LA LIBERTAD Y LA LEY

La Coherencia sólo es posible si se aceptan principios bien definidos, F.A.Hayek.

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La deuda de Gallardón

Publicado por yosoyhayek en Octubre 4, 2009

Cerramos la semana haciendo lo propio con el agitado y emotivo ciclo dedicado a Madrid y sus cosas. La crítica de la situación financiera madrileña es perfectamente extensible al momento general que viven todas las administraciones locales. En un tiempo donde el gobierno central vuelve a repartir la tarta de la financiación autonómica, como ya hiciera Aznar en su día, se olvida por completo de los ayuntamientos. Son más de dos décadas descargando sobre ellos multitud de servicios sociales y destinos de gasto que no han ido en paralelo a un reforzamiento sostenible de su propia financiación. La burbuja inmobiliaria unida a la fuerte intervención urbanística ha abierto varios frentes, todos ellos endiabladamente peligrosos. Hoy sufrimos las consecuencias de aquello que no quisieron afrontar hace 5 o 10 años. Los ayuntamientos, sobrecargados en prestaciones, se financiaban con proyectos urbanísticos. Unido a esto se reforzó la tendencia corrupta de este tipo de administraciones, cargadas de incentivos para que muchos dieran con facilidad sonados pelotazos. Hoy, en crisis, con el mercado inmobiliario por los suelos (y nunca mejor dicho) y una caída brutal en la recaudación general de todos los tributos, locales, autonómicos o estatales, los ayuntamientos se enfrentan a la quiebra.

Madrid no es una excepción pese a los esfuerzos del ex alcalde Álvarez del Manzano. Su frugalidad unida a unos impuestos bajos, en términos relativos, comparado con lo que sucedía en Barcelona y otras “grandes” ciudades españolas, legaron un escenario demasiado goloso para el megalómano que le sucedió. Gallardón encontró las arcas llenas y una estructura financiera inaudita, impecable. La deuda madrileña era ínfima, muy ajustada y razonable. Los servicios buenos, la inversión adecuada, pero nada de ello satisfizo a quien pretendía la refundación misma de la urbe.

Gallardón incurrió en gastos desorbitados con motivo de la reforma de la M-30. Recurrió a la deuda y a sonados ajustes fiscales. Llegadas las vacas flacas tiene que hacer frente, sin el granero urbanístico como fuente de financiación, a una estructura de gasto corriente incapaz de sostener con unos ingresos que menguan día a día. Esa es la razón que le ha llevado, como al resto de ayuntamientos, a subidas de impuestos generalizadas. Revisión del catastro con sus efectos en la cuota del IBI, vados, licencias, nueva tasa de basuras… fórmulas comunes en otras ciudades pero que en Madrid contribuyen a sembrar un clima de descontento ya caldeado por la situación de zanja perpetua y caos circulatorio. Aun con todo en Madrid se siguen pagando menos impuestos que en Barcelona, Zaragoza o Bilbao. Dicho esto, un liberal nunca puede excusar al poder por ser menos agresivo en un lugar que en otro.

Madrid podía y puede con la deuda que soporta. Lo que es insostenible es su situación financiera general. Los gastos corrientes son disparatados, los servicios sociales que presta excesivos, casi abusivos dada la financiación vigente. El gobierno debe replantear sus prioridades. Las Autonomías han crecido sin control. Los ayuntamientos son doblemente dependientes. Dependen del resto de administraciones y dependen del urbanismo. Caída una de las patas solo queda que una nueva ley de financiación local apuntale su maltrecha situación.

Gallardón prometió una M-30 de 3.000 millones y al final costó el doble. Aun así revalidó su mayoría y los madrileños no se agitaron ni revolvieron por el fuerte endeudamiento de la Villa. En tiempos difíciles las viejas críticas reverdecen y brotan con vigor. El problema de Madrid no es su deuda, sino sus gastos corrientes que, por otro lado, resultan difícilmente recortables dada la presión institucional y social que padecen todos los ayuntamientos en este sentido.

Gallardón plantea una solución: subir los impuestos, crear alguno nuevo, y reducir la inversión el gasto ornamental. Zapatero, con sus 500 millones para Madrid, cubre la carencia de recursos para seguir levantando zanjas y colocando farolas y adoquines. Pero nada de esto soluciona la crisis madrileña, así que no queda otra que estudiar otras vías, alguna de ellas viajas conocidas en la gestión autonómica del Alcalde.

Gallardón debe intentar una privatización parcial de la M-30 a fin de refinanciar la deuda que esta infraestructura exigió en su momento. ¿Cómo? Recurriendo a la solvencia de alguna constructora capaz de hacerse con 2.000, 3.000 o 4.000 millones de euros y así entrar en la propiedad de la vía de circunvalación. La fórmula de la concesión, dadas las peculiaridades que tiene la M-30 sería el peaje en la sombra: el ayuntamiento paga por cada vehículo que utilice la autovía. En el pago de este peaje podrían participar de algún modo Comunidad de Madrid y Ministerio de Fomento, ajustando así el uso que de ella hagan conductores que no sean ciudadanos de Madrid capital.

Esperanza Aguirre pretende hacer algo similar con el Canal de Isabel II. También lo está estudiando con alguna que otra línea de metro. Quizá con la red entera. De hecho la integración de la red de cercanías podría suponer una mejora de la viabilidad misma de este tipo de proyectos.

Con ellos se logra una suerte de círculo virtuoso: los ciudadanos siguen recibiendo los servicios que ya pagan con sus impuestos o precios subvencionados, y, gracias a la entrada de capital “privado”, las administraciones sanean su deuda y pueden afrontar inversiones necesarias para dotar de mayor eficiencia al servicio en cuestión.

En tiempos de crisis debe agudizarse el ingenio. Gallardón merece cierto margen para que pueda adoptar decisiones. Esta subida de impuestos que a todos nos va a sentar como un tiro quizá consiga diluirse con el tiempo. Lo que importa ahora es que ingresos corrientes y gastos corrientes casen a la perfección, recortando o rechazando los gastos que fueran necesarios, sin recurrir, como se está haciendo, a la santa paciencia de los ciudadanos. Las posibilidades de privatización deben explorarse y ponerse en práctica. Son buenas oportunidades de ganancia para muchos inversores, pero también para los dueños de las ciudades, que en definitiva somos todos y cada uno de los que en ellas tenemos propiedades y pagamos contribuciones.

Saludos y Libertad!

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La deuda pendiente de Zapatero

Publicado por yosoyhayek en Septiembre 7, 2009

El País, puede que por decencia intelectual (puede que por saberse “segundón” del presidente), despierta en sus ediciones cierto desapego con Zapatero y su desastrosa política económica. Ayer, sin ir más lejos, dedicó su especial dominguero de economía a darle duro, justo en la cabeza (como diría Juan Carlos, del que no sabemos si le queda poco… o demasiado), destacando las peculiaridades de la crisis en España, la insostenibilidad del modelo de crecimiento que tuvo su auge en los 4 primeros años de gobierno neosoc(k), la incapacidad para reconocer problemas, y peor, los bandazos, globos sonda, tentativas y errores cometidos con forma de “respuestas de coyuntura”. El diario de Prisa permanece instalado en el peor de los diagnósticos, la estulticia teórica así como la comodidad de sentirse asesorado por “los mejores” del momento. Aun con todo Zapatero no les gusta, son conscientes del desastre y pretenden bien una rectificación seria e inteligente, bien una crisis política capaz de devolver a los socialistas cierta cordura. Lo que sí parece evidente es que en su esquema de recuperación y cambio político no pasa que el PP ocupe el gobierno… eso ni por asomo (y casi casi que comparto su opinión).

Lo que asusta no es que El País, despechado y traicionado, tenga un momento de lucidez y denuncie el harakiri impersonal de Zapatero. Lo que aterra es que lo haga no desde la moderación y la revisión, sino de la mera reafirmación ideológica, descartando al hombre pero no a sus ideas. Zapatero improvisa, yerra, titubea, pero en el fondo, y eso cree El País, no va mal desencaminado. El gurú económico del New New Deal, Paul Krugman, ilustra con uno de sus artículos las máximas de las que parte la progresía mundial: Estado salvador, Estado estimulados, déficit y deuda hasta que la cosa no empiece a remontar.

Esa simple ecuación es, desde que el Estado es Estado, un ejemplo más del terrible impacto que tiene el estatismo en el intelecto humano cuando se convierte en razón de ser de toda decisión política. No solo conlleva una clamorosa ignorancia sobre el funcionamiento de los procesos sociales y de mercado, sino una nimia escapatoria capaz de condenar a los hombres y mujeres a las más profundas tinieblas. El señor Krugman parece no entender que en el mundo en el que vive el Estado gastando solo contribuye a dilapidar la riqueza presente y futura. Tampoco comprende que el Estado invirtiendo carece de rumbo y eficiencia, o peor, compromete el ajuste necesario para revertir los errores que precipitaron la crisis. El Estado maneja lo que no produce; lo expropia y distribuye. Impide que sus legítimos propietarios tomen decisiones respecto de los recursos disponibles, pero también intercepta la posibilidad de especular, de plantear procesos de inversión duraderos, de endeudarse con responsabilidad.

Cuando el Estado entra en déficit para sufragar sus gastos corrientes no está salvando a sus proveedores y asalariados. Lo que se ve, lo aparente, es que el Estado cumple con sus obligaciones previas. Lo que no se ve es que lo hace comprometiendo su propia viabilidad y secuestrando recursos o compitiendo por recursos que en manos privadas sí pudieran cumplir una función coordinadora. El Estado al no reducir su gasto ajustándolo a sus ingresos no activa la economía sino que la hunde aun más, lastrando una recuperación que nunca, nunca, dependerá de él.

Cuando el Estado toma deuda, acude a los mercados de capitales, compite con otros Estados y empresas, ofrece tipos altos cuando mayor sea la confluencia de agentes necesitados de financiación, está tomando decisiones muy complicadas con un doble impacto: a corto plazo seca las fuentes de financiación capaces de suministrar recursos a los emprendedores que deben hacer remontar la situación. A medio-largo plazo realiza inversiones en sectores y ámbitos concretos que nunca sabremos si el mercado, con precios libres, habría convertido en lo suficientemente atractivos como para movilizar semejante cantidad de recursos.

Gastar o invertir indiscriminadamente, facultad que solo tienen los gobiernos, arbitrarios y sometidos al vaivén político y la opinión del populacho, no es por sí misma garantía de recuperación. Si hoy, y es lo que no parece entender Krugman, se atisba la recuperación mundial (está por ver) no es debido, como defiende, a la ingente movilización de recursos en forma de gasto corriente e inversión arbitraria promovida por los Estados gracias a la deuda, sino por la capacidad de ajuste inspirada en precios más o menos libres y en la perspicacia empresarial de millones de individuos a todos los niveles del mercado. Sin esto último no estaríamos hablando de “tocar fondo” o “síntomas de recuperación”, sino de agudización de la crisis y estancamiento.

Los Estados no crean riqueza, la redistribuyen, no invierten sin más sino que bloquean otras inversiones. El mito de que sin el ánimo del Estado los agentes privados, deprimidos y temerosos, serían incapaces de hacer remontar la economía, no deja de ser una fábula inventada por políticos y esbirros políticos como Krugman o Keynes.

La deuda no es mala. Quien se endeuda valora más lo cree podrá obtener gracias a ese crédito que el crédito mismo, sumados los intereses. Cree que obteniendo hoy esos recursos podrá devolverlos cuando toque y aun así obtener un beneficio. Sucede cuando compramos bienes de consumo duradero como las viviendas, con mayor o menor acierto, o cuando cambiamos recursos presentes previendo una lucrativa producción futura. El Estado, sin embargo, aun cuando en determinadas inversiones pueda comportarse como un agente privado y responsable, además de no comprometerse como éste lo haría puesto que tanto su capacidad de endeudamiento como sus recursos presentes proceden del expolio fiscal (de la riqueza de sus ciudadanos), nunca actúa guiado completamente por el espíritu que sí guía a los particulares. Lo hace a través de un cálculo de oportunidad política: Si estamos en crisis debe parecer que la crisis es responsabilidad de cualquiera menos del Estado. Siendo así el Estado se convierte en el salvador del desfavorecido. Demostrado el fracaso de mercado libre el Estado adopta la posición de máximo gastador e inversor, puesto que sin demanda no hay actividad. Los dirigentes políticos introducen todas estas falacias en su túrmix particular, evaluando su situación personal…

Zapatero sabe que le quedan 2 o 3 años duros, para él y para la economía española. En base a lo que cree saber de esa situación ha trazado un plan de acciones sostenido en convicción inspirada por Krugman: la deuda no es mala cuando el deudor sea el Estado. Es más, debe aprovechar la situación para colocar al Estado en posiciones ventaja y preeminencia dado que es el único capaz de financiarse sin asumir todos los costes derivados. Si todos los Estados siguen esta máxima será más que evidente su grave contradicción, porque aun pudiendo endeudarse a lo grande comprometiendo impuestos y riqueza futuras, hoy no existen bienes presentes para todos… no a un precio que garantice la sostenibilidad financiera de dichos Estados. En esta contienda resulta evidente que unos saldrán mejor parados que otros. Veamos qué confianza inspira la solvencia de España, su Estado y su gobierno…

Saludos y Libertad!

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Zapatero me irrita

Publicado por yosoyhayek en Abril 29, 2009

Lo admito, este tipo se me atraganta cada vez que lo veo. Ayer en el Senado respondía pausado e inconexo a las preguntas de Pio, que en cada intervención apunta, dispara y sentencia en dos o tres proclamas que casi parecen versos libres pero bien casados.

Las respuesta de ZP son burdas, vacías, propias de quien no sabe estar, no sabe qué hacer o se siente fuera de lugar. Por Dios, fue él quien quiso comparecer en el Senado! Que mantenga el tipo. Entre pausa y pausa la demostración de qué España quiere dejarnos: Andalucía crece hasta el cantábrico, ricos concentrados, bolsas de marginalidad y un común improductivo sometido con gusto a la paguita de papá Estado. Dependencia, para eso hizo la ley, no nos damos cuenta! Dependencia, indisciplina y unos españoles mayoritariamente desconectados de la realidad, parapetados detrás de su paguita, su servicio público o las grandes proclamas de este señor. Él se marchará de rositas, con pensión, quién sabe si alguna conferencia que otra y muchos esbirros que seguirán desgañitándose en su defensa. Infames opinadores que se aferran al peor de los líderes políticos que ha soportado este país en muchos años.

Esto no quiere decir que anulando a Zapatero la cosa fuera a marchar mejor. Es el presidente que mejor representa la mediocridad estatista de España. Sindicatos con él, patronal incapaz de removerse y movilizar a nadie, la oposición en su versión más ridícula, esperando que caigan las nueces del paro y el decrecimiento. Todos atontados con la Bruni, la porcina y no se sabe cuántas tonterías. La prensa seria, seria, seria, vaya, El País, rescata un video de Ignacio González espiado en uno de sus viajes: pero si ya lo sabíamos! Y?, algo nuevo? Todos obsesionados por lo corrupto que parece Camps por dejarse querer un poco, como que el resto van a ir al cielo de los honrados, por favor! Peores, cosas mucho peores se han visto en este país y a pesar de todo el PSOE más corrupto y terrorista siguió gobernando hasta 1996 (y costó que perdiera, como costará lanzar a ZP…).

Atontados por las paladas de intoxicadas tonterías que nos lanzan, los malos gestores pasan inadvertidos, las buenas ideas ni se comentan, tenemos que soportar a ridículos tertulianos tratando de exonerar de sus culpas al presidente diciendo aquello de que “nadie supo predecir la crisis”… duele, pero tiene un fondo de verdad: los que lo hicieron son ninguneados, obviados, tratados de pobres alucinados. Ese nadie tiene nombres, apellidos y una buena teoría, pero para qué molestarnos, si en la montaña rusa del inflacionismo nos parece todo mucho mejor. Cuando subimos nos saltamos de alegría; cuando llega la resaca siempre habrá algún chivo expiatorio al que achacar un fracaso del que exclusivamente es responsable nuestra arrogancia constructivista.

Dice Zapatero que tiene una solución Socialista para la crisis. Como el término no está de moda del todo, rectifica y habla de “salida social”, sí o sí. Claro, social será, en la medida que esto reflote no podrá negarse el protagonismo del individuo, persiguiendo sus fines particulares, descubriendo oportunidades de ganancia, ajustando sirviéndose de señales libres como lo serán los precios más o menos desinflados en un mercado menos distorsionado. Lo que no será nunca es una “salida estatal”. Crisis y recesión estatista, por supuesto, pero que el Estado vaya a ser la solución, el bombero pirómano, nooo, nada de eso.

Pero no olvidemos la estrategia de Zapatero. Una deuda del 120% del PIB (nos queda la mitad por recorrer), mercado laboral sin tocar y 5 millones largos de parados aguardando la paguita religiosamente apuntada en la cuenta de nuestros hijos, nietos… Y si hay suerte, ya tirará de nosotros el comercio internacional, las ayudas de la UE o algún milagro intempestivo que se apiade de nosotros.

Menudo plan, y yo sin hacer las maletas para irme a Nueva Zelanda. Más lejos no puedo estar.

Saludos y Libertad!

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Zapatero, el último

Publicado por yosoyhayek en Marzo 7, 2009

El Estado español corre el riesgo de colapsar en dos o tres años. No es exagerado ni agorero. Zapatero ha optado por desangrar las arcas públicas, entregarse al déficit y descabalgar los límites razonables de endeudamiento.

Zapatero se mueve entre dos alternativas ciertamente contradictorias: demostrar una falsa actividad contra la crisis, en forma de medidas etéreas, mientras que se apuesta por una recuperación espontánea, preferiblemente importada desde el exterior. Por otro lado, su afán paternalista y expansivo, su interés por crear una sociedad de asalariados dependientes e irresponsables (es la única forma que tiene de seguir ganando elecciones), no solo mantiene el gasto y la cobertura “social” previa a la crisis, sino que la hace más intensa en aquellos ámbitos en los que la única opción verosímil sería buscar el incentivo en la desprotección. Zapatero recurre al déficit y engorda la deuda. Calcula un margen que pronto tendrá que ser revisado. Prevé una recuperación global en apenas dos años,  y en esa temeraria certeza sostiene la viabilidad financiera del Estado.

La previsión real, dadas las circunstancias, atendiendo a las condiciones particulares que convierten la crisis española en algo especial y merecedora de un análisis específico, la recuperación con la que sueñan los dilapidadores socialistas no llegará ni en la forma ni en el tiempo que esperan. Mientras tanto, cada paso que den tornará irreversible. La viabilidad financiera del Estado entrará en un callejón sin salida.

No reforma el mercado laboral porque prefiere mantener la conflictividad sindical bajo mínimos. En cambio ofrece bonificaciones del 100 o el 50% en los costes “sociales” de los nuevos contratos hechos a parados de larga duración o afectados por un ERE. En vez de liberar el mercado, esperar un breve periodo de reajuste, y empezar a ver los resultados en apenas unos meses, prefiere meter la mano en el fondo de reserva de la seguridad social, comprometer su sostenibilidad, y tirar para adelante rogando al cielo (o a Pablo Iglesias) que todo acabe lo antes posible.

Dentro de lo malo la capacidad de Zapatero de no hacer nada pareciendo que cada día toma una nueva y fundamental medida, no es lo peor que podría sucedernos. El reajuste llegaría más pronto si el Estado no variara en absoluto la extensión e intensidad cualitativa de su intervención. Sufriríamos, pero no tanto como después de la improvisación y el recurso irresponsable al gasto público y el endeudamiento.

No hay recetas milagrosas, menos aún cuando el reajuste forzosamente debe ser tan severo y profundo. La cuestión radica en si pasar el calvario en poco tiempo, o alargarlo y agudizarlo en forma de depresión económica.

Zapatero puede ser “el último”. Su sucesor, venga de donde venga, puede no encontrar nada con los que reconstruir el País. Si unimos su constante esfuerzo por remarcar la diferencia entre españoles, consolidar los intereses regionales y desmembrar la unidad de mercado y la homogeneización intervencionista (UPyD sueña precisamente con esto último…), el panorama promete cuanto menos entretenido –esperemos que no sangriento-.

Los gobiernos de todo el mundo están quemando sus velas y agotando las medidas clásicas de intervención. Solo queda una opción viable: libre mercado. Sin embargo existe cierto consenso sobre la necesidad de reeditar el New Deal, más potente y destructor que hace siete décadas.

El problema es que España no tiene margen de maniobra, su integración en la unidad monetaria impide que todas las medidas del BCE le sean “favorables”. Zapatero actúan con total irresponsabilidad, seguro de que dentro de 3 u 8 años encontrará algo que hacer con su vida, dejando tras de sí un colapso estructural sin solución. Zapatero se irá de rositas y nadie le juzgará por las decisiones con las que está destruyendo el ahorro de los españoles y la mera posibilidad de reajuste y coordinación en forma de una nueva senda de crecimiento. Yo no sé qué pena debería tener semejante canallada, pero me pasma el inmovilismo que estamos demostrando todos viendo como vemos el hundimiento de toda esperanza… ¿Qué sector relanzará la economía española?

Saludos y Libertad!

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Que lo paguen los Ricos

Publicado por yosoyhayek en Febrero 28, 2009

Obama, como buen prestigiador que se precie, requiere de grandes proclamas y decisiones atractivas para el gran público a modo de distracción. Por debajo de la mesa, escondido en la manga o váyase uno a saber, guarda un as, una carta marcada, la moneda o el pañuelito.

En teoría su plan comprende rebajas de impuestos para las rentas medias y bajas y subidas, tras 16 años de reducción de la presión fiscal, para los más pudientes. Esta chufla pertenece al dichoso plan de rescate que trata de vender como la panacea que abre las puertas a un nuevo modelo de “convivencia” entre el Estado y el mercado, más justo, más igualitario y ético (que no falte la referencia a la “ética”).

En realidad las bajadas de impuestos no son un alivio real que asegure la mengua del Estado y la mayor disponibilidad sobre las propias rentas y patrimonio. Son parte de unas políticas de estímulo de la demanda y la inversión que se trata de compatibilizar con el crecimiento desorbitado de la deuda pública y la mayor intervención.

Echar mano de todos los recursos a su alcance no conlleva necesariamente que todos funcionen. Es más, puede que algunos sean harto incompatibles, anulen sus pocos efectos en contra posición con el resto. Básicamente la idea se fundamenta en la errónea creencia de que el desorden del mercado impide a los agentes privados emprender con decisión las inversiones sobre las que aposentar el nuevo crecimiento. O peor, sobre un diagnóstico terriblemente equivocado, el Estado pretende salvar industrias y sectores que no son sino las necesarias víctimas del reajuste. Volcando sobre ellos una cantidad ingente de recursos lo único que logran es enfangar la situación y provocar una depresión más o menos duradera.

Obama comunica a sus súbditos que tiene a bien bajarles los impuestos, pero con una excepción, que vuelve la medida demagógicamente popular: se los subirá a los ricos. Demostrado está, aunque la administración tributaria pone todo tipo de trabas para que se conozca el dato, que el pretendido espíritu progresivo y redistributivo del impuesto de la renta, no produce efecto alguno.

Subirle los impuestos a las rentas más altas no logra compensar nada porque dichas rentas representan en realidad una parte ínfima de la recaudación total. Es más, cuanto más intensa sea la presión mayores serán las técnicas de “evasión”, o mejor, de escaqueo “legal”.

El peso del Estado lo soportan las clases medias. El mayor perjuicio que provoca el estatismo lo padecen las clases marginales. La falacia socialdemócrata lo único que consigue es repartir la pobreza, arraigar la dependencia, maltratar al emprendedor y consolidar una clase dirigente  que se reparte lo público y lo “privado”. No, no es una casualidad que esas sean las banderas de su lucha, los objetivos a derribar. Si en algo se caracteriza el socialismo es en inocular el virus, provocar las contradicciones, y luego enfrascar a las masas en una esquizofrénica lucha autodestructiva.

Obama puede llegar a ser un gran presidente, no lo hemos dudado nunca. Tiene todos los atributos. El arte de la política, en realidad, más si cabe en coyunturas como la que hoy sufrimos, es no hacer nada pero pareciendo en todo momento que se está haciendo todo lo humanamente posible. Para llegar a esta conclusión, dejar hacer y vender la moto, primero resulta indispensable tener un buen diagnóstico de la realidad que se pretende “gobernar”. Ese es el problema, ahí es donde están todas mis dudas: me temo que tanto él como sus susurradores parten de premisas, complejos y miserias que impiden cualquier brizna de claridad y acierto.

Saludos y Libertad!

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Callao será peatonal, pero… a qué precio?

Publicado por yosoyhayek en Febrero 6, 2009

El fondo de 8.000 millones de euros para ayuntamientos forma parte de una clase de políticas cortoplacistas (por eso lo de pan para hoy, hambre para mañana) que trata de estimular la economía a través del gasto, del incremento de la Demanda Agregada de la mano del Estado.

Lo que se busca con estas políticas es la inyección en la economía de una cantidad considerable de dinero con visos a que sea íntegramente consumida. Si los receptores de esa liquidez terminaran por atesorar las cantidades recibidas, el efecto pretendido no llegaría a suceder.

Si los agentes acaparan el ingreso sin convertirlo en ahorro puesto a disposición, a través del sistema financiero, de posibles inversores, la medida acaba por romper los esquemas previos de quienes la idearon.

Los 400 euros, o los 800 dólares de Bush, en este sentido, no fueron tan efectivos como los 8.000 millones de euros que el Estado va a gastar en pequeñas obras municipales. Con esta decisión se elige un sector concreto, el de la construcción (aunque en un sentido muy específico, eso sí), y sobre él se vierten miles de millones en forma de gasto directo. Lo que hagan los receptores con ello preocupa, pero no tanto.

Lo importante es que la inyección se traduzca a corto plazo en un incremento en la demanda, en un gasto efectivo, que genere puestos de trabajo y movimiento de bienes y servicios.

En la segunda fase, ese dinero llevará a sus perceptores, empresas en forma de beneficios o particulares (trabajadores) en forma de rentas, a tomar la decisión de cómo asignar el ingreso: cuánto gastar, cuánto ahorrar o cuánto utilizar para recomponer su solvencia personal. Es ahí donde el Gobierno pierde el control.

Con los 400 euros se dio esta circunstancia: no puede hablarse de una bajada de impuestos sino de una puntual inyección que impide a los beneficiados tomar decisiones sostenibles y serias sobre su situación; esa es la trampa.

Pues bien, con el dichoso fondo ayuntamientos como el de Madrid han sacado del cajón proyectos de meramente decorativos o suntuosos, si se quiere. La peatonalización de la plaza de Callao, de Sol, de la calle Alcalá desde Sol a Sevilla, de la calle de Fuencarral, de la Red de San Luis, la plaza de las Cortes, tramos del Paseo de Recoletos o la Plaza de Colón. Fuera del centro se gastarán los 500 millones que le tocan a la Capital en mejoras de infraestructuras, aceras, alumbrado, algún polideportivo, ajardinado, etc.

Gasto por gastar, básicamente. El Gobierno, siguiendo irresponsablemente los fundamentos “teóricos” del keynesianismo más rancio, pretende aminorar los efectos del reajuste con decisiones de este estilo, que conllevan: expolio de los 8.000 millones, vía impuestos, o a través de deuda (impuestos futuros); asignación arbitraria del montante en un sector concreto; elección de gastos superfluos que no mejoran la productividad, incrementan el capital invertido ni nada por el estilo; resultado: pan para hoy y hambre, mucha hambre para mañana.

La crisis es dolorosa y lo será más. Hay que pasarla, qué remedio queda. La coartada del intervencionismo es que sin él todo sería más duro y nadie nos garantizaría salir algún día de la recesión: y esto es, MENTIRA. Es más, todo lo contrario. Las políticas de gasto desconocen por completo las causas de la crisis, y peor, adolecen de taras teóricas insuperables: no comprenden la naturaleza del Capital, el elemento temporal de la producción, ignoran por completo el papel que juega la preferencia temporal de la economía, la posición del ahorro…

Creen que inversión y consumo van en la misma dirección, que los agentes privados se dejan llevar por sentimientos insuperables que los empujan a no acertar en sus decisiones, por lo que debe ser el Estado quien tome las riendas de la inversión… es un cúmulo de falacias y sofismas tan inmenso que los resultados no pueden ser otros que los que tristemente padecemos y padeceremos.

Solo bajando los impuestos, impulsando el ahorro, el ajuste de precios vía deflación, la desinflamación de sectores sobredimensionados en la época álgida de exuberancia, constriñendo el gasto público, dejando a la iniciativa privada que sea ella quien descubra dónde, cuándo y cuánto invertir  (el mercado libre es el único mecanismo donde cada bien es asignado allí donde sea más valorado), no recurriendo al endeudamiento (privando al sector privado de ahorro disponible), desregularizar el mercado de trabajo, agilizar o eliminar los trámites burocráticos para entrar o manejarse en los diversos sectores intervenidos…

Esta es la única política que favorece crisis breves, intensas, pero satisfactorias en su capacidad de reajuste. Solo así lograremos que el efecto deseable de toda recesión sea la depuración de las bases de un nuevo crecimiento, más sostenible, de tipo genuino.

(imágenes en Espormadrid)

Saludos y Libertad!

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Zapatero y Crisis: el Cielo se cae a trocitos. Un diagnóstico

Publicado por yosoyhayek en Febrero 1, 2009

Contemplando desde mí ventana el tamaño de los copos de nieve que bombardean Madrid no encuentro motivo para comentar nada de lo leído hoy en los suplementos económicos. El País consolida su divorcio con la realidad. Otros, con editoriales como el de El Mundo de ayer, bramando contra la deflación e instigando al consumismo con total ignorancia de nociones básicas de teoría económica (la buena), demuestran que salvo conatos de seriedad y colaboraciones acertadas, comparten las deficiencias intelectual y el sesgo ideológico sinóptico de los hacedores de bulos y tramas.

Zapatero repetirá en 2012 como candidato a la presidencia del gobierno. Parece confirmado y más con la que está cayendo. Solo en los EEUU, con su limitación de mandato, logran consolidar situaciones como las que siguen: el que empieza una guerra no la llega a terminar; quien empieza una guerra se afana por concluirla al precio que sea; quien sostiene una expansión insostenible prefiere para sí el momento álgido; quien decide no asumir una crisis trata de expandir para alejar hasta el segundo mandato, en su caso, la hecatombe…

En España Zapatero recogió una economía en fase expansiva pero a tiempo de correcciones. Su proyecto personal de tipo institucional y político exigía que las cosas de comer no fueran obstáculo, manos libres para hacer y deshacer con cierto sosiego y calma económica. No tomó medidas de control, no contribuyó a que la burbuja inmobiliaria alcanzara la envergadura que precipitó el estallido sufrido… lo único correcto que hizo fue amortizar deuda pública gracias al superávit logrado a costa de aumentar la presión fiscal, la caída del desempleo y el incremento de la población activa.

Se le torció lo de ETA, en Cataluña las cosas no fueron mal del todo, pero el PP consolidó espacio amenazando con el empate en las elecciones de 2008. La crisis tenía todos los atributos para convertirse en chivo expiatorio procedente del exterior, de los EEUU o lo que fuera. Resistir hasta marzo lanzando consignas tranquilizadoras y tachando a los agoreros de antipatriotas, funcionó. El debate entre Pizarro y Solbes fue un ejemplo de arrogancia y manipulación. El novato no pudo con el estatista pachón.

Zapatero, que es un ignorante rodeado de socialistas e ignorantes (valga la redundancia) ha experimentado en carne propia el horror de todo panóptico ingenuo (racionalista extremo) al comprobar que uno por uno, los resortes a su alcance, alentado por las mentes pensantes que tratan de sostener ideológicamente el entramado estatista recubriéndolo de un halo inmerecido de cientificismo, no han servido de nada o no han logrado los resultados propuestos.

Veamos cuál es el plan de acción de este mentecato: confiado en que la crisis se vaya como llegó (dentro de sus cortas entendederas), del exterior, calcula que tiene un margen de 3 o 4 años para sortear las dificultades. Dificultades como son el aumento del paro, el consiguiente subsidio y la ulterior situación donde abunden los desocupados sin ingresos. Dificultades como la necesaria inversión pública en sectores sobredimensionados como el de la construcción para evitar el desplome, con lo que esto conlleva dada su participación en el PIB español. Dificultades como el turismo, las políticas sociales, o la quiebra de los ayuntamientos. Dificultades como la merma en servicios básicos o el terremoto en la seguridad social.

Cree tener margen de sobra para sobrevivir durante esos 3 o 4 años. Las elecciones son en 2012, si todo va bien. Es probable que las adelante si las cosas se tuercen (que lo harán). La recuperación global será desigual y no empezará por Europa. Los EEUU se la están jugando con políticas como las contenidas en el plan de activación de Obama. Es probable el tren no pasé primero por Washington.

La munición con la que tira Zapatero son el déficit y la deuda pública. Por desgracia para sus planes todos los Estados juegan al mismo enredo. Es más, cuanto más ahorro se coman aquellos menos quedará a disposición de los agentes privados que son quienes (ellos o ninguno) relanzarán en su momento la actividad. Aun así, en su lógica keynesiana, confía en sí mismo (“El Estado soy yo”, acabará diciendo) como artífice de la mejor inversión, la buena, aquella que reestructurará nuestro modelo de crecimiento (ja!).

Con toda esa deuda, en la que tiene, como he dicho, gracias a la amortización durante los años de exuberancia, cierto margen de acción, prevé 3 o 4 años sin dificultades para financiar su paternalismo, el subsidio sistemático y la inversión pública a discreción. Todo ello para que a pesar de la recesión parezca que hace algo o que gracias a él las cosas no van tan mal. Clientelismo de microondas con el que ganar las próximas elecciones…

Su estulticia e ingenuidad le llevan a confiar ciegamente en que tarde o temprano llegará la recuperación. Es su interés permanecer en el poder para seguir “transformando la sociedad”, por lo que debe actuar con sigilo y habilidad para evitar que por la crisis le arrojen (propios, ajenos o todos) del mismo frustrando su adanismo ilustrado. Esa es la razón por la que Zapatero va a condenar a este país a las tinieblas, a la destrucción, al Zimbaguismo…

Zapatero tira con pólvora ajena: está comprometiendo la previsión de creación de riqueza de generaciones y generaciones de españoles, muchas non natas. Zapatero está privando a sus ciudadanos del ahorro que puede ayudarles a ajustar sus economías, a sostener su actividad no sobredimensionada y a emprender, que es lo importante, allí donde surja una oportunidad atractiva dados unos precios desinflados y coherentes con las preferencias. Zapatero, por su propio interés, por su visión iluminada de una España diferente, por su adanismo y su ignorancia, por su arrogancia desmedida, va a llevar a nuestra economía a un estancamiento del que no vamos a salir en muchos, muchos, muchos años. El Plan E, el Plan Z en realidad, es el Plan Mugabe, el plan de un sátrapa arrogante que supedita el futuro de sus conciudadanos a sus propias aspiraciones personales y políticas.

Ese es el presente en el que estamos y el futuro que nos espera…

Saludos y Libertad!

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Black Hole

Publicado por yosoyhayek en Enero 18, 2009

Es el término que mejor define la actual situación. Solbes alerta: vamos hacia algo excepcional. Yo, humildemente, confirmo: la recesión a la que nos enfrentamos tiene dimensiones titánicas, y amenaza con anquilosarse sin visos de ser remediada.

Semejante desbarajuste, la dislocación terrible que estamos sufriendo a nivel internacional, se debe, como toda disfunción en el proceso de mutuo ajuste que es el orden social y de mercado, al intento perenne emprendido por nuestros Estados de suplantar dicho orden por una organización económica. El colapso del comunismo no fue entendido en sus justos términos. La conocida como revolución neoliberal no fue sino un fiasco estatista centrado en hacer viable la intervención en un escenario de comercio internacional creciente y desarrollo económico.

La virulenta crisis que nos ha tocado vivir, observar y analizar, tiene todos los atributos para considerarla como una “tormenta perfecta”, pero es que además, de forma alarmante, cada día que pasa se parece más a un agujero negro que todo lo engulle hasta hacerlo desaparecer.

El País despierta, entreabre uno de sus ojos y analiza sin demasiado acierto el problema de Deuda al que nos está condenando el intento estatista de solucionar la crisis echando más leña al fuego (Mientras, en su editorial de Negocios, desenmascara su auténtico ser: Justificado endeudamiento). Si la turbulencia procede y se verá incrementada por un serio problema de mala inversión y endeudamiento desaforado en sectores sobredimensionados, con los problemas de solvencia derivados en toda la economía y cómo no, con especial importancia en el sector financiero del que emanó la expansión insostenible, a esto debemos añadir el recurso a más deuda por parte de las autoridades para tratar de salir del quebranto. Esta siendo la peor decisión de todas las posibles. Del salvamento del sistema de pagos, impidiendo que cayeran los bancos (medida que resulta coherente dado el sistema de intervención monetaria y financiera en el que actúan estos agentes “privados”) hemos pasado a comprometer de manera irresponsable la riqueza que previsiblemente generaremos los próximos 50 años para salvar sectores justamente quebrados o emprender medidas profundamente equivocadas, y que no harán sino agudizar y prolongar la coyuntura negativa que buscan solucionar.

Krugman, en el mismo periódico, se dedica, como Gurú Demócrata que es, a dar lecciones al nuevo Presidente Obama. Le pide, como en artículos anteriores, valentía y decisión, que afronte la crítica y proceda al mayor plan de intervención pública de la historia de los EEUU desde el maltrecho New Deal. Quiere más gasto público, porque es obvio su espíritu keynesiano en el desprecio de la capacidad privada para emprender, invertir y ajustar. Demanda medidas de protección social que solo tendrán una consecuencia: aumentar el número de necesitados, y de esta forma, caer en una espiral absurda en la que su incidencia destruyendo riqueza justificará ulteriores aumentos presupuestarios para ayudar a los nuevos pobres…

La economía internacional, dado que todos los gobiernos con contadas excepciones, se han puesto de acuerdo en ser ellos quienes con más estatismo que nunca (más expolio y más redistribución) pretenden capear el temporal, no va a salir de esta fácilmente. No va a llegar el reajuste necesario, la deflación se ve como un problema y no como la oportunidad de identificar precios inflados, sectores sobredimensionados, poniendo de nuevo las cosas en el punto de partida previo a la expansión. Krugman rechaza la bajada de impuestos porque sería un despilfarro de recursos dejarlos de mano de sus legítimos propietarios, que ya sabemos que son estúpidos guiados por pulsiones viscerales e incapaces de acertar en sus decisiones, cosa que sí puede hacer el Estado… Y mientras tanto todas las medidas, de corte keynesiano (fiscales, gasto e intervención) o monetaristas (manipulación la base monetaria y los tipos de interés) caen sin remedio en un agujero negro que crece y crece para desesperación de los intervencionistas. Se mueve, del atlántico al pacífico, regresa con un mayor tamaño, engulle y vuelve a desplazarse. Quemados todos los cartuchos a disposición de los bancos centrales, endeudados los Estados, devorado el ahorro global, zancadilleados los efectos positivos de la deflación (sentando las bases para una más que probable hiperinflación)… se acabó la justificación científica, terminó la coartada. Los Estados tienen que recurrir a lo que en definitivas cuentas les hace pervivir y resistir: el miedo y la sensación de falsa seguridad.

Salvo Shocks externos e inesperados (no puedo imaginar de qué tipo), la recesión en la que hemos entrado acabará convirtiéndose en una depresión de proporciones inauditas, que durará años y años sin visos de ser resuelta sin un cambio radical de estrategia. La única solución estará en la merma estatista, en dejar que el proceso libre de mercado nos lleve a una coordinación que resulta imposible cuanto mayor sea el solapamiento del Estado sobre el orden social. Hasta entonces languideceremos cada vez más y nuestra riqueza se irá despiezando y descomponiendo merced de una Agujero Negro con nombres y apellidos.

(En España la situación es mucho peor. Merecerá un post la descripción de los elementos fundamentales que justifican esta tesis)

Saludos y Libertad!

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Abrir zanjas, cerrar zanjas

Publicado por yosoyhayek en Noviembre 29, 2008

No, no es la nueva técnica del profesor Miyagui (Karate Kid). Pertenece a las recetas keynesianas de toda la vida, gastar y gastar para activar la demanda agregada. El gobierno suministrará 8.000 millones de euros a los ayuntamientos para que acometan inversiones cuyo plazo de ejecución se ajuste al 2009, su importe no supere los 5 millones y se traduzca en la creación del mayor número de puestos de trabajo.

Es de suponer que en los presupuestos de 2010 llegarán otros 8.000, y así hasta que se acabe la crisis. El límite de los dichos 5 milloncejos tiene una explicación simple pero doble: es la única forma de que la obra o actuación sea rápida, se tramite con prontitud y tenga efectos respecto a la contratación y suministros directos e indirectos dentro de 2009. Pero es que además, y esto es lo más absurdo de todo, garantiza, o eso creen, una menos eficiencia del gasto, es decir, se gastará más por menos, o mejor, se despilfarrará por encima de lo que es posible corregir con presupuestos más abultados. Lo que busca la medida no es dejar un reguero de guarderías, bibliotecas y nuevos pavimentos en nuestros pueblos y ciudades. Simplemente pretenden resultados a corto plazo de los que, en teoría, derive la reactivación económica.

Como falta diagnóstico y ninguno de estos politicastros y asesores ha tenido la humildad de leer un poco, pararse a pensar y revisar las convicciones, sofismas y falacias económicas de su ideario obtuso e ignorante, lo que suena mejor, lo que parece más razonable, es echar mano de Keynes. Este, como otros grandes personajes del siglo XX, planteó teorías y soluciones a imagen y semejanza del estatismo campante. Es consecuente, y a nadie debería sorprender, que los estatistas las sigan a pies juntillas.

En las consecuencias del ajuste creen haber descubierto su origen. Si cae la actividad o se desvelan excesivas y equivocadas inversiones en sectores determinados, nada de mirar hacia atrás y estudiar las causas. El problema siempre puede atribuirse a las más bajas pasiones humanas: falta de confianza, avaricia, codicia, el ánimo especulador… como mucho algún error en la intervención, pero nunca la intervención misma. La fatal arrogancia no da más de sí. Podemos considerar que algo se hizo mal, pero nunca, como los Monetaristas, aceptar que toda intervención arbitraria en busca de resultados concretos genera consecuencias no queridas y una profunda descoordinación y corrupción del orden mismo.

Gastar por gastar supone sacar el dinero de algún sitio. Si se hace con equilibrio presupuestario, digamos que o bien se está gastando demasiado y por tanto, recaudando (expoliando) en exceso, o que si bien (y es mucho suponer) la recaudación es coherente respecto a los servicios que mantiene incautados el Estado para sí, en pos de un gasto cortoplacista y desesperado, se está dejando de invertir allí donde hace falta. Cuando el gasto se dispara, cae la recaudación y crece el déficit, el Presupuesto no puede recurrir exclusivamente a los recursos propios para afrontar sus propósitos. Echar mano de la deuda pública supone acudir al mercado de fondos prestable ofreciendo un tipo de interés atractivo. El Estado siempre paga (menos cuando no lo hace…) y además, al tener secuestrada la renta y patrimonio de todos sus súbditos, de una forma u otra, siempre podrá afrontar el pago de fuertes intereses. Esta competencia “desleal” con el resto de demandantes de crédito deriva en una pugna por los recursos en los que el Estado siempre logra su pedazo del pastel, mientras que el resto compiten por los restos elevando el tipo de interés (o así debería ser). Si el Estado se come gran parte del ahorro, el ahorro ya no está a disposición de los agentes privados dispuestos a reconducir su actividad e invertir en los sectores que se han demostrado atractivos hoy, pero que en su día fueron olvidados a favor de aquellos donde se llegaron a generar burbujas de dimensiones colosales. Todo esto lo hemos explicado mil veces en este blog…

El resumen es el siguiente: el Estado se cree único valedor de la reactivación económica. No confía en los particulares y sus decisiones, creen que no son suficientemente decididas ni arrastran un incremento considerable de la inversión. Por ello decide recurrir al presupuesto y al endeudamiento para realizar aquellas inversiones que saquen a la economía de la recesión. No dudo que en algunas pueda llegar a acertar, pero el ánimo desatado y el interés por incrementar la demanda a toda costa y muy a corto plazo le empujan a “abrir zanjas y cerrarlas una vez abiertas”, gastar en lo que sea, reasignar recursos, vía coacción fiscal o pugna o por los fondos prestables, en los sectores donde cree poder generar más movimiento, aunque sea el de un operario con una pala en la cuneta de una carretera. Este despilfarro y sobreinversión no es gratuita, sino que genera un coste de oportunidad y una pérdida de riqueza que todos los ciudadanos terminan pagando. Un poco de “lo que se ve y lo que no se ve” de Bastiat.

Los intentos de Zapatero por afrontar la recesión sin un diagnóstico serio que identifique las causas ciertas de la crisis, son todos inútiles y contraproducentes. El abuso de estas medidas agudizará los problemas y estancará la posibilidad de una recuperación en poco tiempo. Son las políticas de la depresión, como lo fueron en su día las adoptadas siguiendo las falaces aportaciones keynesianas a la teoría económica.

Que Dios nos pille confesados, porque esto va para largo…

Saludos y Libertad!

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Más gasto, menos impuestos y más dinero en circulación

Publicado por yosoyhayek en Noviembre 26, 2008

Son las medidas con las que afrontar el asumido de antemano fracaso de los planes de rescate. Puede que las entidades beneficiadas sobrevivan, pero los efectos positivos en cuanto a la reanimación económica, están muy lejos de ser ciertos. Los gobiernos del mundo echan mano de viejas recetas, teorías marchitas y profundamente reconsideradas, pero que en tiempos de crisis, cuando ya nada parece funcionar, representan la única alternativa “viable” que no suponga la paulatina desaparición del Estado.

Tenemos dos opciones para hacer de esta recesión un periodo relativamente breve: por una lado, la alternativa liberal, o lo que es igual, la mengua del Estado, bajada del gasto, de tributos, regulación y vuelta al patrón oro y un sistema financiero libre y autoajustado; y por otro, el ánimo estatista: dejarlo todo como esta, tratar de sellar las fugas en el casco y seguir remando a la espera de un milagro…

Analicemos la segunda de las opciones, puesto que parece ser la dominante. Desde Europa, la Comisión, tras la iniciativa del gobierno británico y el cariz que está tomando la estrategia económica de la nueva administración norteamericana, toda la atención se centra en dos puntos: animar la demanda agregada, y por ende, la restauración de niveles crecientes de crédito. Se busca que no decaiga el consumo y al mismo tiempo se sostenga y aumente la inversión. Variables que en una economía sostenible deben ir en sentido opuesto, cuando lo hacen en la misma dirección, se generan los desajustes y quebrantos que hoy padecemos en forma de recesión. Aun con todo, la salida al problema supone sentar las bases de crisis futuras, en el mejor de los casos, porque como todo apunta, no será sino el resorte para hacer de esta una depresión mucho peor que la de los años 30 del siglo pasado.

Los gobiernos se proponen activar la demanda con dos mecanismos: la bajada de impuestos, como aquí la farsa adoptada ahora por los Socialistas respecto al impuesto de patrimonio, y, desde Reino Unido pasando por la Comisión, recortes significativos en el IVA. Dejar en manos de los contribuyentes una cantidad equivalente al 1,5% del PIB de la UE. Si a esto unimos el presunto saneamiento del sector financiero y el arranque de los planes de rescate reactivando la concesión de crédito, es de suponer (mucho suponer) que los efectos sobre la Demanda Agregada (dichoso Keynes) no tardarán en llegar.

Como se desconfía, y de qué manera, en la capacidad inversora y el acierto de los agentes privados, el Estado se convierte en el actor de referencia en la toma de decisiones y la asignación de recursos. Para que la inversión pública tenga suficiente capacidad en un panorama en el que se bajan los impuestos, o bien se sufraga con dinero de nueva creación o echando mano de la deuda pública. Más gasto y menos ingresos genera déficit. Esa es la receta.

Si la deuda pública no estaba ya a punto de colapsar, debemos unir déficits muy por encima del 3%, o esa es la previsión complaciente de gobiernos como el español. Parecen no comprender que todo ese dinero sale de algún lado. La capacidad de ahorro global está siendo engullida por las necesidades de los Estados, inauditas y crecientes. Succionar hasta la última gota de los recursos que deberían estar a disposición de los agentes privados, allí donde fueran más valorados, para proceder a las inversiones sectoriales capaces de reajustar y corregir los desequilibrios que nos han conducido a la actual situación, no es la mejor política contra la recesión. Los gobiernos ofrecen condiciones favorables pero asignan el ahorro captado en salvar y perpetuar las viejas y equivocadas inversiones. Contribuyen a retrasar o impedir el reajuste. Además comprometen a las próximas generaciones con un endeudamiento desbocado y generan las distorsiones que nos harán caer en la larga depresión que nos espera, o, en el mejor de los casos, en las próximas crisis económicas.

Consciente del límite y de los efectos que trae consigo el recurso masivo e indiscriminado a la deuda pública, unido al fracaso en la reactivación del crédito, los gobiernos se ven en la tesitura de adoptar otras medidas. Es lo que ha anunciado el tesoro y la reserva federal de los EEUU. La contracción del crédito, la caída en el consumo y la presunta incapacidad privada de activar la inversión, están haciendo más que posible un escenario deflacionario no dentro de mucho tiempo. O ese es el miedo que quieren presentar ante la población como justificación de toda medida, por muy extrema que parezca, para evitar semejante escabechina de deudores (el primero, el Estado), con consecuencias abruptas y trágicas cuando se viene de una situación inflacionaria crónica como la actual.

Para evitarlo, y esa era mi sospecha de hace días, tristemente confirmada, puesto que la expansión crediticia se les ha atragantado y los planes de rescate no han logrado el efecto querido, no queda otra que la emisión física de nuevos dólares, o nuevos euros (todo llegará). La reserva Federal fabricará 800.000 millones de dólares con los que adquirir títulos hipotecarios y deuda emitidas por los gigantes semipúblicos (ya intervenidos y salvados)  Fannie Mae y Freddie Mac y la Federal Home Loan Banks. Ese nuevo dinero inundará el mercado presuntamente desde el punto que es más necesario, favoreciendo el crédito, la nueva contratación hipotecaria, aliviando a los consumidores y haciendo revivir sectores estratégicos…

Son muchas las medidas, todas a la desesperada y fundadas en un error teórico de bulto: no es la caída del consumo y la incapacidad privada de afrontar nuevas inversiones o mantener las ya consolidadas lo que ha originado la crisis. Todo viene de las políticas expansionistas orquestadas por los bancos centrales, con tipos bajos y excesiva liquidez. Tratar de arreglar el desaguisado echando más leña al fuego sólo logrará que la situación no solo no cambie, sino que agudice las contradicciones y perpetúe los desajustes. Recurrir a tipos bajos, más gasto público, políticas fiscales espurias, inyección de liquidez o emisión de nuevos dólares o euros, pueden presentarse como las opciones más sencillas, pero, recordemos, que se fundamentan en postulados teóricos keynesianos, profundamente equivocados y, lo que es peor, demostrados inútiles en varias ocasiones.

Me temo que la situación es tan desesperada, que cada paso dado en los últimos meses no ha hecho sino empeorarla,  que las consecuencias, terroríficas, no tardarán en verse… pero serán, tan solo, una pequeña parte de lo que nos espera. El Estado es el origen y el Estado será quien nos condene a la mayor depresión económica de nuestra historia.

Saludos y Libertad!

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Hasta la última gota

Publicado por yosoyhayek en Noviembre 23, 2008

Las decisiones públicas y privadas adoptadas como solución para la crisis amenazan con sumir a la economía global en una depresión sostenida. Planes de rescate, pero también ampliaciones de capital y titulizaciones. Todo ello, unidos al creciente déficit de los Estados (en España amenaza con ser ya en 2008 del 3%), prometen succionar hasta la última gota de ahorro disponible en el planeta.

A la caza de fondos soberanos, que ya se ha visto no son para tanto tantísimo, dinero negro y toda la inversión posible, colocando deuda o capital a unos precios atractivos. En el primer caso, comprometiendo la riqueza de los ciudadanos y cargando sobre la próximas generaciones los desaciertos de nuestra clase política. En el segundo caso, poniendo en seria duda el acierto en la toma de determinadas decisiones. El Santander quiere crecer, y para ello, qué mejor que un periodo de recesión como el actual para conseguir gangas y diversificar su negocio. Pero todo tiene un coste y su apalancamiento no es mucho menor al de otras entidades con problemas más o menos en dificultades. EL Santander quiere medrar y para ello necesita la friolera de 9.000 millones. Su ampliación de capital ha favorecido el desplome de sus acciones.

Por su parte el BBVA, que llega más tarde a los mercados, necesitado igualmente de recursos, no puede recurrir a la misma fórmula que el Santander, por lo que echa mano de la titulización para obtener unos 8.000 millones de euros con los que capear el temporal. Necesita una calificación de triple A a toda costa, es lo que le pide el BCE para aceptar la operación y salvar al Banco del precipicio en el que todos, desde el más grande al más pequeño, se encuentran.

El problema que tienen todas estas operaciones es que son lanzadas al mercado en paralelo a los planes de rescate, alimentado a costa de deuda pública, y los déficits descontrolados, también ávidos de financiación en los mercados de capitales. La consecuencia es que el Mundo quedará rápidamente yermo. Unido todo esto a la contracción crediticia natural y consecuente tras la disparatada expansión orquestada por los Bancos Centrales y los gobiernos, nos encontramos ante una situación apocalíptica de la que difícilmente saldremos airosos.

La esperanza de todos es que la captación de recursos y ulterior asignación contribuya a la activación del crédito y la vuelta a la expansión, única vía tomada en cuenta para salir de la crisis. El error es manifiesto dado que la crisis no es sino el reajuste de una situación desaforada de exuberancia irracional, malas inversiones y dinero artificialmente abundante y barato. Si no dejamos que el mercado reasigne recursos, corrija errores y señale, con precios libres y mínima intervención, los sectores más valorados, y por tanto, naturalmente más atractivos para la inversión, los males quedarán enquistados y la depresión se perpetuará durante lustros.

Los gobiernos esperan que la avidez de crédito no recaiga en el momento que las entidades, saneadas a costa de los planes de rescate y las operaciones privadas de recapitalización, estén en disposición de activar la expansión del crédito, otra vez. Si algo nos está demostrando esta crisis, con especial contundencia respecto a otras, es que nada de lo esperado termina por cumplirse, y las políticas recurrentes, inspiradas en modelos monetaristas y neoclásicos típicos, fracasan estrepitosamente llegado el momento de la verdad.

Aunque funcionasen, las consecuencias de todas estas medidas serán el enquistamiento de malas inversiones, la falta de inversión en sectores fundamentales, los cuellos de botella, los problemas de precios en mercados estratégicos, la ralentización económica durante décadas, cuando no el crecimiento nulo o negativo sostenido. Solo les quedará entonces, dentro de la lógica intervencionista, una salida. Y esa salida generará una redistribución y destrucción de riqueza nunca vista hasta el momento… esperemos que no lleguen hasta ese extremo.

Saludos y Libertad!

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Problemas de deuda

Publicado por yosoyhayek en Octubre 22, 2008

Es una de las causas fundamentales de la crisis que sufrimos. Mala deuda, claro. Parece que el gobierno, siguiendo la dinámica internacional, no se ha dado cuenta de este pequeño detalle. La estrategia estatal para tratar de solucionar lo que su mera presencia e intervención ha generado es recurrir a la deuda, echar más leña al fuego.

En la medida que los planes de rescate lancen al mercado una oferta de deuda como nunca antes se había producido, los Estados, unidos (EEUU y Europa, entiéndaseme), tratarán de acaparar para sí y sus políticas de estabilización y salida de la crisis financiera, una parte considerable, desmesurada, del ahorro internacional. Se habla de Fondos soberanos, pero también de grandes fortunas. Dado el panorama, también de pequeños ahorradores.

La Deuda Pública tiene varios inconvenientes. Por un lado, para ser atractiva, debe ofrecer tipos interesantes. Cuanto mayor sea la necesidad de endeudamiento, como es el caso, más competitiva será la pugna por el ahorro. Es un buen momento para diversificar inversiones acudiendo a este tipo de productos, muy seguros, por otro lado. Pero los efectos son perversos. Los Estados, con su poder, con la certeza de que, salvo en contadas ocasiones, no entrarán en suspensión de pagos, ofertan deuda calificada como muy segura haciéndole la competencia a los particulares, inversores privados, gran empresas, medianas y pequeñas, ciudadanos que quieren adquirir bienes de todo tipo.

El ahorro es finito, es el que es. Si de repente, además de la carga fiscal, acuden al mercado de Fondos prestables, con ofertas nunca vistas salvo periodos de guerra masiva, es evidente que la financiación tenderá a fluir hacia las haciendas públicas, en detrimento del sector privado (que es quien en definitiva forma el desarrollo económico).

En la situación en que nos encontramos los efectos a corto plazo de este lanzamiento masivo de deuda son manifiestamente contraproducentes. Se supone que el destino de esa deuda será la activación del crédito, saneando entidades financieras, dando confianza y favoreciendo que vuelvan a prestar a tipos más bajos. Es una segunda fase en la que los dirigentes políticos han puesto todas sus expectativas. El inmenso daño al emitir tanta deuda quedará compensado por los efectos benignos del rescate de entidades y la vuelta a la expansión crediticia. Resulta evidente la falacia de esta convicción, pero es que más allá de que sus deseadas consecuencias no acaben en absoluto con las causas de la crisis, y por tanto, aunque lograsen aminorarla temporalmente, llegaría pronto con aun más virulencia, la contrapartida de tan magna emisión de deuda será el pago de unos intereses desorbitados capaces de devorar el presupuesto de los Estados involucrados.

Debemos añadir que a esa deuda de rescate se le une la generada por el déficit presupuestario, en el que incurre ya España, o en el que incurren el resto de Estados. Para financiarla hay dos opciones: o bien se monetariza generando aun más distorsión e inflación, o se recurre a los mercados financieros, acaparando ahorro privado, compitiendo por él con los agentes particulares, igualmente necesitados de inversión.

Los Estados y sus políticas sinópticas e ingenuas, más allá de ser la causa de los problemas, son sin duda los que más contribuyen a su perpetuación y empeoramiento. Los planes de rescate de la banca tratarán de salvar el sistema de pagos. Tenemos un problema de liquidez cuya subsanación no es respuesta para la verdadera causa de la crisis financiera: la solvencia. Se pretenden adquirir activos y garantizar el crédito, interbancario y a particulares. Los Estados van a intervenir como nunca lo habían hecho tratando de ser conductores acertados que muevan el ahorro de un sitio a otro, pasando por ellos y mediante las entidades bancarias. Por el camino no sólo se perderá riqueza y rendimiento, sino que lo iluso de su propósito verá frustradas la mayoría de sus expectativas. Por el camino, un daño irrecuperable a una economía en recesión necesitada de más libertad y capacidad de reajuste, orientando de forma espontánea el ahorro disponible en función de precios de mercado. El Estado va a suplantar este mecanismo natural por una oferta de deuda a tipos más atractivos sufragados a costa de los contribuyentes.

Me temo que esta recesión va a durar mucho, mucho tiempo.

(Esa foto fue bandera de una campaña masiva de emisión de bonos de guerra: Compren Bonos!)

Saludos y Libertad!

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Crece el déficit

Publicado por yosoyhayek en Septiembre 24, 2008

Volvemos a los viejos tiempos. El Estado necesita financiación extra. No le basta con el expolio legalizado y “legítimo” a través de impuestos y cargas tributarias. La deuda menguante desde 1995 (con el Gobierno ZP ha sido amortizada con decisión pero mucha más comodidad que en el primer y complicado gobierno de Aznar), ahora crece devorando parte de la oferta de fondos prestables. El Estado succiona y compite (con todo lo que conlleva en situaciones de restricción del crédito como la actual), pero necesita más, y como los EEUU durante la segunda guerra mundial, pide contribuciones (estas sí voluntarias) que endosen más riqueza a disposición del gobierno.

El Estado es de por sí el gran generador de distorsiones capaces de desequilibrar y producir desajustes (y errores de inversión) masivos en el proceso social. No haría falta su monopolio sobre el dinero, su precio (tipo de interés), o la concesión a los bancos del privilegio de la reserva fraccionaria y la consecuente expansión crediticia. Ya dijimos que de ella vive y, de la misma, espera compensar su brutal impronta en el mercado.

El Estado, como expoliador y gastador, ya es de por sí una fuente de descoordinación y recesiones económicas. Basta con que yerre o abandone una vía de gasto para que el sector afectado se derrumbe, además de las consecuencias propias de un secuestro de recursos y su asignación en proyectos o inversiones arbitrariamente seleccionados.

Desde los 90 el Gobierno español no había estado más sediento de fondos para perpetuar su lastre y dominio. Los mercados de crédito reducen su capacidad y retroceden casi tan rápido como se expandieron. Las turbulencias financieras fuerzan a las entidades a provisionar y ser cautas, más allá del riesgo de un activo u otro. Como si de una guerra se tratara, el Tesoro Público vuelve a ofertar con interés e insistencia sus títulos al gran público. El Estado se financia siempre mediante estas fórmulas, pero es relevante el comentario dada la situación que vivimos.

(este es de hace unos meses. Estos días acaban de sacar uno nuevo en televisión)

Vamos de mal en peor…

Saludos y Libertad!

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