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¿Qué es la eutanasia?

junio 6, 2008

Vamos a aclarar conceptos antes de meternos en harina. En el fondo son dos ideas las que debemos discutir. Merece la pena, pero sin las cosas claras como requisito a priori de toda confrontación, las conclusiones serán con toda seguridad necedades sin sentido.

Según la Rae, a la que siempre hay que acudir en estos casos controvertidos…

Eutanasia.

(Del gr. εὖ, bien, y θάνατος, muerte).

1. f. Acción u omisión que, para evitar sufrimientos a los pacientes desahuciados, acelera su muerte con su consentimiento o sin él.

2. f. Med. Muerte sin sufrimiento físico.

 

Bueno, visto así, como buena muerte, o muerte digna, digamos que presupone un juicio de valor prescriptivo de alguien que de forma activa, pasiva o indirecta propicia la “buena muerte” de otro. No interviene pues otra voluntad que la del que decide, según su conciencia e ideología, credo, o lo que queramos traer a cuento, su procede o no semejante acto altruista y considerado.

Vayamos al Código Penal, que en el fondo, por vinculante, nos preocupa y bastante…

Artículo 143.4 (libro II, Capítulo I, del homicidio y sus formas)

El que causare o cooperare activamente con actos necesarios y directos a la muerte de otro, por la petición expresa, seria e inequívoca de éste, en el caso de que la víctima sufriera una enfermedad grave que conduciría necesariamente a su muerte, o que produjera graves padecimientos permanentes y difíciles de soportar (*), será castigado con la pena inferior en uno o dos grados a las señaladas en los números 2 y 3 de este artículo.

El Legislador, omnicomprensivo ordenador de todos los órdenes, dispone, que mediando voluntad del afectado, expresa, seria e inequívoca, concurriendo (*), no estamos ante un homicidio vulgar, sino ante un tipo especial de homicidio, muy atenuado, pero aun así sancionado en base a las penas de la cooperación necesaria en el suicidio asistido de quien no padeciera (*), artículo 143.2 y 3.

Es decir, el legislador sanciona a quien cumpliendo el deseo de otro ayuda a finalizar con su vida, con penas inferiores al homicidio vulgar, pero introduce el concepto eutanásico cuando atenúa la pena de quien coopere necesariamente con el suicidio de alguien enfermo, desahuciado, con una vida a todas luces insufrible.

Tenemos pues dos elementos. Por un lado está la decisión unilateral de un tercero respecto la vida de otro, que por considerarla mala vida estima su muerte como buena solución, o buena-muerte, sin que el interesado medie consentimiento, por las razones que sean. Es decir, partimos de un juicio de valor concreto, una concepción del bien, del mal, de la dignidad humana y la capacidad aurea del que se cree revestido de la facultad sobrehumana de dar y quitar la vida con total arbitrariedad.

Por otro lado tenemos el suicidio asistido. Libremente alguien emite su voluntad, pide auxilio, y la cuestión está en qué punto el Estado a través de la legislación penal puede interferir en los actos autónomos, libres y consensuados de dos particulares, uno el que quiere morir, otro el que accede a ayudar.

Para un liberal, o eso creo, el suicidio asistido, siempre que se haga con garantías y publicidad, justifica el homicidio o la cooperación necesaria con el suicido (hay multitud de casos). El Estado no es quien para introducir su concepto de paz social y orden público en las decisiones libres de adultos capaces.

El tema de qué concede a una persona concreta, sea esta un médico bondadoso tipo el doctor Montes, o el Estado, como organización que persigue el bien social, la felicidad de todos o no sabemos qué pamplinas, el derecho a quitarle la vida a otra, es la cuestión que deberia preocuparnos y generar debate.

En mi opinión no existe legitimidad alguna ante semejantes actos de divinidad autoconcedida. No es Dios quien dispone, simplemente el orden social se basa en la defensa de la propiedad, y por tanto de la vida de las personas, entre iguales, por mutuo reconocimiento. Nadie, sin mediar voluntad expresa directa y actual del afectado puede disponer sobre su muerte, por mucho que considere que esta será “buena”, aliviará una situación “mala” o lo que sea. Sin voluntad libre y capaz no hay contrato, no hay transacción respetable por terceros, no hay absolutamente nada más que un acto arbitrario guiado por principios que solo el actor está en condiciones de asumir.

Esta es la regla general, abstracta… vayamos en cada caso a resolver la controversia. No se puede creer en soluciones éticas sin afirmar una base ética objetiva. Pero tampoco cabe afirmar tal cosa negando el origen de todo lo que es social, es decir, el individuo, la propiedad, y por tanto, su vida y su libertad.

Saludos y Libertad!

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11 comentarios leave one →
  1. junio 6, 2008 2:15 am

    Fíjate que aquí estoy muy de acuerdo contigo. Casi totalmente.
    El suicidio asistido debería ser totalmente despenalizado y cada uno debería poder firmar un documento en algún momento de su vida expresando si consentiría o no una intervención para acabar con su vida en caso de llegar a una situación que él considerase indigna y en la que, por algún motivo, no fuese capaz de expresar su voluntad de morir. Lógicamente habría que definir muy bien las condiciones del “contrato”, para estar seguros de que la voluntad del sujeto en todo momento.
    Sólo pongo un “pero”: A mi juicio, se debería poder practicar la eutanasia a seres humanos en estado vegetativo. Es el único caso que he encontrado en el cual el sujeto no ha podido expresar su parecer con anterioridad a su imposibilidad de comunicarse. Es mi opinión y por tanto es subjetiva, pero no me parece algo descabellado ni mucho menos.

  2. junio 6, 2008 10:21 am

    En cuanto a que el Estado no es quien para legislar un acto determinado – porque no se legislan decisiones, eso es una perogrullada, sino actos determinados que tienen unas consecuencias determinadas-, porque este esté basado en la decisión libre entre adultos, existiendo por medio el fallecimiento de una persona – no el homicidio, ya que si existiera homicidio este está penado y recogido, como bien señala, por el Código Penal-, repito, el fallecimiento de una de las personas que interviene en dicha decisión, teniendo en cuenta que dicha decisión debe ser consentida por ambas partes y, de igual forma, de demostrado conocimiento de ambas partes, concurriendo una serie de circunstancias muy determinadas – es decir, no porque una persona sana solicite el suicidio asistido a otra concurre el hecho de eutanasia, existen una serie de circunstancias que limitan el término-, este acto debe estar legislado a fin de que no se vulnere el principio de diferenciación actual, que daría como resultado equívocos legales sabidos; que inocentes terminaran en la cárcel o que culpables salieran libres de sus asesinatos encubiertos.

    Hay que tener en cuenta que no existe el término muerte digna, se vive con dignidad, siempre se muere de forma penosa, no existe dignidad en la muerte. Desde un punto de vista legal el acto en si tiene que ver con la capacidad de una persona cuerda, en pleno disfrute de sus facultades mentales, para decidir que no vale la pena seguir sufriendo a causa de una enfermedad, cuando es demostrable que dicha enfermedad es irreversible y sólo puede tender a empeorar y, finalmente, quitarle la vida. La legislación al respecto iría en dos direcciones, a saber, la protección del derecho a una muerte asistida dentro de los límites del término, y la protección de quien ayuda a dicha muerte asistida dentro de los límites del término. Pero esos límites deben ser legislados y, por lo tanto, reconocidos por el Estado de Derecho en vista de las razones que antes aduje.

    En cuanto a esa manía suya de mezclar churras con merinas, en relación a los equipos médicos de cuidados paliativos, informarle acerca de las decisiones que se toman a diario en un hospital con respecto a enfermos terminales incapaces de decidir por si mismos, decisiones tomadas ya sea por parte del equipo médico en solitario o por parte del equipo médico con el consentimiento familiar: desenchufe de respiradores, paradas de bypass, paradas de marcapasos, administración de dosis determinadas de calmantes o derivados opiáceos… por nombrar sólo algunos. El problema legal, porque siempre se trata de legalidad, no de libertad – si fuera una cuestión de libertad en cuento a un enfermo terminal incapaz de decidir por si mismo el médico o equipo médico debería tener la libertad de decidir (no se puede nadar y guardar la ropa Don Yosoyhayek)-, digo que el problema legal está en la limitación del acto, es decir, en qué términos y dentro de qué límites ese acto se puede llevar a cabo, y en que términos y fuera de qué límites no.

    En este sentido es donde la legislación española cojea. Existe un vacío legal con respecto a esta última situación, que es difícil de legislar porque no se puede legislar la muerte asistida de forma médica sin que la eutanasia, como tal, sea legislada. Ese es el follón. Y le repito, no se legisla sobre las decisiones de las personas, no me sea demagogo, sino sobre actos determinados y sus consecuencias. Luego será el juez quien limitará el alcance de los atenuantes o de los agravantes a dichos actos que generan según que consecuencias.

    Ôo-~

  3. junio 6, 2008 10:21 am

    De acuerdo contigo y de acuerdo con Quikosas. El tema de la eutanasia, como el del aborto, se ha politizado religiosamente, y son quienes no aceptan la separación total de iglesia-estado los que desean la intervención de este último.

    La decisión sobre la propia vida no es tarea de Dios. Es un hecho liberal.

    Saludos,

  4. junio 6, 2008 10:23 am

    Jo, me olvidaba el detalle! Por supuesto que tampoco creo que El Estado pueda decidir sobre la vida de nadie…

  5. junio 6, 2008 11:55 am

    Esto de vivir en sociedad se basa fundamentalmente en el reconocimiento mutuo y recíproco de dignidad, o de un tipo concreto de dignidad denominada, dignidad humana. Son humanos blancos, negros, amarillos, marrones, subnormales, hombres, mujeres, anormales, niños, fetos, viejetes… todos ellos son reconocidos, y esa es la base de la sociedad liberal individualista, como seres detentadores de dignidad. Luego podemos hablar de la tutela que el resto pueda ejercer sobre sus incapacidades y si estas son tal cosa o no.
    Un ser humano inconsciente, duerma o esté en coma, haya nacido con alguna tara o problema psíquico o nervioso, no deja ser digno porque el resto a su alrededor perciban tal cosa, ni siquiera cuando esa circunstancia parezca perpetua o lo sea a todas luces. Esa persona, por inconsciente, por incapaz de emitir juicio o declarar su libre voluntad no se convierte en res nullius que cualquiera, incluso con las mejores intenciones, pueda manejar a su antojo en la búsqueda de fines propios, por mucho que estos se estimen beneficiosos para el vegetativo.
    Ya escribiré más sobre el tema, porque las ramificaciones son tantas y tan variadas que merecen tratamiento especializado.
    Pero vayamos a lo fundamental: nadie salvo los padres de uno hasta que uno se valga por sí mismo o se haya valido en algún momento, o quien comete la acción voluntaria, incluso temeraria (aquí habría que precisar) que causa la situación de inconsciencia y peligro, debe estar obligado jurídicamente, es decir, de forma exigible vía coactiva, a prestar su auxilio.
    Otra cosa es la obligación moral, voluntaria, en la que la mayoría podremos estar de acuerdo. Pero supongamos que alguien, quien sea, presta auxilio no solicitado por el interesado, por su estado de inconsciencia, del tipo que sea, y sitúa a éste bajo la sujeción artificial de su vida. Quien decide entonces cuando desconectar? En mi opinión, y siguiendo el razonamiento, nadie debe tener esa capacidad, ni siquiera quien decidiera conectarle. Una vez sostenido en vida por medios artificiales privarle de ellos supondría un homicidios, eutanasia pasiva, o activa, las interpretaciones son variadas. Volvamos al argumento principal: un ser humano vivo nunca se convierte en res nullius, no es apropiable por un tercero, no se puede disponer sobre su vida. Si se le puede dejar donde esté y como esté. Pero si está conectado lo lógico será no desconectarle y sostener la situación tal cual, sin obligación de hacer nada más, hasta que fallezca por causas naturales.
    Esa es mi opinión.
    Saludos!

  6. junio 6, 2008 1:26 pm

    El problema legal al respecto – siempre hablo de legalidad, no de opiniones, porque, aunque su opinión sea muy respetable, su texto no apela a la opinión de nadie, sino a la capacidad o incapacidad del Estado, a través del Estado de Derecho, para regular actos determinados, es decir, de su capacidad jurídica-, Don Yosoyhayek, digo que el problema legal es la definición de vida que, desde el punto de vista legislativo, es aceptable. Es el problema del derecho al aborto. Para que el derecho al aborto pueda ser ejercido por la mujer que así lo decida deben existir una serie de supuestos que limiten dicho derecho, porque si esas limitaciones no existen se vulnera el derecho a la vida – sentencia del Tribunal Constitucional y posterior doctrinal del Tribunal Supremo-. O lo que es lo mismo, nadie niega el derecho al aborto – y si alguien lo niega desde luego no es la ley, ni el Estado de Derecho-, pero se regula de manera que no entre en conflicto jurídico con el derecho a la vida.

    En cuanto a la capacidad o incapacidad del personal médico para ejercer actos determinados sin consentimiento de familiares, cuando estos demuestran no estar capacitados para tomar decisiones determinadas y dicha incapacidad es lesiva para la salud o bienestar del enfermo – sin entrar en la calidad de la praxis médica en si-, existe el precedente de la negativa a una simple transfusión de sangre a un menor, por una cuestión religiosa de sus tutores. Hasta no hace mucho el médico recurría a los tribunales a fin de poder realizar la transfusión. Hoy día la transfusión se hace, existe la suficiente doctrina jurídica al respecto como para que el médico sepa que su acto está respaldado por ley, y serán los tutores, en último término, quienes tendrán que apelar a los tribunales a fin de que su deseo sobre el menor sea respetado, y en nuestro país, en estos casos en particular, jamás lo es, porque la base jurídica sobre el menor siempre es, y será, el bien del menor como parte – su salud lo es-, no de otras partes por causas religiosas, de conciencia o de convicción, aunque sean sus tutores.

    Repito, aquí el problema es la definición jurídica de vida. ¿Alguien que respira está vivo? ¿Alguien a quien le late el corazón está vivo? No, no siempre. Si una persona respira pero su electroencefalograma es plano, es res nullius. Si el corazón de una persona late pero depende de un respirador, en estado de coma y se demuestra que jamás volverá a estar consciente, e incluso que el uso del respirador sólo retrasa lo inevitable alargando el sufrimiento de la persona… ¿Es res nullius? Es una buena pregunta. Si una persona respira, su corazón late, está consciente – a ratos en los que su dolor es insoportable a causa de una enfermedad terminal-, pero sufre una agonía inmensa que ya difícilmente puede ser paliada mediante una cantidad de calmantes u opiáceos que no pongan en peligro su vida… ¿Debe el médico dejar que sufra sin razón alguna? ¿Debe poder la familia decidir si se acaba con ese sufrimiento cuando se demuestra que no existe capacidad de paliar el increíble dolor que provoca dicha enfermedad terminal? Tengo mi opinión al respecto, como todo el mundo, imagino. La cuestión aquí es si el Estado, a través del Estado de Derecho, debe regular el proceso por el cual esa persona deja de sufrir – por fin-, en base a la decisión de sus familiares o del personal médico habilitado a tal fin, para que el acto no concurra en la realización o encubrimiento de un delito. ¿Se debe regular algo que ya se hace en los hospitales o, por el contrario, se debe seguir dejando que ese acto se realice sin que exista una regulación que garantice el límite de su alcance? Porque lo que sí está claro es que el acto se va a seguir realizando, esté regulado o no.

    Ôo-~

  7. Albert Esplugas permalink
    junio 6, 2008 4:52 pm

    Muy buen post sobre el tema, acabo de leerlo ahora después de comentar en los otros hilos. Un saludo

  8. junio 6, 2008 5:02 pm

    Un honor Albert… por lo que he podido leer tuyo creo que coincidimos en muchos temas relacionados. Tu artículo en Procesos de Mercado sobre la propiedad intelectual es muy bueno, pero discrepo en cosas (no se puede coincidir en todo), jejeje, ya te comentaré si te veo por ahí.
    Saludos y Gracias!:)

  9. junio 13, 2008 3:48 am

    creo q toda actividad voluntariadeve ser consultada primero a mi pareser la autanasi no se deve practicar agente en forma de vegetal por q al igual q nosotros son seres humanos y ademas toda vida merese ser vivida

  10. noviembre 17, 2010 1:25 am

    Mira yo pienso que cuando vos tenes a un familiar que sabes que se va a morir porque le esperan peores momentos y no hay posible mejora, tendriamos que pensar en el y en como se va a sentir a medida que vaya viendo su degradacion.
    Entonces es ahi el acto piuadoso que uno tiene que tener con esa persona

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