Creo que la semana pasada tuve gripe A. Digo “creo” porque ni fui al médico ni acudí raudo a urgencias, aunque los síntomas eran asimilables a la gripe y no me encontraba muy católico, la verdad. Hace poco más de un mes un amigo tuvo Gripe A, en su caso, facultativamente diagnosticada. Un diagnóstico algo burdo, dicho sea de paso, porque con tal de apuntarle como un caso más que sumar a la lista de afectados, ni siquiera hizo falta analizar y comprobar que efectivamente se trataba de gripe A y no de la “común”. Apenas 2 días tibiamente afectado. 10 días de baja, no fuera a ser que, sin quererlo, se convirtiera en el monete de “Estallido”.
Ninguno de los dos hemos muerto. Ni el autodiagnosticado y automedicado que aquí escribe, ni el deficientemente diagnosticado, pero formalmente incluido en la larga lista de afectados por gripe A. Cuando saltó la cepa en México, solo se hablaba de muertes y contagios. Los Estados reaccionaron de inmediato de la única forma que saben: restringiendo sin medida la libertad individual de sus súbditos. Los vuelos transoceánicos añadieron a las molestias propias de “la lucha antiterrorista”, las absurdas precauciones de “la lucha contra la pandemia de gripe”. Poco a poco, medios y ciudadanos, fuimos dándonos cuenta de que no era para tanto, que se trataba de una gripe
vulgar con menos mortalidad que la habitual de cada invierno. Fue entonces cuando los Estados volvieron a reaccionar: el miedo ya no era su aliado; tocaba justificar sus excesos. “La gripe A tiene, en general, efectos más livianos que la gripe “común”, pero, en los grupos de riesgo, representa una amenaza que no debemos despreciar”. Más o menos es esta la consigna que rezan las autoridades sanitarias españolas e internacionales en la actualidad.
La Ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, afrontó la crisis con laboriosa dedicación. Parecía incluso que la cosa era seria y la ministra estaba a la altura. En realidad, puro teatro. Sin este quehacer, el ministerio de Sanidad carecería de la consistencia competencial necesaria para justificar su mera existencia. No hay como juntar el hambre con las ganas de comer.
Toca hablar de la vacuna, ampliado su suministro a medida que amanecían los días, la gente se alborotaba y los medios de desinformación hacían su agosto con el truculento tema de la gripe A. Vacunas para todos y las farmacéuticas frotándose las manos. Ha sido el primer medicamento, que por su presunta urgencia, será inoculado sin haber pasado las estrictas pruebas exigidas para el resto. Embarazadas, ancianitos, personas con enfermedades respiratorias, menores… Solo sé que a mi abuelo no han querido ponérsela, por eso de que muchas veces la precaución mata. Pero sí que le han puesto la común, que seguro le inmuniza de esto, aquello y todo lo demás.
Quedan pocos días para que los españoles comiencen a recibir sus dosis de vacuna. Muchos la esperan como agua de mayo. En el metro de Madrid no puede estornudarse o toserse sin que medio pasaje refunfuñe o cambie de sitio en el vagón. La histeria ha bajado en intensidad. No creo que el miedo inducido por Estado y medios de comunicación haga tragar a los españoles escenas cuarentenas como las de Hong Kong, en aquel hotel llenito de mascarillas. Tenga claro el gobierno de España que aquí no puede el Estado permitirse licencias como aquella, al menos constitucionalmente hablando. Otro caso sería que la opinión pública, tan impresionable y manipulable como ha venido demostrando en todo occidente, accediera en tropel a sacrificar la libertad merced del buenismo sanitario de las autoridades públicas.
Quizá sea otro ensayo más, no de constatación de la eficacia de los medios preventivos frente a una pandemia mundial, sino como un medio de tomar temperatura libertaria y securitaria, haciéndose una impresión de hasta qué punto puede llegar el Estado sin que el pueblo despierte.
Mientras tanto, se trate o no de una gripe peligrosa, nos estén o no dando un placebo en forma de vacuna, las sociedades occidentales continuarán su retroceso frente al “totalitarismo del siglo XXI”… aun queda pendiente ponerle un nombre.
Saludos y Libertad!











Faltan tres días para el apagón, el analógico no, el prepago. Todo usuario de móvil con tarjeta prepago que no se haya identificado perderá la línea. Eran 15 millones de no identificados a principios de año cuando el Ministerio del Interior puso en marcha la campaña







Cuando Público habla de “descontrol” en el “capitalismo” como origen de la crisis (añadiendo a la fórmula prodigiosa un poquito de codicia, especulación y corrupción del agente privado), no pretende enunciar un juicio crítico fundado y sostenible, no. Lo que busca es retorcer ideas y presentar imágenes distorsionadas. A eso se ha dedicado el socialismo campante desde siempre.



rasos o agentes sin mando en una difícil posición cuando se trata de dilucidar su presunta autoría, complicidad o colaboración necesaria con los resultados lesivos alcanzados. En función de su situación en la escala de mando, o analizando las circunstancias específicas de cada caso, siempre resulta controvertido emitir un juicio al respecto.

no es mayor que su hipocresía.


(que las hay) y colocando andamios de forma perenne en las iglesias, por eso de que los viandantes que no quieran ser ofendidos en sus íntimas creencias tengan porqué sufrir semejante visión… tan tan confesional.