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Deflación que delata

octubre 14, 2009

Los precios siguen cayendo. El dato de septiembre, un 1% negativo, está tan falseado como todo lo que provenga de fuentes oficiales. Se manipuló a la baja la inflación de los años del cambio al Euro, y se manipulan al alza los datos de deflación que desde hace al menos 6 meses se vienen experimentando en España.

Frente a un panorama de crisis económica, reajuste súbito, explosión de burbuja y demás, lo normal es que determinados activos vean caer su precio de mercado. Vivienda, suelo, valores bursátiles… y otras muchas cosas. Si encima la sana recesión se topa con barreras excesivas, rigideces en los mercados e inyecciones arbitrarias, cae la demanda y con ella el precio de los bienes de consumo. La contracción crediticia es un hecho. El dinero no circula, no se liquidan deudas ni se firman nuevas. El parón es tal que el dinero comienza a apreciarse frente a otros bienes.

La deflación es sana y necesaria cuando se sale de un periodo de inflacionismo edulcorado. La euforia de antaño exige un súbito desplome. Tratar de evitarlo, más allá de las medidas que garanticen cierta estabilidad general del sistema, se presenta como el primer gran error. Si los activos se deprecian, bienvenido sea el ajuste. El mercado y los agentes emprendedores que advertirán las oportunidades que nos harán retomar la senda de crecimiento, exige que las señales sean certeras, espontáneas y próximas a la realidad de las cosas. En este caso, la deflación es sana siempre que se le deje hacer, sea rápida y no se pongan barreras al propio mercado.

Premiar a los productores de sectores sobredimensionados, evitar el desplome del precio de la vivienda, subvencionar el mercado del automóvil, evitar los despidos que son indispensables y poner trabas a la ágil contratación de esos trabajadores desplazados de un lado a otro. Representan el segundo grave error que puede perpetrarse en contra de la recuperación económica.

La deflación ha empezado a ser un problema, síntoma de que las cosas no van bien, de que las decisiones no han sido oportunas ni adecuadas. La deflación sobrevenida en periodos de crisis, tras décadas de inflacionismo, es una mala señal siempre que supere un breve periodo de saneamiento. En España, con datos maquillados como los de septiembre de 2009, la caída generalizada de los precios se ha convertido en la constatación de que el Gobierno lleva errando el tiro desde que mintió sobre la inminencia de esta crisis.

Estamos ante una incipiente cadena de suspensión de pagos, y no digo por dónde puede comenzar porque, tristemente, empieza a ser evidente (y no hablo de El Corte Inglés… ejem).

Saludos y Libertad!

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2 comentarios leave one →
  1. octubre 15, 2009 8:14 am

    Me ha gustado mucho tu artículo y estoy plenamente de acuerdo con ello. Creo que la deflación es un reajuste y, aunque no lo creas, considero que a los mercados debe dejarse libertad para su reajuste sin que ello suponga ningún tráuma, más si la deflación es moderada (aunque los datos oficiales sean de dudoso rigor).
    Un saludo

  2. octubre 15, 2009 9:29 am

    ¿Por dónde puede empezar? Yo no lo veo tan evidente, no es que difiera de ti, es que no tengo conocimientos: ¿Te refieres a que el estado puede presentar suspensión de pagos y que España se declare en bancarrota?

    Un saludo.

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