Hace seis años la buena estrella de Esperancita le concedió el gobierno de Madrid. Qué mejor para felicitarle el aniversario que una buena patada en donde más le duela a la Presidenta. Gallardón saca a pasear a su pit-bull despresurizado como ya lo hiciera cuando Aguirre supo aprovechar la racha haciéndose con el control del partido popular madrileño. Espero que Cobo no sea el alter ego de Gallardón, esbirro colocado en el Comité Nacional, miniyo enratonado que replica al compás que marca el de las cejas, las obras y la tasa de basuras.
El espectáculo que están dando los populares en torno a Caja Madrid, la Ley de Cajas madrileña y el nombramiento de su presidente demuestra que, como siempre, son víctimas del escrutinio mediático al tiempo que inútiles gestores de crisis y campañas de difamación. Lo que está sucediendo con Caja Madrid no proviene tanto de la pugna política interna a fin de repartir el botín financiero directamente a su merced. Eso es habitual y sucede continuamente en todas las comunidades autónomas. La diferencia, en este caso, radica en que los adversarios en lid no son segundones regionales, sino las tres cabezas que, hoy por hoy, más tienen que decir en el incierto futuro del partido. Eso y que en España dominan, como en otros países occidentales, los medios izquierdistas, autocomplacientes intérpretes de lo que en un régimen abiertamente totalitario practicaba el ministerio de información y/o propaganda. Revisemos sus posiciones, contradicciones y, de otra mano, la línea que siguen sus antagonistas derechistas:
El País es, como ya dijera alguno, un medio fascista, profundamente socialista, que odia y vomita basura, que miente, manipula, distorsiona, inventa tramas, viola derechos fundamentales, sirve de correa de transmisión de prevaricadores y corruptos… El País odia a Esperanza Aguirre. La intuye como mejor rival para Zapatero que el torpón de Rajoy. Pero también odia al PP en su conjunto, y aunque esté cabreado con el Presidente del Gobierno y sea consciente de su deficiencia manifiesta, no puede negarse a sí mismo. Destruir al PP y consolidar el régimen con el que soñara Felipe en 1982. Lo que resulta peligroso es combinar los dos odios de los que hablábamos, al PP y a Esperanza. Debilitar al PP es cargarse a Rajoy, y cargarse a Rajoy es abrir la posibilidad de que Aguirre llegue al mando del partido.
Dado que se la odia pero también se la siente temible y con visos de destronar al bobo de León, Prisa se ve en la esquizofrénica posición de atizar a uno un día, y al otro al día siguiente.
Público, es radical, acomplejado, favorable a la desmembración de España, considera al PP un vestigio del franquismo al que debe exterminarse. Esperanza es su peor enemiga, porque, como Prisa, la saben fuerte y capaz. Nunca han dejado pasar un golpe contra la lideresa aun cuando el filón de Gürtel fuera más jugoso.
Y en frente, sin que parezca que estoy estableciendo paralelismos de ningún tipo, El Mundo y Libertad Digital, entregados sin tapujos a la orgía Gürteliana, conocedores de los efectos perniciosos que el escándalo tiene para la actual dirección nacional del PP. Ambos deseosos de que Aguirre derroque a Rajoy antes de derrocar a Zapatero. Atacar a Rajoy, a Camps o a Gallardón, son máximas que practican con diligencia, muchas veces con cierta procacidad.
Esta es la situación, una disputa que lo enturbia todo formando estados de opinión, adhesiones inquebrantables, dogmatismo político, convirtiendo Madrid y sus cosas en el patio de corrala de toda España. Lo que aquí sucede es una buena muestra de la basura que encarna la clase política y el tipo de régimen estatista en que vivimos. Los partidos se comportan como bárbaros que arramplan con lo que se cruza en su camino cuando logran saltar los muros de la ciudad de mando. Y dentro de los propios partidos, asentado su dominio, surgen nuevamente facciones y luchas intestinas que contribuyen a delatar el verdadero espíritu que alimenta a los ávidos de poder.
Lo que sucede es que los medios de información y propaganda que se consideran a sí mismos más íntegros y “concienciados” con la causa democrática, adolecen, sin duda, de una ruindad evidente. No dudan del poder, no ponen en cuestión la mera razón de ser del Mando tal y como está institucionalizado. Exclusivamente pugnan por ver a los suyos con las riendas de todo ese dominio, de esas Cajas, competencias e instrumentos de intervención y saqueo. Ni más, ni menos. Poco les importa el crimen y su persecución, en realidad, son abanderados de causas personalistas, fieles de un espurio liderazgo al que conceden su alma y su honradez profesional.
Saludos y Libertad!














contacto. Sus instalaciones así lo hacían ver, su calidad, seguramente, era (como en todo, ha ido a peor) muy superior que en la mayoría de las universidades realmente privadas.
segundo en el precio del centro educativo privado). Los centros concertados aminoran el coste por alumno y despejan responsabilidades y preocupaciones, reduciéndose el número de funcionarios e instalaciones dedicadas per cápita a la procura educativa. Si no fuera por los colegios, institutos y universidades privadas, o por los centros concertados, la calidad educativa en los públicos sería aun más deficiente y calamitosa.
pagan un seguro igualmente privado para no ir a la pública, esta última sufre cada día un colapso aparentemente irremediable.
maternalistas donde la degeneración moral alcanza niveles estratosféricos, confiados en que sea el Estado quien acoquine con el esfuerzo y la preocupación por el prójimo.
Era de esperar. Las políticas neoliberales son culpables de la muerte del hijo de Dalila. La privatización de la sanidad madrileña llevada a cabo por el Gobierno que preside Esperanza Aguirre, es la responsable del terrorífico error que ha terminado por destrozar al padre del recién nacido. Es lo que pasa cuando un servicio público esencial se deja en manos privadas, cuando se quiere hacer negocio con la salud de los ciudadanos. Personal sin experiencia, jornadas laborales extenuantes, falta de medios. Evidentemente, este terrible suceso se podría haber evitado si el Gobierno de la Comunidad de Madrid no se hubiera lanzado, fruto de su locura neoconservadora, a la desmantelación de los servicios públicos.


Nacho es un buen ejemplo de todo eso. Este no es un medio amarillista, ni hacemos crónica social malasañera, simplemente preferimos centrarnos en la estulticia reiterativa, en la obcecación puesta en ideas perfectamente refutadas. Nacho, con sus luces y sus sombras, ha demostrado que sabe poco de lo que habla, que no deja de ser un opinador profesional, y que no se avergüenza de sus grandes meteduras de pata, sino que las pasea y se pavonea con temple y descaro.
Cuando Público habla de “descontrol” en el “capitalismo” como origen de la crisis (añadiendo a la fórmula prodigiosa un poquito de codicia, especulación y corrupción del agente privado), no pretende enunciar un juicio crítico fundado y sostenible, no. Lo que busca es retorcer ideas y presentar imágenes distorsionadas. A eso se ha dedicado el socialismo campante desde siempre.
paso”, continúa el titular de la periodista, conociendo su trayectoria ni de lejos esperemos que lo que ella entienda por los siguientes pasos a dar sea que acabemos con el monopolio efectivo que ejerce el Estado sobre la educación de nuestros hijos. Muy al contrario, lo que pide esta liberticida es que se retiren los subvenciones públicas a aquellos centros que “aleccionen contra la legalidad vigente (aborto, matrimonio, igualdad, divorcio…) y se organiza la insumisión a las leyes educativas del Gobierno”. Esto es algo ya muy visto, no están en contra de que el Estado subvencione, solo se oponen a que se subvencione lo que no les gusta.
ultra) como culpable de todas las crisis, aquellos mismos que defienden el socialismo y que llaman al control y a la intervención de los Estados para salir de ella, nos vienen ahora con esta defensa del libre comercio.
