¿Cómo pudieron equivocarse tanto los economistas?. Krugman no hace un juicio de humildad revisando sus propias aseveraciones pasadas, sino que recurre a la capciosa y distante objetividad para dar un repaso, burdo y vulgar, al estudio macroeconómico del siglo XX. En él destaca a dos autores: el Dios Keynes y el torpe de Friedman. Menciona a otros como miembros de un coro desafinado, desafiante con los postulados, presuntamente claros y rigurosos, servidos por Keynes en su teoría general (general!).
Cuando uno se sabe derrotado al exhibir con vehemencia ciertos argumentos, lo mejor, y dado que los hechos contribuyen a su estrategia, es ignorar por completo a quienes sí podrían suponer una amenaza real. Krugman ni siquiera hace mención de Hayek, como si no hubiera existido, ni él ni el debate que mantuvo con Keynes en el momento más turbulento en lo que a revisiones y nuevos planteamientos macroeconómicos se refiere. Hayek resume en sus estudios sobre el dinero, la producción y los ciclos económicos, las mejores aportaciones realizadas por el Escuela Austriaca de economía hasta sus días. Ignorarlo no tiene que ver tanto con el desconocimiento o el mero olvido como con la incomodidad que siente cualquiera que, con un poco de inteligencia, revise las distintas propuestas teóricas en el estudio de los procesos de auge y recesión económica.
No tiene mucho sentido que trate de rebatir punto por punto al bueno de Krugman. Su misión en la tierra es doble: resucitar a Keynes restituyendo su inmerecida preeminencia, y dotar a Obama, su Roosevelt particular, del respaldo pseudocientífico-divulgativo- propagandísitico suficiente para que su personal cariz adanista tenga donde apoyarse cuando se le vea el plumero (la gente no es tonta, o eso espero!).
Krugman picotea aquí y allá para quedar él como el único que lleva la razón. Lo irónico es que en ningún momento demuestra su rectitud previa a la crisis, ni su capacidad de diagnóstico, ni siquiera, aunque lo intente, originalidad en sus propuestas concretas. Volver a las nimiedades temerosas y acientíficas de Keynes le sobra para caer en una burda autocomplacencia. Todo es culpa de la falta de regulación, de monetaristas arrogantes revelados contra el santo keynesianismo, del retroceso del Estado en los quehaceres intervencionistas. Dice que Keynes no soñaba con el socialismo real, y no le falta razón. No era tan estúpido de creer posible la plena suplantación del mercado por una organización centralizada encargada de la práctica totalidad de las decisiones de producción e intercambio. Keynes era muy inteligente, tanto como arrogante y reacio a comprender la superioridad teórica de quien sí supo incorporar en sus modelos teóricos la realidad de los procesos de mercado y ajuste económico. Hayek sí acertó. Los economistas no predicen, plantean tendencias, advierten en cada momento de los posibles conatos de descoordinación, de la improcedencia de ciertas agresiones intervencionistas. Krugman no sabe lo que es el dinero, tampoco comprende el proceso de producción capitalista. Para que nadie le recrimine sus carencias directamente anula de la historia del
pensamiento económico a aquellos que podrían suponer un infranqueable obstáculo en su escalada de falsa autoridad en la materia.
Pero lo grave no es que prefiera a Keynes antes que a Hayek. Casi todos, bien desde sus planteamientos, o contra ellos, tiene en Keynes su principal referente. Hayek creó escuela, legó un armazón teórico que sirve hoy, en los gloriosos días de Krugman, para que muchos otros pensadores y divulgadores traten de explicar esta crisis y todas las demás con la mejor teoría de los ciclos económicos disponible hasta la fecha. En 1998 Jesús Huerta de Soto publicó Dinero, Crédito Bancario y Ciclos económicos, tal vez el mejor compendio de teoría austriaca sobre las causas de los procesos recurrentes de auge y depresión económica. Decir que nadie, nadie, había realizado previsión alguna sobre el desenlace crítico vivido en los últimos años, es falso de toda falsedad. Lo llevan haciendo muchos economistas desde hace décadas, advirtiendo incluso de la inminencia de esta última crisis, siempre con la fortaleza de la mejor teoría al alcance de cualquiera que busque comprender los procesos de mercado y la naturaleza del dinero y el capital. El
Libro de Huerta, traducido a varios idiomas, incluido el inglés, circula por los EEUU con la suficiente intensidad como para que un personaje como Krugman, aparentemente ávido de material sobre el tema, se hubiera dignado a leerlo y reconocer su importancia. Pero es que otros, como Roger W. Garrison, con su Time and Money, se han encargado ya de resumir y revisar la teoría del ciclo austriaca en el mundo anglosajón. Ignorar, ningunear, apartar la vista y seguir hacia delante con displicente actitud, no es la mejor garantía que respalde la superioridad teórica de un autor. Krugman vende humo, resucita a los muertos mejor enterrados y busca, afanosa y casi vergonzosamente, la notoriedad que solo el convertirse en susurrador del poder puede alcanzarse.
Obama y Krugman, Krugman, Obama y Keynes. Lo de que el hombre es el único animal que tropieza dos, tres y hasta doce veces en la misma piedra, tiene en nuestros días demasiados nombres y apellidos.
Saludos y Libertad!











coyuntura”. El diario de Prisa permanece instalado en el peor de los diagnósticos, la estulticia teórica así como la comodidad de sentirse asesorado por “los mejores” del momento. Aun con todo Zapatero no les gusta, son conscientes del desastre y pretenden bien una rectificación seria e inteligente, bien una crisis política capaz de devolver a los socialistas cierta cordura. Lo que sí parece evidente es que en su esquema de recuperación y cambio político no pasa que el PP ocupe el gobierno… eso ni por asomo (y casi casi que comparto su opinión).
comprende que el Estado invirtiendo carece de rumbo y eficiencia, o peor, compromete el ajuste necesario para revertir los errores que precipitaron la crisis. El Estado maneja lo que no produce; lo expropia y distribuye. Impide que sus legítimos propietarios tomen decisiones respecto de los recursos disponibles, pero también intercepta la posibilidad de especular, de plantear procesos de inversión duraderos, de endeudarse con responsabilidad.
comprometerse como éste lo haría puesto que tanto su capacidad de endeudamiento como sus recursos presentes proceden del expolio fiscal (de la riqueza de sus ciudadanos), nunca actúa guiado completamente por el espíritu que sí guía a los particulares. Lo hace a través de un cálculo de oportunidad política: Si estamos en crisis debe parecer que la crisis es responsabilidad de cualquiera menos del Estado. Siendo así el Estado se convierte en el salvador del desfavorecido. Demostrado el fracaso de mercado libre el Estado adopta la posición de máximo gastador e inversor, puesto que sin demanda no hay actividad. Los dirigentes políticos introducen todas estas falacias en su túrmix particular, evaluando su situación personal…



qué sector o sectores van a sacarnos de este desajuste soportando una nueva senda de crecimiento. Para que esta recuperación sea sostenible no bastará con “acertar” en esa elección, sino que las bases monetarias y financieras regresen al proceso social, libre y capaz de garantizar su estabilidad.


el mundo, que nadie revise planes de acción y preferencias temporales, que nadie ajuste o acomode sus decisiones a la nueva situación. Pero claro, el paro crece a velocidad de vértigo y forzosamente esos desempleados tendrán que cambiar sus planes. Para el gobierno es sencillo, los que queden, los que todavía no hayan sufrido en embate de la recesión, deben seguir como si nada, caminando entre zombis, mirando al frente, reproduciendo metódicamente su comportamiento de hace tan solo un año. Hasta que les llegue a ellos, claro…
tenemos (además de una burbuja inmobiliaria mucho mayor que la norteamericana) un mercado laboral fuertemente intervenido. Cada parado, cada persona que quiere trabajar pero no encuentra, entre otras cosas, pero con especial atención, deberá dirigir su rabia y legítimo cabreo no contra el Capitalismo y demás hombres de paja, sino con Sindicatos y Legislación laboral, contra medidas como la de “aquí no se despide a nadie”, o 

parece funcionar, representan la única alternativa “viable” que no suponga la paulatina desaparición del Estado.
(dichoso Keynes) no tardarán en llegar.
inauditas y crecientes. Succionar
presentar ante la población como justificación de toda medida, por muy extrema que parezca, para evitar semejante escabechina de deudores (el primero, el Estado), con consecuencias abruptas y trágicas cuando se viene de una situación inflacionaria crónica como la actual.
centrales, con tipos bajos y excesiva liquidez. Tratar de arreglar el desaguisado echando más leña al fuego sólo logrará que la situación no solo no cambie, sino que agudice las contradicciones y perpetúe los desajustes. Recurrir a tipos bajos, más gasto público, políticas fiscales espurias, inyección de liquidez o emisión de nuevos dólares o euros, pueden presentarse como las opciones más sencillas, pero, recordemos, que se fundamentan en postulados teóricos keynesianos, profundamente equivocados y, lo que es peor, demostrados inútiles en varias ocasiones.
diferencial oculta el incremento sostenido de la productividad, la mejora tecnológica y la bajada real de precios al consumo. Sin ese elemento la economía no habría sido capaz de absorber la nueva masa monetaria, generando un efecto súper inflacionario capaz de destrozar toda la estructura productiva.
Mises, a cualquier cantidad de dinero, puede funcionar la economía. Los que temen esta bajada de precios con oferta rígida de dinero alertan de los perniciosos efectos de la Deflación, que haría a la unidad monetaria cada vez más apreciada y con un mayor poder de compra.
intervencionismo monetario y financiero, que es lo que venimos teniendo y parece que no dejaremos de practicar) hacia el nacimiento de… tambores y algún platillo, un gong y un coro ruso grave grave… La Economía Social de Mercado, garante de la Paz Social, protectora del medio ambiente, concienciada del Cambio Climático, y el etcétera que más guste.
creciente y el descalabro contable de las entidades. Creer que el plan de rescate organizado por Moncloa se debe en exclusiva a los efectos arrastrados de las dichosas subprime y los males norteamericanos, es burdo, no se corresponde con la realidad o esconde un ánimo distorsionador inquietante.
movimientos de cabeza, toque displicente e intento por acaparar la máxima autoridad en el tema, convierten a Ekaicer en el ejemplo del lego obsceno, que trata de distorsionar la percepción del público (con minúscula) respecto a cuál de los dos hispano-argentinos maneja el mejor aparato explicativo o quién de los dos sabe más sobre el tema. La respuesta es evidente: Braun, siempre.
apuntamos, no toca hacer ascos. Dinero barato, por no decir gratis, y oportunidades de ganar y ganar sin prácticamente hacer nada.
dejándosela caer… El punto medio permite que el pobre Sísifo resista pero sin dar un paso, ni adelante, ni atrás. Cómo hacerlo avanzar? Qué droga necesita para dar un empujón y subir un poco más? Crédito, crédito fácil, crédito de la nada, dinero fiduciario, bancos centrales, tipos de intervención, expansiones súbitas, sostenidas…

