El País se hace eco de una noticia que aparentemente debería alegrar a todo liberal (veremos que en realidad genera más inquietud que aprobación):
El PP (madrileño) propone más participación empresarial en sanidad, educación pública y asistencia a mayores en una ponencia que presentará en el congreso regional.
Las hordas neoliberales aguirristas se hacen con las riendas del Partido Popular de Madrid. Por primera vez, como señala el diario progresista, se abre una ponencia sobre servicios públicos con estas intenciones.
La propaganda socialista trata y tratará de atacar sus propuestas argumentando que lo Público está en peligro. Pero en realidad es mera pugna electoral. Lo público estará mejor que nunca. El PP no quiere que los madrileños decidan, sean libres y responsables. El neoliberalismo, como hemos visto en otros sitios antes, no busca la extinción del Estado, sino perpetuarlo dotándole de mayor eficacia en el sostenimiento de los servicios que se arroga.
El siguiente paso del neoliberalismo patrio exige ahondar en la privatización de la gestión. La administración competente, en este caso la CAM, no prestará directamente los servicios de sanidad, educación o asistencia. Los financiará y supervisará mientras que empresas privadas se hacen con el sector.
Nuestra crítica, posiblemente incomprendida por algunos liberales, va directa a la línea de flotación ideológica de sus defensores. Si ser liberal es luchar por limitar la intrusión del Estado defendiendo la máxima expresión de la esfera de libertad individual, mal servicio prestaríamos a la causa si con nuestras decisiones perpetuásemos la situación coactiva vigente.
Los madrileños seguirán siendo expoliados por las administraciones para hacer frente a la redistribución de la riqueza y la asignación arbitraria de recursos incautados en objetivos ajenos a su libre voluntad. El dinero seguirá saliendo de sus bolsillos para ser gastado en educación, sanidad o asistencia (entre otras muchas cosas). Lo que cambia es la eficiencia del servicio, quién lo presta y la trama de intereses y grupos de presión involucrados en los distintos sectores.
No serán funcionarios y sus organizaciones los que pugnen por más recursos y presionen a la clase política en esa dirección. Serán una red de empresas privadas dedicadas en exclusiva a cumplir los objetivos estatales (autonómicos). Su mercado se limitará a conseguir el contrato público de turno y gastar el presupuesto de la consejería en cuestión.
Lo nocivo y perverso de este cambio, de funcionarios, burocracia y administradores, a empresas privadas en supuesta competencia, tendrá manifestaciones cuanto menos curiosas y que en nada contribuirán a hacer más libre y dinámico el proceso. Sin duda el gasto será mucho más eficiente, pero los nuevos grupos de interés y presión mantendrán el peso fiscal sobre la población negando la posibilidad de liberarla y dejar al libre mercado esos sectores estatizados.
Lo que no se verá, en una aproximación superficial, es que todo habrá cambiado para que todo siga igual. No bajarán los impuestos, todo lo contrario. La tendencia hará que esas empresas se organicen e infiltren en los grupos políticos para lograr objetivos particulares que pasarán por el expolio reafirmado e intensificado.
El PP propone de nuevo la salvación del Estado. Los ciudadanos verán mejorada la calidad y eficiencia de las prestaciones recibidas, pero seguirá sin poder decidir sobre su renta, sobre su vida. Las empresas privadas no competirán en un mercado libre, sino que se arrimarán a la administración en busca, a toda costa, del contrato público (se articule como se articule).
No es mi intención polemizar sin sentido, pero son dos tipos de personas los que deben estar preocupados: liberales y funcionarios. Extraña pareja, por no decir imposible. Unos querrán conservar la prestación, los otros, los liberales, que esos mercados se caigan de la intervención pública, se organice o gestione como sea su prestación.
Que no se echen las manos a la cabeza los socialistas (del PSOE). Ellos saben mejor que nadie que la única forma de salvar el Estado moral, el Estado de bienestar, es la privatización de la gestión. Sin duda ese neoliberalismo que defenestran y vilipendian ha sido y será su mejor baza para perpetuar su objeto de culto y devoción.

(foto espormadrid)
Saludos y Libertad!