Los malos malísimos: manifestaciones seculares
La 2, sábado por la tarde, programa musical (“no mates al pianista”), entrevista a Macaco, ese artista de renombre y relumbrón. Admitamos que alguna de sus cancioncillas resulta pasable, que no molesta o invitan a cambiar de emisora.
Macaco, subgénero de ManuChaoismo, canta a la naturaleza y no al “medio ambiente”, por él “no es político ni nada por el estilo”. Defiende a los animales y combate el uso de sus pieles, porque “ya no nos hacen falta para sobrevivir”, asume como dogmas de fe el catastrofismo climático, porque de alguna manera espera que el Capitalismo tenga lo suyo, que pague por sus pecados en forma de plaga y destrucción.
Los presentadores, dos intelectuales de tomo y lomo, ella vozradio (acentillo del norte), él modernillo de chichinabo (barba desaliñada y gafas de pasta, sin ser Nacho Escolar, vaya), destacan el carácter solidario de Macaco y su compromiso con la causa climática. Llega el momento álgido, tres personajes, tres declaraciones, tres enemigos del medio ambiente, herejes contumaces: primero Bush: “por qué tengo que defender yo al planeta, que se defienda él solito!”; Aznar: “no niego el cambio climático, pero nadie me ha demostrado aún que el hombre sea responsable del mismo”; y Paris Hilton, no sabemos si como broma o realidad, defendiendo el uso de pieles animales en costura.Tres muñecos, tres mostruitos: dos conservadores recalcitrantes, poderosos venidos a menos, guerreros, “antidemocráticos”, odiados y vilipendiados. Una aparente estúpida que vive con frivolidad ajena al compromiso y la toma de conciencia de intelectuales de izquierdas como Macaco y los dos presentadores del programilla de televisión de marras.
La modernidad trajo consigo su propia religión. Del cristianismo surgió una ateología secular basada en el culto al conocimiento, la infalibilidad humana, la diosa Razón, la desnaturalización de la realidad, el progreso, el Estado, el socialismo… Terminó por dominar y de ella surgieron los movimientos más sangrantes y genocidas, las guerras más terribles, las estructuras de dominación más liberticidas.
Ateocracias que niegan la individualidad y demandan en todo momento material con el que construir mitos y alimentar el espíritu religioso que caracteriza al ser humano. Dios no existe, pero sí el progreso, la democracia, el clima, el humanitarismo, el estatismo posibilista, el comunismo socialdemócrata… y para que la lucha entre el bien y el mal mantenga el movimiento social, la revolución perpetua que requiere todo movimiento totalitario, resultan indispensables los chivos expiatorios, los demonios y malvados personajes, las ideologías tabú, los principios incompatibles con el “bien” defendido por la religión secular.
Malos malísimos que copan a diario dos o tres informaciones, normalmente como caricaturas de sí mismos, recurso cómico propagandístico facilón y burdo, Aznar, Aznar, Aznar, Aznar… Bush, Bush, Bush, Bush… el negacionismo caprichosa y calculadamente personificado. El fundamentalismo que nos domina es cientificista, tiene fe en la ciencia haciendo de ella un fetiche deformado al que recurrir. Desprecia la naturaleza humana, la niega por completo, es un culto al aquí y ahora, y al “porque me da la gana”, orientado en un constructivismo biológico que pretende el nacimiento de un nuevo hombre, un hombre nuevo, el hombre del mañana, del progreso, de ese futuro perfecto al que solo se llega recorriendo la senda señalada por los nuevos profetas y líderes religiosos, explotando mitos e ideas, distorsionando la realidad como mejor camino para que la humanidad, como un todo esencial, enfile el rumbo hacia un más allá terrero, mundano y glorioso.
Siempre ha sido duro revolverse contra el pensamiento único.
Saludos y Libertad!




“La modernidad trajo consigo su propia religión. Del cristianismo surgió una ateología secular basada en el culto al conocimiento, la infalibilidad humana, la diosa Razón, la desnaturalización de la realidad, el progreso, el Estado, el socialismo… ”
Y también permitió el liberalismo y la economía de mercado. Cuidado con los discursos contra la modernidad, podemos caer en oscuros lados postmodernistas o lo que es peor aún, segundas y terceras modernidades.
El estado es anterior a la modernidad, otra cosa es el estado moderno, un concepto cuya primera definición política se encuentra en Nicolás Maquiavelo en su obra “El Príncipe”.
Saludos.
Quién está construyendo un discurso contra la “modernidad? (que por cierto, no sé qué entiendes por “modernidad” viendo la respuesta a mi comentario, la verdad).
En cuanto al “Estado”, creo que vulgarizas el término.
Saludos!