LA LIBERTAD Y LA LEY

La Coherencia sólo es posible si se aceptan principios bien definidos, F.A.Hayek.

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2011

Publicado por yosoyhayek en Noviembre 17, 2009

Mientras que en el resto de Europa y los EEUU la crisis parece haber tocado fondo (no seamos tan optimistas en cuanto a la recuperación en sí), España mantiene los peores augurios para su economía. Ya hemos dicho que si fuera cierto que en los EEUU hubieran dejado atrás lo peor de la recesión, no habría sido gracias a los parcialmente ejecutados Planes de Obama, sino consecuencia exclusiva de la gran flexibilidad y dinamismo de economía.

En Europa, a pesar del lastre que representa el Estado Social, la fuerza de los sindicatos, y el espíritu anticapitalista reinante en todos los partidos (salvo contadas excepciones) que, desde izquierda o derecha, la gobiernan, resulta que la dichosa Globalización, la presencia de nuevos y potentes mercados, y el crecimiento que en las últimas décadas han experimentado las economías emergentes, podrían haber servido de amortiguador y salvaguardia de su prosperidad (la europea) y resistencia frente a la crisis. No sabemos qué nos deparará el futuro, pero sí que la expansión de mercados e intercambios libres ha transformado profundamente nuestro mundo, dejando inoperativas las estimaciones empíricas que, tomando como referencia crisis del pasado, tratan de plantear escenarios y políticas para el presente.

España dobla la tasa de paro media de los países desarrollados, y casi triplica la calculada para las 10 potencias industriales. No se trata de una particularidad achacable a nuestro modelo productivo, como tanto economista, sindicalista y político se esmera en afirmar. Es cierto que el parón en la construcción genera un súbito incremento del paro, pero lo anormal es que los trabajadores que abandonan dicho sector, no tengan ninguna oportunidad para reubicarse en otros ámbitos laborales. Tenemos un grave problema de intervención en el mercado de trabajo, principalmente, que impide la recolocación. Además, el Estado, como máximo inversor y consumidor de la economía, limita la actividad, impide el ajuste, siendo en tiempos de crisis un obstáculo insuperable siempre que no acepte su necesaria constricción.

Siendo posibilistas, sin caer en el radicalismo, dos son las políticas que un Estado puede enfrentar ante una crisis como la que padecemos: la menos mala, o la peor.

-La menos mala: no reducir el gasto, tampoco aumentarlo, simplemente reorientarlo. Elegir sectores a los que ayudar puede generar una falsa apariencia de salvación, cuando en realidad la reasignación de recursos libera a unos del ajuste, momentáneamente, mientras que impide en otro lado un eventual empuje que ayudaría a coordinar, reajustar e iniciar de nuevo la senda de crecimiento. Dicho esto, seamos prácticos, a los políticos se les pide que “hagan algo”, y la pugna entre facciones impide su rectitud. Invertir, desde el Estado, en sectores que no fueron sobredimensionados en la fase expansiva, y que además son, previsiblemente, sectores con proyección a medio o largo plazo, no es la peor de las opciones. Lo importante es que el gasto no crezca, sea reducido en su versión corriente, no se dirija a los sectores sobredimensionados, y limite los dispendios meramente de consumo, centrándose en la inversión.

Dentro de esta opción “menos mala” debe incluirse una minoración impositiva, reconsiderando la presión fiscal por clases de tributos y materias, potenciando el ahorro y la inversión, liberando así recursos hasta entonces en manos del Estado. Bajar los impuestos y no reducir el gasto genera déficit y endeudamiento. Un periodo de déficit controlado, pero relativamente alto, acudiendo al mercado de capitales tratando de uno comprometer la inversión privada, es un mal asumible, siempre y cuando se hagan los deberes en otro ámbito fundamental: la liberalización de mercados, incluido el de trabajo, o el de aquellos sectores donde tenderá a concentrarse la inversión, pero también de aquellos que experimentaron una inflación desmedida durante la fase expansiva.

-En contraposición, parece obvio en qué consiste la peor de las políticas económicas con la que un Estado puede tratar de salir de una crisis: incrementar al gasto, concentrándolo en prestaciones sociales, incremento de los subsidios y el consumo público, dirigido a aquellos sectores sobredimensionados en la fase de euforia. Al caer los ingresos fiscales, inmediatamente se entra en déficit, creciendo la deuda de forma exponencial. Si a continuación se opta por subir los impuestos, el círculo vicioso se cierra y la economía nacional entra en una espiral recesiva imparable. Si a esto añadimos la negativa a reconsiderar la intervención pública sobre los sectores clave de la recuperación, como son el mercado de trabajo, el de energía, comunicaciones, financiero, pero también turístico o inmobiliario, el colapso adquiere tales dimensiones que la salida de la crisis se aleja, se aleja, se aleja… se fue.

En realidad no ha sido mi intención retratar la política de Zapatero como la peor que puede emprender un gobierno, pero es que sus características son tan evidentes que la subsunción adquiere una facilidad pasmosa. España está en la ruina, principalmente, por cómo se están haciendo las cosas. Mantener contentos a los desempleados es compatible con adoptar políticas activas de empleo, que no son en absoluto las mismas que demandan los mafiosos sindicalistas, sino el abaratamiento del despido y la reducción de impuestos y cotizaciones sociales. Bajar los impuestos es compatible con mantener el gasto, siempre y cuando éste sea ajustado en el lado corriente y bien orientado en inversiones sostenibles y con futuro. La deuda es un recurso legítimo siempre que exista un horizonte-límite, caiga la presión fiscal y se liberen los mercados. Sin todo ello, la deuda debe entenderse como un cáncer que compromete a corto, medio y largo plazo, la viabilidad económica de una nación.

Zapatero es un peligro. Necesitamos políticos audaces, pragmáticos, pero atrevidos. No pido que esta crisis sirva para dejar en cueros al Estado, sí para que se reconsidere su relación con el Mercado. La gente necesita ver que se hacen cosas: eses es el arte de la política, dar al pueblo lo que pide sin dejarse llevar por esas mismas exigencias populares, es decir, vender humo y hacer las cosas bien.

Saludos y Libertad!

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El ocaso de la partición Zapatero-Rajoy

Publicado por yosoyhayek en Octubre 28, 2009

Un Zapatero-Aznar que duró poco, casi anecdótico, de trámite. Apenas 6 son los años que derechas e izquierdas han mantenido entre trifulcas y apegos en torno a dos personajes antagónicos: presidente del gobierno y jefe de la oposición.

Una figura representativa debe su capacidad de mando a varios factores:

1. Prestigio propio o del mecanismo, órgano o personalidad que sirviera a modo de fuente de su poder; 2. Autoridad personal, demostrada, o demostrable, unida a un creciente carisma y reverenciada capacidad de liderazgo; 3. Hallarse en la posición de mando sin que existan contrapoderes capaces de oponerse a sus pragmáticas internas.

Zapatero ha llegado a cumplir los tres factores, si bien sus comienzos fueron algo caricaturescos. Le falto legitimidad de origen, prestigio de un partido en cónclave, derrotado por segunda vez, con líos internos y un congreso que más que elegir secretario general puso todo su peso en no dejar que Bono alcanzara dicha distinción. Logró el Poder interno del partido, pero no la soberanía, existiendo contrapoderes suficientes como para acongojarle y mantenerle agazapado. Pero entonces, de improviso, ganó las elecciones generales. Logró entonces el mando interno que todo Presidente del Gobierno consigue para sí: dispensó cargos, distribuyó complicidades y dominó, en poco tiempo, su propio partido.

Zapatero gozó del beneplácito popular, de cierto carisma y autoridad, más por la campaña de descrédito abierta contra su antecesor, que por notables méritos propios. Durante años fue capaz de combinar a la perfección medidas radicales, posturas revanchistas, con cierto inmovilismo en temas de bolsillo y pelotazo.

Rajoy llegó por designación de Aznar. El prestigio de éste se transfirió a su decisión, aunque duró poco el regalito, ya que la derrota de 2004 puso en jaque la idoneidad del candidato. Se cerró filas, se enalteció a las masas afines, y Rajoy logró mando, liderazgo y cierto control de su partido. 2008 sirvió para demostrar que la calma popular era más un espejismo que una sólida realidad: afloraron los contrapoderes, se resquebrajó la autoridad del líder y, ante la posibilidad de una confrontación interna, el interés de Rajoy halló cobijo y aliados en los personalísimos intereses de quienes se sabían derrotados en ese justo momento. Alianza mezquina que impidió una renovación del PP, el saneamiento de su discurso así como el ansiado afloramiento de un liderazgo independiente y prometedor.

Corren tiempos complicados para ambos líderes. Zapatero ya es el tonto oficial, el radical desenmascarado, el analfabeto funcional que mayores perjuicios genera para los españoles, más si cabe a quienes desde su propio partido aspiran a mantener sus ámbitos de poder o conquistar otros nuevos. Zapatero carece de autoridad, de prestigio. Tan solo le queda el mando dentro de la organización de partido, que en breve, si las cosas siguen así, pasará del dominio a la ficción: por muy tramada y extensa que sea su red de control, los propios socialistas comenzarán a verla como algo extraño, artificial y en declive.

Rajoy sufre una situación parecida. Quienes le apoyaron en su mezquina decisión de quedarse, se tambalean hoy por sus mentiras, excesos y necedad en la gestión de las crisis de imagen. Rajoy ha intentado imponer su mando en dos casos que esclarecen su debilidad: Ricardo Costa y Caja Madrid. En el primero se le ha toreado desde el mando valenciano, que también se deshace entre los dedos de Camps, aunque no precisamente a favor de los intereses de Rajoy. En Madrid Esperanza Aguirre ha proclamado su independencia. Puesto que no se la dejó postularse para el mando central, la Presidenta ha optado por la libre asociación. Caja Madrid y ahora el caso Cobo medirán fuerzas y temperatura interna en el partido. Rajoy no conserva en su haber ni uno solo de los requisitos que más arriba hemos expuesto como indispensables para mantener su mando.

Los procesos de descomposición son paralelos pero muy distintos. Interrelacionados, pudiendo cualquiera de los afectados tener la tentación de apoyarse en la desgracia del otro. Del modo que sea, parecen condenados, salvo efectos inesperados, a ver su liderazgo menguar hasta la desaparición. Estallará entonces la crisis dentro de cada uno de los partidos y España deberá elegir, muy a pesar del enrarecimiento inducido por estos 8 años de gobierno radical y desnortada oposición.

Saludos y Libertad!

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La deuda aplazada a la Seguridad social

Publicado por yosoyhayek en Octubre 21, 2009

Ya son 16.500 millones de euros, y sigue subiendo. ¿Qué pasaría si nos enterásemos de que una gran empresa (gran, gran empresa), dedicada a la distribución (por poner un ejemplo elegido al azar), estuviera en tamaño apuro como para rogar un aplazamiento de su deuda a la Seguridad social?

Está ya sucediendo. Pequeñas, medianas y GRANDES empresas que no pueden más. Lo raro es que esto suceda cuando desde hace algunos meses, desde el gobierno, se nos viene diciendo que ya hemos pasado lo peor de la crisis. ¿Y si una de esas GRANDES empresas llegara a quebrar? Cuántos proveedores, cuantos productores que tengan en ella su principal o única cliente, cuántos trabajadores, directa o indirectamente, acabarían en la calle presas de la descomposición financiera de esa GRAN, GRAN EMPRESA.

Planes de salvamento para la Banca. Sonó razonable en su momento, no faltaron las críticas, ahora sabemos que ni fe justo, ni evitó el problema, ni asegura que 2010 sea mucho peor que los dos años que le preceden. La crisis no ha terminado, tampoco a nivel internacional. El atisbo de cierta recuperación no deja de ser un espejismo sintomático, un negocio para algunos, una baza que el Poder exprime en la campaña de extensión su dominio y regulación.

No hay mercados más intervenidos que el del dinero y las finanzas, y el del suelo y la vivienda. Curiosamente, ambos han sido el epicentro de esta crisis de expansión del crédito, sobreendeudamiento y malas inversiones. Toda la población contagiada y dependiente de un modelo económico planificado, con descaro y entrega, por sus gobiernos. ¿Dónde está el libre mercado? ¿Dónde la codicia y el egoísmo que no sea en las cabezas de quienes nos dirigen?

Una cascada de suspensiones de pagos. A eso nos venimos enfrentando desde hace año y medio. Deflación sostenida, caída del consumo, contracción del crédito y parálisis en la inversión. Resultado, más de uno no llega a fin de mes. Pero, ¿qué sucede cuando la que no llega a fin de mes es una GRAN, GRAN EMPRESA? Que tiene que pedir aplazamientos a la Seguridad Social.

A sus proveedores les paga a 90, 120 o más días… y con tal de cobrar, éstos callan y resisten. A Sus empleados les siguen pagando, no vaya a ser que salte la liebre y cunda el pánico. En la época de exuberancia, se sobredimensionó el negocio. Ahora toca reajustar sin que se note… y eso es imposible. Imaginemos que esa Gran empresa ya no inspira confianza. Hasta el más mediocre de sus clientes advierte la caída en la actividad, las ventas menguantes, casi inexistentes…

El Gobierno salvó a la banca. Evitó que cayeran las Grandes del sector de la construcción. Ayudó a la compra de automóviles, prometió inversiones muy específicas…  Quizá ahora se esté preparando para salvar a una de esas GRANDES de España; pero, cómo hacerlo sin que termine paralizándose y rota en mil pedazos. Cómo hacer evitando que sus restos acaben en una o varias manos, eso sí, sin tanto sometimiento a sus designios como en estos momentos sí demuestra…

2010 promete.

Cascada de suspensiones de pagos

Saludos y Libertad!

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Ineptos y chantajistas

Publicado por yosoyhayek en Octubre 19, 2009

A la economía española le espera un calvario demasiado largo mientras que nos gobiernen Sindicatos y Socialistas. La alternativa siempre será mejor, aunque nunca se sabe, muy a pesar del cariz que ha tomado la oposición popular, capitaneada por Rajoy “el amortizado”.

La rebelión contra una autoridad que no persigue el bien común no es sedición. Tiranos que se pavonean de cumbre en cumbre, de desayuno en desayuno, de despacho en despacho. Méndez, Zapatero, Fernández Toxo… tienen secuestrado a un país de ineptos incapaces de despertar frente a la absurda fauna que nos gobierna.

España es una excepción en muchos aspectos: el que ahora importa, dado que tenemos un 20% de paro, un déficit presupuestario que supera el 10% y un presidente que solicita cariño, augura tiempos mejores a la vuelta de la esquina, y todo sin dejar de sonreír y arquear las cejas, es esa anomalía que representa nuestra regulación laboral. Son muchos los mercados asfixiados, avocados a la corrupción, el clientelismo político y demás excrementos estatistas. Pero es que el mercado laboral, por su especial condición, machaca la ilusión, la moral y la vida entera de millones de españoles. Suerte que existe la economía sumergida, que muchos valientes se atreven a emprender asumiendo el riesgo de la sanción proveniente del Estado.

En España ha habido temporalidad por culpa del Estatuto de los Trabajadores, el Poder de los sindicatos y la cobardía de todos los gobiernos de la Democracia. En España hay paro por las mismas razones, y aquí nadie se moviliza en contra de la gentuza, de esos pedigüeños liberados, de esos camaradas de la subvención y la explotación moral de los trabajadores, de esos mafiosos y chantajistas dotados de refrendo legal… tamaña ofensa a la inteligencia sigue viva y campante por España, dejando que un vulgar y nimio secretario general de la UGT se atreva a dar lecciones de economía explicando las causas de la crisis: por supuesto, por falta de regulación, vaya por Dios!

El tiranicidio light (basta con ponerles de patitas en la calle de sus flamantes despachos y coches oficiales) es hoy más que una posibilidad. Es una obligación promoverlo y apoyarlo.

Saludos y Libertad!

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Deflación que delata

Publicado por yosoyhayek en Octubre 14, 2009

Los precios siguen cayendo. El dato de septiembre, un 1% negativo, está tan falseado como todo lo que provenga de fuentes oficiales. Se manipuló a la baja la inflación de los años del cambio al Euro, y se manipulan al alza los datos de deflación que desde hace al menos 6 meses se vienen experimentando en España.

Frente a un panorama de crisis económica, reajuste súbito, explosión de burbuja y demás, lo normal es que determinados activos vean caer su precio de mercado. Vivienda, suelo, valores bursátiles… y otras muchas cosas. Si encima la sana recesión se topa con barreras excesivas, rigideces en los mercados e inyecciones arbitrarias, cae la demanda y con ella el precio de los bienes de consumo. La contracción crediticia es un hecho. El dinero no circula, no se liquidan deudas ni se firman nuevas. El parón es tal que el dinero comienza a apreciarse frente a otros bienes.

La deflación es sana y necesaria cuando se sale de un periodo de inflacionismo edulcorado. La euforia de antaño exige un súbito desplome. Tratar de evitarlo, más allá de las medidas que garanticen cierta estabilidad general del sistema, se presenta como el primer gran error. Si los activos se deprecian, bienvenido sea el ajuste. El mercado y los agentes emprendedores que advertirán las oportunidades que nos harán retomar la senda de crecimiento, exige que las señales sean certeras, espontáneas y próximas a la realidad de las cosas. En este caso, la deflación es sana siempre que se le deje hacer, sea rápida y no se pongan barreras al propio mercado.

Premiar a los productores de sectores sobredimensionados, evitar el desplome del precio de la vivienda, subvencionar el mercado del automóvil, evitar los despidos que son indispensables y poner trabas a la ágil contratación de esos trabajadores desplazados de un lado a otro. Representan el segundo grave error que puede perpetrarse en contra de la recuperación económica.

La deflación ha empezado a ser un problema, síntoma de que las cosas no van bien, de que las decisiones no han sido oportunas ni adecuadas. La deflación sobrevenida en periodos de crisis, tras décadas de inflacionismo, es una mala señal siempre que supere un breve periodo de saneamiento. En España, con datos maquillados como los de septiembre de 2009, la caída generalizada de los precios se ha convertido en la constatación de que el Gobierno lleva errando el tiro desde que mintió sobre la inminencia de esta crisis.

Estamos ante una incipiente cadena de suspensión de pagos, y no digo por dónde puede comenzar porque, tristemente, empieza a ser evidente (y no hablo de El Corte Inglés… ejem).

Saludos y Libertad!

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Que la Crisis la paguen los ricos

Publicado por yosoyhayek en Octubre 1, 2009

Goirigolzarri se prejubila a los 55. El BBVA tiene preparados más de 50 millones de euros a fin de garantizar la pensión de 3 millones anuales calculada para el ex Consejero delegado, que venía cobrando 4,6 millones de euros sumado fijo y variable.

Los mandamases, esos que no alcanzan las 7 cifras en sus sueldos, se revuelven, a pesar de la información y las oportunidades que su posición les sirve en bandeja de plata (pocas veces envenenada), y han tomado la polémica sobre las retribuciones de directivos de grandes compañías como cortina de humo con la que ocultar su falta de iniciativa y peor diagnóstico sobre la crisis económica que nos azota.

Los progres, los rojos, los taxistas, los radicales, los conservadores, los echaos pa´lante, los fachas… todos ellos coinciden, generalmente, en la ineludible búsqueda de culpables de la crisis. Los gobernantes son hábiles manipuladores. Si la libertad y la mengua del Estado son las causas que incubaron la crisis, los codiciosos empresarios son sus grandes responsables. Lo importante es que nadie mire en otra dirección, que el Estado siga apareciendo como fuente inmaculada de altruismo y justicia social.

Que la crisis la paguen los ricos, y no los trabajadores y las trabajadoras, por supuesto! Desde que Ibarretxe, con su famosos “vascos y vascas” pusiera de moda la evasión del neutro o el genérico, ya nada ha vuelto a ser igual. Aido lo intentó con su “miembros y miembras”, pero no alcanzó la brillantez de aquel, que por arte de magia, y a base de insistir y remarcar la expresión, consiguió que el lenguaje políticamente correcto lo adoptase como indispensable requisito.

Pero claro, por qué no aplicarlo al bando de los malos, por qué no hablar de ricos y de ricas? Ricas hay, y muchas. Empresarias ávidas de éxito, herederas con dos o tres SICAVS en su haber, ex mujeres, deportistas, cantantes, actrices… Ricas, muy muy Ricas. Para eso sí que resulta incómoda la expresión. En un mundo donde la mujer es un objeto débil, una fuente de venganza y resquemor, un valioso fetiche para seguir alimentando el lenguaje silogista y la lucha social anticapitalista, no conviene destacar que muchos de los que se forraron a base de bien durante la época de exuberancia económica, fueron mujeres. Poco importa, dado que en el discurso izquierdista hombres y mujeres triunfadores y autosuficientes quedan relegados al bando de los explotadores, siendo el tipo ideal ese de “trabajadores y trabajadoras”, como referente desde el que juzgar la integridad moral de unos y otros.

El señor Goirigolzarri ha servido a una entidad que obra y gracia del Estado se ha dedicado y seguirá dedicando al noble negocio de la apropiación indebida y la estafa. Gracias a ese esperpento denominado “depósito bancario”, única modalidad donde la ley ampara la doble disponibilidad sobre un mismo bien depositado, los bancos han expandido el crédito ubicándose como primeros beneficiarios de la masiva redistribución de riqueza que solo el Estado, y su política inflacionista, es capaz de sostener en el tiempo y no rectificar aun cuando vengan mal dadas. Yo entendería que la gente se indignase con la dichosa pensión del ex consejero delegado del BBVA si incluyera en su argumento nociones sobre teoría monetaria y una posición sólida acerca de la reserva fraccionaria. Pero ya se sabe que ser de izquierdas es gratis, ser un vocero ignorante, más aun, y ser un arrogante vehemente y prestidigitador, incluso resulta rentable.

Yo no me indigno, en principio, porque una empresa privada, de forma pública, sin ocultárselo a sus propietarios, decida retribuciones o compensaciones como esta. Fernando Alonso cobrará al menos 25 millones de euros por temporada una vez se incorpore a Ferrari. Cristiano Ronaldo gana 12, o eso creo. Ana Rosa Quintana y Matías Prats rondan los 7 millones, o eso dijeron.

Lo que me puede indignar es que con mis impuestos, con esas exacciones cobradas a punta de pistola que religiosamente pago cuando llega el momento, se mantenga al Presidente del Gobierno, su prole, no ya en La Moncloa, sino en sus vacaciones, caprichos, salidas de fin de semana y gustos culinarios. O se financie a ciertos ministros, o se subvencione empresas privadas cuyos mandamases comparten vecindario con el señor  Goirigolzarri. Eso si que me duele y debería provocar la repulsa de todos. No así lo que libremente pactan dos partes interesadas en beneficio mutuo. Porque todo intercambio voluntario revierte en beneficios para quienes participen en él, y nunca, nunca, suma cero a pesar de los sofismas que a diario tratan de nublar nuestra inteligencia.

Ricos y Ricas, no tan ricos y no tan ricas, pobres y pobras (que diría Aido)… todos, sin excepción, pero cada uno a su manera, pagarán esta crisis y las que vengan. Lo curioso es que desde la izquierda se ataque a unos vendiendo que se protege a otros cuando en realidad los resultados de todas sus decisiones contribuyen a hundir aun más en la miseria a quienes peor lo están pasando o menos ganaron en la etapa de expansión. Eso es el Estado, naturalmente injusto e ineficiente. Poco importan los salarios de los directivos siempre que desde el gobierno se mantengan las regulaciones que condujeron a esta crisis. Poco importa que tengamos perfectamente identificados a alguno de los malos, como los bancos y ciertos favorecidos por el inflacionismo, si no somos capaces de identificar la fuente de toda esa maldad.

Saludos y Libertad!

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Krugman, Sala i Martín y el sesgo ideológico

Publicado por yosoyhayek en Julio 12, 2009

El artículo de Paul Krugman que publica hoy El País es la constatación más escandalosa de lo mal que va el mundo y lo falaz y estatista que tiene que ser uno para ganar el Nobel. El pretendido susurrador obamita, quien sueña con seguir los pasos de Keynes en su camino hacia el estrellato al que su oportunista excrecencia teórica le ensalzó, demuestra que sin entender nada sobre el funcionamiento del proceso social y de mercado puede uno ser considerado un referente intelectual en tiempos de crisis. Lo que hace Krugman es muy parecido a lo que otros megalómanos hicieron en su día: aprovechar el momento y producir falacias al gusto del consumidor, en este caso, el Estado expansivo.

Krugman apuesta por las políticas de gasto, el recurso a la deuda pública, a la expansión artificial de la oferta monetaria, al déficit y la intervención. Política de demanda, cortoplacista, y que arreen los que vengan. Obama es el mesías, el ungido, un demócrata que tiene visión, que quiere gastar y dirigir, que sabe hacia dónde ir. Pero, oh pobre de él, el chivo expiatorio merodea a su alrededor. El partido republicano, irresponsable y necio, pone pegas al plan de estímulo, y el consiguiente endeudamiento masivo del gobierno federal. Otro obstáculo se impone en su camino: los Estados y ciudades norteamericanas, como el propio Krugman nos recuerda, sí tienen limitado su recurso al déficit y la deuda. Resultado, reducen sus presupuestos acomodando el gasto a sus menguantes ingresos.

Cuando un personaje como Krugman, pretendido sabio economista, vocero y susurrador, egocéntrico con visos esquizoides, se aferra al poder, le entrega su alma y la de todos, para terminar por convertirlo en único responsable de nuestras vidas, resulta patético y servil siquiera publicarle un artículo en un medio con la difusión de El País. Pero claro, el sesgo ideológico alimenta a la bestia y El País, instalado en los sofismas y falacias típicos, defiende como dogmas de fe esas máximas que Krugman ubica en el límite entre el bien y el mal, entre buenos y malos, amigos y enemigos…

Público entrevista al economista catalán, Sala y Martín, de dudoso gusto estético e indudable ansía por dar la nota y vender humo. Las respuestas son aceptables, algunas incluso buenas, pero el diario progresista, estatista y zapaterista, obtiene de la última pregunta su chocante titular: el abaratamiento del despido no es la solución de la crisis. Ahí queríamos llegar. Poco importa que las respuestas del barcelonista que practica la colorterapia consigo mismo, derriben con mayor o menor acierto el entramado ideológico que sustenta la política expansiva defendida por el inefable Krugman. La controversia, a pesar del estilo rápido, accesible y en ocasiones insuficiente del horterilla que da clases en Columbiaaaa, no suscita el menor interés. Los comentarios dejados por alguno de los lectores de la edición digital de Público lo atestiguan con claridad: ni una neurona en movimiento, ni una duda, nada removiéndose en sus cerebritos, dogmas de fe resistentes llevando a cabo su labor con implacable e irreflexiva contundencia.

Prefiero a Sala que a Krugman, obviamente. No sigo al primero con devoción, es más, quizá se note que personalmente, por esa imagen suya, esas adhesiones incoherentes, y esas ganas de vender humo a toda costa, no me guste en absoluto. El segundo es directamente una bestiecilla, un ser infame entregado al culto más inhumano y despreciable, pero que además rezuma narcisismo y peligroso ánimo megalómano. Quiere ser el Keynes del que hablen en el futuro. El productor de falacias más relevante del siglo XXI, aparente soporte teórico y científico de la recuperación que este por llegar. Los malos quedarán retratados, las falacias reforzadas. Un Gobierno que gasta, actúa y representa un papel: el defensor de su población frente a una crisis provocada por codiciosos multimillonarios y que, a pesar de su virulencia y perpetuidad, se levanta cada mañana tratando de animar la actividad y crear puestos de trabajo. En realidad, lo que se ve, o mejor, lo que se vende a través de la maquinaria de propaganda y distorsión más potente de la historia (aquella que solo puede habitar en las socialdemocracias occidentales de nuestros días), en nada se parece a lo que no se ve: el intervencionismo financiero y monetario provocó la crisis y disolvió la posibilidad de ajuste espontáneo y disciplina institucional eficiente. El intervencionismo, en su obsesión por aparentar acción y dedicación, ahondará en las causas y genera nuevas, provocando obstáculos y alargando el periodo de reajuste y reactivación.

Sala i Martín parece tenerlo claro, aunque sea hábil y oportunista con su respuesta ante la cuestión de la reforma laboral. Coincidimos en que no sería LA solución, pero abaratar el despido sí ayudaría, y mucho, a que se reactivase la inversión, la búsqueda de oportunidades, de innovación y sectores sobre los que aupar la nueva senda de crecimiento económico. El despido libre (clausula libremente pactada entre las partes) o más barato, es una de las fórmulas, acumulativas, sucesivas e indispensables para que los españoles, esos actores a los que parece referirse en su defensa del mercado libre, sean los protagonistas de la recuperación. Krugman, que es un elitista repelente, prefiere confiar en el Estado, ese ser, para tan ardua empresa. Es esa la diferencia la que me hace preferir unas cañas con Sala que con el detestable.

Saludos y Libertad!

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El 2% de Aguirre

Publicado por yosoyhayek en Julio 3, 2009

La caída de precios es necesaria, como lo es la bajada sistemática (aunque no uniforme) de los salarios. Desgraciadamente, y de eso vienen percatándose los economistas desde hace décadas, los salarios monetarios no son tan fáciles de disminuir. El inflacionismo los devora, cumpliendo torpemente con las consecuencias ineludibles de todo ajuste productivo. Es la manera que tienen los Estados sindicalistas no solo de robar sin ser vistos, sino de engañar a sus crédulos adictos. Los trabajadores son tratados como conejillos de indias, marionetas que manipular al antojo del gobernante (en general ignorante de todos los efectos de sus decisiones, pero siempre asesorados por economistas de lo posible, ideólogos del estatismo).

En la situación que vivimos, donde el precio de los activos debe forzosamente caer hasta niveles que hagan posible un nuevo arranque de la actividad económica, todos los obstáculos son trabas que el intervencionismo interpone entre el bienestar de los individuos y los objetivos meramente políticos de los mandatarios. Los economistas pueden dividirse en dos clases definidas: quienes estudian y tratan de comprender los procesos espontáneos de mercado y las fuerzas que los mueven, y aquellos que, manteniendo una actitud soberbia y desligada de la realidad que analizan, creen haber dado con las claves que hacen posible el diseño del orden, la suplantación del proceso, los planos de una máquina perfecta cuyo centro es el Estado y el voluntarismo de sus dirigentes.

Estos últimos alimentan la idea de que podemos salir de la crisis sin que se produzca el ajuste espontáneo e ineludible. Creen que los tipos de interés deben permanecer bajos esperando que fluya el dinero. Confían en que el precio de los activos no se desmorone comprometiendo gravemente la solvencia de toda la economía. No consideran prioritario dotar de flexibilidad y aminorar la intervención en mercados definidos, fundamentales, como es el del trabajo.

Cae el consumo, se precipitan los activos, la actividad se desmorona, crece el desempleo. Se contrae el crédito, disminuye la velocidad del dinero, y a pesar de la aparente y artificial bajada de tipos de interés, la economía se hunde en la deflación, crece el ahorro (disminuye la preferencia temporal de los agentes), esperando mayores beneficios cuanto más alejadas del consumo estén las inversiones que hoy se emprendan. Para que estas fuerzas ineludibles cumplan su función debe el intervencionismo aligerar su pesa y liberar sectores. Que fluyan los trabajadores despedidos de aquellos que fueron sobredimensionados en la fase expansiva hasta los ámbitos donde surjan hoy las oportunidades del mañana. Sin un despido ágil no habrá inmediata contratación.

La ilusión de unas cifras de desempleo moderadas en los dos últimos meses no debe plantear la sensación de recuperación. No convendría tampoco que los agentes, confiados, volvieran a reducir su ahorro e incrementasen su gasto y su deuda a los tipos que hoy procuran atraer incautos. Las falsas señales, la manipulación del gobierno, añaden desasosiego y tendencia al equívoco, a la vuelta a las andadas, pero no en un nuevo escenario de desenfreno y exuberancia, sino hacia un enquistamiento sangrante de la crisis, cayendo por los restos (al menos una década) en la más terrible depresión económica de nuestra historia.

Aguirre se baja el sueldo un 2%. Como lo suyo no es una empresa privada y su conexión con los costes y los precios de mercado de los bienes o servicios que presta es más que discutible, por no decir inexistente, nunca sabrá la Presidenta si ese 2% indiscriminado debió ser más o menos, modulable según cargo o funciones. El gesto le honra, aunque no sea la primera en tenerlo. El caso es que su decisión debería servir de impulso a unos sindicatos suicidas, que machacan a afiliados y no afiliados, que comprometen su continuidad laboral, su patrimonio y expectativas. Los salarios deben caer en escenarios de deflación. También deben hacerlo cuando los beneficios caen y queda comprometida la viabilidad de la actividad empresarial. Si todos los activos terminan cayendo, se sustituyen trabajadores por equipo capital, el empresario pierde los incentivos para mantener las plantillas actuales. El paro crece sí o sí. Que en España crezca con mayor velocidad, y lo que es llamativo, no se recicle de inmediato en sectores demandantes de trabajadores, es la anomalía que debe hacernos examinar nuestras singularidades. No se debe al modelo productivo sino a la regulación. El primer impacto puede que sí fuera un efecto de aquello, pero la estacionalidad del desempleo y la inmovilidad de trabajadores nada tienen que ver con que la construcción o los servicios fueran la base de nuestro insostenible crecimiento.

El mercado laboral tiene dos formas de ajustarse: en precio o en cantidad. Si no caen los salarios hasta niveles sostenibles en cada sector, lo hará la ocupación. Siendo esta la única opción, caerá también la actividad, se frenarán nuevas inversiones, y unido al precio del despido y la regulación atroz del mercado de trabajo, los incentivos serán tan pobres e insuficientes que dudo que surjan nuevos sectores capaces de arrancar la economía española.

Saludos y Libertad!

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La inflación es buena

Publicado por yosoyhayek en Mayo 29, 2009

Se trata de uno de los dogmas de fe estatistas: inflación como cornucopia que habilita una acción política ambiciosa y transformadora de la realidad. La religión dominante de nuestros días, secular y mundana, el culto al conocimiento y el Estado, desoye las advertencias teóricas, defenestra a quienes se atreven a plantear explicaciones rigurosas al respecto, colocando lo ideológico por encima de lo científico.

La inflación es buena, como mecanismo de redistribución masiva de la riqueza, quita aquí para poner allí donde el gobernante considere más oportuno. La caída continua y sostenida del poder de compra de la unidad monetaria es la gran baza a disposición del Estado para perpetrar sus acciones más relevantes, incluidas las guerras más atroces.

Si la inflación es buena, su antagonista, la deflación, debe ser calificada, dentro de la ideología que sostiene el culto al Estado (religión secular), como algo terrible, negativo e indeseable. En realidad se trata de una cuestión de matices: Mises advierte en su Teoría del Dinero y el Crédito, tanto inflación como deflación, tomadas como políticas gubernamentales, desprenden efectos redistributivos así como un desajuste intencional en la economía; como intervención, ambas son indeseables y generan por igual consecuencias adversas.

Nuestro actual sistema monetario y financiero, ejemplo de planificación centralizada y socialismo real (Dinero público, Banco central, regulación y agentes privilegiados con reserva fraccionaria) se sostiene sobre el inflacionismo. Es su cometido, su razón de ser. Los Estados necesitan de inflación para sobrevivir en su escalada sin límites. Lo que tenemos no es sino el modelo que lo hace posible.

Consustancial a este tipo de intervencionismo feroz son las crisis recurrentes, los colapsos económicos y todos los efectos que de ellas se derivan. Sin entrar en detalle, lo que hoy aterroriza a presuntos teóricos (en realidad fervientes fieles del culto al Estatismo inflacionista), legos, opinadores profesionales o al español medio, es la deflación. Se nos presenta como un mal en sí misma, la negación de todo lo que supuestamente hace posible nuestro bienestar: consumismo, inflacionismo y crédito fácil y barato.

Pocos se percatan de que los males ciertos, los errores y desajustes, no son de hoy, sino de ese tiempo en el que todo parecía ir fenomenal, donde los precios de determinados bienes y activos se inflaban sin límite. Ahora es tiempo de ver las cosas como son, tocar fondo, volver a la realidad. Dentro de ese proceso de resaca y reajuste necesarios en forma de crisis y recesión, la deflación juega un papel fundamental. Lo que antes se infló debe ahora caer hasta niveles que solo en un mercado libre pueden establecerse con eficiencia y sostenibilidad.

El problema es que no estamos ante una deflación genuina, por así decirlo. Con un patrón monetario rígido, ajeno a la manipulación estatal, un aumento de la productividad sostenido, podría (no siempre) derivar en una deflación buena. La unidad monetaria vería apreciarse su poder de compra frente al resto de bienes, con desigual intensidad. La variación espontánea en los precios relativos (unos bienes respecto a otros) sucede en todo caso, exista o no una política inflacionaria, o deflacionaria. Lo importante es que el dinero sea un bien más de mercado y no un instrumento de política económica.

La deflación que hoy padecemos se asocia con la caída en el consumo, que a su vez se considera origen de la crisis, y no una de sus consecuencias. Es bueno que caigan los precios de determinados bienes, que se contraiga el crédito hasta niveles sostenibles, que se saneen los balances, quiebren los que tengan que quebrar, y que se liberen trabajadores de los sectores sobredimensionados.

Para que todo esto no se convierta en la simiente de un estancamiento económico, resulta primordial que el espontáneo reajuste no se tope con obstáculos innecesarios. El crédito deberá fluir y reactivarse, pero a tipos de mercado, lejos de la manipulación pretendida por los Bancos centrales y sus tipos bajos (negativos, en realidad). El mercado laboral deberá reajustarse con despido barato para los nuevos contratados, como estímulo e incentivo para que el empresario se atreva a invertir y generar nuevos puestos de trabajo. Los precios que sean deberán caer hasta los niveles que permitan identificar oportunidades y plantear expectativas razonables.

No es la deflación lo que debe preocuparnos, sino los efectos que tendrá la intervención pública o el inmovilismo: podremos caer en una espiral deflacionaria, lo que sería terrible, pero también en una escalada hiperinflacionaria, igualmente funesta. Solo el mercado libre representa un escenario de reajuste sostenible y sólido, origen de un crecimiento genuino y justo.

Saludos y Libertad!

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Huerta de Soto en la UFM

Publicado por yosoyhayek en Mayo 19, 2009

LD otorga la merecida publicidad a esta entrevista a Huerta de Soto realizada durante su viaje a Guatemala para recibir el doctorado honoris causa en la Universidad Francisco Marroquín. Por ampliar su repercusión nunca está de más que la colguemos en este blog.

Primera entrevista, por Marta Yolanda Díaz-Durán (teoría general para entender la crisis)

Segunda entrevista, por Pedro Trujillo (la crisis que padecemos)

Huerta de Soto en estado puro, una clase magistral de economía en apenas 60 minutos. Un lujo.

Saludos y Libertad!

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Tocaremos fondo

Publicado por yosoyhayek en Mayo 9, 2009

Previsiblemente en la segunda mitad del año, aunque puede que los datos negativos sigan dándonos malas noticias hasta bien entrado el 2010. Muchos indicadores apuntan que la economía española se aproxima al fondo de su particular contracción. Eso no quiere decir que todos los mercados llegarán igualmente saneados. Son muchas las barreras que siguen impidiendo que caiga el precio de la vivienda, se ajuste la producción industrial o podamos atisbar posibilidades de negocio en el resto de sectores. La intervención nunca ayuda, sino todo lo contrario, ralentiza, agudiza y enquista la travesía desde el auge desaforado y el insoluble fondo crítico.Zapatero no ha levantado demasiados obstáculos para que nuestra economía fuera haciendo (y lo que le queda) los deberes: empresas que cierran, inversiones que devienen insostenibles, precios que caen, activos que se desmoronan, despidos e insolvencia. Salvado el sistema financiero, guste o no guste, aguanta el entramado general, la recesión no deriva inmediatamente en el caos social y ese fondo del que hablamos nos llega a recibir con cierto sosiego, una placidez que puede llevarnos a ignorar el momento justo en el que lo hemos alcanzado. Ya empiezan las señales que apuntan en ese sentido, pero…

Una cosa es que Zapatero y su gobierno no hayan representado un “problema” para la crisis, y otra muy distinta es que lo vayan a ser para la recuperación. La crisis es sana e inevitable. Muchos sufren, pero no queda otra. Esto puede parecer políticamente incorrecto pero se trata de asumir las consecuencias de una política económica y un diseño del sistema monetario y financiero manifiestamente irresponsables. Mantener la situación conducirá inexorablemente a una nueva y recurrente crisis, precedida de un auge insostenible, de una dislocación en la preferencia temporal de los agentes, el sobredimensionamiento de sectores clave y la sensación de que hemos dado con la piedra filosofal del crecimiento económico: el inflacionismo.

Zapatero ha empezado mal: el Estado no se ha ajustado con la misma intensidad que la mayoría de los sectores productivos. Su gasto ha crecido, no solo empujado por sus compromisos y los derechos creados que ahora disfrutan los nuevos parados, sino porque se ha renunciado por completo a la moderación presupuestaria y la austeridad. Cuando la crisis comenzaba a sonar, meses antes de que el mismísimo Zapatero la negase elecciones vista, ya se dedicaban desde Moncloa a animar el consumo privado, bien a través de cheques bebé o devoluciones torticeras. Miles de millones de euros que consumieron el superávit dejando las cuentas públicas en una compleja situación ante la más que previsible caída en los ingresos y ascenso de los gastos.

Zapatero ha inyectado otros 8.000 millones en gastos superfluos, tratando ingenuamente de animar un sector que estimaba capaz de contener momentáneamente la destrucción de empleo. Pecata minuta en realidad, pero un mal comienzo respecto de las políticas que sí son indispensables para acelerar la recuperación una vez tocado fondo. La deuda sigue siendo baja, pero dado el panorama y ante el anuncio de la ampliación por un año del subsidio de desempleo, parece que su ascenso seguirá escalando posiciones hasta la quiebra técnica del Estado.

Si pretende que sea el Estado quien tire del carro y apunte los nuevos sectores que propiciarán un nuevo y sostenible crecimiento económico, se equivoca. Si Zapatero confía en que la recuperación del resto de economías occidentales empujará a la española devolviéndonos en pocos años a la situación previa a la crisis, delira.España necesita crear empleo para el 20% largo de paro que superaremos una vez tocado fondo. Para ello es urgente abaratar el despido. Se podría haber hecho antes, no lo dudo, pero es que no habrá recuperación sin una medida así. Los empresarios solo crearán los puestos de trabajo necesarios si no se enfrentan a la previsión de que al posible fracaso de su inversión (vivimos una situación de extrema incertidumbre) deberá sumar el coste del despido de los nuevos contratados. Si eliminamos este factor, reducimos las cotizaciones y bajamos el impuesto de sociedades, no habrá apenas barreras artificiales que impidan la recuperación. Debemos también liberalizar sectores, facilitar la movilidad, la inversión extranjera, la exportación de lo que aquí se produzca.

El Estado debe contraerse, y no expandir su ámbito de intervención. Los individuos deben percibir que se reduce su situación de dependencia, bien eliminando prestaciones o condicionándolas a una actividad incómoda que cree el incentivo de encontrar un trabajo algo menos penoso y mejor pagado. El Estado, dadas las circunstancias, puede servir de parapeto para evitar el caos social, como viene demostrando con su respaldo al sector financiero, pero nunca ser tomado como la mejor baza para la reactivación. Falaces teorías económicas alimentan esta idea, el error intelectual es evidente, por mucho que algunos pensadores sigan instalados en el sofisma. Es su responsabilidad demostrar una sangrante complicidad con la causa estatista, que es, y de esto no hay duda, el único origen cierto de esta y el resto de crisis recurrentes que han asolado el mundo en los últimos 300 años.

Tocaremos fondo, pero con políticos, de uno u otro partido, empeñados en ser ellos los virtuales artífices de la recuperación, nuestra única opción será permanecer en él durante años, quién sabe si décadas. Los Zapateros de turno harán de este país un soleado campo de mediocres dependientes, con algún conato de éxito, pero tan localizado que en nada beneficiará a la mayoría de los españoles. Pudiendo ser un híbrido entre lo mejor de Florida y lo mejor de California, nos quedaremos en un triste y apalancado páramo sin oportunidades.

Saludos y Libertad!

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Zapatero me irrita

Publicado por yosoyhayek en Abril 29, 2009

Lo admito, este tipo se me atraganta cada vez que lo veo. Ayer en el Senado respondía pausado e inconexo a las preguntas de Pio, que en cada intervención apunta, dispara y sentencia en dos o tres proclamas que casi parecen versos libres pero bien casados.

Las respuesta de ZP son burdas, vacías, propias de quien no sabe estar, no sabe qué hacer o se siente fuera de lugar. Por Dios, fue él quien quiso comparecer en el Senado! Que mantenga el tipo. Entre pausa y pausa la demostración de qué España quiere dejarnos: Andalucía crece hasta el cantábrico, ricos concentrados, bolsas de marginalidad y un común improductivo sometido con gusto a la paguita de papá Estado. Dependencia, para eso hizo la ley, no nos damos cuenta! Dependencia, indisciplina y unos españoles mayoritariamente desconectados de la realidad, parapetados detrás de su paguita, su servicio público o las grandes proclamas de este señor. Él se marchará de rositas, con pensión, quién sabe si alguna conferencia que otra y muchos esbirros que seguirán desgañitándose en su defensa. Infames opinadores que se aferran al peor de los líderes políticos que ha soportado este país en muchos años.

Esto no quiere decir que anulando a Zapatero la cosa fuera a marchar mejor. Es el presidente que mejor representa la mediocridad estatista de España. Sindicatos con él, patronal incapaz de removerse y movilizar a nadie, la oposición en su versión más ridícula, esperando que caigan las nueces del paro y el decrecimiento. Todos atontados con la Bruni, la porcina y no se sabe cuántas tonterías. La prensa seria, seria, seria, vaya, El País, rescata un video de Ignacio González espiado en uno de sus viajes: pero si ya lo sabíamos! Y?, algo nuevo? Todos obsesionados por lo corrupto que parece Camps por dejarse querer un poco, como que el resto van a ir al cielo de los honrados, por favor! Peores, cosas mucho peores se han visto en este país y a pesar de todo el PSOE más corrupto y terrorista siguió gobernando hasta 1996 (y costó que perdiera, como costará lanzar a ZP…).

Atontados por las paladas de intoxicadas tonterías que nos lanzan, los malos gestores pasan inadvertidos, las buenas ideas ni se comentan, tenemos que soportar a ridículos tertulianos tratando de exonerar de sus culpas al presidente diciendo aquello de que “nadie supo predecir la crisis”… duele, pero tiene un fondo de verdad: los que lo hicieron son ninguneados, obviados, tratados de pobres alucinados. Ese nadie tiene nombres, apellidos y una buena teoría, pero para qué molestarnos, si en la montaña rusa del inflacionismo nos parece todo mucho mejor. Cuando subimos nos saltamos de alegría; cuando llega la resaca siempre habrá algún chivo expiatorio al que achacar un fracaso del que exclusivamente es responsable nuestra arrogancia constructivista.

Dice Zapatero que tiene una solución Socialista para la crisis. Como el término no está de moda del todo, rectifica y habla de “salida social”, sí o sí. Claro, social será, en la medida que esto reflote no podrá negarse el protagonismo del individuo, persiguiendo sus fines particulares, descubriendo oportunidades de ganancia, ajustando sirviéndose de señales libres como lo serán los precios más o menos desinflados en un mercado menos distorsionado. Lo que no será nunca es una “salida estatal”. Crisis y recesión estatista, por supuesto, pero que el Estado vaya a ser la solución, el bombero pirómano, nooo, nada de eso.

Pero no olvidemos la estrategia de Zapatero. Una deuda del 120% del PIB (nos queda la mitad por recorrer), mercado laboral sin tocar y 5 millones largos de parados aguardando la paguita religiosamente apuntada en la cuenta de nuestros hijos, nietos… Y si hay suerte, ya tirará de nosotros el comercio internacional, las ayudas de la UE o algún milagro intempestivo que se apiade de nosotros.

Menudo plan, y yo sin hacer las maletas para irme a Nueva Zelanda. Más lejos no puedo estar.

Saludos y Libertad!

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Bruni porcina

Publicado por yosoyhayek en Abril 27, 2009

No quiero desmerecer los atributos de la primera Dama Francesa. En España nada ha importado más que la llegada del matrimonio Sarkozy y el chaval que se debate entre la vida y la muerte en Almansa.

Ah no, perdón, que tiene un poquito de fiebre y salvo el aislamiento y el revuelo armado, nada que comentar.

 

Carnaza amarillista edulcorada con la expectación que despiertan los modelitos de la Bruni. Nuestra princesa va de repuesto, Sonsoles con alguna pijada trapera elegida por Benarroch. Y poco más que comentar.

Visita relámpago del Presidente francés, el mismo que con buen criterio piensa que Zapatero es un pobre imbécil.

 

Mientras tanto, parados a tutiplén, crisis aguda y pocas esperanzas. La ministra Garmendia ha tenido un sueño: el futuro de España depende de las energías renovables y la investigación médica. No sé cuántos puestos de trabajo y qué niveles de riqueza puede generar lo segundo. Seguramente nada que pueda emplear a los 2 millones de parados extra. Lo primero no solo no nos sacará de la crisis, sino que puede contribuir fatalmente a su enquistamiento.

Bruni, no nos dejes!

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Venido a menos?

Publicado por yosoyhayek en Abril 20, 2009

Pongámonos en situación: un empresario dedicado al mundo de la construcción, en general; lleva más de 10 años viendo aumentar su actividad, sus beneficios, su calidad de vida y su riqueza acumulada. Acomoda sus hábitos y costumbres a esta “nueva” situación de abundancia casi ilimitada. En su entorno más cercano sucede algo por el estilo. Todos sus amigos, de una forma u otra, ganan más y viven mucho mejor.

El constructor en concreto, llegada la crisis, ve como alguno de sus proyectos en las últimas fases de producción no rinden lo esperado. Los que se encuentran en fases anteriores devienen insostenibles. Visto lo cual decide detener su actividad, despedir trabajadores y dejar que el tiempo pase. Sus ingresos sufren una caída significativa pero que no llega a mermar su nivel de gasto personal y familiar: conserva un estatus social, sus hijos siguen asistiendo a un buen colegio, el precio de sus coches no baja de los 100.000 euros…

La bolsa se desploma y lo que antes cotizaba a 100 ahora lo hace a 55. Decide no vender y resistir pero calculando el valor de su cartera de acciones no puede evitar cierto desasosiego. Salta la noticia y resulta que sus inversiones en determinada entidad dedicada a la banca privada, como la de muchos de sus amigos y tantos millonarios españoles, resultan objeto de un fraude con dimensión mundial. No lo da fallido por completo, pero se resigna a que los casi increíbles dividendos no eran más que humo, y sólo humo. Su mala suerte no termina aquí, en su cartera de activos tiene una fuerte inversión en deuda del único banco dejado quebrar por las autoridades de cierta potencia económica. De nuevo, espera recuperar algo, pero su desesperanza no para de crecer.

El empresario ficticio que estoy usando de ejemplo ha parado la actividad de su empresa, vive de las rentas que le siguen proporcionando ciertas inversiones financieras e inmobiliarias. Todas ellas se han depreciado considerablemente desaconsejando su abandono mientras le sea posible. De su patrimonio depreciado deben restarse lo estafado y lo fallido. De 100 millones, entre unas cosas y otras, le quedan apenas 20.

Sigue siendo rico, pero no tanto. Cinco veces menos, para ser exactos. No cometió el error de cambiar sus hábitos de forma extrema, como si lo hicieron otros, gracias a lo cual hoy puede mantener el tipo y dar la sensación de que la crisis no le ha afectado en demasía. Sólo le queda la esperanza de que no lleguen tiempos mucho peores y tenga que empezar a desprenderse de activos por un precio inferior al que en su día pago por ellos.

Esta sensación de venida a menos no es tal. El empresario ficticio del que hablo se benefició directamente en la fase de exuberancia. Su sector recibió en primer lugar el impacto de la expansión crediticia. Entró en la burbuja bursátil en el mejor momento. Su patrimonio se disparó al igual que su actividad. Sus inversiones se revalorizaron sin interrupción. Quiso más y acudió allí donde se lo ofrecieron… Ni era especialmente avaro ni enfermizamente codicioso. No más que cualquiera; sencillamente adaptó su comportamiento a las señales y la información disponible en cada momento. Lo absurdo habría sido lo contrario. El beneficio era evidente. No fueron dichos vicios y pecados la causa de la situación de auge artificial y completa indisciplina en los mercados.

Después de la borrachera llega la resaca. Mirando hacia atrás los “errores” parecen evidentes. En un escenario en el que todo el mundo permanece embriagado, poco a poco, se pierden las formas y el respeto, se apuesta por lo imposible y parece que se gana. Situaciones en las que cae la responsabilidad de los agentes creciendo la infracción de las reglas que hacen posible la coordinación social propia del mercado más o menos libre.

Este señor llora por las esquinas su desgracia. Muchos le apuntan con el dedo mofándose de él, acusándole de ser el origen de todos los males atribuibles a la crisis económica. No se dan cuenta de que se trata de otra víctima, como ellos, como tantos y tantos parados expulsados de sectores previamente sobredimensionados. Como tantos y tantos compradores de viviendas que ahora se saben pagadores de un precio que ya no es el del mercado.

Todos son víctimas aunque lo más sencillo sea la mera claudicación frente a la propaganda estatista. Es el mismo error intelectual que originó la crisis el que inspira las falaces propuestas para salir de ella. Son los mismos que en su ingenua arrogancia quisieron resultados insostenibles, quienes ahora se postulan como los valedores de todo perjudicado, de toda víctima de esa codicia caprichosa de algunos… Lo que vivimos no es sino el triunfó del orden espontáneo frente al intento de suplantación emprendido por el estatismo. Desgraciadamente parece contraintuitivo para la mayoría, imbuida por sofismas y falacias que dudo puedan llegar a extirparse algún día.

Saludos y Libertad!

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V, U o L

Publicado por yosoyhayek en Abril 13, 2009

La pregunta del millón, ¿qué forma adoptará la crisis? En función del diagnóstico cabe conjeturar bajo todo tipo de presupuestos, y claro, según a quién preguntes y su mayor o menor sesgo ideológico, responderá una cosa u otra.

En España padecemos dos calamidades que se topan pero no excluyen. La crisis financiera internacional también es económica, y espero que ya nadie lo ponga en duda. Parece una obviedad pero es que mucho analfabeto funcional permanece en la dicotomía como recurso facilón del que tirar para construir su interesado discurso. La española es una crisis particular por la intensidad con la que ha sobredimensionado determinados sectores y forma en qué todo el entramado económico ha terminado pivotando sobre los mismos. El reajuste parcial extiende su onda expansiva por todo el mercado, y si a esto unimos el origen financiero de la hinchazón generalizada no es difícil suponer y más fácil comprobar que todo ha acabado contaminado. La expansión del crédito, unos tipos de interés artificialmente por debajo del tipo natural, la generación de masivas burbujas de precios de activos…

Diagnosticadas las causas y planteados los factores fundamentales que operan en el proceso de reajuste, cada cual cree entrever la posibilidad de recuperación en diferentes aspectos. Confiar en el comercio internacional, la rápida recuperación estadounidense y una presunta ingente capacidad inversora procedente de las potencias emergentes, puede aliviar los peores escenarios de aquí a un año. Si así fuera, por muchas trabas y obstáculos erigidos internamente contra el espontáneo reajuste, la confianza en el exterior haría semejante políticas de lo más acertado e inteligente cuando el objetivo es perpetuarse en el poder a toda costa y sobre un creciente clientelismo social. Una crisis en forma de V que devolvería las cosas a un lugar razonable, más o menos sostenible, pero sin los movimientos de precios y estructura productiva indispensables para garantizar una viabilidad a medio o largo plazo. España, en este sentido, tiene margen de endeudamiento, puede enfrascarse en megalómanas obras de infraestructuras, sostener el sistema universal de prestaciones y tirar por unos añitos más con el fraudulento y quebrado sistema de seguridad social.

Zapatero se lo juega todo a este número, a esta previsión. Por desgracia la estrategia se funda en un erróneo diagnóstico y una peor apreciación de las posibilidades ciertas de la economía española. Es más, aun cuando la situación terminara aliviándose, parcialmente, y antes de las próximas elecciones pudiera incluso vender una supuesta recuperación, la tara estructural seguiría ahí, ningún sector sería capaz de retomar su dimensión y pujanza anterior, continuando el paulatino enfriamiento económico hasta llegar al estancamiento absoluto. Soñando con una V acabaríamos en L.

Los que creen que la crisis será en forma de U, en el contexto internacional, y una U algo más abierta en el español, no lo hacen, en su mayoría, por pesimismo derrotista antipatriótico. Nada de eso. Su diagnóstico se aproxima con mayor rigor a las causas ciertas de la crisis. Analizan la situación y los previsibles efectos del reajuste en determinados sectores. A continuación, sencillamente, advierten que dadas las actuales barreras del mercado, la rigidez laboral, la presión fiscal y el grado de intervención, aunque terminaría por llegar, la recuperación se haría esperar unos cuantos semestres.

Lo que importa es que el hacer algo o el no hacer nada parecen acabar en la misma situación: el estancamiento. Poco importa lo agudo del reajuste, lo que quede aún por pasar: que estemos frente a un crisis en forma de U, U abierta, poco puede esperanzarnos cuando el desenlace más probable para la economía española, en ausencia de auténticas reformas, será la mediocridad generalizada.

España ha tocado fondo. Esta no es una crisis del mercado español, sino una crisis del modelo de intervención en sentido amplio. Ya sabemos que es el intervencionismo lo que provoca las turbulencias monetarias y financieras, pero es que en España el escenario económico, la regulación de mercados y el peso específico del Estado, como su modelo y capacidad distorsionadora, son factores determinantes que podrían impedir la recuperación a muy largo plazo. No sabemos qué sector tirará del carro, si será uno de los que copan hoy por hoy una amplio margen en la generación de riqueza nacional, si regresará la construcción hasta la dimensión previa a la crisis, o surgirá una o varias nuevas oportunidades de ganancia capaces de recomponer nuestra estructura productiva. Lo que está claro es que con la actual tara institucional y la más que previsible degeneración fomentada desde el poder por mero cálculo político, España está en serio riesgo de paralizarse y entrar en una dinámica insufrible de autodestrucción.

La única esperanza de este país reside en la valentía con la que su sociedad, a pesar de la trama mafiosa que sostiene nuestro degenerado estatismo, arranque reformas tales como la bajada generalizada de impuestos, sobre todo los que gravan el ahorro y la inversión, la desaparición de regulaciones absurdas, la privatización cierta del mercado de la energía, de las telecomunicaciones y los transportes, el despedazamiento del poder sindical y la abolición de prácticamente toda la legislación laboral… De ahí surgiría nuestra ventaja, las oportunidades que harían de España una potencia en auge, una versión híbrida entre California y Florida, con un mercado ágil y dinámico. No hay nada en este país que pueda superar a la libertad en su capacidad de potenciar todos sus atractivos.

Sea en V, en U, o finalmente en L, no habrá España que retomar si España no cambia el rumbo en lo que a estatismo se refiere. Esta realidad tan íntima impedirá a Zapatero o al que venga, rojo o azul, poder atribuirse el mérito de haber acabado con la crisis.

Rallo: Futuribles cada vez más presentes

Saludos y Libertad!

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