Un año desde su victoria electoral, apenas 10 meses de mandato, y apenas nada salvo el tono de piel de su Presidente ha cambiado para los norteamericanos. Bueno, sí, se quitaron de en medio al tonto oficial a cambio de colocar un mero icono progresista. Negro, joven y poco más. Esa es la gran hazaña de la democracia estadounidense, siempre por delante en magia, distorsión y propaganda izquierdista. Sí, de los EEUU proceden todos los tópicos y estratagemas mediáticas que hoy maneja la progresía mundial: humor, complejo, miseria… si juntamos en nuestra reflexión política, a la izquierda demócrata norteamericana por un lado y a la socialdemocracia sueca por el otro, seguramente demos con las claves fundamentales de hacia dónde van las democracias occidentales.
Afganistán continúa siendo oficialmente “la guerra justa”, la legal, la que no queda otra que hacer y padecer. En Irak, como hace año y medio; con Irán, pocos avances; el conflicto palestino, ahí está; la reforma sanitaria, donde debe (en el cajón de eternos pendientes demócratas); y la crisis económica…
Inundar de liquidez el sistema, desplegar un torrente de gasto público (solo ejecutado en una pequeña parte, dicho sea de paso), salvamentos y subvenciones a la industria automovilísitica… y parece que los EE.UU salen de la crisis. Que no lancen las campanas al vuelo, hasta Hitler supo dar la apariencia de movimiento forzando la máquina inflacionaria e impulsando la demanda. El Pleno empleo es algo relativamente sencillo de conseguir cuando se dispone de todas las balas en el cargador. A Obama le quedaba apenas una y ni siquiera ha tenido el arrojo intervencionista de gastarla en un primer tiro. Es un cobarde, como ya lo fuera Kennedy, que tras prometer esto y aquello, tuvo que ser asesinado para que parte de su programa electoral fuera cumplido por Jonhson, a fin de cuentas, un tipo más íntegro que su predecesor.
Obama no ha sacado a los EE.UU de la crisis. Aún está por ver que la crisis haya dado paso a un lento periodo de recuperación. Es más, puede que las políticas de tipos negativos, liquidez ilimitada y déficit público, tras crear una breve pero vistosa sensación de recuperación, acaben por dinamitar el sueño americano. Las distorsiones que hoy puede estar experimentando la economía de los EE.UU solo se harán visibles pasado el tiempo, siendo para entonces demasiado tarde para proceder a una imputación singularizada contra cada medida emprendida por Obama. La ciencia económica, sin embargo, permite condenar, a priori, la política general que está poniendo en práctica el Presidente de los EE.UU. Todo obstáculo al necesario reajuste de asignaciones y precios deparará una terrible descoordinación futura. En eso consiste la presente crisis.
Obama vende humo, humo negro, porque más allá de su imagen es incapaz de aportar nada más. Puede que se esté reservando su hiperactividad para después del ecuador de su mandato. El objetivo de este señor, como el de todos aquellos que sueñan con el Poder absoluto, es pasar a la historia, hacerlo a toda costa, al precio que sea. Estoy convencido de que su paso por la Casa Blanca nos depara grandes titulares, incluso, magníficos quebrantos. Es un visionario que no se resistirá a cumplir el calvario de Carter.
EE.UU necesita políticas liberales, reducción del gasto, bajada de impuestos, rigidez monetaria, disciplina financiera (nacida de una mayor libertad en el sector. Recordemos que esta crisis tiene su origen en concretas políticas públicas, y no en una falaz falta de regulación). Los norteamericanos son mucho más hábiles, flexibles y emprendedores que otras nacionalidades. Son ellos los grandes responsables de la recuperación, si es que estuviera llegando (y no se tratara solo de un espejismo con fecha de caducidad inducido por la cortoplacista y catastrófica intervención gubernamental). Obama pretende auparse sobre la certeza de estar dirigiendo una economía dinámica capaz de servirle en bandeja los logros que él es incapaz de conseguir. Tratará de utilizarlo y colocarlo en su haber.

Saludos y Libertad!














pensamiento económico a aquellos que podrían suponer un infranqueable obstáculo en su escalada de falsa autoridad en la materia.
Libro de 
mismo, derriben con mayor o menor acierto el entramado ideológico que sustenta la política expansiva defendida por el inefable Krugman. La controversia, a pesar del estilo rápido, accesible y en ocasiones insuficiente del horterilla que da clases en Columbiaaaa, no suscita el menor interés. Los comentarios dejados por alguno de los lectores de la edición digital de Público lo atestiguan con claridad: ni una neurona en movimiento, ni una duda, nada removiéndose en sus cerebritos, dogmas de fe resistentes llevando a cabo su labor con implacable e irreflexiva contundencia.
violencia e injusticia. La insolvencia del gigante automovilístico convertido en una oportunidad de ganancia política, de extensión de los tentáculos gubernamentales, de propaganda y adoctrinamiento.
gobierno, siempre conviniendo a unos frente a otros.







amancebamiento social y pugna política por el botín. Ante un panorama de menos actividad muchos serán los que pidan para sí una parte del pastel. Colectivización de intereses y violencia desatada son los únicos escenarios posibles.









