No hablo de la estatal, con su horrible nuevo logo. Hablo de las “privadas licenciosas”. Prueban, con intenciones que desconozco, temas y profesiones escabrosas con las que captar audiencia. Ya no sólo son médicos, policías o abogados (esos próceres del orden social), los elegidos como protagonistas de la ficción nacional emitida por Telecinco o Antena 3. La vuelta de tuerca les ha lanzado en busca del morbo, el crimen: lo prohibido (por el Estado, se sobreentiende).
Mezclar tráfico de drogas, asesinato, extorsión y proxenetas forma un coctel de mercados, negros, rojos y grises (Stewie, va por ti!), de lo más suculento para el primetime. Unas jovencitas, algunas menores, deciden prostituirse para ganarse unas tetas con las que medrar en un mundo de crimen y voces graves (por cierto, no es para tanto. En persona pierde y es algo pesado,
)
Antena 3 tardó en preparar su propio producto: prostitución de lujo organizada. Chulos majos, putas majas, mucho dinero, clientes de todo pelaje. Telecinco consiguió acelerar la producción de aquella de las tetas dejando en una situación complicada a la cadena de Matías. Con el pastel horneado no quedaba otra que darlo a conocer. No sé cómo le irán las cosas, la serie es infumable.
Adolescentes promiscuos, irresponsables y drogadictos. Son cosas distintas, aunque, unidas a la imagen
que superficialmente tenemos del estado de nuestras aulas, representan un filón de tramas y dramas para una serie televisiva. No denuncia posibles desmanes con la intención de que los padres revisen la mochila de sus hijos en busca de estupefacientes. De esa “función social” tan encomiable (cuando no puritana) han pasado al morbo por el morbo. Eso me movió ver algún capítulo que otro, y claro, decepciona; pero también llama la atención sobre el nivel de exigencia y estética del consumidor medio: ese tipo ideal al que todos nos parecemos de vez en cuando (queramos o no admitirlo).
Muerto el Tomate resiste basura como Está Pasando o los programas de Jordi. Gran hermano ya no sorprende a nadie, los de OT necesitan polémica para que alguien les tome en serio. Las cadenas buscan registros, temas para ficción y nuevos concursos. Mientras que Antena 3 ahonda en la caspa de la que no sabe o no quiere librarse (toda serie americana buena que trae, fracasa: eso es ser gafe), Telecinco estabiliza la verdulería perpetuando esperpentos como Aida.
Cuatro empezó moderna y vanguardista. Echó mano de clásicos ochenteros, de iconos pop, reminiscencias con las que alimentar a una generación distinta, peterpanesca, endiosada y ensimismada (se nota que por unos añitos no pertenezco a ella; aunque los de la mía, nos las traemos). La Sexta, bajo su línea editorial levantisca, crispada, chulesca y sectaria, pretende hacerle la competencia a los de Prisa. Se pelean por ese espacio político, entre progres jóvenes e idiotas acomplejados. Recurrió a la mofa de un tipo de televisión (Se lo que hicisteis…) y como siempre sucede, acabó por contagiarse de sus miserias. Cosa del parasitismo.
Termino esta vomitona propia de columnista de teleindiscreta, llamando la atención sobre la mamarrachada indecente que pude ver ayer en Antena 3. Gaztañaga, una chica bien de Algorta, deja su programa (el de Patricia), una clásico del esperpento nacional exprimido hasta la extenuación, y se embarca en un proyecto difícil. No sé muy bien de qué va No es programa para viejos, pero la visión de un grupo de jóvenes analfabetos funcionales, berreando sobre sexo seguro, puritanismo, puterío, y no sé qué cosas más… terminó por convencerme de que no debo volver a salirme de la tele de pago; mis series, mi Fox, mi canal cocina, mi Mtv (que hace cosas, pero al menos son originales), mis documentales (Canal Historia es tendencioso pero entretenido)… y todo lo que uno pude disfrutar eligiendo la televisión que quiere ver sin tener que pasar de basura a vertedero. Se me podrá replicar que lo mejor es apagarla. Y no digo que no (cada vez la veo menos), pero no por coherentes y resabiados seamos tan hipócritas para admitir que la necesitamos.
Es evidente que para opinar es necesario meter la cabeza en el cubo de vez en cuando. El resto del tiempo, apuesto por Imagenio!
Saludos y Libertad!













