
2014…
Publicado por yosoyhayek en Noviembre 14, 2009

2014…
Publicado en España, nacionalismo, totalitarismo | Etiquetado: colectivismo, estatismo, independentismo, mapa, nacionalismo, totalitarismo | 13 Comentarios »
Publicado por yosoyhayek en Septiembre 13, 2009
Si sale “sí” en Arenys de Munt, ¿valdrá para toda Cataluña? ¿Tiene sentido pedirle al pueblo de Parla que vote sobre la cesión a Marruecos de la soberanía de Ceuta y Melilla? El caso es que el nacionalismo más casposo y cutre “made in Catalunya” ha decidido ir convocando por los pueblos más foscos y poco arados consultas por el estilo, apelando a la sana voluntad del catalán autóctono, de pura cepa, en busca del auténtico espíritu de esa Arcadia civil y descontaminada de españolazos que sueñan.
Para convertir la jornada en un hito memorable en la historia del pueblo, qué mejor que congregar a cuatro falangistas y así poner rostro al demonio españolista, ese engendro que cada noche se pasea por Cataluña expoliando y zancadilleando al buen catalán, cansado ya de pertenecer a un algo político que le es ajeno y perjudicial. 60 falangistas a modo de figurantes para romper la señera quedándose exclusivamente con tres de sus franjas. Si además se traen la del aguilucho, algún gili desde el balcón del ayuntamiento o algún medio de analfabetos enrabietados se atreva a conectar lo uno con otro, y lo otro con lo de más allá.
Sale mejor pagar a 60 actores que tentar a 60 memos. Fueran memos o actores, la nota han dado aunque con triste resultado. Quizá algún enfrentamiento hubiera contribuido a engrandecer el lastimero discurso del soberbio catalanista.
Por mí que voten, y voten lo que quieran. Cataluña será lo que sientan los catalanes. No tengo ningún interés en retenerlos bajo mi mismo techo político. Lo más gracioso es que sea desde el interior, desde su propio pueblo, donde hallen los nacionalistas más obstáculos en su escalada totalitaria de imposición de un Estado Catalán. Quizá si lucharan por la libertad individual les saldrían muchos más aliados, a un lado y a otro del Ebro. La cuestión es que para vivir sometidos, más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer. Por eso acuden a plazas ganadas, o que creen ganadas, para hacer el ridículo, dar de comer a los medios, añadir espectáculo con cuatro gilis vestidos de falangista y pertrechados con banderas alegales (pero perfectamente constitucionales), y poco más… En eso gasta el nacionalismo los impuestos. Ahora entiendo la mediocridad de los servicios y espacios públicos catalanes en comparación con los de otras regiones. Se lo lleva todo el puro genio que tienen.
Saludos y Libertad!
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Publicado por yosoyhayek en Septiembre 7, 2009
Nunca está de más darse una vuelta por Lekeitio. Los domingos, imposible; mejor entre semana… y en verano, por supuesto: más vale prevenir y no tragarse un temporal.


Saludos y Libertad!
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Publicado por yosoyhayek en Agosto 25, 2009
El título, aseveración literal escrita por Ernest Maragall, consejero de educación de Cataluña (PSC), en un artículo publicado hoy en El País, resume el espíritu y la convicción nacionalista catalana. Según el autor los parlamentos catalán y español, en ejercicio de la soberanía “delegada” por sendos pueblos, supieron alcanzar un Pacto que desde
su confirmación es hecho fundante y básico de las relaciones institucionales y competenciales entre lo que el discurso nacionalista considera “España” y la Nación catalana.
Para Ernest Maragall los hechos invalidan por completo la vigencia de la Constitución española, en su contenido material, pero también respecto a la interpretación del órgano constitucionalmente previsto para semejante labor: la derogación de preceptos o textos normativos completos considerados contrarios a lo dicho en la carta magna.
Esto, que a mucho formalista o avezado jurista podría parecerle una barbaridad, racionalmente imposible, negación misma del orden constitucional, en teoría política no debería asombrar en exceso. Siempre, eso sí, que el presunto apoyo ciudadano o respaldo de opinión que apunta Maragall fuera cierto. Dice que ambos parlamentos acordaron un texto, y aunque pudieran verterse matices al respecto, así sucedió. También hubo refrendo popular vía referéndum, pero con tan mísera participación que en absoluto podría decirse que los hechos políticos lograsen deslegitimar el orden constitucional de 1978 fundando uno nuevo a partir del susodicho Pacto interparlamentario.
Estamos a punto de comprobar la fuerza del argumento nacionalista, de la impronta emocional que tiene su mensaje mesiánico entre la población que pretenden liderar. Apela el hermanísimo a la necesaria unidad que, llegado el caso, debería alcanzarse en torno a Montilla y el gobierno que preside como cabeza de una eventual “afirmación” estatutaria, o nacional, o las dos cosas al tiempo. Parece que esperarán a la pública sentencia del TC antes de
convocar semejante desafío político. Es una las motivaciones aparentes del artículo que comento: contener la utilización partidista que pudiera hacerse del conflicto planteado, de inminente resolución, concentrando en cierto pacto político e institucional entre fuerzas nacionalistas catalanas, como mejor garantía de “afirmación”. Algo similar a lo que sucediera en 1934, pero en un contexto bien distinto y con mayores expectativas de éxito.
Comentado esto, se abre ante nosotros una cuestión ineludible: ¿qué voluntad ha sido responsable de la escalada de reivindicaciones y presiones estratégicas capaz de comprometer el refrendo del Parlamento español de un texto manifiestamente inconstitucional en puntos clave y profundamente problemáticos? Resulta obvio que ha sido la voluntad de Jose Luis Rodríguez Zapatero, que por permanecer en el poder, y peor, por convicción personal, apoyó y precipitó hace pocos años la ruptura del orden constitucional de 1978. Comenzó con Cataluña en los puntos más delicados, pero siguió en otras reformas estatutarias que vinieron a consolidar la desintegración estatal y política de la nación española. Culminará con algo que el propio Ernest Maragall utiliza como baza en su apuesta por mantener la reacción nacionalista dentro de la disciplina institucional forjada en torno a la
Generalidad: el pacto de financiación autonómica, lejos de traducir las posibilidades previstas en la Carta Magna, corrigiendo los defectos del modelo vigente, es, y de eso no hay duda, la transposición en legislación estatal de lo que ya recoge el estatuto catalán, es decir, una suerte de imperialismo catalanista capaz de condicionar la financiación de todo el Estado (incluidas el resto de CC.AA) ante los intereses del constructivismo nacionalista catalán (reconocido abiertamente en el título del artículo discutido en este post).
No digo que sin Zapatero todo hubiera sido bien distinto; únicamente afirmo que ha sido su voluntad y su deseo romper desde dentro el orden constitucional; hecho inédito, asimilable al golpismo más despiadado, pero dulcificado por la distorsión de términos y una presunta amplitud interpretativa. Llegará la sentencia del TC y con ella los reproches. Visto que PSC, CiU, IpC y ERC se mantienen (por ahora) en el pacto alcanzado con el nuevo Estatuto, la crisis política que irremediablemente abrirá una sentencia adversa a sus postulados, no alcanzará solución siquiera con el derrocamiento del presidente del actual gobierno.
Ni movimientos de cejas ni un PP capacitado para ser alternativa (ya sabemos de los fervientes deseos de Rajoy de pactar con CiU) calmarán a los nacionalistas, que si bien conocen su precaria situación de apoyo popular ante una eventual aventura soberanista sin marcha atrás, pondrán toda la leña en el fuego antes de consumir la auto abrogada legitimidad exclusiva para decidir sobre el futuro social y político de los catalanes.
Sólo hay una cosa peor que un señorito de la aristocracia catalana: un charnego cualquiera metido a nacionalista (o peor, un acomplejado de provincias ajenas al orbe catalanista… esos sí que son peligrosos).
Saludos y Libertad!
Publicado en actualidad, nacionalismo, política | Etiquetado: Cataluña, ciu, ERC, ernest maragall, estatut, montilla, nacionalismo, PSC | 2 Comentarios »
Publicado por yosoyhayek en Agosto 21, 2009
No, no hablo de Mayor Oreja, ni mucho menos. En estos días, por eso de pasar algo de tiempo en el coche (recorriendo playas y calas recónditas por carreteras serpenteantes) escuchando radio-fórmulas comerciales (como dicen los finos que creen que “su música” es tan elitista que no pecaría nunca de “comercial”…) he descubierto la cara más comprometida (otro término que en manos progres quiere decir tanto y tan poco) del grupo donostiarra La Oreja de Van Gogh. Llevan 10 años de éxitos, por España y Sudamérica, cantando en español con un estilo intermedio entre la corriente poppy de su ciudad natal y el producto más digerible por un público amplio, por así decirlo. A todos nos suenan sus canciones, y desde la congestionada Amaya Montero a la atractiva Leire Martínez, han sabido hacer su particular transición depurando vicios sin cambiar lo bueno.
Europa VII es el tema en cuestión, y la frase que me hace traerlo al blog la que sigue: “la vida más pequeña vale cien veces más que la nación más grande que se pueda inventar”. Como son vascos, viven en la tierra y en el ambiente político y social que allí se respira, esta aseveración no me parece en absoluto gratuita. Estamos totalmente de acuerdo.
Saludos y Libertad!
Publicado en música, nacionalismo, terrorismo | Etiquetado: 11 de marzo, la oreja de van gogh, nacionalismo, terrorismo | 6 Comentarios »
Publicado por Liberand en Agosto 15, 2009
Las lenguas evolucionan, varían con el paso del tiempo, no es lo mismo el castellano hablado en el siglo XV que el español del siglo XXI. Razones de utilidad social, de necesidad de entenderse y comunicarse con los demás son la causa principal de la expansión de las lenguas. De poco le serviría a un aragonés de hace 100 años aprender inglés, sin embargo, nadie duda de su utilidad en el mundo globalizado actual. ¿La tendencia es a qué todo el mundo acabe hablando en el mismo idioma? Pues no lo creo, aunque no pueda asegurarlo con plena certeza. ¿Sería eso lo más útil? Desde luego, pero no por ello tiene que cumplirse.
Yo hablo español básicamente porque es el idioma en el que me han hablado mis padres y con el que me he comunicado con mi entorno, y seguramente sea el idioma en el que hable con mis hijos aunque me preocupe de que ellos aprendan otro idioma que les pueda resultar más útil en el futuro.
En España llevamos años sufriendo como desde el Estado a su nivel autonómico se gasta tiempo y dinero en las denominadas políticas de normalización lingüística. Normalización porque suponen que lo que vivimos ahora es algo anormal. Que desde el Estado se pretenda cambiar algo que se produce de manera espontánea no deja de ser un burdo intento de ingeniería social. Que los conflictos provienen de ámbitos en los que el Estado está metido como es la educación o el hecho de que existan idiomas oficiales está claro y ya lo hemos tratado en muchos otras entradas.
Voy a referirme al caso de Baleares, donde la gran mayoría de la población habla y se expresa de forma natural en la variante catalana de las islas, denominada por sus propios hablantes como mallorquín. Ni 40 años de dictadura han impedido que esta lengua se usase en el archipiélago, aunque en esos años no pudiera ser enseñada en las escuelas ni usada frente a la Administración. ¿Qué normalización es necesaria aquí? El Govern lo tiene claro, la catalana, piensan que cambiando de amo vivirán mejor, de un Estado intervencionista a otro que lo es más aún. Hace unos días se anunciaba la decisión del Ayuntamiento de Palma de eliminar el tradicional artículo mallorquín de los nombres de las calles para cambiarlo por el catalán. Es hilarante que los políticos catalanes lleven años quejándose del centralismo español que sufren desde Madrid y defiendan y amparen políticas centralistas desde Barcelona. No soy filólogo catalán ni pretendo meterme en los orígenes de una lengua y otra, pero esto es comparable a si en Argentina se pretendiera que dejaran de escribir las palabras y expresiones propias de su dialecto para hacerlo en el español central, que, por ciertro, ¿cuál sería?, ¿el de España? o ¿el de México por ser el que más hablantes tiene?
¿Expansionismo catalanista? ¿Intento de crear una batua catalana? Lo que está claro es que se trata de un nuevo intervencionismo injustificable, absurdo porque en las islas nunca ha habido ningún conflicto con la lengua, e inútil porque al final y como pasa siempre la gente hará lo que quiera.

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Publicado por yosoyhayek en Julio 19, 2009
La crítica que muchos hacen del nacionalismo liberal tiene un fondo de verdad que, desgraciadamente, los críticos ni siquiera intuyen en sus argumentos. Que desde planteamientos antiestatistas se defienda la independencia política de un territorio y una población a fin de constituir un nuevo Estado, no deja de ser llamativo. Ocultar la grave contradicción bajo un presunto pragmatismo definido por el estímulo de unos incentivos capaces de favorecer mayor competitividad y libertad individual para sus ciudadanos es, cuanto menos, una buena excusa.
Todos nos identificamos con un “nosotros”. La pertenencia a un grupo, el sentimiento comunitario, particularista, singularista, que aspira a la definición frente a “los otros”, o mejor, “el resto”, es consustancial a la naturaleza humana. Esto no implica que ese “nosotros” supere el límite de la mera convivencia pacífica y ordenada, acabando por instituir estructuras de dominación a modo de Estados. Si bien es cierto que el Gobierno, como institución espontánea y distinta por definición al Estado, tiene como función primordial la conservación del modo de vida del grupo, no puede este principio asimilarse a la necesidad de un Estado; no si partimos de planteamientos netamente antiestatistas. Desgraciadamente el anarquismo, de izquierdas o de derechas, arrastra, y es una constante, una grave carencia teórica en aspectos básicos como la política, el Derecho o la ordenación pública de la autoridad y la potestad.
Dicho esto centrémonos en la cuestión: independencia política o mero estatismo secesionista. En el mundo en el que vivimos aspirar a la separación de un territorio como Cataluña (por ejemplo) podría tener sentido si realmente los habitantes de dicha región coincidieran con el consenso social suficiente, por extensión e intensidad, en la opción independentista. Cuando el consenso existe el compromiso político interno es claro y contundente. No harán falta ni cauces formales constitucionalmente previstos en el Estado del que uno pretende desgajar lo que ya es una unidad política diferenciada. Tan solo la violencia impediría lo inevitable.
No hablemos por tanto de nacionalismo liberal ni de beneficios de la secesión. Es una cuestión política, de consolidación o expresión de un consenso social definido y potente. Si España existe, si cualquiera de los Estados relativamente poco conflictivos a nivel interno sigue existiendo, es debido en exclusiva a que la inmensa mayoría de los individuos que lo forman mantienen el consenso en torno a esta realidad (de forma relativamente homogénea en todo su territorio). Cataluña no existe hoy como un Estado independiente porque los catalanes no quieren que tal cosa sea una realidad (no lo sienten así ni lo consideran un fin superior al mero sosiego que proporciona la convivencia pacífica con el resto de España), pero también porque el resto de españoles siguen sintiendo que la unidad nacional es un principio fuertemente ligado al “nosotros” del que hablábamos.
El nacionalismo catalán se plantea como un tipo de constructivismo que aspira a conformar un consenso interno bastante en torno a la secesión, pero también la reacción consensuada en el resto (de españoles) a fin de definir contornos al tiempo que una eventual y futura expulsión de Cataluña fuera inmediata y pacífica. El problema es que el ánimo constructivista no domina los tiempos, o peor, es incapaz de lograr resultados previstos y definir procesos. Internamente, las consecuencias del nacionalismo adquieren matices que no necesariamente implican el apego independentista. Externamente, la catalanofobia no es precisamente el sentimiento dominante (se diga lo que se diga). Si así lo fuera el camino estaría medio hecho para los nacionalistas, es más, se precipitaría la reacción interna a favor de la independencia. De hecho su estrategia, estancada internamente, requiere de gestos que agudicen las contradicciones con “los otros” (ese es su objetivo de distorsión y propaganda actual).
Los antiestatistas no podemos ver con buenos ojos que algunos pretendan la secesión cuando su fin último es la constitución de un nuevo Estado. La competencia estatal, como fundamento del nacionalismo liberal, no deja de ser un aspecto estrictamente utilitarista que está muy lejos de confirmarse a nivel internacional. Que existan pequeños Estados donde sus ciudadanos son más libres por cuestiones competitivas (generalmente “paraísos fiscales” consentidos por sus vecinos más intervencionistas y expoliadores) no implica que los habitantes de un mundo de 200 Estados (o de 2.000) sean, o fueran a ser forzosamente más libres que en un mundo de 10, 4 o un único Estado.
Justificar el independentismo estatista, como paso positivo de un proceso teóricamente encaminado hacia la mayor libertad individual, dudo que no sea una demostración más de oportunismo, o de una ingenuidad enturbiada con la pasión particularista, que todos, todos, llevamos dentro. Lo difícil es no dejar que dicho sentimiento nuble nuestro juicio, que las pasiones lleguen a confundirnos en argumentos capciosos.
El Estado autonómico no ha resultado ser ese continente apaciguador de voluntades rupturistas, sino un instrumento feroz instigador del particularismo. En manos nacionalistas la autonomía política y competencial, en temas como el educativo o el lingüístico con especial relevancia, torna en arma de un único filo, siempre en la garganta del Estado central y el nacionalismo españolista consolidado (y en decadencia). Durante 30 años el Estado autonómico ha actuado como artificio postulante de un constructivismo nacionalista tan fundamentalista como peligroso. La descentralización irresponsable, formando entes que gastan y modelan sociedades, pero no se enfrentan a sus ciudadanos con la debida vinculación entre aciertos, errores y desatinos (esa necesaria corresponsabilidad fiscal federalista), ha contribuido al deshilado de los sentimientos que formaban antaño el “nosotros” español. El franquismo pretendió algo similar, pero a la inversa, sirviéndose en su empresa de un Estado unitario excesivamente artificioso y sin capacidad de embaucar y convencer una vez llegado el ocaso del régimen; de su fracaso procede la justificación del nacionalismo periférico para imitar sus artes en la formación de sus propios taifas.
Los Estados tienden a formar espacios de libertad derribando barreras entre sí. La desgracia viene casi de inmediato cuando de la inicial retirada estatal llega el avance imparable de un estatismo supranacional, interestatal. Es entonces cuando todos los esfuerzos de liberación concluyen en decepción. Creer que pequeños Estados en competencia favorecen las libertades individuales de sus ciudadanos es negar por completo la experiencia reciente que la construcción y evolución de los Estados puede reportarnos. Primero se fundan espacios de consenso y liberación, a posteriori dichos espacios quedan sometidos a la dominación de una estructura monopolística implacable.
La excusa independentista no deja de enmascarar pasiones tan románticas y viscerales, como las que todos podemos llegar a padecer en momentos de arrogancia, complejo de superioridad, desprecio del diferente y autoafirmación personal en la esencia de presuntas y edulcoradas actitudes y aptitudes relativas a la pertenencia a una u otra nacionalidad. Todos nos creemos especiales.
Más en…
Nacionalismo liberal vs. Secesionismo intervencionista
Saludos y Libertad!
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Publicado por yosoyhayek en Julio 16, 2009
La propuesta de nueva financiación autonómica es una trampa edulcorada. Zapatero sabe que debe su victoria electoral a dos ámbitos fundamentales de rancio socialismo: Andalucía y Cataluña. Sin ellos, sumada la inestimable aportación que su política de negociación y claudicación con el nacionalismo y los terroristas cosechó en las últimas generales y autonómicas en el País Vasco, su derrota en el reto de España le abría arrastrado a la oposición y el consecuente ocaso político.
El Estado Catalán es una realidad, como lo es el vasco, anclados al español en temas puntuales, incómodos, lejos de las competencias que realmente interesan a quienes demuestran una obstinación empecinada en el proceso de construcción nacional dentro de sus respectivas regiones. Lo que sucede en Cataluña es que envidian, y de qué modo, la situación privilegiada de los vascos, que con su Concierto, manejan todo lo que se expolia en su territorio, gestionan, recaudan y deciden sus impuestos directos y especiales, y contribuyen al común en virtud de lo que el Estado gasta en la región en servicios básicos de defensa y seguridad. Con las obras de la dichosa “Y” vasca, Sondika y el súper puerto de Bilbao (entre otras actuaciones) el cupo deja un saldo sabrosamente positivo a favor de las instituciones vascas. Su pertenencia a España les sale mucho más que rentable, succionando recursos de otras regiones como Madrid o Valencia.
Cataluña quiere un estatus similar, de ahí que en su nuevo Estatuto se cometiera el exceso inconstitucional (previsiblemente “constitucional” por sentencia del TC) de concederle prerrogativas exclusivas en materia de financiación al margen de la regulación general de todas las comunidades de régimen común. La propuesta hecha por el gobierno ha satisfecho a los nacionalistas de ERC, no tanto a los de CIU (que en estrategia electoralista prefieren aferrarse a su negociación previa del capítulo de financiación del Estatuto). La Generalidad manejará más dinero, como todas las autonomías, pero bajo los criterios que más benefician sus pretensiones, alejando el sistema de esa maltraída solidaridad interterritorial por la que apostó el constituyente. A modo de compensación y fondo de estímulo el Gobierno pone 11.000 millones de euros sobre la mesa. Más de un 30% irán a Cataluña, seguida de Andalucía, que por población, al menos, justifica la ingente aportación. Cataluña recibirá el doble de lo que merecería
manejando criterios demográficos o de su contribución al PIB general. Unas cantidades que el Gobierno se niega a justificar y únicamente razona como la mejor forma de hacer que los catalanes “se sientan cómodos” en el nuevo sistema.
Zapatero roba y reparte desde la debilidad. El Estado español no existe, está en manos de los intereses regionales. No existen los planes generales, su clase política no aguanta el envite ni siquiera de sus correligionarios locales. Perdido el criterio de “interés general de la Nación”, el Estado central se convierte en una nueva fantasía por la que cada autonomía intenta vivir de la riqueza generada en el resto (Bastiat a la española). Cataluña, al margen de esta “ayudita” extra, ha logrado que sus aportaciones al fondo de solidaridad sean compensadas por lo que percibe de otros fondos que tienen en cuenta criterios variopintos. Su régimen no es tan privilegiado como el vasco en cuanto a la determinación y gestión de los impuestos fundamentales (IRPF e IS), pero en lo que a cuantías y contribución al común se trata, puede decirse que estamos ante uno de los mayores éxitos nacionalistas de la historia reciente de
España.
Cataluña es un Estado en crisis. En crisis de identidad, porque a pesar de sus esfuerzos de inmersión y persecución el 60% de sus habitantes sigue teniendo en el español su lengua habitual. Crisis institucional, porque el entramado de intervención se le ha ido de las manos, en cuanto al peso de su burocracia, el proteccionismo de sus regulaciones comerciales e industriales, su incapacidad por adaptarse al dinamismo que exige un mercado expansivo y mundializado. Crisis política, porque todos coinciden en ser pedigüeños y llorarle al Estado, porque todos han asumido el discurso nacionalista y el pensamiento único posibilitando excesos e intromisiones salvajes en la libertad individual. Y Crisis económica, porque ha dejado de ser la locomotora de España, todo lo anterior le pasa factura demostrando haber perdido el empuje de antaño, ese que durante la restauración y el franquismo la convirtió en vanguardista y europea.
Cataluña, o mejor dicho, Barcelona, sigue siendo moderna y atractiva. La iniciativa privada mantiene su peso y apuesta por la innovación. Tristemente las administraciones han asumido funciones que no saben manejar acorde con la pujanza de su sociedad, concluyendo en un deterioro general que termina invadiendo de pesimismo y atrofia también a los individuos más proactivos. La autonomía catalana o el ayuntamiento de Barcelona han caído en su propia trampa. Las olimpiadas del 92 intentaron dinamizarla, el Fórum fue un invento ridículo, todo para sacar a flote lo que, a pesar de los artificios y falsas apariencias, es un barco que se hunde sin remedio. El estatismo catalán, el socialismo rancio y fascistoide catalanista, están asfixiando lo que pudo haber sido una de las regiones más atractivas y punteras del mundo. Convertida en parque temático, en parque de juegos para locos constructivistas, merodean acomplejados los triunfos catalanes conscientes de que con o sin triplete les falta el ímpetu que únicamente la libertad y el sosiego en las pasiones particularistas permite.
Saludos y Libertad!
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Publicado por yosoyhayek en Julio 8, 2009
La nueva “conquista” nacionalista catalana ha sido valorada por muchos como un paso firme e irreversible hacia la secesión. En realidad el movimiento catalanista demuestra su debilidad, la necesidad de reconducir sus esfuerzos y objetivos: si en 30 años de dominio y adoctrinamiento nacional y lingüístico no han logrado esa masa crítica cargada de identidad y particularismo, algo debe estar fallando en el diseño del proceso.
El fallo es el de siempre: los procesos sociales son difícilmente articulables, el voluntarismo no resiste ante la espontaneidad. Cuanto más numeroso sea el grupo humano, más elementos distorsionarán el primer panorama, el punto de partida desde el que se tomaron las decisiones iniciales. En Cataluña habitan varios millones de personas de las que más del 60% sigue siendo castellanoparlante. El catalán se oye, domina en ciertas zonas y estratos sociales, pero las grandes bolsas de población suburbana mantienen el español como lengua de uso común y familiar.
El catalanismo se enfrenta a una población difícil de domeñar, un bilingüismo espontáneo que favorece la convivencia lejos del rencor que pretende extender el secesionismo. En Cataluña ha triunfado el particularismo, pero el pretendido por el constructivismo nacionalista, sino aquel que de forma singular surge en las sociedades acomplejadas y temerosas de sí mismas. La cuestión es que la unidad española queda comprometida en cada esfuerzo por ahondar las diferencias. Unidad política, pero también social. A pesar de que la mayoría de los catalanes compartan idioma con el resto de españoles crece el rencor y los tópicos, aunque no lo hagan según los parámetros diseñados para esa Arcadia feliz que será la Cataluña independiente.
Todo Estado requiere de un sistema educativo instrumentalizado como recurso integrador y de diseño del tipo ciudadano deseado. La educación, incluyendo aspectos meramente formativos, adquiere en todo caso un carácter socializador y doctrinario que excede por completo el presunto espíritu humanista que inspira su extensión universal entre la población. La educación así como su lengua vehicular son factores determinantes que definen la estatalidad de un poder político. La Generalidad, en ese sentido, así como los gobiernos de todas las autonomías particularistas, lo son. El suicidio del todo resulta más que evidente. A esta situación se enfrentan con encono los estatistas españolistas que ven diluirse en las partes esa opción general que ellos defienden. A los liberales, en realidad, salvo por coherencia social en el sentido de evitar disensos innecesarios, lo mismo nos da que sea el ministerio de educación del Reino de España, que la consejería del ramo de esta o aquella autonomía.
Cataluña ha sido definida, ideológica, política, social y jurídicamente como una nación sin Estado. Siendo nación y poseyendo “lengua propia” parece obvio que para ser catalán se debe conocer la lengua de Cataluña. Afirmada la entidad social y política resulta igualmente obvio que todo inmigrante, proceda de territorios propios del Estado español, o de territorios dominados por otros Estados, debe socializarse en Cataluña bajo el patrón lingüístico catalán. Los que hablan de bilingüismo no entienden que el catalanismo parte de que el castellano debe su implantación a una agresión original y no a una incorporación espontánea. Consideran la castellanización como una invasión cultural que debe ser enmendada, y no como la constatación de la existencia de la nación española también en territorio catalán. Si nuestras leyes y nuestros políticos admiten que Cataluña es nación dotada de instituciones políticas autónomas, parece inevitable que estas actúen de forma coherente.
El Estatismo es siempre xenófobo y adoctrinador. El Estado español admite los colegios extranjeros, como el británico, el alemán o el francés, pero a modo testimonial, no como un reconocimiento general del derecho de los padres a escolarizar a sus hijos en una u otra lengua vehicular. En Cataluña sucede lo mismo, porque Cataluña ya es Nación y su Consejería de educación actúa con práctica soberanía. Entiendo que los estatistas de uno y otro bando se sacudan sin descanso. Comprendo que a muchos el proceso de construcción nacional catalana les parezca extremo y liberticida. Lo es, pero no más que el esfuerzo emprendido por todo Estado en este sentido.
La España plural es una entelequia. La desintegración del Estado español, construido torpe y débilmente a imagen y semejanza del modelo monolítico francés, es imparable. La única esperanza radica en que el consenso social en torno a la unidad nacional perviva a pesar de los esfuerzos particularistas y secesionistas. Los primeros son practicados por el común de los poderes públicos autónomos, incluidas los gobernados por el PP. Los segundos parecen consolidados y crecientes en Cataluña y País Vasco, si bien es cierto que al final sus poblaciones parecen resistirse ante un cambio tan abrupto en las relaciones y vínculos sociales, económicos, políticos, pero también familiares, con el resto de territorios de España.
Veremos qué sucede, pero quede claro que el experimento catalán no es sino un ejemplo más de lo que entiende el estatismo sobre la educación y la impregnación identitaria.
Saludos y Libertad!
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Publicado por yosoyhayek en Mayo 6, 2009
Los nacionalistas ya no saben a qué recurrir para deslegitimar el ascenso de López a la presidencia del gobierno vasco. Primero se habló de pactos “contranatura”, por contener a dos rivales necesariamente antagónicos “en Madrid”, pero capaces de hacer “frente españolista” en las maravillosas tres provincias vascas. Se recurrió al desasosiego comprensible que experimenta todo ganador de unas elecciones que no logra la mayoría parlamentaria para gobernar. Ahora lo que toca es atribuir al PSE y al PP un ánimo antivasquista, extranjero, de usurpación de las instituciones, de falta de abertzalismo, como si tal cosa fuera consustancial a una legítima adhesión al pueblo vasco.
Patxi López no habla vasco, o lo habla malamente, vaya, que no se entiende aunque preparé latiguillos, mini discursos o comienzos y finales a modo de guiño. He escuchado la siguiente recriminación: “¿Qué pensaríamos en “Madrid” si el nuevo Lehendakari no supiera hablar castellano (el Español de toda la vida pasado por el tamiz autonomista, vaya)?”. Hombre, todo llegará, no lo dudo, pero hoy por hoy la inmensa mayoría de los nacionalistas vascos son castellano parlantes. La inmersión lingüística ha tocado techo. Es cierto que cada vez se escucha más, pero no con la intensidad que se creía. Hay pueblos de 5.000 habitantes donde “todo el mundo” habla vasco, es más, hay aldeas donde muchos jóvenes, y algún viejo, chapurrea un español que provoca vergüenza ajena. Pero es que el País Vasco vive mayoritariamente en sus ciudades. Entre el Gran Bilbao, Vitoria, San Sebastián y otros grandes municipios suman el 80% de una población de apenas 2 millones de habitantes. La mayoría son castellano parlantes. Esto no quiere decir más de lo que parece. El castellano es la lengua materna de la inmensa mayoría de los vascos, maketos y enraizados, sin distinción, pero es que además es una lengua mucho más cómoda, abierta a los medios de comunicación nacionales, a la producción audiovisual de cientos de millones de personas en el mundo, y un buen medio de comunicación para ir de fiestas por La Rioja, veranear en Castro o Noja, o tener un apartamento en Torrevieja.
Si en algo coinciden López e Ibarretxe es que ambos han llegado al poder sin pajolera idea de vasco. El primero ya aprenderá, imitando a su predecesor, que en 10 años ha conseguido hablarlo con fluidez (si es que tal cosa es posible con semejante acertijo lingüístico, dicho sea de paso). No invalida al candidato conocer o no el idioma que el nacionalismo ha querido convertir en el “propio de los vascos”. Hasta hace 30 años más del 90% de todos ellos desconocían una lengua que a finales del siglo XIX era despreciada por los abuelos y bisabuelos de los que hoy piden euskaldunidad a los aspirantes a presidir el gobierno vasco.

Los nacionalistas no se van de vacío. Han conseguido autonomía, terrorismo casi perpetuo y que una sociedad entera se crea sus mitos y su misión en la tierra: el buen vasco, la buena tierra de los vascos, independencia, identidad y singularidad. Que tengan por seguro que su nuevo lehendakari no renunciará, en gran medida, a esas máximas fundamentalistas. El PNV ha logrado inocular un virus que ya es imposible de erradicar.
Saludos y Libertad!
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Publicado por yosoyhayek en Abril 28, 2009

Puede que en algún momento hayamos tenido la debilidad de creer que no era un fraude. No hablo en clave nacionalista periférico, tranquilos. Bastante tienen en ETB con aguantar a los vasquistas redomados que rechazan la violencia pero apuntan con el dedo a los no nacionalistas como origen indiscutible del “conflicto” (vaya, que ellos no matan, pero el mensaje queda clarito para los “valientes” que sí se atreven). Hablo en clave organizacional, no tanto sobre si el fiasco tiene o no razones remotas y existenciales.
La Constitución de 1978 salió adelante como pudo. Autonomías para los catalanes, derechos históricos para los vascos, y el resto, ya se vería. Al final los andaluces salieron por la tangente, forzaron los mecanismos y llevaron a una España autonómica muy diferente a esa aspiración mancomunera de tanto regeneracionista trasnochado. Cuando un Estado pasa del todo a la pluralidad compleja, cualquier cosa puede suceder. No dio tiempo a estatizar el modelo de salud cuando las autonomías ya lo tenían en sus manos. Las públicas carreteras llegaron con un PSOE resistente. Desde 1992 comenzó el acabose. Financiación europea para todos, viaductos, túneles, 4 carriles por sentido, líneas de metro a cada barrio, y claro, servicios públicos para esto, para aquello… Llegaron educación y sanidad, y más allá de romper la trama común e iniciar una intervención particularista en busca de la patria chica (con diversa intensidad), cada uno tiró por su lado y comenzó a desangrar el precario modelo de financiación. A todo esto vascos y navarros viviendo como marajás, con su nacionalismo liberal reconocido, cierta competencia fiscal e inversión positiva proceden de Madrid. Los catalanes, como es normal, cabreados por negarles la bilateralidad que sí se admitió para otros (váyase uno a saber por qué…).
Resiste unida la caja de las pensiones, no vaya a ser que los pobres, pobres, pobres andaluces, gallegos y extremeños se queden sin su parte del pastel. Dan votos, son fáciles de comprar, la paguita funciona bien en el reino de San Telmo, aunque el barco se hunda para muchos, qué más da, si el resto pagan. Mientras llenando las costas andaluzas de campos de golf y mansiones. El pobre Julián Muñoz en prisión, Gil en el hoyo, y Chaves paseando su cartera ministerial. Que injusta es la vida, digo yo.
A los catalanes les sobran razones, pero también les faltan. Comparados con Madrid tienen un milloncejo más de habitantes, carreteras privadas y cinco veces su extensión. Se quejan de sus infraestructuras pero llevan 16 añitos, como poco, mamando del común. Ni con Olimpiadas ni con Fórum consiguen brillar más que la región Capital, que con el mismo sistema de financiación y unos niveles de endeudamiento similares, ha hecho más metro, más carreteras, más escuelas, institutos y hospitales. Vamos que el PP de Madrid ha hecho más Estado del que han sido capaces los pobrecitos catalanistas. No sabemos en qué se han gastado sus dineros, si en el 3, 5 o 20%, si en instalar embajadas por el mundo o en tratar de sumergir a más de la mitad de la población, quieran o no, en esa arcadia feliz catalano parlante. En qué se gasta el dinero la Generalidad? Por qué piden y piden si tienen tanto como otros a los que parece irles bien las cosas? El metro es deficiente, las aceras desconchadas, no hay hospitales nuevos y ciertos barrios dan más que pena. Tan preocupados están de hacer nación que se les ha olvidado vender las bondades del estatismo desmesurado.
Y todo se hunde porque se avecina la constatación de lo debe ser el fin del Estado Español. La resistente clase política nacional hace aguas en filas socialistas, pero también populares, frente al ascenso del particularismo regional. Si cambia la financiación a fin de saciar las apetencias de los ricos, se acabó el Estado social a nivel nacional, vamos, que los pobres van a empezar a preguntar: dónde está lo mío? Puede que para aquel entonces brote la generosidad en Madrid y Barcelona, tengan razón los de ERC y la solidaridad se funde en la voluntariedad. Apadrina a un extremeño, a un manchego o un andaluz, mira con qué ojitos te miran.
Claro que esta lógica rupturista tiene dos consecuencias inmediatas: si no tiene sentido financiar la sanidad del resto, por qué narices voy a pagarles su pensión. Adiós a la caja común, vivan los taifas y la demostración de que todo esto lleva décadas siendo un fraude en quiebra irremediable. La segunda consecuencia, algo menos inmediata, habrá que verla a nivel intrarregional. Si el catalán o el madrileño no tiene porque pagar al andaluz o al extremeño, por qué diablos debe imponérseles el Estado Social de proximidad. Qué razones existirían entonces para que un moralejense pagara la educación o las operaciones de un parleño.
Lo admito, me he equivocado, este argumento tiene poco sentido cuando los sentimientos nacionalistas entran en juego: los catalanes no quieren pagar al resto porque dicen no reconocerse en ellos, no sentir ese “nosotros” que trama sociedades en comunión política. Por qué debería un español contribuir a las pensiones o las infraestructuras de un rumano? Algo hay, pero no con la intensidad con la que un tipo de Tarrasa financia el alumbrado de Los Pajaritos. En ese sentido razones no les faltan, ya tenemos 2 millones y medio de pasaportes españoles que no sueltan un duro para el común, ahora, eso sí, aceptan gustosos puertos, aeropuertos y alta velocidad. Graciosa paradoja.
Adiós al Estado español!
Saludos y Libertad!
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Publicado por Liberand en Marzo 5, 2009
El cine, en realidad, el doblaje de las películas extranjeras, es uno de los puntos que han resistido al ataque de la llamada normalización lingüística catalana.
A pesar de los intentos del Govern, solo un 3% de las películas se doblan al catalán. El conseller de cultura responde, “el mercado en catalán no ha funcionado” y eso se debe a “unas hegemonías que han mantenido la situación que había cuando terminó el franquismo”, “déficit democrático” o “anomalía del sistema cultural” lo llama.

Soy defensor del cine en versión original, cada vez más, me parece que con el doblaje se pierde muchísima de la esencia de la película, pero es solo un gusto mío que al vivir en Madrid puede ser satisfecho fácilmente. Pero lo cierto es que en España hay una demanda fuerte de consumir cine doblado al español, es evidente que la intervención franquista tiene mucho, sino todo, que ver en esto, pienso que es mucho más fácil aplicar censura doblando una película. Es a esto a lo que se refiere el conseller cuando habla de hegemonías y anomalías. Si en España se subvencionasen o se concediesen ayudas para el doblaje de películas actualmente, vería normal que el conseller clamase contra ello o pidiese una cuota para el catalán, pero como no es el caso, no comparto en absoluto esta intervención.
Si en Cataluña hubiera una clara demanda de ver cine doblado al catalán, seguramente se desarrollaría una industria para ello. Pero el hecho de que a la Generalitat le escueza que los catalanes demanden principalmente cine en español, como el resto de los españoles, no justifica esta inútil (como son todas) intervención que por un lado va a despilfarrar dinero de los ciudadanos y segundo va a topar con los intereses tanto de los ciudadanos como de los que se dedican al cine ya sean productoras, distribuidoras o las propias salas.
PD: y además me parece superpaleto.
Retroferran ya ha escrito sobre el tema.
Publicado en actualidad, cine, intervencionismo, nacionalismo | Etiquetado: catalán, Cataluña, cine, doblaje, generalitat, intervencion, nacionalismo, normalización lingüística | 3 Comentarios »
Publicado por yosoyhayek en Febrero 21, 2009
Ante preguntas tan gruesas y complicadas, recursos extremos.
En los tiempos que corren son muchos los que enmascaran con términos ambiguos su vehemente adscripción al constructivismo patriótico exhibido por el líder de Fuerza Nueva. El hecho es que en los últimos 40 años el patriotismo español se ha ido apagando con rapidez, merced de un ascenso del culto a las nuevas patrias autonómicas, y no hablo solo de los Gal, Cat y Eusk, sino también de And, los Ast o los Can…
El patriotismo resurge con la fuerza y la paletez que le caracterizan a todo paciente de complejo de inferioridad periférica (una nueva versión del provincialismo de toda la vida).
Pero queda esperanza para los Piñar, Inestrillas y patrioteros descafeinados que ahora se dicen de centro reformista e incluso liberales. La patria española vuelve a tener defensores, el Estatismo centralista radical ha demostrado tener su espacio en el panorama electoral. Un discurso hueco, vacío, que pivota por completo en torno al culto estatista, español, en demérito del estatismo secesionista o particularista antiespañol. Menudo panorama…
Saludos y Libertad!
Publicado en ideas, política | Etiquetado: antiespañolismo, blas piñar, españolismo, nacionalismo, patriotismo español, UPyD | 8 Comentarios »
Publicado por Liberand en Enero 14, 2009
Alberto Martín Martínez pregunta si es necesaria la llingua llïonesa para los leoneses. El concejal de Cultura del Ayuntamiento de León lo tiene claro, no solo es necesario, sino que debe conservarse como un tesoro. Me parece que su respuesta es totalmente legítima, el problema viene cuando para que dicha conservación sea posible hay que invertir dinero público, es decir, dinero de todos nosotros, que una vez robado, el concejal y sus colegas se encargan de redistribuir a menesteres que ellos mismos deciden.
Estamos acostumbrados a oír que el tema de las lenguas en España es delicado, complicado, y de hecho, día a día comprobamos los problemas que suscita. El español (castellano para los finolis) es el idioma oficial en todo el Estado, además, en ciertas comunidades existen otros idiomas cooficiales con el español. Los Estados autonómicos, empeñados en ser más Estado que ninguno, gastan cantidades ingentes de dinero (nuestro) en las llamadas políticas de normalización lingüística, además de leyes obligando al uso de una de las lenguas por parte de los ciudadanos, con la finalidad de privilegiar a esa lengua, discriminada durante años, según ellos.
La solución no viene por blindar y proteger la lengua discriminada actualmente. Es momento para apostar por la no intervención del Estado en este tema.
La causa de este conflicto es clara, el Estado y su poder para imponer una o unas lenguas oficiales, favorecer y proteger a unas, o discriminar a otras.
Todos sabemos expresarnos en una o varias lenguas, sin necesidad de que ningún Estado nos diga en cuál. Aprenderemos de forma natural, la lengua que hable nuestra familia y nuestro entorno, además de aprender posteriormente otros idiomas según nuestras preferencias o necesidades. El español, el catalán y el gallego (el vasco en menor medida, y desde luego no ese invento de la batua) se han hablado y se seguirán hablando sin necesidad de ninguna intervención. El hacer uso de leyes de normalización, son intervencionistas, inútiles (hasta que puedan acceder a nuestro cerebro para cambiarnos el diccionario) y solo pueden responder a un profundo ánimo totalitario por parte de sus ejecutores. Demos Libertad para que cada persona se exprese en el idioma que quiera y que necesite para relacionarse con los demás miembros de su entorno, sea español, catalán, chino o urdú.
Por otro lado, tenemos lenguas o dialectos casi extintos o circunscritos a áreas muy concretas y que algunos de nuestros políticos se han empeñado en resucitar mediante inyecciones de euros. Habrá gente que quiera que un “bien cultural” como el leonés no desaparezca, y habrá otra mucha gente a la que le dará igual. Seguramente, sin subvenciones, el leonés desaparecería dentro de varias años, pero, ello no significa que todos tengamos que poner dinero para que no lo haga (e incluso, habría que ver si las subvenciones son capaces de evitar su extinción).
¿Aparecerían en libertad entidades privadas interesadas en proteger el leonés? pues eso, por ahora, no lo sabemos.
Más sobre este tema en el blog, aquí, aquí, aquí, aquí y aquí.
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