Cuando las cosas van bien, mérito gubernamental; cuando tornan complicadas, cosas del petróleo, la globalización o el capitalismo salvaje estadounidense. Aun con todo, la huelga está aquí, los camioneros se rebelan.
Mi duda, pronto despejada (por desgracia), es/era si éstos, los camioneros, reivindican competencia y libre comercio para afrontar sus dificultades, o simplemente coaccionan al resto de sus conciudadanos en busca de la “paguita” en forma de subvención, por una u otra vía.
No están libres de pecado; quién podría estarlo a estas alturas? El Estado está en todas partes, y siendo así, es razonable que los unos y los otros pugnen entre sí por sus dádivas (previa exacción fiscal, claro está).
El petróleo ha subido. No seré yo quien haga un estudio pormenorizado de las causas, pero es evidente que forma parte de la tendencia global al ascenso en los precios de las materias primas, unido a los efectos de la expansión crediticia generalizada, y por tanto, muestra de la fase del ciclo que atravesamos a nivel mundial. Ha aumentado la demanda, no se ha invertido en producción y refinado, el sector está cartelizado y la voluntad política de países muy concretos interfiere en el resultado final…
Sea como fuera, por mucho que lo diga el Gobierno o la Secsta (en esto Prisa se está portando con cierta decencia), la crisis española tiene más de dentro que de fuera, aunque la evidencia impide negar que lo exterior pondrá las cosas peor de lo que podrían ser.
Los camioneros se ven hasta el cuello, efectivamente, pero claro, a todos nos sucede. Vale que el gasoil y la gasolina han subido mucho, pero también lo están haciendo el resto de bienes. Si compramos a precios más altos es culpa de la inflación, que sacude unos más que otros, pero que a estas alturas se desparrama por todos los sectores. La solución, no quedarse atrás y subir el precio de nuestras mercancías. Que sube el combustible, pues sube el servicio… si fuera tan fácil.
El intervencionismo dificulta estos ajustes, lo hace con los salarios, que sólo se revalorizan una vez al año y en base al ipc, índice sesgado, pero es que además en concretos sectores la rigidez es superior y la posibilidad de repercutir el ascenso de los costes de producción en el precio del bien final se hace casi
imposible.
Los camioneros piden algo legítimo a lo que todos deberíamos apuntarnos: una bajada de impuestos al carburante. Entre impuestos especiales e indirectos mucho más de la mitad de lo que se paga va a parar a las sedientas arcas del Estado. Esto sucede en toda Europa, y como ya hemos visto con Sarkozy, la propuesta nacional de reducir la carga fiscal colisiona con la Comisión por razones obvias de intervención y competencia mal entendida.
Digo pedigüeños porque por desgracia, en las economías intervenidas como la nuestra ningún grupo de presión actúa a favor de todos. Para ellos “lo justo” es recibir en exclusiva los beneficios de la medida, en este caso, un carburante para profesionales con menor carga fiscal. Mientras tanto el resto a seguir pagando. Esta redistribución de la renta no es excepcional, sino más de lo mismo. Aquí el que no llora no mama.
Mi impresión es que para tener algo de legitimidad, estos camioneros en armas, bloqueando carreteras, coaccionando a sus “esquiroles” compañeros y actuando con total impunidad ante una policía que nada hace, frente a un gobierno acongojado incapaz de garantizar los derechos de todos (esto es la Huelga, violencia desatada), la estrategia debería ser otra. Si fueran liberales pedirían liberalización, flexibilización, desaparición de los elementos que dificultan el ajuste de sus precios. Nadie tiene porque soportar seguir vendiendo a precios viejos a quien vende a nuevos, es decir, la inflación es para todos y guste o no, por mucho que se pida moderación, todos debemos afrontarla con libertad.
Si quieren mi refrendo, que bloqueen la Carretera de la Coruña, entre Moncloa y el enlace con la M-30, a ver si así actúan las fuerzas del orden. Que rodeen a Zapatero en su despótica mansión y le pidan la desaparición del impuesto especial sobre combustible. Esa si sería la revolución liberal que yo apoyaría aun con el estómago rugiendo por culpa del desabastecimiento. Todo lo que no sea eso me parecerá violencia desaprovechada e injusta (en sentido estricto).
Saludos y Libertad!