Dijo El País, hace poco más de un mes, que “Los conservadores estadounidenses usan a la escritora de “El manantial’ como arma intelectual contra Obama”, información diametralmente opuesta a la severa afirmación hecha por Victor Gago en el programa de libros de LD: “Dudo mucho que un conservador o un liberal consciente puedan tomar en serio a Ayn Rand, al contrario, Rand triunfa entre el socialismo más rampante…”.
Lo cierto es que de todas las novelas randianas únicamente he leído El Manantial. Desconocía las claves de su argumento antes de lanzarme a una digestión lenta pero constante de las casi 800 páginas de su edición de bolsillo. Lo hice por consejo de un amigo, que no se equivocó en la recomendación, porque ha resultado ser uno de los libros más interesantes que he leído en los últimos años. Me gusta la arquitectura. El marido de una compañera de despacho es arquitecto. Ingenuamente le recomendé, a mi compañera, que le regalase El Manantial por navidades. Cuál fue mi sorpresa al comprobar que el consejo llegaba tarde, ya era su libro fetiche desde sus años de estudiante universitario. Gracias a una conversación sobre los personajes y el tipo de arquitectura defendida por Howard Roark
(protagonista de la novela), tengo en mi repisa de “pendientes de lectura” la autobiografía de Frank Lloyd Wright (en quien se inspiró Rand para componer al susodicho Prometeo del egoísmo creativo).
Sin entrar en la historia ni tratar de hacer una crítica literaria que, por mis conocimientos, ni me corresponde ni me apetece, sí me parece desafortunado el comentario de Gago. No soy objetivista, ni randiano, ni comulgo con su culto al egoísmo malamente conceptualizado, pero sí advierto que en su obra se exaltan con brillantez y contundencia, valores y principios que siento míos como defensor de la libertad individual. La ligereza que intuyo en las palabras de Gago, no sé si por su desprecio del laicismo ateísta que practicó la fumadora compulsiva de peinado futurista, como dicen algunos, o simplemente hablando por hablar y no callar, como suele pasar en demasiadas ocasiones cuando no se tiene nada mejor que decir, es inveraz. Hoy, Ayn Rand, sigue siendo un referente para liberales y libertarios, no para socialistas, de la condición o dirección que sea.
“Pero nadie puede vivir del otro. No puede compartir su espíritu, como no puede compartir su cuerpo. El parásito se vale del altruismo como arma de explotación e invierte los principios morales del género humano. Les enseña a los hombres preceptos para destruir al creativo. Les enseña que la dependencia es una virtud”
“A los hombres se les ha enseñado que la virtud más alta no es crear, sino dar. Sin embargo, no se puede dar lo que no ha sido creado. La creación es anterior a la distribución, pues, de lo contrario, no habría nada que distribuir”
“Una persona piensa y trabaja sola. Pero no puede robar, explotar ni gobernar sola. El robo, la explotación y el gobierno presuponen la existencia de víctimas. Implican dependencia”
“El “bien común” de una colectividad, una raza, una clase, un Estado, ha sido la pretensión y la justificación de toda tiranía que se haya establecido sobre los hombres”
“La civilización es el progreso hacia una sociedad de privacidad. La existencia del salvaje es pública, regida por las leyes de su tribu. La civilización es el proceso que consiste en liberar al hombre del hombre”
“No reconozco ninguna obligación hacia los demás, excepto una: respetar su libertad y no formar parte de una sociedad esclava”…
Saludos y Libertad!















fluir la corriente expansiva hasta los niveles más descontrolados e insostenibles que ha conocido la historia económica reciente de España, Europa y el Mundo. Aznar aprovechó, gustoso, esta misma política de crecimiento, a sabiendas de su naturaleza cíclica. Es más, fue tan ingenuo y tan complaciente Zapatero con dicha cirucnstancia, que confió en su perpetuidad, demostrando una estulticia inaudita de dos maneras: primero, pavoneándose mientras anunciaba como España superaría a Francia en rente per cápita; segundo, negando, convencido de ello, el advenimiento de la peor crisis que hemos conocido en décadas. Zapatero llegó prometiendo cambios, si bien optó por mantener una estrategia económica que ya empezó a dar problemas en 2003.




Sí, por si a alguien no le había quedado aún claro, la Seguridad Social, ese invento socialista creado por el más socialista de los españoles del siglo XX es una estafa con mayúsculas.