Interesante comentario sobre los orígenes del intervencionismo monetario. Creo que muy útil para comprender muchos de los fenómenos relacionados con la crisis económica que estamos viviendo.
Hasta la invención del papel moneda las monarquías, Estados incipientes, si querían incrementar la cantidad de moneda en circulación, y así monetizar su déficit, se veían obligadas a recurrir a la DEVALUACIÓN. Era un mecanismo que no podía usarse ilimitadamente. JUAN DE MARIANA (1536-1624) hizo una relevante aportación con su De monetae mutatione, criticando la devaluación del vellón, que de plata acabó siendo de cobre, provocando inflación y perjudicando al comercio. Dijo con acierto que la devaluación suponía un oneroso impuesto que grava la propiedad privada de los súbditos. Mariana defiende la prohibición a los gobiernos de alterar los patrones de pesos y medidas de la moneda, y de los demás bienes.
En 1685, en Quebec, se descubrió el papel moneda gubernamental como mecanismo inflacionario. Su gobierno, falto de fondos, decidió dividir algunos naipes en cuatro partes marcándolos con denominaciones de circulación francesa y utilizándolas para pagar sueldos y géneros. Poco a poco su emisión se convirtió en práctica habitual.
En 1690, en Massachusetts, su gobierno tuvo que afrontar el pago a sus tropas encargadas de saquear Quebec. Su pago tradicionalmente procedía de la subasta del botín conseguido, pero en esa ocasión la campaña fue un desastre. Para afrontar el pago emitió 7000 libras en vales de papel, en teoría convertibles en metálico en pocos años, que se fueron prorrogando, sirviendo como medio de intercambio comúnmente aceptado. El gobierno, viendo su éxito, para conseguir más fondos, emitió otras 40000 libras. Dice Rothbard que fue entonces cuando nació el papel moneda.
Durante los siglos XVII y XVIII, Inglaterra, necesitada de fondos para sus numerosas guerras se veía obligada a recurrir a préstamos bancarios. Estos recibían sus fondos de capitalistas que los PRESTABAN, no depositaban. Para guardar el dinero de forma “segura” se recurría a la Casa de la Moneda, en la Torre de Londres, donde se almacenaba el oro y las joyas de la Corona.
Carlos I en 1638, falto de fondos, confiscó el oro de la Casa de la Moneda, escudándose en que los depósitos se convertían en un préstamo. Esta situación forzó a los capitalistas a recurrir a los orfebres para guardar su oro. Ante tal avalancha de depósitos empezaron a funcionar como bancos privados, bancos de depósito, en sentido estricto.
Carlos II en 1671 solicitó nuevos préstamos a los bancos de los orfebres, topándose con la oposición de estos. Su reacción fue decretar la suspensión de pagos de la Hacienda Real. Esta deuda suspendida perjudicó gravemente a los orfebres por préstamos anteriores (1,17 millones de libras). En 1677 la corona empezó de mala gana a pagar la deuda, pero a una tasa bajísima fijada arbitrariamente…
Los orfebres reclamaron judicialmente, pero prevaleció el poder real. En 1701 la Cámara de los comunes canceló la mitad de la deuda, y el resto se pagaría a partir de 1705 a un 3%… fue un desastre financiero para los orfebres. La confiscación de 1680 acabó con la banca privada.
En 1693 PATERSON propuso a la Cámara de los comunes una nueva forma de obtener fondos. Constituyeron el Banco de Inglaterra, cargado de privilegios. Emitiría nuevos billetes, dedicados en su mayoría a financiar el déficit del Gobierno. Como no bastaba con el ahorro privado para financiarlo, Paterson se decidió por comprar los títulos del interés adeudado por el gobierno, usando los billetes bancarios. En 1694 se le dio el estatuto real al B. de Inglaterra, el propio rey Guillermo, y muchos otros, se hicieron accionistas de esta máquina de crear dinero, como dice Rothbard. Paterson no consiguió que la Corona diera calidad de valor de curso legal a estos billetes, pero sí el privilegio de tener en depósito los fondos del gobierno.
La gran emisión de billetes y su introducción comprando deuda pública produjo inflación. El BdI se declaró insolvente ante el acoso de los acreedores. Fue entonces, en 1696, cuando el gobierno tomó la decisión de suspender el pago en metálico, mientras que el BdI seguía emitiendo y reclamando las deudas a su favor. Esta situación, que fue temporal, sentó precedente, y se volvió a repetir poco después. En 1708 el parlamento proscribió la emisión de billetes a cualquier otro banco corporativo que no fuera el BdI, y poco después les prohibió hacer préstamos a corto plazo, acabando con la mayoría de ellos; sólo quedaron bancos diminutos. Bajo el paraguas de un Banco central privilegiado surgieron bancos privados de depósito, que sirvieron para ampliar la deuda pública y financiar más guerras.
Dentro de este contexto histórico cabe destacar la importancia de dos inflacionistas confesos.
POTTER (1650, mediados del sXVII): inglés; el dinero en papel moneda estaría respaldado por la tierra de la nación, no por metales preciosos. Creía en los beneficios de la expansión monetaria. Este Land Bank era una máquina de hacer dinero en perpetuo movimiento. Potter tenía especial preocupación en que el dinero no quedase acaparado en saldos de caja, sino que circulase para propiciar los beneficios de la inflación. El papel moneda es más eficaz dado que la gente prefiere deshacerse de él por su fragilidad, frente a las monedas metálicas. Creía que más dinero generaba más comercio, y por tanto, más riqueza. El aumento de dinero sería absorbido por un aumento de la producción, llegó a creer que terminaría bajando los precios, ante el gran aumento productivo, lo cual es algo más que un error teórico…
JOHN LAW (finales del XVII principios del XVIII): escocés; Huyó al continente. A favor de un banco central rural emitiendo papel moneda no convertible, respaldado por la tierra de la nación (FIAT). Proto-keynesiano, según Rothbard. Decía que su inflación llevaría a la estabilización del valor. Defendió la reserva fraccionaria ya que expandía la cantidad de dinero sin necesidad de recurrir a la acuñación de más oro. La inflación sólo traería beneficios, mejoraría la balanza de pagos. Se fijó en HOLANDA y quiso ver que su riqueza era debida a tipos de interés bajos y abundancia de dinero, ergo, sin advertir las causas, creyó que estos elementos bastarían para inducir el crecimiento de la nada. También se preocupó, como Potter, por el acaparamiento, proponiendo una ley que impidiese la acumulación de dinero.
El gobierno francés se creyó las ideas de Law nombrándole director de la Banque Générale, ostentadora del monopolio de emisión de billetes. Se transformó en la Banque Royale; en principio sus billetes eran convertibles en plata, pero desapareció la posibilidad. Fue nombrado director de la Compañía del Mississippi, donde se produjo un gran fraude, respaldo ficticiamente por una inmensa cantidad de tierra. Finalmente estalló dejando tras de sí una inmensa expansión monetaria y de crédito.
CHILD (1630-99) y CULPEPER (principios del sXVII) defendieron la idea de que tipos de interés bajos eran la causa y no el efecto de la riqueza holandesa; eran panfletistas. LOCKE lo criticó, diciendo que una bajada arbitraria del tipo de interés produciría un empeoramiento económico restringiendo el ahorro y los créditos.
Desde 1690 se debatió en Inglaterra la reacuñación de la moneda, por su deterioro y pérdida de valor. Operaba la Ley Gresham: la gente atesoraba las buenas, y circulaban las malas, sobrevaloradas (perdieron hasta un tercio del valor). Los mercantilistas inflacionistas, pidieron que la Casa de la Moneda reacuñase alterando el contenido metálico, devaluando la moneda de plata y aumentando la oferta de dinero. Todo esto sucedía mientras el Banco de Inglaterra procedía a su explosión inflacionista. LOCKE denunció la devaluación propuesta como engañosa e ilusoria: lo que determina el valor de una moneda es el contenido metálico no el nombre que le pongan las autoridades, dice Rothbard. Defendió que la única función de la Casa de la moneda era la de conservar el valor NOMINAL monetario, o su exacto contenido en plata (Juan de Mariana). Triunfó Locke y en 1696 se reacuñó siguiendo los términos expuesto por éste. 
En esa época CANTILLON adujo que las fuerzas del mercado mantienen el valor del dinero fiduciario a la par con el del oro o la plata en los que el papel moneda puede convertirse, y por tanto, dice que un incremento de la oferta del dinero fiduciario, convertible, tiene el mismo efecto que un aumento de la oferta del dinero real. Pero si se daña la confianza en el dinero, se produce desorden monetario y el colapso del dinero ficticio. El gobierno está tentado a imprimir dinero ficticio. El Efecto Cantillon: el dinero se introduce paulatinamente, por lo que la elevación de precios no es homogénea, sino que afecta a la estructura de precios relativos, contradiciendo a Locke. Quienes primero reciben el dinero generaran subidas de unos precios concretos, y así sucesivamente…
La asunción por parte del gobierno del monopolio de emisión de moneda llevó primero a la devaluación, como recurso expansionista y de pago de deuda pública, y después al nacimiento del dinero Fiat, sin respaldo, no convertible. Con él logró su objetivo primordial: la financiación de políticas coactivas e invasivas, tanto en el exterior como en el interior de su territorio.
Según HISTORIA DEL PENSAMIENTO ECONÓMICO, VOL. 1, MURRAY N. ROTHBARD.
Saludos y Libertad!