LA LIBERTAD Y LA LEY

La Coherencia sólo es posible si se aceptan principios bien definidos, F.A.Hayek.

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Los Referéndums no matan

Publicado por yosoyhayek en Septiembre 4, 2009

Promover consultas sobre lo que se quiera, es legítimo y habitual. Circunscribirlas a un territorio, crear un censo y conceder al resultado efectos jurídico-políticos, constitucionales o lo que se prefiera, es tan iluso como factible: depende del impacto que tenga semejante convocatoria en la opinión pública que pretende comprometer.

Lo que parece inconsecuente es que desde el Estado, bien central, autonómico o municipal, se busque dotar de validez jurídico-formal a un referéndum para el que se carece de competencias o directamente contraviene el contenido material de la constitución. Esta parrafada se resume como sigue: un particular o cualquier asociación privada puede, si lo desea, consultar lo que prefiera, dónde y cómo lo estime conveniente. El resultado tendrá las consecuencias que sea, pero nunca adquirirá los efectos jurídicamente previstos para los referéndums tasados en la Constitución. Lo que parece peligroso y radical es que semejante ruptura se emprenda desde las instituciones políticas del Estado, y no pueden sus dirigentes alarmarse porque se les aplique con rigurosidad las normas vigentes al efecto.

Soy partidario de que cada cual decida hacer el ridículo como prefiera. Ibarretxe se convirtió en un sedicioso absurdo buscando consultar a todos los vascos (todos todos, no, faltan muchos muertos y exiliados) sobre el futuro político de la región. Pero aprendió y supo recular en cierto modo: sus dos preguntas no fueron en ningún caso contradictorias con el espíritu y las convicciones de Zapatero y su gobierno. De este modo, si Ibarretxe tentaba con la sedición Zapatero venía practicándola desde que ocupó La Moncloa.

Si el alcalde de Arenys de Munt quiere hacer el ridículo, adelante, pero cuidado con la fiscalía, porque es lo que procede. Si le apetece preguntar a sus conciudadanos sobre la independencia de toda Cataluña (es común entre los radicales aspirar a la extensión de sus ideales sobre el resto de los que considera miembros de sus fantasías colectivistas). Si del referéndum, ilegal y criminal, saliera un sí, su impacto no sería sino propagandístico, breve y poco más. Para que estas cosas prosperen no vale con medidas entusiastas y grandilocuentes. Si se quiere tomar la temperatura de los catalanes sobre una eventual independencia del Estado español, no creo que realizar consultas desde las instituciones sea el método más efectivo.

Convocar manifestaciones desde asociaciones privadas, encabezadas por presidentes del Barsa y demás barrabasadas, puede que alcance cierta repercusión en los medios pero dudo que logre movilizar y cambiar el espíritu de la masa crítica y activista indispensable para precipitar cambios políticos tan radicales como sería una secesión. Tampoco es posible adecuar la opinión mayoritaria de la población a los deseos colectivistas de algunos concienciados mediando imposición y adoctrinamiento (al menos no a corto plazo). Se trata de un proceso arduo y muy duradero, de ingeniería fina y contenida. Los estruendos como la movida del Estatuto y el previsible conato de revuelta si llegase una sentencia adversa desde el TC, no sirven de nada, todo lo contrario, frenan los esfuerzos y dilapidan lo ya conseguido.

Resumiendo: calentar desde las instituciones es inútil, delictivo e radical. Calentar desde la sociedad civil, como dicen algunos, no deja de ser un legítimo intento de toma de temperatura, pero con efectos contraproducentes, pudiendo desandar camino y promover un desasosiego que, en periodos de paz, cierta libertad, prosperidad y extensión de la propiedad privada, resulta letal para todo programa independentista como el catalán.

Cataluña es lo que es, es España, guste o no a algunos, por aquiescencia sostenida de la mayoría de los catalanes, con o sin referéndum, Diada o manifestación.

Saludos y Libertad!

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El pacto Cataluña-España está cerrado y rubricado

Publicado por yosoyhayek en Agosto 25, 2009

El título, aseveración literal escrita por Ernest Maragall, consejero de educación de Cataluña (PSC), en un artículo publicado hoy en El País, resume el espíritu y la convicción nacionalista catalana. Según el autor los parlamentos catalán y español, en ejercicio de la soberanía “delegada” por sendos pueblos, supieron alcanzar un Pacto que desde su confirmación es hecho fundante y básico de las relaciones institucionales y competenciales entre lo que el discurso nacionalista considera “España” y la Nación catalana.

Para Ernest Maragall los hechos invalidan por completo la vigencia de la Constitución española, en su contenido material, pero también respecto a la interpretación del órgano constitucionalmente previsto para semejante labor: la derogación de preceptos o textos normativos completos considerados contrarios a lo dicho en la carta magna.

Esto, que a mucho formalista o avezado jurista podría parecerle una barbaridad, racionalmente imposible, negación misma del orden constitucional, en teoría política no debería asombrar en exceso. Siempre, eso sí, que el presunto apoyo ciudadano o respaldo de opinión que apunta Maragall fuera cierto. Dice que ambos parlamentos acordaron un texto, y aunque pudieran verterse matices al respecto, así sucedió. También  hubo refrendo popular vía referéndum, pero con tan mísera participación que en absoluto podría decirse que los hechos políticos lograsen deslegitimar el orden constitucional de 1978 fundando uno nuevo a partir del susodicho Pacto interparlamentario.

Estamos a punto de comprobar la fuerza del argumento nacionalista, de la impronta emocional que tiene su mensaje mesiánico entre la población que pretenden liderar. Apela el hermanísimo a la necesaria unidad que, llegado el caso, debería alcanzarse en torno a Montilla y el gobierno que preside como cabeza de una eventual “afirmación” estatutaria, o nacional, o las dos cosas al tiempo. Parece que esperarán a la pública sentencia del TC antes de convocar semejante desafío político. Es una las motivaciones aparentes del artículo que comento: contener la utilización partidista que pudiera hacerse del conflicto planteado, de inminente resolución, concentrando en cierto pacto político e institucional entre fuerzas nacionalistas catalanas, como mejor garantía de “afirmación”. Algo similar a lo que sucediera en 1934, pero en un contexto bien distinto y con mayores expectativas de éxito.

Comentado esto, se abre ante nosotros una cuestión ineludible: ¿qué voluntad ha sido responsable de la escalada de reivindicaciones y presiones estratégicas capaz de comprometer el refrendo del Parlamento español de un texto manifiestamente inconstitucional en puntos clave y profundamente problemáticos? Resulta obvio que ha sido la voluntad de Jose Luis Rodríguez  Zapatero, que por permanecer en el poder, y peor, por convicción personal, apoyó y precipitó hace pocos años la ruptura del orden constitucional de 1978. Comenzó con Cataluña en los puntos más delicados, pero siguió en otras reformas estatutarias que vinieron a consolidar la desintegración estatal y política de la nación española. Culminará con algo que el propio Ernest Maragall utiliza como baza en su apuesta por mantener la reacción nacionalista dentro de la disciplina institucional forjada en torno a la Generalidad: el pacto de financiación autonómica, lejos de traducir las posibilidades previstas en la Carta Magna, corrigiendo los defectos del modelo vigente, es, y de eso no hay duda, la transposición en legislación estatal de lo que ya recoge el estatuto catalán, es decir, una suerte de imperialismo catalanista capaz de condicionar la financiación de todo el Estado (incluidas el resto de CC.AA) ante los intereses del constructivismo nacionalista catalán (reconocido abiertamente en el título del artículo discutido en este post).

No digo que sin Zapatero todo hubiera sido bien distinto; únicamente afirmo que ha sido su voluntad y su deseo romper desde dentro el orden constitucional; hecho inédito, asimilable al golpismo más despiadado, pero dulcificado por la distorsión de términos y una presunta amplitud interpretativa. Llegará la sentencia del TC y con ella los reproches. Visto que PSC, CiU, IpC y ERC se mantienen (por ahora) en el pacto alcanzado con el nuevo Estatuto, la crisis política que irremediablemente abrirá una sentencia adversa a sus postulados, no alcanzará solución siquiera con el derrocamiento del presidente del actual gobierno.

Ni movimientos de cejas ni un PP capacitado para ser alternativa (ya sabemos de los fervientes deseos de Rajoy de pactar con CiU) calmarán a los nacionalistas, que si bien conocen su precaria situación de apoyo popular ante una eventual aventura soberanista sin marcha atrás, pondrán toda la leña en el fuego antes de consumir la auto abrogada legitimidad exclusiva para decidir sobre el futuro social y político de los catalanes.

Sólo hay una cosa peor que un señorito de la aristocracia catalana: un charnego cualquiera metido a nacionalista (o peor, un acomplejado de provincias ajenas al orbe catalanista… esos sí que son peligrosos).

Saludos y Libertad!

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¿Independentismo liberal?

Publicado por yosoyhayek en Julio 19, 2009

La crítica que muchos hacen del nacionalismo liberal tiene un fondo de verdad que, desgraciadamente, los críticos ni siquiera intuyen en sus argumentos. Que desde planteamientos antiestatistas se defienda la independencia política de un territorio y una población a fin de constituir un nuevo Estado, no deja de ser llamativo. Ocultar la grave contradicción bajo un presunto pragmatismo definido por el estímulo de unos incentivos capaces de favorecer mayor competitividad y libertad individual para sus ciudadanos es, cuanto menos, una buena excusa.

Todos nos identificamos con un “nosotros”. La pertenencia a un grupo, el sentimiento comunitario, particularista, singularista, que aspira a la definición frente a “los otros”, o mejor, “el resto”, es consustancial a la naturaleza humana. Esto no implica que ese “nosotros” supere el límite de la mera convivencia pacífica y ordenada, acabando por instituir estructuras de dominación a modo de Estados. Si bien es cierto que el Gobierno, como institución espontánea y distinta por definición al Estado, tiene como función primordial la conservación del modo de vida del grupo, no puede este principio asimilarse a la necesidad de un Estado; no si partimos de planteamientos netamente antiestatistas. Desgraciadamente el anarquismo, de izquierdas o de derechas, arrastra, y es una constante, una grave carencia teórica en aspectos básicos como la política, el Derecho o la ordenación pública de la autoridad y la potestad.

Dicho esto centrémonos en la cuestión: independencia política o mero estatismo secesionista. En el mundo en el que vivimos aspirar a la separación de un territorio como Cataluña (por ejemplo) podría tener sentido si realmente los habitantes de dicha región coincidieran con el consenso social suficiente, por extensión e intensidad, en la opción independentista. Cuando el consenso existe el compromiso político interno es claro y contundente. No harán falta ni cauces formales constitucionalmente previstos en el Estado del que uno pretende desgajar lo que ya es una unidad política diferenciada. Tan solo la violencia impediría lo inevitable.

No hablemos por tanto de nacionalismo liberal ni de beneficios de la secesión. Es una cuestión política, de consolidación o expresión de un consenso social definido y potente. Si España existe, si cualquiera de los Estados relativamente poco conflictivos a nivel interno sigue existiendo, es debido en exclusiva a que la inmensa mayoría de los individuos que lo forman mantienen el consenso en torno a esta realidad (de forma relativamente homogénea en todo su territorio). Cataluña no existe hoy como un Estado independiente porque los catalanes no quieren que tal cosa sea una realidad (no lo sienten así ni lo consideran un fin superior al mero sosiego que proporciona la convivencia pacífica con el resto de España), pero también porque el resto de españoles siguen sintiendo que la unidad nacional es un principio fuertemente ligado al “nosotros” del que hablábamos.

El nacionalismo catalán se plantea como un tipo de constructivismo que aspira a conformar un consenso interno bastante en torno a la secesión, pero también la reacción consensuada en el resto  (de españoles) a fin de definir contornos al tiempo que una eventual y futura expulsión de Cataluña fuera inmediata y pacífica. El problema es que el ánimo constructivista no domina los tiempos, o peor, es incapaz de lograr resultados previstos y definir procesos. Internamente, las consecuencias del nacionalismo adquieren matices que no necesariamente implican el apego independentista. Externamente, la catalanofobia no es precisamente el sentimiento dominante (se diga lo que se diga). Si así lo fuera el camino estaría medio hecho para los nacionalistas, es más, se precipitaría la reacción interna a favor de la independencia. De hecho su estrategia, estancada internamente, requiere de gestos que agudicen las contradicciones con “los otros” (ese es su objetivo de distorsión y propaganda actual).

Los antiestatistas no podemos ver con buenos ojos que algunos pretendan la secesión cuando su fin último es la constitución de un nuevo Estado. La competencia estatal, como fundamento del nacionalismo liberal, no deja de ser un aspecto estrictamente utilitarista que está muy lejos de confirmarse a nivel internacional. Que existan pequeños Estados donde sus ciudadanos son más libres por cuestiones competitivas (generalmente “paraísos fiscales” consentidos por sus vecinos más intervencionistas y expoliadores) no implica que los habitantes de un mundo de 200 Estados (o de 2.000) sean, o fueran a ser forzosamente más libres que en un mundo de 10, 4 o un único Estado.

Justificar el independentismo estatista, como paso positivo de un proceso teóricamente encaminado hacia la mayor libertad individual, dudo que no sea una demostración más de oportunismo, o de una ingenuidad enturbiada con la pasión particularista, que todos, todos, llevamos dentro. Lo difícil es no dejar que dicho sentimiento nuble nuestro juicio, que las pasiones lleguen a confundirnos en argumentos capciosos.

El Estado autonómico no ha resultado ser ese continente apaciguador de voluntades rupturistas, sino un instrumento feroz instigador del particularismo. En manos nacionalistas la autonomía política y competencial, en temas como el educativo o el lingüístico con especial relevancia, torna en arma de un único filo, siempre en la garganta del Estado central y el nacionalismo españolista consolidado (y en decadencia). Durante 30 años el Estado autonómico ha actuado como artificio postulante de un constructivismo nacionalista tan fundamentalista como peligroso. La descentralización irresponsable, formando entes que gastan y modelan sociedades, pero no se enfrentan a sus ciudadanos con la debida vinculación entre aciertos, errores y desatinos (esa necesaria corresponsabilidad fiscal federalista), ha contribuido al deshilado de los sentimientos que formaban antaño el “nosotros” español. El franquismo pretendió algo similar, pero a la inversa, sirviéndose en su empresa de un Estado unitario excesivamente artificioso y sin capacidad de embaucar y convencer una vez llegado el ocaso del régimen; de su fracaso procede la justificación del nacionalismo periférico para imitar sus artes en la formación de sus propios taifas.

Los Estados tienden a formar espacios de libertad derribando barreras entre sí. La desgracia viene casi de inmediato cuando de la inicial retirada estatal llega el avance imparable de un estatismo supranacional, interestatal. Es entonces cuando todos los esfuerzos de liberación concluyen en decepción. Creer que pequeños Estados en competencia favorecen las libertades individuales de sus ciudadanos es negar por completo la experiencia reciente que la construcción y evolución de los Estados puede reportarnos. Primero se fundan espacios de consenso y liberación, a posteriori dichos espacios quedan sometidos a la dominación de una estructura monopolística implacable.

La excusa independentista no deja de enmascarar pasiones tan románticas y viscerales, como las que todos podemos llegar a padecer en momentos de arrogancia, complejo de superioridad, desprecio del diferente y autoafirmación personal en la esencia de presuntas y edulcoradas actitudes y aptitudes relativas a la pertenencia a una u otra nacionalidad. Todos nos creemos especiales.

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Saludos y Libertad!

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El Estado Catalán en crisis

Publicado por yosoyhayek en Julio 16, 2009

La propuesta de nueva financiación autonómica es una trampa edulcorada. Zapatero sabe que debe su victoria electoral  a dos ámbitos fundamentales de rancio socialismo: Andalucía y Cataluña. Sin ellos, sumada la inestimable aportación que su política de negociación y claudicación con el nacionalismo y los terroristas cosechó en las últimas generales y autonómicas en el País Vasco, su derrota en el reto de España le abría arrastrado a la oposición y el consecuente ocaso político.

El Estado Catalán es una realidad, como lo es el vasco, anclados al español en temas puntuales, incómodos, lejos de las competencias que realmente interesan a quienes demuestran una obstinación empecinada en el proceso de construcción nacional dentro de sus respectivas regiones. Lo que sucede en Cataluña es que envidian, y de qué modo, la situación privilegiada de los vascos, que con su Concierto, manejan todo lo que se expolia en su territorio, gestionan, recaudan y deciden sus impuestos directos y especiales, y contribuyen al común en virtud de lo que el Estado gasta en la región en servicios básicos de defensa y seguridad. Con las obras de la dichosa “Y” vasca, Sondika y el súper puerto de Bilbao (entre otras actuaciones) el cupo deja un saldo sabrosamente positivo a favor de las instituciones vascas. Su pertenencia a España les sale mucho más que rentable, succionando recursos de otras regiones como Madrid o Valencia.

Cataluña quiere un estatus similar, de ahí que en su nuevo Estatuto se cometiera el exceso inconstitucional (previsiblemente “constitucional” por sentencia del TC) de concederle prerrogativas exclusivas en materia de financiación al margen de la regulación general de todas las comunidades de régimen común. La propuesta hecha por el gobierno ha satisfecho a los nacionalistas de ERC, no tanto a los de CIU (que en estrategia electoralista prefieren aferrarse a su negociación previa del capítulo de financiación del Estatuto). La Generalidad manejará más dinero, como todas las autonomías, pero bajo los criterios que más benefician sus pretensiones, alejando el sistema de esa maltraída solidaridad interterritorial por la que apostó el constituyente. A modo de compensación y fondo de estímulo el Gobierno pone 11.000 millones de euros sobre la mesa. Más de un 30% irán a Cataluña, seguida de Andalucía, que por población, al menos, justifica la ingente aportación. Cataluña recibirá el doble de lo que merecería manejando criterios demográficos o de su contribución al PIB general. Unas cantidades que el Gobierno se niega a justificar y únicamente razona como la mejor forma de hacer que los catalanes “se sientan cómodos” en el nuevo sistema.

Zapatero roba y reparte desde la debilidad. El Estado español no existe, está en manos de los intereses regionales. No existen los planes generales, su clase política no aguanta el envite ni siquiera de sus correligionarios locales. Perdido el criterio de “interés general de la Nación”, el Estado central se convierte en una nueva fantasía por la que cada autonomía intenta vivir de la riqueza generada en el resto (Bastiat a la española). Cataluña, al margen de esta “ayudita” extra, ha logrado que sus aportaciones al fondo de solidaridad sean compensadas por lo que percibe de otros fondos que tienen en cuenta criterios variopintos. Su régimen no es tan privilegiado como el vasco en cuanto a la determinación y gestión de los impuestos fundamentales (IRPF e IS), pero en lo que a cuantías y contribución al común se trata, puede decirse que estamos ante uno de los mayores éxitos nacionalistas de la historia reciente de España.

Cataluña es un Estado en crisis. En crisis de identidad, porque a pesar de sus esfuerzos de inmersión y persecución el 60% de sus habitantes sigue teniendo en el español su lengua habitual. Crisis institucional, porque el entramado de intervención se le ha ido de las manos, en cuanto al peso de su burocracia, el proteccionismo de sus regulaciones comerciales e industriales, su incapacidad por adaptarse al dinamismo que exige un mercado expansivo y mundializado. Crisis política, porque todos coinciden en ser pedigüeños y llorarle al Estado, porque todos han asumido el discurso nacionalista y el pensamiento único posibilitando excesos e intromisiones salvajes en la libertad individual. Y Crisis económica, porque ha dejado de ser la locomotora de España, todo lo anterior le pasa factura demostrando haber perdido el empuje de antaño, ese que durante la restauración y el franquismo la convirtió en vanguardista y europea.

Cataluña, o mejor dicho, Barcelona, sigue siendo moderna y atractiva. La iniciativa privada mantiene su peso y apuesta por la innovación. Tristemente las administraciones han asumido funciones que no saben manejar acorde con la pujanza de su sociedad, concluyendo en un deterioro general que termina invadiendo de pesimismo y atrofia también a los individuos más proactivos. La autonomía catalana o el ayuntamiento de Barcelona han caído en su propia trampa. Las olimpiadas del 92 intentaron dinamizarla, el Fórum fue un invento ridículo, todo para sacar a flote lo que, a pesar de los artificios y falsas apariencias, es un barco que se hunde sin remedio. El estatismo catalán, el socialismo rancio y fascistoide catalanista, están asfixiando lo que pudo haber sido una de las regiones más atractivas y punteras del mundo. Convertida en parque temático, en parque de juegos para locos constructivistas, merodean acomplejados los triunfos catalanes conscientes de que con o sin triplete les falta el ímpetu que únicamente la libertad y el sosiego en las pasiones particularistas permite.

Saludos y Libertad!

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El Estado y la Educación

Publicado por yosoyhayek en Julio 8, 2009

La nueva “conquista” nacionalista catalana ha sido valorada por muchos como un paso firme e irreversible hacia la secesión. En realidad el movimiento catalanista demuestra su debilidad, la necesidad de reconducir sus esfuerzos y objetivos: si en 30 años de dominio y adoctrinamiento nacional y lingüístico no han logrado esa masa crítica cargada de identidad y particularismo, algo debe estar fallando en el diseño del proceso.

El fallo es el de siempre: los procesos sociales son difícilmente articulables, el voluntarismo no resiste ante la espontaneidad. Cuanto más numeroso sea el grupo humano, más elementos distorsionarán el primer panorama, el punto de partida desde el que se tomaron las decisiones iniciales. En Cataluña habitan varios millones de personas de las que más del 60% sigue siendo castellanoparlante. El catalán se oye, domina en ciertas zonas y estratos sociales, pero las grandes bolsas de población suburbana mantienen el español como lengua de uso común y familiar.

El catalanismo se enfrenta a una población difícil de domeñar, un bilingüismo espontáneo que favorece la convivencia lejos del rencor que pretende extender el secesionismo. En Cataluña ha triunfado el particularismo, pero el pretendido por el constructivismo nacionalista, sino aquel que de forma singular surge en las sociedades acomplejadas y temerosas de sí mismas. La cuestión es que la unidad española queda comprometida en cada esfuerzo por ahondar las diferencias. Unidad política, pero también social. A pesar de que la mayoría de los catalanes compartan idioma con el resto de españoles crece el rencor y los tópicos, aunque no lo hagan según los parámetros diseñados para esa Arcadia feliz que será la Cataluña independiente.

Todo Estado requiere de un sistema educativo instrumentalizado como recurso integrador y de diseño del tipo ciudadano deseado. La educación, incluyendo aspectos meramente formativos, adquiere en todo caso un carácter socializador y doctrinario que excede por completo el presunto espíritu humanista que inspira su extensión universal entre la población. La educación así como su lengua vehicular son factores determinantes que definen la estatalidad de un poder político. La Generalidad, en ese sentido, así como los gobiernos de todas las autonomías particularistas, lo son. El suicidio del todo resulta más que evidente. A esta situación se enfrentan con encono los estatistas españolistas que ven diluirse en las partes esa opción general que ellos defienden. A los liberales, en realidad, salvo por coherencia social en el sentido de evitar disensos innecesarios, lo mismo nos da que sea el ministerio de educación del Reino de España, que la consejería del ramo de esta o aquella autonomía.

Cataluña ha sido definida, ideológica, política, social y jurídicamente como una nación sin Estado. Siendo nación y poseyendo “lengua propia” parece obvio que para ser catalán se debe conocer la lengua de Cataluña. Afirmada la entidad social y política resulta igualmente obvio que todo inmigrante, proceda de territorios propios del Estado español, o de territorios dominados por otros Estados, debe socializarse en Cataluña bajo el patrón lingüístico catalán. Los que hablan de bilingüismo no entienden que el catalanismo parte de que el castellano debe su implantación a una agresión original y no a una incorporación espontánea. Consideran la castellanización como una invasión cultural que debe ser enmendada, y no como la constatación de la existencia de la nación española también en territorio catalán. Si nuestras leyes y nuestros políticos admiten que Cataluña es nación dotada de instituciones políticas autónomas, parece inevitable que estas actúen de forma coherente.

El Estatismo es siempre xenófobo y adoctrinador. El Estado español admite los colegios extranjeros, como el británico, el alemán o el francés, pero a modo testimonial, no como un reconocimiento general del derecho de los padres a escolarizar a sus hijos en una u otra lengua vehicular. En Cataluña sucede lo mismo, porque Cataluña ya es Nación y su Consejería de educación actúa con práctica soberanía. Entiendo que los estatistas de uno y otro bando se sacudan sin descanso. Comprendo que a muchos el proceso de construcción nacional catalana les parezca extremo y liberticida. Lo es, pero no más que el esfuerzo emprendido por todo Estado en este sentido.

La España plural es una entelequia. La desintegración del Estado español, construido torpe y débilmente a imagen y semejanza del modelo monolítico francés, es imparable. La única esperanza radica en que el consenso social en torno a la unidad nacional perviva a pesar de los esfuerzos particularistas y secesionistas. Los primeros son practicados por el común de los poderes públicos autónomos, incluidas los gobernados por el PP. Los segundos parecen consolidados y crecientes en Cataluña y País Vasco, si bien es cierto que al final sus poblaciones parecen resistirse ante un cambio tan abrupto en las relaciones y vínculos sociales, económicos, políticos, pero también familiares, con el resto de territorios de España.

Veremos qué sucede, pero quede claro que el experimento catalán no es sino un ejemplo más de lo que entiende el estatismo sobre la educación y la impregnación identitaria.

Saludos y Libertad!

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Catalanes, protagonistas

Publicado por yosoyhayek en Junio 18, 2009

Después de unos días sacando la patita y dejando ver sus miserias antimadridistas, los barceloneses y catalanes (del Barça, o no) tienen motivos para estar contentos. El Estado español acaba de inaugurar el que está llamado a convertirse en el nuevo juguetito de la Generalitat. La T1 del aeropuerto de Barcelona, firmada por Bofill (padre, gracias a Dios), tras 5 años de obras (comenzaron el 18 de diciembre de 2003), contribuye a dotar a la ciudad condal de una infraestructura indispensable para su desarrollo económico. Eso nos quieren vender los que apuestan por semejantes dimensiones. También lo hicieron en su día con la mastodóntica T4 madrileña, miles de millones de pura y dura especulación. Porque especular, señores, representa una de las capacidades fundamentales del ser humano. La T1 barcelonesa prevé albergar un tráfico aéreo que hoy no existe, pero que se estima previsible en el futuro inmediato. La inversión realizada depende de tal previsión, desgraciadamente ni en el caso de la T4 ni en el de la T1 habrá control sobre los resultados, que evalúe el acierto del proyecto. Pasarán los años, se olvidará el presupuesto y solo quedarán los edificios, llenos o no de viajeros, rentables o menos rentables…

Si los vascos padecen el mal de la “especialidad autoevidente”, los catalanes sufren el mal del “protagonismo a toda costa”. Victimismo o simple complejo de superioridad, el êthos político catalán necesita de su condición periférica, díscola, esquinada y en esquizoide relación con el Estado central. Lo pudieron diseñar a su imagen y semejanza, haciendo del centralismo una baza para escorar de su parte el desarrollo nacional. Convertidos en “locomotora económica” reivindicaron más, y más obtuvieron. Ahora se quejan de sus infraestructucturas, pero fueron los primeros en tenerlas. Vascos y catalanes disfrutaron durante el franquismo de una arbitraria e injusta asignación de recursos provenientes del resto de España. Sin embargo, políticamente, supieron plantear su singularidad como enfrentamiento, desde la sensación de agravio. Unos mantuvieron fueros y concierto, los otros tramaron el diseño del Estado, recibieron grandes dotes, y por su separación partidista, desde 1993 supieron desangrar el común.

La Cataluña del Progreso es la Cataluña del rencor, la Cataluña que se considera expoliada, apadrinadora de pobres manchegos, extremeños, andaluces y gallegos, el norte rico y civilizado, ahorrador y consciente, sometido al mangoneo del sur brutote y pedigüeño. La Cataluña del progreso reclamaba una nueva consideración, quería que el Estado la considerase Nación (y parece que finalmente el TC va admitir el absurdo), quería nuevo Estatuto, y lo que es más importante, nueva financiación.

La T1 ha sido recibida por el catalanismo recalcitrante como ajuste de cuentas. Solo hay que escuchar a alguno de sus exponentes máximos, como Julia Otero (esa gallega asimilada), que habla de la terminal con rencor y odio, acordándose más de Madrid (el odiado Madrid) que de las presuntas ventajas abiertas con la inauguración. Los socialistas quieren apropiarse de todo el mérito, olvidando que si bien el 90% de las obras han discurrido durante sus mandatos, proyecto y presupuesto fueron populares y convergentes. Y sin eso, por mucha prisa que se hubiera dado, el tontaina de Zapatero, con o sin balón del Barça entre las manos, no habría llegado a cortar la cinta de la flamante terminal.

No ha recibido Cataluña más dinero, competencias y “cariño” que con el PP. Lo supo reconocer Pujol. Si bien es cierto que el plan de infraestructuras 2001-2007, de planeamiento popular, reforzaba el centralismo y tramaba España extendiendo vías y carreteras como si de lazos de unidad nacional se tratase (sin mirar tanto por la eficiencia económica real), no olvidó, sino que privilegió, a las comunidades tradicionalmente díscolas y problemáticas. El puerto y aeropuerto de Barcelona, el corredor de Ave entre Madrid y Cataluña, el aeropuerto y puerto bilbaínos, la prioridad de la “Y” vasca… todo ello forma parte del plan de infraestructuras del PP. Zapatero lo heredó, lo puso en un breve letargo, y supo apropiarse sus objetivos, aciertos y espectacularidad. En 2005 inauguró la T4 sin poder quitarle el mérito del dispendio a Aznar. El Ave a Barcelona se le medió torció, pero salió airoso. Lo de ahora parece más evidente, pero forma parte de la misma farsa ideológica: convencer al catalanismo de que sólo Zapatero es sensible a sus demandas, sólo él asume su discurso y admite la discutible deuda histórica del Estado con Cataluña.

Lo peor del catalanismo es la manera como celebran los éxitos. Triunfó el Barça, triplete, pero pudo más el odio antimadridista, eclipsando la alegría y sacando a relucir las miserias y complejos culés. Nuevo aeropuerto que lejos de reconfortar e ilusionar se convierte, para muchos, en motivo para aflorar viejas reivindicaciones, falsos agravios, nuevas miserias en las que Madrid tiene siempre un papel destacado. No soporta el catalanismo que la Libertad sea la causa fundamental del éxito madrileño. Los gobiernos de Gallardón y Aguirre han tomado una forma distinta de hacer política, de potenciar la capacidad de una región, de invertir, ordenar el gasto, cuadrar los servicios… Los gobiernos de Pujol, Maragall y Montilla han sido exponentes del estatismo, del exceso de burocracia, gasto improductivo, limitación de la iniciativa privada y, lo que es peor, empeño por perseguir con su acción política un fin muy distinto a la libertad y la riqueza de sus ciudadanos. La Generalitat es un instrumento de construcción nacional, un entramado de normas e instituciones cuyo principal objetivo es la segregación, la diferencia, y por tanto, el odio, la sensación de aislamiento, el complejo y el rencor. Una sociedad en la que su gobierno se obceca cada día en ahondar en lo que divide y separa no puede ser una sociedad sana, un pueblo libre de taras. Desgraciadamente ese es el gran legado que el catalanismo dejará a los catalanes, y no aeropuertos, alta velocidad o buenas carreteras, hospitales y escuelas.

Saludos y Libertad!!

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Muerte al minipiso

Publicado por Liberand en Abril 8, 2009

 

Finiquito a las soluciones habitacionales. Que atiendan todos los hacinados en viviendas de menos de 40 metros cuadrados: su construcción estaría prohibida actualmente en Cataluña. La Generalitat aprobó ayer un decreto que regula la habitabilidad de las viviendas en el que además de fijar este mínimo de superficie, obliga a que los pisos de nueva construcción sean aptos para su ocupación por dos personas y estén adaptados a discapacitados físicos.

Desconozco qué razón ha llevado a los chicos de Montilla a denostar por ley los pisos de menos de 40 metros, debe ser que consideran indigno vivir entre 30 metros cuadrados y que no hay que consentir que los malvados y fieros constructores, que por supuesto son codiciosos capitalistas neoliberales, nos obliguen a habitar en semejantes cubículos.

Absurda intervención de la Genelaritat, que no puede o no quiere entender que el mercado se regula por sí solo y se adapta a las necesidades y querencias de la gente. Ven indigno que una persona habite en un minipiso, no dándose cuenta que puede haber gente que algún momento de su vida pueda demandar este tipo de pisos, porque quiere o porque no puede permitirse otra cosa. Con esta imposición (hecha con la más buena intención posible, por supuesto), impiden o dificultan el acceso a la vivienda a estas personas. Por suerte, el mercado es mucho más inteligente que estos grandes genios que intentan controlarlo, y esta demanda de espacios pequeños y económicos podrá ser satisfecha de otras formas como por ejemplo el alquiler de habitaciones, aunque visto el ánimo interventor de algunos, me veo que la superficie de estas o incluso la anchura de la cama también puede llegar a ser regulada.

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Paletada intervencionista

Publicado por Liberand en Marzo 5, 2009

El cine, en realidad, el doblaje de las películas extranjeras, es uno de los puntos que han resistido al ataque de la llamada normalización lingüística catalana.

 

A pesar de los intentos del Govern, solo un 3% de las películas se doblan al catalán. El conseller de cultura responde, “el mercado en catalán no ha funcionado” y eso se debe a “unas hegemonías que han mantenido la situación que había cuando terminó el franquismo”, “déficit democrático” o “anomalía del sistema cultural” lo llama.

 

 

Objetivo: obligar a que la mitad de las películas que se exhiban en Cataluña estén dobladas o subtituladas al catalán.

 

Soy defensor del cine en versión original, cada vez más, me parece que con el doblaje se pierde muchísima de la esencia de la película, pero es solo un gusto mío que al vivir en Madrid puede ser satisfecho fácilmente. Pero lo cierto es que en España hay una demanda fuerte de consumir cine doblado al español, es evidente que la intervención franquista tiene mucho, sino todo, que ver en esto, pienso que es mucho más fácil aplicar censura doblando una película. Es a esto a lo que se refiere el conseller cuando habla de hegemonías y anomalías. Si en España se subvencionasen o se concediesen ayudas para el doblaje de películas actualmente, vería normal que el conseller clamase contra ello o pidiese una cuota para el catalán, pero como no es el caso, no comparto en absoluto esta intervención.

 

Si en Cataluña hubiera una clara demanda de ver cine doblado al catalán, seguramente se desarrollaría una industria para ello. Pero el hecho de que a la Generalitat le escueza que los catalanes demanden principalmente cine en español, como el resto de los españoles, no justifica esta inútil (como son todas) intervención que por un lado va a despilfarrar dinero de los ciudadanos y segundo va a topar con los intereses tanto de los ciudadanos como de los que se dedican al cine ya sean productoras, distribuidoras o las propias salas.

 

PD: y además me parece superpaleto.

 

Retroferran ya ha escrito sobre el tema.

 

 

 

 

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Adiós Spanair, hola Catalunya Airlines

Publicado por Liberand en Diciembre 23, 2008

Una de las bazas con las que juegan nuestros expoliadores, ya sean nacionales, regionales o locales, es que los pobres expoliados apenas percibimos este robo continuo y sangrante, por lo que pueden hacer los que les plazca con él sin que nadie diga ni mú, quemarlo, tirarlo al váter o, en este caso, invertirlo en la compra de una compañía aérea en pérdidas y al borde de la quiebra.

 

La semana pasada saltó la noticia, de la que ya se venía hablando meses antes. Scandinavian Airlines (SAS), propietaria de Spanair, llega a un principio de acuerdo para vender una participación mayoritaria de ésta a dos grupos empresariales catalanes dependientes de la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona. Nadie pondrá duda, y más aún cuando no ha sido declarado inconstitucional el Estatuto que afirma que Cataluña es una nación, que estamos ante toda una, valga la redundancia, nacionalización.

 

Motivos tendrán, me da igual cuales sean, llevan años los gobiernos catalanes pretendiendo poseer una compañía aérea propia, y esta ha sido la oportunidad perfecta. El problema es que están jugando con un dinero que no les pertenece, donde les va a dar igual perder o ganar, sin contar con los problemas y distorsiones que puede producir y producirá su clara intervención en un sector ya de por sí intervenido. ¿Por qué tienen que pagar los catalanes las partidas de póquer de sus políticos?

 

El editorial de El País de ayer exclamaba sus dudas y temores acerca de la compra, pero no se opone, ni mucho menos, a la “nacionalización”, y nos recuerda como el año pasado la Comunidad de Madrid forzó a Caja Madrid a comprar importante porcentaje de Iberia sin que nadie (según El País) expresase sus quejas.

 

En esto último le doy toda la razón, por eso me da exactamente igual si detrás de esta posible compra hay ensoñaciones nacionalistas catalanas que no duermen pensando en la futura Cat Airlines o simplemente sea fruto el afán interventor de toda Administración Pública, ya sea catalana o madrileña, aunque la primera viva en una nube de intervención perpetua.

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Muerte al Borbón?

Publicado por yosoyhayek en Diciembre 9, 2008

El nacionalismo catalán ha tenido tiempo y ganas de edificar sobre pies de barro mitos e idílicos pasajes sobre su historia. Identificar en los borbones el fin de sus fueros no es extraño, pero sí resulta exagerado atribuirles la desgracia de Cataluña. Todo lo contrario, sin la homogeneización del solar hispano no serían sus gentes lo que llegaron a ser y parecen empeñados en abandonar a fuerza de proteccionismo suicida.

No seré yo quien discuta la legítima reivindicación foralista, medievalista, o como se quiera, de los territorios y regiones que en su día perdieron sus instituciones a costa del engrandecimiento del Estado español. Soy antiestatista y puedo entender que liberales de veras, de esos que saben de lo que hablan, conserven en sus corazones el anhelo pactista y la resistencia contra la extensión del poder real. Los Borbones importaron el modelo francés, el patrón del estatismo, lejos de teorías anteriores, perfecta maquinaria artificial y despersonalizada de dominación. En España, con sus más y sus menos, Monarquía y fueros, habían sobrevivido, no sin renuncias y excesos, manteniendo rasgos propios de la edad premoderna. En realidad esto no fue tan así, y ni siquiera en los reinos previos a la reunificación los fueros resultaron infalibles frente al ataque pragmático del rey. Es más, no cabe equiparar, en absoluto, la entidad de aquellas monarquías, ni siquiera la de los austrias,  con el tipo estatal propiamente dicho. Este llegó algunos años después de los decretos de nueva planta, con ese rey tan conmemorado y querido llamado Carlos III. Los fracasos posteriores son por todos conocidos y el siglo XIX puede considerarse como prueba y error del estatismo hispano, trasnochado, sui generis e inconsistente.

De eso bebe el nacionalismo, primero del particularismo medievalista, también de la pérdida del imperio, rematada en el 98. España perdió sentido por centralista y desprovista de su misión transcendente. Pero sorprende que los nacionalistas, una excrecencia purulenta del regionalismo (como bien dice D. Negro) recuerden al Borbón, más si cabe pidiendo su cabeza, cuando ellos, lejos del reclamo de fueros y libertades, quieren para sí mucho más de lo que aquel trajo consigo en su viaje desde la terrible Francia.

El nacionalismo es purulento y totalitario no por aspirar a la independencia política del poder de un Estado como el español, sino por querer dicha autodeterminación para constituir un Estado propio. No lucha por conseguir restaurar instituciones traicionadas por Borbones y afrancesados jacobinos, sino por instaurar su particular e invasivo Estado todo poderoso. La alternativa al mal no puede ser mucho más mal. Quien piense que un catalán y un madrileño podrán ser más libres tras la desunión del Estado español, no vive en este mundo ni tiene la perspectiva suficiente. El nacionalismo es estatista porque sabe que sin semejante maquinaria de distorsión y agresión institucional no sería posible segregar una parte de un conjunto o sentar las bases para un desentendimiento de facto. En esto están las autonomías, promocionando la diferencia, o inventándosela directamente. Quien no entienda que son la antesala de la ruptura vuelve a incurrir en estulticia supina.

La descentralización no es mala sino consecuente. El municipalismo o regionalismo, pueden ser buenos contrapesos de poder frente a la égida del Estado. Pero dada la situación y el diseño encarado, en España, siguiendo el patrón secesionista, la maquinaria del Estado ha quedado dividida y a merced del totalitarismo de la diferencia, del terruño, la tribu y el miedo y el rechazo hacia el vecino.

Los antiestatistas apoyamos a todo aquel que luche contra el Estado sin dañar con su propósito la libertad y la convivencia logradas. No merece la pena sacrificar libertad o concordia a cambio de no se sabe qué. Esa es la oferta antiespañolista, descaradamente guerracivilista, irresponsable y suicida.

Muera el Borbón de Madrid, viva el de Barcelona, aunque sea de Córdoba! Con semejante proclama, que no esperen respeto ni aquiescencia ninguna.

Saludos y Libertad!

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Expoliadores expoliados

Publicado por Liberand en Septiembre 13, 2008

¿Y ustedes se permiten el lujo de denunciar el expolio? ¿Y los de más allá hablando de saqueo?

 

Si ustedes gozasen de independencia fiscal ¿no expoliarían a los más de 6 millones de catalanes?, ¿o es que acaso se iban a convertir en la Liechtenstein ibérica? ¿Con qué financiarían, por decir algo, la normalización lingüística?

 

Los de más allá, tienen ese privilegio, dicen que histórico, pero no lo aprovechan para liberar a sus ciudadanos, sino para saquearles con sus propias manos.

 

Y aviso a los catalanes, estos no luchan por vuestros intereses, luchan por Cataluña, el Estado. Qué queréis, si son fascistas.

 

Pobres expoliadores expoliados.

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Pobre Cataluña

Publicado por yosoyhayek en Septiembre 11, 2008

Lo tiene todo para ser escenario de las historias más rocambolescas.

El complejo de la “centralidad”, la conciencia de que sólo desde Madrid pueden ser más de lo que serían sin ella, la apuesta por un capitalismo de despacho, ministerio y dirección general, el complejo de inferioridad y el parejo de superioridad, las ganas de ser como si fueran del otro lado del Pirineo, el recelo hacia el sur y el apego tramontano, el europeísmo, queriendo ser cabeza sin mancharse las manos…

Hablo de su clase política, claro. Sostenida por una opinión pública militante o pasiva, lo mismo me da. Se puede delinquir por acción u omisión.

Hablan de dinero porque no han sabido nunca hacer otra cosa que manejar el Estado (español) para provecho propio. Son intervencionistas y lo han sido siempre. Sin reasignación y expolio no sabemos que habría sido de ellos. Con los borbones, en el XIX, con Alfonso XIII, Primo, la República y Franco (antes nada eran, y lo saben).

El discurso se agota cuando uno recibe lo que al parecer podía conformarle. Si no se pide la luna o se pegan cuatro tiros, todo tiene límite. Estirar y estirar, barrer para casa. No es mala técnica cuando ante ellos se abren las puertas de un Estado español más redistributivo de la cuenta.

Los dineros importan, las competencias también. Ellos rompieron la baraja contra el que ganó. Perdida la excepcionalidad se deben conformar con el régimen común y la fuerza en el Congreso. De ella maman privilegios, guiños y millones. España para lo bueno, pero nunca para lo malo. Ya se sabe que las pesetas catalanas no deben ir a parar en la creación de administraciones lejanas, sino oportunidades de ganancia para los empresarios patrios.

El Estado español, franquista donde los haya, apuesta por el centro cargado, los vascos mandando y los catalanes succionando. Todo se tuerce cuando eso de la empresarialidad y la perspicacia brotan aquí y allá. Europa paga a fondo perdido, también fuera de Cataluña y las Vascongadas.

Y lloran los catalanes (sus políticos), corruptos y corruptores, endeudados por la inmersión (el fascismo cuesta, vaya si cuesta), incapaces de afrontar reformas, abrir zanjas y cerrarlas, hacer metros e inaugurarlos. Pobrecitos, sin dinero, que va todo a parar a Extremadura, Galicia y Andalucía. Redistribuyen menos que Madrid pero no logran brillar más que ella. Solicitan un trato deferente, una relación bilateral, y aun así, arrastran su cuerpo herido, mutilado por los Ciu, los PSCs y los ERCs. Estado Catalán inútil, corrompido, ineficaz. Quiere cárceles, policía, tráfico y ahora blindar fronteras a la salida de impuestos. Todos para ellos, que ellos si saben gastarlos.

Cataluña se desvanece, el sueño se pierde entre hordas de iracundos enfermos de catalanismo y estatolatría. Su pesada y cutre intervención deja viejas las aceras, las fachadas, los transportes, colegios, hospitales, carreteras, y lo que es peor, hace fascistas sus leyes y aspiraciones “nacionales”. Si en las provincias vascas el crimen, el miedo, la aquiescencia y la chulería han eclosionado en forma de indignidad social generalizada, los catalanes padecen otros males, pero igual de corrosivos. Lo suyo es la vanguardia, el quiero y no puedo, el complejo, el recelo, el miedo. Sociedades enfermas, Estados insostenibles. La Diada importa a algunos; por desgracia son aquellos los que gobiernan y los otros los que gobernar les dejan.

Y Rosa Diez queriendo revivir o refundar el nacionalismo español. Para ella la majadería, prefiero seguir siendo madrileño.

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CATALUÑA SERÁ NACIÓN, O CASI.

Publicado por yosoyhayek en Mayo 2, 2008

En los tiempos que corren las masas asisten impasibles a los desmanes de quienes las gobiernan. Una fofa clase política comenzó a gestarse en 1978. Autonomías, pequeños-grandes Estados intervencionistas. Todos estatistas, las funciones se multiplican y dan de comer, alas de gloria y caciquismo a más y más obsesos. Eso es el Estado de las autonomías, café para todos, mucho más pastel que repartir.

Suena el runrún de la sentencia del consejo constitucional (Lo de tribunal le queda grande y ajeno). Parece que la mayoría progresistas, vaya con la imparcialidad del órgano, apoya con ligeros matices el texto “corregido” por las cortes generales de España. El Parlamento de Cataluña,  gran intérprete del texto constitucional, dice, opina, afirma que Cataluña es una Nación. Esto dice el Preámbulo del dichoso estatuto de intervención y dislocación.

No tengo nada en contra de que Cataluña se convierta en Nación. Las naciones son evolutivas, dinámicas, un proceso que muta y cambia sin freno. No entraremos aquí en definir concepto tan abierto, lo que aquí nos interesa es la Nación Política. Cataluña fue región, ahora es autonomía. Fronteras definidas, estatismo desbocado. Los Estados absorben y redibujan el proceso de gestación y evolución de las naciones y los pueblos. Es evidente que Cataluña, desde arriba, pretende ser Nación política. Se basan sus promotores en lengua y tradiciones, en gestos y muecas populares, en lo que diferencia a un leridano de un conquense al tiempo que lo iguala a un gerundense. Buscar o reinventar lazos, diseñar un marco costumbrista y lingüístico con el practicar ingeniería social saciando sus carencias, miserias y complejos.

Lo que aquí condenamos no es que Cataluña, o lo que sea, sea o no sea una nación, convenga que llegue a serlo, lo sea con tanta fuerza como para hacer imposible su convivencia pacífica con el resto de territorios peninsulares. Aquí condenamos el estatismo, el socialismo de todos los partidos. El nacionalismo catalán pretende, y lo ha conseguido en gran medida, montarse su chiringuito, seguir mamando del saco de todos, logrando soberanía en prácticamente todos los resortes del Estado interventor.

Los liberales podemos hablar sobre esto y aquello, se puede discutir en términos históricos si España es una nación, si nación es o no un concepto discutido y discutible, como afirmó ZP, pero lo que realmente nos une, a liberales de todas las latitudes, de España, de Francia, de Albacete o de Tarragona, es el antiestatismo. Así debería ser, porque si no fuera así, poco de liberales tendríamos. La cuestión no es cómo articular el Estado, cómo intervenir o redefinir la nación. La cuestión es que la libertad individual, con total independencia, sea el punto de partida, la base fundamental de cualquier orden político, se articule sobre territorios con cultura homogénea y comprobables lazos emocionales, o sobre espacios de común y libre interacción. Londres, París, también Madrid, las grandes ciudades, Nueva York, son el ejemplo de lo malo y de lo bueno. En cuanto lugares de libertad e interacción, conviven formas, orígenes y culturas, todos persiguen sus objetivos individuales y del proceso social generado nace la prosperidad común. Pero también acechan los males liberticidas: el estatismo y el colectivismo. Si el Estado pretende tratar como colectivo al que llega de fuera o es distinto a la mayoría local, es evidente que nada bueno. Hay colectivismos muy fuertes, cerrazón y atraso cultural, pero el mero hecho de moverse, trasladar tu vida desde el país de origen, puede suponer una actitud adecuada para la integración. No todo el mundo se comporta igual, no todo el mundo se abre al mundo que le rodea, el miedo es libre, también la estupidez. Pero sin estatismo, el proceso es libre y la tendencia indudable.

Cataluña será nación en la medida que España pierda ventaja en cuanto a la libertad y la convivencia que sea capaz de generar. Pero esto no depende para bien de los Estados respectivos. Cataluña ha nacido como totalitarismo estatista y colectivista, veremos cómo qué sale de todo eso. España existe, lo lleva haciendo desde hace siglos, es un espacio común, no siempre tan libre como desde hace 300 años, pero en su contexto histórico, un marco de convivencia definido. El Estado español no ha hecho nada bueno porque España continuara siendo un proceso social de libertad. El Estado de las Autonomías ha conseguido volver a los peores momentos de mercantilismo, del post-medievalismo, pero con toques contemporáneos que hacen la situación mucho más peligrosa.

Saludos y Libertad!

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BALANZAS FISCALES, UNA PROPUESTA INTERESANTE

Publicado por yosoyhayek en Abril 9, 2008

Quiero hacerles una propuesta a Zapatero, el confederal, y a sus compañeros de viaje, los nacionalistas secesionistas periféricos (cuántas cosas en una misma persona, verdad?).

Esta mañana Durán y Lleida se ha cabreado un poquito en Onda Cero ante el acoso de Carlos Herrera y Rodríguez Braun. Han sido tibios, no sé por qué tanta excitación. Durán, en su lógica particularista, reconoce la existencia de naciones, efectivamente, y que dentro de ellas no cabe hacer balanza de un parte sobre el resto. Y en eso estaban de acuerdo todos los contertulios, pero claro, hay un matiz. Durán considera que el ente nacional de referencia es Cataluña, y no España. Es decir, España no es Nación, es “otra cosa”, discutida y discutible, como diría aquel, y por tanto si procede publicar, con los fines que sea, las balanzas fiscales de los entes legítimos, nacionales, por ejemplo, la Gran Cataluña.

Muy agudo alguno de los contertulios ha advertido la contradicción general, obviando lo dicho más arriba. Puestos a publicar balanzas contables, por qué no publicar la de la Moraleja, o la de Pedralbes, o la de Algorta, por poner un ejemplo. Es posible que sus habitantes, ricos todos o casi todos, se sientan profundamente agraviados comprobando el desfase entre lo que pagan, en conjunto, como ramillete cohesionado de archimillonarios, y lo que reciben de las Administraciones públicas (CA, Municipio y Estado)… motivos tendrían para quejarse.

Pero ese argumento no vale para Durán, el defiende algo que los demás olvidan o no entienden. Para el nacionalista todo lo que el españolista, o español tranquilo, imputa a la Nación Española y su Estado, lo quiere para su nación pretendida y su Estado en ciernes. Caemos por tanto en una conversación sin resolución ni acuerdo posible.

Desde una óptica liberal, los que si somos liberales, claro está, debemos brindar una solución coherente y limpia de taras colectivistas, es más, posiblemente combinando esta solución con la deformidad intelectual de unos y de otros concluyamos una alternativa a las balanzas fiscales que nos deje a todos boquiabiertos, cuando no aterrados.

Los liberales no creemos que el Estado, en sí, y no quiero entrar a discutir ahora lo que es no es el Estado, eso lo aclararemos en otro lugar, es un ente criminal per se, es decir, no debería existir en una sociedad libre de cargas colectivistas donde primara sobre cualquier otra cosa la libertad individual y la coordinación que posibilita el mercado. Todos pagamos impuestos, y por el carácter progresivo de los mismos, en pos de la redistribución de la riqueza promovida por el Estado Social, unos más que otros. Pagan más los que más ganan pero también los que más consumen, y si ahorras y dejas herencia, pues también pagas (En Madrid, y otras CCAA del PP han eliminado esta carga, algo es algo), y si acumulas patrimonio, pues también, vamos, que nos dan por todos lados. De ahí, de esa caja común y universal, eso dice la ley general presupuestaria, se atienden los gastos del Estado. Idéntico carácter distributivo tiene la Seguridad Social.

Los liberales nos oponemos a la progresividad, a los impuestos confiscatorios que padecemos (más del 10% ya suena a robo, y pagamos el 45%, ejem), y consecuentemente, estos y aquellos, los estatistas españolistas o los estatistas catalanistas, nada quieren saber de nosotros.

Ahí va mi conclusión, llevando al extremo su postura, y reduciéndola al absurdo. Si se publican esas balanzas y no se corrigen extendiendo a todos el modelo vasco-navarro, suponiendo el fin del Estado español, algo habrá que hacer para que los pagadores se sientan gratificados ante los perceptores, no creéis? Por qué no, señores nacionalistas, nos ponen a todos un punto de color en nuestras frentes, como la marca india, cada uno en función de que pertenezca a una comunidad “solidaria” o deficitaria, perceptora. Así, cuando vayamos de viaje, de territorio rico a territorio pobre, estos mirarán a sus generosos donantes con ojos vidriosos, besando por donde pasen. Los catalanes de vacaciones en Cádiz recibirán aplausos, cortesía, se les ofrecerán viandas, regalos típicos, los limpiabotas se lanzarán decididos a prestar su servicio de forma gratuita. Al ver la señal en la frente todo quedará claro, pagadores por un lado, pobrecitos por el otro. Y claro, si hay que ir a un hospital, pase por delante el catalán, porque si no fuera por él, “hay Dios mío, que sería de nosotros”, y si la policía tiene que atender un crimen, preferencia al madrileño, al catalán, que son los que pagan, los del punto verde.

  

Pero claro, eso de extender sobre todos los catalanes lo que sólo unos merecen escocería a andaluces con idéntica renta que aquellos, es decir, no por ser catalán es uno pagador per se. Por qué no hacer balanzas a nivel individual? Así los que paguen más de un porcentaje de renta, con su punto verde en la frente, estén donde estén, recibirán vítores y gracias de los que porten punto rojo, pobretones. El vecino de pedrales se paseará por el Raval sintiéndose benefactor y recibiendo el cariño de sus vecinos. O mejor, dentro de un mismo barrio, viendo el puntito, se podrá distinguir al que paga y al que recibe, al que tiene balanza positiva y al que la tiene negativa. Una sociedad de clases, claro, de castas, pacífica y ordenada, como tiene que ser. Y si vas por la carretera, hazle hueco al del coche bueno, que el pagará más, y si estás en la cola de Hacienda, sitio vip para los ricos, que en el fondo, cada uno paga como cinco de los pobretones que esperan horas y horas en las colas de receptores. Y así en los colegios, en las universidades, en los hospitales, en el 112, y en las calles y aceras, qué es eso que el que es pagador neto tenga que apartarse porque un estigmatizado con el punto rojo, de deficitario, pretenda ir por donde le plazca, nada de eso…

Bueno, espero que si los nazis, perdón, nacionalistas demócratas y estupendos periféricos, toman esta sugerencia como buena, tengan a bien reconocerme el mérito de haber aportado semejante solución…

 

Es evidente que mi intención es denunciar lo ruin, absurdo y liberticida de la pretensión nacionalista de segregar y dividir. Lo que debe impulsarnos a todos es la Libertad, menos Estado, más individuo, y no el camino inverso, apostando por la parcelación estatista de lo que ya está unido… Quien crea que esto no conlleva violencia, está muy equivocado.

Saludos y Libertad!

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LO MÍO ES MÍO Y LO TUYO TAMBIÉN

Publicado por Liberand en Abril 2, 2008

No, no voy a hacer alusión al famoso chiste del comunista, voy a hablar del egoísmo y el egocentrismo del que hacen gala los nacionalistas de todos los partidos.

La batalla del agua nos ha dejado otro cómico episodio. Resulta que Barcelona y su área metropolitana está viviendo una fuerte escasez de agua. Como en este país no se ha realizado un plan de abastecimiento de agua desde que se derogó el famoso trasvase del Ebro sin proponer ninguna alternativa viable, pues pasa lo que tenía que pasar, que queremos abrir el paraguas cuando lleva una hora lloviendo. Pues bien, no se le ha ocurrido una idea mejor al ejecutivo de Montilla que proponer un trasvase desde el río Segre al Llobregat, perdón, he dicho trasvase!! no me acordaba de que ese es otro de los vocablos malditos, se dice “captación temporal, de emergencia y esporádica” (sic). Esos mismos que ahora tienen sed, son los que hace cuatro años decían que de Cataluña no saldría una sola gota de agua del Ebro, desencadenando una batalla por ver quien era la autoridad pública que puede hacer y deshacer lo que quiera con el agua de nuestros ríos. Vamos, que los que negaban el agua a las regiones que están por debajo de ellas, geográficamente hablando, porque ese agua era suya, ahora quieren traer el preciado líquido de un río que comparten con otra comunidad. 

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Lógicamente el ministerio de Narbona y el gobierno de Aragón (que tiene blindado el Ebro en su nuevo estatuto) han dicho que nanai a sus compis de partido. Mientras, Cataluña, Valencia, Murcia… siguen pasando sed, las desaladoras (única propuesta durante la pasada legislatura y que no se está llevando a cabo como se prometió) además de caras para el rendimiento que dan, es que son más contaminantes, a pesar de que los ecogiliflautas digan lo contrario. La ciudad de Madrid se abastece de agua gracias a las obras impulsadas a mediados del XIX y que trasvasaban el agua del Lozoya a la capital, si en esa época se hubieran abierto estos mismos debates, no estaríamos hoy aquí. A los socialistas les hace mucha gracia esto del ecofascismo, les parece “cool”, “trendy”, pero no se dan cuenta de que sin este tipo de obras seguiríamos recogiendo agua de los pozos, a lo mejor es que ese es el tipo de vida que nos quieren imponer, gente feliz que se cultiva sus tomates, que se fabrica su propio pan, como en las pelis de Disney, vaya! 

Fonseca ha escrito sobre privatizar el agua, no me parece mala idea, peores gestores que los que la manejan ahora, imposible. ¿Qué os parece?

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