LA LIBERTAD Y LA LEY

La Coherencia sólo es posible si se aceptan principios bien definidos, F.A.Hayek.

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Placebo A

Publicado por yosoyhayek en Noviembre 11, 2009

Creo que la semana pasada tuve gripe A. Digo “creo” porque ni fui al médico ni acudí raudo a urgencias, aunque los síntomas eran asimilables a la gripe y no me encontraba muy católico, la verdad. Hace poco más de un mes un amigo tuvo Gripe A, en su caso, facultativamente diagnosticada. Un diagnóstico algo burdo, dicho sea de paso, porque con tal de apuntarle como un caso más que sumar a la lista de afectados, ni siquiera hizo falta analizar y comprobar que efectivamente se trataba de gripe A y no de la “común”. Apenas 2 días tibiamente afectado. 10 días de baja, no fuera a ser que, sin quererlo, se convirtiera en el monete de “Estallido”.

Ninguno de los dos hemos muerto. Ni el autodiagnosticado y automedicado que aquí escribe, ni el deficientemente diagnosticado, pero formalmente incluido en la larga lista de afectados por gripe A. Cuando saltó la cepa en México, solo se hablaba de muertes y contagios. Los Estados reaccionaron de inmediato de la única forma que saben: restringiendo sin medida la libertad individual de sus súbditos. Los vuelos transoceánicos añadieron a las molestias propias de “la lucha antiterrorista”, las absurdas precauciones de “la lucha contra la pandemia de gripe”. Poco a poco, medios y ciudadanos, fuimos dándonos cuenta de que no era para tanto, que se trataba de una gripe vulgar con menos mortalidad que la habitual de cada invierno. Fue entonces cuando los Estados volvieron a reaccionar: el miedo ya no era su aliado; tocaba justificar sus excesos. “La gripe A tiene, en general, efectos más livianos que la gripe “común”, pero, en los grupos de riesgo, representa una amenaza que no debemos despreciar”. Más o menos es esta la consigna que rezan las autoridades sanitarias españolas e internacionales en la actualidad.

La Ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, afrontó la crisis con laboriosa dedicación. Parecía incluso que la cosa era seria y la ministra estaba a la altura. En realidad, puro teatro. Sin este quehacer, el ministerio de Sanidad carecería de la consistencia competencial necesaria para justificar su mera existencia. No hay como juntar el hambre con las ganas de comer.

Toca hablar de la vacuna, ampliado su suministro a medida que amanecían los días, la gente se alborotaba y los medios de desinformación hacían su agosto con el truculento tema de la gripe A. Vacunas para todos y las farmacéuticas frotándose las manos. Ha sido el primer medicamento, que por su presunta urgencia, será inoculado sin haber pasado las estrictas pruebas exigidas para el resto. Embarazadas, ancianitos, personas con enfermedades respiratorias, menores… Solo sé que a mi abuelo no han querido ponérsela, por eso de que muchas veces la precaución mata. Pero sí que le han puesto la común, que seguro le inmuniza de esto, aquello y todo lo demás.

Quedan pocos días para que los españoles comiencen a recibir sus dosis de vacuna. Muchos la esperan como agua de mayo. En el metro de Madrid no puede estornudarse o toserse sin que medio pasaje refunfuñe o cambie de sitio en el vagón. La histeria ha bajado en intensidad. No creo que el miedo inducido por Estado y medios de comunicación haga tragar a los españoles escenas cuarentenas como las de Hong Kong, en aquel hotel llenito de mascarillas. Tenga claro el gobierno de España que aquí no puede el Estado permitirse licencias como aquella, al menos constitucionalmente hablando. Otro caso sería que la opinión pública, tan impresionable y manipulable como ha venido demostrando en todo occidente, accediera en tropel a sacrificar la libertad merced del buenismo sanitario de las autoridades públicas.

Quizá sea otro ensayo más, no de constatación de la eficacia de los medios preventivos frente a una pandemia mundial, sino como un medio de tomar temperatura libertaria y securitaria, haciéndose una impresión de hasta qué punto puede llegar el Estado sin que el pueblo despierte.

Mientras tanto, se trate o no de una gripe peligrosa, nos estén o no dando un placebo en forma de vacuna, las sociedades occidentales continuarán su retroceso frente al “totalitarismo del siglo XXI”… aun queda pendiente ponerle un nombre.

Saludos y Libertad!

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Sitel y la sociedad de sospechosos

Publicado por Liberand en Noviembre 5, 2009

Faltan tres días para el apagón, el analógico no, el prepago. Todo usuario de móvil con tarjeta prepago que no se haya identificado perderá la línea. Eran 15 millones de no identificados a principios de año cuando el Ministerio del Interior puso en marcha la campaña Identifícate, 15 millones de ciudadanos que escapaban al control del Estado y que pasarán a engrosar la maquinaria del Gran Cerebro, el Gran Ojo y el Gran Oído, en definitiva, el Gran hermano que es Sitel.

¿Y qué es Sitel? Un sistema con capacidad de pinchar la línea de cualquier número de teléfono español y que permite el acceso a los datos personales del usuario y hasta conocer la posición geográfica del mismo. Con este sistema son capaces de saber con quién hablamos, sobre qué hablamos, la duración de la conversación, nuestros SMS, en qué lugar nos encontramos, qué páginas web visitamos, las compras realizadas por Internet, en definitiva, quiénes somos, quiénes son nuestros amigos, pareja, qué lugares frecuentamos, nuestros gustos y preferencias.

La decisión de instalar esta máquina liberticida se tomó durante el Gobierno de Aznar para ayudar en la lucha contra el terrorismo, pero se paralizó por su más que posible inconstitucionalidad. Sin embargo, el Gobierno de Zapatero lo volvió a poner en marcha en 2004, aunque según ellos, siempre lo han usado bajo autorización judicial. Pero son muchos los interrogantes que planean sobre este sistema, quién lo maneja, cómo y dónde, y además a nadie se le escapa el uso infame que se puede hacer de los datos que aporta de cada individuo, pero lo fundamental y lo que debería ser argumento suficiente para su eliminación es que supone una intromisión en lo más profundo de la vida privada de cada uno de nosotros y a nadie se nos ha pedido ningún consentimiento para que el Estado maneje, controle y vigile lo que hacemos día a día, con la eterna excusa de la seguridad.

Y entrando en la batalla política me hace gracia González Pons y el PP, denunciando ahora a Sitel, como si no supiesen que estaba siendo usado todos estos años. Tal vez el destape de la trama Gürtel se deba a esta máquina, pero no meto más el dedo en la yaga y me sumo a sus denuncias. No a Sitel y no a la sociedad de sospechosos.

PD: gracias al comentarista 1984 que nos sugirió el tema y no aportó un par de enlaces.

Enlaces:

Ningún móvil escapa ya al oído de Sitel

Editorial de El Mundo: El Sitel, un peligro para las libertades

Elentir: Sitel: espían y además mienten sobre ello

Libertad Digital: Así funciona Sitel, el Gran Hermano de Zapatero

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ETA no es la prioridad; Mallorca es una Isla!

Publicado por yosoyhayek en Agosto 9, 2009

No digo que en política antiterrorista el PSOE y Zapatero sean unos infames (como sí afirma María Antonia Iglesias, ese ser peneuvista, refiriéndose al PP), aunque pudiera mirar atrás y recordar aquello de “teníamos derecho a intentarlo”… lo que afirmo con rotundidad es que ETA no es la prioridad del Estado español. No lo es en su estrategia de autoafirmación, legitimación y supervivencia, como lo demuestran presupuesto y medios dedicados a la lucha antiterrorista. En general resulta bastante sencillo reducir la operatividad de un grupo del tipo de ETA. Matan cuando pueden pero no siempre que les gustaría. Esto no implica que el Estado y sus fuerzas de seguridad sean todo lo implacables que podrían. La asignación es tan leve que duplicarla tendría nimios efectos presupuestarios, pero, con firmeza, profesionalidad y entrega, mejoraría sustancialmente los resultados.

ETA no molesta hasta que le saca los colores al Estado. Asesinar a un concejal o volar el edificio de la ETB no es igual que colar un camión con media tonelada de explosivos en el aparcamiento de la T4 de Madrid. Eso exige cuanto menos alguna que otra dimisión, una comisión de investigación y alarma en la opinión pública. Pero nada de eso sucedió… todo quedó en “ruptura fáctica de la tregua”. Nadie miró a los responsables de la lucha antiterrorista, al Secretario de Estado o el Ministro, al Presidente del Gobierno… Volar un aparcamiento del aeropuerto internacional más importante de España no es cualquier cosa.

Tampoco lo es atentar en Mallorca. No es una isla cualquiera; turismo extranjero, conocida en todo el mundo. Un atentado en esa isla tiene asegurada su presencia en cualquier medio de información del planeta. Si encima los objetivos son restaurantes y hoteles, la alarma y el revuelo se ven incrementados sin remedio.

Pero es que además la isla de marras es destino vacacional de la familia real española. ETA sabe que un petardo en Mallorca pesa más, en lo que a propaganda, demostración de fuerza y burla al Estado, que un asesinato en Durango. Dos guardias civiles muertos y ahora explosiones incruentas  en lugares de ocio y turismo.

El Estado español ha quedado en cuestión, como monopolio en el uso de la violencia que es. Un comando circula o visita con facilidad la Isla más vigilada del país y aquí nadie se echa las manos a la cabeza sospechando que tanto impuesto, tanta libertad cercenada y tanta propaganda y verborrea gubernamental acaban de quedar en nada.

Lo mejor que le podría pasar al Gobierno de ZP es que estos atentados no fueran obra de ETA sino de algún otro grupo terrorista (local, incluso) deseoso de dar la nota y amargarles las vacaciones a los españoles. Si ha sido ETA no debemos dejar pasar esta ocasión para denunciar la clamorosa inoperancia del Estado y que el terrorismo no es tan prioritario como nos hacen ver. Les están dando en sus narices y las víctimas son las mismas de siempre: los ciudadanos.

Hace unos días paseaba por el centro de Bilbao. De una taberna batasuna salía un grupo de rojiblancos camino del partido del Athletic. Un gracioso entonaba aquella de “será maravilloso volar hasta Mallorca”… horas antes dos guardia civiles habían sido asesinatos por ETA.

En pocas horas estaré en la isla balear. Parece razonable que acuse a nuestro Estado y a quien ahora gobierna del ridículo más absoluto en su actuación. Espero que los controles y excesos a los que con toda seguridad me enfrentaré al llegar o en mis desplazamientos internos merezcan la pena. Uno ya está harto de ser siempre víctima (el Estado nos convierte a todos en víctimas del peligroso error intelectual que lo alimenta).

Saludos y Libertad!

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El Estado y la Educación

Publicado por yosoyhayek en Julio 8, 2009

La nueva “conquista” nacionalista catalana ha sido valorada por muchos como un paso firme e irreversible hacia la secesión. En realidad el movimiento catalanista demuestra su debilidad, la necesidad de reconducir sus esfuerzos y objetivos: si en 30 años de dominio y adoctrinamiento nacional y lingüístico no han logrado esa masa crítica cargada de identidad y particularismo, algo debe estar fallando en el diseño del proceso.

El fallo es el de siempre: los procesos sociales son difícilmente articulables, el voluntarismo no resiste ante la espontaneidad. Cuanto más numeroso sea el grupo humano, más elementos distorsionarán el primer panorama, el punto de partida desde el que se tomaron las decisiones iniciales. En Cataluña habitan varios millones de personas de las que más del 60% sigue siendo castellanoparlante. El catalán se oye, domina en ciertas zonas y estratos sociales, pero las grandes bolsas de población suburbana mantienen el español como lengua de uso común y familiar.

El catalanismo se enfrenta a una población difícil de domeñar, un bilingüismo espontáneo que favorece la convivencia lejos del rencor que pretende extender el secesionismo. En Cataluña ha triunfado el particularismo, pero el pretendido por el constructivismo nacionalista, sino aquel que de forma singular surge en las sociedades acomplejadas y temerosas de sí mismas. La cuestión es que la unidad española queda comprometida en cada esfuerzo por ahondar las diferencias. Unidad política, pero también social. A pesar de que la mayoría de los catalanes compartan idioma con el resto de españoles crece el rencor y los tópicos, aunque no lo hagan según los parámetros diseñados para esa Arcadia feliz que será la Cataluña independiente.

Todo Estado requiere de un sistema educativo instrumentalizado como recurso integrador y de diseño del tipo ciudadano deseado. La educación, incluyendo aspectos meramente formativos, adquiere en todo caso un carácter socializador y doctrinario que excede por completo el presunto espíritu humanista que inspira su extensión universal entre la población. La educación así como su lengua vehicular son factores determinantes que definen la estatalidad de un poder político. La Generalidad, en ese sentido, así como los gobiernos de todas las autonomías particularistas, lo son. El suicidio del todo resulta más que evidente. A esta situación se enfrentan con encono los estatistas españolistas que ven diluirse en las partes esa opción general que ellos defienden. A los liberales, en realidad, salvo por coherencia social en el sentido de evitar disensos innecesarios, lo mismo nos da que sea el ministerio de educación del Reino de España, que la consejería del ramo de esta o aquella autonomía.

Cataluña ha sido definida, ideológica, política, social y jurídicamente como una nación sin Estado. Siendo nación y poseyendo “lengua propia” parece obvio que para ser catalán se debe conocer la lengua de Cataluña. Afirmada la entidad social y política resulta igualmente obvio que todo inmigrante, proceda de territorios propios del Estado español, o de territorios dominados por otros Estados, debe socializarse en Cataluña bajo el patrón lingüístico catalán. Los que hablan de bilingüismo no entienden que el catalanismo parte de que el castellano debe su implantación a una agresión original y no a una incorporación espontánea. Consideran la castellanización como una invasión cultural que debe ser enmendada, y no como la constatación de la existencia de la nación española también en territorio catalán. Si nuestras leyes y nuestros políticos admiten que Cataluña es nación dotada de instituciones políticas autónomas, parece inevitable que estas actúen de forma coherente.

El Estatismo es siempre xenófobo y adoctrinador. El Estado español admite los colegios extranjeros, como el británico, el alemán o el francés, pero a modo testimonial, no como un reconocimiento general del derecho de los padres a escolarizar a sus hijos en una u otra lengua vehicular. En Cataluña sucede lo mismo, porque Cataluña ya es Nación y su Consejería de educación actúa con práctica soberanía. Entiendo que los estatistas de uno y otro bando se sacudan sin descanso. Comprendo que a muchos el proceso de construcción nacional catalana les parezca extremo y liberticida. Lo es, pero no más que el esfuerzo emprendido por todo Estado en este sentido.

La España plural es una entelequia. La desintegración del Estado español, construido torpe y débilmente a imagen y semejanza del modelo monolítico francés, es imparable. La única esperanza radica en que el consenso social en torno a la unidad nacional perviva a pesar de los esfuerzos particularistas y secesionistas. Los primeros son practicados por el común de los poderes públicos autónomos, incluidas los gobernados por el PP. Los segundos parecen consolidados y crecientes en Cataluña y País Vasco, si bien es cierto que al final sus poblaciones parecen resistirse ante un cambio tan abrupto en las relaciones y vínculos sociales, económicos, políticos, pero también familiares, con el resto de territorios de España.

Veremos qué sucede, pero quede claro que el experimento catalán no es sino un ejemplo más de lo que entiende el estatismo sobre la educación y la impregnación identitaria.

Saludos y Libertad!

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Google y la fábrica de hacer pan

Publicado por yosoyhayek en Junio 25, 2009

Lleva tiempo sonando: Monopolio! Monopolio! Microsoft ya mereció este calificativo yendo más allá la falaz impresión de algunos, entregando a los gobiernos estadounidense y unioneros (UE, se entiende) a la imposición de restricciones, desconcentraciones y sanciones multimillonarias.

Lo fundamental de todo este asunto es entender qué es un monopolio en realidad. Hablan expertos, consumidores, leguleyos y burócratas, pero no el sentido común, que nos indica, más allá de las formulaciones teóricas que también nos brinda el estudio cataláctico y económico, que Monopolios injustos son solo aquellos que proceden de la arbitraria intervención del Estado. Para que no suene sectario y cansino el argumento, aclaremos su fondo principal: el mercado es justo por libre y voluntario, mientras que el Estado, en todo caso, aun cuando beneficie a unos, siempre opera sobre la causa coactiva o involuntaria de quienes quedan sometidos a él. El Estado es injusticia por violento, por dominador irresistible que decide entregar a una persona, grupo o corporación cierto monopolio. Monopolio, por tanto, puede entenderse como ausencia de competencia, pero también como barrera de entrada a un mercado. Barrera que siendo impuesta por el Estado torna en Ley, legislación vigente e irresistible que diseña a priori oportunidades y expectativas.

Se entiende que toda situación de preeminencia espontánea, erigida sobre contratos voluntarios y prácticas que en ningún caso suponen atentado contra la voluntad y el patrimonio ajenos, puede definirse como “fallo del mercado”. Para quienes no creen el mercado, desconocen el funcionamiento de los órdenes espontáneos, no comprenden la naturaleza empresarial del ser humano o tampoco asumen las limitaciones intelectuales con las que nos enfrentamos al estudio de los fenómenos complejos, el mercado es sólo útil o funciona en la dispersión y el límite de concentración. Atónitos ante el ascenso empresarial, el éxito de determinada oferta de bienes o servicios, la integración de prestaciones y organizativa, estos enemigos del mercado sacan a relucir su vil envidia, sabiéndose incapaces de dotar al Estado de semejante eficiencia espontánea. Todo tiene su límite, de eso no hay duda, pero serán fuerzas que no controlamos las que pongan en apuros la mera actividad de estas compañías libres y competitivas, exitosas y expansivas.

Lo justo radica siempre en la ausencia de coacción inconsecuente, más allá de la intencionalidad de esta. El Estado, y nunca el mercado (que no es una esencia, sino un proceso dinámico y competitivo por definición), es quien diseña y establece monopolios, quien advierte presuntos fallos o impone una particular visión de cuáles han de ser los resultados en un ámbito concreto de la actividad económica.

Google, en la medida que no cuente con el favor de ningún gobierno, no logre su estatus y posición gracias a leyes que levanten barreras de entrada al mercado o concedan arbitrariamente beneficios procedentes del expolio y la violencia previas, será tan grande y afortunada como el azar, la perspicacia empresarial y los consumidores libres y soberanos decidan. Dicen sus defensores que su mensaje tiene un fallo: comunicación e imagen. Es más, defienden Google como “servicio público”, sin comprender que bajo dicha categorización autoasumida el Estado gana argumentos y adeptos en su pretensión reguladora. Si Google es un servicio público no tardarán los gobiernos en intervenirla, y aun cuando su gestión y titularidad pudieran seguir siendo “privadas”, el ámbito de interacción, el escenario donde se movería, ya no volvería a ser el del libre mercado, los contratos voluntarios y la soberanía del consumidor. Todo lo contrario, sería un paripé esquilmado, constreñido e infinitamente menos dinámico y creativo. El Estado, a fin de cuentas, en pos de corregir “fallos” genera tantas perturbaciones como actos de intervención despliega, provocando fallos reales, desajustes y descoordinación a modo de nuevos resquicios de legitimidad para seguir interviniendo sin freno.

Véase Tom Smith y la increible máquina de hacer pan.

Saludos y Libertad!

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Poderoso caballero

Publicado por yosoyhayek en Junio 11, 2009

150 millones de euros entre Kaká y Cristiano Ronaldo. El Real Madrid de Florentino despliega todo su poderío para devolver el prestigio perdido a un equipo de fútbol en horas bajas. Importa la marca, la marca es lo que produce ingresos y faculta beneficios monumentales. Sin victorias la marca se desvanece, sin presencia en las grandes competiciones se esfuma todo, aficionados, contratos, publicidad…

Suenan las voces hipócritas, dentro y fuera del mundo empresarial futbolero, criticando la inaudita envergadura de las operaciones “adquisitivas” del equipo blanco. Kaká no es solo un buen futbolista, arrastra consigo una cantidad ingente de ingresos publicitarios. Lo mismo sucede con Cristiano Ronaldo, imagen de varias marcas, referente estético para tanto hortera. Combinar estos movimientos con el acierto de componer un buen grupo de futbolistas es la responsabilidad de quien pretende volver a ilusionar a la hinchada llenando las arcas madridistas como ya lo supo hacer a golpe de privilegio.

No olvidemos que Florentino, como presidente de ACS, y demás tentáculos empresariales, o como presidente del Real Madrid, ha sabido demostrar su dominio del mercado, su perspicacia empresarial, pero también su habilidad para influir y conseguir del Estado (municipio y CA incluidos) todo lo que le haya podido beneficiar en su proyecto de crecimiento y expansión. Logró una recalificación histórica de los terrenos de la antigua Ciudad deportiva en el Paseo de la Castellana. En ellos se erigen, tras más de un lustro de obras, los cuatro hitos arquitectónicos del Madrid “moderno” que quieren diseñar los políticos. A cambio, el Real Madrid salvado de su monumental deuda e ingresos para todos, incluidos municipio y comunidad autónoma. Quien diga que esto es libre mercado…

No es el primero ni será el último que logre aunar estás dos vías de enriquecimiento. En un país donde la mitad de la riqueza es sistemáticamente expropiada por el Estado y la otra mitad sistemáticamente regulada en sus usos, producción y disfrute también por el Estado, lo difícil es hacer algo sin que éste tenga que ver.

Pero los complejos afloran, los tópicos se retroalimentan y todo lo que tiene que ver con el dinero suscita controversia y desagrado. Solo se justifican los propios gastos, persiguiendo los fines particulares que cada uno considera prioritarios, en la cuantía que sea. Los de los demás, bien por el objeto o por el volumen del desembolso quedan sometidos al escrutinio popular. El dinero, sin saber muy bien qué cosa es, sin darse cuenta de que solo es una cualidad concreta de uno bien utilizado como tal (espontánea o impuesto de forma arbitraria), es para el común de los mortales, hoy ya hace 3 milenios, objeto de disputa, admonición o enfermizo deseo. Mitos, cuentos, historias para no dormir, moralinas, pecados, avaricia, codicia y demás calamidades comunes en el ser humano, constantes en todas sus actividades y decisiones, pero caprichosamente identificados con lo que en realidad no deja de ser el mejor medio de intercambio y depósito de valor.

Se critica al Real Madrid por pavonear su poderío económico, pero nunca al gobierno de España cuando dilapida 10.000 millones de euros adoquinando calles y levantando incómodos badenes. Se critica a la empresa privada, por desproporcionada y gastona, mientras que del lado de lo público todo gasto queda justificado. Poco importa que los ingresos del Real Madrid procedan de pactos voluntarios, intercambios libres y consentidos por las partes, que subjetivamente encuentran satisfacción en las cuantías establecidas. El Estado expropia por nuestro bien, dilapida por nuestro bien, y si se equivoca gastando o diseña planes energéticos que comprometen seriamente la generación de riqueza y bienestar de las próximas décadas (por no decir el enquistamiento nacional en una depresión económica perenne), poco importa, como ya ha acuñado el izquierdismo patrio para indultar al más aventurero de los ladrones (ZP): “tenía derecho a intentarlo”.

Cueste dinero, vidas o dignidad, el socialismo campante ha conseguido la inmunidad estatal mientras que la riqueza personal y su ostentación o las grandes operaciones empresariales dentro de un mercado más o menos libres, quedan estigmatizadas como ejemplo de todos los males y aberraciones posibles.

Lo mejor es la cara del fachita Laporta que aún tiene dudas sobre si el Barça ha logrado el triplete gracias al destino, su catalanismo o la calidad de sus jugadores y el buen juicio de su entrenador.

Ampliación: al “liberal” barcelonista Sala i Martí le molesta el “despilfarro” madridista en tiempos de crisis, vaya vaya, somos liberales hasta donde nos escuece, a partir de ahí, miserias por doquier…

Saludos y Libertad!

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Los de Público

Publicado por yosoyhayek en Mayo 8, 2009

No, no son los únicos imbéciles que parecen añorar el “socialismo real”. A eso juegan, y es divertido, porque ni moja ni mancha, sirve a efectos dialécticos como una pose muy bien labrada con la que enfrentarse a tanto fantasma ilusorio. El “capitalismo”, cómo suena, eh, reverdecen los tópicos, las vendettas y el carácter visionario de quienes han luchado durante los 2 últimos siglos contra estos molinos de viento del capital.Cuando Público habla de “descontrol” en el “capitalismo” como origen de la crisis (añadiendo a la fórmula prodigiosa un poquito de codicia, especulación y corrupción del agente privado), no pretende enunciar un juicio crítico fundado y sostenible, no. Lo que busca es retorcer ideas y presentar imágenes distorsionadas. A eso se ha dedicado el socialismo campante desde siempre.

Elegir entre dos sistemas, uno de ellos presuntamente enterrado hace dos décadas. Esa es la cuestión que se plantean. No revisan en absoluto el bienestar y el libre albedrío propios del socialismo “real”, no analizan sus demoledores efectos en el dinamismo económico, el racionamiento, no contemplan los vestigios cubano y coreano como ejemplos de aquel bloque: se quedan en la idea de confrontación, en la sensación hippilonga, los pins soviéticos, las camisetas del Ché y la línea deportiva del olimpismo comunista… todo muy retro y moderno.

Que no se equivoquen, tanto en un sistema como en otro existen bienes de capital, destinados a una actividad, haciendo del trabajo humano algo más productivo. La diferencia es que en el socialismo real no hay mercado para esos bienes, y por lo tanto no existen precios de mercado, no existe “capital”. El capitalismo, en principio, podríamos caracterizarlo por su inherente paralelismo con el mercado, un mercado libre con unos precios que hacen posible el cálculo económico. En ausencia de mercado no hay cálculo, no hay señales. Otra diferencia radica en la titularidad de los medios de producción: en la medida que el mercado sea más libre una mayor parte de estos bienes de capital serán de titularidad privada. El socialismo “real” elimina el dominio privado, interviene las relaciones y expropia la titularidad: los bienes de capital son del Estado, y es dentro de su estructura donde se integrarán las organizaciones dedicadas a cada actividad productiva. Sin mercado será el Estado y no los consumidores en interacción con los empresarios quien decida qué y cuánto producir, que líneas seguir, mediante un cálculo no económico.

Al margen de esta explicación también podemos plantear otro tipo de dicotomía: capitalismo frente a consumismo. El primero apuesta por restringir el consumo hoy, ahorrar, alargar la estructura de producción invirtiendo en bienes de capital que hagan más productiva la actividad y logre en el futuro bienes de consumo más baratos y que mejor satisfagan las necesidades (que no están dadas) de los consumidores finales. Frente a este modelo se plantea el consumismo desaforado, donde no se renuncia al consumo presente, la preferencia temporal es altísima, y poco a poco no sólo no se crean más bienes de capital, no se alarga la estructura productiva favoreciendo una posible satisfacción más eficiente de las necesidades, sino que se termina por consumir también el capital presente. Esta situación genera una merma paulatina de la riqueza devolviéndonos a las cavernas, prácticamente sin remedio.

El problema del socialismo real y la ausencia de mercado es que no resulta posible proceder al cálculo económico: la asignación arbitraria y a ciegas de los recursos termina consumiendo la riqueza de hoy, llevando a la economía no sólo hasta la total descoordinación, sino a la propia anulación. Es imposible, ineficiente y suicida.

Pues bien, la pose y lo retro parecen nublar la mente de tanto pomposo ignorante. Apostar por el debate es además desconocer por completo la actual situación. Lo ridículo es creer que la situación que hoy domina el mundo occidental es radicalmente capitalista, de acuerdo con sus tópicos, y que la causa de la crisis debemos buscarla en el mercado y el descontrol del mismo.

La mera existencia del Estado, como ente de dominación y redistribución de la riqueza, es socialismo. Tratar de coordinar la sociedad a través de mandatos coactivos, es socialismo. El estatismo es en realidad el término que se ajusta con mayor precisión a lo que viene a representar el tópico socialista. Hoy por hoy toda la faz de la Tierra permanece de un modo u otro dominada por algún Estado. Todos ellos se comportan como tales, sin excepción. Las potencias presuntamente capitalistas dejan más de la mitad de su riqueza en manos del Estado. El Estado es titular de una ingente cantidad de bienes de capital, con sus políticas condiciona servicios, regula actividades o monopoliza sectores. Decir que el mercado libre ha sido culpable de algo, no sólo demuestra una ignorancia supina sobre lo que es el mercado (nunca una esencia, sencillamente un proceso de interacción coordinadora) sino que además pretende exonerar al Estado sin apreciar que justo los ámbitos donde más control y dominio ejerce han sido el origen de esta y de todas las crisis recurrentes desde hace tres siglos.

Hace 20 años no se cerró una etapa. Cayeron regímenes y un sistema totalitario devino insostenible a los ojos de todos. Muchos imbéciles añoran la dicotomía (vivir calentitos en occidente con el recurso fácil a los propagandísticos éxitos comunistas), o peor, añoran una realidad que tristemente estiman más benéfica que la actual. Hace 20 años no cayó el comunismo triunfando el libre mercado. Lo que quedó entonces fue un totalitarismo distinto, una tercera vía, la socialdemocracia. Ni neoliberales, neocons, ni nada. Desviar la atención resulta sencillo. Lo que en 1989 triunfó fue el modelo de intervención occidental, el estatismo que convive con el mercado como parásito de su eficiencia.

Únicamente resistió un sector bajo el férreo control estatal, sometido a un fiero socialismo real también en el occidente “capitalista”: el sistema monetario y financiero. El dinero es lo que dice el Estado que sea. Su cantidad y su calidad frente a dineros extranjeros. El tipo de intervención trata de condicionar el precio más importante de la economía (el tipo de interés). El Estado concede a unos agentes privados el privilegio de expandir el crédito sin base en ahorro real, apropiándose de lo que en ellos es depositado a la vista (circunstancia interdicta en cualquier otro ámbito del mercado). Es el Estado quien dicta las normas contables, regula el acceso a los mercados financieros, interviene en operaciones o define los productos.

El descontrol al que hace mención Público tiene en realidad dos interpretaciones posibles: primera, el Estado no es infalible, sino todo lo contrario, y además, aun cuando domine un ámbito, los efectos serán siempre descoordinadores e ineficientes. Segunda, el Estado en su empeño por imponer una regulación arbitraria, en base a criterios de utilidad y concretas teorías, siempre a través de mandatos coactivos, propiciará un desgaste moral paulatino, un deterioro institucional progresivo, la no interiorización de los contenidos reglados espontáneos (que sí generan coordinación), la indisciplina de los agentes y la irresponsabilidad respecto a los efectos negativos de sus acciones. El Estado como regulador, parapeto final o prestamista de última instancia, destruye el entramado de reglas generadas espontánea y evolutivamente en los mercados libres y competitivos.

En Público confluyen varios factores: son imbéciles, son unos frívolos, coquetean con el mal y demuestran no saber nada de economía.

Saludos y Libertad!

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La importancia de una buena Defensa

Publicado por yosoyhayek en Marzo 19, 2009

En cualquier litigio, pero sobre todo en temas penales, un buen abogado puede contribuir enormemente a la mejor garantía de los derechos y libertades del imputado. Pensemos que el Estado sirve toda su maquinaria a Jueces instructores y fiscales en la indagación y averiguación de los hechos y circunstancias cuyo esclarecimiento resulte indispensable para la condena del acusado.

Los abogados penalistas, en casos más o menos complejos, no pueden limitarse a una defensa artificiosa e interpretativa. Su capacidad de manipulación de hechos y previsiones legales, testimonios y declaraciones, su alerta ante los posibles y más que probables excesos cometidos por la policía, el juez o el fiscal, son clave para resistir el envite de un Estado todo poderoso.

Es un tópico aquello de: “¿defenderías a alguien aun cuando supieras que es culpable de un crimen horrible?”. Cada uno es libre de decidir con qué cliente contrata. Caso diferente es cuando voluntariamente se entra en el turno de oficio penal. Excusarse en la defensa de quien te es adjudicado de acuerdo con unos criterios previos y objetivos puede traerte problemas o convertirse en un calvario. Todos los letrados que llevaron la defensa de los imputados por el 11M vivieron en sus carnes la mala suerte de ser los agraciados con semejante regalito procesal. Cuando uno está en el turno de oficio demuestra su compromiso con el derecho a una defensa profesional que tiene todo ciudadano reconocido en nuestra Constitución. Podremos debatir sobre la procedencia o no de dicha garantía, pero el caso es que rige en nuestro ordenamiento y se ubica en la esencia misma de nuestro proceso judicial.

Defender a un asesino confeso que cambia su declaración una y otra vez. Tratar de confundir la investigación, velar por lo que le es favorable a nuestro cliente y procurar la menor pena e incluso la absolución. Es la labor del abogado particular que se enfrenta con la ingente capacidad del Estado de probar y construir una causa en contra de un ciudadano.

En casos como los de Marta del Castillo, donde a nadie se le escapa que los detenidos, ahora en prisión provisional, son autores (en alguna de las formas previstas en el código penal) de su muerte (y algo más), la labor de sus abogados no debe verse como una burla o algo injusto y despreciable. Están cumpliendo un papel fundamental sin el que nuestra libertad, la de todos, estaría aún más a merced del estatismo y sus tretas para perseguir y encarcelar inocentes. Que paguen los culpables, sí, pero siempre reconocimiendo la legitimidad absoluta de sus abogados para buscar todos los resquicios que puedan beneficiarles en el proceso.

Saludos y Libertad!

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Fábrica de irresponsables

Publicado por Liberand en Marzo 12, 2009

Y de chupópteros y de dependientes. Hablo, evidentemente, del Estado.

Escribo esto a raíz de los comentarios de Matritensis y Anonimus en la entrada de ayer de YSH.

Matritensis se preguntaba en relación a las drogas, si debemos costear los gastos sanitarios de la gente que no mira por su salud. Yo opino como él, y como liberal, creo ciertamente que no es justo que el Estado gaste mi dinero en tratar enfermedades de otras personas derivadas de sus actos y hábitos que se sabe y son bien conocidos que le podían llevar hasta ese estado. Ahora, no solo estaríamos hablando del consumo de drogas “ilegalizadas”, sino también, como apunta Anonimus, de fumadores, bebedores, consumidores de grasas saturadas y un larguísimo etcétera de hábitos y costumbres que pueden ser nocivos o lesivos para nuestra salud.

Se me ocurren varias formas en las que el Estado podría responder a esto, a cual más escalofriante e hiriente para los que creemos en la libertad individual. Una, prohibiendo el consumo o venta de sustancias nocivas y el seguimiento hábitos “insanos” o peligrosos, como se hace ahora con las llamadas drogas duras, pero que podría extenderse como de hecho se ha extendido o se ha intentado extender, al tabaco, el alcohol o la superbigking. Segunda, haciendo campañas paternales de concienciación por el seguimiento de una vida que ellos consideran sana, por supuesto, las campañas no son gratis, ya sabemos de dónde proviene el dinero. Y tercera, pasándoles la factura a los “sujetos insanos”.

Esta última respuesta me parece también injusta y peligrosa. Antes he dicho que no veía justo que todos tengamos que pagar los gastos sanitarios derivados del infarto de una persona que fuma 40 cigarrillos al día y no sabe lo que es comer un tomate. Pero es que a esas personas, al igual que a los demás, también les están expoliando, y nadie les pregunta a la hora de quitarles parte de su riqueza si quieren darla o no, ni siquiera en el caso de que ellos decidan no usar la sanidad pública les van a devolver la parte robada.

Si no existiese sanidad pública y los ciudadanos no nos viésemos en la obligación de tener que sufragar sus amplísimos y escandalosos (no vale ni la cuarta parte de todo lo que nos quitan) costes, la usemos o no, este problema no existiría. Cada uno sería libre de hacer lo que quisiera con su cuerpo y cada uno sería responsable de las consecuencias derivadas de ello. Lo contrario sería continuar con el expolio, el liberticidio y seguir contribuyendo a la creación de una sociedad irresponsable y absolutamente dependiente.

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Inflacionismo. Con la que está cayendo, y la que se nos viene encima

Publicado por yosoyhayek en Marzo 1, 2009

Es la hora de desbarrar y sacar el inflacionista que llevamos dentro. Krugman lo hace con descaro, pidiendo a su Presidente del cambio un endeudamiento público prácticamente ilimitado. Qué más da, al final el montante final, o gran parte del mismo, acabará monetizado a través de la Reserva Federal, que adquirirá los títulos de deuda pública a cambio de nuevo dinero. La contracción crediticia y la caída del consumo empujan las tasas oficiales de inflación hasta el cero o niveles negativos.

La maquinaria de distorsión y manipulación estatista se abalanza de inmediato sobre la opinión pública tratando de inocular la testaruda certeza de que la deflación será el origen de todos los males. En realidad, la apreciación del dinero, o el desinflado de los precios, con mayor intensidad aquellos que protagonizaron burbujas especulativas, es el mejor síntoma de recuperación. Lo importante es no caer en una espiral deflacionaria capaz de descomponer la estructura de señales que hacen posible el cálculo económico y la iniciativa empresarial. Eso no sucedería si los gobiernos dejaran hacer, no se entrometieran en absoluto y el reajuste necesario adoptase los tiempos y las formas con espontánea capacidad coordinadora.

El estatismo aplaude la inflación porque sin ella el Estado se habría quedado en ciernes, constreñido y limitado, incapaz de emprender sus proyectos de cambio social, planificación económica, guerra e invasión. El Estado extirpó el dinero del proceso social, impuso un tipo de dinero fiat, de confianza, no convertible, bajo una pretendida planificación dirigida por la banca central. El sistema bancario, incluidos los agentes privados que no sin limitaciones y extensas regulaciones participan en el sector, no es un mercado libre en absoluto. Todo lo que en él sucede es consecuencia directa de una política pública, una arbitraria decisión adoptada desde el gobierno o el banco central.

El gobierno siempre se equivoca en la dosis, es imposible calcular a priori los efectos que tendrá una variación en la cantidad, la oferta o la demanda de dinero en relación con las valoraciones subjetivas de los individuos, que al final, son el fundamento del valor del dinero.

En la situación que vivimos, donde la contracción crediticia arrecia a la par de un hundimiento del consumo, el Estado se cree habilitado para irrumpir con fuerza y determinación. Gasto público financiado con cargo a una deuda captada en los mercados de fondos prestables, en competencia directa con el resto de agentes privados. La asignación de dichos recursos en sectores concretos, normalmente los más sobredimensionados, cuya liquidación resulta indispensable para proceder al reajuste.

“Cuando los gobiernos no estiman necesario acomodar sus gastos a sus ingresos y se arrogan el derecho de enjugar el déficit por medio de una emisión de billetes, su ideología es simplemente un absolutismo disfrazado” (Mises 1912)

Esta situación sucede de forma sincrónica a la necesidad presente en todas las entidades bancarias de recomponer sus balances y sanear ineludiblemente su solvencia. Al mismo tiempo cae la actividad, la demanda se desploma, el consumo se resiente y los precios, no ya de los activos hipertrofiados, si no del resto de bienes, empiezan a dar las primeras señales de deflación.

“La inflación se convierte en el recurso psicológico más importante de cualquier política económica cuyas consecuencias haya que ocultar” (Mises 1912).

 Con todos estos mimbres el gobierno siente tener vía libre para darle a la máquina de impresión, monetizando el déficit, inyectando cantidades ingentes de nuevo dinero, procurando compensar o sustituir la incapacidad del sector financiero de volver a expandir el crédito a pesar de los bajos tipos de interés. La distorsión de la que es capaz el poder público a través de estas políticas resulta terrible. A su alcance parece estar casi cualquier meta. El gasto encuentra siempre respaldo, como deudor sale ganando al sentar las bases de una depreciación constante del dinero. Todo parecen ventajas, no hay ningún inconveniente. Los inflacionista, como Krugman, no ven ninguna preocupación en el horizonte: sistema nacional de salud, grandes infraestructuras, un hombre en Marte, otra estación espacial, y si resultase necesario, un par de guerras más…

“Únicamente es posible imponer altos tributos cuando los que soportan la carga de los mismos están conformes con los fines en que han de invertirse los recursos así obtenidos. Hay que observar que cuanto mayor sea la carga fiscal más difícil será engañar a la opinión pública con la posibilidad de gravar a la pequeña clase de los más ricos con el peso de la carga tributaria!” (Mises 1912).

A pesar del gobierno y de sus desmanes los distintos agentes, todos nosotros, lograremos recomponer nuestra situación personal, advertir desajustes como oportunidades de ganancia, aprovechar precios ventajosos, ahorrar e invertir en sectores prometedores… el mercado siempre sale adelante por muy pesada que sea la losa del estatismo inflacionista.

Pero de esa capacidad de recuperación pude llegar el desplome definitivo. En cuanto la demanda se estabilice, la inversión recupere brío y fuerza, y el crédito comience a fluir y el dinero adquiera velocidad, tocará pagar las tropelías cometidas por el Estado: llegará la hiperinflación. Las circunstancias pueden ser muchas y los efectos destructivos muy variados; puede que haya suerte y no caigamos en el abismo, pero las políticas anticrisis que dominan el panorama no solo frenaran la recuperación, sino que cuando esta empiece a asomar, a pesar de las mismas, como un boomerang sus consecuencias impactarán de lleno contra la nueva senda de crecimiento.

“!Fiat dinero! ¡Que el Estado cree dinero, y así haga rico al pobre y le libere de las garras de los capitalistas! ¡Qué locura desdeñar la oportunidad que proporciona al Estado su derecho a crear dinero para hacer a todos ricos y por consiguiente felices! ¡Qué equivocación desperdiciar esa oportunidad únicamente porque iría contra los intereses de los ricos! ¡Qué perversidad la de los economistas al asegurar que no está dentro del poder del Estado crear riqueza por medio de la máquina de imprimir! Vosotros, hombres de Estado, queréis construir ferrocarriles, ¿y os quejáis de la mala situación del Tesoro? Bien, entonces no mendiguéis empréstitos de los capitalistas ni calculéis con ansiedad si vuestros ferrocarriles os producirán bastante para pagar el interés y la amortización de vuestra deuda. ¡Cread dinero, y ayudaros vosotros mismos!”.

Parece Krugman lanzado sus proclamas semanales en su esmerado esfuerzo por convertirse en el susurrador oficial de Obama. Pero no, en realidad es un Mises irónico escribiendo en 1912.

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The reader, grados de autoría y heroicidad

Publicado por yosoyhayek en Febrero 20, 2009

El domingo pasado fui a ver The reader. Es una gran película de una buena historia. Dos son los ámbitos de de reflexión, o eso creo: la historia de amor es desgarradora, ejemplo de cómo una persona puede destrozar o condicionar el resto de la existencia de otra. En ese sentido sobrecoge el poso dejado por una mujer (Kate Winslet) tan simple, tan huraña e incapaz de expresar sentimientos, en un adolescente al que dobla la edad y que por muchos años que pasen, un verano de amor, termina por afectar al resto de su vida.

Pero ese no es tema para este blog. Vayamos al otro espacio de comentario. Sin desvelar nada que perjudique a quienes todavía no hayan visto el film, la historia cambia por completo cuando el adolescente, ya estudiante de Derecho en la universidad, asiste a un juicio contra antiguos miembros de las SS, descubriendo entre las acusadas a su amante, a la que no veía desde aquel verano.

Los hechos, sucedidos durante la segunda guerra mundial, ubican a la protagonista en uno de los ámbitos más discutidos del Derecho Penal: la autoría y el grado de responsabilidad personal por los actos ejecutados de acuerdo con órdenes procedentes de una autoridad militar. La obediencia debida y su contrapartida en tiempos de guerra (posiblemente la pena de muerte, dependiendo de la orden incumplida), colocan a los soldados rasos o agentes sin mando en una difícil posición cuando se trata de dilucidar su presunta autoría, complicidad o colaboración necesaria con los resultados lesivos alcanzados. En función de su situación en la escala de mando, o analizando las circunstancias específicas de cada caso, siempre resulta controvertido emitir un juicio al respecto.

Más allá del horror nazi, o de la historia que se cuenta en la película, es una buena oportunidad para tratar temas límite y sobre los que parece casi imposible ponerse de acuerdo. En situaciones donde el crimen es menor y la sujeción menos intensa, los matices parecen importantes. No es igual verse inserto en una estructura militarizada, con los efectos que tendría tratar de evadirse en el cumplimiento de una orden directa, o la imposibilidad, en su caso, de abandonar la formación sin gravísimas consecuencias. La guerra o los regímenes totalitarios son extremos donde la heroicidad es minoritaria y excepcional. El valor personal hace que solo los íntegros y los locos superen el estado de coerción al que se ven sometidos.

Conspirar contra la vida de Hitler no es la misma cosa que tratar de evadir impuestos. Luchar por la libertad, en todo caso, pero más cuando pende sobre uno la égida de un dominador arbitrario (el Estado, por ejemplo), exige conductas positivas, ejemplos de determinación, pero admitamos que no todos los costes son asumibles dadas las circunstancias. No es igual la intensidad coactiva padecida en ambientes de violencia expresa, que la sibilina dominación a la que someten los actuales Estados. La búsqueda de la legitimación y la aquiescencia popular han sido las grandes lecciones aprendidas por el estatismo contemporáneo. Su sostenibilidad depende del fanatismo, el culto al líder, un enemigo exterior, la sensación de seguridad en contraposición al presunto caos reinante en caso de no existir, o la estrategia de moralización de sus causas y la distorsión del efecto de su dominio.

En una sociedad de propietarios, con límites, pero propietarios a fin de cuentas, una sociedad de ocio, de cierta satisfacción, donde los límites y privilegios se perciben siempre al revés, al margen del Estado y su entidad, pocos son los valientes que se atrevan a desafiar su imperio. Participar en el reparto del expolio, beneficiarse de esta o aquella partida presupuestaria, pueden parecer conductas contradictorias para el que se dice liberal. De igual forma, se funcionario del Estado, podría parecer lo más avieso y traidor que podría llegar a cometer un presunto liberal.

En realidad no es así. La integridad se demuestra andando, pero no en cualquier momento o situación: el funcionario liberal no tiene porque ser un hipócrita si llegado el momento fuera favorable a la desaparición de su ministerio o ente público, con la consecuente pérdida de su puesto de trabajo. El liberal pero escrupuloso pagador de impuestos demostraría su integridad, no en el fraude o la evasión, sino en el momento en que se le exonerase de una carga impositiva asumiendo la pérdida de un servicio o una prestación pública.

Solo el que participa del entramado expoliador y coactivo y llegado el momento deviniera incapaz de “suicidarse” en los beneficios obtenidos, en la parte del pastel que le toca, puede ser considerado un hipócrita. El Estado que hoy padecemos no depende de su capacidad coercitiva y coactiva, sino de la aquiescencia general, de una opinión pública favorable. Es un aparato que inhibe la heroicidad dulcificando las formas y amparando expectativas que sacian en cierta forma nuestras aspiraciones vitales. A pesar de los pesares, lo prefiero al totalitarismo no democrático (lo que hoy vivimos es un totalitarismo democráticamente frustrante).

De una cosa he pasado a la otra, lo admito, pero así es como han llegado las ideas a mi mente. Os recomiendo The reader, y a poder ser, en versión original.

Saludos y Libertad!

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Tengo una duda

Publicado por yosoyhayek en Enero 6, 2009

¿Por qué demasiados anti estatistas, e incluso anarcocapitalistas, proclaman sin complejos su apoyo al Estado de Israel, mientras demasiados estatistas hacen lo propio con la causa palestina?

No debe ser una cuestión de estar o no a favor del Estado, de que éste sostenga un ejército, domine un territorio, defienda intereses propios, colectivos o despersonalizados, fije prioridades y despliegue su capacidad ofensiva y destructiva contra individuos que le deberían ser ajenos. Puede que hablemos de legítima defensa, puede que hablemos de una cadena de acontecimientos, hechos, sucesos, guerras, ataques, agresiones más o menos justificadas, usurpación de bienes, tierras, vidas…

Puede que el antiestatista se identifique con una causa defendida por un Estado, no porque sea una estructura de dominación concreta quien monopolice la gestión de un conflicto dado, sino por la mera existencia de dicho conflicto, presuntamente independiente a la existencia del Estado en cuestión.

Los estatistas no reniegan por capricho, lo hacen por negación: niegan la legitimidad de un Estado en concreto frente al derecho o no de tener Estado por parte de un pueblo, comunidad o población determinada. Cuestionan, de este modo, la existencia de algo llamado Israel, que llegan a calificar de Estado terrorista, de mafia de usurpadores, de organización de expoliadores indiscriminados llegados a una tierra ajena, sin derecho, sin justificación alguna (vaya…).

Los antiestatistas se vuelcan en compartir la causa, más allá de la forma adoptada para garantizar la efectiva conservación y perpetuación de la misma. Aplauden su legitimidad, niegan la desproporción, se embeben con el militarismo judío, con su bandera y símbolos, con su aparente compromiso, con su numantina resistencia y apisonador poder ofensivo.

Es curioso, muy curioso. Y mientras tanto los hunos solo hablan de niños, y niños fotografían, ensangrientan, o peor, contribuyen a que los terroristas los usen de escudo humano con el que acongojar a tanto aburguesado occidental. Los hotros pierden criterio y mesura, evitan revisar momentos, decisiones, o mejor, cuestionar al Estado de Israel en su estrategia global. Aquellos juegan con palabras y términos como holocausto, matanza, crisis humana, Estado Terrorista, bombas que matan, ejércitos que asesinan, piedras contra tanques, niño va niño viene… y estos pierden más tiempo en defender la maltrecha y distorsionada imagen de Israel y su Estado (al que parecen adorar haga lo que haga), que en observar el horror sembrado por terroristas y estatistas, por los malos y los que quieren ser buenos, por los culpables de casi todo, y los culpables del resto.

Este no es un post equidistante ni mucho menos, solo una reflexión que creo oportuna. Tengo claras bastantes cosas, pero no puedo evitar que me asalten dudas al contemplar el espectáculo, que aun siendo maquillado, despreciablemente manipulado y teatralizado por tanto desalmado que se muere por parecer progre, no deja de ser horrible, insoportable y vergonzoso.

Israel, el único Estado necesario?

Saludos!

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Liechtenstein

Publicado por yosoyhayek en Diciembre 2, 2008

Una lista de entre 150 y 200 nombres forma parte de la investigación abierta en la AN. Se trata de dar caza y captura a un buen ramillete, si es posible populares, famosos, fáciles de identificar por el público, de evasores de impuestos. Entre ellos figura el cantante Alejandro Sanz, y, tal y como destaca Público (por algo será) el padre de Artur Mas (CiU).

El mismo diario comenta la publicación en  Interviú de un listado con 67 nombres de españoles evasores en su conjunto de 170 millones de euros, lo que supuso entre 2002 y 2006 una pérdida de recaudación para Hacienda de al menos 70 millones. Según la revista que mezcla tetas con escándalos (este pretende ser uno de ellos), entre los malvados evasores del Reino de España, además del cantante, afincado en Miami, aparecen empresarios y directivos conocidos, incluso por su apoyo a ONGs! (Vaya por Dios!).

La reciente reunión del G-20+1+1 sirvió para que algunos líderes, entre ellos el inefable Zapatero, pusieran en su punto de mira los conocidos como paraísos fiscales. Dado que la crisis es fruto de la avaricia y la codicia de los operadores financieros, muy a pesar de las bondades y buenas regulaciones y concesión de privilegios por parte de las autoridades públicas, qué mejor solución que capar una posible forma de evasión de impuestos: ese “llevárselo muerto” sin pasar por caja.

Si sintieran sobre su cuello el filo implacable de Hacienda (que somos todos, por supuesto!), seguro que se reducirían sus incentivos para ser más y más codiciosos. Eso creen, sin saber, que la presión fiscal y la intervención empujan a estos desalmados hacia otros cauces de lucro, removiendo los obstáculos bien sea vía dádivas u otros subterfugios como convertirse parcialmente al funcionariado. Sea como fuere, la ingenuidad demostrada por los anti paraísos fiscales no es mayor que su hipocresía.

El orden internacional, desde hace algunos siglos, se fundamenta en el mutuo reconocimiento soberano entre Estados. Es decir, aun cuando las hostilidades o ambiciones expansionistas llevaran a uno de ellos a la invasión de otro u otros, las bases del Derecho Internacional Público comprenden que de algún modo, toda la tierra firme de nuestro planeta (salvo la Antártida y sus particularidades) queda dominada con carácter exclusivo y excluyente, de forma parcial y parcelada, por un Estado concreto. Luego vemos como esto no es tan así como parece, pero vayamos al tema fiscal.

En Occidente se ha llegado a una especie de consenso en torno al latrocinio del Estado. Los grandes países someten a sus ciudadanos a una presión fiscal relativamente similar. Es cierto que aún existen excepciones en positivo o en negativo según el criterio confiscatorio, pero han disminuido mucho los incentivos para desplazar fortunas o sedes sociales sin tener en cuenta otros factores. Aprovechando esta circunstancia, en gran medida al cobijo de sus hermanos mayores (a todos les interesa), nacen los conocidos como paraísos fiscales. Entes soberanos, generalmente diminutos, pero histórica o convencionalmente independientes, que ofrecen en su territorio suculentas ventajas comparativas. El respeto y el fomento de los mismos por parte de sus voraces vecinos tienen un origen evidente.

Sólo grandes fortunas y turbios negocios (aunque también aquí puede haber excepciones) acceden a estos emplazamientos fiscales donde abundan las entidades financieras y los impuestos son de risa. El paraíso, con o sin tetas, pertenece únicamente a los ricos maledicentes, o a los pobres ricos expoliados (quién no lo es?). Al final los que pagamos el pastel somos los de siempre, pero mientras aguantamos cómo nuestros líderes se escandalizan prometiendo medidas terminales contra estos reductos de libertad, o mejor, válvulas de escape privilegiadas por los mismos entes que disfrutan despedazando a sus contribuyentes.

Son hipócritas los Estados por esos dos motivos. Son ellos, sus clases dominantes, entiéndase, quienes más réditos obtienen en la existencia de estos micro-free-states, pero es que además se lamentan de su independencia para no expoliar, como si el expolio fuera algo estupendo y deseable (digo yo), y sólo el expoliador mereciera respeto.

Celebro la suerte que tienen los ricos y ricachones para evadir, aquí, vía ingeniería fiscal, o en el exterior, a través de localizaciones como Liechtenstein. Para que luego los políticos, esos mentecatos que generalmente empiezan, por lo menos en España, con una cuenta en la Caja Rural de su provincia, para acabar con un emporio domiciliado en las Caimán, pretendan justificar el mantenimiento o subida del latrocinio sobre las clases medias, medias bajas y medias altas  (vamos, casi todos), subiendo los tramos más altos del IRPF a sabiendas de que su recaudación es mísera y no crecerá, sino todo lo contrario, en caso de ascenso del tipo. Los hay que se lo creen, se van a la cama tranquilos y felices pensando que el Estado es estupendo, todo para los pobres, todo a costa de los ricos, mientras que de eso, nada de nada, sino todo lo contrario.

Yo también quiero ser millonario, pero no para gastar (que ya gasto demasiado), sino para evadir y sentir ese regustillo que debe experimentar Alejandro Sanz y compañía cada vez que ganan un millón y el Estado de turno no se queda con medio. Mientras tanto soñaré que eso de “la República independiente de mi casa” es posible y algún día podré constituir en mi pisito madrileño un paraíso fiscal en toda regla.

 

Saludos y Libertad!

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Como adolescentes cabreados

Publicado por Liberand en Noviembre 29, 2008

Siete de cada diez españoles piensan que el Estado debe ser el responsable del bienestar de todos. Esta sola afirmación debería ser suficiente como para acabar con toda esperanza liberal en el país que nos ha tocado vivir.

 

padre_hijoEs parte de una encuesta del CIS difundida el pasado miércoles, “Actitudes hacia el estado de bienestar”, se denomina el estudio, y tiene como conclusión más destacada, que el 64% de los españoles cree que se beneficia poco o nada de sus impuestos. Sin embargo, esta creencia unida a la anterior afirmación da como resultado que los españoles son como adolescentes que se quejan porque papá no les da suficiente paga. Más de la mitad cree que se invierte poco en vivienda, enseñanza, sanidad, pensiones, justicia, seguridad, medio rural, medio ambiente y servicios sociales.

 

Si el estudio está en lo cierto, los liberales ya podemos meternos en un internado para depresivos, porque lo tenemos crudo. Eso, o nos ponemos las pilas.

 

Tarea difícil la de acabar con la mentalidad europea de que el Estado nos lo debe dar todo mascadito y guiarnos por el camino hasta nuestra muerte. Nos dice en que colegio estudiar, a que hospital ir, nos subvenciona la carrera, nos da el piso, la ayudita para los pañales del niño, otra ayudita para abrir el negocio y cuando decide que ya no tenemos edad para seguir trabajando, pues a cobrar la pensión.

 

Tontos no somos, o no hasta a esos niveles, y sabemos que todo eso cuesta un dinero, el de nuestros impuestos, que ya se encargan de recaudarlos de forma que parezca menos de lo que realmente es. Pero, ¿que pasa cuándo lo que el Estado nos ofrece no nos gusta? que viene el cabreo de ese 64% de españoles. Pero en vez de ir a la raíz del problema y pensar que con el dinero expoliado y correctamente gestionado por nosotros mismos podríamos pagar el colegio, el hospital, el piso y la jubilación, pedimos que el Estado invierta más, olvidándonos de donde proviene ese dinero.

 

No, está no es la tierra del háztelo tú mismo, es la de los adolescentes enrabietados.

 

Liberales españoles, tenemos tarea, convencer a ese 64%.

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El Anticristo

Publicado por yosoyhayek en Noviembre 25, 2008

Se aviva en falso la guerra de los crucifijos. La sentencia vallisoletana no ha traído toda la polémica esperada. El gobierno se lava las manos dejando a Blanco y el partido las declaraciones más disparatadas. Otros grupos políticos, como ICV o IU reclaman en el Congreso mayor contundencia, una solución definitiva, algo así como el Wannsee de la cuestión. Piden, por supuesto, que dado el dominio estatal sobre la educación y los planes de formación (en el espíritu nacional, laico y ciudadano, por supuesto), por prohibir (ya nadie recuerda aquello de “prohibido prohibir”), que se prohíba todo símbolo religioso también en la escuela concertada, aun cuando esta perteneciera a alguna confesión (católica, generalmente).

El ánimo director, las ganas de imponer una ética pública acorde con los valores y principios sostenedores del Estado Constitucional, social y democrático de Derecho (cuánto mal ha hecho Peces Barba a la Filosofía jurídica!), empuja a estos radicales izquierdistas (lo son, no?) hasta proclamas tan absurdas como esas.

Mientras, como ya he dicho, el gobierno como Pilatos, acata pero no entra en la polémica, que sean los Consejos Escolares quienes resuelvan. Claro, que luego hay casos como este donde no contentos con la resolución mayoritaria, se acude a la “justicia” en busca de la fuerza del Estado.

Yo estudié en colegio e Instituto públicos. En el primero había crucifijos y fotos de los reyes. La polémica saltó y no recuerdo muy bien en qué quedó, pero seguro que la estampa borbónica siguió y las cruces de madera acabaron en el sótano. En el instituto tras cuartos, aunque ahí si que recuerdo la ausencia de símbolos religiosos. En el departamento de religión, muebles antiguos, alguna imagen, y ahí sí, Jesucristo y su cruz.

La polémica no es tanto si la presencia de esos símbolos compromete o no la independencia del centro educativo, sino en qué medida lo que ya estaba debe ser removido en virtud de no se sabe qué nuevo principio o valor imperante. Quien quiera, en estos días, de la nada y con decisión, colocar un crucifijo en un aula general de un colegio o instituto, con toda seguridad, salvo conciertos y difíciles consensos, lo tiene complicado. Ahora, si es “la semana de las culturas”, o “el día de la alianza de las civilizaciones”, qué menos que alguna media luna o cuatro garabatos imitando el alfabeto arábigo. Cosas cristianas, para qué? Lo otro sí que es realmente progre y tolerante, y si no, recordemos la inquisición!… Vaya con la broma, yo creía que inquisición era lo practicado por La Sexta y los programas de Mediapro, pero bueno, si ellos lo dicen.

El Caso es que el revisionismo no tiene límite, el constructivismo social se dispara y no hay marcha atrás. Como los revolucionarios franceses, borrachos de sangre (ellos) y henchidos sus corazones con el éxito alcanzado, buscan, los neoprogres y progres rancios de toda la vida, refundar el orden occidental y rematar a sus viejos enemigos. Dentro de poco presenciaremos debates en los plenos de ayuntamiento sobre la supresión de nombres de santos de las plazas y kaleak y demás vías urbanas. Se propondrá, de la misma manera, la “normalización” de fachadas, suprimiendo símbolos religiosos de algunas fincas (que las hay) y colocando andamios de forma perenne en las iglesias, por eso de que los viandantes que no quieran ser ofendidos en sus íntimas creencias tengan porqué sufrir semejante visión… tan tan confesional.

Caminaremos hacia un mundo laico donde las mejores calles llevarán nombres de grandes valedores de la libertad y el progreso como lo fueron Dolores Ibárruri o Felipe González (el alegre soltero), y serán las religiones minoritarias (nunca la judía…, o sea, siempre el Islam) las que sí puedan organizar eventos y festejos públicos. Por el contrario, tratando de evitar la imposición de costumbres y creencias, las navidades serán todas como en Madrid (con decoraciones minimalistas, frías y religiosamente asépticas) y en Semana Santa cada diócesis tendrá que alquilarse una finca o Estadio deportivo (como hacen los Testigos de Jehová para su súper bautismo anual) si es que quieren seguir sacando a pasear sus Cristos y Vírgenes.

España será laica, limpia y progresista. Habremos por fin acabado con todo vestigio del pasado y la vida será más cómoda y feliz para todos, no nos quepa la más mínima duda…

Saludos y Libertad!

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