LA LIBERTAD Y LA LEY

La Coherencia sólo es posible si se aceptan principios bien definidos, F.A.Hayek.

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20-N

Publicado por yosoyhayek en Noviembre 20, 2009

Treinta y cuatro, y siguen pasando los años. Franco murió de viejo, enfermo y marchito. No fue depuesto por el PC ni amortizado por el PSOE. Lo que vino tras su muerte fue un cambio que ya venía produciéndose desde el ecuador del régimen franquista. La España de hoy tiene mucho más que ver con el 39 que con el 36.

El Estado español nunca ha sido un ejemplo, sí un despropósito. Demasiado influenciado, una vez despojado del lastre que podría haberlo convertido en referencia para un mundo menos belicoso y estatista, se dejó llevar por su propia decadencia institucional. A trompicones alcanzó cotas de formación, hasta convertirse en un Estado endeble empeñado en someter a una comunidad política gelatinosa unas veces, quebradiza la mayor parte del tiempo.

El franquismo se sirvió de un “Estado de campaña”, creado conquista a conquista, al uso, por los sublevados del 18 de julio. Ese Estado pasó penurias, coqueteó con la fiereza del totalitarismo, hasta que, por suerte o por desgracia, supo acomodar su impronta y dirigir el rumbo hacia la sostenibilidad. Sostenibilidad que es, en todo caso, sea cual sea el régimen dado, la aspiración fundamental del poder absoluto.

El Estado de 1978 no es distinto al de 1936 (en su versión “campal”), tampoco al de 1939, o al tracto posterior. De hecho, toda similitud entre la CE de 1978 y la CE de 1931, pese a la fuerte coincidencia, en un plano meramente político, es irrelevante: varía aquello que hiciera de la II república un régimen sin consenso (y un escaso compromiso), comparado con la base que ha posibilitado más de seis décadas de paz entre españoles…

El Franquismo hizo de la “paz” su mejor propaganda y herramienta de persuasión y represión. El consenso social que hoy parece estar en desecho, surgió del conflicto civil y el mazazo que representa la victoria de media España sobre la otra media. Lo curioso es que surtió efecto, aplacando el frentismo en el sentir de la mayoría de los españoles. El fin siempre justifica los medios; lo relevante es que esos mismos medios contradigan al fin, en cuyo caso estaríamos ante un conflicto entre fines, y no entre medios y fines. Lo triste es que en todo conflicto civil los fines de cualquier bando, difícilmente son la libertad de todos, sino el simple aplastamiento del rival.

Creer que la persistencia del franquismo y su agonía natural fueron consecuencia exclusiva de una violencia insoportable, no deja de ser un ejercicio de hipocresía. Lo que hoy sucede es que muchos siguen alimentando el mito republicano, el fantasma de unos años de entreguerras donde el totalitario antifascista, por el mero hecho de serlo, tenía legitimidad y carta blanca para asesinar, dominar y empobrecer a los ciudadanos. Hoy son muchos los que se encuentran en la tesitura de demostrar cierta conciencia. Conciencia política, histórica y no se sabe qué más cosas. Conciencia sin juicio, ignorante y analfabeta funcional, que interpreta en los hechos del pasado un mero juego de venganza contemporánea. Odios presentes que toman de mitos pasados las bazas suficientes para encararse con sus adversarios imaginarios.

El 20-n lo celebran cuatro descerebrados, socialistas de un bando, y ocho descerebrados, tanto o más totalitarios, pero del otro bando. Una minoría de españoles que siguen queriendo abrir el teatro del esperpento. Digo 4 frente a 8, porque son el doble los que desde la derrota emocional, pretenden ajustar cuentas. Cuentas contra un chivo expiatorio en el que, forzosamente, necesitan incorporar a media España. Gracias a ese falso equilibrio, sostienen el ritmo. Los otros 4, entre trasnochados y bestias, mantienen una posición que en realidad nunca fue seña del consenso social que también sostuvo el anterior régimen.

20 de noviembre de 2009.

Saludos y Libertad!

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2011

Publicado por yosoyhayek en Noviembre 17, 2009

Mientras que en el resto de Europa y los EEUU la crisis parece haber tocado fondo (no seamos tan optimistas en cuanto a la recuperación en sí), España mantiene los peores augurios para su economía. Ya hemos dicho que si fuera cierto que en los EEUU hubieran dejado atrás lo peor de la recesión, no habría sido gracias a los parcialmente ejecutados Planes de Obama, sino consecuencia exclusiva de la gran flexibilidad y dinamismo de economía.

En Europa, a pesar del lastre que representa el Estado Social, la fuerza de los sindicatos, y el espíritu anticapitalista reinante en todos los partidos (salvo contadas excepciones) que, desde izquierda o derecha, la gobiernan, resulta que la dichosa Globalización, la presencia de nuevos y potentes mercados, y el crecimiento que en las últimas décadas han experimentado las economías emergentes, podrían haber servido de amortiguador y salvaguardia de su prosperidad (la europea) y resistencia frente a la crisis. No sabemos qué nos deparará el futuro, pero sí que la expansión de mercados e intercambios libres ha transformado profundamente nuestro mundo, dejando inoperativas las estimaciones empíricas que, tomando como referencia crisis del pasado, tratan de plantear escenarios y políticas para el presente.

España dobla la tasa de paro media de los países desarrollados, y casi triplica la calculada para las 10 potencias industriales. No se trata de una particularidad achacable a nuestro modelo productivo, como tanto economista, sindicalista y político se esmera en afirmar. Es cierto que el parón en la construcción genera un súbito incremento del paro, pero lo anormal es que los trabajadores que abandonan dicho sector, no tengan ninguna oportunidad para reubicarse en otros ámbitos laborales. Tenemos un grave problema de intervención en el mercado de trabajo, principalmente, que impide la recolocación. Además, el Estado, como máximo inversor y consumidor de la economía, limita la actividad, impide el ajuste, siendo en tiempos de crisis un obstáculo insuperable siempre que no acepte su necesaria constricción.

Siendo posibilistas, sin caer en el radicalismo, dos son las políticas que un Estado puede enfrentar ante una crisis como la que padecemos: la menos mala, o la peor.

-La menos mala: no reducir el gasto, tampoco aumentarlo, simplemente reorientarlo. Elegir sectores a los que ayudar puede generar una falsa apariencia de salvación, cuando en realidad la reasignación de recursos libera a unos del ajuste, momentáneamente, mientras que impide en otro lado un eventual empuje que ayudaría a coordinar, reajustar e iniciar de nuevo la senda de crecimiento. Dicho esto, seamos prácticos, a los políticos se les pide que “hagan algo”, y la pugna entre facciones impide su rectitud. Invertir, desde el Estado, en sectores que no fueron sobredimensionados en la fase expansiva, y que además son, previsiblemente, sectores con proyección a medio o largo plazo, no es la peor de las opciones. Lo importante es que el gasto no crezca, sea reducido en su versión corriente, no se dirija a los sectores sobredimensionados, y limite los dispendios meramente de consumo, centrándose en la inversión.

Dentro de esta opción “menos mala” debe incluirse una minoración impositiva, reconsiderando la presión fiscal por clases de tributos y materias, potenciando el ahorro y la inversión, liberando así recursos hasta entonces en manos del Estado. Bajar los impuestos y no reducir el gasto genera déficit y endeudamiento. Un periodo de déficit controlado, pero relativamente alto, acudiendo al mercado de capitales tratando de uno comprometer la inversión privada, es un mal asumible, siempre y cuando se hagan los deberes en otro ámbito fundamental: la liberalización de mercados, incluido el de trabajo, o el de aquellos sectores donde tenderá a concentrarse la inversión, pero también de aquellos que experimentaron una inflación desmedida durante la fase expansiva.

-En contraposición, parece obvio en qué consiste la peor de las políticas económicas con la que un Estado puede tratar de salir de una crisis: incrementar al gasto, concentrándolo en prestaciones sociales, incremento de los subsidios y el consumo público, dirigido a aquellos sectores sobredimensionados en la fase de euforia. Al caer los ingresos fiscales, inmediatamente se entra en déficit, creciendo la deuda de forma exponencial. Si a continuación se opta por subir los impuestos, el círculo vicioso se cierra y la economía nacional entra en una espiral recesiva imparable. Si a esto añadimos la negativa a reconsiderar la intervención pública sobre los sectores clave de la recuperación, como son el mercado de trabajo, el de energía, comunicaciones, financiero, pero también turístico o inmobiliario, el colapso adquiere tales dimensiones que la salida de la crisis se aleja, se aleja, se aleja… se fue.

En realidad no ha sido mi intención retratar la política de Zapatero como la peor que puede emprender un gobierno, pero es que sus características son tan evidentes que la subsunción adquiere una facilidad pasmosa. España está en la ruina, principalmente, por cómo se están haciendo las cosas. Mantener contentos a los desempleados es compatible con adoptar políticas activas de empleo, que no son en absoluto las mismas que demandan los mafiosos sindicalistas, sino el abaratamiento del despido y la reducción de impuestos y cotizaciones sociales. Bajar los impuestos es compatible con mantener el gasto, siempre y cuando éste sea ajustado en el lado corriente y bien orientado en inversiones sostenibles y con futuro. La deuda es un recurso legítimo siempre que exista un horizonte-límite, caiga la presión fiscal y se liberen los mercados. Sin todo ello, la deuda debe entenderse como un cáncer que compromete a corto, medio y largo plazo, la viabilidad económica de una nación.

Zapatero es un peligro. Necesitamos políticos audaces, pragmáticos, pero atrevidos. No pido que esta crisis sirva para dejar en cueros al Estado, sí para que se reconsidere su relación con el Mercado. La gente necesita ver que se hacen cosas: eses es el arte de la política, dar al pueblo lo que pide sin dejarse llevar por esas mismas exigencias populares, es decir, vender humo y hacer las cosas bien.

Saludos y Libertad!

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Deflación que delata

Publicado por yosoyhayek en Octubre 14, 2009

Los precios siguen cayendo. El dato de septiembre, un 1% negativo, está tan falseado como todo lo que provenga de fuentes oficiales. Se manipuló a la baja la inflación de los años del cambio al Euro, y se manipulan al alza los datos de deflación que desde hace al menos 6 meses se vienen experimentando en España.

Frente a un panorama de crisis económica, reajuste súbito, explosión de burbuja y demás, lo normal es que determinados activos vean caer su precio de mercado. Vivienda, suelo, valores bursátiles… y otras muchas cosas. Si encima la sana recesión se topa con barreras excesivas, rigideces en los mercados e inyecciones arbitrarias, cae la demanda y con ella el precio de los bienes de consumo. La contracción crediticia es un hecho. El dinero no circula, no se liquidan deudas ni se firman nuevas. El parón es tal que el dinero comienza a apreciarse frente a otros bienes.

La deflación es sana y necesaria cuando se sale de un periodo de inflacionismo edulcorado. La euforia de antaño exige un súbito desplome. Tratar de evitarlo, más allá de las medidas que garanticen cierta estabilidad general del sistema, se presenta como el primer gran error. Si los activos se deprecian, bienvenido sea el ajuste. El mercado y los agentes emprendedores que advertirán las oportunidades que nos harán retomar la senda de crecimiento, exige que las señales sean certeras, espontáneas y próximas a la realidad de las cosas. En este caso, la deflación es sana siempre que se le deje hacer, sea rápida y no se pongan barreras al propio mercado.

Premiar a los productores de sectores sobredimensionados, evitar el desplome del precio de la vivienda, subvencionar el mercado del automóvil, evitar los despidos que son indispensables y poner trabas a la ágil contratación de esos trabajadores desplazados de un lado a otro. Representan el segundo grave error que puede perpetrarse en contra de la recuperación económica.

La deflación ha empezado a ser un problema, síntoma de que las cosas no van bien, de que las decisiones no han sido oportunas ni adecuadas. La deflación sobrevenida en periodos de crisis, tras décadas de inflacionismo, es una mala señal siempre que supere un breve periodo de saneamiento. En España, con datos maquillados como los de septiembre de 2009, la caída generalizada de los precios se ha convertido en la constatación de que el Gobierno lleva errando el tiro desde que mintió sobre la inminencia de esta crisis.

Estamos ante una incipiente cadena de suspensión de pagos, y no digo por dónde puede comenzar porque, tristemente, empieza a ser evidente (y no hablo de El Corte Inglés… ejem).

Saludos y Libertad!

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La deuda pendiente de Zapatero

Publicado por yosoyhayek en Septiembre 7, 2009

El País, puede que por decencia intelectual (puede que por saberse “segundón” del presidente), despierta en sus ediciones cierto desapego con Zapatero y su desastrosa política económica. Ayer, sin ir más lejos, dedicó su especial dominguero de economía a darle duro, justo en la cabeza (como diría Juan Carlos, del que no sabemos si le queda poco… o demasiado), destacando las peculiaridades de la crisis en España, la insostenibilidad del modelo de crecimiento que tuvo su auge en los 4 primeros años de gobierno neosoc(k), la incapacidad para reconocer problemas, y peor, los bandazos, globos sonda, tentativas y errores cometidos con forma de “respuestas de coyuntura”. El diario de Prisa permanece instalado en el peor de los diagnósticos, la estulticia teórica así como la comodidad de sentirse asesorado por “los mejores” del momento. Aun con todo Zapatero no les gusta, son conscientes del desastre y pretenden bien una rectificación seria e inteligente, bien una crisis política capaz de devolver a los socialistas cierta cordura. Lo que sí parece evidente es que en su esquema de recuperación y cambio político no pasa que el PP ocupe el gobierno… eso ni por asomo (y casi casi que comparto su opinión).

Lo que asusta no es que El País, despechado y traicionado, tenga un momento de lucidez y denuncie el harakiri impersonal de Zapatero. Lo que aterra es que lo haga no desde la moderación y la revisión, sino de la mera reafirmación ideológica, descartando al hombre pero no a sus ideas. Zapatero improvisa, yerra, titubea, pero en el fondo, y eso cree El País, no va mal desencaminado. El gurú económico del New New Deal, Paul Krugman, ilustra con uno de sus artículos las máximas de las que parte la progresía mundial: Estado salvador, Estado estimulados, déficit y deuda hasta que la cosa no empiece a remontar.

Esa simple ecuación es, desde que el Estado es Estado, un ejemplo más del terrible impacto que tiene el estatismo en el intelecto humano cuando se convierte en razón de ser de toda decisión política. No solo conlleva una clamorosa ignorancia sobre el funcionamiento de los procesos sociales y de mercado, sino una nimia escapatoria capaz de condenar a los hombres y mujeres a las más profundas tinieblas. El señor Krugman parece no entender que en el mundo en el que vive el Estado gastando solo contribuye a dilapidar la riqueza presente y futura. Tampoco comprende que el Estado invirtiendo carece de rumbo y eficiencia, o peor, compromete el ajuste necesario para revertir los errores que precipitaron la crisis. El Estado maneja lo que no produce; lo expropia y distribuye. Impide que sus legítimos propietarios tomen decisiones respecto de los recursos disponibles, pero también intercepta la posibilidad de especular, de plantear procesos de inversión duraderos, de endeudarse con responsabilidad.

Cuando el Estado entra en déficit para sufragar sus gastos corrientes no está salvando a sus proveedores y asalariados. Lo que se ve, lo aparente, es que el Estado cumple con sus obligaciones previas. Lo que no se ve es que lo hace comprometiendo su propia viabilidad y secuestrando recursos o compitiendo por recursos que en manos privadas sí pudieran cumplir una función coordinadora. El Estado al no reducir su gasto ajustándolo a sus ingresos no activa la economía sino que la hunde aun más, lastrando una recuperación que nunca, nunca, dependerá de él.

Cuando el Estado toma deuda, acude a los mercados de capitales, compite con otros Estados y empresas, ofrece tipos altos cuando mayor sea la confluencia de agentes necesitados de financiación, está tomando decisiones muy complicadas con un doble impacto: a corto plazo seca las fuentes de financiación capaces de suministrar recursos a los emprendedores que deben hacer remontar la situación. A medio-largo plazo realiza inversiones en sectores y ámbitos concretos que nunca sabremos si el mercado, con precios libres, habría convertido en lo suficientemente atractivos como para movilizar semejante cantidad de recursos.

Gastar o invertir indiscriminadamente, facultad que solo tienen los gobiernos, arbitrarios y sometidos al vaivén político y la opinión del populacho, no es por sí misma garantía de recuperación. Si hoy, y es lo que no parece entender Krugman, se atisba la recuperación mundial (está por ver) no es debido, como defiende, a la ingente movilización de recursos en forma de gasto corriente e inversión arbitraria promovida por los Estados gracias a la deuda, sino por la capacidad de ajuste inspirada en precios más o menos libres y en la perspicacia empresarial de millones de individuos a todos los niveles del mercado. Sin esto último no estaríamos hablando de “tocar fondo” o “síntomas de recuperación”, sino de agudización de la crisis y estancamiento.

Los Estados no crean riqueza, la redistribuyen, no invierten sin más sino que bloquean otras inversiones. El mito de que sin el ánimo del Estado los agentes privados, deprimidos y temerosos, serían incapaces de hacer remontar la economía, no deja de ser una fábula inventada por políticos y esbirros políticos como Krugman o Keynes.

La deuda no es mala. Quien se endeuda valora más lo cree podrá obtener gracias a ese crédito que el crédito mismo, sumados los intereses. Cree que obteniendo hoy esos recursos podrá devolverlos cuando toque y aun así obtener un beneficio. Sucede cuando compramos bienes de consumo duradero como las viviendas, con mayor o menor acierto, o cuando cambiamos recursos presentes previendo una lucrativa producción futura. El Estado, sin embargo, aun cuando en determinadas inversiones pueda comportarse como un agente privado y responsable, además de no comprometerse como éste lo haría puesto que tanto su capacidad de endeudamiento como sus recursos presentes proceden del expolio fiscal (de la riqueza de sus ciudadanos), nunca actúa guiado completamente por el espíritu que sí guía a los particulares. Lo hace a través de un cálculo de oportunidad política: Si estamos en crisis debe parecer que la crisis es responsabilidad de cualquiera menos del Estado. Siendo así el Estado se convierte en el salvador del desfavorecido. Demostrado el fracaso de mercado libre el Estado adopta la posición de máximo gastador e inversor, puesto que sin demanda no hay actividad. Los dirigentes políticos introducen todas estas falacias en su túrmix particular, evaluando su situación personal…

Zapatero sabe que le quedan 2 o 3 años duros, para él y para la economía española. En base a lo que cree saber de esa situación ha trazado un plan de acciones sostenido en convicción inspirada por Krugman: la deuda no es mala cuando el deudor sea el Estado. Es más, debe aprovechar la situación para colocar al Estado en posiciones ventaja y preeminencia dado que es el único capaz de financiarse sin asumir todos los costes derivados. Si todos los Estados siguen esta máxima será más que evidente su grave contradicción, porque aun pudiendo endeudarse a lo grande comprometiendo impuestos y riqueza futuras, hoy no existen bienes presentes para todos… no a un precio que garantice la sostenibilidad financiera de dichos Estados. En esta contienda resulta evidente que unos saldrán mejor parados que otros. Veamos qué confianza inspira la solvencia de España, su Estado y su gobierno…

Saludos y Libertad!

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El Estado Catalán en crisis

Publicado por yosoyhayek en Julio 16, 2009

La propuesta de nueva financiación autonómica es una trampa edulcorada. Zapatero sabe que debe su victoria electoral  a dos ámbitos fundamentales de rancio socialismo: Andalucía y Cataluña. Sin ellos, sumada la inestimable aportación que su política de negociación y claudicación con el nacionalismo y los terroristas cosechó en las últimas generales y autonómicas en el País Vasco, su derrota en el reto de España le abría arrastrado a la oposición y el consecuente ocaso político.

El Estado Catalán es una realidad, como lo es el vasco, anclados al español en temas puntuales, incómodos, lejos de las competencias que realmente interesan a quienes demuestran una obstinación empecinada en el proceso de construcción nacional dentro de sus respectivas regiones. Lo que sucede en Cataluña es que envidian, y de qué modo, la situación privilegiada de los vascos, que con su Concierto, manejan todo lo que se expolia en su territorio, gestionan, recaudan y deciden sus impuestos directos y especiales, y contribuyen al común en virtud de lo que el Estado gasta en la región en servicios básicos de defensa y seguridad. Con las obras de la dichosa “Y” vasca, Sondika y el súper puerto de Bilbao (entre otras actuaciones) el cupo deja un saldo sabrosamente positivo a favor de las instituciones vascas. Su pertenencia a España les sale mucho más que rentable, succionando recursos de otras regiones como Madrid o Valencia.

Cataluña quiere un estatus similar, de ahí que en su nuevo Estatuto se cometiera el exceso inconstitucional (previsiblemente “constitucional” por sentencia del TC) de concederle prerrogativas exclusivas en materia de financiación al margen de la regulación general de todas las comunidades de régimen común. La propuesta hecha por el gobierno ha satisfecho a los nacionalistas de ERC, no tanto a los de CIU (que en estrategia electoralista prefieren aferrarse a su negociación previa del capítulo de financiación del Estatuto). La Generalidad manejará más dinero, como todas las autonomías, pero bajo los criterios que más benefician sus pretensiones, alejando el sistema de esa maltraída solidaridad interterritorial por la que apostó el constituyente. A modo de compensación y fondo de estímulo el Gobierno pone 11.000 millones de euros sobre la mesa. Más de un 30% irán a Cataluña, seguida de Andalucía, que por población, al menos, justifica la ingente aportación. Cataluña recibirá el doble de lo que merecería manejando criterios demográficos o de su contribución al PIB general. Unas cantidades que el Gobierno se niega a justificar y únicamente razona como la mejor forma de hacer que los catalanes “se sientan cómodos” en el nuevo sistema.

Zapatero roba y reparte desde la debilidad. El Estado español no existe, está en manos de los intereses regionales. No existen los planes generales, su clase política no aguanta el envite ni siquiera de sus correligionarios locales. Perdido el criterio de “interés general de la Nación”, el Estado central se convierte en una nueva fantasía por la que cada autonomía intenta vivir de la riqueza generada en el resto (Bastiat a la española). Cataluña, al margen de esta “ayudita” extra, ha logrado que sus aportaciones al fondo de solidaridad sean compensadas por lo que percibe de otros fondos que tienen en cuenta criterios variopintos. Su régimen no es tan privilegiado como el vasco en cuanto a la determinación y gestión de los impuestos fundamentales (IRPF e IS), pero en lo que a cuantías y contribución al común se trata, puede decirse que estamos ante uno de los mayores éxitos nacionalistas de la historia reciente de España.

Cataluña es un Estado en crisis. En crisis de identidad, porque a pesar de sus esfuerzos de inmersión y persecución el 60% de sus habitantes sigue teniendo en el español su lengua habitual. Crisis institucional, porque el entramado de intervención se le ha ido de las manos, en cuanto al peso de su burocracia, el proteccionismo de sus regulaciones comerciales e industriales, su incapacidad por adaptarse al dinamismo que exige un mercado expansivo y mundializado. Crisis política, porque todos coinciden en ser pedigüeños y llorarle al Estado, porque todos han asumido el discurso nacionalista y el pensamiento único posibilitando excesos e intromisiones salvajes en la libertad individual. Y Crisis económica, porque ha dejado de ser la locomotora de España, todo lo anterior le pasa factura demostrando haber perdido el empuje de antaño, ese que durante la restauración y el franquismo la convirtió en vanguardista y europea.

Cataluña, o mejor dicho, Barcelona, sigue siendo moderna y atractiva. La iniciativa privada mantiene su peso y apuesta por la innovación. Tristemente las administraciones han asumido funciones que no saben manejar acorde con la pujanza de su sociedad, concluyendo en un deterioro general que termina invadiendo de pesimismo y atrofia también a los individuos más proactivos. La autonomía catalana o el ayuntamiento de Barcelona han caído en su propia trampa. Las olimpiadas del 92 intentaron dinamizarla, el Fórum fue un invento ridículo, todo para sacar a flote lo que, a pesar de los artificios y falsas apariencias, es un barco que se hunde sin remedio. El estatismo catalán, el socialismo rancio y fascistoide catalanista, están asfixiando lo que pudo haber sido una de las regiones más atractivas y punteras del mundo. Convertida en parque temático, en parque de juegos para locos constructivistas, merodean acomplejados los triunfos catalanes conscientes de que con o sin triplete les falta el ímpetu que únicamente la libertad y el sosiego en las pasiones particularistas permite.

Saludos y Libertad!

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V, U o L

Publicado por yosoyhayek en Abril 13, 2009

La pregunta del millón, ¿qué forma adoptará la crisis? En función del diagnóstico cabe conjeturar bajo todo tipo de presupuestos, y claro, según a quién preguntes y su mayor o menor sesgo ideológico, responderá una cosa u otra.

En España padecemos dos calamidades que se topan pero no excluyen. La crisis financiera internacional también es económica, y espero que ya nadie lo ponga en duda. Parece una obviedad pero es que mucho analfabeto funcional permanece en la dicotomía como recurso facilón del que tirar para construir su interesado discurso. La española es una crisis particular por la intensidad con la que ha sobredimensionado determinados sectores y forma en qué todo el entramado económico ha terminado pivotando sobre los mismos. El reajuste parcial extiende su onda expansiva por todo el mercado, y si a esto unimos el origen financiero de la hinchazón generalizada no es difícil suponer y más fácil comprobar que todo ha acabado contaminado. La expansión del crédito, unos tipos de interés artificialmente por debajo del tipo natural, la generación de masivas burbujas de precios de activos…

Diagnosticadas las causas y planteados los factores fundamentales que operan en el proceso de reajuste, cada cual cree entrever la posibilidad de recuperación en diferentes aspectos. Confiar en el comercio internacional, la rápida recuperación estadounidense y una presunta ingente capacidad inversora procedente de las potencias emergentes, puede aliviar los peores escenarios de aquí a un año. Si así fuera, por muchas trabas y obstáculos erigidos internamente contra el espontáneo reajuste, la confianza en el exterior haría semejante políticas de lo más acertado e inteligente cuando el objetivo es perpetuarse en el poder a toda costa y sobre un creciente clientelismo social. Una crisis en forma de V que devolvería las cosas a un lugar razonable, más o menos sostenible, pero sin los movimientos de precios y estructura productiva indispensables para garantizar una viabilidad a medio o largo plazo. España, en este sentido, tiene margen de endeudamiento, puede enfrascarse en megalómanas obras de infraestructuras, sostener el sistema universal de prestaciones y tirar por unos añitos más con el fraudulento y quebrado sistema de seguridad social.

Zapatero se lo juega todo a este número, a esta previsión. Por desgracia la estrategia se funda en un erróneo diagnóstico y una peor apreciación de las posibilidades ciertas de la economía española. Es más, aun cuando la situación terminara aliviándose, parcialmente, y antes de las próximas elecciones pudiera incluso vender una supuesta recuperación, la tara estructural seguiría ahí, ningún sector sería capaz de retomar su dimensión y pujanza anterior, continuando el paulatino enfriamiento económico hasta llegar al estancamiento absoluto. Soñando con una V acabaríamos en L.

Los que creen que la crisis será en forma de U, en el contexto internacional, y una U algo más abierta en el español, no lo hacen, en su mayoría, por pesimismo derrotista antipatriótico. Nada de eso. Su diagnóstico se aproxima con mayor rigor a las causas ciertas de la crisis. Analizan la situación y los previsibles efectos del reajuste en determinados sectores. A continuación, sencillamente, advierten que dadas las actuales barreras del mercado, la rigidez laboral, la presión fiscal y el grado de intervención, aunque terminaría por llegar, la recuperación se haría esperar unos cuantos semestres.

Lo que importa es que el hacer algo o el no hacer nada parecen acabar en la misma situación: el estancamiento. Poco importa lo agudo del reajuste, lo que quede aún por pasar: que estemos frente a un crisis en forma de U, U abierta, poco puede esperanzarnos cuando el desenlace más probable para la economía española, en ausencia de auténticas reformas, será la mediocridad generalizada.

España ha tocado fondo. Esta no es una crisis del mercado español, sino una crisis del modelo de intervención en sentido amplio. Ya sabemos que es el intervencionismo lo que provoca las turbulencias monetarias y financieras, pero es que en España el escenario económico, la regulación de mercados y el peso específico del Estado, como su modelo y capacidad distorsionadora, son factores determinantes que podrían impedir la recuperación a muy largo plazo. No sabemos qué sector tirará del carro, si será uno de los que copan hoy por hoy una amplio margen en la generación de riqueza nacional, si regresará la construcción hasta la dimensión previa a la crisis, o surgirá una o varias nuevas oportunidades de ganancia capaces de recomponer nuestra estructura productiva. Lo que está claro es que con la actual tara institucional y la más que previsible degeneración fomentada desde el poder por mero cálculo político, España está en serio riesgo de paralizarse y entrar en una dinámica insufrible de autodestrucción.

La única esperanza de este país reside en la valentía con la que su sociedad, a pesar de la trama mafiosa que sostiene nuestro degenerado estatismo, arranque reformas tales como la bajada generalizada de impuestos, sobre todo los que gravan el ahorro y la inversión, la desaparición de regulaciones absurdas, la privatización cierta del mercado de la energía, de las telecomunicaciones y los transportes, el despedazamiento del poder sindical y la abolición de prácticamente toda la legislación laboral… De ahí surgiría nuestra ventaja, las oportunidades que harían de España una potencia en auge, una versión híbrida entre California y Florida, con un mercado ágil y dinámico. No hay nada en este país que pueda superar a la libertad en su capacidad de potenciar todos sus atractivos.

Sea en V, en U, o finalmente en L, no habrá España que retomar si España no cambia el rumbo en lo que a estatismo se refiere. Esta realidad tan íntima impedirá a Zapatero o al que venga, rojo o azul, poder atribuirse el mérito de haber acabado con la crisis.

Rallo: Futuribles cada vez más presentes

Saludos y Libertad!

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El INE, los datos sobre apellidos y “la zona de los vascos” de Benidorm

Publicado por yosoyhayek en Febrero 4, 2009

Ha salido en televisión y no sé si en prensa escrita. A todos nos gusta revisar nuestros apellidos más singulares para comprobar cuán singulares son (valga la redundancia). El dato curioso es el que sigue: Los apellidos “nacionales” son los mayoritarios en provincias y comunidades donde abunda o domina el espíritu particularista extremo, e incluso el antiespañolismo secesionista.

España es más homogénea de lo que muchos pretenden. La población desciende mayoritariamente de varias mezclas procedentes de rincones distintos. Las zonas más habitadas son las más mestizas, incluidas Barcelona, Vizcaya o Madrid.

Los apellidos raros son escasos; los propios de la tierra, casi anecdóticos en comparación con el imperio de los García, los López, Martínez, Fernández, González etc… Quien aspire a levantar muros institucionales y fronteras económicas o políticas entre españoles debe asumir el coste social de romper familias, desarraigar a sus ciudadanos y quebrar la evidencia de que vayamos donde vayamos nos sentimos más o menos entre los nuestros (suena colectivista, pero el reconocimiento o la sensación de pertenencia son básicos para la convivencia pacífica, además del intercambio libre).

Un ejemplo fantástico es el gusto de los vascos por veranear y adquirir propiedades fuera de sus provincias. Solo superados en capacidad colonizadora por la marea madrileña sobre las costas valencianas.

Los vascos, decía, se han hecho con media Cantabria (Noja, Castro etc…), se pirran por las casas de pueblo (que tocadas por su barita mágica se convierten ipso facto en Caseríos con Txoco) en La Rioja (Rioja), Bureba (norte de Burgos), Navarra… Esquían en Aragón (Formigal), y dominan varios enclaves de levante: Benidorm es suyo.

Francisco (Patxi) López hace campaña con Leire Pajín (la novia de Chucki) por las cuatro calles de la ciudad alicantina dominada por jubilados y no tan jubiletas vascos. Los de por ahí hablan de los bares de los vascos, el barrio de los vascos, la calle de los vascos

La impregnación, el mestizaje, la pluralidad de la mayoría de las familias españolas puede con la endogamia enfermiza de algunos. Esos pocos, dominando aldeas y pueblos, son referente para mucho acomplejado, y por ello, batuta política e ideológica, impositores de señas distintivas y atributos nacionales.

Esto parece razonable únicamente en el terruño, la tribu, en zonas de poca población y distancias cortas. Ese paletismo es el que inspira tristemente el germen nacionalista periférico en nuestro país. Puros y asimilados, gentes sin apellidos que, al inscribirse hace un siglo, apostaron por la palabra más rocambolesca, o miserables en personalidad que tradujeron o negaron los suyos tomando apellidos sonoros y singulares a más no poder.

Esa es la contra España mayoritaria: otro día analizaré la pro España dominante, que también deja mucho que desear.

Saludos y Libertad!

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¿Presidencia Rojigualda?

Publicado por yosoyhayek en Enero 20, 2009

Dada la saturación, en el día de la toma de posesión de Obama (creo haber contribuido con un par de parrafadas, os pido disculpas), me quedo con una instantánea lograda en medios internacionales de la escena más conmovedora de la ceremonia (despedida del paleto, bienvenida a la élite intelectual). Ya que tantos, incluido Gaspar Llamazares (… y empieza la de la hoz y el martillo?), celebran con descaro la entrada del tándem Obama-Biden, quizá esta imagen genere más de un sonrisa, tonta ilusión, a más de un ingenuo inoculado con el optimismo zapateril. Obama vendrá a España, no lo dudo… esta es una muestra de lo presente que estamos en su corazoncito ;) .

 obamabidenspain

Como creo en su vacuidad, confío en que su discurso no haya sido sino una pildorita con la que tranquilizar al público. Le concedo el beneplácito de creer que no se dejará pasar la oportunidad de ser el mejor presidente de la historia… que así sea!

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Bienvenido Obama! Y que vivan los EE.UU!

Saludos y Libertad!

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Un Estado que no existe

Publicado por yosoyhayek en Diciembre 31, 2008

El español ha sido, es y seguirá siendo un caso excepcional. Hemos pasado de la singularidad al amago centralista, y de este a la descomposición más intensa de cuantas acontecen hoy en el mundo. El debate sobre la financiación, las conquistas periféricas de algunos y las cesiones consecutivas desde Madrid, no son sino la representación actual de lo que acabará, sin duda, en la desintegración total de la unidad española, no solo en términos estatistas (que poco me importa) sino también sociales, culturales y económicos.

Las autonomías no han llegado para cubrir parcelas de dominio o ejercer competencias. La Constitución de 1978 permite varias posibilidades, y así se ha demostrado. Aun cuando mantenga resortes a modo de garantía de cierta unidad y coordinación entre administraciones y poderes, su interpretación y desarrollo ha excedido lo que sus padres creyeron atado y bien atado, para embarrarse en reformas y regulaciones ciertamente contradictorias con el espíritu constituyente. Su adecuación, la interpretación laxa, la asimilación de principios que anulan dichos resortes de unidad, llega auspiciada por una clase política paleta y particularista, con independencia del partido al que nos refiramos, apostando, en todo caso, por la consolidación local de sus espacios de control y expolio.

El Estado español no será sustituido por un espacio abierto de libertad y descentralización política, sino por 17 nuevos Estados que muy pronto superarán en entidad y coherencia interna al que paso a paso llegarán a suceder. Aventurar más allá de esta tendencia sería un error. Los años que nos esperan configurarán estructuras políticas singulares, nuevas, sin parangón ni imagen en la historia o el entorno de España.

El gobierno socialista de Zapatero no será el único culpable, pero sí un elemento crucial para comprender el desgaste y la consolidación de la apuesta autonomista. Curiosamente, las ansias extremas de algunos no marcarán hitos de excepcionalidad, sino que terminarán por arrastrar, como se ha venido viendo estos años, casi de forma inmediata, al resto de entidades autónomas. La cuestión más interesante será comprobar la reacción de los grandes municipios, como Madrid o Barcelona, y todos los que gocen de cierta centralidad intermunicipal o dominio provincial. La nueva pugna de poderes, frente a un Estado menguante, sin peso político, incapaz de definir una política exterior mucho más contundente que la desgana y derrotismo interior, saltará de La Moncloa y la Carrera de San Jerónimo, al terreno local, si es que llega a consolidarse una clase política en esos ámbitos más reducidos.

Nos esperan años de pugna y disputa, de confrontación de paradigmas sobre una base anquilosada y desprovista de reflejos y recursos. El Estatismo hispano de nuestros días es el autonomista, sin necesidad de bombas, solo con el chantaje y el placaje sostenido se alcanzarán conquistas irreversibles. En la medida que la sociedad española siga adormecida y entregada a la estulticia política más embrutecida, podrán los estatistas de todos los partidos perpetrar su crimen. Hasta que no se desligue la idea de unidad de España con la del centralismo estatista, o la de pluralidad con la consolidación de nuevos Estados a nivel regional, no seremos capaces de construir un discurso coherente que apueste por una España como escenario de interacción de individuos libres, dando la espalda y rehuyendo de toda apuesta estatista, del signo que sea. La convivencia y el intercambio entre españoles no pueden ser confiados al Estado, visto como se ha visto su incapacidad manifiesta y consustancial de retener y defender los principios que los hacen posibles. Toca ser antiestatista en todos los frentes, por mucho que algunos sigan confiando en un jacobinismo trasnochado, constructivista, liberticida e inútil.

Saludos y Libertad!

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Muerte al Borbón?

Publicado por yosoyhayek en Diciembre 9, 2008

El nacionalismo catalán ha tenido tiempo y ganas de edificar sobre pies de barro mitos e idílicos pasajes sobre su historia. Identificar en los borbones el fin de sus fueros no es extraño, pero sí resulta exagerado atribuirles la desgracia de Cataluña. Todo lo contrario, sin la homogeneización del solar hispano no serían sus gentes lo que llegaron a ser y parecen empeñados en abandonar a fuerza de proteccionismo suicida.

No seré yo quien discuta la legítima reivindicación foralista, medievalista, o como se quiera, de los territorios y regiones que en su día perdieron sus instituciones a costa del engrandecimiento del Estado español. Soy antiestatista y puedo entender que liberales de veras, de esos que saben de lo que hablan, conserven en sus corazones el anhelo pactista y la resistencia contra la extensión del poder real. Los Borbones importaron el modelo francés, el patrón del estatismo, lejos de teorías anteriores, perfecta maquinaria artificial y despersonalizada de dominación. En España, con sus más y sus menos, Monarquía y fueros, habían sobrevivido, no sin renuncias y excesos, manteniendo rasgos propios de la edad premoderna. En realidad esto no fue tan así, y ni siquiera en los reinos previos a la reunificación los fueros resultaron infalibles frente al ataque pragmático del rey. Es más, no cabe equiparar, en absoluto, la entidad de aquellas monarquías, ni siquiera la de los austrias,  con el tipo estatal propiamente dicho. Este llegó algunos años después de los decretos de nueva planta, con ese rey tan conmemorado y querido llamado Carlos III. Los fracasos posteriores son por todos conocidos y el siglo XIX puede considerarse como prueba y error del estatismo hispano, trasnochado, sui generis e inconsistente.

De eso bebe el nacionalismo, primero del particularismo medievalista, también de la pérdida del imperio, rematada en el 98. España perdió sentido por centralista y desprovista de su misión transcendente. Pero sorprende que los nacionalistas, una excrecencia purulenta del regionalismo (como bien dice D. Negro) recuerden al Borbón, más si cabe pidiendo su cabeza, cuando ellos, lejos del reclamo de fueros y libertades, quieren para sí mucho más de lo que aquel trajo consigo en su viaje desde la terrible Francia.

El nacionalismo es purulento y totalitario no por aspirar a la independencia política del poder de un Estado como el español, sino por querer dicha autodeterminación para constituir un Estado propio. No lucha por conseguir restaurar instituciones traicionadas por Borbones y afrancesados jacobinos, sino por instaurar su particular e invasivo Estado todo poderoso. La alternativa al mal no puede ser mucho más mal. Quien piense que un catalán y un madrileño podrán ser más libres tras la desunión del Estado español, no vive en este mundo ni tiene la perspectiva suficiente. El nacionalismo es estatista porque sabe que sin semejante maquinaria de distorsión y agresión institucional no sería posible segregar una parte de un conjunto o sentar las bases para un desentendimiento de facto. En esto están las autonomías, promocionando la diferencia, o inventándosela directamente. Quien no entienda que son la antesala de la ruptura vuelve a incurrir en estulticia supina.

La descentralización no es mala sino consecuente. El municipalismo o regionalismo, pueden ser buenos contrapesos de poder frente a la égida del Estado. Pero dada la situación y el diseño encarado, en España, siguiendo el patrón secesionista, la maquinaria del Estado ha quedado dividida y a merced del totalitarismo de la diferencia, del terruño, la tribu y el miedo y el rechazo hacia el vecino.

Los antiestatistas apoyamos a todo aquel que luche contra el Estado sin dañar con su propósito la libertad y la convivencia logradas. No merece la pena sacrificar libertad o concordia a cambio de no se sabe qué. Esa es la oferta antiespañolista, descaradamente guerracivilista, irresponsable y suicida.

Muera el Borbón de Madrid, viva el de Barcelona, aunque sea de Córdoba! Con semejante proclama, que no esperen respeto ni aquiescencia ninguna.

Saludos y Libertad!

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El Fraude en España

Publicado por yosoyhayek en Agosto 19, 2008

Cuando un orden de normas experimenta una deserción exagerada algo debe ir mal. El fraude fiscal y a la seguridad social en España alcanza un cuarto del producto interior bruto (ese índice sesgado pero tan útil para tantos y tantas).

Entre unas cosas y otras, de media, los españoles sufrimos la confiscación de nuestros ingresos en torno al 50%. Ganar dinero en España y cumplir escrupulosamente la norma es, sencillamente, desalentador. Sobre todo cuando tenemos en cuenta que a medida que ganamos más menos servicios públicos utilizamos y más contribuimos al desarrollo económico, seguido de más recaudación para el insaciable.

No voy a describir las argucias, más o menos complejas que cualquier asesor fiscal sirve en bandeja a sus clientes. Lo de las sociedades civiles está muy bien pero hay otras formas y cuanto más grande sea el botín más inteligente tiene que ser nuestra estrategia. Lo que asusta es que el Ministerio considere fraude el simple hecho de cumplir su normativa. Es triste afrontar el fracaso de unas reglas imperfectas pero de ahí ha calumniar al personal hay un paso que no deberían dar los que nos expolian (expolia el Estado pero siempre al servicio de particulares, es más, incluso nosotros mismos en más de una ocasión. Qué razón tenía Bastiat!),

Fraude, lo que se dice fraude, acogiéndose a una norma para evadir la aplicación de otra a pesar de hallarse en el supuesto de aquella, hay, no lo vamos a negar. Pero no llega a ese 23% del Pib. Puede que sea altísimo el índice de delincuentes y defraudadores fiscales, pero algo está claro, una norma es acatada en la medida que la gente conserva una opinión favorable sobre su justicia. Un grupo humano que mayoritariamente sigue las normas no lo hace por la intensidad de la represión, de esa sanción kelseniana adorada por el estatismo. Lo hará por no padecer recelo u oposición insuperable ante el contenido del precepto, ya sea por mera adhesión o por considerarlo un mal menor. Si el incumplimiento se generaliza, digamos, por encima del 10%, mal va la cosa.

Un grupo humano puede disfrutar con el expolio, incluso considerarlo justo, consecuente. En España sucede algo muy característico de las sociedades envilecidas por la idolatría al Estado de Bienestar. Por un lado todos protestamos cuando nos exprimen a impuestos, pero por otro son pocos los que mantienen una posición firme y coherente en contra del intervencionismo. Incluso los que más ganan, los que más evaden, o mejor dicho, los que si tiene acceso a los servicios de un buen asesor fiscal y recurren a las zonas grises de la norma, conservan ese regustillo afín al prestacionismo estatista.

Miedo a que los pobres en manada asalten sus barrios y despojen de sus enseres sus magníficas casas. Esa es la idea que la socialdemocracia rawlsoniana ha logrado imprimir en la mente del rico. Es mejor pagar, algo, y soportar un gasto desaforado con tal de mantener el status. La falacia es terrible, es desconocimiento de un ápice de teoría económica bien formulada resulta evidente. También los ricos, los emprendedores, los que crean riqueza han caído en manos de la propaganda sinóptica.

Y en esa esquizofrenia nos movemos. Que si pagamos, que si no lo hacemos… el ministro de turno empleando más inspectores, el legislador (ministerio de Hacienda, claro está) buscando la perfección, los asesores por delante, los ricos pagando menos de lo debido pero encantados con el sistema… y las clases medias, con más o con menos, pagándolo todo, sufriéndolo todo, y si son trabajadores por cuenta ajena, más si cabe… Vaya panorama!

Saludos y Libertad!

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Podemos!!! (y pudimos)

Publicado por Liberand en Junio 29, 2008

Zápater se marcha al baño un momento y…

España 1- Alemania 0

 

ACTUALIZADO: España Campeona de Europa!!!!!

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Bandera inconstitucional, escudo ilegal

Publicado por Liberand en Junio 19, 2008

Hoy he leído este titular: la bandera republicana no es ilegal.

 

Tras el arrebato reivindicador de los orígenes liberales de la bandera republicana, volvemos a la vida real, a poner un poquito de orden en lo que a constitucionalidad y legalidad de las banderas respecta. Aprovecho para pedirle a yosoyhayek que escriba sobre la Constitución de la II República y el liberticidio que supuso.

 

Aquí tenemos tres banderas, la tricolor republicana, la del escudo franquista y la rojigualda con el toro. Son numerosas las ocasiones en que los medios de comunicación caen en el error de referirse a la segunda, la franquista, como inconstitucional o preconstitucional.

 

Vayamos al artículo 4 de nuestra Constitución:

 

“La bandera de España está formada por tres franjas horizontales, roja, amarilla, roja, siendo la amarilla de doble anchura que cada una de las rojas”.

 

No dice nada más. De las tres banderas que he expuesto solo hay una, la republicana, que no cumple dicha norma, con lo que la inconstitucional es la tricolor, las otras dos son perfectamente constitucionales.

 

¿Qué diferencia hay entonces entre la bandera franquista y la actual? El escudo. Pero la Constitución no habla en ningún momento del escudo, de hecho, el escudo oficial siguió siendo el franquista hasta el año 81 en el que se promulgó la Ley del Escudo, oficializando el actual. Dicha Ley a parte de describir una a una sus características, dice así:

 

        Los distintos organismos públicos que utilicen el escudo de España dispondrán de un plazo máximo de tres años para sustituir el escudo hoy en uso.”

        “Se mantendrán los escudos existentes en aquellos edificios declarados monumentos histórico-artísticos. Igualmente se mantendrán en aquellos monumentos, edificios o construcciones de cuya ornamentación formen parte sustancial o cuya estructura pudiera quedar dañada al separar los escudos.”

 

La bandera franquista no es inconstitucional, ni preconstitucional, pero su escudo es ilegal, no puede ondear en los edificios públicos ni representar a España en los actos oficiales. Eso no ocurrió hasta el año 81, de hecho, en la portada de la Constitución aparece este escudo. Lo mismo sucede con la bandera republicana, salvo que ésta no sólo es preconstitucional, sino también inconstitucional.

 

Volvamos a la noticia, ninguna de las banderas expuestas arriba es ilegal en el sentido de que no se pueda salir a la calle con ellas o exponerla en tu casa o en donde te de la gana, pero sí que es ilegal que ondeen en edificios públicos y por supuesto que representen a nuestro país en cualquier tipo de acto. Solo ruego a los periodistas y tertulianos que hablen con propiedad y no intercambien los adjetivos que acompañan a estas banderas.

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ESPAÑA Y LA “SOLUCIÓN BELGA”…

Publicado por yosoyhayek en Marzo 18, 2008

 

Unos hablan de la ruptura inminente de España y otros tachan a quien ose decir semejante “barbaridad” de alarmista desconsiderado y crispador.

España no se rompe, se está rompiendo, que es diferente, no mucho, pero si distinto. España tiene su historia, y a ella nos remitimos. Muchos querrán ver lo que no hay, pretenderán exportar en un arbitraje inconcebible entre el presente y el pasado modelos e ideas de hoy a situaciones diversas de las que poco sabemos, pero con un poco de cordura, el cuerdo, sabe imposibles de subsumir en esquemas contemporáneos.

El nacionalismo colectivista romántico, ahora más fascista y nacionalsocialista que nunca, comenzó su andadura bajo ese movimiento anti-progreso, anti-capitalista, anti-liberal que pretendió, desde frentes distintos, idealistas, historicistas o comunistas todos a una, demoler el proceso social resultante de la mera naturaleza humana. Pretendieron estigmatizar el salto industrial, la explosión demográfica, el consumo más allá de la subsistencia, el urbanismo desaforado, todos a una, alarmados por la complejidad creciente, asustados, quisieron retomar o crear deliberamente órdenes de cosas que creían estables, conocidos y perfectos.

Después de esta reflexión que roza la parrafada, centremos el análisis. España puede llegar a ser Bélgica, y pude, sólo puede, que no se rompa, pero la situación rozará el absurdo dividiendo en grupos impermeables a la población sin capacidad futura de reconciliación nacional. Es importante que tengamos a España como la única Nación sobre el territorio patrio. Introducir más no sólo demuestra un ánimo constructivista que rompe con la evolución social espontánea, en gran medida, que ha llevado a los pueblos de iberia a constituirse como dos naciones con Estado independiente (España y Portugal)…

Dividir a los ciudadanos que hoy viven, y lo llevan haciendo desde que la sociedad llegó a ese estadio, hace muy pocos decenios, no más de 20, en un proceso común donde todos circulan e interaccionan bajo la misma adscripción nacional, esconde y genera terribles consecuencias, no sólo desde una visión utilitarista, no proporciona más y mejor convivencia y concordia, como dicen algunos, sino también, y es más importante, desde un punto de vista ético… levantar muros entre convivientes es del todo pernicioso e inmoral, sobre todo en sociedades como las nuestras donde el individuo prima sobre cualquier otra cosa y los grupos sólo sirven para encofrarlo en situaciones de menor oportunidad y peor interrelación.

                                                      belgica_valon_flamenco.jpg      

La solución belga no es de hoy, también procede del avance secesionista, romántico, identitario, aterrado con el curso de marca el devenir espontáneo de los tiempos. Entiendo que algo como Europa, diseñado a golpe de tratado, constituido en organismos intervencionistas y constructivistas, pueda chocar con el ánimo evolucionista y el acerbo personal de los que por la fuerza adquieren una identidad de la que poco saben y menos sienten. La integración es paulatina, no forzada, debe surgir de la necesidad, de los actos de millones de actores a lo largo de los años y decenios de manera inconsciente…

Bélgica ha cerrado en falso la crisis de gobierno que le ha impedido formar uno común, nacional, si es que puede hablarse de nación belga a estas alturas. Repasad su historia y comprobaréis los errores cometidos. Es obvio que nada tiene que ver con España, cuando queráis estudiamos aspectos de nuestra historia que remarcan la integración nacional española. Pero el ánimo secesionista de los regionalistas y nacionalistas, en su continuo desprecio por la paz, la concordia y la convivencia entre ciudadanos españoles, ya ha logrado una constitución favorable, que abre la caja de Pandora, y 30 años después sigue la escalada.

Que nadie piense que es gratis la victoria de Zapatero. Ha ganado por asumir el discurso nacionalista allí donde es más fuerte. Sin las provincias vascas y Cataluña, PSE y PSC, España no estaría en sus manos 4 años más… solución a la belga, en ciernes y en camino… sus problemas son la muestra de lo que podemos llegar a tener aquí… partidos territorializados, cámaras centrales divididas, idiomas anquilosados, el fin del bilingüismo voluntario a manos de la inmersión estatizada y coactiva…

Saludos y Libertad!

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