Treinta y cuatro, y siguen pasando los años. Franco murió de viejo, enfermo y marchito. No fue depuesto por el PC ni amortizado por el PSOE. Lo que vino tras su muerte fue un cambio que ya venía produciéndose desde el ecuador del régimen franquista. La España de hoy tiene mucho más que ver con el 39 que con el 36.
El Estado español nunca ha sido un ejemplo, sí un despropósito. Demasiado influenciado, una vez despojado del lastre que podría haberlo convertido en referencia para un mundo menos belicoso y estatista, se dejó llevar por su propia decadencia institucional. A trompicones alcanzó cotas de formación, hasta convertirse en un Estado endeble empeñado en someter a una comunidad política gelatinosa unas veces, quebradiza la mayor parte del tiempo.
El franquismo se sirvió de un “Estado de campaña”, creado conquista a conquista, al uso, por los sublevados del 18 de julio. Ese Estado pasó penurias, coqueteó con la fiereza del totalitarismo, hasta que, por suerte o por desgracia, supo acomodar su impronta y dirigir el rumbo hacia la sostenibilidad. Sostenibilidad que es, en todo caso, sea cual sea el régimen dado, la aspiración fundamental del poder absoluto.
El Estado de 1978 no es distinto al de 1936 (en su versión “campal”), tampoco al de 1939, o al tracto posterior. De hecho, toda similitud entre la CE de 1978 y la CE de 1931, pese a la fuerte coincidencia, en un plano meramente político, es irrelevante: varía aquello que hiciera de la II república un régimen sin consenso (y un escaso compromiso), comparado con la base que ha posibilitado más de seis décadas de paz entre españoles…
El Franquismo hizo de la “paz” su mejor propaganda y herramienta de persuasión y represión. El consenso social que hoy parece estar en desecho, surgió del conflicto civil y el mazazo que representa la victoria de media España sobre la otra media. Lo curioso es que surtió efecto, aplacando el frentismo en el sentir de la mayoría de los españoles. El fin siempre justifica los medios; lo relevante es que esos mismos medios contradigan al fin, en cuyo caso estaríamos ante un conflicto entre fines, y no entre medios y fines. Lo triste es que en todo conflicto civil los fines de cualquier bando, difícilmente son la libertad de todos, sino el simple aplastamiento del rival.
Creer que la persistencia del franquismo y su agonía natural fueron consecuencia exclusiva de una violencia insoportable, no deja de ser un ejercicio de hipocresía. Lo que hoy sucede es que muchos siguen alimentando el mito republicano, el fantasma de unos años de entreguerras donde el totalitario antifascista, por el mero hecho de serlo, tenía legitimidad y carta blanca para asesinar, dominar y empobrecer a los ciudadanos. Hoy son muchos los que se encuentran en la tesitura de demostrar cierta conciencia. Conciencia política, histórica y no se sabe qué más cosas. Conciencia sin juicio, ignorante y analfabeta funcional, que interpreta en los hechos del pasado un mero juego de venganza contemporánea. Odios presentes que toman de mitos pasados las bazas suficientes para encararse con sus adversarios imaginarios.
El 20-n lo celebran cuatro descerebrados, socialistas de un bando, y ocho descerebrados, tanto o más totalitarios, pero del otro bando. Una minoría de españoles que siguen queriendo abrir el teatro del esperpento. Digo 4 frente a 8, porque son el doble los que desde la derrota emocional, pretenden ajustar cuentas. Cuentas contra un chivo expiatorio en el que, forzosamente, necesitan incorporar a media España. Gracias a ese falso equilibrio, sostienen el ritmo. Los otros 4, entre trasnochados y bestias, mantienen una posición que en realidad nunca fue seña del consenso social que también sostuvo el anterior régimen.
20 de noviembre de 2009.
Saludos y Libertad!











Ni siquiera la mitad de los médicos y trabajadores sanitarios españoles se vacunarán de la gripe A según las encuestas más optimistas, otras reducen el porcentaje hasta a un 30%. En definitiva, el porcentaje de profesionales de la salud que rechazarán vacunarse contra la “temible” pandemia será similar al de la gripe estacional, entre un 60 y 70%.



Inquietante, tanto tiempo esperando manifestaciones contra las subidas de impuestos y resulta que las primeras que vemos vienen convocadas por socialistas y asociaciones de izquierdas.




vulgar con menos mortalidad que la habitual de cada invierno. Fue entonces cuando los Estados volvieron a reaccionar: el miedo ya no era su aliado; tocaba justificar sus excesos. “La gripe A tiene, en general, efectos más livianos que la gripe “común”, pero, en los grupos de riesgo, representa una amenaza que no debemos despreciar”. Más o menos es esta la consigna que rezan las autoridades sanitarias españolas e internacionales en la actualidad.

