

En tercer lugar, se alzó como única solución a todos los problemas que él mismo había causado: para evitar la exclusión de las personas paradas, producto de la ralentización y el desajuste económico provocado, creó la legislación laboral. Para tranquilizar a una indisciplinada y poco previsora población, creo la seguridad social. Para fomentar la natalidad, subió los impuestos y concedió ayudas, convirtió a las mujeres en seres non gratos para el empresario, al tiempo que forzaba su contratación. Para estimular la inversión, recurrió las expansiones del crédito, a la inflación, al desajuste masivo de preferencias, al sobredimensionamiento, las malas inversiones, la exuberancia irracional, el consumo descontrolado… y todo, para acabar en crisis como la que hoy padecemos.

En realidad tanto lo primero, como lo segundo o lo tercero sucedió sucesiva y simultáneamente. El Estado vive en una revolución constante, actúa movido por la necesidad esquizoide de corregir los propios males que genera. Cada paso que da conlleva desastres en todas direcciones.

Hayek demostró que sólo cabían dos opciones: ser muchos y más ricos, o pocos y más pobres. La doctrina de la escasez, la visión estática de la realidad, la incomprensión de los procesos sociales, de la capacidad creativa del ser humano, equivocadas teorías económicas sobre el equilibrio, el conocimiento y la información, absurdas conclusiones sobre la competencia, la producción, los precios… Todo esto y más son causa del apalancamiento demográfico, el temor a la expansión social, que hoy lamentamos. No es la viabilidad del Estado de Bienestar lo que peligra, su insostenibilidad es radical, de origen. Los valores que han hecho posible este nivel de libertad y riqueza están en jaque desde hace décadas, habiendo resistido guerras y experimentos socialistas de todo tipo, puede que sea ahora, en un escenario de aparente libertad, cuando más amenazados se hallen.

Las conclusiones del estudio demográfico que alerta sobre el inminente derrumbe del sistema de protección pública que hoy tanto nos cuesta mantener, no apelan a la solución liberal (más mercado, menos Estado) sino a lo de siempre, a poner parches, a que el socialismo trate de contrarrestarse a sí mismo. Y en esa sangrante esquizofrenia seguiremos hasta que una mayoría de individuos no despierte.

Saludos y Libertad!

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Una querida por cada español

Publicado por Liberand en Enero 28, 2010

Ha sido la portada de todos los periódicos esta mañana: se desvelan los datos del informe del INE que afirma que dentro de 40 años de cada diez españoles en edad de trabajar existirán otros nueve “potencialmente inactivos”.

Como por arte de magia, a mediodía salta la noticia de que el Gobierno anunciará en “unas horas” su propuesta de atrasar la edad de jubilación.

Sí, por si a alguien no le había quedado aún claro, la Seguridad Social, ese invento socialista creado por el más socialista de los españoles del siglo XX es una estafa con mayúsculas.

Va a ser verdad esto de lo de que el buen clima apoltrona a las masas, porque si no no entiendo como los españoles no nos manifestamos hartos de que nos estén quitando a la fuerza gran parte de nuestro sueldo prometiéndonos que se nos devolverá durante la segunda juventud, cuando en realidad ese dinero se está usando para mantener a los ancianos y dependientes del presente. Un sistema en el que estamos obligados a participar pero que no nos asegura que vayamos a recibir lo prometido, que se está mostrando inviable en una sociedad en la que no nos morimos con menos de 80 y en la que las “familias” no tienen ni dos vástagos de media.

Y los políticos a lo suyo, en vez de iniciar un debate serio y una reforma que ponga fin a esta estafa masiva, solo se les ocurre perpetuar el engaño y dejarle el muerto a las generaciones venideras, porque si todo se confirma, tendremos que trabajar un par de añitos más para tener derecho a cobrar el 100% (si queda algo de lo que podamos cobrar, claro está). Y demos gracias, que otra solución podría haber sido mandar al paredón a los mayores de 85, vender condones caducados y/o prohibir la píldora anticonceptiva.

Mientras, los españoles previsores y que pensamos en autosalvaguardarnos nuestro propio futuro tendremos que ir pensando en donde invertir nuestros ahorros para garantizarnos una jubilación en condiciones. La pena es la cantidad de españoles también previsores que por culpa del expolio al que son sometidos por este sistema no puedan ahorrar lo más mínimo para su futuro. Estos son los logros del bendito sistema social. Si Madoff está entre rejas, ¿qué hacemos con los demás estafadores?

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