Esta semana hemos asistido al comentario pormenorizado del monumental cabreo de Rubalcaba con dos airados miembros del PP. Un tal portavoz y un tal diputado, ambos de una talla política que roza la insignificancia. Rubalcaba es el más hábil de los parlamentarios, un ministro eficaz, un político que sabe distorsionar la realidad mientras pone en el campo contrario la carga de la prueba de todo aquello que se le pretende imputar. Pero con Sitel ha llegado a un límite.
¿Qué piensa Rubalcaba cuando el PP airea la clamorosa irregularidad del sistema de interceptación del Ministerio del Interior? Se trata de un proyecto del PP metido en un cajón ante los visos de ilegalidad. Un sistema que no estaba operativo el 11 de marzo de 2004, aunque en realidad poco habría añadido al seguimiento efectivo que se les venía haciendo a los terroristas pocas semanas antes de cometer la masacre. Lo que parece claro es que el famoso Sitel ha impedido más de un ataque, o lo que es igual, mantiene controlados a todo sospechoso de estar planeando uno.
El asunto de Barcelona y la conspiración para atentar en su metro, no deja de ser una retahíla de despropósitos más típicos de totalitarismos distintos a la socialdemocracia. Las leyes están diseñadas para que la mera intención o maquinación sea prácticamente tan delictivo como la efectiva comisión de un crimen. Leyes y procederes profundamente liberticidas han contribuido a que estos presuntos terroristas lleven años entre rejas y, más que presumiblemente, pasen otros tantos sin ver la luz de la calle.
Sitel es ilegal, pero no solo eso, Sitel es manifiestamente totalitario. No se trata de un conflicto entre fines y medios. Algunos pensarán que la renuncia general a la intimidad revierte en una inmediata y palpable seguridad. Rubalcaba sabe la cantidad de criminales que han caído gracias al subterfugio que representa un sistema de interceptación, que aun siendo autorizado en su uso por un Juez, excede con creces las previsiones de la ley, llevando la normal intervención de las comunicaciones hasta la total disección de la vida del controlado y de todos con los que interaccione. No se trata de un seguimiento al uso, sino de localización instantánea y precisa, control de cada transacción, conversación y contacto. Su efectividad es obvia: permite trazar un perfil del espiado sin tanto cabo suelto. La Stasi habría hecho virguerías con algo así.
Entonces, los dos torpones del PP, el gato de Alicia el País de las Maravillas y el señorito gangoso tostado al sol de una capea, qué le están pidiendo exactamente a Rubalcaba. Una LO regulando un sistema absolutamente incompatible con la libertad individual de los ciudadanos. No se trata de que un juez apruebe o no la interceptación, aun cuando se tuvieran en cuenta todos sus efectos. Se trata de sencillamente de que el Gobierno refrende con una ley formal la tenencia de un instrumento de control social como nunca antes se había conocido en una democracia occidental. Lo cierto es que todas tienen uno, y desconozco la regulación de cada Estado, pero me temo que el totalitarismo Socialdemócrata ha dado un paso más en su perfeccionamiento.
En los 80´ y 90´ la indignación con que se recibían noticias de escuchas ilegales dominaba a la opinión pública y frenaba a las autoridades en su avance dominador. Existía una conciencia mucho más arisca y formada sobre la propia intimidad y libertad personal. Colocar cámaras en las calles, centros de trabajo o lugares públicos, representaba un debate, popular y jurídico, que copaba tertulias, informes, reportajes e incluso debates entre jueces. Hoy en día todo esto ha quedado atrás. La lobotomización social ha alcanzado una nueva cima en su escalada imparable. Paso a paso, sin prisa y con dulzura, el totalitarismo socialdemócrata ha conseguido para sí lo que al comunismo o al nacionalsocialismo le costó tanta propaganda y violencia.
A nadie le interesa si Rubalcaba, su jefe y el resto de secuaces socialistas, le toman como un incapaz necesitado de tutela. Total, como al 99% de nosotros nunca nos llegará a afectar personalmente el dichoso Sitel, qué más da que el gobierno extienda su control sobre toda la sociedad. El que delinca, caerá con mayor rapidez y eficacia. Se abortarán atentados que hace solo unos años posiblemente habrían sido cometidos. Seguridad a cambio de… nada. Por la conciencia que hoy tenemos de nuestra libertad e integridad, incluida aquí la intimidad, es tan distinta a la que tuvieron hace unas décadas, que un Estado implacable, un gobierno dotado de herramientas tan sofisticadas y arbitrarias, no nos hace temer, sino todo lo contrario.
El PP no está defendiendo aquí la libertad de los españoles. Defiende su derecho a rebelarse contra un gobierno que, sin necesidad de acudir a un juez (dado que su objetivo primordial no es que los datos conseguidos gracias a Sitel sirvan como prueba válida en un proceso judicial), recabe informaciones suficientes para mancillar a los populares y mantenerlos a raya. El PP no quiere que el Estado pierda la capacidad de prevenir el crimen y el terrorismo. El PP no es esa facción política que lucha por el control del poder, sencillamente es una facción política que lucha por el Poder.
En España, con LO o sin ella, con el PP o con el PSOE en el gobierno, seguirá habiendo sistemas de interceptación, Grandes Hermanos cada vez más precisos e invasivos que contribuirán a consolidar un modelo social caracterizado por la sensación de libertad moral, la querencia de libertad del cuerpo, el ánimo securitario sobre el ánimo libertario, y la certeza de que exclusivamente quien se tropiece en el camino del poderoso sufrirá con evidencia los mecanismos de represión extrema de nuestro Estado de Derecho. Si van a por ti, no tienes escapatoria. Mientras tanto, a vivir, a consumir y a tomar conciencia climática, social y de lo que se tercie. Por lo menos en los totalitarismos clásicos, todo es más evidente. La sutileza de la socialdemocracia es la clave de nuestro fracaso dialéctico.
Saludos y Libertad!











insalvable para ir a la universidad… como si ir a la universidad fuera un triunfo en los tiempos que corren. Ni siquiera terminarla, porque cernícalos los hay con o sin carrera, pero con carrera dan más lástima todavía.
consigue. Pero inmediatamente irrumpen unas tribus nómadas que asaltan la ciudad, se dan al pillaje, queman y matan todo lo que encuentran por delante. Nuestro hombre huye al campo, se refugia en una fortaleza en la que un señor alberga a animales y personas; dedica todas sus fuerzas de trabajo a este protector como precio por la salvación de su vida.
estos hábitos la ropa es un estorbo, inhibe y reprime, nos oculta, nos cancela e impide expresarnos con libertad. Según estos militantes de la desnudez son ellos la vanguardia del cambio, los que portan el nuevo espíritu que niega por completo el pudor convirtiéndolo en fuente de males, anomalía contranatura, instrumento represivo en manos de represores contra los que debemos levantarnos exhibiendo nuestros genitales por doquier.






qué sector o sectores van a sacarnos de este desajuste soportando una nueva senda de crecimiento. Para que esta recuperación sea sostenible no bastará con “acertar” en esa elección, sino que las bases monetarias y financieras regresen al proceso social, libre y capaz de garantizar su estabilidad.



