El ridículo obelisco de Caja Madrid
Los populares están dando la nota con su Caja preferente. No pueden evitarlo, son tan socialistas como el resto de los partidos. Aguirre, prócer del liberalismo oportunista patrio, saca la patita negándose a renunciar a su parcela de poder financiero. Son muchos cargos que dispensar, demasiado dinero sobre el que disponer y decidir. En el fondo, las cajas no son sino el parapeto más endeble o directo del efectivo control que los gobiernos ejercen sobre el Poder financiero.
Gallardón dice una cosa, Rajoy pretende imponerse y mientras, la buena de Esperanza, ha llegado a la terrible convicción que sólo puede confiar en un hombre: Ignacio González. Bueno para todo, secretario personal de lealtad incólume e inquebrantable. Vicepresidente de la CAM y ahora, aspirante a presidir una entidad mediana, la cuarta de España, la segunda Caja solo detrás de la mastodóntica y catalana (casi sinónimos si de lo público se trata) Caixa.
Es vergonzoso, y triste, pero sintomático de cómo se resuelven estos asuntos. La diferencia con otras disputas y movimientos en el ajedrez político: muy sencillo, la publicidad que los medios conceden a la trifulca, eso sí, consecuencia de la batalla interna que lidian Gallardón, Esperanza y Rajoy. El primero no tiene fuerza de partido, exclusivamente imagen de marca (muy deteriorada tras sus excesos municipales). La segunda gozaba del prestigio interno suficiente para haberle plantado cara al gallego silbador, pero no se atrevió en aquel asalto cuando otros pesos pesados (hoy corruptos o acomodados) especularon con su propia carrera apostando por el cadáver político que ya era (en 2008, quizá antes) Mariano Rajoy.
Dedicaré otro post a dar un argumento más formado y extenso sobre la verdadera naturaleza del Poder Financiero. El vodevil de Caja Madrid, con un PSOE complaciente, unos sindicatos resignados deseando captar puestos en el consejo y generosas vías de crédito, rezuma esperpento patrio. Es un lío del PP entre gente del PP. Desde Génova 13 (no la primera planta, donde tiene sus oficinas el PP madrileño) se quiere un dominio efectivo sobre la entidad, sin que existan, no sabemos por culpa de qué parte, zonas de entendimiento en cuanto estrategias y nombres.
Rato suena bien, y Esperanza no debería tener inconveniente. Quizá hubiera sonado mejor como candidato a La Moncloa, pero alguien se equivocó y no pudo ser, en aquellos tiempos donde “lo digital” sí era un medio respetado. Ahora blanden sus espadas dos primeras, en un contexto donde incertidumbre y PP van unidos de la mano, abriendo, en los próximos meses, casi cualquier posible desenlace.
Caja Madrid ha “regalado” a la ciudad de Madrid un obelisco diseñado por Calatrava. Se yergue en Plaza Castilla, prometiendo experiencias psicodélicas y una avería más pronto que temprano. Una Caja que hace semejantes presentes, dejando que el arquitecto valenciano ponga por fin su pica en la capital, ensuciándola con su reiterado mal gusto y su contrastable necedad estructural. Debería caer el obelisco de la misma forma que los liberales ansiamos el derrumbamiento institucional de las Cajas de ahorro. Algunos, por tocar despacho y cargo oficial, ávidos de poder, comprenden que tales entidades no son sino una extensión de su dominio personal, terreno de juego sobre el que entretenerse, tramar, hacer y deshacer.
Saludos y Libertad!




Algún cachondo ya le ha puesto apodo a la cosa:
http://www.google.es/#hl=es&source=hp&q=%22poll%C3%B3n+de+Gallard%C3%B3n%22&btnG=Buscar+con+Google&meta=&aq=f&oq=%22poll%C3%B3n+de+Gallard%C3%B3n%22&fp=8fac31da1d3dbb10
Y si Gallardón, a pesar de los impuestos, fuera el menos malo de todos estos… empiezo a tener mis dudas, y dudar de ese modo me hace pensar… jejeje
No sé cómo podía ignorar tanto. Gracias, de veras.
Y encima que se permitan el lujo de decir que no hay que politizar las cajas… pero si esa es la razón de su propia existencia!