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Gallardonitis

enero 25, 2012

Este hombre es un portento. Ha conseguido arrimarse hasta al peor de sus enemigos en las ondas. Administración que toca, administración que revoluciona. Gallardón ha dado por fin su salto a la política nacional, y lo que parecía una designación ministerial de segundo orden, se ha convertido en una gran oportunidad de dejar huella. La Justicia en España deja mucho que desear. Colapso, dilación, errores, deficiente y escasa fundamentación… suman un plus de incertidumbre e inhiben a muchos ciudadanos a reclamar sus derechos ante los tribunales.

De las reformas propuestas, suena muy bien garantizar la independencia del Consejo General del Poder Judicial, la reforma de las leyes de Jurisdicción Voluntaria y mediación, del Código Mercantil, el Penal, la Ley de enjuiciamiento criminal…

Lo que plantea más dudas es el cómo. La necesidad de acometer estos cambios resulta evidente, pero no está tan claro la mejor vía para alcanzar los resultados deseados. Hasta que no se concreten los proyectos no tiene sentido discutir al exalcalde en la misión encomiable que se ha propuesto.

Varios apuntes importantes. No basta con garantizar la independencia del gobierno de los jueces, también deben introducirse reformas en la estructura del ministerio fiscal. Si queremos agilizar la instrucción, no podemos dejarla en manos de un agente sometido. Para ser instructores, o tener mayores facultades en la investigación de los procesos penales, los fiscales debe romperse la estricta jerarquía del ministerio y blindar la independencia del fiscal natural.

En cuanto a la cadena perpetua revisable, no creo que encaje tal cual en nuestra constitución. En todo caso se trata de ampliar el límite máximo de la pena de prisión, y fraccionarlo, pero siempre en el cauce planteado por la reforma de 2003, sobre cumplimiento íntegro de las penas.

Reformar la ley del menor está bien, pero no nos pasemos. Los casos más sangrantes son una minoría, así que conviene hacerlo introduciendo dicha excepcionalidad, y no alterando la norma de forma desproporcionada. Que un mismo juez conozca sobre casos donde participen menores y mayores de edad, es de sentido común.

En cuanto al aborto, el gobierno quiere tomar la iniciativa, y no esperar a lo que pueda decir el TC sobre la última reforma. La introducción de una ley de plazos, siendo común en otros países, contradice nuestro régimen constitucional, en la medida que no resuelve un conflicto entre derechos fundamentales estableciendo un límite razonable, sino que directamente niega el derecha a la vida del no nacido, al menos, durante cierto periodo de su gestación. Convendría definir las causas que justifican el aborto con el fin de restringir el fraude que venía cometiéndose con la anterior regulación.

En cuanto al “copago judicial”, siendo muestra del fracaso del Estado en su cometido de absorber y reunir la jurisdicción tomándola como servicio público, es algo que ya está en vigor en forma de distintas tasas judiciales para recursos o la mera reclamación de mercantiles que superen cierta facturación. Lo cierto es que su cuantía es mínima, por lo que dudo de su efecto disuasorio. Es una forma de financiar un sistema cada vez más costoso al tiempo que menos eficiente.

Como propuestas de cosecha propia, las de siempre. Despenalizar conductas sin víctima. Reconsiderar el tipo de pena en función de la naturaleza del hecho delictivo, potenciando el trabajo social frente a la privación de libertad. Vaciar las cárceles de presos por determinados delitos no violentos …

Saludos y libertad!

La pública educación

enero 21, 2012

Simplificando y sin ánimo de precisión, la instrucción ciudadana, tomada como obligación del gobierno, o del Estado, discurre en la reciente historia de Occidente por tres momentos relativamente definidos.
Primero, el “liberal”, cuando en la demolición del antiguo régimen guiados por la luz de la razón y la esperanza del progreso, un Estado incipiente en sus facultades como vertebrador social, se empeña en independizar al Hombre, hacerle individuo como requisito previo al compromiso ciudadano. Sometidos al yugo familiar, religioso, local, caciquil, etc., el Estado acude como liberador utilizando entre otras el arma de la instrucción pública.
Segundo, no tanto con las primeras revueltas obreras, como con el advenimiento del Bienestar como alternativa a la revolución proletaria, la intención liberal, carente de medios y hasta cierto punto competitiva, se transforma en un momento socialista, donde el Estado intensifica su directa organización educativa. De la mera instrucción, ahora se entiende que la individualidad y la ciudadanía exigible requieren de una inculcación de juicios de valor. Llega la sopa socialdemócrata que, definiendo paso a paso su propia lógica, y enfrentada a su versión violenta proyectada por el fascismo, se convierte en el totalitarismo vencedor merced de la derrota comunista.
Pero entre tanto, la educación socialdemócrata (que ya no es mera instrucción) sufre los efectos de la rebelión nihilista. El mayo del 68 es un punto de inflexión, pero ya antes, y sobre todo después, la causa y los fines de la educación pública son trastocados por completo.
La cuestión que me hace reflexionar sobre este proceso es la no existencia presente de una justificación racional que respalde la pervivencia de la intervención del Estado en el ámbito educativo. Primero se buscó al individuo, más tarde al ciudadano, y a la postre, al ciudadano dotado de conciencia social. Ahora se pretende la realización personal, la superación de las represiones, la felicidad de todos. Al principio simplemente se alfabetizó. Luego, se instruyó una clase profesional capaz de mover la industria y la técnica de la nación. La rebelión nihilista quiso que, además, o sobre todo, cada uno decidiera su camino a partir de sus deseos y anhelos creativos, sin que la eficiencia o las necesidades económicas impusieran sus designios. Ahora ya nada importa. Las aulas son guarderías, platós televisivos donde acuden los eternos infantes a interaccionar, divertirse, descubrir su sexualidad, adscribirse a esta o aquella tribu urbana, ser creativos, rebelarse contra las injusticias, soñar un mundo nuevo…
Tristemente la única problemática que esto plantea para la opinión pública no es la estrictamente moral o filosófica, sino el cálculo de su coste. Cuánto nos cuesta mantener esta factoría de frustraciones. Los que tienen dinero, siempre tendrán oportunidades. Los que son brillantes, o capaces de superar los vicios del sistema, también sabrán salir adelante. El resto, se debate entre el fracaso, el hedonismo intelectual, o el ascenso a un mundo medio, de eternos trabajadores privados por siempre de la capacidad y el deseo de ahorrar y liberarse parcial o totalmente de la alienación laboral. Curiosa contradicción, no creen?
Se diseñó un sistema para favorecer a los débiles, y son estos quienes resultan más perjudicados por el mismo. Y lo que es peor, crece esa marginalidad, así como la miseria moral e intelectual de quien la padece. El Estado de bienestar contemporáneo resiste a costa de una masa hegemónica de mediocres acomodados.
Saludos y libertad!

Judge Dredd

enero 17, 2012

Si se hubiera torturado a los imputados por el asesinato de Marta del Castillo, es posible que hoy supiéramos dónde se encontraba el cadáver y la sentencia fuera otra.

En un Estado de Derecho no existen los fines, sólo los principios y el procedimiento.

Garzón ha cruzado, presuntamente, una de las líneas rojas de cualquier sistema judicial liberal que se precie. Ordenar que se intervengan las conversaciones entre abogado y cliente dentro de una institución penitenciaria contraviene uno de los pilares básicos del proceso penal: el derecho de defensa en sentido amplio.

Quienes lo defienden por estos hechos, desde la pancarta y el berrido, lo hacen porque confían en que su impunidad, ideología y cometido, sirvan a su causa colocándose de este modo muy por encima de la Ley.

Saludos y Libertad!

Operación Galaxia

enero 16, 2012

Manuel Fraga ha fallecido en su domicilio de Madrid, situado en el complejo Galaxia, cerca de Moncloa. Este edificio, diseñado por el arquitecto Antonio Lamela a principios de los años 60, fue testigo de la conocida como “operación Galaxia”. Reunidos en la cafetería del mismo nombre, Tejero, Ynestrillas y otros, conspiraron para cometer un golpe de Estado en noviembre de 1978. El intento fue desmontado a tiempo y quedó en nada, pero sirvió para dejar claro que aún en ese crucial año existían fuerzas franquistas dispuestas a abortar la transición democrática.

Este dato curioso, que Fraga viviera en los últimos años en el mismo edificio donde se reunieron una panda de trasnochados golpistas, no es baladí, ni una mera anécdota. Hace pocos días saltaba la noticia de que una jueza argentina pretendía imputar al hoy difunto Manuel, por su responsabilidad en los crímenes del franquismo. En esta línea, Cayo Lara, coordinador general de IU, afirmaba que el fundador de Alianza Popular “se va sin que su partido haya condenado el franquismo”.

Si algo puede decirse de Manuel Fraga es que supo estar a la altura en todos los momentos de su carrera política, que fue prácticamente toda su vida. En la línea que durante la transición separó a buenos y malos, Fraga siempre estuvo en el lado de los demócratas. La panda de exaltados que quisieron subvertir el proceso constituyente primero, y que después tomarían el Congreso por la fuerza el 23 de febrero de 1981, representaron algo a lo que Fraga se enfrentó desde el primer momento. Su papel como padre de la constitución, líder de la oposición y fundador de lo que termino siendo el Partido Popular, resulta fundamental en la consolidación de la democracia en España, en la moderación y el consenso social sin el que sería imposible dejar atrás el rumor guerracivilista que hoy sólo unos pocos utilizan de forma estúpida e irresponsable.

Saludos y Libertad!

Más por menos. Lujo soviético

enero 5, 2012

Una campaña del metro de Madrid desata la crítica de algunos usuarios. Estaría bien que los ciudadanos nos quejásemos del abuso de la propaganda y publicidad institucional que hacen nuestros gobernantes. No hace falta que nos vendan sus bondades de manera tan insistente. Es cierto que el billete sencillo del metro de Madrid es más barato que en otras capitales del mundo, y que la calidad del servicio es por el contrario significativamente superior al de estas ciudades. La polémica surge cuando a alguien se le ocurre establecer una comparación en términos relativos, es decir, en relación al poder adquisitivo de los usuarios.

Los más demagogos recurren al salario mínimo interprofesional, cuya cuantificación depende de un criterio arbitrario. Parece más razonable tomar el salario medio de la Comunidad de Madrid y compararlo con los respectivos salarios de las otras ciudades, en relación al precio del billete sencillo en cada una de ellas. Esto hace El País, y las cuentas dan el siguiente resultado: el de Madrid sigue siendo el más barato de las capitales europeas, y sólo es superior al de Nueva York.

Ahora atendamos a otro dato importante. Hace cuatro meses el precio del billete sencillo subió un 50%, de 1 euro a 1,5 euros. No lo hicieron tanto ni los bonos de 10 viajes, o los abonos mensuales. Esta decisión es estrictamente de estrategia comercial. Si no recuerdo mal fue el Gobierno de Esperanza Aguirre quien tomó la decisión de bajar el billete sencillo a un euro, desde el 1,3 euros, más o menos, que había alcanzado con anterioridad. Esto hizo que el bono de 10 dejara de suponer una rebaja en cada viaje. Fue también esto lo que se corrigió al subirlo a 1,5 euros, y desconozco los motivos de semejante estrategia. La cuestión, sin embargo, es otra.

Dos son las críticas más comunes en contra de esta campaña de propaganda. Primero, que no tiene sentido ocupar espacio publicitario, con el coste de oportunidad que esto supone, para vender las bondades de un servicio público. Segundo, que, asumiendo la comparación en términos relativos respecto del salario medio de cada lugar, no es tan barato el billete sencillo como lo pintan. Vale, pero qué sucede con la tercera vía de discusión, esa de la que pocos se percatan o a la que nadie hace alusión. ¿Cuánto cuesta realmente el metro de Madrid? Cuando adquirimos un título de viaje, del tipo que sea, lo que hacemos en realidad es “copagar” el servicio que vamos a recibir. El precio del metro no es un precio de mercado, sino una tarificación que completa el presupuesto público recibido por Metro cada año. Es decir, sólo una parte del coste de nuestro viaje lo pagamos directamente a través de ese euro y medio, o lo que resulte en cada caso. Lo demás se soporta con cargo a impuestos, como un ejemplo más de redistribución. La política comercial de Metro de Madrid, al señalar unas tarifas u otras, establecer descuentos a jubilados o menores de cierta edad, o promocionar su uso para las juventudes católicas en agosto de 2011, no asume ni de lejos el coste real del servicio.

En Madrid se ha invertido mucho en el metro. Así lo han decidido nuestras autoridades, tras someter esta política al refrendo ciudadano elección tras elección. “Todos” queremos tener una boca de metro cerca del portal de nuestra casa. Se han trazado líneas de dudosa rentabilidad, con giros absurdos y un diseño que en un mercado libre quizá no se habría dado. También se ha invertido en calidad, estética, seguridad, accesibilidad… Esto tiene un coste, y el precio que pagamos directamente no lo cubre ni por asomo. En esas otras ciudades a las que se refiere la publicidad controvertida, París, Nueva York o Londres, el metro es como es. Muchas veces más cochanbroso, menos puntual e inseguro. Quién sabe si sus ciudadanos prefieren que con sus impuestos se paguen otras cosas, o se despilfarre en otra dirección. Lo cierto es que en Madrid tenemos un metro de lujo, y la pregunta es si podemos o no permitírnoslo, y en su caso, si podría privatizarse tal cual es y que del resultado derivara un precio que el suficiente número de madrileños estuviera dispuesto a soportar para hacerlo rentable. Esa es la prueba a la que debemos someter a nuestros gobernantes. O no. Porque es posible que haya mucha gente dispuesta a vivir por encima de sus posibilidades y disfrutar de un metro extraordinario, excesivo, sólo comparable al que los soviéticos hicieron en Moscú.

Todo depende de lo socialistas que dejemos ser a nuestros gobernantes, me temo.

Saludos y Libertad!

Las mejores canciones de 2011

diciembre 31, 2011

No están todas las que son, pero sí lo son todas las que están. 2011 nos arrebató una de las grandes voces de la música, la de Amy Winehouse, crónica de una muerte anunciada pero no por ello sorprendente. Amy se fue, pero otras dos mujeres confirmaron con sendos segundos álbumes que su puesto no quedará vacío, las también británicas Adele y Florence (+ the Machine). Destacable sobre todo lo de la primera, que con su 21 y sus más de 11 millones de copias vendidas, ha conseguido ser el álbum más vendido del año en el mundo mundial. Año en el que volvieron The Strokes, el ritmo Coldplay de la noche, y el segundo (o tercer) trabajo de Lady Gaga que, a pesar de dos primeros sencillos mediocres y una portada que merece un puesto en lo más profundo del museo de los horrores, mejoró con la el saxo de Clarence Clemons en la que fue su última colaboración antes de su muerte. Saxofón, el instrumento de moda de este año, también presente en lo nuevo de M83 y los neoyorquinos The Rapture. Y por último destacar, un año más,la gran presencia de grupos procedentes de la Gran Manzana, en especial de la orilla este del East River.

Feliz 2012!!

10. Clap Your Hands Say Yeah – Maniac

9. M83 – Midnight city

8. Coldplay – Every teardrop is a waterfall

7. The Strokes – Machu Picchu

6. Lady Gaga – The edge of glory

5. Foster the People – Pumped up kicks

4. Matt & Kim – Block after block

3. Florence + the Machine – What the water gave me

2. The Rapture – How deep is your love

1. Adele – Rolling in the deep

Un gobierno para… subir los impuestos?

diciembre 30, 2011

Rajoy, que prometía sorprender a propios y extraños, lo ha conseguido con un éxito formidable. Los que se indignaron ante una supuesta connivencia “neoliberal” entre PP y PSOE, deben haberse quedado noqueados con la buena nueva del último Consejo de Ministros. Se recorta el déficit en 15.000 millones, sí, pero la poda de gasto público sólo ronda los 9.000, ya que el resto procede de una brutal subida de impuestos.

El PP garantiza las trasferencias a pensionistas y desempleados que hayan agotado la prestación. El PP sube los impuestos a los que más ganan y ahorran. El PP reproduce sin matices las propuestas que Rubalcaba lanzó durante la campaña electoral. Ahora sólo falta alguna política de “estímulo” para que a todos los que votaron al PP creyendo que aprobaría medidas anticrisis de corte más liberal, se les quede cara de no entender absolutamente nada.

Esperemos a ver las reacciones. Los socialistas de carné, se centrarán en los recortes. Los populares conservadores, aplaudirán la merma de un 20% en el presupuesto público destinado a sindicatos y partidos políticos,y asumirán la subida como un esfuerzo necesario e inevitable. Estatistas todos, lejos de ver a lo público como el problema, se entregarán a él con ánimo securitario y servil, rezando para que Mariano nos saque de esta. Mientras tanto, los cuatro liberales que quedamos, nos preparamos para lo que esté por llegar, ya que como dice @juanrallo, si esta vez el 40% del recorte de déficit ha venido del lado de los impuestos, en 2012, cuando toque contraerlo en otros 40.000 millones, la previsión no puede ser más desalentadora y terrible para los contribuyentes.

Un gobierno para hacer sacrificios, sí, pero sacrificios de otros, los de siempre, los que trabajamos, ahorramos, producimos y soportamos los efectos de la crisis en carne propia. ¿Dónde están esas reformas estructurales que nos prometieron? ¿Dónde la reforma fiscal y del mercado de trabajo? Si lo que está por llegar se parece mínimamente a este “recargo solidario” del IRPF, podemos echarnos a temblar.

Supongo que los del 15m seguirán indignados. Su ensoñación pulula entre el inflacionismo total y el latrocinio fiscal. En ambos casos, no todo está perdido chic@s! Se monetiza deuda por la puerta de atrás, se suben los impuestos, se continua amancebando a una parte considerable de la población, y ni una reforma estructural de calado. Dudo ahora que los indignados repitan ese eslogan de “lo llaman democracia y no lo es”, porque los auténticos estafados hoy son aquellos que votaron al PP creyendo en su tradicional consigna de “no subir los impuestos”.

No perdamos el tiempo, recojamos la pancarta de la indignación, salgamos a la calle pidiendo menos impuestos, menos Estado. Ya es hora de aclarar que si en algo se parecen PP y PSOE, es en lo socialistas que han demostrado ser ambos.

Saludos y Libertad!

Alcaldesa

diciembre 27, 2011

Sólo a regañadientes, y nunca en primera plana, destaca la prensa de izquierda el gran hito que supone el ascenso de Ana Botella a la alcaldía de Madrid. Primera mujer alcalde de la capital en un mundo donde “alcaldesa” ha sido siempre la mujer del regidor de turno. 

Dejando al margen toda duda razonable sobre la idoneidad y conveniencia de que Botella haya sucedido a Gallardón al frente del Ayuntamiento de Madrid, lo que rezuma de los comentarios y críticas vertidas por opinadores y medios izquierdistas, es sectarismo, odio y también, la dosis justa de machismo (con lindezas como “alcaldesa de estreno”, o “una alcaldesa consorte para Madrid”).

Si Ana fuera de izquierdas, los titulares no dirían que “hereda” el puesto, o que accede a él “sin el voto ciudadano”. Si Ana fuera una mujer de izquierdas la primera plana se centraría en su condición de primera mujer alcalde, y no tanto en que lo llegase a ser gracias a la marcha de su predecesor.

Si Ana fuera de izquierdas nadie cuestionaría la legitimidad con que accede al cargo. Cuando Jordi Heréu ocupó el puesto de Joan Clos en Barcelona, o Javier Losada el de Paco Vázquez en Coruña, nadie tachó como un ataque a la democracia sus respectivos nombramientos. Se votan listas, y la ley prevé el mecanismo de relevo cuando el número uno abandona su escaño. Sucedió con Juan Barranco, alcalde de Madrid, del que sí podría decirse que heredó el bastón de mando del premuerto Tierno Galván.

Si en vez de Ana Botella, hubiese sido Manuel Cobo el nuevo alcalde, la prensa haría hincapié en que siempre fue mano derecha de Gallardón, y por tanto, gran conocedor de las instancias donde éste cumplió la máxima responsabilidad. Sin embargo, en torno a Ana todo son dudas, pese a que forma parte del gobierno municipal desde 2003, como teniente de alcalde y concejal de algún área del consistorio.

Lo cierto es que la nueva alcaldesa tiene dos hándicaps fundamentales: deshacerse de la sombra que su matrimonio con José María Aznar tiende  sobre su carrera política, y demostrar el liderazgo suficiente para que los suyos estimen conveniente que sea la candidata a las próximas elecciones municipales. Mantener una sensación de interinidad o supletoriedad no sería buena para Madrid, ni para el PP, y sobre todo, para la propia Ana Botella. Si asume el mando debe hacerlo con todas las consecuencias. La botella no puede estar medio llena o medio vacía, o aparentar que su función es taparle las espaldas a Gallardón mientras que le calienta el sitio a Esperanza Aguirre. He ahí el gran reto de la alcaldesa.

Por lo pronto, una buena noticia para los madrileños: Botella permitirá abrir nuevos negocios sin trámites administrativos previos.

Saludos y Libertad!

Un Gobierno para hacer sacrificios II

diciembre 23, 2011

No tengo elementos de juicio suficientes para calificar en conjunto al gobierno de Rajoy. No me entusiasma, eso es cierto, pero confío en que no sea demasiado perjudicial para los españoles. No es tanto lo que vaya a hacer, como lo que tenga pensado deshacer, o mejor, aquello en lo que entienda mejor no intervenir. El gobierno que necesitamos es un gobiernos en retirada, humilde y con un correcto plan de inmolación.
A De Guindos se le recuerda su pasado ante Lehmans Bro. en España y Portugal. También se le sacan sus comentarios favorables a los eurobonos o el banco malo. Primero, se insinúa su presunta responsabilidad en la quiebra de la entidad financiera. Esto es absurdo, pero traerá cola. Lo segundo sucede en círculos más doctos y críticos, comúnmente liberales. A estos últimos les queda la esperanza de que dichos comentarios no fueran más que opiniones de tertuliano, pero a la hora de la verdad…
Montoro me gusta, como también me gusta su ministerio. En buenas manos y con el rumbo claro, puede asegurar la disciplina y austeridad que ya impuso en los gobiernos de Aznar. Independizar Hacienda de Economía es una decisión acertada.
A los ministros de exteriores y defensa no los conozco, aunque tengo alguna vaga referencia.
El resto de ministerios “económicos” no merecen especial mención. Seguirán la batuta de Rajoy y deberán ajustarse a los objetivos de política económica y la disciplina impuesta por Hacienda. En Trabajo tiene sentido que el titular sea relativamente desconocido y con actitud dialogante. De lo que se trata es de que los sindicatos traguen, y si lo piden, se les deje hacer un poco de teatro para justificar su posición. De lo contrario habrá conflicto, y en ese momento el propio Rajoy será quien asuma el desgaste político.
Gallardón es el curioso premiado con la noble cartera de Justicia. Se le exige capacidad de negociación para pactar la renovación del TC, y cierto ímpetu e imaginación para acometer las reformas procesales y judiciales necesarias para sacar a nuestra justicia de ese impás en el que se encuentra. Más jueces, secretarios y fiscales. Procedimientos más ágiles y eficientes. Fácil decirlo, pero pocas veces se han hecho las cosas como deberían. Quizá el nuevo titular se tenga que ver las caras con su querida Esperanza Aguirre, o con otros presidentes autonómicos, dispuestos a devolver las competencias al Estado. No va a ser un ministerio tranquilo, ni un ministro carente de iniciativa.
Y por último, pero no con menos importancia, la gran Soraya, mano derecha de Rajoy colocada en primera línea, como capitana de un gobierno difícil. Premio a la constancia, a la capacidad de organización y la rigurosidad. En los últimos tres años se ha curtido en la arena parlamentaria y la portavocía. No le voy a dar un sobresaliente, pero sí la confianza en que seguirá mejorando ante cada nuevo desafío que se le plantee. Tenemos el precedente de Fernández de la Vega, otra mujer para todo, bastón de un completo inútil como lo fue Zapatero. Soraya cubre la cuota, porque vale más que tanta ministrilla socialista junta.
Y eso es todo lo que puedo decir, que no es poco. Esperemos hasta el segundo consejo de ministros, para el que se ha reservado, al parecer, la aprobación de las medidas principales del plan de ajuste.

Saludos y libertad!

El ocaso

diciembre 21, 2011

A falta de conocer los nombres de los elegidos por Rajoy para formar su gobierno, la imagen del flamante presidente jurando su cargo ante el rey, nos ha permitido ser testigos de la serenidad del ya ex presidente del gobierno, Rodríguez Zapatero. Para este hombre los últimos meses han supuesto una sucesión de etapas y pasos hacia la inevitable victoria del PP. Si algo podemos concluir del clima político que hoy se respira en nuestro país, es que todos, sin excepción, habían racionalizado previamente que los populares dirigirían este desaguisado con la comodidad que les brinda el controlar prácticamente todos los gobiernos (central, autonómicos y municipales) en España. De algún modo, el PSOE ha aceptado volver a la madriguera e invernar hasta que escampe el temporal. Zapatero y los socialistas han sido superados por los acontecimientos, que no han hecho sino demostrar su completa inutilidad. Gobernar a manos llenas es fácil, divertido y muy cómodo.

España vive el apaciguamiento del temor. La calma del derrotado y la mesura de quien ahora tiene la inmensa responsabilidad de reflotar el bote. Una complicidad rehén de las circunstancias, que deja aparcado el sectarismo de hace apenas unos años, donde el final de este régimen político que tenemos parecía incuestionable. Esta tregua durará lo que dure el temor a ser intervenidos. Cuando cese la alarma, no tengo la menor duda en que el PSOE regresará a las andadas, y esa oposición en positivo de la que habla Rubalcaba, quedará en el cajón de las buenas intenciones.

No hay más que decir, hasta que Rajoy elija gabinete y celebre su primer consejo de ministros. La investidura no ha aportado nada que realmente merezca la pena señalar. La crítica al nuevo ejecutivo vendrá cuando empiece a tomar decisiones y estas nos parezcan tímidas, adecuadas, insuficientes o diametralmente opuestas a lo único que puede hacernos salir de esta situación. Más libertad. Libertad para decidir, para invertir, para disponer de nuestra renta, de nuestros contratos, incluido el de trabajo, libertad para emprender, para competir… Menos Estado, menos privilegios, subvenciones, regulación, proteccionismo, impuestos.

Saludos y Libertad!

La ambición pasa por el Estado

diciembre 14, 2011

Según la RAE, “ambición” es el deseo ardiente de conseguir poder, riquezas, dignidades o fama. Su vicio es la codicia, que se define el afán excesivo de riquezas, aunque bien podría aplicarse al resto de propósitos.

Sólo mediante la utilización de un poder desmedido, monopolístico o absoluto, puede la ambición extrema alcanzar su máxima expresión. A través del poder del Estado, aprovechando su margen de arbitrariedad, corrompiendo a políticos y funcionarios, a quienes se les presupone acatamiento de las normas y servicio escrupuloso a los fines decretados, el ambicioso logrará sus objetivos más elevados. Lo que no puede hacerse en el Mercado, se trata de conseguir gracias a la intervención del Estado.

Siempre que saltan a la opinión pública casos donde el vicio de la codicia domina la conducta denunciada, está presente el Estado. Bien en forma de amiguismo, clientela, corrupción, malversación, cohecho, tráfico de influencias, o fraude a alguno de sus organismos en la concesión de licencias, recaudación tributaria o sanción. El ambicioso sabe que en el mercado resulta mucho más complicado medrar sin ofrecer algo que realmente valoren el resto de sus congéneres porque satisfaga sus necesidades más urgentes. Los ambiciosos que caen en la codicia tienen un gran interés en arrimarse a los servidores públicos (e incluso ser uno de ellos), lograr contratos con las administraciones, prestarles servicios, consejo y asesoramiento, vender su imagen o sustituirles en sus funciones. Forman una camarilla de ambiciosos que se enriquecen gracias a su labor como conseguidores sin escrúpulos.

Cuando se habla de “trama”, es porque existe una red de contactos que se dispersa de forma natural una vez hallado el nicho, o los nichos, de corruptela más lucrativo. Los ambiciosos, una vez empiezan, no saben dónde y cuándo detenerse, y pese a que en algún momento sean conscientes de que podrían contener su negocio normalizando sus actividades (incluso “legalizándolas”), siempre surgen nuevas oportunidades que no son capaces de despreciar.

La ambición y la codicia forman parte de la naturaleza humana. Lo relevante es comprender las causas que provocan verdaderos escándalos. Si las Administraciones no intervinieran tanto, gastarían menos, reducirían sus contratos, limitarían el requisito de obtener su plácet arbitrario para lograr determinadas licencias o concesiones. La corrupción pasa por el Estado, y es la dimensión y forma que éste adopta, lo que dará alas a los corruptos y corruptores.

Las tramas no siempre son investigadas, ni aún en el caso de serlo, acaban formando parte de un sumario judicial. Las tramas muchas veces son tan públicas como respetadas. Sólo en algunos casos se actúa contra ellas, y es entonces cuando se exageran las perversiones de la que cae en desgracia. El resto, seguirán en pie, como si nada. Tal estado de cosas funciona del siguiente modo: nadie es un corrupto o un evasor hasta que le apunta un poder capaz de poner en su contra al número suficiente de detractores. Sólo entonces, cuando resulta rentable romper el statu quo, aparecen en las portadas los grandes escándalos de corrupción.

Saludos y Libertad!

Amaiur es inevitable

diciembre 13, 2011

Por mucho que algunos quieran mirar hacia otro lado, Amaiur estará ahí, con grupo en el Congreso, derecho a interpelar al gobierno e intervenciones reivindicativas y cargadas de propaganda secesionista. Carece de sentido forzar la Ley para negarles aquello a lo que tienen derecho. Que así sea. Una vez superado el trauma, quizá el panorama sea mucho más positivo de lo que pueda parecernos.

Lo que ha faltado en la lucha antiterrorista ha sido fortaleza moral y política de los grandes partidos. El PNV ha jugado a dos bandas, manteniendo un enfermizo relativismo que encaja, desgraciadamente, con el sentir de muchos vascos. El PP reaccionó pronto y como debía, tras experimentar en sus propias carnes el acoso terrorista. Otros movimientos, como Foro de Ermua y Basta Ya! comenzaron a recorrer el único camino que puede llevarnos a la derrota de ETA.

Y entonces llegó Zapatero, y la parte más sectaria, ruin y mediocre del PSE se hizo con las riendas. ETA, debilitada, excluida de las instituciones, volvió a respirar al menos como movimiento secesionista y totalitario. Lo que ahora tenemos, lejos de ser del todo malo, es consecuencia de la equivocada y perversa política que ha encabezado el casi expresidente Zapatero. ANV, luego Bildu, y ahora Amaiur, son parte de su proyecto de fin de la violencia. Y en efecto se ha conseguido que ETA se entregue a la vía negociada y participativa. El problema es que no se han sentado las bases de lo que debería ser el único escenario asumible: la derrota sin paliativos de ETA, la entrega de armas y disolución, sin ninguna concesión política excepcional y al margen del juego constitucional.

Desde el PSOE y sus medios afines se nos dice que ese es actual panorama. La contraparte, quizá extremando las cautelas, advierte que ETA ha tomado la iniciativa y su entorno parece legitimado para liderarlo. La realidad es que estamos en un callejón sin salida donde cada decisión puede tener consecuencias definitivas.

Amaiur ha concurrido a las elecciones, como coalición de partidos legales, desvinculados de ETA, y que ya han tenido representación en las Cortes nacionales. Su presencia, por tanto, no rompe con lo habitual. Entre sus miembros están independientes de la izquierda abertzale. Lo relevante es que el gran apoyo electoral que ha recibido procede también de los votantes de Batasuna.

Que tenga o no grupo no debería depender del cálculo arbitrario de la Mesa del Congreso. Si la Ley se lo permite, casi mejor para todos. Me explico. En la medida que Amaiur tenga responsabilidades de gobierno, como sucede en muchos pueblos y ciudades vascas, en la propia diputación de Guipúzcoa, su consistencia como movimiento se debilitará. Este tipo de coaliciones sirven para agitar y dominar completamente, no para interactuar con otras fuerzas y poderes locales o regionales. Pronto empezarán las discrepancias por lo concreto, y los errores o crisis de gobernación. En el Congreso sucederá parecido. Si su estrategia es la de utilizar escaños, grupo y tribuna para difundir su discurso sobre el “conflicto”, las contrapartidas, los presos, la unión de vascos y navarros, e incluso la autodeterminación, será tan sencillo como decirles no, no y no. Con la superioridad moral y política que se presume en quienes defienden la derrota de ETA sin contrapartidas, y la memoria de las víctimas del terrorismo, sin que se las equipare con presos o sus familias, no debería ser complicado replicar a los portavoces de Amaiur cada vez que recurran a semejantes arengas. En realidad, su presencia en el Congreso, favorece si se sabe manejar. Es ahí donde debemos fijar nuestra atención: en la altura del Gobierno y el resto de parlamentarios. A través de mociones y otras votaciones, cada grupo quedará perfectamente retratado en sus intenciones. Todos podremos criticar, discutir y combatir la ignominia, la complicidad, las miserias o los errores de nuestros representantes. Amaiur en el Congreso, incluso con grupo propio, son la mejor oportunidad que existe para reconducir la situación y definir el final del terrorismo como la liquidación de ETA, sin contrapartidas excepcionales.

Yo entiendo que haya gente cabreada. Que algunos pretendan que a los de Amaiur los ujieres de la cámara no les sirvan ni agua. Pero de lo que se trata es de marcar la diferencia, de clarificar las posiciones de cada uno, y dejar al descubierto cuáles son las intenciones de todos y cada uno. Si alguien desconfiara de Rajoy por su tibieza, o del PSOE por su seguidismo y cálculo político, no debería ignorar la fantástica oportunidad que tenemos de controlar a nuestros gobernantes y representantes, gracias a la presencia de Amaiur en el Congreso.

Saludos y Libertad!

Europa, Estado sin Nación

diciembre 10, 2011

La CEE, primero, y la UE después, fueron concebidas como esfuerzo interestatal por ordenar y pacificar Europa. El mercado común se ha convertido en la común intervención, lo que exige una creciente burocratización de las instituciones encargadas de gestionar las facultades y competencias que la UE ha erosionado a sus Estados miembros.

La diferencia entre una organización internacional y un súper Estado se expresa tanto en elementos formales evidentes, como en la sutileza con la que se adoptan las decisiones más relevantes.

La soberanía reside en quien maneja el instrumento de poder en los momentos de crisis o excepción. Europa es Alemania con Francia. Aún con todo, la definición de competencias concede cierta autonomía al gobierno de la Unión. La soberanía pues, concebida como poder de decisión inapelable, se proyecta en un compromiso extraño, entre los dos Estados predominantes y la corporación de intereses cada vez más independiente que representa la Comisión Europea.

Existen semejanzas entre Europa y los EEUU. Semejanzas que no son de índole histórica o cultural, pero sí en lo que al proceso federativo se refiere. El avance del gobierno central y su particularidad respecto de los gobiernos de los Estados, se apoyó en el caso americano en la preexistencia de una comunidad política suficientemente definida. En Europa no sucede lo mismo, y su integración ha dependido siempre del interés estratégico, o la necesidad, de los Estados, consecuencia de la existencia de conflictos abiertos, zanjados o cerrados en falso, e intereses compartidos de distinto tipo.

Son las crisis y las guerras, incluidas las civiles (que terminan otorgando el poder absoluto a una de las partes enfrentadas), las que provocan saltos exponenciales en el grado de integración y estatización (será entonces “el soberano” quien trate de liderar la complejidad del cambio). La integración política y comercial es positiva, y no necesariamente incompatible con la autonomía de las comunidades incluidas. Se trata de una tendencia que desemboca en la definición de rasgos nacionales bastantes y consistentes a un nivel más amplio, y sin la intensidad de lazos que existe en la nación básica. Europa todavía no ha dado ese paso, y no es seguro que lo esté dando o lo vaya a dar en un futuro próximo. La nación europea sería, por razones obvias, de una especie nueva, con rasgos confederativos y un elemento común que puede no llegar a arraigar lo suficiente en un mundo que, concurrentemente, tiende hacia la integración cultural en torno a ciertos rasgos occidentales.

Lo que ahora vivimos es el reforzamiento de la estatización frente a una integración nacional que no la acompaña en grado e intensidad. Esta crisis ha contribuido a que la Unión resurja como ordenadora de los intereses compartidos y nacionales de los Estados que la forman. Para ello, y con la moneda única como elemento vertebrador, se refuerzan los pilares del protoestado europeo.

Los “federales”, capitaneados por quienes ostentan la soberanía última de la Unión, se comprometen a pactar un gobierno fiscal común, que sea fuerte y “benevolente”, lo suficientemente grande e independiente. Así mismo, y esto es fundamental, se dan los primeros pasos para consolidar un marco impositivo propio de la Unión, explorando la posibilidad de gravar las transacciones financieras, armonizar el impuesto de sociedades, y quién sabe si la fiscalidad general del ahorro. La UE pasaría de financiarse con recargos sobre el IVA, aportaciones de los Estados, y ciertos aranceles, a tener tributos propios y autogestionados. Y lo que supone un paso definitivo en cuanto a la consolidación de una banca central de tipo estatal, superando de alguna manera la singularidad del BCE frente a sus homólogos, este órgano de planificación monetaria y financiera, gestionará directamente los Fondos de Rescate temporal y permanente de la unión monetaria.

La otra pieza que falta para que el proceso federativo avance es la democratización de las instituciones políticas de la UE. La ampliación de las facultades del Parlamento Europeo, que ya es elegido por sufragio universal, no basta. El Consejo lo componen y manejan los gobiernos de los Estados, y la Comisión resulta de su compromiso, sin que el pase parlamentario sea hoy tan relevante como formalmente se pretende. La elección popular de un presidente de la Unión encargado de formar gobierno con independencia del plácet de los Estados, sí podría arrancarles este último freno confederal. La contradicción procede precisamente de la inconsistencia nacional que tiene Europa, frente a la experiencia norteamericana.

Como decía, son las crisis y las guerras, como situaciones de excepción, las que dejan al descubierto dónde radica la soberanía del aparato político. El protoestado europeo avanza en un proceso de integración e independencia fuertemente tutelado por los poderes estatales de Alemania y Francia. La unificación fiscal, la autonomía financiera, o la consolidación de la banca central, con todas o casi todas las facultades típicas (al margen de los principios fundamentales que sigan inspirando su política), refuerzan el estatismo europeo. Que éste no avance al mismo ritmo, o conforme a la naturaleza e intensidad del tipo de integración nacional, supondrá la causa de nuevas contradicciones así como de futuras crisis institucionales de la Unión. Otro elemento que contribuirá a desestabilizar este proceso es la resistencia confederal, incluso la amenaza separatista, de una fuerza tan relevante como el Reino Unido, que no es cualquier elemento discrepante o particularista en el juego de tronos de Bruselas.

Saludos y Libertad!

Los okupas del 15M

diciembre 7, 2011

Nos dijeron que se trataba de un movimiento abierto, trasversal, crítico, desideologizado, casi etéreo. Nos vendieron sus bondades, el revulsivo que representaba ante un panorama político y económico desalentador. Una toma de conciencia de esas que encandilan a los izquierdistas haciéndoles volver a creer en fetiches de antaño. El País, que disputa a Público la recepción de esta masa de indignados, les concede casi a diario una portada, incluso de su edición nacional. Pábulo que no casa con la verdadera consistencia de indignados y camisetas verdes contra los recortes en educación. La mayoría de los lectores de El País celebran la crispación, la algarada y las proclamas antipeperas, pero poco más. Los unos han pasado de ocupar espacios públicos, a ocupar edificios de manera casi indiscriminada. Los otros, de huelga en huelga en defensa de los privilegios de una clase concreta de funcionarios, han conseguido dinamitar el curso escolar, perjudicando gravemente a padres y alumnos. Aún con todo, El País anima la movida dándoles un excesivo protagonismo mediático.

No soy yo quien lo dice, sino el diario de Prisa, con titulares del estilo de “el 15M okupa…”. Se trata de eso, de ocupar, de reproducir las tácticas más radicales del izquierdismo comunistoide y revolucionario. Entonces, ¿eran ya eso desde un principio, o es en eso en lo que se han acabado convirtiendo? ¿Acaso las acciones okupas son representativas de lo que simboliza el movimiento 15M? El País debería responder a esas cuestiones antes de seguir animando a una bestia que camina excitada y sin control por las calles de Madrid. Porque como esto siga así, la patada en la puerta se va a convertir en una acción reivindicativa más, una seña de identidad, un aliciente subversivo para un tipo de mentalidad tan pueril como antisocial.

Patio Maravillas 2 (una teoría de la “okupación”)

Saludos y Libertad!

La responsabilidad y los mercados

noviembre 24, 2011

Viene siendo habitual leer y escuchar la utilización del término “los mercados” en cualquier comentario o referencia a la situación de crisis económica que estamos experimentando. Ha desplazado incluso a otro de los clásicos, el “neoliberalismo”. Este último tenía más sentido que el novedoso “los mercados”, ya que aquel se refería a cierta tendencia de pensamiento que miraba, sólo miraba, en los postulados típicos de la defensa del libre mercado, con el objetivo de dinamizar la vía intervencionista. Así, se pseudoliberalizaron sectores, privatizaron empresas públicas, y de alguna manera, se apostó por unas relaciones entre Estado y el resto de agentes privados que abrían vías de cooperación donde antes sólo había dominio. Nada más.

El caso es que estamos hartos de oír cómo se manipula el concepto de mercado dentro del discurso dirigista, como clara apuesta por ampliar los ámbitos de regulación centralizada. Atribuyendo responsabilidades a “los mercados”, se logra reificar un chivo expiatorio que, en píe de igualdad, en lo que a decisión y voluntad se refiere, compita con el Estado para ver quién es el más malo. Lo cierto es que semejante cosa no existe en el sentido que pretende dársele, ya que los mercados son los ámbitos de interacción donde los agentes interaccionan persiguiendo fines particulares a través de acuerdos voluntarios de intercambio, a los que sólo llegan a través de sus valoraciones subjetivas. En el mercado se interactúa, se convive, se produce y se consume, se ofrece y se demanda, se crea, se destruye, se gana y se pierde. No hay responsabilidad atribuible a “los mercados”, dado que todas las decisiones proceden de algún agente, del tipo que sea. Y es aquí donde aparece la gran diferencia entre Estado y mercado. Mientras que el segundo es un mero proceso, u orden de reglas y acciones espontáneo e institucional, el segundo, respecto al mercado, es un agente más. Pero no un agente común, sino uno con una característica que lo hace singular. El Estado representa el monopolio del uso de la violencia. Sus decisiones, sus normas e intereses formalmente perseguidos, de cara al resto de agentes, poseen la prerrogativa del imperio, la fuerza de la irresistibilidad.

El Estado actúa en el mercado, en la mayoría de las ocasiones, tratando de suplantarlo. Mientras que el mercado, resulta del proceso de interacción y cooperación voluntaria entre agentes en competencia, mediante contratos libres, y en base a reglas institucionalizadas como el Derecho, la moral o el dinero, el Estado dispone sus relaciones con el resto de agentes anulando las anteriores precondiciones.

Sucede que el Estado total es inviable. El teorema de la imposibilidad del socialismo demuestra en términos estrictamente teóricos lo que en la realidad ha sido un estrepitoso fracaso del totalitarismo político. Por esa razón, el Estado se ha visto en la obligación de mantener relativamente poco intervenidos determinados ámbitos del mercado, para centrarse en el que ha sido su causa primordial: dotarse de una función social. Empezó dedicado al orden público y la seguridad material, para acabar convirtiéndose en el benefactor redistributivo representado en su forma de “Estado social”.

El caso es que “los mercados” no compiten con el Estado en conseguir resultados satisfactorios para todos. Es el Estado quien interviene o participa en el mercado, para, dominando o interaccionando con otros agentes, lograr determinados objetivos. Del Estado proceden las decisiones que tienen relevancia política y económica. No todo sucede en el mercado, pero aun cuando así fuera, es una incorrección atribuirle directamente la responsabilidad sobre decisiones o resultados que no son ni pretendidos directamente, ni adoptados por “los mercados”, sino en ellos. Las decisiones proceden de los agentes, incluidos los Estados, que regulan parcialmente, o participan activamente dentro de los mercados. Los resultados obtenidos por cada interviniente dependen de su acierto, y de su suerte. Los resultados “generales” sólo son pretendidos por quien se cree destinado a centralizar las decisiones y planificar las consecuencias de las mismas. Esto es sencillamente imposible, pero aun con todo, por el mero hecho de pretender ciertos objetivos dentro de los mercados, los Estados, y sólo ellos, deben ser considerados responsables de todas y cada una de las consecuencias derivadas de sus acciones en el mercado, así como de cada agresión que perpetren contra el resto de agentes.

Lo que está sucediendo con la deuda pública y los altos tipos de interés a los que algunos Estados se están viendo obligados a colocar la suya, es un buen ejemplo de lo que aquí se ha explicado. El sistema monetario es un claro intento estatista por dominar un ámbito del mercado a través de la brutal intervención que supone la imposición de una moneda fiduciaria, como lo son el Euro o el Dólar, la concesión de la reserva fraccionaria a los Bancos, y la constitución de un prestador de última instancia que es el Banco Central. A pesar de ello, puede hablarse de un mercado financiero y monetario, en los resquicios que deja esa fuerte intervención (que va mucho más allá de lo explicado).

¿Qué sucede si un Estado tiene necesidades financieras y no se atreve a cubrirlas totalmente a través de la monetización de la deuda y la consiguiente generación de inflación? Pues que tendrá que acudir al mercado para captar ahorro que otros agentes ofrezcan a cambio de promesas de pago futuro. Si el Estado no es de fiar, su estabilidad está en entredicho, o lo que sea, parece razonable que al tipo de interés que toda transacción temporal tiene, se incorpore una creciente prima de riesgo ante el posible impago de la deuda. Cuando a los Estados les cuesta mucho colocar su deuda frente a otros agentes, incluidos otros Estados que la colocan más fácilmente, es por EN EL MERCADO su crédito esta por los suelos. No son los mercados, sino aquellos agentes que ofrecen dinero hoy a cambio del pago futuro de la deuda. No se trata de una decisión centralizada, que adopta ese entre que algunos pretenden, llamado “los mercados”, como demostración de cierto interés particular. Es un precio libre que procede de la conjunción de valoraciones subjetivas de multitud de agentes, incluido aquel que decide endeudarse para no quebrar. Es esta última la decisión que motiva todo esta problemática. Los Estado deciden gastar más de lo que ingresan vía impuestos, y por ello se ven obligados a buscar financiación. No hay más responsabilidad que esa.

¿Qué sucede cuando se pide al Banco Central que acuda al rescate de un Estado, comprando su deuda de forma masiva? Simplemente, que con esa decisión, que adopta el Banco Central (animado por sus dueños, que no son otros que los Estados), se acude al mercado, e interviniendo en desiguales condiciones, pretende alcanzar cierto resultado general. Es decir, se busca impedir que las decisiones de los otros agentes que participan en el mercado de deuda, alcancen completamente sus personales objetivos de máxima rentabilidad, rebajándola mediante su irrupción acaparando una gran cantidad de títulos en poco tiempo. Este es el claro ejemplo de cómo, primero se trata ingenuamente de diseñar un ámbito de intervención que permita cierto control sobre los resultados, para después, ante los errores cometidos por los Estados en la gestión de sus propios presupuestos, tomar la decisión desesperada de volver a intervenir, esta vez en mercado abierto, con la única pretensión de lograr cierto resultado general al cierre del mismo. Lo que no se mide es que, aun en el supuesto de conseguir lo inicialmente propuesto, existen consecuencias no queridas que, inevitablemente, derivan de toda intervención en el mercado.

Cuando dicha intervención la realiza un agente privado, de manera competitiva, mediante acuerdos voluntarios, y asumiendo la responsabilidad íntegra sobre sus errores, dichas consecuencias no son otras que la formación de un orden institucional de acciones. Sin embargo, cuando la intervención la realiza un Estado, o como en este caso, el Banco Central (que es su instrumento para estos quehaceres), los resultados tienen gravísimas consecuencias no queridas, que tienden a destruir precisamente el orden institucional de acciones conseguido en libertad. La monetización de deuda genera inflación, y la inflación distorsiona todas las señales del mercado, perjudicando a todos y cada uno de sus partícipes.

Saludos y Libertad!

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