EL LIBERALISMO Y LA GUERRA
Publicado por yosoyhayek en Marzo 21, 2008
No hay tema más controvertido dentro de la “parroquia” liberal que el de la guerra y el principio de no agresión. Sólo la autodefensa es legítima, es decir, únicamente cuando suframos una agresión ilegítima sobre nuestra persona o nuestra propiedad podremos ejercer coacción de manera justificada. Entramos aquí en un punto oscuro ya que no queda muy claro, sobre todo para los liberales no juristas, o incluso algunos formalmente doctos, qué debemos entender por legítimo, si la decisión de autodefenderse debe ser libre, o hasta que punto podemos hablar de proporcionalidad objetiva en la respuesta. Este no es el debate.
Para un liberal justificar una guerra debe ser complicado. Es complicado, pero es que además debe serlo. En las guerras concurren dos aspectos dignos de análisis. El Ético, el moral, el humano; lanzarse a una contienda genera víctimas entre los soldados, reclutados o voluntarios, entre la población civil, en las propiedades, en el orden y la cooperación social. Una guerra rompe con todo, enfrenta a dos grupos humanos en una encarnizada escalada de agresión y respuesta, de batallas donde los cuerpos se amontonan, ataques sobre poblaciones civiles que despedazan vidas marcando por siempre a quien los sufra y logre sobrevivir.
El otro factor es el económico. Una guerra, más en el mundo moderno, puede llegar a paralizar y condicionar la economía de un país. Durante la Segunda Guerra mundial EEUU rozó la quiebra, tuvo que endeudarse sobremanera, imprimió todo el dinero que pudo sin destruir su sistema monetario haciendo que el dólar no valiera prácticamente nada, rogó a sus ciudadanos que compraran bonos de guerra recurriendo a todo tipo de tretas, volcó su presupuesto en el suministro para el ejército. Su industria, la más poderosa de la historia, aun lo es, se puso a trabajar; la asignación de recursos no fue la que hubiera sido si los empresarios y los consumidores actuaran libres en una situación normal. La guerra condicionó los fines, redirigió los medios, forzó inversiones insostenibles en tiempos de paz, supuso un coste de oportunidad difícil de calcular…
Pero había que hacerlo. Dos naciones imperialistas pretendieron aprovechar su única oportunidad de crecer y lograr una hegemonía que sin esa arriesgada empresa no podrían haber soñado jamás alcanzar frente a los EEUU y su industria. No les movió la libertad, ni la prosperidad de su pueblo; quisieron colocar a sus naciones en la Historia, prescindiendo de consideraciones humanistas o libertarias. Esa guerra había que hacerla, y todo fue poco para evitar la gran amenaza que Alemania y Japón supusieron para la Libertad y el orden extenso de la sociedad abierta.
Un liberal sufre como nadie al justificar una guerra. Como cualquiera, puede errar en su juicio y pecar de ambicioso adoptando posturas sin la información adecuada o relevante. Cuando un líder decide apoyar un acto capaz de generar destrucción y muerte sobre cientos de miles de personas, demuestra su calidad liberal en la meditación previa y la justificación que procure a su decisión.
Lo sencillo es prescindir de principios y valores, quedarse en lo superficial, adoptar posturas por el simple hecho de marcar una tendencia estética, más allá de las consecuencias morales de nuestras decisiones. Yo no sé qué habría decidido en el lugar de ninguno de esos líderes que apoyaron una guerra emprendida por otros o que directamente lanzaron a sus soldados a combatir contra un régimen enemigo. Cada baja, cada efecto colateral, cada vida civil truncada por mi decisión pesaría en mí como una losa imposible de levantar. Sólo la convicción de haber tomado la decisión correcta, de acuerdo con mis principios y valores aliviaría mi pesar.
Como siempre, lo importante son los fines que uno persigue… Si los fines son la mejor y la mayor libertad, podremos equivocarnos con los medios, exceder ciertos límites… justificar la muerte de otros es duro pero no puede bloquear nuestras decisiones cuando otros avanzan sobre nuestras cabezas sin tanto titubeo y escrúpulos… Nadie dijo que fuera a ser sencillo…
Mises, Acción Humana, La economía de guerra, p.983: “El mundo occidental es producto de la filosofía del laissez-faire. No podrá mantenerse si por doquier sigue imperando incontestada la omnipotencia gubernamental. Las doctrinas hegelianas contribuyeron notablemente al nacimiento de las actuales tendencias deificadoras de Estado; sin embargo, podernos excusar a Hegel de muchos de sus errores por haber tenido la agudeza de advertir “la inutilidad de la victoria”. No basta para preservar la paz con derrotar a los agresores. Es inexcusable destruir las ideologías que fatalmente llevan a las conflagraciones bélicas”.
Saludos y Libertad!













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