Respeto la postura de Alaska, a la que tengo en alta estima por punk y valiente, pero creo que tiene vicios suficientes como para que le dediquemos un post.
Cada uno tiene un animal favorito. Todos le concedemos “dignidad”, respetamos y reconocemos valía y personalidad a un animalillo. Perros, gatos, pajaretes, ratoncillos. Nos miran con sus ojillos y creemos ver en ellos algo de humanidad. Les ponemos nombres, les atribuimos amores, pasiones y lealtades. Es evidente que los hay más inteligentes que otros. Que no es lo mismo un sabueso que una tarántula. Pero todos, todos, a nuestro parecer, nos miran con ternura y merecen nuestra consideración.
Los toros, las vacas, los caballos, los burretes no humanos, todos ellos son animalillos, grandes algunos poderosos y potentes, que también dirigen sus atontadas miradas hacia nosotros, nos trasmiten sus querencias y dolores.
Las ballenas, con sus ojillos minúsculos, su cerebro igual de diminuto, gigantonas, imponentes, nos dan más penita que un conejillo atropellado en una carretera.
Respeto a Alaska en su pretensión de servir a la opinión pública semejante crítica. Es obvio que los toros no mueren por gusto en la plaza. Que antes de morir pasan un calvario, son apuntillados y mareados hasta que el estoque los remata con el aplauso del público. Nadie dijo que la cultura fuera a ser toda como las películas de Almodóvar, querida Olvido, ejem.
Si los toros no tuvieran esa utilidad, qué sería de ellos? Es un hecho, sólo los animales que generan de una forma u otra una utilidad para el ser humano, alimenticia o lúdica, tienen garantizada la supervivencia. Únicamente los animales privados, propiedad de alguien, resisten al acecho de la tragedia de los bienes comunales. De esta forma, dos conclusiones: propiedad privada y utilidad, ni una sin la otra, ni la otra sin aquella.
Alaska debería precisar: sin la fiesta de los toros, tal y como la demandan los aficionados, esto es, con martirio y muerte, no hay toros, ni en número ni en las condiciones actuales: libertad, buen trato y alimentación. Alguno quedaría en el zoo, pobrecillo, o en un parque safari… no sé que es mejor.
Conceder dignidad a los animales puede hacernos incurrir en contradicciones o demostraciones ciertamente hipócritas. Todo el esfuerzo, el tiempo, el coste que imprimen en estos empeños no lo vuelcan en la defensa de la dignidad de otros seres humanos, sus iguales, que mueren de hambre por culpa del socialismo, que padecen represión y persecución, que son privados de su libertad, desde Cuba
a China pasando por las vascongadas. Muchos mueren, sufren, malviven, y mientras tanto, estrellas y divas, aquí en España, se dedican a sacarles los colores y los escrúpulos exclusivamente a los aficionados a los toros.
No faltarán las adhesiones. Los valores y los fines que perseguimos se demuestran andando, seleccionando, eligiendo y discriminando causas. No se puede hacer de todo, no, pero siempre lo que se hace es aquello que más valoramos (por la razón que sea, incluida las ganas de medrar económicamente). No digo que Alaska sea una bandida, ni mucho menos. Repito y reitero mi estima. Pero si veo que estas poses delatan cierto desprecio por los males de sus congéneres en favor de la “desgracia” animal.
Saludos y Libertad!















