Público publica (si, lo admito, ya es una sección de este blog): El PP, único partido que no se opone a la semana laboral de 65 horas. Vaya vaya, profundicemos: José Ignacio Echániz, diputado del PP, responde aduciendo que la directiva no será obligatoria y además se ciñe al problema de las guardias médica. Ah, y añade que en España, a pesar de fijarse el tope en 40h, se trabajan poco más de 37. (No aclara si es trabajo efectivo y productivo o estancia en el centro de trabajo, ejem). No le veo muy convencido…
En este blog nos hemos mostrados partidarios no ya de las 65 horas, sino de la libertad absoluta. Es bien sabido por todo aquel sabe algo de economía que toda medida de intervención en un mercado, por muy bondadoso que sea el objetivo fijado, el ajuste ansiado, la mejor coordinación pretendida, siempre, siempre provoca efectos contrarios a los deseados, y peor, generan dos tipos de costes: los que se ven, y los que no se ven (a los Bastiat).
Es un sofisma recurrente por parte de los enemigos o desconocedores del proceso social atribuir la mejora en las condiciones laborales y de vida en general de los individuos a “las conquistas sociales”. Guste o no, la mayor conquista social es que el proceso camine libre y genere espontáneamente los ajustes necesarios gracias al ejercicio de la función empresarial latente en el ser humano.
Escolar tranquiliza su nimia conciencia con esta afirmación irónica: Otro gran éxito para los trabajadores.
Es un analfabeto funcional, lo sé; lo que molesta es su chulería, pero es tan propia de los que son de su especie… que no merece mayor consideración. Desconoce Nachete(o no, y simplemente es malo malísimo, como con su alusión al trabajo infantil, del que seguro conoce las causas reales de su desaparición en las economías con más capital invertido percápita: mayor productividad marginal del trabajo) que hay dos tipos de paro: praxeológico e institucional. El primero es inevitable, el segundo tiene un origen concreto: la intervención en el mercado laboral, o mejor, la intervención en general, pero aquella en especial.
La tasa de paro institucional depende del grado de rigidez impuesta. Cuantos más límites, más paro, cuanto más paro, más gasto social dirigido hacia esas bolsas de marginalidad que acaban formándose en las sociedades intervenidas. Los de Cuatro se ríen de ellos en Callejeros, eluden estudiar las causas de ese desarraigo sin visos de solución, pero es que todo viene de la desocupación forzosa que termina por ser interiorizada como forma de ser y de afrontar la vida.
Si se fija un Salario Mínimo por encima de lo que unos están dispuestos a aceptar y otros a pagar, todos aquellos se quedarán sin nada, y los otros, los empresarios, sin la posibilidad de crecer e invertir generando más riqueza y aumentando la productividad. Si se impide a un señor trabajar más de un número de horas diarias aun cuando él esté dispuesto y haya quien se lo oferte, a quién se perjudica? Claro, para eso está el Estado, para librarnos del mal que nos devora y oprime en su ausencia. Vaya vaya. Se conoce que además de keynesianos o marxistas, estos social demócratas de hoy, incluida Rosa Díez (según Público), además de ser doctos en buena economía son pastores del rebaño, guías espirituales, referentes morales…
Decía Hazlitt sobre sus inicios en el mercado laboral, en una situación difícil en la que le echaban casi a diario de sus empleos:
“esto no me sorprendía ni me desconcertaba, porque por la mañana temprano leía el Times, buscaba la sección de anuncios y estaba prácticamente seguro de que aquel mismo día conseguiría algún empleo. Pero esto sólo ocurre cuando existe mercado libre. No había entonces nada parecido a salario mínimo.(EEUU, 1910…) No existían cosas tales como subsidios, excepto, tal vez… algún reparto de sopa… No había bienestar sistemático. Pero había libre mercado. Y así, de ordinario yo encontraba trabajo por mis propios medios al día siguiente, y era despedido tres o cuatro días más tarde… no tenía la destreza requerida, pero en cada nueva ocasión aprendía algo nuevo y, al fin, llegué a ganar de 3 a 4 dólares por semana” (en la semblanza de Henry Hazlitt, por Llewellyn H. Rockwell jr.)
Saludos y Libertad!













