LA LIBERTAD Y LA LEY

La Coherencia sólo es posible si se aceptan principios bien definidos, F.A.Hayek.

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Krugman se olvida de casi todo para no acordarse de sí mismo

Publicado por yosoyhayek en Septiembre 13, 2009

¿Cómo pudieron equivocarse tanto los economistas?. Krugman no hace un juicio de humildad revisando sus propias aseveraciones pasadas, sino que recurre a la capciosa y distante objetividad para dar un repaso, burdo y vulgar, al estudio macroeconómico del siglo XX. En él destaca a dos autores: el Dios Keynes y el torpe de Friedman. Menciona a otros como miembros de un coro desafinado, desafiante con los postulados, presuntamente claros y rigurosos, servidos por Keynes en su teoría general (general!).

Cuando uno se sabe derrotado al exhibir con vehemencia ciertos argumentos, lo mejor, y dado que los hechos contribuyen a su estrategia, es ignorar por completo a quienes sí podrían suponer una amenaza real. Krugman ni siquiera hace mención de Hayek, como si no hubiera existido, ni él ni el debate que mantuvo con Keynes en el momento más turbulento en lo que a revisiones y nuevos planteamientos macroeconómicos se refiere. Hayek resume en sus estudios sobre el dinero, la producción y los ciclos económicos, las mejores aportaciones realizadas por el Escuela Austriaca de economía hasta sus días. Ignorarlo no tiene que ver tanto con el desconocimiento o el mero olvido como con la incomodidad que siente cualquiera que, con un poco de inteligencia, revise las distintas propuestas teóricas en el estudio de los procesos de auge y recesión económica.

No tiene mucho sentido que trate de rebatir punto por punto al bueno de Krugman. Su misión en la tierra es doble: resucitar a Keynes restituyendo su inmerecida preeminencia, y dotar a Obama, su Roosevelt  particular, del respaldo pseudocientífico-divulgativo- propagandísitico suficiente para que su personal cariz adanista tenga donde apoyarse cuando se le vea el plumero (la gente no es tonta, o eso espero!).

Krugman picotea aquí y allá para quedar él como el único que lleva la razón. Lo irónico es que en ningún momento demuestra su rectitud previa a la crisis, ni su capacidad de diagnóstico, ni siquiera, aunque lo intente, originalidad en sus propuestas concretas. Volver a las nimiedades temerosas y acientíficas de Keynes le sobra para caer en una burda autocomplacencia. Todo es culpa de la falta de regulación, de monetaristas arrogantes revelados contra el santo keynesianismo, del retroceso del Estado en los quehaceres intervencionistas. Dice que Keynes no soñaba con el socialismo real, y no le falta razón. No era tan estúpido de creer posible la plena suplantación del mercado por una organización centralizada encargada de la práctica totalidad de las decisiones de producción e intercambio. Keynes era muy inteligente, tanto como arrogante y reacio a comprender la superioridad teórica de quien sí supo incorporar en sus modelos teóricos la realidad de los procesos de mercado y ajuste económico. Hayek sí acertó. Los economistas no predicen, plantean tendencias, advierten en cada momento de los posibles conatos de descoordinación, de la improcedencia de ciertas agresiones intervencionistas. Krugman no sabe lo que es el dinero, tampoco comprende el proceso de producción capitalista. Para que nadie le recrimine sus carencias directamente anula de la historia del pensamiento económico a aquellos que podrían suponer un infranqueable obstáculo en su escalada de falsa autoridad en la materia.

Pero lo grave no es que prefiera a Keynes antes que a Hayek. Casi todos, bien desde sus planteamientos, o contra ellos, tiene en Keynes su principal referente. Hayek creó escuela, legó un armazón teórico que sirve hoy, en los gloriosos días de Krugman, para que muchos otros pensadores y divulgadores traten de explicar esta crisis y todas las demás con la mejor teoría de los ciclos económicos disponible hasta la fecha. En 1998 Jesús Huerta de Soto publicó Dinero, Crédito Bancario y Ciclos económicos, tal vez el mejor compendio de teoría austriaca sobre las causas de los procesos recurrentes de auge y depresión económica. Decir que nadie, nadie, había realizado previsión alguna sobre el desenlace crítico vivido en los últimos años, es falso de toda falsedad. Lo llevan haciendo muchos economistas desde hace décadas, advirtiendo incluso de la inminencia de esta última crisis, siempre con la fortaleza de la mejor teoría al alcance de cualquiera que busque comprender los procesos de mercado y la naturaleza del dinero y el capital. El Libro de Huerta, traducido a varios idiomas, incluido el inglés, circula por los EEUU con la suficiente intensidad como para que un personaje como Krugman, aparentemente ávido de material sobre el tema, se hubiera dignado a leerlo y reconocer su importancia. Pero es que otros, como Roger W. Garrison, con su Time and Money, se han encargado ya de resumir y revisar la teoría del ciclo austriaca en el mundo anglosajón. Ignorar, ningunear, apartar la vista y seguir hacia delante con displicente actitud, no es la mejor garantía que respalde la superioridad teórica de un autor. Krugman vende humo, resucita a los muertos mejor enterrados y busca, afanosa y casi vergonzosamente, la notoriedad que solo el convertirse en susurrador del poder puede alcanzarse.

Obama y Krugman, Krugman, Obama y Keynes. Lo de que el hombre es el único animal que tropieza dos, tres y hasta doce veces en la misma piedra, tiene en nuestros días demasiados nombres y apellidos.

Saludos y Libertad!

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Krugman, Sala i Martín y el sesgo ideológico

Publicado por yosoyhayek en Julio 12, 2009

El artículo de Paul Krugman que publica hoy El País es la constatación más escandalosa de lo mal que va el mundo y lo falaz y estatista que tiene que ser uno para ganar el Nobel. El pretendido susurrador obamita, quien sueña con seguir los pasos de Keynes en su camino hacia el estrellato al que su oportunista excrecencia teórica le ensalzó, demuestra que sin entender nada sobre el funcionamiento del proceso social y de mercado puede uno ser considerado un referente intelectual en tiempos de crisis. Lo que hace Krugman es muy parecido a lo que otros megalómanos hicieron en su día: aprovechar el momento y producir falacias al gusto del consumidor, en este caso, el Estado expansivo.

Krugman apuesta por las políticas de gasto, el recurso a la deuda pública, a la expansión artificial de la oferta monetaria, al déficit y la intervención. Política de demanda, cortoplacista, y que arreen los que vengan. Obama es el mesías, el ungido, un demócrata que tiene visión, que quiere gastar y dirigir, que sabe hacia dónde ir. Pero, oh pobre de él, el chivo expiatorio merodea a su alrededor. El partido republicano, irresponsable y necio, pone pegas al plan de estímulo, y el consiguiente endeudamiento masivo del gobierno federal. Otro obstáculo se impone en su camino: los Estados y ciudades norteamericanas, como el propio Krugman nos recuerda, sí tienen limitado su recurso al déficit y la deuda. Resultado, reducen sus presupuestos acomodando el gasto a sus menguantes ingresos.

Cuando un personaje como Krugman, pretendido sabio economista, vocero y susurrador, egocéntrico con visos esquizoides, se aferra al poder, le entrega su alma y la de todos, para terminar por convertirlo en único responsable de nuestras vidas, resulta patético y servil siquiera publicarle un artículo en un medio con la difusión de El País. Pero claro, el sesgo ideológico alimenta a la bestia y El País, instalado en los sofismas y falacias típicos, defiende como dogmas de fe esas máximas que Krugman ubica en el límite entre el bien y el mal, entre buenos y malos, amigos y enemigos…

Público entrevista al economista catalán, Sala y Martín, de dudoso gusto estético e indudable ansía por dar la nota y vender humo. Las respuestas son aceptables, algunas incluso buenas, pero el diario progresista, estatista y zapaterista, obtiene de la última pregunta su chocante titular: el abaratamiento del despido no es la solución de la crisis. Ahí queríamos llegar. Poco importa que las respuestas del barcelonista que practica la colorterapia consigo mismo, derriben con mayor o menor acierto el entramado ideológico que sustenta la política expansiva defendida por el inefable Krugman. La controversia, a pesar del estilo rápido, accesible y en ocasiones insuficiente del horterilla que da clases en Columbiaaaa, no suscita el menor interés. Los comentarios dejados por alguno de los lectores de la edición digital de Público lo atestiguan con claridad: ni una neurona en movimiento, ni una duda, nada removiéndose en sus cerebritos, dogmas de fe resistentes llevando a cabo su labor con implacable e irreflexiva contundencia.

Prefiero a Sala que a Krugman, obviamente. No sigo al primero con devoción, es más, quizá se note que personalmente, por esa imagen suya, esas adhesiones incoherentes, y esas ganas de vender humo a toda costa, no me guste en absoluto. El segundo es directamente una bestiecilla, un ser infame entregado al culto más inhumano y despreciable, pero que además rezuma narcisismo y peligroso ánimo megalómano. Quiere ser el Keynes del que hablen en el futuro. El productor de falacias más relevante del siglo XXI, aparente soporte teórico y científico de la recuperación que este por llegar. Los malos quedarán retratados, las falacias reforzadas. Un Gobierno que gasta, actúa y representa un papel: el defensor de su población frente a una crisis provocada por codiciosos multimillonarios y que, a pesar de su virulencia y perpetuidad, se levanta cada mañana tratando de animar la actividad y crear puestos de trabajo. En realidad, lo que se ve, o mejor, lo que se vende a través de la maquinaria de propaganda y distorsión más potente de la historia (aquella que solo puede habitar en las socialdemocracias occidentales de nuestros días), en nada se parece a lo que no se ve: el intervencionismo financiero y monetario provocó la crisis y disolvió la posibilidad de ajuste espontáneo y disciplina institucional eficiente. El intervencionismo, en su obsesión por aparentar acción y dedicación, ahondará en las causas y genera nuevas, provocando obstáculos y alargando el periodo de reajuste y reactivación.

Sala i Martín parece tenerlo claro, aunque sea hábil y oportunista con su respuesta ante la cuestión de la reforma laboral. Coincidimos en que no sería LA solución, pero abaratar el despido sí ayudaría, y mucho, a que se reactivase la inversión, la búsqueda de oportunidades, de innovación y sectores sobre los que aupar la nueva senda de crecimiento económico. El despido libre (clausula libremente pactada entre las partes) o más barato, es una de las fórmulas, acumulativas, sucesivas e indispensables para que los españoles, esos actores a los que parece referirse en su defensa del mercado libre, sean los protagonistas de la recuperación. Krugman, que es un elitista repelente, prefiere confiar en el Estado, ese ser, para tan ardua empresa. Es esa la diferencia la que me hace preferir unas cañas con Sala que con el detestable.

Saludos y Libertad!

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Lecturas para la crisis

Publicado por yosoyhayek en Mayo 10, 2009

Estos son los libros indispensables, en mi opinión, para comprender la crisis económica que tanta discusión, lugares comunes y sofismas suscita en su análisis y diagnóstico.

Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos (Jesús Huerta de Soto)

Precios y Producción (F.A. Hayek)

La teoría del Crédito y del Dinero (L. v. Mises)

Fundamentos de la banca central y de la libertad bancaria (V. Smith)

Tiempo y Dinero (R.W. Garrison)

Teoría Positiva del Capital (E. Böhm-Bawerk)

El nacionalismo monetario y la estabilidad internacional (F.A. Hayek)

El problema es que los autores más falaces y acientíficos son los que dominan incluso la creencia generalizada sobre la superioridad y el acierto de sus teorías. Básicamente por una razón: son estas falacias respaldo fundamental de la religión estatista, dogmas de fe que alimentan el credo y favorecen la fe ciega en el Leviatán moral e intervencionista. Son ideología pura, acientífica, condenadas a adaptarse a los acontecimientos.

Entre falaces como Keynes e ingenuos, abundantes en las filas monetaristas y demás subcorrientes y revisionismos campantes en nuestros días. Si Krugman es el nuevo gurú económico, no hay duda de que no son el rigor y las buenas teorías los elementos dominantes en el escenario crítico y científico.

Los medios cayeron complacidos ante la nimiedad y el carácter intuitivo de los razonamientos de Leopoldo Abadía. Convertido en referente mediático confunde y distorsiona más que ilustra. Su libro no deja de ser una excrecencia de lo que otros, desde universidades y gobiernos, han convertido en pensamiento único económico.

Espero que una dosis de Hayek, Böhm-Bawerk, Huerta de Soto o Garrison, y otros tantos que aún no he podido estudiar, ayude a quienes realmente estén interesados en saber lo que sucede y cuáles son sus causas ciertas así como los verdaderos culpables de tamaño sufrimiento.

Saludos y Libertad!

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Tal para cual

Publicado por yosoyhayek en Marzo 16, 2009

“Una de mensos, por favor!”

Krugman y R. Zapatero, mano a mano, conferenciando y reunidos, demuestran que nada tiene que ver el mérito con el valor. El primero ha logrado su premio Nobel a costa de reverdecer el keynesianismo, convertir a Bush en la fuente de todo mal y ser aupado (a pesar de su estética espesa y cutre) como el gurú económico del momento. El segundo llegó a la presidencia del gobierno y ahí sigue. Muchos le votan a pesar de su peligrosidad contratada. Por desgracia el mercado político no da para mucho más.

Krugman, susurrador vocacional del flamante y pinturero Obama, anhela ser recordado como el teórico del nuevo New Deal, el Keynes del siglo XIX, un referente para todos los historiadores, analfabetos funcionales y fácilmente seducibles mentes contemporáneas y futuras. Un nuevo fantoche, con galones y ofrendas, con nombre y poco más, que por revelación y transmutación nos devuelve esos fundamentos que mantuvieron al mundo “más libre” en un orden de cosas ralentizado y liberticida.

Zapatero pretende encabezar un cambio. A toda costa, sea el que sea. Primero quiso cerrar el melón constitucional reabriéndolo sin pudor. Quiso la cuadratura del círculo autonómico, refundar la idea de España, remozar el Estado y Transformar la sociedad. Poco después dirigió su atención hacia el pasado: borrar la transición política para reinstaurar una idílica legitimidad republicana. Ahora, desvergonzado y sin que nadie le dijera in situ lo estúpidas que eran sus palabras, pretende que España se someta al cambio económico más importante de su historia. El adanismo de este personaje tiene rasgos de psicopatía aguda.

Krugman, que habrá ojeado cuatro cifras nacionales y poco más, nos augura una depresión sin parangón entre nuestros vecinos. No hay que ser un premio Nobel para hacer semejante previsión. Lo que sí es de recibo es acertar en las causas. El problema de estos sofistas es su incapacidad de trazar diagnósticos veraces que sirvan como primer paso en la adopción de medidas eficaces para aminorar los efectos de la crisis.

Krugman, con sus ojos disparados y su mirada de autista, nos presenta un panorama escalofriante. No porque asuma las auténticas taras intervencionistas que nos han llevado hasta aquí, sino porque pretende vendernos su modelo, su solución, su refundación keynesiana en forma de más intervencionismo, más Estado y menos libertad. El sesgo ideológico resulta evidente. No le guía teoría que merezca consideración alguna por su rigurosidad y calidad científica. Krugman quiere que el Estado suplante al mercado. Ansía socialismo, que en el fondo es el término que mejor define toda coacción sistemática e institucionalizada contra la función empresarial del individuo. Y así, a nadie se le escapa (o no debería) que la descoordinación no solo no escampará, sino que arreciará con fuerza hasta hacerse insoportable.

Zapatero pide que nuestra economía se centre en la innovación, en las nuevas tecnologías, en el “conocimiento”. Su estulticia es de campeonato, como si fuera posible un proceso social cada vez más complejo, extenso y productivo sin innovación, nuevas tecnologías y “conocimiento”. Lo que importa aquí es qué sector o sectores van a sacarnos de este desajuste soportando una nueva senda de crecimiento. Para que esta recuperación sea sostenible no bastará con “acertar” en esa elección, sino que las bases monetarias y financieras regresen al proceso social, libre y capaz de garantizar su estabilidad.

La elección del sector o sectores, obsesión socialista y zapateril, no debe estar en manos del gobierno. Se equivoca el presidente si se cree capaz de medir y graduar la intensidad y la elección de esta o aquella innovación. El expolio preventivo seguido de la subvención arbitraria únicamente lograrán hacernos menos ricos, menos dinámicos y competitivos. El mercado libre, en ausencia de intervención y exacción estatal, es el único mecanismo donde es posible la “mejor” asignación de recursos, el descubrimiento de información y conocimiento relevantes y capaces de coordinar y ajustar la economía española. Obsesionarse con este o aquel sector, invertir en una u otra tecnología, no tiene ningún sentido si se hace al margen del mercado y la libertad que lo mueve en todo caso. El gobierno no solo no sabe dónde, cuándo ni cuánto, es que aun cuando tuviera una mínima idea al respecto, su mera actuación distorsionaría señales, impediría el surgimiento de conocimiento e información necesarias, acabando con la posibilidad de que los individuos sean capaces de aprovechar al máximo las posibilidades de nuestra economía (sobre todo percibir las que hoy no existen o no son evidentes, porque seguro que son clave en nuestro futuro).

Krugman y Zapatero, Zapatero y Krugman. Dos enemigos públicos para el resto de individuos, nos vienen con su arrogancia y vergonzante solemnidad tratando de hacernos creer que dejarlo de su mano es la mejor opción…

Saludos y Libertad!

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Rezuma progresía

Publicado por yosoyhayek en Febrero 12, 2009

En su comentario de la coyuntura económica, en sus críticas y propuestas, rezuma la progresía una sarta de falacias y sofismas que merecen ser condensadas y explicadas brevemente en un post. Intentaré ser sucinto y espero la ayuda de todo el que estime en mi relato un olvido imperdonable, o mejor, tenga a bien incluir sus comentarios y aportaciones.

 

Desprecio público y estético por la querencia crematística: utilización literaria o discursiva del dinero como bestia negra, bien corruptor, objeto que levanta los peores instintos: avaricia, codicia… (os suena, no?). Codicia como enfermedad mental, despreciable y atribuible solo a quienes participan en el mercado.

 

La fe ciega en las posibilidades del Estado de lograr los resultados propuestos. Desprecio por las teorías y evidencias sobre el orden espontáneo, el muto ajuste individual y la libre persecución individual de fines particulares. En su discurso profundamente acientífico asumen con ingenuidad y arrogancia la capacidad racional de prever consecuencias y garantizar resultados.

 

Elitismo acérrimo: es propio del progre pavonearse con simpatía entre las masas apostando por propuestas y medidas que redundan en mayores dificultades para aquellas. Mientras tanto persiguen esos fines crematísticos que estéticamente desprecian, hacen todo lo posible por forrarse y adoptar prácticas propias del más frívolo potentado. Elitismo intelectual, creyéndose desde las letras, las artes o la interpretación, paradigma absoluto de la inteligencia y la racionalidad. Vanidad que les mueve a sentirse como los únicos legitimados para gobernar al pueblo, ignorante, aborregado y tentado por la superstición…

 

Atribuyen todos los defectos que son propios del hombre, como ya hemos visto, a la libre persecución de fines particulares. El mercado libre torna en sede de maldades, engaño y codicia. El Estado es indultado por completo, como una nueva deidad despersonalizada, artificial, artificiosa, mecánica, perfecta, racional, impecable y capaz de planear un mundo perfecto, armónico y ajustado.

 

Toda esta artificialidad, esta imaginería híper racionalista, lleva a una mentalidad profundamente inmoral, arrogante, que estima adecuado tomar decisiones críticas que afectan a principios y valores fundamentales, con la ligereza del juicio estimativo, pragmático. Un criterio ad hoc que rampla con todo e impone su visión ridiculizando el debate sereno de quienes a pesar de ser caprichosa y ajenamente incluidos en el bando fundamentalista, pretenden solo mantener viva la coherencia de principios que hace posible la convivencia entre individuos libres en mutuo reconocimiento. Esto, que es la esencia misma de la Ética, queda postergado al extremo por una ideología voluntarista que todo lo decide según le vengan dadas o se ajuste más a una pose cuidada y frívola.

 

Resumiendo: gentes hipócritas y elitistas, arrogantes y carentes de rigor científico en el análisis de la realidad, dolientes de una necesidad miserable de adoptar poses calculadas, con indiferencia de qué principio o qué parte de la libertad ajena. Arrogantes que creen posible coordinar la sociedad con efectos preestablecidos siempre con total eficiencia. Arrogantes que presumen el destino del progreso y trazan rutas a priori desprovistos de la información (que no está dada) y de la capacidad para comprenderla. Descreídos vanidosos que confían ciegamente en el Estado, como deidad laica todo poderosa animada por un intelectualismo que se les escapa y del que dicen ser exponente cualquiera capaz de destacar ante el populacho por hilvanar cuatro palabras, escenas o notas musicales (aun cuando sean unos ignorantes en ciencias sociales)…

 

Estos son los males que nos llevan al estado de cosas en el que estamos. Habitan en nuestro interior y son harto complicados de reducir o expulsar. Son los males de una sociedad repleta de personalidades orgullosa, que negando lo divino aspiran a ocupar su puesto. El que vive sin fe, o funcionalmente descreído, debería ser quien más cerca estuviera de la comprensión del orden social como algo libre, ingobernable, coordinado de forma espontánea, en el respeto de la libertad y la persecución de los fines particulares. Sin embargo son en su mayoría estandartes de esta arrogancia insana que tantos males y sufrimiento ha provocado.

 

Hayek, que no es sospechoso de reaccionario ni meapilas, dejó en última obra recogidas estas y muchas más ideas: La Fatal Arrogancia. Quien fue su gran adversario teórico, Keynes, adolecía terrible y llamativamente de todos estos males. La elección es simple. Está clara cuál es la apuesta de tanto ignorante que ahora clama con soberbia y descaro por el zafio economista y su memoria.

 

 Saludos y Libertad!

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Callao será peatonal, pero… a qué precio?

Publicado por yosoyhayek en Febrero 6, 2009

El fondo de 8.000 millones de euros para ayuntamientos forma parte de una clase de políticas cortoplacistas (por eso lo de pan para hoy, hambre para mañana) que trata de estimular la economía a través del gasto, del incremento de la Demanda Agregada de la mano del Estado.

Lo que se busca con estas políticas es la inyección en la economía de una cantidad considerable de dinero con visos a que sea íntegramente consumida. Si los receptores de esa liquidez terminaran por atesorar las cantidades recibidas, el efecto pretendido no llegaría a suceder.

Si los agentes acaparan el ingreso sin convertirlo en ahorro puesto a disposición, a través del sistema financiero, de posibles inversores, la medida acaba por romper los esquemas previos de quienes la idearon.

Los 400 euros, o los 800 dólares de Bush, en este sentido, no fueron tan efectivos como los 8.000 millones de euros que el Estado va a gastar en pequeñas obras municipales. Con esta decisión se elige un sector concreto, el de la construcción (aunque en un sentido muy específico, eso sí), y sobre él se vierten miles de millones en forma de gasto directo. Lo que hagan los receptores con ello preocupa, pero no tanto.

Lo importante es que la inyección se traduzca a corto plazo en un incremento en la demanda, en un gasto efectivo, que genere puestos de trabajo y movimiento de bienes y servicios.

En la segunda fase, ese dinero llevará a sus perceptores, empresas en forma de beneficios o particulares (trabajadores) en forma de rentas, a tomar la decisión de cómo asignar el ingreso: cuánto gastar, cuánto ahorrar o cuánto utilizar para recomponer su solvencia personal. Es ahí donde el Gobierno pierde el control.

Con los 400 euros se dio esta circunstancia: no puede hablarse de una bajada de impuestos sino de una puntual inyección que impide a los beneficiados tomar decisiones sostenibles y serias sobre su situación; esa es la trampa.

Pues bien, con el dichoso fondo ayuntamientos como el de Madrid han sacado del cajón proyectos de meramente decorativos o suntuosos, si se quiere. La peatonalización de la plaza de Callao, de Sol, de la calle Alcalá desde Sol a Sevilla, de la calle de Fuencarral, de la Red de San Luis, la plaza de las Cortes, tramos del Paseo de Recoletos o la Plaza de Colón. Fuera del centro se gastarán los 500 millones que le tocan a la Capital en mejoras de infraestructuras, aceras, alumbrado, algún polideportivo, ajardinado, etc.

Gasto por gastar, básicamente. El Gobierno, siguiendo irresponsablemente los fundamentos “teóricos” del keynesianismo más rancio, pretende aminorar los efectos del reajuste con decisiones de este estilo, que conllevan: expolio de los 8.000 millones, vía impuestos, o a través de deuda (impuestos futuros); asignación arbitraria del montante en un sector concreto; elección de gastos superfluos que no mejoran la productividad, incrementan el capital invertido ni nada por el estilo; resultado: pan para hoy y hambre, mucha hambre para mañana.

La crisis es dolorosa y lo será más. Hay que pasarla, qué remedio queda. La coartada del intervencionismo es que sin él todo sería más duro y nadie nos garantizaría salir algún día de la recesión: y esto es, MENTIRA. Es más, todo lo contrario. Las políticas de gasto desconocen por completo las causas de la crisis, y peor, adolecen de taras teóricas insuperables: no comprenden la naturaleza del Capital, el elemento temporal de la producción, ignoran por completo el papel que juega la preferencia temporal de la economía, la posición del ahorro…

Creen que inversión y consumo van en la misma dirección, que los agentes privados se dejan llevar por sentimientos insuperables que los empujan a no acertar en sus decisiones, por lo que debe ser el Estado quien tome las riendas de la inversión… es un cúmulo de falacias y sofismas tan inmenso que los resultados no pueden ser otros que los que tristemente padecemos y padeceremos.

Solo bajando los impuestos, impulsando el ahorro, el ajuste de precios vía deflación, la desinflamación de sectores sobredimensionados en la época álgida de exuberancia, constriñendo el gasto público, dejando a la iniciativa privada que sea ella quien descubra dónde, cuándo y cuánto invertir  (el mercado libre es el único mecanismo donde cada bien es asignado allí donde sea más valorado), no recurriendo al endeudamiento (privando al sector privado de ahorro disponible), desregularizar el mercado de trabajo, agilizar o eliminar los trámites burocráticos para entrar o manejarse en los diversos sectores intervenidos…

Esta es la única política que favorece crisis breves, intensas, pero satisfactorias en su capacidad de reajuste. Solo así lograremos que el efecto deseable de toda recesión sea la depuración de las bases de un nuevo crecimiento, más sostenible, de tipo genuino.

(imágenes en Espormadrid)

Saludos y Libertad!

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Los errores de Keynes

Publicado por yosoyhayek en Enero 25, 2009

Afirmar que las grandes aportaciones keynesianas no han sido sino un fiasco o una aberración científica de terribles consecuencias (clara coartada estatista a costa del rigor y la verosimilitud) no es una licencia permisible únicamente para doctos en la materia. El propio Keynes, en su lecho de muerte, confesó a Hayek (eso contaba el economista austriaco) que era plenamente consciente de los errores cometidos, y con su arrogancia intelectual intacta, con un giro de muñeca afirmó algo así como, mañana mismo digo lo contrario y todos contentos. Desgraciadamente para los que le concedieron y aún hoy conceden magnífica autoridad, no pudo Keynes corregir sus desmanes, y para sufrimiento de todos quedaron intactas sus teorías como mejor baza ideológica para sostener el estatismo hasta sus últimas consecuencias.

Este post pretende destacar los puntos donde la teoría austriaca del ciclo contradice el modelo keynesiano, aportando los elementos fundamentales para comprender cada realidad. Comencemos:

 

1. Keynes no admite que la demanda de consumo futuro procede del ahorro presente. Para el keynesianismo la inversión es función del consumo presente. Esta simpleza procede de la profunda ignorancia que Keynes demostró acerca del proceso productivo y la teoría del capital (Böhm-Bawerk): La dinámica económica se compone de numerosas etapas productivas, desde las más intensivas en capital hasta las más próximas al consumo final del bien. La producción exige tiempo y esfuerzo. Lo que hoy consumimos comenzó su camino en el pasado, así lo que consumiremos dentro de un año deberá iniciar su producción ahora. La inversión presente genera bienes de consumo futuro, es decir, consumo e inversión (financiada a través del Ahorro) van en direcciones opuestas pero coordinadas, y nunca podrán moverse en la misma dirección, como quiso afirmar Keynes con su efecto multiplicador del gasto.

2. Los tipos de interés, según la teoría austriaca, son reflejo de la estructura de preferencia temporal de la economía. En el mercado del crédito, que como bien afirma Huerta de Soto, no es sino una pequeña parcela del mercado general de tiempo (donde se intercambian bienes presentes por bienes futuros), el tipo de interés deviene en función de la oferta y la demanda de fondos prestables (crédito). Este precio informa y favorece la coordinación intertemporal de las decisiones de los agentes económicos (consumir o invertir para la producción). Es decir, si aumenta el ahorro por encima de la demanda de crédito caerán los tipos de interés, como consecuencia de un cambio en la estructura de preferencia temporal de la economía, reduciéndose la producción en las fases más próximas al consumo a costa de invertir en las más alejadas (para producir bienes futuros), alargando la estructura productiva en sus fases más capital intensivas (esto incrementará la productividad, hará que bajen los precios de los bienes finales y generará crecimiento económico genuino o sostenible).

 

3. Es una falacia la conclusión keynesiana de que un incremento en el ahorro, o lo que es igual, un descenso en el consumo presente, lleven a la depresión económica per se (Paradoja del Ahorro). Todo lo contrario: al crecer el volumen de ahorro crecerá la cantidad de fondos prestables, bajando el tipo de interés como señal del cambio en la preferencia temporal, que interpretada por cada agente supondrá una tendencia a invertir en las fases más alejadas del consumo presente, absorbiendo los recursos liberados (es decir, no habría desempleo de recursos como alerta Keynes).

4. Keynes cae en ese error considerando la producción como un proceso estático e inmediato, tomando el capital como un conjunto homogéneo de bienes perpetuo. De esta forma la caída del consumo llevaría a una reducción de la inversión presente, con el incremento del desempleo evidente. Queda demostrado que esta visión es falaz y simplista, no comprende la naturaleza temporal del capital ni de la producción, no entiende que la economía es un gran mercado de tiempo donde la tasa de descuento actúa como incentivo para la inversión. Tratar de manipular la relación real y dinámica a través de políticas monetarias expansivas o mero fiscalismo no hace sino llevar a la economía a contradicciones que necesariamente terminan por generar un reajuste en forma de crisis y recesión

 

Son muchos más los errores cometidos por Keynes y sus sucesores, pero estos son los que consideramos de mayor actualidad dadas las prácticas adoptadas por nuestros gobiernos como estrategia para salir de esta crisis: no confiar en los agentes privados, dejando de mano del Estado la reactivación económica, siempre bajo el error de creer que sólo consumiendo hoy, animando la “demanda agregada”, podrá superarse la dificultad y garantizar el regresó al crecimiento. Nada más lejos de la realidad. La economía está en fase de reajuste. Los sectores sobredimensionados deben ceder a favor de aquellas inversiones que dejaron de hacerse y que hoy deberían ser destino de todo el esfuerzo retraído del consumo presente. El ahorro, odiado y vilipendiado por el intervencionismo, no es sino la garantía para que podamos salir de esta crisis lo antes posible y de la mejor forma. Lo que debe preocupar a los gobiernos es sentar procurar un escenario de confianza y certidumbres respecto a su actuación, y no la captación del ahorro presente a través de deuda pública para gastarlo a toda costa salvando a quienes deben reajustar su dimensión o en su caso salir del mercado. El Gobierno no debe gastar, ni debe alentar el gasto: la mejor política económica es dejar que suceda lo que tiene que suceder, que los precios se reajusten, que cada agente tome sus propias decisiones de ahorro, consume e inversión, para caminar hacia un escenario donde el crecimiento sea por fin genuino y sostenible. A través de políticas de gasto, deuda y déficit o el intento de manipular monetariamente a los agentes con inyecciones de nuevo dinero o nuevas bajadas artificiales de tipos, solo lograrán que la economía occidental y mundial caiga en una depresión inaudita, de terribles y dolorosas consecuencias.

Saludos y Libertad!

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Black Hole

Publicado por yosoyhayek en Enero 18, 2009

Es el término que mejor define la actual situación. Solbes alerta: vamos hacia algo excepcional. Yo, humildemente, confirmo: la recesión a la que nos enfrentamos tiene dimensiones titánicas, y amenaza con anquilosarse sin visos de ser remediada.

Semejante desbarajuste, la dislocación terrible que estamos sufriendo a nivel internacional, se debe, como toda disfunción en el proceso de mutuo ajuste que es el orden social y de mercado, al intento perenne emprendido por nuestros Estados de suplantar dicho orden por una organización económica. El colapso del comunismo no fue entendido en sus justos términos. La conocida como revolución neoliberal no fue sino un fiasco estatista centrado en hacer viable la intervención en un escenario de comercio internacional creciente y desarrollo económico.

La virulenta crisis que nos ha tocado vivir, observar y analizar, tiene todos los atributos para considerarla como una “tormenta perfecta”, pero es que además, de forma alarmante, cada día que pasa se parece más a un agujero negro que todo lo engulle hasta hacerlo desaparecer.

El País despierta, entreabre uno de sus ojos y analiza sin demasiado acierto el problema de Deuda al que nos está condenando el intento estatista de solucionar la crisis echando más leña al fuego (Mientras, en su editorial de Negocios, desenmascara su auténtico ser: Justificado endeudamiento). Si la turbulencia procede y se verá incrementada por un serio problema de mala inversión y endeudamiento desaforado en sectores sobredimensionados, con los problemas de solvencia derivados en toda la economía y cómo no, con especial importancia en el sector financiero del que emanó la expansión insostenible, a esto debemos añadir el recurso a más deuda por parte de las autoridades para tratar de salir del quebranto. Esta siendo la peor decisión de todas las posibles. Del salvamento del sistema de pagos, impidiendo que cayeran los bancos (medida que resulta coherente dado el sistema de intervención monetaria y financiera en el que actúan estos agentes “privados”) hemos pasado a comprometer de manera irresponsable la riqueza que previsiblemente generaremos los próximos 50 años para salvar sectores justamente quebrados o emprender medidas profundamente equivocadas, y que no harán sino agudizar y prolongar la coyuntura negativa que buscan solucionar.

Krugman, en el mismo periódico, se dedica, como Gurú Demócrata que es, a dar lecciones al nuevo Presidente Obama. Le pide, como en artículos anteriores, valentía y decisión, que afronte la crítica y proceda al mayor plan de intervención pública de la historia de los EEUU desde el maltrecho New Deal. Quiere más gasto público, porque es obvio su espíritu keynesiano en el desprecio de la capacidad privada para emprender, invertir y ajustar. Demanda medidas de protección social que solo tendrán una consecuencia: aumentar el número de necesitados, y de esta forma, caer en una espiral absurda en la que su incidencia destruyendo riqueza justificará ulteriores aumentos presupuestarios para ayudar a los nuevos pobres…

La economía internacional, dado que todos los gobiernos con contadas excepciones, se han puesto de acuerdo en ser ellos quienes con más estatismo que nunca (más expolio y más redistribución) pretenden capear el temporal, no va a salir de esta fácilmente. No va a llegar el reajuste necesario, la deflación se ve como un problema y no como la oportunidad de identificar precios inflados, sectores sobredimensionados, poniendo de nuevo las cosas en el punto de partida previo a la expansión. Krugman rechaza la bajada de impuestos porque sería un despilfarro de recursos dejarlos de mano de sus legítimos propietarios, que ya sabemos que son estúpidos guiados por pulsiones viscerales e incapaces de acertar en sus decisiones, cosa que sí puede hacer el Estado… Y mientras tanto todas las medidas, de corte keynesiano (fiscales, gasto e intervención) o monetaristas (manipulación la base monetaria y los tipos de interés) caen sin remedio en un agujero negro que crece y crece para desesperación de los intervencionistas. Se mueve, del atlántico al pacífico, regresa con un mayor tamaño, engulle y vuelve a desplazarse. Quemados todos los cartuchos a disposición de los bancos centrales, endeudados los Estados, devorado el ahorro global, zancadilleados los efectos positivos de la deflación (sentando las bases para una más que probable hiperinflación)… se acabó la justificación científica, terminó la coartada. Los Estados tienen que recurrir a lo que en definitivas cuentas les hace pervivir y resistir: el miedo y la sensación de falsa seguridad.

Salvo Shocks externos e inesperados (no puedo imaginar de qué tipo), la recesión en la que hemos entrado acabará convirtiéndose en una depresión de proporciones inauditas, que durará años y años sin visos de ser resuelta sin un cambio radical de estrategia. La única solución estará en la merma estatista, en dejar que el proceso libre de mercado nos lleve a una coordinación que resulta imposible cuanto mayor sea el solapamiento del Estado sobre el orden social. Hasta entonces languideceremos cada vez más y nuestra riqueza se irá despiezando y descomponiendo merced de una Agujero Negro con nombres y apellidos.

(En España la situación es mucho peor. Merecerá un post la descripción de los elementos fundamentales que justifican esta tesis)

Saludos y Libertad!

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Viva Keynes!

Publicado por yosoyhayek en Enero 11, 2009

Se afana en proclamar a los cuatro vientos todo “economista” de postín que pretenda conservar o alcanzar un puesto en la sección especializada de la prensa generalista. Poco más o menos sucede en los diarios de rigor. No son vulgares mequetrefes, no. Son señores Premio Nobel, muchos de ellos, que pavonean su retórica divulgativa logrando para sí un halo de criterio y mejores herramientas para comprender y explicar coyuntura. Pero de eso nada, o poco, muy poco. El País de hoy nos regala un Krugman y un Stiglitz; cuarto de esto, y medio de aquello. Sus artículos no tienes desperdicio, aunque deben admitir sus autores y los editores que han aprobado su extensión, que son largos, en general huecos y tediosos en muchos puntos. Aun con todo, ahí los tenemos, como si nada hubiera pasado, con el mentón bien alto echando mano de Keynes, tratando de rehabilitar su paradigma (como si hubiera muerto en algún momento), y sacando pecho, de qué manera, frente a un mimo histriónico llamado “neoliberalismo”.

La edición de hoy de Negocios nos ofrece también una entrevista con el Presidentísimo Obama, ese negro cuartero con mucha palabrería, mucho gesto y sonido blanco, pero nada o casi nada de contenido. Sus anuncios forman parte de un discurso edulcorado que aminore el gran fraude e inabarcable error con el que va a comprometer la economía de los EEUU y del mundo, más allá de su mandato, dure 4 u 8 años. El hombre lo intenta, se pone en lo peor, anuncia un paro inusitado, una contracción de la actividad sin precedentes desde la Gran Depresión, y la necesidad de inmensos esfuerzos “colectivos” para capear el temporal. En cuanto a imagen, lo tiene muy fácil. Todo es culpa de Bush, y Bush será durante los próximos años, no sé si con más intensidad que los 8 que nos preceden, el chivo expiatorio del radicalismo izquierdista norteamericano. Tipos cercanos al cero, gasto público, déficit, deuda, intervención de los mercados, y esperemos que poco proteccionismo. Es la receta keynesiana de estos demócratas empeñados en que la tercera guerra mundial sea “la única solución”, de acuerdo con sus esquemas absurdos y equivocados, para terminar de sacar a su país del parón perenne que les espera.  No hay nada más keynesiano que la guerra, admitánlo.

Lo de Krugman tiene precio, pero seguramente inflado y sobredimensionado. Cómo se puede presentar como Profesor de Economía y Premio Nobel de la materia, y ser tan vulgar y retorcido. Su artículo de hoy promete una segunda Gran Depresión si no se adoptan con valentía y prontitud medidas de intervención: advierte a Obama que la tibieza solo conducirá a más años de penuria; vamos, que si la cosa se alarga y no hallamos solución nunca habrá sido por errores en la toma de decisiones o exceso de intervención, sino por no haber hecho suficiente y cuanto antes. Serán el mercado, la libertad y la omisión estatal los responsables de la japonización: para qué narices explicar un poco de teoría, si está tan clara la ecuación.

Meterse con Friedman no me parece mal; han sido sus teorías las responsables de esta crisis, no lo vayamos a negar. Pero no por contrakeynesianas, como denuncia Krugman, sino por ser ajenas a lo que el oponente de aquel (de Keynes) defendió con tesón. Hablo de Hayek, por supuesto. Ahora que estoy leyendo Precios y Producción, publicada en 1931, completo el bagaje teórico que poco a poco me estoy formando. Huerta de Soto en Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos mejora, simplifica y potencia la explicación hayekiana, con aportaciones y matices de su cosecha que son a todas luces un avance en el desarrollo de la teoría del ciclo austriaco. Recomiendo la lectura de sendos manuales para comprender la falacia que suponen los fundamentos monetaristas, más si cabe cuando tratan de ser oposición frontal del error keynesiano. Hace gracia que los defensores de este último, los que ahora, como Krugman y Stiglitz, no esconden su demacrada chulería, enfoquen su ira y capacidad de distorsión contra la política económica de los últimos años, que lejos de ser liberal, en sentido estricto, no ha sido sino un subproducto de todos los errores teóricos acumulados en el último siglo. Frente a ellos la Escuela Austriaca de Economía, desde Menger, Böhm-Bawerk, Mises, Hayek hasta el mismísimo Rothbard o Jesús Huerta de Soto, presentan la explicación teórica más afinada y certera, la que nos hace comprender mejor todos los acontecimientos que hoy sobrecogen y confunden a economistas y legos en la materia.

Estos señores, los Krugman y los Stiglitz, sacando a Keynes del armario, en el que nunca estuvo en ninguno de los sentidos, pretenden más desviar la atención de sus garrafales meteduras de pata e incapacidad teórica de resolver cuestiones que han sido y son básicas para comprender la actual coyuntura, que restaurar la figura de éste, que ganó la batalla intelectual a Hayek, admitámoslo, pero no en un plano teórico, no, sino en el éxito de sus propuestas de economía política. Fueron sus postulados estatistas, pura ideología a favor del Estado y sus intereses (diga lo que diga Stiglitz), lo que agravó a extendió la depresión económica de los 30 y de algún modo condujo a la guerra más horrible que ha conocido la humanidad. Son esas políticas y esas teorías y no otras las que sostienen el origen de todo el mal que hemos padecido y padeceremos.

Saludos y Libertad!

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Del aquí no quiebra nadie al, “aquí nadie se queda en paro”

Publicado por yosoyhayek en Diciembre 4, 2008

Pero claro, la marea avanza, cerramos 2008 con 3.000.000 de parados, y el 2009 promete un 50% más. Vaya con España, por qué a nosotros? Pues muy sencillo, gracias a actitudes y medidas como la planteada por Zapatero en una reunión, formal, de foto, con la industria del automóvil: condiciona ayudas al sector siempre y cuando la empresa beneficiada no despida a nadie. Así empezaron en Japón y todos sabemos cómo acabaron: más de una década de recesión. Y por cierto, todos los indicadores salvo el del paro, que por ahora, en España, marca tasas de escándalo, nos hacen pensar que las medidas anticrisis nos llevarán, indefectiblemente, a una situación parecida.

El gobierno, también el nuestro, se disponen a movilizar y captar ingentes sumas de recursos para tratar de reconducir la situación. En un mix keynesiano, neokeynesiano, monetarista descafeinado y no sé sabe qué más corrientes y paradigmas (el austriaco no lo veo por ningún lado), la consigna es: a consumir todo el mundo, que nadie revise planes de acción y preferencias temporales, que nadie ajuste o acomode sus decisiones a la nueva situación. Pero claro, el paro crece a velocidad de vértigo y forzosamente esos desempleados tendrán que cambiar sus planes. Para el gobierno es sencillo, los que queden, los que todavía no hayan sufrido en embate de la recesión, deben seguir como si nada, caminando entre zombis, mirando al frente, reproduciendo metódicamente su comportamiento de hace tan solo un año. Hasta que les llegue a ellos, claro…

Se están adoptando las peores medidas, en todos los frentes, la peor actitud, la más penosa y suicida. Aun en el mejor de los casos, con una recesión de la que nadie nos salva, todo conduciría a estancar la situación y retrasar el ajuste, un tiempo, poco, pero con efectos aún más devastadores. Esas son las consecuencias del cortoplacismo de gobiernos y políticos. No pueden soportar la responsabilidad de las medidas adecuadas. Es un sálvese quien pueda, o el dicho keynesiano, total. “mañana todos muertos”, o todos calvos, nunca se sabe.

Veamos la oferta del gobierno: si usted hace como si no hubiera pasado nada (caída en las ventas de vehículos rozando el 50%), no reajusta su actividad y despide a parte de su plantilla, TRANQUILO, que Yo (Estado), con dinero confiscado o irresponsablemente captado en el mercado de fondos prestables (vía Deuda Pública), le mantengo en su ficción, y aquí paz y después gloria.

Lo que menos necesitamos en estos momentos es que nadie, y menos el gobierno, trate de achicar agua y sellar vías con cartones. La caída del consumo es buena señal, y no todo lo contrario: aumenta el ahorro y se insta a los productores a ajustar sus decisiones. El nuevo ahorro sentará las bases de la recuperación con inversiones en los sectores donde esos recursos sean más valorados. El despido, es buena señal: durante años han crecido burbujas o se ha descontrolado el consumo gracias al dinero fácil; el ajuste requiere despidos, pero también que esos recursos liberados (trabajadores) se recoloquen en las nuevas inversiones sostenidas en ese nuevo ahorro. Las barreras de salida son barreras de entrada.

España sufre con más intensidad el ascenso en los niveles de desempleo, no porque Bush, los EEUU, las subprime y demás retórica demagógica del gobierno, se hayan obsesionado con nosotros, sino porque tenemos (además de una burbuja inmobiliaria mucho mayor que la norteamericana) un mercado laboral fuertemente intervenido. Cada parado, cada persona que quiere trabajar pero no encuentra, entre otras cosas, pero con especial atención, deberá dirigir su rabia y legítimo cabreo no contra el Capitalismo y demás hombres de paja, sino con Sindicatos y Legislación laboral, contra medidas como la de “aquí no se despide a nadie”, o “aquí no quiebra nadie”, que no hacen sino distorsionar y entorpecer la recuperación en la que necesariamente se crearan los nuevos puestos de trabajo que ocuparán a los despedidos hoy.

Mientras que el Estado pretenda ser parte, intermediario y artífice de la recuperación, está tardará o no terminará de llegar. El sufrimiento generado, por desgracia, será atribuido a cualquier cosa menos al propio modelo de intervención y las políticas adoptadas por unos gobernantes que tienen la mirada puesta en las próximas elecciones, y en función de ello deciden entre el pan para hoy y el hambre para mañana.

Saludos y Libertad!

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Abrir zanjas, cerrar zanjas

Publicado por yosoyhayek en Noviembre 29, 2008

No, no es la nueva técnica del profesor Miyagui (Karate Kid). Pertenece a las recetas keynesianas de toda la vida, gastar y gastar para activar la demanda agregada. El gobierno suministrará 8.000 millones de euros a los ayuntamientos para que acometan inversiones cuyo plazo de ejecución se ajuste al 2009, su importe no supere los 5 millones y se traduzca en la creación del mayor número de puestos de trabajo.

Es de suponer que en los presupuestos de 2010 llegarán otros 8.000, y así hasta que se acabe la crisis. El límite de los dichos 5 milloncejos tiene una explicación simple pero doble: es la única forma de que la obra o actuación sea rápida, se tramite con prontitud y tenga efectos respecto a la contratación y suministros directos e indirectos dentro de 2009. Pero es que además, y esto es lo más absurdo de todo, garantiza, o eso creen, una menos eficiencia del gasto, es decir, se gastará más por menos, o mejor, se despilfarrará por encima de lo que es posible corregir con presupuestos más abultados. Lo que busca la medida no es dejar un reguero de guarderías, bibliotecas y nuevos pavimentos en nuestros pueblos y ciudades. Simplemente pretenden resultados a corto plazo de los que, en teoría, derive la reactivación económica.

Como falta diagnóstico y ninguno de estos politicastros y asesores ha tenido la humildad de leer un poco, pararse a pensar y revisar las convicciones, sofismas y falacias económicas de su ideario obtuso e ignorante, lo que suena mejor, lo que parece más razonable, es echar mano de Keynes. Este, como otros grandes personajes del siglo XX, planteó teorías y soluciones a imagen y semejanza del estatismo campante. Es consecuente, y a nadie debería sorprender, que los estatistas las sigan a pies juntillas.

En las consecuencias del ajuste creen haber descubierto su origen. Si cae la actividad o se desvelan excesivas y equivocadas inversiones en sectores determinados, nada de mirar hacia atrás y estudiar las causas. El problema siempre puede atribuirse a las más bajas pasiones humanas: falta de confianza, avaricia, codicia, el ánimo especulador… como mucho algún error en la intervención, pero nunca la intervención misma. La fatal arrogancia no da más de sí. Podemos considerar que algo se hizo mal, pero nunca, como los Monetaristas, aceptar que toda intervención arbitraria en busca de resultados concretos genera consecuencias no queridas y una profunda descoordinación y corrupción del orden mismo.

Gastar por gastar supone sacar el dinero de algún sitio. Si se hace con equilibrio presupuestario, digamos que o bien se está gastando demasiado y por tanto, recaudando (expoliando) en exceso, o que si bien (y es mucho suponer) la recaudación es coherente respecto a los servicios que mantiene incautados el Estado para sí, en pos de un gasto cortoplacista y desesperado, se está dejando de invertir allí donde hace falta. Cuando el gasto se dispara, cae la recaudación y crece el déficit, el Presupuesto no puede recurrir exclusivamente a los recursos propios para afrontar sus propósitos. Echar mano de la deuda pública supone acudir al mercado de fondos prestable ofreciendo un tipo de interés atractivo. El Estado siempre paga (menos cuando no lo hace…) y además, al tener secuestrada la renta y patrimonio de todos sus súbditos, de una forma u otra, siempre podrá afrontar el pago de fuertes intereses. Esta competencia “desleal” con el resto de demandantes de crédito deriva en una pugna por los recursos en los que el Estado siempre logra su pedazo del pastel, mientras que el resto compiten por los restos elevando el tipo de interés (o así debería ser). Si el Estado se come gran parte del ahorro, el ahorro ya no está a disposición de los agentes privados dispuestos a reconducir su actividad e invertir en los sectores que se han demostrado atractivos hoy, pero que en su día fueron olvidados a favor de aquellos donde se llegaron a generar burbujas de dimensiones colosales. Todo esto lo hemos explicado mil veces en este blog…

El resumen es el siguiente: el Estado se cree único valedor de la reactivación económica. No confía en los particulares y sus decisiones, creen que no son suficientemente decididas ni arrastran un incremento considerable de la inversión. Por ello decide recurrir al presupuesto y al endeudamiento para realizar aquellas inversiones que saquen a la economía de la recesión. No dudo que en algunas pueda llegar a acertar, pero el ánimo desatado y el interés por incrementar la demanda a toda costa y muy a corto plazo le empujan a “abrir zanjas y cerrarlas una vez abiertas”, gastar en lo que sea, reasignar recursos, vía coacción fiscal o pugna o por los fondos prestables, en los sectores donde cree poder generar más movimiento, aunque sea el de un operario con una pala en la cuneta de una carretera. Este despilfarro y sobreinversión no es gratuita, sino que genera un coste de oportunidad y una pérdida de riqueza que todos los ciudadanos terminan pagando. Un poco de “lo que se ve y lo que no se ve” de Bastiat.

Los intentos de Zapatero por afrontar la recesión sin un diagnóstico serio que identifique las causas ciertas de la crisis, son todos inútiles y contraproducentes. El abuso de estas medidas agudizará los problemas y estancará la posibilidad de una recuperación en poco tiempo. Son las políticas de la depresión, como lo fueron en su día las adoptadas siguiendo las falaces aportaciones keynesianas a la teoría económica.

Que Dios nos pille confesados, porque esto va para largo…

Saludos y Libertad!

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Más gasto, menos impuestos y más dinero en circulación

Publicado por yosoyhayek en Noviembre 26, 2008

Son las medidas con las que afrontar el asumido de antemano fracaso de los planes de rescate. Puede que las entidades beneficiadas sobrevivan, pero los efectos positivos en cuanto a la reanimación económica, están muy lejos de ser ciertos. Los gobiernos del mundo echan mano de viejas recetas, teorías marchitas y profundamente reconsideradas, pero que en tiempos de crisis, cuando ya nada parece funcionar, representan la única alternativa “viable” que no suponga la paulatina desaparición del Estado.

Tenemos dos opciones para hacer de esta recesión un periodo relativamente breve: por una lado, la alternativa liberal, o lo que es igual, la mengua del Estado, bajada del gasto, de tributos, regulación y vuelta al patrón oro y un sistema financiero libre y autoajustado; y por otro, el ánimo estatista: dejarlo todo como esta, tratar de sellar las fugas en el casco y seguir remando a la espera de un milagro…

Analicemos la segunda de las opciones, puesto que parece ser la dominante. Desde Europa, la Comisión, tras la iniciativa del gobierno británico y el cariz que está tomando la estrategia económica de la nueva administración norteamericana, toda la atención se centra en dos puntos: animar la demanda agregada, y por ende, la restauración de niveles crecientes de crédito. Se busca que no decaiga el consumo y al mismo tiempo se sostenga y aumente la inversión. Variables que en una economía sostenible deben ir en sentido opuesto, cuando lo hacen en la misma dirección, se generan los desajustes y quebrantos que hoy padecemos en forma de recesión. Aun con todo, la salida al problema supone sentar las bases de crisis futuras, en el mejor de los casos, porque como todo apunta, no será sino el resorte para hacer de esta una depresión mucho peor que la de los años 30 del siglo pasado.

Los gobiernos se proponen activar la demanda con dos mecanismos: la bajada de impuestos, como aquí la farsa adoptada ahora por los Socialistas respecto al impuesto de patrimonio, y, desde Reino Unido pasando por la Comisión, recortes significativos en el IVA. Dejar en manos de los contribuyentes una cantidad equivalente al 1,5% del PIB de la UE. Si a esto unimos el presunto saneamiento del sector financiero y el arranque de los planes de rescate reactivando la concesión de crédito, es de suponer (mucho suponer) que los efectos sobre la Demanda Agregada (dichoso Keynes) no tardarán en llegar.

Como se desconfía, y de qué manera, en la capacidad inversora y el acierto de los agentes privados, el Estado se convierte en el actor de referencia en la toma de decisiones y la asignación de recursos. Para que la inversión pública tenga suficiente capacidad en un panorama en el que se bajan los impuestos, o bien se sufraga con dinero de nueva creación o echando mano de la deuda pública. Más gasto y menos ingresos genera déficit. Esa es la receta.

Si la deuda pública no estaba ya a punto de colapsar, debemos unir déficits muy por encima del 3%, o esa es la previsión complaciente de gobiernos como el español. Parecen no comprender que todo ese dinero sale de algún lado. La capacidad de ahorro global está siendo engullida por las necesidades de los Estados, inauditas y crecientes. Succionar hasta la última gota de los recursos que deberían estar a disposición de los agentes privados, allí donde fueran más valorados, para proceder a las inversiones sectoriales capaces de reajustar y corregir los desequilibrios que nos han conducido a la actual situación, no es la mejor política contra la recesión. Los gobiernos ofrecen condiciones favorables pero asignan el ahorro captado en salvar y perpetuar las viejas y equivocadas inversiones. Contribuyen a retrasar o impedir el reajuste. Además comprometen a las próximas generaciones con un endeudamiento desbocado y generan las distorsiones que nos harán caer en la larga depresión que nos espera, o, en el mejor de los casos, en las próximas crisis económicas.

Consciente del límite y de los efectos que trae consigo el recurso masivo e indiscriminado a la deuda pública, unido al fracaso en la reactivación del crédito, los gobiernos se ven en la tesitura de adoptar otras medidas. Es lo que ha anunciado el tesoro y la reserva federal de los EEUU. La contracción del crédito, la caída en el consumo y la presunta incapacidad privada de activar la inversión, están haciendo más que posible un escenario deflacionario no dentro de mucho tiempo. O ese es el miedo que quieren presentar ante la población como justificación de toda medida, por muy extrema que parezca, para evitar semejante escabechina de deudores (el primero, el Estado), con consecuencias abruptas y trágicas cuando se viene de una situación inflacionaria crónica como la actual.

Para evitarlo, y esa era mi sospecha de hace días, tristemente confirmada, puesto que la expansión crediticia se les ha atragantado y los planes de rescate no han logrado el efecto querido, no queda otra que la emisión física de nuevos dólares, o nuevos euros (todo llegará). La reserva Federal fabricará 800.000 millones de dólares con los que adquirir títulos hipotecarios y deuda emitidas por los gigantes semipúblicos (ya intervenidos y salvados)  Fannie Mae y Freddie Mac y la Federal Home Loan Banks. Ese nuevo dinero inundará el mercado presuntamente desde el punto que es más necesario, favoreciendo el crédito, la nueva contratación hipotecaria, aliviando a los consumidores y haciendo revivir sectores estratégicos…

Son muchas las medidas, todas a la desesperada y fundadas en un error teórico de bulto: no es la caída del consumo y la incapacidad privada de afrontar nuevas inversiones o mantener las ya consolidadas lo que ha originado la crisis. Todo viene de las políticas expansionistas orquestadas por los bancos centrales, con tipos bajos y excesiva liquidez. Tratar de arreglar el desaguisado echando más leña al fuego sólo logrará que la situación no solo no cambie, sino que agudice las contradicciones y perpetúe los desajustes. Recurrir a tipos bajos, más gasto público, políticas fiscales espurias, inyección de liquidez o emisión de nuevos dólares o euros, pueden presentarse como las opciones más sencillas, pero, recordemos, que se fundamentan en postulados teóricos keynesianos, profundamente equivocados y, lo que es peor, demostrados inútiles en varias ocasiones.

Me temo que la situación es tan desesperada, que cada paso dado en los últimos meses no ha hecho sino empeorarla,  que las consecuencias, terroríficas, no tardarán en verse… pero serán, tan solo, una pequeña parte de lo que nos espera. El Estado es el origen y el Estado será quien nos condene a la mayor depresión económica de nuestra historia.

Saludos y Libertad!

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Keynes vuelve a brillar de la mano de Caldera

Publicado por yosoyhayek en Noviembre 17, 2008

Ese exministro de Trabajo, con efigie de  Centurión romano sin cuello (todo papada), luce su mediocre pero intenso puesto de Jefe del laboratorio de ideas montado para alimentar al PSOE (ávido de nuevas memeces con las que reforzar falacias y sofismas de ayer y hoy). Caldera ha acudido esta mañana a los desayunos de la Primera (la pública diferencia) para pavonear con orgullo el éxito socialdemócrata de la cumbre del g-20+1+1. Esa ha sido su conclusión, criminalizando a los “neoliberales” como causantes de todo el mal que nos toca padecer en forma de crisis y recesión. Ha llegado a decir que no sólo han quedado estos, los neo, por los suelos de la ética, sino que sus teorías, su “Economía” (en ese momento el pobre no sabía cómo expresarlo mejor), han sido refutadas por los hechos.

Lo peor es que todo ese discurso carece de fundamento alguno para sostener sus aseveraciones. Podríamos estar muy de acuerdo en que esas políticas monetaristas “neoliberales” han conducido a la actual situación, pero coincidir con Caldera tiene un serio problema: él habla sin saber, habla por hablar, y adherirse a su discurso infecta terriblemente nuestra posición.

Caldera, a lo que quería llegar, es que muerto el dichoso “neo”, aquí está la socialdemocracia de toda la vida para sacarnos las castañas del fuego. No sabemos muy bien qué quiere decir o a quién se refiere con eso de “socialdemocracia”. La trayectoria de esta etiqueta política porta innumerables escabechinas, desastres, guerras y destrucción.

El Centurión a cargo del flamante Think Tank progre relaciona su pasión socialdemócrata con la resurrección del pérfido Keynes, ese personaje histórico que nos enseñan en la escuela e instituto (qué decir de las facultades de Ciencias económicas!) como un gran contribuidor a la formación de la teoría económica, referente de todos y padre de tantas buenas obras. Recuerdo las explicaciones, en primero de BUP, estudiando la Gran Depresión, prácticamente santificando las aportaciones de este, por otro lado, cultísimo señor, que aprendió economía, no en dos tardes, pero sí en un semestre asistiendo a las explicaciones de Marshall.

Hayek y Keynes tuvieron sus rifirrafes. Es evidente quién triunfó de cara a la galería. Sus propuestas fueron aceptadas llevando a los EEUU y el resto del mundo a la depresión más intensa y demoledora de su historia industrializada. No diremos que esas ideas tuvieron mucho que ver con la segunda Guerra Mundial, pero sí que contribuyeron de forma nefasta a la constitución de una opinión pública, también entre los científicos sociales, plagada de errores y falacias de libro. La competencia con Hayek impide su indulto y el de sus seguidores. Tenían donde elegir, si tomaron el camino equivocado, es su responsabilidad.

Caldera atribuye al “neoliberalismo” todos los males del planeta. Simplifica el discurso ideando un hombre de paja sobre cuyas espaldas arrear lo peor de lo peor de la historia reciente de la humanidad. Se olvida de los horrores del socialismo en sus totalitarismos, algunos aun vigentes. Se olvida, porque no entiende o no sabe, de las terribles consecuencias de la adopción de las políticas keynesianas no sólo en occidente, sino en África o América Latina.

Ese neoliberalismo tan denostado ha llevado al mundo, allí donde se ha practicado, a los niveles de desarrollo y reducción del hambre y la pobreza más intensos de su historia. Negarlo es tan burdo que únicamente un tarado podría hacerlo sin avergonzarse por la ignominia cometida. Aun así, y le damos la razón, esas políticas expansivas, monetaristas, coincidentes con el keynesianismo en todo lo errado y equivocado, generan crisis recurrentes. No es por tanto una crisis del mercado libre, sino una crisis del modelo de intervención. Le preocupa a Caldera que no haya sido el keynesiano el que en los últimos 30 años haya imperado en los diseños de políticas económicas de las grandes potencias. Fueron esos neoliberales los que contribuyeron a desatascar la situación favoreciendo un crecimiento inaudito. Pero no nos equivoquemos, son primos hermanos.

En el siguiente cuadro, copiado de la página 449 del libro Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos, de Huerta de Soto, quedan resumidas las diferencias fundamentales entre la Escuela Austriaca y el resto de corrientes de pensamiento económico. Espero que sea útil.

ESCUELA AUSTRIACA

MACROECONOMISTAS CLÁSICOS Y KEYNESIANOS

1. El tiempo juega un papel esencial.

1. Se ignora la influencia del tiempo.

2. El “capital” se concibe como un conjunto heterogéneo de bienes de capital que constantemente se gastan y es preciso reproducir.

2. El capital se concibe como un fondo homogéneo que se autorreproduce solo.

3. El proceso productivo es dinámico y está desagregado en múltiples etapas de tipo vertical.

3. Se concibe una estructura productiva en equilibrio, unidimensional y horizontal (flujo circular de la renta).

4. El dinero afecta al proceso modificando la estructura de precios relativos.

4. el dinero afecta al nivel general de precios. No se consideran cambios en los precios relativos.

5. Explica los fenómenos macroeconómicos en términos microeconómicos (variaciones en los precios relativos).

5. Los agregados económicos impiden analizar las realidades microeconómicas.

6. Dispone de una teoría sobre las causas endógenas de las crisis económicas que explica su carácter recurrente.

6. Carecen de una teoría endógena de los ciclos. Las crisis se producen por causas exógenas (psicológicas, tecnológicas y/o errores de política monetaria).

7. Disponen de una elaborada teoría del Capital.

7. Carecen de Teoría del capital.

8. El Ahorro juega un papel protagonista y determina un cambio longitudinal en la estructura productiva y el tipo de tecnología que se usará.

8. El Ahorro no es importante. El capital se reproduce lateralmente (más de lo mismo) y la función de producción es fija y está dada por el estado de la técnica.

9. La demanda de bienes de capital varía en dirección inversa a la demanda de bienes de consumo. Toda inversión exige ahorro y, por tanto, una disminución temporal del consumo.

9. La demanda de bienes de capital varía en la misma dirección que la demanda de bienes de consumo.

10. Se supone que los costes de producción son subjetivos y no están dados.

10. Los costes de producción son objetivos, reales y se consideran dados

11. Considera que los precios de mercado tienden a determinar los costes de producción, y no al revés.

11. Consideran que los costes históricos de producción tienden a determinar los precios de mercado.

12. Considera el tipo de interés como un precio de mercado determinado por valoraciones subjetivas de preferencia temporal, que se utiliza para descontar el valor actual de la corriente futura de rendimientos al que tiende el precio de mercado de cada bien.

12. Considera que el tipo de interés tiende a estar determinado por la productividad o eficacia marginal del capital, concebida como la tasa interna de retorno que iguala la corriente esperada de rendimientos con el coste histórico de producción de los bienes de capital (que se considera dado e invariable). Se cree que a corto plazo el tipo de interés tiene un origen predominantemente monetario.

 

Saludos y Libertad!

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Nosotros, los líderes

Publicado por yosoyhayek en Noviembre 16, 2008

 

 

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No tiene desperdicio la declaración de la cumbre del G-20+1+1+0,7 (siempre en nuestros corazones). Lo leo en El País y casi se me saltan las lágrimas. Revisarla es absurdo, lo que me interesa es comentar el envoltorio demagógico y sesgado en el que nos lo brinda, gustoso, el diario progre de la mañana.

Como soy hijo de rojos he de admitir que no me sale, no soy capaz, leer otra cosa que no sea El País. Mi mente ha crecido en su formato, con su título y distribución de contenidos. El resto, con todo el respeto del mundo, halla en percepción un rechazo estético profundo. Es evidente que en cuanto al contenido, hay un mundo, pero soy de los que piensan que a los rivales (intelectuales) se les debe leer con atención y sosiego.

La dichosa declaración, que no dice nada nuevo, combinando recelos al libre mercado con superficiales cantos a su favor, da para mucho. Como llegarán más críticas y comentarios, opto por coger mi trocito para darle cuatro patadas al asunto. Hablan de las causas de la crisis. Las ya oídas, nada nuevo. No se identifica el origen de la distorsión de señales o el intervencionismo monetario y financiero como responsable de los necesarios ajustes que hoy nos toca sufrir. Lo fácil, lo cobarde, es lanzar balones fuera echando mano de las maltraídas codicia y avaricia de los agentes PRIVADOS del mercado. Vaya por Dios! Con ese inicio parece obvio el resultado. Una declaración sin principios ni respuestas, salvo la irrupción indiscriminada de los Estados en el mercado, siempre, eso sí, buscando “estabilizar el sistema financiero”.

El País de hoy, en su sección Negocios, vuelve a dedicar unas cuantas páginas al lameculismo obamita. [foto de la noticia]No sabemos cuánto durará la fascinación de la progresía europea. No deja de ser el Presidente de los EEUU, y ya se sabe, que hasta los buenos, no dejan de ser norteamericanos. Lo que duele a la vista es el artículo del flamante premio Nobel, Paul Krugman, justo en la esquinita, ilustrando al redacto con sus dosis de “noBelesca” sabiduría.

Se cuestiona si debe Obama ser el FDR de nuestros días. Un presidente entrante en periodo de crisis. Krugman recurre a la autoridad que muchos le confieren para despacharse a gusto con los herejes que se atreven a cuestionar la contribución Rooseveltiana a la recuperación económica tras la crisis del 29 (y lo que vino después). Se encara con los que han osado a explicar cómo las medidas adoptadas no hicieron sino agudizar la recesión extendiéndola hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. No sabe si besar a FDR, del que dice fue tibio en su intervencionismo, o a Keynes (como Narcís Serra, ese hombre!), empeñado como muchos en rescatarle de su condena eterna como uno de los pensadores más nefastos y corruptores. Dice Krugman, y El País destaca, que “con una economía en crisis, es mejor pecar de exceso de estímulo que quedarse corto”.[foto de la noticia]

Vivimos una crisis de modelo, efectivamente. La refundación afecta al modelo de intervención y regulación, no a ese concepto desdibujado y endemoniado llamado Capitalismo. La crisis, como todas las que de forma recurrente sufren las economías intervenidas, procede única y exclusivamente de las distorsiones en el mercado monetario y las falsas señales que afectan al financiero, lanzadas por órganos de planificación central como son los Bancos Centrales. Su control sobre el dinero fiduciario, público, y su precio, o tipos de intervención, han provocado dislocaciones gravísimas capaces de generar burbujas especulativas, cuellos de botella y todo el mal que ahora nos toca reajustar. En la medida que los Estados y sus mecanismos de intervención a través de la banca pública no tomen conciencia del origen cierto de la crisis, todas las medidas adoptadas no harán sino falsear la recuperación alimentando la siguiente recesión. Cuanto más equivocadas e intervencionistas sean estas, peor será la próxima recesión.

FDR fue tibio, dice Krugman. Se apuesta por un Obama firme, Demiurgo de un nuevo orden mundial donde se obvie por completo las causas de la crisis. Que todo cambie para que todo siga igual, dirían muchos. Y mientras tanto, ya sabemos con quien meternos y achacar responsabilidades… Admito, y [foto de la noticia]siempre lo he hecho, que el neoliberalismo, como ideología que quiso servir a los Estados los presuntos beneficios del libre mercado, erró gravemente en sus decisiones y apuestas políticas. De ese error quieren muchos extender el desprestigio sobre todo el que se atreva a defender la libertad. Liberales como cabeza de turco recurrentes. El Estado es origen de toda gran distorsión. Su carácter irresistible, monopolístico y suplantador, en cada gesto y cada decisión contribuye a la dislocación parcial. Cuanto esta procede de su férreo control del sistema monetario y financiero, los errores son masivos y las crisis totales. Esa es la única verdad que un economista puede afirmar sin rubor. Lo demás, mera justificación del estatismo, sin más, porque sí y punto. Cuando un liberal se pliega ante el estatismo y presta sus servicios en contribución a su viabilidad, nace aquello del neo y empiezan los problemas.

El País exhibe con descaro su ideario totalitario. Apuesta por la ilusión de que la mente humana, la razón, es capaz de refundar el orden social en cualquier momento, con efectos y resultados superiores a los que pudiera generar el mutuo ajuste individual. Esta ficción ha destrozado vidas, condenado a la pobreza y sembrado el mundo de guerra y destrucción. Ese es el legado que recogen todos los fanáticos del Estado y el poder constructivista de la razón.

(Las fotos son todas de El Mundo)

Saludos y Libertad!

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Un caramelito y la Santa Regulación de Zp

Publicado por Liberand en Octubre 19, 2008

Por fin, hoy domingo, un político culpa a la regulación de ser la responsable de la crisis económica:

 

Como defensora del liberalismo económico, ¿se siente usted ideológicamente en horas bajas?

 

En absoluto. Me lo dicen todos los días en la Asamblea, pero a mí me parece exactamente lo contrario. Creo que la Banca, en todos los países, es uno de los sectores más regulados, por no decir el más, y lo que ocurre es que la regulación ha fallado y los cambios en la regulación los decidió la Administración Clinton en el año 98, que también resolvió que los bancos comerciales ya no tenían porque diferenciarse de los bancos de inversión. El fallo no está en el mercado, sino en la regulación.

 

 

Es parte de la entrevista que concede Esperanza Aguirre a El Mundo. Y aunque todos los medios destaquen que si se va a presentar o no al Congreso de 2011, yo veo bastante más interesante (lo otro, sinceramente, ya me da igual) el que nuestra otrora esperanza liberal no se haya dejado contagiar por los ataques al “ultraliberalismo” y las alabanzas a la intervención, como causa de la crisis el primero y como única solución la segunda. Que pena que te dediques a la política, Esperanza, y que para mantenerte en el cargo no puedas ser coherente con tus principios. Aún así me alegro, pero ello no me impide seguir denunciando tus decisiones no liberales, yo que no soy político me lo puedo permitir (coherencia ante todo).

 

Esta respuesta es solamente una caramelito de consolación (soy como un niño) ante la que está cayendo, políticos de todos los signos, líderes de todos los países clamando contra el Libre Mercado. Nacionalizaciones por aquí, planes de rescate de miles de millones por allá, Sarkozy haciendo de francés (poco o nada liberal ha venido y viene de Francia) y que con frases como está por mí como si lo entierran (políticamente): “La autorregulación para resolver todos los problemas, se acabó; le laissez faire, c’est fini”,

 

Y en España, como no podía ser menos, el rey de la ignorancia Zp, concede hoy, también, una entrevista a nuestro queridísimo Ignacio, Nacho para los amigos. Destaco la charla animosa que mantienen sobre el “nuevo orden mundial” que se abre con la “caída de Wall Street” y donde la palabra regulación en todas sus variantes se menciona como 10 veces en tres preguntas, aquí os dejo las perlas (la negrita es mía) y atención a la última, es de traca:

 

Se habla de refundar el capitalismo. ¿Cómo?

Con más transparencia. No puede haber productos financieros en la sombra, que prácticamente han estado fuera de regulación y que tanto se han desarrollado en EEUU. Tiene que haber una regulación más estricta y una supervisión internacional, al menos en el ámbito de la Unión Europea. Es una reforma en profundidad del sistema financiero, pero también debe haber una regulación y poner límites a todo lo que son los incentivos y las retribuciones. Y una nueva regulación de las agencias de calificación, que en esta crisis tienen también una responsabilidad importantísima. Todo esto hay que hacerlo en el ámbito internacional porque hoy las entidades financieras son transnacionales. Lo vamos a llevar a cabo con carácter urgente para el ámbito de la Unión Europea. Esto es un compromiso que ya hemos hablado y decidido.

¿Se deben regular los sueldos de los altos directivos?

Eso se puede regular, creo que va a formar parte de la regulación internacional para impedir una serie de incentivos, que han sido escandalosos en cuantía y que han hecho que muchos directivos se hayan inhibido al riesgo por tener unos emolumentos tan altos. Habrá regulación, sin duda.

¿Qué papel debe jugar la izquierda en el reajuste del modelo económico?

La izquierda debe tomar la iniciativa con propuestas para regular la globalización, que es una gran oportunidad pero, si no se regula, puede producir efectos desastrosos.

¿Más Estado?

Yo nunca me he dejado llevar por los cantos de sirena de la desregulación o de que el Estado deba perder su papel. Ahora la izquierda debe demostrar que el papel de lo público es imprescindible y muy útil para ayudar a las economías, a la sociedad y al bienestar del conjunto.

¿Vuelve Keynes?

Borges decía que la vida es un eterno retorno. Lo que es evidente es que esta ideología neoliberal, de que todo lo que es Estado es malo y todo lo que es la sociedad es bueno, tiene un objetivo: que lo político, que para mí es un concepto positivo, pierda valor. Que lo público tenga poca credibilidad porque así el terreno del poder se expande a los que no necesitan la política para tener poder, que suelen ser los que tienen muchos recursos. El poder que tiene la mayoría de la ciudadanía es la política. Es esa gente que vive únicamente de su trabajo. Hay otra gente que tiene mucho poder y no necesita la política. Y defender la política no significa querer un Estado grande. Yo no quiero un Estado grande, sino musculoso, con credibilidad y con autoridad. Es fundamental para que haya más igualdad de oportunidades, más transparencia, menos abusos.

 

 

Lo dicho, un caramelillo de fin de semana… y sin azúcar…

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