Zapatero necesita los votos del PNV. El PNV aparentar que sigue sirviendo activamente a los intereses vascos. En comunión han pactado presupuestos y blindaje del privilegio vasco.
Desde Cánovas, con ciertas concesiones franquistas, hasta el ingenuo reconocimiento en la Constitución de 1978 de “derechos históricos” que, como todo, puede hallar anclaje en el pasado, pero que apenas disfrutan de poco más de un siglo de raigambre. En realidad los privilegios vascos pervivieron en función de tres factores: lealtad con la monarquía, poder de cierta aristocracia económica y política oriunda de la zona y necesidades apremiantes del incipiente Estado español. Tan incipiente que no llegó tomar forma hasta el franquismo, que por repudiado y estigmatizado legó a la democracia taras hoy irreparables. Una de ellas sigue siendo el miedo al vasco.
Miedo que algunos interpretaron necesario de mantener a base de tiros, bombas y extorsión. Otros continuaron su estrategia tomando posiciones en Madrid, colocando capitales, personas e intereses allí donde el Estado había establecido su ciudad de Mando. Como en su día hicieron muchos mandamases catalanes, qué mejor manera de dominarlos a todos poniéndolos a su servicio (hablo de los españoles y su patrimonio) que sirviéndose de un Estado centralizado progresivamente más implacable y expoliador.
Derrotada la idea centralista tocó seguir haciendo su agosto apostando desde el estatismo periférico. Y así es como cuajó el autonomismo descontrolado, muy lejos, desgraciadamente, del regionalismo acotado que diseñó la Constitución de la II República.
Como los vascos manejaban, mataban y desestabilizaban, se les quiso premiar con el máximo de los reconocimientos que un Estado puede desplegar con una de las regiones que lo componen. Eso que llaman Euskadi es desde 1978 un Estado libre asociado, como quiso ratificar Ibarretxe para asombro de propios y extraños. ¿Para qué? Pensaron muchos. Si ya tenemos lo que queremos: dominio, corralito tributario y tensión en Madrid.
Pero faltaba algo, el entramado institucional asimétrico cojeaba por algún lado. Cumplidos los requisitos que la UE trazó como condición para disfrutar de independencia fiscal al margen de las instituciones del Estado al que se perteneciera (autonomía política, institucional y económica) el Concierto Vasco, como instrumento cuasi foral, que demuestra la independencia práctica de esa esquinita de España, no podía sostener con normas recurribles por tribunales ordinarios. En Navarra, con idéntico privilegio, la cosa fue sencilla desde el principio: leyes forales que el resto de autonomías o el propio gobierno central exclusivamente podían recurrir en el Tribunal Constitucional. En el caso vasco, al ser las Diputaciones Provinciales las fuentes de toda regulación tributaria, sus normas son recurribles al nivel de cualquier regulación administrativa. Solucionar eso es el cometido del pacto del que se han hecho depender los presupuestos del déficit, la quiebra y el Zapaterismo securitario.
No me parece mal que se equiparen situaciones análogas. Si Navarra goza de “blindaje”, por qué no el País Vasco. Lo que debemos preguntarnos es, por qué ahora? Pues porque el PNV es necesario en los presupuestos, pero también por la sencilla razón de que gobiernan los socialistas en “Euskadi”, presumiéndose la lealtad y dotando a este gobierno de un halo de compromiso particularista indispensable para su futura reelección.
El Estado español es deficiente en su entramado institucional, en el centro y en la periferia, pero también en el equilibrio fiscal que quisieron para él. Mantener anomalías como la vasca o la navarra se enmarca dentro de ese margen de excepcionalidad que casi todos los Estados han tenido que asimilar en función de su tortuoso proceso de formación. El caso español no es tan inaudito como parece.
El problema de esta independencia fiscal no es que exista, sino que resista gracias a motivos espurios y mero estatismo centrífugo. Con semejante privilegio, junto con otros, el País Vasco podría ser hoy la región más libre del universo. Lejos de optar por esta senda el estatismo ha triunfado también en los reductos foralistas que aun resisten en Europa. Un buen instrumento de liberación puede ser, al tiempo, una fantástica baza de dominación. Esa es la clave del Concierto Vasco.
Saludos y Libertad!











mismos que pretende mantener al sur del Ebro custodien sus buques pesqueros con mimo y diligencia.
Que no nos amargue la cruda realidad. El PNV, desahuciado temporalmente del poder secular, no ha dejado de liderar el movimiento vasco, su especialidad, el anhelo de cambio, de un futuro tangible lleno de absurda esperanza. El nacionalismo particularista, el que aspira a secesionar una parte del conjunto, tiene características que lo diferencian, y mucho, del clásico nacionalismo imperialista, aquel que disponiendo de Estado, pretende conquistas en el exterior. Para los actuales Estado-Nación de Bienestar solo queda colocar a su mandatarios en cumbres internacionales, ganar algún campeonato mundial o continental, o tener a un tipo en lo más alto del tenis, el cine o la carrera espacial yanquis. Con las grandes guerras, al menos las potencias occidentales, tocaron techo, desangraron a sus poblaciones y consolidaron el fiero experimento del totalitarismo radical. Ahora, bajo un patrón democrático y de bienestar, el culto ha variado, lo han hecho los objetivos, y todos parecen caminar en la misma dirección de decadencia política institucional.
El nacionalismo vasco, carente de Estado y de breve tradición, ha consolidado mitos y volcado su sentimiento religioso y secular en un mañana, próximo y alcanzable, de independencia e identidad. El desprecio por el maketo, por la España “atrasada” del otro margen del Ebro, no es nuevo, sino uno de los elementos que mayor impronta ha tenido siempre en el genio vascón. La arrogancia y el complejo de pureza crecen cuando tu propia explosión industrial atrae manadas de inmigrantes. De ahí a idealizar lo propio y vulgarizar hasta el absurdo lo ajeno, hay un paso. Nos sucede ahora con los que llegaron a España buscando oportunidades, imaginemos el impacto que produjo por aquel entonces. El nacionalismo vasco representa todo el desprecio, la fobia, el racismo y la chulería organizado en forma de religión secular identitaria.
El PNV pierde la maquinaria, el artificio, la estructura de dominación. Se queda en movimiento social lanzado del poder. Ahora es cuando se comprobará hasta que punto estos 30 años de fundamentalismo simpático, de enfermedad colectiva agudizada, ha tenido efectos calando bien hondo entre los vascos. Aún cuando el desastre sea evidente quizá haya nacionalistas que esperasen el reto, la toma de temperatura.
autogobierno), mejor en manos nacionalistas, que son los que tiran y defienden mejor sus intereses. Esa sensación continúa hoy latente y el difícil régimen PSOE-PP no parece ofrecer una alternativa tan consistente como para cambiar semejante creencia popular. El genio vasco es particular, singular y digno de estudio. Es clave en la actual actitud de resignación peneuvista. Miles de personas desocuparán despachos y consejos, se perderán contratos y quizá una nueva casta empresarial disfrute de su complicidad con los nuevos gobernantes. El trauma no tiene desperdicio y debe ser estudiado con detenimiento.











levantado el velo, se entiende integrada en la propia de otra organización, en este caso ETA, dedicada a lo que todos, desgraciadamente, conocemos. 

