LA LIBERTAD Y LA LEY

La Coherencia sólo es posible si se aceptan principios bien definidos, F.A.Hayek.

L. von Mises. Legado Misiano. La Escuela Austriaca de Economía

Publicado por yosoyhayek en Octubre 10, 2008

Hoy se cumplen 35 años de la muerte de L. von Mises, el mejor Economista del siglo XX. Este artículo cierra la serie que desde hace una semana venimos publicando en la bitácora. Esperamos que hayan sido útiles para muchos. Lo que hemos pretendido, ante todo, ha sido rendir tributo a la memoria de Mises. Si con ello hemos logrado algo más, podremos setirnos orgullosos.

Según Rothbard “Carl Menger (…) formuló la auténtica teoría neoclásica hallando final solución al problema otrora inexplicable”, la paradoja del valor. (Lo esencial de L. von Mises)

En 1871 Menger concluye sus Principios de Economía Política. Fue en el extranjero, haciendo referencia a los autores marginalistas austriacos, donde se les empezó a denominar de este modo, incluso de forma despectiva. En 1883, como antagónica de la Escuela histórica alemana, se acuñó el término de “Escuela austríaca de economía”.

Rothbard, con su habitual destreza historiográfica, nos previene de cuál pudo ser el hecho relevante que hiciera de Viena el centro de semejante despliegue intelectual y científico a finales del siglo XIX. En 1867, con la Constitución liberal, comenzó la etapa de mayor libertad de Austria, jamás vista en una tierra sumida hasta el momento en el dirigismo férreo. Pocos años después, Mises tuvo que elegir, en su época de estudiante, entre las dos escuelas vivas: la joven corriente iniciada por Menger, o la corriente principal germana basada en el estatismo desbocado y la filosofía hegeliana: “por Austria no vagaba el espectro de la dialéctica hegeliana. En Austria no se consideraba un deber nacional la “superación” de las ideas de Europa occidental. En Austria el eudemonismo, el hedonismo y el utilitarismo no eran proscritos sino estudiados”. (p.73) Fueron unos años de alto interés por la ciencia económica en Viena, la Escuela austriaca representó una ráfaga de aire fresco para los inquietos.

Mises nos relata la situación en la que él tuvo contacto con la incipiente Escuela: “cuando me matriculé en la Universidad, Carl Menger estaba a punto de dejar la enseñanza. No había por entonces señales de una Escuela austríaca de economía, yo no tenía el más mínimo interés por ella” (p.67). Fue la lectura de Los principios de economía política de Menger lo que transformó a Mises en un economista introversivo.

El abuelo de Mises le contó una conversación con Menger en la que este advertía: “la política que persiguen las potencias europeas conducirá a una guerra espantosa que terminará con revoluciones devastadoras, con el total aniquilamiento de la civilización europea y con la destrucción del bienestar de todas las naciones. Ante estos inevitables acontecimientos, el mejor consejo que se puede dar es invertir en oro y tal vez en obligaciones de los países escandinavos”. Y así hizo Menger. (p.68) Sirva como ejemplo de la genialidad de este economista, inspirador de muchos.

Mises puntualiza reconociendo que Wieser nunca “captó efectivamente el núcleo del subjetivismo, y ello fue causa de muchos equívocos fatales” (p. 70), es decir, en sí mismo, no puede considerársele miembro con pleno derecho de la Escuela. Sin duda, el mérito incontestable de la Escuela Austríaca de Economía ha sido “el haber formulado una teoría de la acción económica y no una teoría del equilibrio económico, que es sinónimo de inacción” (p.70), si bien es cierto que fue él quien sintetizó con rigor, y el nivel requerido, todas las aportaciones, propias y de sus predecesores, en su magna obra, La Acción Humana.

Mises fue parte del seminario de Bömh-Bawerk hasta 1913, siguiendo la corriente más leal a los planteamientos mengerianos. Su maestro fue ministro de finanzas austriaco. De él comenta que “desarrollaba ideas que iban más allá de lo que ha quedado consignado en sus escritos” (p.75). Los que sólo recientemente en nuestra vida académica hemos adquirido consciencia de la tarea fundamental de los seminarios en la exposición, desarrollo, aprendizaje y progreso de las ideas, leemos al maestro con emoción y una sensación de sana envidia por haber asistido a los organizados por Bömh-Bawerk.

El mismo sentimiento se desprende de lo que Rothbard comenta sobre los seminarios neoyorquinos de Mises. De esta sucesión sólo nos queda la certeza de que los seminarios de hoy serán la envidia de los pensadores del mañana, lo cual debe hacernos sentir orgullosos y satisfechos por enraizar una tradición marcada por los grandes predecesores de la Escuela Austríaca de Economía. Dice Mises con sabiduría que “los economistas no se pueden formar en criaderos” (p.70), pero por desgracia esa es la tendencia mayoritaria de nuestros días.

De entre las grandes aportaciones de Mises a las ciencias económicas y de la acción humana haremos comentario de dos siguientes:

-Teoría del dinero: Mises, según Rothbard, “demostró que el precio del dinero, es decir, su poder adquisitivo, quedaba predeterminado en el mercado igual que el precio de cualquier otro bien, a saber, por la demanda del mismo, demanda engendrada por la utilidad marginal de la mercancía, en este caso, la unidad marginal de la moneda: el deseo de terne dinero” (Lo esencial de L. von Mises)

Mises publicó La Teoría del Dinero y de los Medios Fiduciarios en 1912. Por aquel entonces, preponderaba la creencia de que la teoría del dinero podía aislarse “del contexto total de los problemas económicos” (p.90). Por esa razón, impulsado por un rigor del que muchos carecían esos años, asumió que “para elaborar una teoría del dinero, era preciso destruir la idea de que puede existir algo así como el cálculo del valor o incluso la medida del valor; de que, conociendo el “valor” de una porción de una provisión de bienes, se puede calcular el “valor” de toda la provisión, o que, inversamente, conociendo el “valor” de toda la provisión, se puede calcular el “valor” de sus porciones. En general, había que eliminar la hipostatización del “valor” y demostrar que existe ciertamente un valor y una valoración por nuestra parte, pero el uso de la expresión “valor” sólo puede tener sentido si define objetos valorados o el resultado de un acto de valoración” (p.91). El propio Mises explica con precisión su ardua tarea y el método seguido.

“A la economía política matemática le di el golpe mortal demostrando que la cantidad de dinero y el poder adquisitivo de la unidad monetaria no son inversamente proporcionales” (p.93) MV:PY. La teoría cuantitativa del dinero reinaba por aquel entonces, como lo había hecho ya años atrás, dentro de la dicotomía clásica y la suposición del velo monetario.  Incluso Menger y B-B habían partido de “la tácita suposición de la neutralidad del dinero”. Mises es quien introduce la razón fundamental que implica la necesaria no-neutralidad del dinero: “el cambio de poder adquisitivo no modifica simultáneamente los precios de las distintas mercancías y servicios” (p.94).

De este modo logró refutar la teoría cuantitativa del dinero. Creemos conveniente, por la claridad de conceptos y exposición recurrir a las palabras Rothbard cuando dice que “todo incremento de la oferta dineraria tiende, desde luego, a reducir el valor de la unidad monetaria; ahora bien, en cuánto efectivamente llegue a descender, si es que, en definitiva, se reduce el valor del dinero, depende de lo que, al tiempo, esté sucediendo con la demanda, con la utilidad marginal de valuta, con el afán de los agentes por disponer de medios de pago”.

En lo referido a inflación y Banca Central, Mises, siguiendo el análisis relatado por Rothbard, vemos se llegó sin remedio a la expansión crediticia sirviéndose de la protección y el privilegio sobre las entidades privadas, liberadas de este modo de las infalibles leyes del mercado. “Los bancos centrales constituyeron herramientas inflacionistas, como bien sabían desde un principio sus patrocinadores”. (Lo esencial de L. von Mises)

En la segunda edición de la teoría del dinero, en 1928, Mises introduce su formulación de la Teoría del Ciclo. Antes, en 1926, puso en funcionamiento el Instituto Austriaco de investigación del Ciclo Económico. Rothbard advierte de un hecho singular: “mientras que la mayoría de los economistas de la nueva era de los años 20 (Irving Fisher incluido) predecían un futuro de inacabable prosperidad, gracias a las sabias directrices de los bancos centrales, cada vez más intervencionistas, Mises, por su lado, anunciaba la inminencia de una grave crisis económica” (Lo esencial de L. von Mises). Una vez más, no sólo la calidad teórica pone de manifiesto la genialidad y superioridad misianas, sino que los hechos le otorgan sin matices la razón. Es Mises quien afirma que el verdadero problema de la actividad económica es que hay que preferir entre cosas presentes y cosas futuras, es decir, aplazar acciones. Sólo el mercado permite al hombre hacer cálculos especulativos. (p.144)

-Epistemología: Mises tomó las riendas del ataque contra el institucionalismo y la escuela matemática así como la refutación de esa  idea tan equivocada de Mill, el homo economicus. Se pregunta el propio Mises, “¿qué sentido tiene decir que hemos aprendido esta categoría por experiencia si no sabemos decir a qué otro resultado habría podido conducirnos una experiencia distinta” (p.158). A lo que responde sin paliativos: la economía política es a priori.

Mises se enfrenta a la Fatal Arrogancia, que conceptualizaría años décadas más tarde su discípulo Hayek, de las ciencias naturales: “confianza en la seguridad absoluta, univocidad y exactitud de sus teoremas, que en otro tiempo les hacían mirar por encima del hombro a las pobres ciencias del espíritu y a ignorar la economía política” (p.160). Pecó de optimista exponiendo que pronto vería el final de todo aquello. Por desgracia seguimos dominados por su paradigma cientista.

“Hoy, en todo el mundo, y principalmente en EEUU, legiones de estadísticos trabajan en institutos dedicados a estudiar lo que la gente piensa que es la “investigación científica”. Recogen datos proporcionados por los gobiernos y diversas organizaciones económicas; los reajustan, los sintetizan y los imprimen, calculan medias, elaboran gráficos. Suponen que de este modo “miden” el “comportamiento” del género humano y creen que no existe diferencia importante entre sus métodos de investigación y los que se emplean en los laboratorios de física, química y biología” (p.186)

Rothbard se plantea, “¿cómo puede ser científica una disciplina donde no cabe la ponderación ni la medición?”, e interpretando la respuesta de Mises se responde a sí mismo que “la ciencia económica, la teoría del actuar humano, cae fuera del mundo de la física, del de la experimentación. La economía, según claramente vieran los clásicos y los vieneses, parte de unos, muy pocos, axiomas generales, referentes a la esencia y naturaleza de la acción humana, axiomas que el estudioso descubre por introspección. Las verdades y conclusiones que entretejen la ciencia no son sino derivaciones lógicas deducidas de tales axiomáticos principios: que el hombre actúa; que prefiere unas cosas a otras; que recurre a la acción para alcanzar siempre mudables, pero, en cada momento, concretos y específicos objetivos; que el factor tiempo influye al actuar…” (Lo esencial de L. von Mises) Esta es la praxeología misiana.

 

Rothbard explica, con cierto optimismo, que a pesar del ostracismo vivido por Mises durante toda su vida académica, fueron muchos de sus seguidores y discípulos grandes adalides de la libertad y figuras influyentes en diversos países y sectores, así “Wilhem Ropke, estudiante misiano de la época vienesa, fue quien aportó el necesario respaldo intelectual que salvó a la Alemania Federal del colectivismo, instaurando en el país una economía sustancialmente capitalista. Luigi Einaudi, otro viejo amigo de Mises en cuestiones de libertad económica, logró igualmente librar a Italia del socialismo totalitario. Y un tercer seguidor misiano, Jacques Rueff, fue el consejero el consejero económico que, prácticamente solo, pero sin desmayo, inspiró al general De Gaulle su política sin, por desgracia, conseguir, cual deseara, la reimplantación del patrón oro”. (Lo esencial de L. von Mises) Con sus palabras nos quedamos; con la idea de que han sido, son y serán muchos los que bebiendo de las grandes aportaciones misianas, traerán al mundo un horizonte mejor. Son ellos aquellos que sirven con mayor ahínco y vehemencia al ideal de la libertad. El proceso social y su fortaleza, las leyes mismas del mercado, no podrían solos sin la ayuda de mentes preclaras acertando en sus diagnósticos y estudiando la realidad sin prejuicios.

 

Resto de Artículos dedicados a Mises:

La Acción Humana

Los Socialdemócratas austriacos de entre guerras

Methodenstreit

Su lucha

Vida y Vivencias

2 comentarios para “L. von Mises. Legado Misiano. La Escuela Austriaca de Economía”

  1. Paula escribió

    Como conseguir algo más??!! Por supuesto! has inventado un nuevo género: la hagiografía económica, que también podríamos llamar hagiografía moderna (las vidas de la Madre Teresa de Calcuta, de Juan Pablo II y es Escribá de Balaguer -relincho de caballos- todavía se incluirían en la hagiografía clásica puesto que no renuevan el género) ;P

    Enhorabuena por lo mucho que te has currado estos post y el resultado

    Saludos!!

  2. [...] de economía, que conozco las grandes aportaciones de Hayek, que he estudiado La Acción Humana de Mises, macroeconomía comparada en la explicación del ciclo económico… no puedo sino quedarme [...]

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