Nacionalidad, para qué?
Publicado por yosoyhayek en Julio 26, 2008
Siguiendo con las locuras patrias el ánimo centrífugo y particularista nos sorprende ahora con nuevas construcciones psicojurídicas (por buscar una denominación que se ajuste). Hablo de la nacionalidad. No de esa que inventó el constituyente para apaciguar el elitismo de algunos, entre región y nación, qué mejor que un término con un significado abierto. De él hemos podido comprobar el salto: las palabras que se utilizan para enmascarar un tira y afloja acaban significando lo que no quisieron los resistentes.
Nacionalidad, por tanto, en su sentido tradicional, como perteneciente a una Nación, ciudadano o súbdito (las diferencias desaparecen si rascamos un poquito) de un Estado político que nos acoge en su territorio, nos amamanta como buena madre patria y en su caso nos concede carta de naturaleza en nuestras incursiones extranjeras.
Esa es la nacionalidad que ahora pretenden blandir los que lograron definir su país como una más dentro de un conjunto de nada. Si existen esas naciones es evidente que sus ciudadanos gozan de doble nacionalidad. Española y Gallega, o vasca, o catalana.
Tener dos nacionalidades puede resultar muy útil. Cada Estado diseña sistemas de atribución de
nacionalidad, por nacimiento, residencia, de acuerdo con unos requisitos. Si firman con otro la posibilidad de que ciudadanos concretos posean ambas nacionalidades, perfecto, porque de lo contrario puede que alguno de ellos obligue al pobre súbdito a tomar una decisión.
Es un tema animado y divertido las vías de acceso a la nacionalidad. En España se garantiza a todo español de nacimiento no ser privado de su nacionalidad jamás (art. 11.2 CE), pero queda al albur legislativo la forma de adquisición, conservación e incluso pérdida, fuera del caso anterior. Es el Código Civil el que dispone al respecto. Tendrán que proceder, en sus Estatutos y leyes civiles, estas nuevas naciones, nacidas y convencidas, a regular estas cuestiones. No sabemos si tomarán la Constitución como acuerdo marco o se verán obligadas a firmar acuerdos con el Estado. Qué sucede si alguien es hijo de un vasco y una gallega? Doble, no Triple nacionalidad! Vaya, y para qué?
Claro, lo de llenar de sellos el pasaporte, como ese que te daban en la Expo de Sevilla para que lo pasáramos en cada pabellón y poder decir: “Yo estuve allí”, nada tiene que ver. Tener una nacionalidad, desgraciadamente, es necesario en este mundo en el que sólo el alta mar es tierra de ningún Estado (peor, es interestatal, de todos y de nadie). Los apátridas, sea cual sea su causa, vagan de país en país en busca de asilo. Dijo Hayek que prefería ser no propietario en un país de propietarios, que vivir en uno donde no existiera la propiedad privada. Sabias palabras. Lo que les sucede a los apátridas es que ninguno de los entes que tienen dominada toda la tierra habitable le reconoce el derecho (que no propiedad) a pisar su suelo y tratar de sobrevivir en él, es decir, lejos de que aquello pudiera libremente llegar a acuerdos con algún propietario, encontrar trabajo y hacer su vida, las fronteras estatales fijan barreras de entrada imposibles o muy difíciles de flanquear.
Por lo menos una nacionalidad debemos tener, o más nos vale. Pero dos, para qué? Pues muy sencillo, depende de qué dos. Es evidente que tener nacionalidad francesa, como Betancourt, no es mala cosa. Tener la española, a veces, poco importa. Tener la norteamericana te permite una salida, honrosa y con posibilidades. Tener también la suiza, es un chollo, por difícil y privilegiada. Es decir, puestos a aspirar a dos nacionalidades, qué mejor que gallega y británica, o gallega y norteamericana. Pero para eso hay que pasar por el rasero de sus leyes, y claro, más cómodo se está en casita, que poco o menos, es la octava economía del mundo, y muy a pesar de Zapatero, las cosas marchan dentro de lo razonable.
Conocí a una chica que tenía derecho, según las leyes de los respectivos Estados, a tres nacionalidades. Sólo podía conservar dos, en virtud de acuerdos bilaterales. Se quedó con la española y la yanqui, renunciando a la más bananera de las tres. Es curioso, pero ahora puede que se encuentre en una encrucijada. La española le viene de gallegos. Una nueva nacionalidad a su disposición… estoy deseando ver qué decisión toma.
Saludos y Libertad!











david escribió
Hola.
Yo creo que principalmente el problema reside en que hay dos deifiniciones o dos escuelas que toman “nación” de forma distinta.
La escuela francesa define nación como la unión de todos los ciudadanos libres, de la que emanan los poderes soberanos.
La escuela alemana que define nación como grupo étnico diferenciado por tener una misma lengua, folklore y si se busca demasiado un grupo étnico propio (como decían los nazis que eran arios- cuando los arios realmente son los persas, ellos son germanos-)
El caso es que los nacionalistas toman el segundo y trabajan con dureza por ahondar en esas diferencias que les definan como… si, como autenticos fanaticos que es lo que son.
yosoyhayek escribió
Llevas toda la razón. En el post no entraba tanto en si son o no naciones, o el debate que pudiera abrirse al respecto. Simplemente he tomado las declaraciones de Núñez Feijó de forma literal :”defenderé la doble nacionalidad de los gallegos”, y desde ahí he ironizado un poco sobre la nacionalidad, desde una perspectiva nacional e internacional como pertenencia jurídico formal a un Estado concreto, jejeje.
Saludos David!
Paula escribió
PUes sí que vamos bien si Alberto (Núñez Feijoó) y su partido se lanzan de cabeza en la espiral del absurdo!!
De todos modos me surge una duda: ¿de dónde has sacado esas declaraciones porque me resultan raras en él? ¿Se refería a la doble nacionalidad gallego-española o a que los argentinos bisnietos de gallegos obtengan, regalada, la nacionalidad española? (Algo que a nuestros partidos reporta muchos votos de los “gallegos – no – gallegos” de la diáspora)