LA LIBERTAD Y LA LEY

La Coherencia sólo es posible si se aceptan principios bien definidos, F.A.Hayek.

Archivo de 7/06/08

Intervención vs. Creatividad

Publicado por Liberand en Junio 7, 2008

¿Por qué la industria cinematográfica española no logra arrancar? Esa fue la discusión que tuvimos hace unos días con una amiga que se dedica precisamente a ello, al cine, en su faceta artística. Tres posibles respuestas: por falta de creatividad, por las deficiencias de una industria que le impide competir con las de fuera en igualdad condiciones, o por la intervención del Estado vía subvención.

 

Es muy típico oír a la gente que no va al cine a ver películas españolas porque no le gustan, porque todas las películas le parecen iguales, tratan sobre los mismos temas, son los mismos o casi idénticos personajes, es decir, según esto podemos concluir que el cine español no tiene éxito por la falta de creatividad. El cine español no logra captar el interés de la población. Pero entra aquí el dilema de que no siempre la calidad es entendida o disfrutada por el gran público, es decir, se pueden hacer películas buenas pero que a la gente no le gusten. ¿Qué le gusta a la gente?, ¿qué quieren ver cuando se sientan en su butaca frente a la gran pantalla? ¿algo como lo que viene del otro lado del charco? hagámoslo! No podemos, nuestra industria no es tan poderosa y no poseemos sus medios para competir con ella.

 

Entramos en la segunda posible respuesta. Esa era la que defendía mi amiga. “No tenemos medios, no tenemos dinero, nuestra industria no está desarrollada y solo conseguimos sobrevivir gracias a la subvención que nos da el estado y que nos permite producir nuestras películas”.

 

Y entramos en la tercera y definitiva causa: la subvención, la intervención del Estado en una industria, y la verdadera causa que impide que esta se desarrolle. Es muy cómodo. Yo, me quiero dedicar al cine, pido mi limosnita del Ministerio o la Consejería de turno y ya tengo mi corto o mi largo hecho, ahora, a esperar que alguna sala de cine me la emita, con esto de que está obligadas a emitir un porcentaje de películas nacionales, igual hasta tengo suerte y un par de forofos pagarán una entrada para verla, si no da igual, no he perdido nada.

 

 

Con subvención, la industria del cine no arranca, se han acomodado, no exploran, no intentan crear guiones, argumentos, películas que puedan interesar a la gente, no hay creatividad ¿para qué me voy a esforzar?, si el Estado va a correr con los gastos.

 

¿Es qué acaso sin subvención el cine iba a desaparecer? Las series de televisión no están subvencionadas. Si no existiese la subvención se posibilitaría la creación de productoras privadas que apostasen por películas que realmente tengan posibilidades de éxito en taquilla. Ya, pero hemos dicho antes que éxito en taquilla no siempre es igual a calidad, ¿qué pasaría con aquellas películas que siendo buenas no van a contar con el aval de las productoras? En un mercado libre esas películas siempre encontrarían un hueco, por poner un ejemplo, con los beneficios que obtendrían las productoras con las películas de éxito podrían invertir en películas de calidad sin preocuparse de su trayecto en taquilla, podría ser esa una forma incluso de ganar prestigio.

 

 

En resumen, el cine español no tiene éxito por falta de creatividad; esta a su vez es causada porque no hay una industria desarrollada; y no hay industria por la subvención. Por lo que se puede concluir que la intervención del Estado en la industria del cine es y será como un veneno que la matará lentamente. La intervención puede, una vez más, con la creatividad.

 

P.D.: nuestra amiga no salió convencida, si ellos mismos no saben identificar el verdadero problema, mal lo llevan…

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El Consumismo

Publicado por yosoyhayek en Junio 7, 2008

Es recurrente y reiterativo echar mano de semejante palabro para atacar al capitalismo y al libre mercado (tanto monta, monta tanto). Los puritanos revenidos de izquierdas, también los socialistas de derechas (aquí no se escapa nadie) manejan con descaro las mismas herramientas de distorsión de la realidad. Veremos en este breve post cuál es el origen del mal, o mejor, si es que tal cosa es un mal y los matices que podemos ponerle desde una perspectiva teórica acertada.

El consumismo, y lo decimos bien alto, como actitud proclive a dilapidar el patrimonio personal sin control ni perspectiva, siendo inerradicable por completo (depende de la preferencia temporal subjetiva de cada uno), aumenta exponencialmente en los Estados intervencionistas o de Bienestar. Los ciudadanos, desangrados por los impuestos y cotizaciones sociales, dentro de una lógica pedigüeña (si a mí me vecino le dan 10, yo quiero 10 más 10 por “lo mío”), aumentan su preferencia temporal basándose en dos espasmos o reacciones:

Por un lado confían en que el Estado se hará cargo de ellos en momentos de dificultad, bien con el subsidio de desempleo, bien con la pensión contributiva coactiva pagada durante su vida laboral, bien con la ayuda caritativa en caso de ser un pobre hombre, o un hombre (o mujer) con “muy mala suerte en la vida” (que también podría ser).

En otro orden de cosas, dado el carácter cuasi confiscatorio, no tienen certeza alguna de que el Estado suba la carga fiscal, invente nuevos impuestos o directamente expropie bienes por eso de “la función social de la propiedad”. Ante esta situación, para qué esperar, para qué someterse al albur inflacionista que devora los ahorros, para qué invertir más de la cuenta… consumamos hoy que mañana ya se verá, o peor, a lo keynesiano, “mañana, todos muertos”.

No decimos aquí que en una sociedad libre, o mucho más libre que en la que vivimos, no habría consumismo desaforado, nada de eso. Cada uno haría lo que quisiera, en función de su preferencia temporal consumiría hoy o guardaría para mañana. Si ese ahorro, como es normal, se trata de rentabilizar poniéndolo, por la vía que sea, a disposición de demandantes de fondos prestables a cambio de un interés, perfecto. Si además estos utilizan ese dinero de hoy a cambio de un dinero futuro (el interés es el precio) para invertir, alargar la estructura productiva, incrementar el capital invertido per cápita, mejorar la productividad del trabajo, subir los salarios reales, favorecer la innovación y la caída del precio relativo de productos de más calidad, todos contentos, verdad!

Ese es el secreto del crecimiento secular. Es cierto que un cambio brusco en la preferencia temporal de la mayoría de la población puede dejar en una mala situación a los empresarios más próximos al consumo. Pero no por ello se cumple la paradoja del ahorro keynesiana, tan temida por los amantes del consumo desaforado. En realidad todo lo que se gana se termina consumiendo, sea hoy, o sea mañana. Si la gente, en masa, reduce su consumo hoy, lo hace para incrementarlo mañana, poniendo a disposición de los empresarios un ahorro necesario para expandir la estructura productiva, iniciar fases más capital intensivas, absorber los recursos liberados en las fases más próximas al consumo, y como hemos visto, llevar a la economía al crecimiento secular, sin ciclos económicos ni recesiones como la que hoy vivimos.

El consumismo como ley de vida no viene de la libertad, al menos  no en los niveles actuales, todo lo contrario. Procede de la incertidumbre adicional y la relajación en la responsabilidad y la previsión individual que inocula el virus del estatismo, del intervencionismo. Debemos saber identificar al enemigo.

En este fantástico artículo de Ángel Martín Oro se comenta el asunto abriendo un interesante debate. Rallo y Rodríguez Braun tocan el tema señalando los puntos clave.

Saludos y Libertad!

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