El jugador
Publicado por yosoyhayek en Agosto 23, 2008

Al hilo del comentario sobre la probabilidad del infortunio, también de la buena suerte, traigo esta novelita de Dostoyevski (EL Jugador) que ha sido una de mis lecturas mallorquinas. En sí no deja de ser un librito de apenas 220 páginas con una historia sencilla y unos cuantos personajes interesantes. Interesa, más allá de la genialidad del escritor ruso, obviando los chascarrillos, las situaciones, relaciones y personalidades cuanto menos llamativas, el juego, y nunca mejor dicho, que da el Casino donde acontece la trama.
La novela habla sobre las apariencias, el juego y el cálculo probabilístico como factor determinante para el éxito de concretas aspiraciones. Unos aman y su amor parece imposible, otros desean una dama que miente más que habla, y mientras tanto pulula la expectativa de la pronta muerte de una tía pudiente con cuya fortuna podrán recomponer su situación.
La tía en cuestión se planta en Rulettenburg para sorpresa de todos, y con idéntico pasmo se enzarza en una lucha enfermiza con la ruleta. Hay jugadores profesionales, que estiman y creen dar con la clave del juego. La rica señora se obsesiona con el Zero y contra pronóstico acierta una y otra vez. Cambia al negro y acierta, lo mismo sucede con el rojo. Gana una fortuna que no tarda en dilapidar encendida sin remedio por la obsesión del jugador. Como afirma Dostoyevski a través del personaje principal pueden estar horas, días sentados ante la mesa. Se pierde, se remonta, se pide un préstamo, la cosa pinta bien, se gana un buen botín pero sin poder evitarlo el culo sigue pegado a la silla, la ruleta gira y gira.
Si confiamos en la suerte nada nos hará cejar en nuestro empeño. La suerte está al llegar, la ruleta reparte oro, billetes, por qué no a nosotros?. Sucede lo mismo cuando nos enganchamos a una apuesta o lotería. No conviene dejar esos números, ese caballo, la suerte nos espera, la fe es ciega. Pero el juego de casino añade un componente al enfermizo cóctel. Se gana de vez en cuando lo suficiente para hacernos creer en un destino mejor. Te engancha y hace olvidar el objetivo primero, ya sea jocoso, serio o contingente.
EL libro, que se lee tranquilamente en unos pocos días nos muestra como el azar del juego, comparado con la incertidumbre inerradicable que nos rodea en este mundo, puede tornar en enfermedad cuando apostamos todo lo que tenemos a la suerte. Lo mismo sucede si es el infortunio lo que nos atenaza, el miedo al acontecimiento poco frecuente que pudiera acabar con nuestra existencia, con la de un ser querido. Cuanto menos frecuente más nos asombra que suceda. Desde fuera nos aterra; visto desde dentro, padeciendo directamente sus efectos, rompe nuestra aparente tranquilidad dándonos de bruces con una realidad que sobrevolamos envueltos en un ánimo ficticio, fantástico.
La vida que vivimos en este occidente rico y desarrollado hace de las estadísticas de desgracias algo irreal y que siempre creemos ajeno. La probabilidad de estrellarse es mínima pensaría alguno de los viajeros temerosos que falleció ayer en el accidente. Yo soy de los que en cada vuelo que tomo pienso en lo peor. Esa es la pauta que sigo para aminorar el miedo: creo que poniéndome en lo peor, en su caso lo afrontaré sin demasiado problema. Otra ilusión, otra manera de rebajar la tensión.
Después de semejante alarde de pesimismo ( J ) reitero mi recomendación: El Jugador… en posteriores artículos veremos la importancia de este libro en otras obras más próximas en el tiempo.
Saludos y Libertad!











Martha Colmenares escribió
Excelente tu entrada.
Saludos, Martha