Respondo con este post a un comentario dejado en “¿65 horas? ¿y si mejor no lo regulamos…?” (Incremento en las horas semanales de trabajo por la comisión Europea), escrito por Liberand. Es muy interesante la idea planteada por el comentarista (Jorge; gracias), así que me he dejado llevar…
Primero, las normas que rigen un proceso social (dinámico por definición) son de mera conducta, reglas de recto comportamiento. La intensidad en la prohibición de concretas acciones define si la norma impone la mínima coacción para garantizar la ausencia de coacción en casos conflictivos (libertad negativa) o instituye mandatos que condicionan la acción en un sentido muy concreto, o poco abierto (libertad positiva, o permiso para).
Bien, en el ejemplo que pones: imponer reglas iguales, formalmente, para todos, en principio excluye el elemento de igualdad material (es decir, discriminar para conseguir equidad en los resultados del proceso, o del juego: que todos llegaran al mismo tiempo). Se prohíben conductas a todos por igual, con lo que cada cual podrá perseguir sus fines particulares dando viabilidad al orden común (la carrera; básicamente no chocarse ni obstaculizar coactivamente al resto).
Pero todo es cuestión de intensidad en la reglamentación. Aun siendo reglas generales y abstractas (y no mandatos personales y específicos) si pueden llegar a restringir al extremo la esfera de libertad individual. La cuestión es, en virtud de qué prerrogativa, de qué competencia, de qué interés. Supongamos que el Estado, desde una perspectiva utilitarista, persigue en exclusiva el bienestar general, la máxima “felicidad social”. Aquí, a la fuerza, requeriría de acciones positivas de equiparación material, es decir, mandatos personales y específicos buscando igualdad en los resultados. Supongamos, muy al contrario, para dar coherencia a lo que planteas, que simplemente se busca la felicidad o el bienestar agregado, la suma total, sin intervenciones sectoriales o personificadas. Legislación laboral para todos los trabajadores.
Pues bien. Si la norma, aun siendo general y abstracta, llega a delimitar las condiciones de la actividad (conducción de fórmula uno, o prestación de servicios) desaparece la libertad individual y la capacidad de ajuste y coordinación social. La precisión ahoga a la función empresarial que nos permite advertir oportunidades de ganancia, adoptar medios que consideramos oportunos y perseguir fines personales en virtud de juicios de valor subjetivos que, respetando la libertad y la propiedad ajena, bajo un orden de reglas de recta conducta de mínima intromisión, posibilita el funcionamiento del orden social.
Si todos llevan el mismo motor, el mismo coche, con los mismos límites de velocidad y salen del mismo sitio, si además se aísla el circuito y se entrena a todos los pilotos de igual forma corrigiendo severamente los desmanes… no habría carreras, no sería divertido… 70 vueltas sin interés, sin margen de genialidad.
Si no se permite a las personas ajustar su vida entre horas dedicadas al trabajo y horas al ocio, entre a persecución de fines subjetivos y la renuncia a otros, o costes subjetivos. Si la relación entre empleadores y empleados se rigidiza, si se confisca riqueza generada en exceso, si se ponen trabas a la contratación, si… tenemos lo que hoy tenemos. Paro institucional, exacción brutal de rentas del trabajo y beneficios del capital, bloqueo del espíritu emprendedor, y algo que debería hacernos pensar a todos: menos emprendedores es igual a menos oportunidades de ganancia, menos empresas contratantes, menos demanda de trabajo. En esta situación el poder de los individuos decae, se convierten en una mercancía abundante donde en muchos casos, demasiados, el empleador puede discriminar. Sólo en una sociedad libre y dinámica crece la actividad, mejora la productividad y el trabajo se convierte en un bien escaso muy valorado que dota al trabajador de un poder que hoy no tiene salvo coacción sindical (que es la causa de todos sus problemas).
Conclusión: no por generales y abstractas las reglas son justas, o ajustadas a un orden dinámico, orden complejo, como es el social. Los beneficios que éste genera para todos se apagan en la medida que las restricciones a la libertad crecen. Dónde está el límite? Muy sencillo: donde lo fije el orden espontáneo… ya que no hay nadie en este mundo capaz de acometer semejante decisión.
Saludos y Libertad!












