LA LIBERTAD Y LA LEY

La Coherencia sólo es posible si se aceptan principios bien definidos, F.A.Hayek.

Archivo de 9/06/08

¿65 horas? ¿y si mejor no lo regulamos…?

Publicado por Liberand en Junio 9, 2008

“¿65 horas semanales? ¡¿eso cae a 13 horas diarias!? ¡¡Vergüenza debería darles, que las trabajen ellos!!”

 

Eso mismo deben de haber dicho los amigos del progreso social al escuchar la noticia en los informativos de esta noche. Los ministros de Trabajo de los 27 se han reunido para intentar aprobar la ampliación de la jornada laboral de 48 a 65 horas semanales. España, con Corbacho (Celestino, no José) a la cabeza, se opone, supone una vuelta al siglo XIX, afirma el de Hospitalet.

 

La medida viene a cuento para evitar la excepcionalidad que suponía la cláusula introducida por Reino Unido que permitía trabajar más horas si se llegaba a un acuerdo entre empresario y trabajador, el “opt-out”. Y también por los incumplimientos a la norma que se están produciendo, sobre todo, en el sector sanitario.

 

Pues yo, señores ministros de la UE, me posiciono en contra. No! no estoy a favor de las 48 horas, pero tampoco lo estoy de las 65. Ya que se va a permitir ese aumento de 17 horas más, porque no eliminamos definitivamente la barrera y simplemente dejan de regular algo que debería solamente incumbir a empresario y asalariado, como es la jornada laboral.

 

Ni 48, ni 65, contrato libre entre ambas partes y que ellos mismos decidan. Y, señores del PSOE, amigos del trabajador, no hay mayor progreso social que permitir que cada individuo trabaje lo que decida. Ustedes no quieren libertad, ustedes no defienden a los trabajadores, ustedes lo que hacen es impedir, poner trabas a que estos trabajen. Aunque primero habría que definir que entienden por progreso social… 

 

Y Rajoy, ¿estará a favor o en contra? no, está en Valencia.

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La Huelga

Publicado por yosoyhayek en Junio 9, 2008

La Huelga organizada, premeditada y en grupo adquiere características muy distintas al legítimo derecho de cada cual a no trabajar. Huelga es  eso, parar en el trabajo, sin más, en busca de una reivindicación, pero sin que conlleve agresión o movilización coercitiva alguna. Eso lo añaden el socialismo y el sindicalismo:

El socialismo por una razón obvia: cuánto más se depende de la decisión arbitraria del Estado, más violencia se genera en la disputa por los beneficios de la redistribución de la riqueza. La intervención arrastra consigo la formación de grupos de interés, estables o coyunturales, pero siempre volcados en la persuasión por objetivos propios. Los medios serán todos los que crean a su alcance.

El sindicalismo formaliza lo anterior, adquiere su privilegio de acción, al margen de la ley material, general y abstracta, en la graciosa concesión del Estado. Es éste quien dota a los sindicatos de su poder frente a los empresarios y el resto de sus conciudadanos. De ahí procede la desvirtuación del legítimo derecho iniciar un parón laboral, pacíficamente entendido.

Es evidente que la unión hace la fuerza, y que en las reivindicaciones crezcan los incentivos de poner objetivos en común. De esta forma los costes se reparten consiguiendo expectativas de mayores logros.

En un orden social intervenido los derechos de propiedad quedan albur de la política gubernamental y el encaje de ésta con los objetivos de los grupos de interés. Los recursos estatales son escasos, el reparto o redistribución finito; no se puede matar a la gallina de los huevos de oro y pretender seguir viviendo de la subvención el día de mañana. El equilibrio es inestable.

Esta situación de violencia se manifiesta en cada decisión del gobierno. Cuando las cosas devienen complicadas las reivindicaciones brotan por doquier. Hoy son los transportistas, mañana los mayoristas, pasado los agricultores y al otro los pescadores.

Sería legítimo, en cada caso, dejar de hacer lo que hacen. Quedarse en casa y no suministrar, recolectar o pescar. El desabastecimiento impulsaría a un gobierno temeroso a intervenir en busca de la reanudación de las actividades de los huelguistas. Pero, no contentos con detentar semejante poder, proceden a ejercer la coacción sin freno, con chulería y prácticamente impunes.

Los transportistas ocupan las vías que son potestad de las administraciones públicas. El gobierno en vez de enviar a sus fuerzas para repeler la agresión o al menos proceder a sancionar a los huelguistas (con el código de circulación o directamente con el Penal) asume la situación, reconoce la legitimidad y la impunidad, tanteando la mejor forma de salir bien parado del asunto.

Mientras tanto el resto de usuarios de la vía sufren desamparados la violencia que impunemente practican los embrutecidos, que aplican descarada violencia contra sus compañeros de profesión decididos a no parar, a no ponerse en huelga. Los piquetes informativos se convierten en noticia; noticia casi simpática, menos para el que lo sufre. La prensa recurre al anecdotario, el exceso es aceptado con normalidad, el orden jurídico se desploma y el gobierno desparece de una escena armada y organizada por su previa intervención.

Resultado: incentivos para embrutecerse, impunidad en el ejercicio del vandalismo, estado de excepción fáctico, resignación general al contemplar la violencia desatada y la mueca de los medios, deseosos de sucesos como éste.

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¿Liberales o Pedigüeños?

Publicado por yosoyhayek en Junio 9, 2008

Cuando las cosas van bien, mérito gubernamental; cuando tornan complicadas, cosas del petróleo, la globalización o el capitalismo salvaje estadounidense. Aun con todo, la huelga está aquí, los camioneros se rebelan.

Mi duda, pronto despejada (por desgracia), es/era si éstos, los camioneros, reivindican competencia y libre comercio para afrontar sus dificultades, o simplemente coaccionan al resto de sus conciudadanos en busca de la “paguita” en forma de subvención, por una u otra vía.

No están libres de pecado; quién podría estarlo a estas alturas? El Estado está en todas partes, y siendo así, es razonable que los unos y los otros pugnen entre sí por sus dádivas (previa exacción fiscal, claro está).

El petróleo ha subido. No seré yo quien haga un estudio pormenorizado de las causas, pero es evidente que forma parte de la tendencia global al ascenso en los precios de las materias primas, unido a los efectos de la expansión crediticia generalizada, y por tanto, muestra de la fase del ciclo que atravesamos a nivel mundial. Ha aumentado la demanda, no se ha invertido en producción y refinado, el sector está cartelizado y la voluntad política de países muy concretos interfiere en el resultado final…

Sea como fuera, por mucho que lo diga el Gobierno o la Secsta (en esto Prisa se está portando con cierta decencia), la crisis española tiene más de dentro que de fuera, aunque la evidencia impide negar que lo exterior pondrá las cosas peor de lo que podrían ser.

Los camioneros se ven hasta el cuello, efectivamente, pero claro, a todos nos sucede. Vale que el gasoil y la gasolina han subido mucho, pero también lo están haciendo el resto de bienes. Si compramos a precios más altos es culpa de la inflación, que sacude unos más que otros, pero que a estas alturas se desparrama por todos los sectores. La solución, no quedarse atrás y subir el precio de nuestras mercancías. Que sube el combustible, pues sube el servicio… si fuera tan fácil.

El intervencionismo dificulta estos ajustes, lo hace con los salarios, que sólo se revalorizan una vez al año y en base al ipc, índice sesgado, pero es que además en concretos sectores la rigidez es superior y la posibilidad de repercutir el ascenso de los costes de producción en el precio del bien final se hace casi imposible.

Los camioneros piden algo legítimo a lo que todos deberíamos apuntarnos: una bajada de impuestos al carburante. Entre impuestos especiales e indirectos mucho más de la mitad de lo que se paga va a parar a las sedientas arcas del Estado. Esto sucede en toda Europa, y como ya hemos visto con Sarkozy, la propuesta nacional de reducir la carga fiscal colisiona con la Comisión por razones obvias de intervención y competencia mal entendida.

Digo pedigüeños porque por desgracia, en las economías intervenidas como la nuestra ningún grupo de presión actúa a favor de todos. Para ellos “lo justo” es recibir en exclusiva los beneficios de la medida, en este caso, un carburante para profesionales con menor carga fiscal. Mientras tanto el resto a seguir pagando. Esta redistribución de la renta no es excepcional, sino más de lo mismo. Aquí el que no llora no mama.

Mi impresión es que para tener algo de legitimidad, estos camioneros en armas, bloqueando carreteras, coaccionando a sus “esquiroles” compañeros y actuando con total impunidad ante una policía que nada hace, frente a un gobierno acongojado incapaz de garantizar los derechos de todos (esto es la Huelga, violencia desatada), la estrategia debería ser otra. Si fueran liberales pedirían liberalización, flexibilización, desaparición de los elementos que dificultan el ajuste de sus precios. Nadie tiene porque soportar seguir vendiendo a precios viejos a quien vende a nuevos, es decir, la inflación es para todos y guste o no, por mucho que se pida moderación, todos debemos afrontarla con libertad.

Si quieren mi refrendo, que bloqueen la Carretera de la Coruña, entre Moncloa y el enlace con la M-30, a ver si así actúan las fuerzas del orden. Que rodeen a Zapatero en su despótica mansión y le pidan la desaparición del impuesto especial sobre combustible. Esa si sería la revolución liberal que yo apoyaría aun con el estómago rugiendo por culpa del  desabastecimiento. Todo lo que no sea eso me parecerá violencia desaprovechada e injusta (en sentido estricto).

Saludos y Libertad!

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