LA LIBERTAD Y LA LEY

La Coherencia sólo es posible si se aceptan principios bien definidos, F.A.Hayek.

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El Aborto: algo imparable

Publicado por yosoyhayek en Octubre 19, 2009

Son tan ingenuos quienes piensan ser capaces de remoralizar a los individuos partícipes de una sociedad, como aquellos que apuestan como principio por la refundación moral organizada y compelida desde el Estado. Los unos creen en un mundo cargado de valores, dicen que “humanistas”, asimilables a la rectitud contemporánea que simboliza el cristianismo occidental. Los otros, sometidos a idénticos impulsos, plantean la superior necesidad de secularizar la religión, politizar la convivencia y los valores, relativizar la moral, todo ello a fin de alcanzar ese mito recurrente y eterno del “hombre nuevo”.

El aborto ha sido siempre un recurso de urgencia para solucionar situaciones de malestar, estados de necesidad, mero capricho, imagen pública, apariencia de rectitud moral… Se viene abortando desde que el Hombre vive sometido a una cultura extensiva con implicaciones complejas y un orden moral tramado. Recurrir al aborto como solución de una patología grave en la embarazada no es en absoluto asimilable al aborto como acto de corrección de una situación incómoda o no deseada, evitando sus consecuencias sociales.

Antes el embarazo, para la mayoría de los individuos, era algo mágico que culminaba en el parto con el alumbramiento de una nueva vida, con forma humana y capaz de sobrevivir con ciertos cuidados. Así se definió en Derecho Romano, pero también hace poco más de un siglo en nuestro código civil. Sin embargo sí se sabía que algo pululaba en el interior de la madre durante 8 o 9 meses antes de parto. Se reconocieron derechos y se estimo al no nacido en ciertos aspectos.

Las autopsias y disecciones de mujeres embarazadas abrieron al conocimiento humano la realidad de la gestación, la existencia de un ser humano en formación desde etapas muy primarias del embarazo. La Iglesia fue beligerante con estas prácticas. Dentro de la iglesia y entre aquellas clases beatas y entregadas al culto y la regla moral imperante, abundaron desde siempre los abortos calculados y deseados. Mujeres que por sí mismas o impelidas por otras personas, han abortado como mecanismo de defensa, de decencia, solventando problemas que una sola intervención podía evitar de por vida. Ese espíritu no es nuevo ni puede atribuirse en exclusiva a la época que vivimos hoy.

Diferencias hay muchas, y son estas las que deberían alarmar a todos los moralistas, trascendentes y los mundanos, a los que apelan a la integridad ética y la responsabilidad, o a los que se aferran al sueño del “hombre nuevo”.

Nunca ha estado la mujer tan socialmente reconocida como en las sociedades occidentales del presente. Nunca ha sido tan independiente, familiar, sexual o jurídicamente. La igualdad civil es un hecho trasladado a la vida diaria, y aun con excepciones pocas mujeres podrán apelar a presiones morales o dominios efectivos como excusa personal que las exonere por completo de la responsabilidad que conlleva un aborto voluntario y sin causa de necesidad o legítima defensa.

Vivimos una época de conocimiento donde gracias a la ciencia médica conocemos el momento de la concepción, pudiendo detectarlo casi de inmediato, ubicando en dichas situaciones la evidencia de una gestación humana. Sabemos que el embrión ya es único e irrepetible, que desde el principio puede hablarse de un ser individualizado de tipo humano. Sabemos que, con indiferencia de la semana en que se halle el embarazo, lo que se desarrolla dentro del vientre de la madre es una persona que merece cierta consideración. En un plano distinto pero acompasado con el que representa el conocimiento científico camina el reconocimiento social. Ante lo que conocemos no deberíamos ser capaces de mirar para otro lado y negar la evidencia.

El filibusterismo intelectual, dogmatismo ideológico por así decirlo, burla la inteligencia de cualquier mintiendo sin vergüenza y creyéndose sus propias mentiras. Decir que un feto humano no es un ser humano no deja de ser la admisión de que sí se afirmase lo contrario el abortismo estaría en una difícil situación ética.

El aborto no desapareció con la “liberación” de la mujer, la expansión y mejora de los métodos anticonceptivos, la “liberación” sexual de todos, las proclamas a favor de la promiscuidad, de la vida licenciosa que decían antes, del folla con quien quieras y todo lo que puedas… No se logró un individuo más responsable gracias a esos incrementos de libertad en sus acciones. Todo lo contrario, gracias al culto de la “libertad del cuerpo” se consiguió una masa desmoralizada que tomaba decisiones sin sopesar los costes y consecuencias de las mismas. Libertinos entregados al maternalismo del Estado, de quien esperan dosis de permisividad e inmediata intervención tuitiva. Un Estado que te deje hacer, pero que a continuación te recoja de tus miserias y salve tu vida. Un Dios mundano, terreno, que te de nuevas oportunidades, que te subvencione las rectificaciones, que asuma el coste de tus acciones.

Una sociedad más libre debería ser, por definición, una sociedad más responsable. Quien sueñe con erradicar el aborto apela ingenuamente a una naturaleza humana que no comprende. El aborto seguirá existiendo siempre, lo importante es estudiar la intensidad en su práctica y el trasfondo que lo convierte en algo más habitual de lo razonable. Es ese el auténtico problema social, más allá de las miles de vidas en formación que son segadas antes del alumbramiento. No bastan las ecografías para conmover el ánimo de la abortista. Saturados de realidad distorsionada, ni siquiera una visión en tres dimensiones consigue que sea perceptible la entidad de quien será víctima de una decisión arbitraria e interesada.

El antiabortismo suena a política reaccionaria, y en parte, algo de eso tiene. Plantearlo desde argumentos meramente religiosos es un error que pasa factura a la causa. No sobran los apoyos pero sí falta una estrategia estética y de comunicación que apele a lo que en realidad se está jugando en debates de este estilo. Si somos libres para hacer casi lo que queramos, si se nos exonera del daño que le hacemos a quien no puede defenderse y menos aun apelar al reconocimiento de la mayoría de la sociedad, si entregamos nuestra moral al todo vale, no importa bajo qué criterio, con tal de parecer subversivo y emancipado. Si sucede todo eso sin que crezca con idéntica intensidad la responsabilidad individual por cada uno de nuestros actos, difícilmente estaremos frente a una libertad sostenible.

El aborto es ya un método anticonceptivo, como lo son las pastillas del día después. No son soluciones ante situaciones extremas, sino tan cotidianos que debería hacernos pensar a todos, incluso a quienes abortan, no una, sino varias veces. No pensemos tanto en los que han dejado de nacer como en el efecto perjudicial que tiene la normalización de esta práctica para una sociedad de hombres y mujeres libres. Es tal la degeneración moral que sus consecuencias no tardan en verse en prácticamente todas las acciones del individuo. Sus juicios y decisiones, sus tomas de posición política, su actitud frente a su mera existencia.

Desde la posición secular que vengo defendiendo en los numerosos comentarios que sobre el aborto se han publicado en este blog, este no deja de ser un debate sintomático de algo mucho más grave y determinante. Sirva  de ejemplo y de advertencia la insistencia. Solo espero que se entienda el fondo soporta esta posición.

Saludos y Libertad!

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Manifestación pro vida

Publicado por yosoyhayek en Octubre 17, 2009

He estado viendo en TeleEspe la retransmisión de la manifestación que el Foro de la Familia y otras organizaciones han convocado en la tarde de hoy a favor de la vida y la maternidad, y en contra del aborto.

Desde este blog hemos publicado mucho sobre el aborto, la cultura de la muerte, la eugenesia, la irresponsabilidad personal, y tantos otros temas relacionados con este aspecto concreto de la estrategia progresista de desmoralización y descomposición social (siempre con la intención de suplantar el orden social por una organización deliberada).

La manifestación ha sido seglar, animada y llena de argumentos. No comparto todos los que he oído, pero sí la mayoría. Creo que el aborto es un drama, y nunca un derecho. Que solo la vida de la madre o su integridad física pueden justificar una decisión así. Que la definición de “normalidad” respecto al feto debe revisarse bajo un criterio amplio, siempre asumiendo que hay determinadas patologías que, aun siendo compatibles con la vida, no tiene sentido sacar adelante. Con estas excepciones unidas al de la violación, considero que la ley actual junto con la jurisprudencia del Tribunal Constitucional, deben revisarse en un sentido restrictivo, incrementando los controles y la rigurosidad a la hora de controlar cada caso.

Estos son los enlaces de los muchos artículos publicados sobre el aborto:

El Aborto Iguala

Entre embriones y bebés

Aborto eugenésico, Gattaca y la perfección

Matar para sanar (niños medicamento)

El País, lo progre y el aborto

Los Santos Inocentes

La hipocresía de Zapatero y el “derecho” al aborto

Asesinato justificado hasta las 14 semanas

Emancipación abortista, padres de 13 años y otras calamidades

Vientre de alquiler y transmisión de la patria potestad

Aborto y progreso

Aborto Civil

El día después en África

Centrando el debate

La cultura de la muerte: estulticia y aborto

Primero los matan, luego los subvencionan

Saludos y Libertad!

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Primero los matan, luego los subvencionan

Publicado por yosoyhayek en Septiembre 28, 2009

La historia de Pablo Pineda es un claro ejemplo de lo que Mises llamó “ley de asociación de Ricardo”. Todos tenemos algo que en un mercado libre puede ser valorado por otros agentes en un grado superior a la estima que nosotros mimos sentimos por ese “algo”. Y mucho más: realizando una labor, produciendo un bien o prestando un servicio, peor de lo que otros podrían llegar a hacerlo, en un mercado libre tienden a asignarse los recursos allí donde son más valorados, es decir, aun cuando todos los abogados, neuro cirujanos y arquitectos del mundo serían mucho mejores ujieres, barrenderos, albañiles o contadores de tornillos, gracias a la división del conocimiento (del trabajo) siempre habrá alguien que libere de esas ocupaciones a quienes puedan ofrecer bienes o servicios más valorados.

Sin un mercado de trabajo intervenido, carente de regulación sobre el salario mínimo, existe una tendencia a que todo individuo que pretenda ofrecer su fuerza de trabajo encuentre un destino y un precio libre para ello. Hasta el menos capacitado hallaría ocupación, gracias, eso sí, al acuerdo de voluntades entre ofertante y demandante dentro de un orden institucional basado en el respeto de la libertad individual.

Ahora dirijamos la atención a la cuestión de los síndrome de Down. Son seres humanos, son personas, tienen ciertas capacidades, y por todo ello, son dignos merecedores del reconocimiento sobre el que se yergue la sociedad humana. Los hay con más problemas, más incontrolables, menos dóciles. Algunos viven mucho, otros poco. Pero todos se ríen, casi todos aprenden a hablar, interaccionan, obedecen, aprenden y tienen sueños y proyectos. Los hay que como Pablo Pineda estudian una carrera universitaria, con mayor o menor apoyo y comprensión por parte de los docentes. Incluso consiguen realizar un trabajo complejo, sufrido, como la interpretación, y de forma creíble y exitosa, hasta el extremo de ser merecedor de un galardón como la Concha de Plata en el Festival de San Sebastián.

Pero hay algo que perturba estos hechos, factibles, que no deberían sorprendernos, dada la innegable capacidad de las personas con síndrome de Down. El progresismo, la progresía, la doble moral, la insana conciencia del socialista, interviene de forma determinante en todas estas estampas de presunta superación y aparente solidaridad con el discapacitado. Los progres tienen la mala costumbre de subvencionar, de creerse en posición de plantear soluciones de discriminación positiva en forma de programas de integración. La actividad en sí resulta encomiable, lo que inquieta es la fuente de los recursos implicados en la misma: impuestos cobrados a punta de pistola y asignados por un arbitrario gobernante allí donde más le conviene o, como es el caso, allí donde más le duele.

Porque es típico de la progresía considerar que la vida en formación debe estar sometida al capricho de quien la sostiene; hasta el parto, eso sí, porque una vez que el nuevo ciudadano irrumpe en este mundo el Estado, el Socialismo, pasa a preocuparse en extremo por él. Tanto, que rompe todos los obstáculos entre el mismo y el propio Estado: es decir, los padres, en cuanto estorbo, son desplazados por un Estado educador e incluso reclutador, que tutela y caída al menor aun con los efectos perniciosos que todos conocemos.

El progresismo permite abortar, pero también quita la custodia a los “malos” padres, escolariza por la fuerza hasta los 16 años, y subvenciona a esos mismos discapacitados, sobre los que previamente, y siempre en fase de gestación, da carta blanca para que sean asesinados. Primero los mata y luego los subvenciona.

Otros socialistas, menos exitosos que esos que se dicen “socialdemócratas”, optaron por la coherencia no interrumpiendo la nula consideración que les merecían esos “subnormales”. Su interés eugenésico y su desprecio por la “imperfección” abrieron la puerta del exterminio de esos costosos peleles. Pero no os confundamos, el principio fundamental no ha variado apenas. Entre la “liberación de la mujer” y el espíritu caritativo transformado en la Diosa Solidaridad, el Estado no pierde esa doble vara de medir: los mata antes del parto, y para curar su mala conciencia, alimenta y estimula a los pocos supervivientes.

Así funcionan las mentes de quienes son incapaces de reconocer en embriones y fetos lo que son en realidad: seres humanos presentes, no futuros, eso sí, en fase de formación. Y dado que en la sociedad que vivimos se rinde culto a la perfección idealizando lo humano hasta extremos que rozan el absurdo, practica el socialismo la máxima de no dejar que nadie padezca el infortunio siempre que dicho infortunio sea extirpable mientras que el crimen no sea evidente. Obsesionados con la mera apariencia, abortar no deja de ser tan inocuo como discreto. La pobre madre, de otro modo condenada a tener un hijo algo imperfecto, queda liberada y lista para volver a intentarlo. Porque no hablamos de parálisis cerebrales o mal formaciones incompatibles con la vida, o con la vida “humana” (y de esto se puede discutir mucho), sino que hablamos de individuos discapacitados mentales, pero no vegetales. Su merma no es terrible a pesar de todo, y la muestra son estas personas que, con esfuerzo y dedicación alcanzan resultados que muchos, presuntamente más perfectos, son incapaces de rozar siquiera con la yema de sus dedos.

Las subvenciones, atenciones y privilegios públicos que reciben los síndrome de Down no deben verse como la clave de su éxito o integración. La libertad concede un lugar para todos, una forma de vida, oportunidades y esperanzas. Y si falla eso, la conciencia del hombre libre, mucho más activa y condescendiente, promoverá desde la voluntariedad, todo tipo de apoyos y soportes competitivos a fin de proteger a quien lo necesite. Solo el socialista desconfía del ser humano, queriendo incluso alterar su naturaleza, volcando semejante descrédito en la construcción de un ente artificial y despersonalizado a modo de encarnación moral absoluta. Este grave error, esa muestra de ignorancia y desprecio por lo humano, es la fuente de todo mal provocado. El mercado no garantiza resultados. El Estado, diciéndose capaz de hacerlo, no llega a lograrlo, pero es que si lo hiciera, sería a costa de tanto dolor y sufrimiento que el resultado aparentemente positivo quedaría eclipsado por completo.

Saludos y Libertad!

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Cultura de la muerte: la estulticia y el aborto

Publicado por yosoyhayek en Julio 1, 2009

Acierta Escolar en su juicio. No tiene demasiado sentido ubicar a Zapatero a la altura de otros genocidas de la historia. El aborto masivo, su permisividad y amparo legal, no puede, en ningún caso compararse a la masacre deliberada de millones de personas bien por motivos políticos, ideológicos o genéticos.

Dicho esto advirtamos que tanto los unos como los otros adolecen de una gravísima tara intelectual así como de una irresistible adicción sectaria que les impide ver la realidad tal y como es. Esa pérdida del sentido de la realidad es propia de la cultura de la muerte que hoy domina nuestras mentes. El aborto, entendido como derecho de la mujer a deshacerse de una situación incómoda o indeseada, oculta la realidad que esconde semejante acto de destrucción de vida humana. Considerarlo un debate antiguo, relegarlo al ámbito de la moral (y su voluntariedad), esquiva la consideración ética debida que ha de tener todo ser humano, desde el momento de su concepción. Evitar esta cuestión enturbia o niega el debate. No estamos ante una decisión más o menos aceptable en clave moral, sino ante un conflicto de intereses, la colisión entre el reconocimiento de la dignidad y la integridad de lo que se sabe (y no cabe negarlo con argumentos racionales) humano y la capacidad de la madre de interrumpir un proceso que le exige incomodidades, restricciones y molestias.

Parece evidente que en este conflicto de intereses gana siempre la vida de la madre. Puestos a elegir pesa más la del ser humano formado que la del presumiblemente viable humano en formación. También resulta de sentido común que una mujer forzada a la relación sexual causa del embarazo, debe poder deshacerse del mismo, aunque dada la posibilidad actual de evitar la implantación, el retraso de la decisión puede acabar siendo considerado una aceptación tácita de la gestación, y por ello privarle de legitimidad para su interrupción.

Si el ser en formación es inviable o su existencia es manifiestamente incompatible con la vida, es obvio que el aborto es una cuestión terapéutica, y no tanto eugenésica, que en el fondo no dejaría de ser un amago integrista por mejorar la especie negando el derecho a vivir a lo anómalo. Diferenciando este concepto, hace dos décadas, se trataron de despenalizar determinadas conductas relacionadas con la interrupción del embarazo. No se hizo desde la perspectiva que considera derecho inalienable de la madre disponer sobre el fruto de sus actos libres y voluntarios, sino como mecanismo de resolución de conflictos entre intereses legítimos, entre la vida del humano en formación y la salud o vida de la madre.

Hecha la ley, hecha la trampa, suele decirse. El supuesto terapéutico, sin plazo, también acogía dolencias psicológicas graves en la madre como causa de habilitación para el aborto. Esta ha sido y es la vía de escape que convierte España en un territorio donde de facto el aborto es libre y sin limitación alguna. Sucedió durante los gobiernos de González, pero también con los de Aznar. La ley siguió con Zapatero y, curiosamente, fue en Madrid donde saltaron los escándalos más sonados sobre el coladero terapéutico que permitía no solo abortar en clínicas privadas defraudando la previsión legal, sino también hacerlo en fases muy avanzadas del embarazo.

La ley que propone el igualitarismo zapateril no traerá más abortos, sí más seguridad jurídica para las embarazadas y los facultativos que las atiendan. El cambio fundamental es la causa íntima de la ley, el fundamento que habilita a la mujer al aborto dentro de las 14 primeras semanas de gestación. Ya no es un conflicto de intereses donde ha de primar uno de ellos, sino el derecho de la madre a disponer por completo, y durante un plazo, de la vida de sus hijos. No lo podrá hacer fuera de dicho plazo, menos aún cuando se produzca el alumbramiento (vaya por Dios!). Se trata de justificar la definición legal aludiendo a la no-humanidad del embrión o el feto. Se niega el debate, se recurre a la “Ciencia” y el rigor científico, para no admitir que se miente, que se dice lo contrario de lo que se sabe, o peor, que se ignora lo evidente y de ahí procede el juicio pretendidamente superior al resto. La ley propuesta introduce un matiz, gravísimo, a la consideración del ser humano como detentador de una integridad y una dignidad incuestionables. Negando la humanidad del feto se abre la puerta a todo tipo de aberraciones, también las eugenésicas, que ya la ley anterior amparaba en uno de sus supuestos.

Es hipócrita criticar esta ley sin blandir argumentos consistentes e identificar el objeto cierto del debate. La ley vigente es injusta, porque también compromete la vida ya existente bajo el peso del deseo o la voluntad de la madre, o peor, bajo criterios de perfección genética, descartando lo anómalo más allá de su posible adaptación a la vida convencional (caso del síndrome de Down). Luchar contra el aborto como derecho de la madre, dentro de esa corriente de cultura de la muerte que parece estar apoderándose de nuestras conciencias, exige coherencia. Los políticos son hipócritas, y el PP, defendiendo la ley actual, amparando los excesos en sus propias comunidades, lo demuestra.

El debate sobre la vida debe ser de altura, no barriobajero y estúpido. Siendo así se abren las puertas a tanto charlatán resabiado y descreído que considera el aborto una pica más en su escalada belicosa contra no se sabe qué. O vemos la interrupción del embarazo como una posible solución para un conflicto de intereses previo, confrontando vida contra vida, o vida contra dignidad, o vida contra libertad, o nublaremos por completo la posibilidad de llegar a una solución razonable.

Plantear el aborto como un derecho, al feto como algo no-humano, y el debate como algo superado, viejo y falto de interés, responde a la degeneración intelectual que afecta, no solo a la izquierda, sino también a tanto salvavidas advenedizo.

Saludos y Libertad!

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De Sentido Común

Publicado por yosoyhayek en Junio 20, 2009

Es de sentido común que la mujer y los facultativos que le ayuden a abortar merezcan garantías jurídicas, una ley de plazos y demás parafernalia. Es de sentido común que cualquier proclama contraria a esta máxima democrática y progresista sea tachada de ultramontana y contraria a la marcha de los tiempos, ajena a nuestra época, antigua y reaccionaria. Es de sentido común entender que los valores progresistas son los buenos, los que corresponden, tocan y proceden. La ley manda siempre que la ley se inspire en los valores inspirados en la ateología, la estatolatría, el mito del hombre nuevo, el culto al progreso, a la religión secular de nuestros días. Cuando la ley del Estado queda definida por valores distintos, deja de ser legítima, pierde su poder constructivista, se transforma en un obstáculo para la correcta realización del cambio, del tránsito desde el hombre imperfecto hasta el hombre emancipado, libre de taras, nuevo e inmaculado.

La izquierda tiene la capacidad retórica de poner el sentido común de su lado. Quienes apelan a la “libertad de conciencia” lo hacen desde el temor, el miedo y el complejo. Quienes apelan a la conciencia como límite de la acción legislativa, lo hacen como estrategia de vacuidad, muchos desde una radicalidad escondida, otros desde la desgana, el saberse derrotado, sin fuerzas para argumentar, contraargumentar con buenos razonamientos.

El estatismo impone su dogma, su fundamentalismo pseudodemocrático, sus máximas y valores, y los imponen con la fuerza y la contundencia que le proporciona la apelación recurrente al “sentido común”. Tan efectiva es su estrategia, que más pronto que tarde, acaba siéndolo, entre el derrotismo y la entrega desesperanzada. La Iglesia no es referente, no para el sentido común. Tampoco lo son quienes aportan argumentos seculares capaces de rebatir el nihilismo progresista. Ni juntos ni por separado logran plantear alternativa.

De Sentido común parece seguir siendo que una menor de edad no deba tener la consideración suficiente como para decidir sin intervención paterna sobre la continuidad de su embarazo. Es de sentido común que los menores no tenga plena capacidad de obrar, si bien es cierto que el progresismo apela cada vez con más fuerza al culto de la juventud, la exaltación de irresponsabilidad adolescente, el canto de las virtudes que tiene el no adulto. Volcados en captar su apoyo, convirtiéndolos en falso referente para el resto de la sociedad, el socialismo se escora con creciente descaro.

Preocupaba a los liberales el poder demonizador y aleccionador de la Iglesia. La dominación y el fundamentalismo de aquella lleva siglos sin ser una amenaza seria contra la libertad. El culto secular, el estatismo, la estatolatría es hoy la máxima de nuestras preocupaciones. Es ese nuestro enemigo, en todos los frentes posibles, sean propios de la conciencia, el adoctrinamiento o el mero totalitarismo del bienestar.

Saludos y Libertad!

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Centrando el debate

Publicado por yosoyhayek en Mayo 20, 2009

El ministrísimo Gabilondo celebra que por fin se entre a debatir “qué es un ser humano?”. Dice, el espabilado, que él como metafísico tiene especial interés, y que dudaría más de un minuto si le interpelaran con semejante cuestión. La pobre de Bibiana no ha dudado ni un segundo: un feto es un “ser vivo” pero no un “ser humano”. Vaya, vaya, como dicen muchos, aun aceptando que no fuera humano, de qué especie sería semejante enjambre de células e incipientes órganos? No sabe, no contesta.Recuerda Ángel Gabilondo su presunta condición de metafísico ilustrado (es probable que ateólogo confeso) porque inteligencia no le falta y sabe, como muchos, que algo es o no es, y cuando se es, se es de una forma, o se posee una naturaleza concreta. Cuando Aido dice que “la comunidad científica” no se pone de acuerdo, o pero, cuando algunos se atreven de aducir que científicamente (vaya por Dios, auto de fe) un cigoto humano, un embrión humano o un feto humano, no son SERES humanos hasta no se sabe qué semana de gestación, o peor, hasta el parto o cesárea, mienten, abyecta y vilmente (como dice la otra).

Desde que un gameto masculino y otro femenino se unen y dan lugar a la concepción nace un nuevo ser, una realidad autónoma, en formación, un nuevo código genético, una entidad que reproduce una naturaleza animal (en este caso) determinada. El Ser humano ES desde su concepción y esto no cabe ser debatido, se mire por donde se mire.

El debate de verdad, el que pocos se atreven a afrontar, la iglesia no endereza ni sabe gestionar, la hipocresía progre es incapaz de reconocer, y la acomplejada y torpona derecha patria parece desconocer, gira en torno a la consideración que nos suscita un ser humano en formación, durante esas etapas “ocultas”, de dependencia íntima, previas al alumbramiento.Algunos que sí asumen la situación prefieren hablar de “derechos”, como sí la integridad o la dignidad humanas fueran beneficios graciosamente concedidos por la comunidad al albur de los tiempos. Derecho a la vida desde que se nace, o se presume la independencia. Es un criterio válido, pero incapaz de proporcionar una solución general y abstracta. Si la “dependencia” es clave en la dignidad, la consideración o el reconocimiento social, el recién nacido no gana con el parto una mayor o mejor independencia. Sigue necesitando durante meses y años la atención externa, el cuidado de un tercero, prestaciones que garanticen su subsistencia y formación intelectual acorde con el orden social en el que haya nacido. Tampoco son independientes los paralíticos, los subnormales o los ancianos imposibilitados o dementes. Son ciudadanos entonces? Son seres humanos, o simples bienes semovientes receptores de más o menos afectividad por parte de un tercero? Dicha dependencia, siguiendo este argumento, genera o no genera deberes morales? Y jurídicos?

Si el criterio, muy al contrario, fuera la forma o la plena disposición de las facultades propias del “ser humano”, ni bebés, ni retrasados ni dementes o seniles ancianos gozarían del estatus que les garantizaría, por sí mismos, la dignidad y consideración humanas.

El debate que no quieren abrir desde la izquierda, o que no sabe encauzar la derecha, no es de tipo ontológico. Es absurdo y completamente falso, irreal o contrario a la verdad, que un embrión o un feto no sean seres vivos y HUMANOS. La cuestión gira en torno a la debida consideración de esos seres y su contraste con la voluntad de la madre en cuanto a abortar o no la gestación. Se trata, en todo caso, de matar una vida humana, pero dependerá de la consideración que nos merezca dicha VIDA HUMANA dadas sus circunstancias individuales.

Si el embrión o feto resulta un estorbo para los planes personales de la madre que lo porta en su interior, según los pro-abortistas, pesa más la voluntad que la vida. Si se evade la solución casuística, tratando de  definir situaciones donde prima la voluntad de la madre o la mera vida de ésta, cuando sea su salud la que peligre, entramos en un ámbito donde únicamente prima la mentira, la manipulación del lenguaje y la ridiculización de quienes se atreven a defender lo obvio: el aborto mata seres humanos.

El tema es complejo, pero no un debate antiguo ni olvidado, como dice Cristina Alberdi. Es una pugna entre la vida y la voluntad libérrima, o entre dos vidas, o dos individuos en diferentes estados de desarrollo y dependencia. No olvidemos que en la mayoría de los casos una mujer que decide abortar no puede hacerlo sola, dependiendo de la ayuda de un tercero, que con sus artes y cuidado, impide hemorragias o infecciones letales. También la mujer en ese estado cae en dependencia y sería discutible, digo yo, si la eventual decisión de su sostenedor vital de olvidarla y abandonarla en medio de un aborto sería o no un derecho personal de aquel.

Física y metafísicamente, un feto de 2, 4, 10, 14 o 20 semanas es un SER HUMANO. Centremos pues el debate y discutamos sobre lo que realmente está en juego: merecen todos los seres humanos la misma dignidad, o depende de su situación, capacidad o deficiencia física o mental, o peor, de la eventual dependencia respecto a un tercero?

Saludos y Libertad!

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El día después en África

Publicado por yosoyhayek en Mayo 12, 2009

El Gobierno, con Aído y Trini frivolizando en rueda de prensa, anuncia la dispensa libre y sin límite de edad de la famosa “píldora del día después”. Una bomba de hormonas que fuerza el desprendimiento menstrual abortando la mera posibilidad de que se llegue a acomodar un eventual cigoto. Es un “por si acaso”, un acto por el que es probable que estemos abortando pero que al realizarlo se practica con absoluta ignorancia. Trini, Aído, el feminista Zapatero y el resto de sus totalitarios amigos, hablan de método anticonceptivo. No lo era hasta ahora, cuando recurrir a él exigía el transcurso de unas horas. Puede que ahora la chavalada “física o química”, después de lo físico (sin prevención, o con mala prevención), echen mano de lo químico, metiéndose un viaje (ellas) de pildorita, que si bien les destrozará el cuerpo y dejará cierta resaca, evita disgustos y los 400 euros de un aborto intempestivo (ah, con esto también se va a acabar, ahora será “gratis” total).

Esta política de planificación familiar (chavales que no interiorizan el coste de sus acciones echando mano de la pastillaca sin ton ni son) sería, siguiendo el razonamiento buenista del gobierno, una excelente opción para África. Tanto vender la importancia de los condones por ese continente mientras que aquí, en la patria (porque son unos patriotas), se dedican a bendecir el sexo sin prevención. Nuestros jóvenes ya pueden practicar el sexo sin preservativo, abierta queda la veda… y en África, por qué no? Ah, que ellos tienen SIDA, vaya por Dios. Aquí algo de gripe porcina y poco más, no? Además, en África palman porque no tienen antiretrovirales, aquí como somos ricos y la seguridad social lo paga todo, todo y todo, si lo coges seguro que no es el peor de los males, así que hala, si practicas in riesgo de embarazo, ya sabes, y si te apetece arriesgarte, qué más da, vas a la farmacia de guardia y te metes un chute. Todos los fines de semana cientos de miles de menores se cogen cogorzas colosales, dos días de resaca y el cuerpo tocado de por vida. Por una pastilla de esas de vez en cuando, no se muere nadie,  digo yo…

Bonito panorama el que nos ofrecen los socialistas. Han pasado del intento por moralizar la sociedad a la sencilla claudicación ante los avances del nihilismo colectivista más sangrante. Incoherencia por doquier. Se meten con los que apuestan por un control de la natalidad y la extensión de enfermedades venéreas a través de la abstinencia o el sexo monógamo responsable. Es una opción, nada más que eso. Sin embargo el poder de los Estados para despedazar la moralidad de sus ciudadanos resulta terrible, no tanto porque puedan equivocarse exagerando medidas o imprimiendo una relajación como la que pretende Zapatero, sino porque su acción es monopolística, dominadora, totalizante. Religión secular que sustituyó hace tiempo a la antigua religión. O crees o no crees, no hay otra alternativa. O claudicas en el esfuerzo personal, la responsabilidad sobre los costes de tus acciones, el intento por conocer aquello que te afecta, los males y los bienes que arrecian… o simplemente te conviertes en un torpe hereje del estatismo, un incómodo y furibundo agitador, un aparente moralista sin razón apeado hace tiempo del tren de los tiempos… Menudo dilema.

Ángel Martín Oro: El simplismo de lo políticamente corrupto: los preservativos en África

Saludos y Libertad!

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Aborto Civil

Publicado por yosoyhayek en Marzo 24, 2009

La normativa que se nos viene encima, Parlamento mediante, siembra de dudas el panorama. No sabemos si el PP recurrirá ante el Constitucional o temerá parecer una estampa deformada de tanto meapilas que habita en su seno. Pero la defensa de la vida bien vale una Misa, o eso creo yo, y si la Iglesia es la única fuente de opinión que se queja no deben dolernos los complejos ni molestarnos ciertas alianzas. Su apuesta, en este caso, es sincera y coherente, y de agradecer, aunque a mucho tarado le suene a reaccionaria e inquisitorial.

A lo que iba: al TC se le presenta una cuestión complicada. No es lo mismo despenalizar supuestos en casos muy particulares, aunque de facto uno de ellos abra la puerta al aborto libre, que directamente introducir un sistema de plazos a modo de consolidación del maltraído derecho de la madre a decidir sobre la continuidad de su embarazo.

Los embriones hace tiempo que no tienen derechos: son creados de la nada, descompuestos, alterados e implantados a sabiendas de su probabilísima inviabilidad gestacional. La ley de reproducción asistida y las últimas reformas y normativas sobre el tema han dejado más que clara la máxima que rige nuestro ordenamiento: el embarazo es un capricho y la vida del humano en formación un mero trámite para dar a luz una imagen de la perfección que ansiamos con enfermiza pasión. Nada de niños deformes, bobos y en breve, feos. Nada de dramas, nada de lamentos, si postergamos el momento de reconocimiento social y plena consideración al segundo del parto, nuestras conciencias tranquilas con todo lo que hayamos hecho con anterioridad.

La prometida nueva ley del aborto, en pos de alcanzar mayores cotas de igualdad, apuesta por reconocer a la madre el privilegio de disposición sobre la vida del embrión-feto-nasciturus. Asumamos que este panorama acabe siendo positivamente válido. Aborto libre con plazo, y sin él para los tarados e indeseables (así es como a partir de ahora toca llamar a subnormales y deficientes, digo yo). La vida pierde todo su contenido y acaba siendo una entelequia ideológica, una pose tenue e inconsistente. Pero es que además, ante semejante situación, percibimos con más nitidez si cabe la consolidación de la dictadura feminista: el hombre no pinta nada pero acaba pagándolo todo.

 

El aborto es cosa de mujeres y en nada se cuestiona al padre de la criatura. Si la hembra decide quitarse de encima al pequeño ser humano, el macho, aun cuando deseara su nacimiento, se queda con las ganas. Claro, es una cuestión de domino, el famoso “nosotras parimos, nosotras decidimos”, más allá de que luego, tras el parto, el hombre quede igualmente obligado por sus actos propios y voluntarios. Es decir, una decisión de la mujer puede, al mismo tiempo,truncar impunemente una vida que ella ha generado “voluntariamente” (con un acto sexual consentido), y que sin hacer peligrar su vida o integridad, ni tener la certeza de que lo que viene no llegará a tener consciencia de sí mismo ni un nivel soportable integridad física o mental, sostener un embarazo y exigir al padre manutención previa al parto y posterior a él, aun cuando éste hubiera decidido de igual forma desentenderse del fruto de su libertad, es decir, abortar con absoluta independencia.

 

Es por eso por lo que siendo coherentes con la normativa anunciada debería acompañar a la extensión del aborto una suerte de “aborto civil”, como derecho complementario de los hombres. Dado que ha sido el Ministerio de Igualdad el patrocinador del proyecto de ley, seamos igualitarios en los resultados, como gustan los socialistas: si la mujer decide porque lo lleva dentro, es razonable que el hombre tenga senda capacidad de elegir en cuanto a las consecuencias que tiene engendrar un hijo.

Si ella quiere proseguir con el embarazo en contrariando la opinión de él, lo justo es que aquel tenga el derecho a desentenderse de su hijo por completo. Si él quiere proseguir con el embarazo, y ella no, puesto que aquella tiene derecho a ejercer un dominio irresponsable sobre su cuerpo, el hijo común morirá causando, eso sí, un daño moral al afectado padre, que debería poder reclamar una indemnización a la abortista en compensación.

Es más, puesto que la ciencia avanza que es una barbaridad, incluso sin experimentar con embriones, judíos, eslavos y demás seres infames, un feto de 5 meses (21 semanas, o Dios mío!), puede ser viable: si la vida es posible fuera del seno materno, el médico abortista tiene en todo caso la obligación de socorrer lo que ella pretende aniquilar.

No deben faltar medios a ese respecto, sacando adelante a esos seres humanos que la Ministra, la progresía y toda la panda de frívolos irresponsables pretenden exterminar sin miramiento alguno. Podría el padre en dicha situación exigir que al menos se intentara, y tal y como avanza la medicina puede que llegue el día en que los embriones y fetos puedan transplantarse de una mujer a otra, liberando a la abortista y satisfaciendo el deseo de alguien de soportar a la criatura.

Vaya, que las posibilidades se abren camino, y del aborto libre pasaríamos a las demandas por daños, el aborto civil o el trasplante gestacional… la vida se abre camino, aunque deje regueros de cadáveres siempre por el mismo capricho del totalitario, por muy capaz que sea de envolver sus decisiones de buenismo progresista.

Saludos y Libertad!

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Aborto y Progreso

Publicado por yosoyhayek en Marzo 17, 2009

Si eres progresista, no digas aborto. Di “interrupción voluntaria del embarazo”, que parece menos de lo que es.

Es un tema que desata pasiones y malos argumentos. También hay aciertos, dicho sea de paso, pero me temo que no tan solventes como deberían. La Iglesia da en el blanco, por fin, al comparar un pequeño ser humano de apenas un año de vida con su equivalente en cría de lince. Dijo el portavoz de la Conferencia Episcopal que no está mal proteger y legislar a favor de los animalillos, pero que no debe perderse el juicio equiparando lo que son “bienes” con lo que es a todas luces, un ser humano.

A muchos les cuesta ver más allá de sus narices. Para algunos un embarazo es una hinchazón abdominal que se transmuta milagrosamente en un humanoide con bracitos, cabecita y demás, bien en el momento del parto, o a partir de no sé qué semana (en la 14 seguro) en una ecografía tridimensional. Consideran que lo que habita en el vientre materno es un bien o un mal, un capricho o una putada, una cosa sobre la que se puede disponer a discreción.

Dicen los abortistas que los antiabortistas desprecian la libertad de la mujer y su derecho a quitarse al chupóptero de encima. Es más, aducen que todo aborto es traumático para la mujer, y que no merecen semejante escarnio o persecución. Me temo, y las estadísticas lo confirman, que eso de trauma poco a poco se está quedando en nada. Puede que pasados los años, cuando decida caprichosamente tener un retoño, se acuerde de aquel día en el que graciosamente decidió cargarse a otro. Por lo demás, en la sociedad en que vivimos, la mayoría de los abortos se convierten en mero trámite, la mejor de las soluciones para evitar una responsabilidad, un pesado coste, una consecuencia incómoda de nuestros actos libérrimos. Las jovencitas y talluditas de nuestros días abortan con poco reparo, y el que no conozca varios casos que diga “esta boca es mía”, porque yo conozco alguno y me temo que la relajación ética y moral está en el subsuelo de lo aceptable.

Casos difíciles los hay, no lo vamos a negar. Cada vez menos, o así debería ser. La liberación de la mujer ha permitido que su integridad sexual haya sido jurídica y moralmente definida y defendida. Una madre soltera no vive estigmatizada el resto de su vida. Un embarazo no deseado no proscribe a nadie, ni impide la plena realización personal de quien tenga la mala suerte de padecerlo. Es más, dadas las circunstancias y pasado el mal trago, se convierte en una parte de nuestras vidas, en algo por lo que luchar y resistir.

Antes el peso que suponía sostener un embarazo podía suponer la muerte civil de una mujer. Puestos a sopesar intereses, no sería disparatado considerar muy superior la mera opción existencial de la madre sobre el derecho a ser gestado y alimentado de su hijo. Por suerte hemos progresado. A posteriori cabe afirmar los pasos dados y que efectivamente representan ese progreso del que muchos se dicen defensores. Difícil lo veo, porque se me antoja imposible prever los cambios que en el futuro crearán condiciones de más libertad y riqueza. Hablo de cambios positivos, de “reformas sociales”, de las apetencias totalitarias de “transformar la sociedad” en una dirección premeditada. Lo único que cabe, razonable y científicamente afirmar sobre el progreso es que solo resulta viable si se guardan unos principios básicos que pivotan sobre la autoposesión y el derecho a la vida, o lo que es igual, el mutuo reconocimiento social y el castigo de toda agresión ilegítima contra la propiedad, la integridad o la dignidad personales.

Resulta que los autodenominados progresistas han visto más allá decidiendo que no merece la pena continuar el camino de mejor definición y mayor defensa de la vida y la libertad individuales. Entiendo que en sociedades incapaces de considerar garantizar la propiedad, la vida y el respeto mutuo, el aborto pueda ser un mero trámite. Lo que me sorprende es que en una sociedad cada día más opulenta y considerada (hasta los animales tienen derechos), vayamos hacia atrás aplaudiendo actos homicidas de suma irresponsabilidad como son la mayoría de las “interrupciones” de embarazos.

No es una cuestión moral, que también. Es ética pura y dura. Pero además, progreso hacia una sociedad más humana y considerada, en la que cabe también perseguir al lesionador de ciertos animales en determinadas circunstancias, pero nunca si olvidamos cuál es el centro de todo orden de normas, acciones y valores: el ser humano. Y que yo sepa la vida comienza en la fecundación. Y si bien es cierto que no merece idéntica consideración un embrión que un niño de un año, o una mujer embarazada, me parece retrógrado, ruin y genocida aplaudir como se aplaude la conversión del aborto en un método anticonceptivo más. El aborto exige necesariamente la destrucción de un ser vivo. Evitar la concepción es un acto de responsabilidad, parejo a la libertad sexual que afortunadamente hemos logrado en el último siglo.

Saludos y Libertad!

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Vientre de Alquiler y transmisión de la Patria potestad

Publicado por yosoyhayek en Marzo 12, 2009

Desde determinados sectores ideológicos se realiza un continuo esfuerzo de racionalización del aborto como derecho innegable de la mujer. Esta falacia viene a enmascarar carencias de todo tipo, morales e intelectuales, poses estéticas incluso, de las que construir una argumentación a todas luces insostenible.

El aborto es un crimen siempre y cuando no exista una justificación irresistible. Es un tema que hemos tratado mucho, y seguro lo volveremos a comentar en el futuro. Lo que quiero en este post es señalar la profunda hipocresía con la que muchos abordan el debate de la reproducción asistida, la adopción libre o la transmisión de derechos y obligaciones vinculados a la Patria Potestad.

Muchas de las desgracias personales o el trauma que puede ocasionar un embarazo no deseado (aunque originado gracias a actos propios voluntarios) podrían hallar solución si la legislación permitiera la transmisión de Patria potestad. Demasiados quieren ver en esta figura la posibilidad de tratar a los menores como objetos transmisibles. En realidad no es esa la situación. Las personas, aun cuando sean incapaces por edad o taras psíquicas, están fuera del comercio, no se puede ejercer dominio sobre ellas, no son apropiables. Lo que sucede es que los padres biológicos, por el hecho de serlo, contraen de forma inmediata con sus hijos una serie de derechos y obligaciones hasta que estos sean independientes (este umbral depende del contexto social y de la consideración de cada época). Los padres no son propietarios de sus hijos, sino tutores forzosos y singulares. Para resolver esta situación existen las mismas vías que en otro tipo de obligaciones personales: esperar el momento en el que la relación se extinga o desaparezca su causa, o, en su caso, tratar de encontrar a un tercero que se subrogue en su posición a todos los efectos.

La transmisión de derechos y obligaciones exige ciertas condiciones, no basta con que sea permitida. Los afectados son menores, dependientes e incapaces que merecen una especial consideración. Lo razonable es que la formalización del negocio requiera la supervisión de un tercero imparcial dotado de autoridad, y que se haga bajo unas condiciones mínimas: el menor no puede salir perjudicado en términos económicos y familiares. Es decir, tendría poco sentido que se le permitiera a un padre deshacerse de sus obligaciones transmitiéndoselas a alguien con peor situación económica. Sería igualmente absurdo y lesivo que de tener padre y madre se pasara a tener uno solo. Lo normal es que prime un criterio de equivalencia y superioridad de las condiciones objetivas de origen y destino.

Otro tema controvertido es la edad en que pueda realizarse la transmisión. La voluntad del menor no es vinculante a no ser que demuestre cierta madurez dejando entrever que conoce la situación y sabe lo que más le conviene. Lo habitual sería fijar un límite de edad, seguramente de uno o dos años para poder realizar este tipo de transmisiones de derechos y obligaciones. Superado el límite habría que esperar hasta una edad en la que el menor pudiera prestar un consentimiento con visos de ser responsable.

El vientre de alquiler comprende un pacto previo a la concepción entre el receptor de los derechos y obligaciones y la persona que engendrará al nuevo ser humano. No es importante si el menor es hijo biológico de la embarazada, de los receptores o procede de un banco de células reproductivas. Importan los contratos celebrados, que desde su firma establecerán la regulación exigible entre las partes respecto al recién nacido. No debería tener mayor complicación: autonomía de la voluntad.

Caben situaciones en las que niños huérfanos quedan bajo la tutela de instituciones o personas. Su adopción por parte de terceros exige garantías mínimas que vinculan al tutor actual en cuanto a las nuevas condiciones en las que se vaya a ver el menor. Que en el acceso a la adopción se incluya un precio, nada tiene de malo, sino todo lo contrario, mejora la coordinación de intereses.

En una sociedad que aplaude el aborto como método anticonceptivo, que lo ve como mal menor, o mero trámite en situaciones incómodas fruto de la mala suerte, o directamente de un acto irresponsable, curiosamente, estos temas generan un rechazo más o menos unánime. Todas las aberraciones de las que somos capaces para crear vida por la fuerza, la destrucción de embriones, la implantación de 5 esperando que al menos uno sobreviva, la tortura psicológica de los que quieren ser padres a toda costa y físicamente no pueden… todo ello se vería aminorado en gran medida si fuera posible llegar a los acuerdos y pactos descritos en este post. Si hay una necesidad legítima el mercado tiende a encontrar la vía para colmarla en la medida de lo posible.

Saludos y Libertad!

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Asesinato justificado hasta las 14 semanas

Publicado por yosoyhayek en Febrero 2, 2009

El Comité de Expertos del Gobierno, reza Público, se inclina por reconocer el privilegio del aborto voluntario a la mujer embarazada hasta las 14 semanas. El plazo se amplía hasta las 22 con una ambigüedad calculada: en caso de “de grave peligro para la vida o la salud de la embarazada y  de graves anomalías físicas o psíquicas en el feto”… Es ambiguo porque en salud se incluye salud mental, que hasta la fecha se ha convertido en el supuesto coladero para practicar abortos sin límite de plazo (art. 417bis 1. 1º, del cp de 1973, aún vigente).

Hasta ahora las 22 semanas son en supuesto eugenésico, el terapéutico, como hemos visto, no tiene plazo y el de violación se permite hasta las 12 semanas. Ya hemos comentado mucho al respecto:

1. abortar en caso de peligro para la vida de la madre o lesiones graves e incurables es legítima defensa: puede practicarse en todo momento, sin plazo, tratando, si fuera posible, salvar la vida del feto con todos los medios disponibles y en condiciones razonables (estamos en el límite de los 6 o 5 meses en ciertos casos, y puede que en el futuro se pueda llegar a más).

2. abortar un feto con graves deficiencias incompatibles con la vida o con minusvalías que impidan su mínima consciencia (el Síndrome de Down, evidentemente, no queda enmarcado en este supuesto), es legítimo siempre que se haga cuando sea descubierta la incidencia o cuando esta ponga en peligro la vida de la madre.

3. el caso de violación es polémico porque sería el único en el que la embarazada no ha consentido el acto sexual causante de la concepción. Es un conflicto entre la voluntad de la madre, su irresponsabilidad respecto a las consecuencias de la coacción sufrida y la vida del ser humano en formación. Hoy en día son poquísimos los casos. Normalmente una mujer violada denuncia en pocas horas, es examinada y/o se le ofrece un tratamiento preimplantacional… Es coherente imponer un límite temporal que no sabría fijar, pero que nunca fuera más allá de las 6 semanas, por ejemplo (y no las 12 actuales o las 14 propuestas).

El resto de casos abortar es un acto de profunda y manifiesta irresponsabilidad. No tiene justificación alguna. Por alevoso y homicida merece una calificación penal singular, agravada como el asesinato es al simple homicidio. No existe justificación para acabar con una vida salvo en los casos eugenésicos o terapéuticos descritos.

Dado que muchos, adormilados o nihilistas, atolondrados o egoístas, prefieren renunciar a su capacidad de abstracción y no asumir realidades que no ven, o que no identifican en base a argumentos absurdos e ilógicos, conviene colgar unas cuantas imágenes de fetos en gestación de 14 semanas, a ver si les parecen gatitos, sacos de células informes, pegotes de carne o seres que no merecen ni la más mínima consideración o reconocimiento:

                                                     

(¿Cuál es el criterio para considerar “persona” a un ser humano en formación intra o extra uterina?: el tamaño, la forma, que hable, se sonría, huya del instrumental que va a matarlo…)

 

Espero que los reguladores, los miembros del Comité, los miembros del gobierno, los diputados que voten a favor, y el resto de ciudadanos que miren para otro lado y consideren el aborto como una extracción de un ente despersonalizado y molesto de fácil curación, asuman la gravedad de su aquiescencia con semejante atentado ético y moral.

Ni soy del Opus, ni católico, ni cristiano, ni creyente… únicamente soy incapaz de negar lo evidente, por muy incómodo que sea para algunos…

Saludos y Libertad!

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La hipocresía de Zapatero y el “derecho” al aborto

Publicado por yosoyhayek en Enero 27, 2009

Dice Zapatero que las palabras de Izaskun, una joven de 21 años con Síndrome de Down, le hicieron recordar “por qué merece la pena ser Presidente”. Poco después afirmaba que el Aborto es un derecho de la madre, y con cierta soberbia, al ser interpelado por un Cura, se reafirmaba en su postura: aborto libre pero con plazos.

La joven Izaskun, tal y como están hoy en día regulados los supuestos despenalizados del Aborto, vive gracias a que su madre quiso tenerla o bien no supo de la minusvalía de su hija hasta el parto. Izaskun es una de esas personas cuya vida, siguiendo los planteamientos abortistas, queda al albur de la decisión de su madre. Izaskun demostró ayer que una persona con síndrome de Down siente, padece, interacciona, razona, actúa, elige, toma decisiones y es capaz de hacer muchas labores con relativa autonomía. Izaskun es un ser imperfecto, como cualquiera de nosotros. Tiene problemas, pero como cualquiera, y su vida y la de quienes le rodeen no será un camino de rosas… Su normalidad es relativa, y si bien es cierto que padece limitaciones extraordinarias, viéndola a ella y a quienes como ella afrontan con ilusión y ganas su existencia, no puedo entender como su vida puede ser entregada sin más a la decisión caprichosa de su madre. Un síndrome de Down, como ha sabido demostrar Izaskun, no es un estorbo o un ser inerte, es una persona con problemas, pero activa y pensante.

Zapatero cree en el aborto como derecho de toda madre a decidir qué hacer con su embarazo. Mirando a Izaskun solo vio una oportunidad para enternecer su corazoncito y prometerle un trabajo. A todos nos pasa, sorprendidos por la vehemencia y las dotes insospechadas de este tipo de personas. La coherencia exige que llevemos estas certezas a situaciones complicadas, como en la que un ginecólogo nos comunica que nuestro hijo tiene Síndrome de Down: ¿quién dijo que la vida es perfecta? ¿Quién nos asegura que nuestro hijo vaya a ser normal, vivir hasta los 95? ¿Quién es capaz de decirnos que su aparente normalidad no encierra enfermedades y males diversos? ¿Quién es la madre para elegir sobre la vida de quien sabemos que a pesar de sus limitaciones, puede, el tiempo que viva, tener una vida digna y plena?

Zapatero no tiene problema con esto: cree que cualquiera de nosotros debemos agradecerle a nuestras madres su gentileza por haber decidido seguir con su embarazo. Zapatero confunde “derecho” con “privilegio”. La madre no es nadie para decidir sobre la vida ajena, ninguno lo somos en esa circunstancias. Pero  hay algo más grave todavía: la mujer que libremente consintió un acto del que de una forma u otra, a pesar de las precauciones o barreras, cabe la posibilidad de quedar embarazada, inmediatamente se convierte en madre de ese nuevo ser humano en gestación, y como tal, queda ligada a él siendo exigible su sostenimiento vital, y una vez nacido, la búsqueda de las mejores condiciones para que alcance su independencia.

Zapatero es un inmoral, un frívolo y un imbécil enternecido por las palabras de una chica síndrome de Down, a la que todos aplaudieron en su mayoría con idéntica contradicción. La coherencia nos exige principios bien definidos, no puntuales momentos de empatía y pena, ternura y gilipollez. Esa chica es algo más que una marioneta para demostrar lo concienciado que está con los minusválidos. Es un ser humano al que se puede asesinar con total impunidad por ser como es! Pero claro, si lo que denunciamos en su caso lo quiere el Presidente para todos…

Saludos y Libertad!

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Are we Human?

Publicado por yosoyhayek en Diciembre 10, 2008

No es una pregunta retórica. Esta misma tarde, caminando por la calle Atocha de Madrid, he podido leer una pintada hecha en la puerta de una casa okupa que sorprendentemente aguanta en la zona. Venía a decir que en España se practica la Tortura, no en comisarías del País vasco, como es habitual escucharles a los pro-etarras, sino en las plazas de toros. Supongo que la proclama resume una idea mucho más amplia sobre los derechos de los animales y cómo el ser humano los vulnera sistemáticamente. En el caso de la Fiesta Nacional, por su importancia cultural e impacto mediático, la crítica o el intento de boicot, impacta con más fuerza en la conciencia popular que la lucha a favor de visones, cerdos o gatetes.
No escribo tanto en contra de su oposición, que es legítima, y veremos por qué razones, sino por la endeble coherencia de su argumento y la velada intencionalidad de todo ese esfuerzo y convicción por una causa que por ser esta, deja de ser otra, pero podría haber sido casi cualquiera.
La convivencia se fundamenta en el Reconocimiento en el otro de una serie de atributos, aptitudes o mera identidad, que estimamos propias y exigibles por nosotros mismos. Esta realidad no es intencional ni deliberada, sino que se forja en un proceso que aúna evolución biológica con evolución cultural. Dentro de ese mutuo reconocimiento de dignidad se forjan las bases de toda sociedad humana, que es la que nos interesa analizar aquí.
Dicho reconocimiento es variable, cultural, al tiempo que se perfecciona y depura a través de un esfuerzo intelectual emprendido normalmente ante dilemas y conflictos abiertos. La naturaleza, el ser, la identidad cierta, permanece latente en todo momento. Somos capaces de verlo, comprenderlo e introducirlo en nuestro orden mental y sistema de valores, no por revelación, sino por puro desarrollo social y evolución institucional, donde incluimos moral y Derecho. La ética estudia estos aspectos tratando de Objetivizar fundamentos coherentes con la naturaleza humana. Depende de muchos elementos que en cada instante de la historia se haya sido o no capaz de articular y engarzar con mayor o menor precisión todo lo que resulta consustancial a dicha naturaleza.
En nuestros días sabemos que las mujeres y los hombres son igualmente humanos, aun con sus diferencias. Conocemos que el aspecto, los rasgos, el color de piel, no son elementos que dividan la especie humana. También hemos llegado a descubrir que desde el mismo momento de la concepción, cuando se fusionan los gametos masculino y femenino, surge un nuevo ser, una realidad única e irrepetible, viva, en proceso de formación y desarrollo.
En la actualidad pocos son los que se atreven a cuestionar la identidad en derechos entre personas de distinto sexo o raza. Sin embargo muchos se niegan a introducir en sus juicios éticos y morales la realidad que representa la aparición en el mundo de un nuevo ser, por muy primario que sea su estadio de desarrollo. El reconocimiento de dignidad no es automático ni ilimitado, como no lo son los derechos considerados como fundamentales por la doctrina jurídica contemporánea. Tampoco es igual la consideración que podamos proyectar respecto a todo ser humano en función de su situación física o mental, o como es el caso de fase de desarrollo hasta alcanzar la desvinculación con el seno materno. Un menor de edad no tiene capacidad de obrar, tampoco un demente o un retrasado. Sin embargo, aun admitiendo esta limitación a su libertad, seguimos teniéndoles como humanos, respetando su vida e integridad.
Cuando habiendo llegado hasta estos niveles de conocimiento y evolución del pensamiento y la afirmación de principios éticos coherentes y consustanciales a la naturaleza del ser humano, suenan voces que pretenden extender dicho reconocimiento a otras especies animales, se despiertan todas las alarmas posibles. Primero, porque como hemos dicho y visto más arriba, son los promotores de dichas declaraciones de derechos y campañas de propaganda, los que más ignoran alguna de las cotas alcanzadas en la evolución del conocimiento y el reconocimiento entre seres humanos. Segundo porque lo pretendido es la introducción de una exigibilidad absoluta respecto al presunto derecho de algunos animales a tener una consideración semejante a la que los hombres nos dispensamos, inintencionalmente, pero de forma efectiva, entre nosotros.
Aunque no fueran abortistas o estuvieran a favor del exterminio sistemático, sin atender a la voluntad del afectado, de todo aquel enfermo terminal (quien no lo está) inconsciente (muchos también lo defienden para los conscientes), la postura sigue siendo absurda, poco rigurosa y sesgada. No porque se pretenda, libremente, reconocer a ciertos animales una consideración especial. Eso lleva sucediendo desde que el Hombre es Hombre, o mejor, desde que domestica animales. Unos los utiliza para sobrevivir, alimentándose de ellos o sirviéndose de su fuerza para mejorar la productividad del trabajo humano. Otros con otros fines. Cada vez más como animales de compañía. Es normal que les concedamos cierta entidad atribuyéndoles un respecto y una consideración excepcional. Perros, gatos, caballos… y otros, en función de la cultura o el lugar.
El matiz es el siguiente y queda resumido en un único enunciado: la exigibilidad del reconocimiento. La sociedad humana, el orden social mismo, y a partir del mismo, el orden jurídico y/o moral, se funda en la exigibilidad de dicha dignidad, en función del momento cultural y evolutivo. Hoy día el orden social, en el mundo occidental, parte del reconocimiento de una amplia esfera de libertad individual para hombres y mujeres, con independencia de su raza. La dignidad es extensible a todas las fases de su vida, con los límites surgidos de esos conflictos mencionados y que deberán resolverse en cada caso, con vocación de establecer pautas generales y abstractas. Esta situación de reconocimiento, es exigible, siendo esta característica la que sostiene el resto del entramado de reglas y pautas de convivencia pacífica y ordenada.
Pretender la exigibilidad de un reconocimiento extensible a determinados animales resulta absurdo e incongruente en un sentido filosófico, pero también practico. No vivimos en una interacción equivalente entre seres humanos y animales. Estos son incapaces de reclamar para sí los presuntos derechos que algunos humanos quieren concederles, como bien señaló Rothbard en La Ética de la Libertad. Para que exista interacción debe presumirse la corresponsabilidad y la equivalencia. Hablamos de una sociedad humana, y de otra cosa. Y como hemos visto, de su evolución cultural hemos concluido principios fundamentales sin los que no seríamos capaces de articular una convivencia coherente y pacífica a partir del reconocimiento de la individualidad y la naturaleza humanas.
Puede que llegue el día en que una opinión mayoritaria rechace las corridas de Toros al considerar que representan, como defienden los okupas de Atocha (y otras muchas otras personas de diverso pelaje y condición). Ya lo ha hecho con otras prácticas que hoy por hoy cada vez menos gente admite, aun con el pretexto de ser tradicionales. Pero todos estos cambios, este rechazo generalizado y popular no tendría que venir acompañado de ninguna prohibición o pena. No puede exigírsele por la fuerza a ningún ser humano semejante reconocimiento. Será el sentir general el que desplazará o expulsará a quienes cometan actos paulatinamente tachados como ignominiosos o execrables.
Es curioso, y vuelvo al principio de este artículo, la incoherente coincidencia que se produce en los más locuaces de estos activistas. Niegan la exigibilidad, la penalidad, de todo atentado contra seres humanos, en virtud de las apetencias de otros individuos, sus caprichos, irresponsabilidad o visión general de la vida, mientras que se esfuerzan en redefinir el orden social vigente incluyendo a determinados animales (cuando no todos) en una nueva e imposible sociedad.

Saludos y Libertad!

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El País, lo progre y el aborto

Publicado por yosoyhayek en Diciembre 7, 2008

Resulta que la CAM subvenciona con algo más de un millón de euros a una organización católica encargada de asesorar a mujeres embarazadas en peligro de exclusión. A nadie debe extrañar que siendo católica y dedicándose a tal menester su propósito no sea el fomento del aborto. Sin embargo, alarmados por las “arbitrarias” decisiones de esta administración de lo común (del expolio y la redistribución, claro) presidida por Esperanza Aguirre, los progres y el pasquín regional (El País de Madrid), cada vez más cutre y lamentable en sus juicios y campañas de propaganda y distorsión, deciden denunciar lo evidente.

Bajo otras administraciones puede que el fomento del aborto sea cuestión prioritaria y se subvencione con gusto a grupos que promocionan el asesinato en masa de seres humanos en distintas fases de gestación. En Madrid sucede lo contrario, o eso parece, y lo que se subvenciona a costa del latrocinio sistemático son los intentos por apoyar y asesorar a las madres con dudas o dificultades.

Lo que asquea, cuando no repugna, es la arrogancia con la que el progre dispone sobre las cuestiones denominadas “sociales”. Abortar es lícito y libera a la mujer, ergo, tratar de cohibir o hacer reconsiderar esta opción, es ilegítimo y va en contra del PROGRESO de la humanidad. En este o en un razonamiento similar se fundamenta su credo y la garantía de su denuncia. No critico que quien esté a favor de la justificación del asesinato en virtud del estado o situación de desarrollo físico de un ser humano pueda defender su postura. Lo que no impide que considere dicho posicionamiento un ejemplo de hipocresía e ignorancia, o peor, una peligrosa y descuidada pose.

En esta bitácora hemos tratado de ser coherentes con el tema.  Podemos obviar lo que sabemos. Todo ser humano nace en el momento de la concepción, desde que surge un nuevo ente único e irrepetible. Para ser independiente y tener todos sus órganos formados o disponer de todas sus facultades, no sólo necesita 9 meses de gestación intrauterina. Reducir el reconocimiento debido o la consideración sobre la dignidad de un ser humano a que nos parezca más o menos como nosotros, lo veamos o permanezca dentro de su madre, se ría, abra los ojos, pueda sostener su cabeza, gatear, caminar o resolver un problema de cálculo de cierta complejidad, es del todo estúpido. Lo que sabemos, lo sabemos y no basta con relativizar sobre la consistencia de los hechos conocidos. Cuando alguien, en nuestros días, en la España de hoy, se posiciona a favor del aborto, no debe ocultar su adhesión a una postura perfectamente identificable: aunque sé que ya eres humano, único e irrepetible, por no tener en el presente forma, o capacidad, o sostenibilidad, me niego a reconocerte nada perecido a la dignidad que quiero para mí y sí reconozco a los otro seres humanos que sí se adecúan al patrón arbitrario que he adoptado para calificar lo que es asesinar y lo que sencillamente no lo es.

Consideran el aborto como un acto de liberación y no un acto de irresponsabilidad por parte de la madre (que lo es desde la concepción) que aun habiendo consentido el acto sexual potencialmente fuente de fecundación (heterosexual y por vía vaginal), se inhibe en sus obligaciones y busca el amparo de la sociedad con la justificación ética de su asesinato (por homicidio alevoso). Muchos de ellos, demostrando una vez más el relativismo practicante que les caracteriza, extienden el patrón de dignidad humana, en sentido estricto, a otros seres o realidades. Ese reconocimiento a lo no humano de la misma consideración de lo humano convive con la defensa del asesinato de seres en virtud de su estado de desarrollo físico. Del mismo modo es más que habitual que los abortistas defiendan la capacidad decisora del facultativo respecto de la vida de pacientes terminales sin respetar el derecho a decidir de los mismos, incluso, ni siquiera, cuando estos no pudieran elegir, de sus familiares. El endiosamiento del médico frente al paciente decidiendo por él, su integridad y vida, responde al mismo impulso ideológico que alimenta los argumentos a favor del aborto.

No comparto razonamientos con la Iglesia, ni con el credo que practica o pueda derivar de un interpretación concreta del cristianismo. Mi postura es coherente con lo que sé respecto a la gestación del ser humano. No podría negar lo que conozco, y menos aún aplaudir la irresponsabilidad de alguien que habiendo accedido libremente al coito heterosexual y vaginal, por muchos medios que hubiera adoptado para aminorar el “riesgo” de embarazo, pretenda desentenderse de las consecuencias de sus actos a través de semejante agresión. La inteligencia o la abstracción nos permiten pensar y mantener posiciones más allá de que nuestros sentidos impulsen reacciones más o menos intensas respecto de lo que podemos ver o sentir. Que un cigoto nos parezca una masa informe, una mera célula sin rostro ni expresividad alguna, no impide que sepamos lo que realmente es, su origen y la posibilidad cierta de que llegue a ser un individuo formado idéntico a nosotros. Cuando se justifica el aborto en la idea de que lo destruido en el “aquí y ahora” no parece, luego no es, resulta burdo, estúpido y criminal.

Entre embriones bebés

El Aborto Iguala

Aborto eugenésico, Gattaca y la perfección

Saludos y Libertad!

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La Reina hasta en la sopa

Publicado por yosoyhayek en Octubre 30, 2008

Ya sabemos que cumple 70, que es una “compañera” excelente, sumisa, ordenada y servicial,. Pero gracias a El País, hemos conocido que es Homófoba, Catolicana, Machista y algo Fachilla.

Esos son los apelativos que le colgarían, sin dudarlo en ningún momento, si los testimonios recogidos no fueran de su excelentísima, sino de una cualquiera, comentando debates recurrentes o temas de actualidad.

Para otros seguramente sería una sediciosa, ya que no da mayor importancia a la quema de fotografías o la mofa desagradable de alguna caricatura. Traigo el tema a esta bitácora por varias razones, pero sobre todo porque de todo lo que he leído no hay nada que me llegue a indignar.

La Reina es algo así como la Duquesa de Alba (por lo cercana y entrañable), vocalizando muy por el estilo (la una no puede y la otra parece no haber aprendido), pero sin el esperpento que acompaña a la ml veces Grande de España. Es destino de alabanzas y mitificaciones, que puede, sólo puede, deban reconsiderarse después de estas declaraciones.

La Reina está en contra de la Eutanasia, pero no de la Muerte Digna. Esto, a pesar de la deformación semántica y la confusión en el debate viene a ser que Montes era un Mengele cualquiera decidiendo por los demás en función de juicios de valor y cálculos de utilidad social, cosa muy distinta del derecho a morir como y cuando uno quiera, sin dolor ni sufrimiento innecesario. Una Facha, por supuesto!

Sofía, de profesión Reina (los coches oficiales están a nombre de su marido, a ella que la registren), no está a favor del aborto. Es una machista, claro, no defiende el derecho de las madres a librarse del resultado de sus actos libres y consentidos, qué barbaridad! “Nosotras parimos, nosotras decidimos”, y sí, tienen razón, pero el nombre de la criatura o la educación moral, poco más. Es posible que reciba la llamada, hablo de la Reina, de algún comisario político del gobierno ZP, del ministerio de Igualdad, quizá de la propia ministra. Vaya favor que está haciendo Doña Sofía, esa Reina, a la emancipación de las mujeres que deciden sobre su cuerpo y cómo y con quien mantener relaciones sexuales en las que un pene distraído acaba alojándose en su vagina (aveces hay que ser demasiado explícito), y oh, milagro, bien por un fallo ulterior o ese 0,01% que anuncia Durex, llega la buena nueva. Ya lo dicen en los EE.UU, no hay prevención más eficaz que la abstinencia, o mejor y más divertido, el sexo no vaginal. Bueno, que me dejo llevar por estos temas y me pierdo. A lo Fonseca: si follas, mira bien por donde y con quien; luego no te quejes si por alguna razón, llega lo que tiene que llegar.

Y por último, para no aburrir al personal con temas de Palacio (que son muy poco libertarios y muy, muy pesados; además, me tengo que ir corriendo a ver a David Friedman ;) ), el recurrente y cansino tema del Matrimonio “gay”. La etiqueta es importante, si realmente el matrimonio pudiera acoger en su seno uniones del mismo sexo, sobraría la coletilla, pero no, el engendro jurídico así lo exige. La Reina es homófoba, Dios salve a la Reina!, Una montaña de adulación histérica, de ensoñación de tocador, de fotos en blanco y negro en el Hola, de reportajes a todo color en bodas, funerales, fotos familiares en Mallorca. Cuántos se estarán planteando ahorra despojarse de sus colecciones  de fotos, de su foto oficial firmada y enviada desde Zarzuela. Se les ha caído un Gay Friendly Myth.

Dejémoslo en que la Reina ve con buenos ojos que las personas se quieran y decidan sobre cómo vivir su amor, unirse o separarse, compartir piso y cuenta de ahorros. Ahora, ve con no muy buenos ojos que esa institución evolutiva, tuitiva de la familia, que es el matrimonio, quede nominalmente desvirtuado incluyendo realidades que en nada se parecen a sus fines y bienes. Esto puede sonar carca, lo admito, pero es que fue el Estado quien, expropiando al Derecho Privado esta institución, trato de servirse de ella para reorganizar la sociedad. No dudo que la Iglesia hizo lo mismo durante 2000 años, por eso, los que defendemos que el Derecho debe seguir siendo privado, por su condición evolutiva y policéntrica, apostamos por respetar instituciones y no forzar su contenido con objetivos espurios tan propios de la ingeniería social más despiadada. Todo ha cambiado mucho en 100 años. Gracias al orden individualista, de mercado y libertad individual (nada que ver con ese socialismo que mucha marica aplaude hasta con las orejas), las personas han alcanzado mayor libertad y plena capacidad de decidir sobre su vida en un marco de convivencia donde todo el mundo va a lo suyo y cada vez se va menos a lo del resto. Ese puritanismo no se ha caído gracias a la lucha de algunos (algo habrán contribuido) sino por la evolución social que ha propiciado la expansión del orden libre y espontáneo de mercado. No sé si en pleno Chueca quedaría demasiado bien una alegoría al Mercado (no sabría qué cara ponerle, la verdad), pero tanta marica sociata, en vez de cogerle tirria a la Reina (que bastante tiene con cumplir 70 y no perderse ni una cita con su médico estético), podría razonar un poco y darse cuenta de la sabiduría que habita en sus palabras. Aunque nunca se sabe dónde va a acabar todo esto y puede que algún día, sin fuerza ni intervención, acabe el matrimonio siendo cualquier otra cosa…

Y poco más. Harto de escuchar alabanzas a su majestad, me quedo con la polémica que deberían abrir sus declaraciones. Si no lo hace, por algo será.

Saludos y Libertad!

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