LA LIBERTAD Y LA LEY

La Coherencia sólo es posible si se aceptan principios bien definidos, F.A.Hayek.

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Krugman se olvida de casi todo para no acordarse de sí mismo

Publicado por yosoyhayek en Septiembre 13, 2009

¿Cómo pudieron equivocarse tanto los economistas?. Krugman no hace un juicio de humildad revisando sus propias aseveraciones pasadas, sino que recurre a la capciosa y distante objetividad para dar un repaso, burdo y vulgar, al estudio macroeconómico del siglo XX. En él destaca a dos autores: el Dios Keynes y el torpe de Friedman. Menciona a otros como miembros de un coro desafinado, desafiante con los postulados, presuntamente claros y rigurosos, servidos por Keynes en su teoría general (general!).

Cuando uno se sabe derrotado al exhibir con vehemencia ciertos argumentos, lo mejor, y dado que los hechos contribuyen a su estrategia, es ignorar por completo a quienes sí podrían suponer una amenaza real. Krugman ni siquiera hace mención de Hayek, como si no hubiera existido, ni él ni el debate que mantuvo con Keynes en el momento más turbulento en lo que a revisiones y nuevos planteamientos macroeconómicos se refiere. Hayek resume en sus estudios sobre el dinero, la producción y los ciclos económicos, las mejores aportaciones realizadas por el Escuela Austriaca de economía hasta sus días. Ignorarlo no tiene que ver tanto con el desconocimiento o el mero olvido como con la incomodidad que siente cualquiera que, con un poco de inteligencia, revise las distintas propuestas teóricas en el estudio de los procesos de auge y recesión económica.

No tiene mucho sentido que trate de rebatir punto por punto al bueno de Krugman. Su misión en la tierra es doble: resucitar a Keynes restituyendo su inmerecida preeminencia, y dotar a Obama, su Roosevelt  particular, del respaldo pseudocientífico-divulgativo- propagandísitico suficiente para que su personal cariz adanista tenga donde apoyarse cuando se le vea el plumero (la gente no es tonta, o eso espero!).

Krugman picotea aquí y allá para quedar él como el único que lleva la razón. Lo irónico es que en ningún momento demuestra su rectitud previa a la crisis, ni su capacidad de diagnóstico, ni siquiera, aunque lo intente, originalidad en sus propuestas concretas. Volver a las nimiedades temerosas y acientíficas de Keynes le sobra para caer en una burda autocomplacencia. Todo es culpa de la falta de regulación, de monetaristas arrogantes revelados contra el santo keynesianismo, del retroceso del Estado en los quehaceres intervencionistas. Dice que Keynes no soñaba con el socialismo real, y no le falta razón. No era tan estúpido de creer posible la plena suplantación del mercado por una organización centralizada encargada de la práctica totalidad de las decisiones de producción e intercambio. Keynes era muy inteligente, tanto como arrogante y reacio a comprender la superioridad teórica de quien sí supo incorporar en sus modelos teóricos la realidad de los procesos de mercado y ajuste económico. Hayek sí acertó. Los economistas no predicen, plantean tendencias, advierten en cada momento de los posibles conatos de descoordinación, de la improcedencia de ciertas agresiones intervencionistas. Krugman no sabe lo que es el dinero, tampoco comprende el proceso de producción capitalista. Para que nadie le recrimine sus carencias directamente anula de la historia del pensamiento económico a aquellos que podrían suponer un infranqueable obstáculo en su escalada de falsa autoridad en la materia.

Pero lo grave no es que prefiera a Keynes antes que a Hayek. Casi todos, bien desde sus planteamientos, o contra ellos, tiene en Keynes su principal referente. Hayek creó escuela, legó un armazón teórico que sirve hoy, en los gloriosos días de Krugman, para que muchos otros pensadores y divulgadores traten de explicar esta crisis y todas las demás con la mejor teoría de los ciclos económicos disponible hasta la fecha. En 1998 Jesús Huerta de Soto publicó Dinero, Crédito Bancario y Ciclos económicos, tal vez el mejor compendio de teoría austriaca sobre las causas de los procesos recurrentes de auge y depresión económica. Decir que nadie, nadie, había realizado previsión alguna sobre el desenlace crítico vivido en los últimos años, es falso de toda falsedad. Lo llevan haciendo muchos economistas desde hace décadas, advirtiendo incluso de la inminencia de esta última crisis, siempre con la fortaleza de la mejor teoría al alcance de cualquiera que busque comprender los procesos de mercado y la naturaleza del dinero y el capital. El Libro de Huerta, traducido a varios idiomas, incluido el inglés, circula por los EEUU con la suficiente intensidad como para que un personaje como Krugman, aparentemente ávido de material sobre el tema, se hubiera dignado a leerlo y reconocer su importancia. Pero es que otros, como Roger W. Garrison, con su Time and Money, se han encargado ya de resumir y revisar la teoría del ciclo austriaca en el mundo anglosajón. Ignorar, ningunear, apartar la vista y seguir hacia delante con displicente actitud, no es la mejor garantía que respalde la superioridad teórica de un autor. Krugman vende humo, resucita a los muertos mejor enterrados y busca, afanosa y casi vergonzosamente, la notoriedad que solo el convertirse en susurrador del poder puede alcanzarse.

Obama y Krugman, Krugman, Obama y Keynes. Lo de que el hombre es el único animal que tropieza dos, tres y hasta doce veces en la misma piedra, tiene en nuestros días demasiados nombres y apellidos.

Saludos y Libertad!

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La deuda pendiente de Zapatero

Publicado por yosoyhayek en Septiembre 7, 2009

El País, puede que por decencia intelectual (puede que por saberse “segundón” del presidente), despierta en sus ediciones cierto desapego con Zapatero y su desastrosa política económica. Ayer, sin ir más lejos, dedicó su especial dominguero de economía a darle duro, justo en la cabeza (como diría Juan Carlos, del que no sabemos si le queda poco… o demasiado), destacando las peculiaridades de la crisis en España, la insostenibilidad del modelo de crecimiento que tuvo su auge en los 4 primeros años de gobierno neosoc(k), la incapacidad para reconocer problemas, y peor, los bandazos, globos sonda, tentativas y errores cometidos con forma de “respuestas de coyuntura”. El diario de Prisa permanece instalado en el peor de los diagnósticos, la estulticia teórica así como la comodidad de sentirse asesorado por “los mejores” del momento. Aun con todo Zapatero no les gusta, son conscientes del desastre y pretenden bien una rectificación seria e inteligente, bien una crisis política capaz de devolver a los socialistas cierta cordura. Lo que sí parece evidente es que en su esquema de recuperación y cambio político no pasa que el PP ocupe el gobierno… eso ni por asomo (y casi casi que comparto su opinión).

Lo que asusta no es que El País, despechado y traicionado, tenga un momento de lucidez y denuncie el harakiri impersonal de Zapatero. Lo que aterra es que lo haga no desde la moderación y la revisión, sino de la mera reafirmación ideológica, descartando al hombre pero no a sus ideas. Zapatero improvisa, yerra, titubea, pero en el fondo, y eso cree El País, no va mal desencaminado. El gurú económico del New New Deal, Paul Krugman, ilustra con uno de sus artículos las máximas de las que parte la progresía mundial: Estado salvador, Estado estimulados, déficit y deuda hasta que la cosa no empiece a remontar.

Esa simple ecuación es, desde que el Estado es Estado, un ejemplo más del terrible impacto que tiene el estatismo en el intelecto humano cuando se convierte en razón de ser de toda decisión política. No solo conlleva una clamorosa ignorancia sobre el funcionamiento de los procesos sociales y de mercado, sino una nimia escapatoria capaz de condenar a los hombres y mujeres a las más profundas tinieblas. El señor Krugman parece no entender que en el mundo en el que vive el Estado gastando solo contribuye a dilapidar la riqueza presente y futura. Tampoco comprende que el Estado invirtiendo carece de rumbo y eficiencia, o peor, compromete el ajuste necesario para revertir los errores que precipitaron la crisis. El Estado maneja lo que no produce; lo expropia y distribuye. Impide que sus legítimos propietarios tomen decisiones respecto de los recursos disponibles, pero también intercepta la posibilidad de especular, de plantear procesos de inversión duraderos, de endeudarse con responsabilidad.

Cuando el Estado entra en déficit para sufragar sus gastos corrientes no está salvando a sus proveedores y asalariados. Lo que se ve, lo aparente, es que el Estado cumple con sus obligaciones previas. Lo que no se ve es que lo hace comprometiendo su propia viabilidad y secuestrando recursos o compitiendo por recursos que en manos privadas sí pudieran cumplir una función coordinadora. El Estado al no reducir su gasto ajustándolo a sus ingresos no activa la economía sino que la hunde aun más, lastrando una recuperación que nunca, nunca, dependerá de él.

Cuando el Estado toma deuda, acude a los mercados de capitales, compite con otros Estados y empresas, ofrece tipos altos cuando mayor sea la confluencia de agentes necesitados de financiación, está tomando decisiones muy complicadas con un doble impacto: a corto plazo seca las fuentes de financiación capaces de suministrar recursos a los emprendedores que deben hacer remontar la situación. A medio-largo plazo realiza inversiones en sectores y ámbitos concretos que nunca sabremos si el mercado, con precios libres, habría convertido en lo suficientemente atractivos como para movilizar semejante cantidad de recursos.

Gastar o invertir indiscriminadamente, facultad que solo tienen los gobiernos, arbitrarios y sometidos al vaivén político y la opinión del populacho, no es por sí misma garantía de recuperación. Si hoy, y es lo que no parece entender Krugman, se atisba la recuperación mundial (está por ver) no es debido, como defiende, a la ingente movilización de recursos en forma de gasto corriente e inversión arbitraria promovida por los Estados gracias a la deuda, sino por la capacidad de ajuste inspirada en precios más o menos libres y en la perspicacia empresarial de millones de individuos a todos los niveles del mercado. Sin esto último no estaríamos hablando de “tocar fondo” o “síntomas de recuperación”, sino de agudización de la crisis y estancamiento.

Los Estados no crean riqueza, la redistribuyen, no invierten sin más sino que bloquean otras inversiones. El mito de que sin el ánimo del Estado los agentes privados, deprimidos y temerosos, serían incapaces de hacer remontar la economía, no deja de ser una fábula inventada por políticos y esbirros políticos como Krugman o Keynes.

La deuda no es mala. Quien se endeuda valora más lo cree podrá obtener gracias a ese crédito que el crédito mismo, sumados los intereses. Cree que obteniendo hoy esos recursos podrá devolverlos cuando toque y aun así obtener un beneficio. Sucede cuando compramos bienes de consumo duradero como las viviendas, con mayor o menor acierto, o cuando cambiamos recursos presentes previendo una lucrativa producción futura. El Estado, sin embargo, aun cuando en determinadas inversiones pueda comportarse como un agente privado y responsable, además de no comprometerse como éste lo haría puesto que tanto su capacidad de endeudamiento como sus recursos presentes proceden del expolio fiscal (de la riqueza de sus ciudadanos), nunca actúa guiado completamente por el espíritu que sí guía a los particulares. Lo hace a través de un cálculo de oportunidad política: Si estamos en crisis debe parecer que la crisis es responsabilidad de cualquiera menos del Estado. Siendo así el Estado se convierte en el salvador del desfavorecido. Demostrado el fracaso de mercado libre el Estado adopta la posición de máximo gastador e inversor, puesto que sin demanda no hay actividad. Los dirigentes políticos introducen todas estas falacias en su túrmix particular, evaluando su situación personal…

Zapatero sabe que le quedan 2 o 3 años duros, para él y para la economía española. En base a lo que cree saber de esa situación ha trazado un plan de acciones sostenido en convicción inspirada por Krugman: la deuda no es mala cuando el deudor sea el Estado. Es más, debe aprovechar la situación para colocar al Estado en posiciones ventaja y preeminencia dado que es el único capaz de financiarse sin asumir todos los costes derivados. Si todos los Estados siguen esta máxima será más que evidente su grave contradicción, porque aun pudiendo endeudarse a lo grande comprometiendo impuestos y riqueza futuras, hoy no existen bienes presentes para todos… no a un precio que garantice la sostenibilidad financiera de dichos Estados. En esta contienda resulta evidente que unos saldrán mejor parados que otros. Veamos qué confianza inspira la solvencia de España, su Estado y su gobierno…

Saludos y Libertad!

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7 en propia puerta y Zapatero feliz de vacaciones en Lanzarote

Publicado por yosoyhayek en Agosto 27, 2009

En dos años hemos perdido ocho puntos de crecimiento del PIB (quizá el sistema de contabilidad nacional más engañoso de entre todo los posibles). Zapatero repite destino cada año: un Palacio en Lanzarote, ocupado hasta hace poco por la Familia Real en sus vacaciones, y que ahora sirve de morada a los Zapatero-Espinosa, clan extenso, amigos incluidos, disfrutando de techo, luz, agua, servicio, seguridad y manjares a gogó. Como bien dice el Presidente, que vayan, que vayan a Lanzarote… eso sí, los que puedan; que él ya va con cargo a los presupuestos generales del Estado, que sale más barato. No sé porque no ha sido incluido en la canción del anuncio de Fanta, menuda cara dura!

Saludos y Libertad!

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El 2% de Aguirre

Publicado por yosoyhayek en Julio 3, 2009

La caída de precios es necesaria, como lo es la bajada sistemática (aunque no uniforme) de los salarios. Desgraciadamente, y de eso vienen percatándose los economistas desde hace décadas, los salarios monetarios no son tan fáciles de disminuir. El inflacionismo los devora, cumpliendo torpemente con las consecuencias ineludibles de todo ajuste productivo. Es la manera que tienen los Estados sindicalistas no solo de robar sin ser vistos, sino de engañar a sus crédulos adictos. Los trabajadores son tratados como conejillos de indias, marionetas que manipular al antojo del gobernante (en general ignorante de todos los efectos de sus decisiones, pero siempre asesorados por economistas de lo posible, ideólogos del estatismo).

En la situación que vivimos, donde el precio de los activos debe forzosamente caer hasta niveles que hagan posible un nuevo arranque de la actividad económica, todos los obstáculos son trabas que el intervencionismo interpone entre el bienestar de los individuos y los objetivos meramente políticos de los mandatarios. Los economistas pueden dividirse en dos clases definidas: quienes estudian y tratan de comprender los procesos espontáneos de mercado y las fuerzas que los mueven, y aquellos que, manteniendo una actitud soberbia y desligada de la realidad que analizan, creen haber dado con las claves que hacen posible el diseño del orden, la suplantación del proceso, los planos de una máquina perfecta cuyo centro es el Estado y el voluntarismo de sus dirigentes.

Estos últimos alimentan la idea de que podemos salir de la crisis sin que se produzca el ajuste espontáneo e ineludible. Creen que los tipos de interés deben permanecer bajos esperando que fluya el dinero. Confían en que el precio de los activos no se desmorone comprometiendo gravemente la solvencia de toda la economía. No consideran prioritario dotar de flexibilidad y aminorar la intervención en mercados definidos, fundamentales, como es el del trabajo.

Cae el consumo, se precipitan los activos, la actividad se desmorona, crece el desempleo. Se contrae el crédito, disminuye la velocidad del dinero, y a pesar de la aparente y artificial bajada de tipos de interés, la economía se hunde en la deflación, crece el ahorro (disminuye la preferencia temporal de los agentes), esperando mayores beneficios cuanto más alejadas del consumo estén las inversiones que hoy se emprendan. Para que estas fuerzas ineludibles cumplan su función debe el intervencionismo aligerar su pesa y liberar sectores. Que fluyan los trabajadores despedidos de aquellos que fueron sobredimensionados en la fase expansiva hasta los ámbitos donde surjan hoy las oportunidades del mañana. Sin un despido ágil no habrá inmediata contratación.

La ilusión de unas cifras de desempleo moderadas en los dos últimos meses no debe plantear la sensación de recuperación. No convendría tampoco que los agentes, confiados, volvieran a reducir su ahorro e incrementasen su gasto y su deuda a los tipos que hoy procuran atraer incautos. Las falsas señales, la manipulación del gobierno, añaden desasosiego y tendencia al equívoco, a la vuelta a las andadas, pero no en un nuevo escenario de desenfreno y exuberancia, sino hacia un enquistamiento sangrante de la crisis, cayendo por los restos (al menos una década) en la más terrible depresión económica de nuestra historia.

Aguirre se baja el sueldo un 2%. Como lo suyo no es una empresa privada y su conexión con los costes y los precios de mercado de los bienes o servicios que presta es más que discutible, por no decir inexistente, nunca sabrá la Presidenta si ese 2% indiscriminado debió ser más o menos, modulable según cargo o funciones. El gesto le honra, aunque no sea la primera en tenerlo. El caso es que su decisión debería servir de impulso a unos sindicatos suicidas, que machacan a afiliados y no afiliados, que comprometen su continuidad laboral, su patrimonio y expectativas. Los salarios deben caer en escenarios de deflación. También deben hacerlo cuando los beneficios caen y queda comprometida la viabilidad de la actividad empresarial. Si todos los activos terminan cayendo, se sustituyen trabajadores por equipo capital, el empresario pierde los incentivos para mantener las plantillas actuales. El paro crece sí o sí. Que en España crezca con mayor velocidad, y lo que es llamativo, no se recicle de inmediato en sectores demandantes de trabajadores, es la anomalía que debe hacernos examinar nuestras singularidades. No se debe al modelo productivo sino a la regulación. El primer impacto puede que sí fuera un efecto de aquello, pero la estacionalidad del desempleo y la inmovilidad de trabajadores nada tienen que ver con que la construcción o los servicios fueran la base de nuestro insostenible crecimiento.

El mercado laboral tiene dos formas de ajustarse: en precio o en cantidad. Si no caen los salarios hasta niveles sostenibles en cada sector, lo hará la ocupación. Siendo esta la única opción, caerá también la actividad, se frenarán nuevas inversiones, y unido al precio del despido y la regulación atroz del mercado de trabajo, los incentivos serán tan pobres e insuficientes que dudo que surjan nuevos sectores capaces de arrancar la economía española.

Saludos y Libertad!

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El Hundimiento

Publicado por yosoyhayek en Junio 16, 2009

Sólo un milagro puede salvar a Zapatero del descrédito personal y político. Ni siquiera la maquinaria de propaganda sistemática que sirve a su reinado de la falacia y la incompetencia será capaz de salvarle del deterioro sostenido e imparable de su imagen y credibilidad.

Los escenarios electorales pueden arrojar resultados diversos. Sería razonable que, a pesar de la podredumbre socialista, Zapatero consiguiera aglutinar el voto radical. Aun así, sería más razonable aún, que a pesar de la apatía que transmiten Rajoy y su equipo, bien absteniéndose o, en su caso, votando al PP con la nariz tapada, parte de los apoyos moderados del PSOE concedieran, por acción u omisión, una victoria holgada a los populares.

Si la situación económica sigue como parece va a seguir en los próximos 2 o 3 años, unido a las turbulencias políticas que arrecian contra Zapatero y su PSOE, no sería un disparate que en 2010 tuviéramos elecciones generales. En junio o en otoño, en función de las estimaciones de voto sobre las autonómicas y municipales de 2011. El PSOE podría asumir la pérdida de La Moncloa, pero no puede jugarse un descalabro autonómico similar al de 1995. O moviliza a su electorado ante el recurrente “que viene la derecha” o lo de hace un par de semanas corre el riesgo de convertirse en la primera señal del desmoronamiento del socialismo zapaterista.

España está condenada a padecer una crisis monumental, de la que aún queda mucho malo que ver. El modelo con el que Zapatero pretende enfrentar a ella no solo dificulta la rápida recuperación sino que por el camino compromete la viabilidad financiera del Estado. Ya empezamos a ver signos de un colapso que únicamente la UE impide e impedirá. Dependemos de cómo vayan el resto, de cómo tiren del comercio internacional estos o aquellos, de la capacidad de ahorro extranjera, de las correctas políticas de gobiernos que no son el nuestro. Zapatero, mientras tanto, consolida la dependencia social, la sensación de que sin él y su Estado millones de españoles no tendrían qué llevarse a la boca. Con semejante política el número de dependientes seguirá creciendo, agudizando el problema, haciendo más evidente si cabe su efecto retroalimentador.

Zapatero perderá, ya se encargarán dentro de unos años esos mismos adictos que hoy comienzan a desfallecer, de levantar su imagen, restaurar su legado y manipular la historia. A pesar de sus atentados contra la propiedad, la seguridad y la decencia de los españoles, Zapatero se paseará por el mundo dando conferencias-ficción, iluminando con su mensaje, desplegando todas sus dotes mediocres y repelentes. No creo que llegue a forrarse como Felipe, a costa de asesorar, movilizar cambios políticos, manipular aquí, invertir allá. Pero seguro que vivirá mucho mejor que esa masa de dependientes que hoy se afana por consolidar y hundir en la miseria.

Saludos y libertad!

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Tal para cual

Publicado por yosoyhayek en Marzo 16, 2009

“Una de mensos, por favor!”

Krugman y R. Zapatero, mano a mano, conferenciando y reunidos, demuestran que nada tiene que ver el mérito con el valor. El primero ha logrado su premio Nobel a costa de reverdecer el keynesianismo, convertir a Bush en la fuente de todo mal y ser aupado (a pesar de su estética espesa y cutre) como el gurú económico del momento. El segundo llegó a la presidencia del gobierno y ahí sigue. Muchos le votan a pesar de su peligrosidad contratada. Por desgracia el mercado político no da para mucho más.

Krugman, susurrador vocacional del flamante y pinturero Obama, anhela ser recordado como el teórico del nuevo New Deal, el Keynes del siglo XIX, un referente para todos los historiadores, analfabetos funcionales y fácilmente seducibles mentes contemporáneas y futuras. Un nuevo fantoche, con galones y ofrendas, con nombre y poco más, que por revelación y transmutación nos devuelve esos fundamentos que mantuvieron al mundo “más libre” en un orden de cosas ralentizado y liberticida.

Zapatero pretende encabezar un cambio. A toda costa, sea el que sea. Primero quiso cerrar el melón constitucional reabriéndolo sin pudor. Quiso la cuadratura del círculo autonómico, refundar la idea de España, remozar el Estado y Transformar la sociedad. Poco después dirigió su atención hacia el pasado: borrar la transición política para reinstaurar una idílica legitimidad republicana. Ahora, desvergonzado y sin que nadie le dijera in situ lo estúpidas que eran sus palabras, pretende que España se someta al cambio económico más importante de su historia. El adanismo de este personaje tiene rasgos de psicopatía aguda.

Krugman, que habrá ojeado cuatro cifras nacionales y poco más, nos augura una depresión sin parangón entre nuestros vecinos. No hay que ser un premio Nobel para hacer semejante previsión. Lo que sí es de recibo es acertar en las causas. El problema de estos sofistas es su incapacidad de trazar diagnósticos veraces que sirvan como primer paso en la adopción de medidas eficaces para aminorar los efectos de la crisis.

Krugman, con sus ojos disparados y su mirada de autista, nos presenta un panorama escalofriante. No porque asuma las auténticas taras intervencionistas que nos han llevado hasta aquí, sino porque pretende vendernos su modelo, su solución, su refundación keynesiana en forma de más intervencionismo, más Estado y menos libertad. El sesgo ideológico resulta evidente. No le guía teoría que merezca consideración alguna por su rigurosidad y calidad científica. Krugman quiere que el Estado suplante al mercado. Ansía socialismo, que en el fondo es el término que mejor define toda coacción sistemática e institucionalizada contra la función empresarial del individuo. Y así, a nadie se le escapa (o no debería) que la descoordinación no solo no escampará, sino que arreciará con fuerza hasta hacerse insoportable.

Zapatero pide que nuestra economía se centre en la innovación, en las nuevas tecnologías, en el “conocimiento”. Su estulticia es de campeonato, como si fuera posible un proceso social cada vez más complejo, extenso y productivo sin innovación, nuevas tecnologías y “conocimiento”. Lo que importa aquí es qué sector o sectores van a sacarnos de este desajuste soportando una nueva senda de crecimiento. Para que esta recuperación sea sostenible no bastará con “acertar” en esa elección, sino que las bases monetarias y financieras regresen al proceso social, libre y capaz de garantizar su estabilidad.

La elección del sector o sectores, obsesión socialista y zapateril, no debe estar en manos del gobierno. Se equivoca el presidente si se cree capaz de medir y graduar la intensidad y la elección de esta o aquella innovación. El expolio preventivo seguido de la subvención arbitraria únicamente lograrán hacernos menos ricos, menos dinámicos y competitivos. El mercado libre, en ausencia de intervención y exacción estatal, es el único mecanismo donde es posible la “mejor” asignación de recursos, el descubrimiento de información y conocimiento relevantes y capaces de coordinar y ajustar la economía española. Obsesionarse con este o aquel sector, invertir en una u otra tecnología, no tiene ningún sentido si se hace al margen del mercado y la libertad que lo mueve en todo caso. El gobierno no solo no sabe dónde, cuándo ni cuánto, es que aun cuando tuviera una mínima idea al respecto, su mera actuación distorsionaría señales, impediría el surgimiento de conocimiento e información necesarias, acabando con la posibilidad de que los individuos sean capaces de aprovechar al máximo las posibilidades de nuestra economía (sobre todo percibir las que hoy no existen o no son evidentes, porque seguro que son clave en nuestro futuro).

Krugman y Zapatero, Zapatero y Krugman. Dos enemigos públicos para el resto de individuos, nos vienen con su arrogancia y vergonzante solemnidad tratando de hacernos creer que dejarlo de su mano es la mejor opción…

Saludos y Libertad!

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Black Hole

Publicado por yosoyhayek en Enero 18, 2009

Es el término que mejor define la actual situación. Solbes alerta: vamos hacia algo excepcional. Yo, humildemente, confirmo: la recesión a la que nos enfrentamos tiene dimensiones titánicas, y amenaza con anquilosarse sin visos de ser remediada.

Semejante desbarajuste, la dislocación terrible que estamos sufriendo a nivel internacional, se debe, como toda disfunción en el proceso de mutuo ajuste que es el orden social y de mercado, al intento perenne emprendido por nuestros Estados de suplantar dicho orden por una organización económica. El colapso del comunismo no fue entendido en sus justos términos. La conocida como revolución neoliberal no fue sino un fiasco estatista centrado en hacer viable la intervención en un escenario de comercio internacional creciente y desarrollo económico.

La virulenta crisis que nos ha tocado vivir, observar y analizar, tiene todos los atributos para considerarla como una “tormenta perfecta”, pero es que además, de forma alarmante, cada día que pasa se parece más a un agujero negro que todo lo engulle hasta hacerlo desaparecer.

El País despierta, entreabre uno de sus ojos y analiza sin demasiado acierto el problema de Deuda al que nos está condenando el intento estatista de solucionar la crisis echando más leña al fuego (Mientras, en su editorial de Negocios, desenmascara su auténtico ser: Justificado endeudamiento). Si la turbulencia procede y se verá incrementada por un serio problema de mala inversión y endeudamiento desaforado en sectores sobredimensionados, con los problemas de solvencia derivados en toda la economía y cómo no, con especial importancia en el sector financiero del que emanó la expansión insostenible, a esto debemos añadir el recurso a más deuda por parte de las autoridades para tratar de salir del quebranto. Esta siendo la peor decisión de todas las posibles. Del salvamento del sistema de pagos, impidiendo que cayeran los bancos (medida que resulta coherente dado el sistema de intervención monetaria y financiera en el que actúan estos agentes “privados”) hemos pasado a comprometer de manera irresponsable la riqueza que previsiblemente generaremos los próximos 50 años para salvar sectores justamente quebrados o emprender medidas profundamente equivocadas, y que no harán sino agudizar y prolongar la coyuntura negativa que buscan solucionar.

Krugman, en el mismo periódico, se dedica, como Gurú Demócrata que es, a dar lecciones al nuevo Presidente Obama. Le pide, como en artículos anteriores, valentía y decisión, que afronte la crítica y proceda al mayor plan de intervención pública de la historia de los EEUU desde el maltrecho New Deal. Quiere más gasto público, porque es obvio su espíritu keynesiano en el desprecio de la capacidad privada para emprender, invertir y ajustar. Demanda medidas de protección social que solo tendrán una consecuencia: aumentar el número de necesitados, y de esta forma, caer en una espiral absurda en la que su incidencia destruyendo riqueza justificará ulteriores aumentos presupuestarios para ayudar a los nuevos pobres…

La economía internacional, dado que todos los gobiernos con contadas excepciones, se han puesto de acuerdo en ser ellos quienes con más estatismo que nunca (más expolio y más redistribución) pretenden capear el temporal, no va a salir de esta fácilmente. No va a llegar el reajuste necesario, la deflación se ve como un problema y no como la oportunidad de identificar precios inflados, sectores sobredimensionados, poniendo de nuevo las cosas en el punto de partida previo a la expansión. Krugman rechaza la bajada de impuestos porque sería un despilfarro de recursos dejarlos de mano de sus legítimos propietarios, que ya sabemos que son estúpidos guiados por pulsiones viscerales e incapaces de acertar en sus decisiones, cosa que sí puede hacer el Estado… Y mientras tanto todas las medidas, de corte keynesiano (fiscales, gasto e intervención) o monetaristas (manipulación la base monetaria y los tipos de interés) caen sin remedio en un agujero negro que crece y crece para desesperación de los intervencionistas. Se mueve, del atlántico al pacífico, regresa con un mayor tamaño, engulle y vuelve a desplazarse. Quemados todos los cartuchos a disposición de los bancos centrales, endeudados los Estados, devorado el ahorro global, zancadilleados los efectos positivos de la deflación (sentando las bases para una más que probable hiperinflación)… se acabó la justificación científica, terminó la coartada. Los Estados tienen que recurrir a lo que en definitivas cuentas les hace pervivir y resistir: el miedo y la sensación de falsa seguridad.

Salvo Shocks externos e inesperados (no puedo imaginar de qué tipo), la recesión en la que hemos entrado acabará convirtiéndose en una depresión de proporciones inauditas, que durará años y años sin visos de ser resuelta sin un cambio radical de estrategia. La única solución estará en la merma estatista, en dejar que el proceso libre de mercado nos lleve a una coordinación que resulta imposible cuanto mayor sea el solapamiento del Estado sobre el orden social. Hasta entonces languideceremos cada vez más y nuestra riqueza se irá despiezando y descomponiendo merced de una Agujero Negro con nombres y apellidos.

(En España la situación es mucho peor. Merecerá un post la descripción de los elementos fundamentales que justifican esta tesis)

Saludos y Libertad!

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Del aquí no quiebra nadie al, “aquí nadie se queda en paro”

Publicado por yosoyhayek en Diciembre 4, 2008

Pero claro, la marea avanza, cerramos 2008 con 3.000.000 de parados, y el 2009 promete un 50% más. Vaya con España, por qué a nosotros? Pues muy sencillo, gracias a actitudes y medidas como la planteada por Zapatero en una reunión, formal, de foto, con la industria del automóvil: condiciona ayudas al sector siempre y cuando la empresa beneficiada no despida a nadie. Así empezaron en Japón y todos sabemos cómo acabaron: más de una década de recesión. Y por cierto, todos los indicadores salvo el del paro, que por ahora, en España, marca tasas de escándalo, nos hacen pensar que las medidas anticrisis nos llevarán, indefectiblemente, a una situación parecida.

El gobierno, también el nuestro, se disponen a movilizar y captar ingentes sumas de recursos para tratar de reconducir la situación. En un mix keynesiano, neokeynesiano, monetarista descafeinado y no sé sabe qué más corrientes y paradigmas (el austriaco no lo veo por ningún lado), la consigna es: a consumir todo el mundo, que nadie revise planes de acción y preferencias temporales, que nadie ajuste o acomode sus decisiones a la nueva situación. Pero claro, el paro crece a velocidad de vértigo y forzosamente esos desempleados tendrán que cambiar sus planes. Para el gobierno es sencillo, los que queden, los que todavía no hayan sufrido en embate de la recesión, deben seguir como si nada, caminando entre zombis, mirando al frente, reproduciendo metódicamente su comportamiento de hace tan solo un año. Hasta que les llegue a ellos, claro…

Se están adoptando las peores medidas, en todos los frentes, la peor actitud, la más penosa y suicida. Aun en el mejor de los casos, con una recesión de la que nadie nos salva, todo conduciría a estancar la situación y retrasar el ajuste, un tiempo, poco, pero con efectos aún más devastadores. Esas son las consecuencias del cortoplacismo de gobiernos y políticos. No pueden soportar la responsabilidad de las medidas adecuadas. Es un sálvese quien pueda, o el dicho keynesiano, total. “mañana todos muertos”, o todos calvos, nunca se sabe.

Veamos la oferta del gobierno: si usted hace como si no hubiera pasado nada (caída en las ventas de vehículos rozando el 50%), no reajusta su actividad y despide a parte de su plantilla, TRANQUILO, que Yo (Estado), con dinero confiscado o irresponsablemente captado en el mercado de fondos prestables (vía Deuda Pública), le mantengo en su ficción, y aquí paz y después gloria.

Lo que menos necesitamos en estos momentos es que nadie, y menos el gobierno, trate de achicar agua y sellar vías con cartones. La caída del consumo es buena señal, y no todo lo contrario: aumenta el ahorro y se insta a los productores a ajustar sus decisiones. El nuevo ahorro sentará las bases de la recuperación con inversiones en los sectores donde esos recursos sean más valorados. El despido, es buena señal: durante años han crecido burbujas o se ha descontrolado el consumo gracias al dinero fácil; el ajuste requiere despidos, pero también que esos recursos liberados (trabajadores) se recoloquen en las nuevas inversiones sostenidas en ese nuevo ahorro. Las barreras de salida son barreras de entrada.

España sufre con más intensidad el ascenso en los niveles de desempleo, no porque Bush, los EEUU, las subprime y demás retórica demagógica del gobierno, se hayan obsesionado con nosotros, sino porque tenemos (además de una burbuja inmobiliaria mucho mayor que la norteamericana) un mercado laboral fuertemente intervenido. Cada parado, cada persona que quiere trabajar pero no encuentra, entre otras cosas, pero con especial atención, deberá dirigir su rabia y legítimo cabreo no contra el Capitalismo y demás hombres de paja, sino con Sindicatos y Legislación laboral, contra medidas como la de “aquí no se despide a nadie”, o “aquí no quiebra nadie”, que no hacen sino distorsionar y entorpecer la recuperación en la que necesariamente se crearan los nuevos puestos de trabajo que ocuparán a los despedidos hoy.

Mientras que el Estado pretenda ser parte, intermediario y artífice de la recuperación, está tardará o no terminará de llegar. El sufrimiento generado, por desgracia, será atribuido a cualquier cosa menos al propio modelo de intervención y las políticas adoptadas por unos gobernantes que tienen la mirada puesta en las próximas elecciones, y en función de ello deciden entre el pan para hoy y el hambre para mañana.

Saludos y Libertad!

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Marcha atrás o, más de lo mismo

Publicado por yosoyhayek en Noviembre 30, 2008

Como cada domingo, con El País calentito entre mis manos, procedo a revisar y leer Negocios, suplemento de economía y mercados. Sorprende el negacionismo perpetuo en sus redactores y firmas habituales. Sin mirar atrás, niegan las causas ciertas de la crisis e ignoran, o prefieren obviar deliberadamente, lo suicida de la mayoría de las medidas emprendidas y propuestas como paliativo o panacea del nuevo orden monetario, económico y financiero global.

Prefiero ser escueto y no volver a darle cien vueltas a lo que ya he tratado reiteradas veces en esta bitácora. Por eso, al hilo del artículo, Marcha Atrás en la Ortodoxia, comentaré algunos de los aspectos que me parece importante destacar y matizar.

Deflación: ya dijimos que se podía convertir, y de hecho así está siendo, en el mal que todo lo justifica, resorte para acometer las más brutales intervenciones. Se teme que los precios se desplomen. El crédito contrayéndose a una velocidad de vértigo (se devuelven más préstamos de los que se conceden, sumado a los fallidos por morosidad, quiebra y pérdida de valor de activos…), los dólares y euros electrónicos, como meros apuntes contables, ceden posiciones a marchas forzadas. Antes de la crisis había un euro/dólar impreso por cada 10 que los agentes económicos creían tener a su disposición. El margen de caía es considerable.

Sin embargo el desplome de los precios no es sino un síntoma de reajuste, de que las cosas se están haciendo bien. Cae el consumo y crece el ahorro. Los particulares replantean su comportamiento y preferencia temporal. Este cambio despliega las previsiones del conocido como Efecto Ricardo: aumentan los despidos a costa de incrementar la inversión en bienes de capital, en las fases más alejadas del consumo. Esta inversión demanda los recursos liberados y todo tiende a reajustarse. El tránsito de un lugar a otro es clave, y su flexibilidad o rigidez puede ser la pieza que haga más lenta o menos penosa la recuperación.

Trampa de la liquidez: para evitarlo se han adoptado y adoptarán varias medidas. Bajar el IVA para alentar a los consumidores a no disminuir su ritmo, como recomiendan todos los keynesianos de camarilla: nadie tiene porque variar sus planes de acción previos a la crisis; qué barbaridad!

La Reserva Federal, para luchar contra el fantasma de la Deflación, inyecta 800.000 millones de dólares de nueva creación, con los que engrosar su balance, a través de la adquisición de títulos a los bancos. Su intención es que estos, cargados de liquidez, decidan prestar más y más, volviendo a girar la manivela de la expansión crediticia, en la que confían la salida de esta Recesión (que pronto será Depresión). Gordon Brown, consciente de la ingenuidad de que así sea el comportamiento de los bancos, y no la prudencia y contención en sus dispendios, amenaza con nacionalizarlos si no fuera así.

Menos impuestos sobre el consumo y más dinero. El miedo a que la Trampa de la Liquidez keynesiana entre en escena empuja a los Gobiernos hacia otras políticas, también fiscales, más directas y consideradas mucho más eficaces a corto plazo.

Gasto y más Gasto: con esa desconfianza endémica en los agentes económicos privados, el sector público se hace con las riendas de la inversión, proyectando un incremento del gasto en infraestructuras y actuaciones sectoriales, llevando a la práctica aquello de, hágaselo usted mismo. Como panacea de la justificación de todo este despilfarro en forma de déficit, sumado al peso de los planes de rescate empaquetados como deuda pública, qué mejor que subirle los impuestos a los ricos. Los tramos más altos parecen ser, ante el gran público, un saco sin fondo del que obtener cantidades ingentes de recursos. Nada más lejos de la verdad, ya vimos que apenas el 15% de la recaudación sobre la renta procede de ellos. Los que pagan son los tramos medios y en general las rentas medias. Estas medidas no son sino mera propaganda estatista.

Planes de Rescate y activación del crédito: si algo parecen haber logrado los Estados con sus planes de rescate (adquisición de activos tóxicos y títulos de dudosa calidad, garantía de los depósitos, avales…) es salvar, por el momento, a la banca del desmoronamiento sistemático y consecuente, dado el modelo de intervención en el sector y la insostenibilidad del crecimiento acumulado. Pero algo ha fallado: no ha bastado con su salvamento para que volvieran a activar el crédito, de ahí que, como hemos visto más arriba, se les instigue vía inyección de liquidez a prestar a toda costa.

En estos días, aquí en España, comprobamos la virulencia del reajuste. Varias inmobiliarias están en ciernes de suspender pagos o quebrar directamente. Esa es la punta del Iceberg. La cadena de suspensiones de pagos es imparable. Para solucionarlo nuestros brillantes gobernantes y economistas mainstream han optado por la japonización de la economía. Son conscientes de que a ellos les fue fatal, pero, qué más da! La amenaza de Brown se traduce en el fomento o imposición del “aquí no quiebra nadie”: un rollover crediticio por el que las empresas puedan obtener créditos indefinidamente para cubrir los créditos vencidos y que no son capaces de afrontar. Esto unido al margen que aún le queda al BCE para bajar los tipos de intervención hasta cero, son nimias esperanzas de poder salvar los muebles sin que se note demasiado que son ellos, los bancos centrales, el epicentro de todas las crisis.

Devaluación: con el Euro se acabó el recurso a la devaluación de la moneda nacional respecto a las extranjeras. En situaciones de crisis generalizadas o globales como esta, la cadena de devaluaciones llega a anular la medida. Como bien señala el profesor Huerta de Soto, es la primera vez que los agentes económicos y los reguladores o el gobierno de España se enfrentan a una crisis sin el recurso de la devaluación de la peseta. De este modo no queda otro que reajustar y reasignar factores, que quiebren las malas inversiones y se invierta en los sectores donde parezca convenir dada la situación del comercio internacional y el nivel de precios de uno u otro producto. Percibir señales y ejercitar la función empresarial, asumiendo pérdidas y encarando el futuro con valentía. No cabe falsear la situación y perpetuar situaciones demostradas como insostenibles.

China y Países emergentes: quien crea que de esta crisis saldrá un nuevo mapa de poder económico, me temo, que no está en lo cierto, o no lo está en virtud de las apetencias ideológicas o miserias intelectuales que le empujan hasta semejante conclusión. Todo dependerá del acierto en las políticas, del grado de intervención y las trabas impuestas a la senda natural de recuperación. China ha crecido a costa de ser el taller del mundo. Vende a los EEUU y a Europa, y de su gripe no sólo se contagiará con un mero resfriado. En China y otras potencias emergentes se invierte a un ritmo frenético, el crecimiento es disparatado y el movimiento de recursos y factores de producción ingente. Las malas inversiones son profundas y estructurales. En el momento que su crecimiento caiga por debajo del 7 o el 5% es previsible que afloren muchos o todos los males. Para afrontar la crisis y sus efectos presentes y futuros en la economía china, sus autoridades han decidido seguir la senda keynesiana occidental. Pero con algo más de espíritu dictatorial: subida general de sueldos, para que todos consuman mucho más, y subida masiva del gasto público. De nuevo Huerta de Soto apunta un inminente o pronto “petardazo”  en China, juicio extensible a las economías de otras tantas potencias de su corte y condición.

 

Todas estas ideas y conclusiones proceden en gran parte del fantástico repaso que hizo Huerta de Soto en su seminario del 27 de noviembre de 2008. Cuando uno lee cosas como el artículo publicado hoy, en el suplemento Negocios de El País, firmado por Paul Krugman, tratando de inhibirse ubicándose en el lado de los que sí supieron prever la crisis que hoy padecemos, no puede sino sonrojarse por vergüenza ajena. Los que llevan casi un siglo advirtiendo las causas ciertas de las crisis cíclicas son los miembros de la Escuela Austriaca, para mofa y desprecio del resto de escuelas. Mises, Hayek, y más recientemente Garrison o Huerta de Soto, han demostrado que únicamente disponiendo de una buena Teoría del Capital es posible la comprensión de las conexiones entre el lado real y el lado financiero de la economía. Que Krugman, con un artículo insulso impropio de un economista serio, sin demostrar nada, con simple palabrería y un “ya lo dije yo”, pretenda quedar por encima, es patético, cuando no un insulto a la inteligencia de muchos. Ahora, no puede evitar su estulticia recurrente, puesto que en los últimos párrafos saca la patita, y sin explicar ni una sola causa, echa la culpa de la situación a la codicia, la avaricia y demás vicios humanos. Dice que de cara al futuro sólo nos queda tratar de “frenar nuestro desenfrenado sistema financiero con el objetivo de evitar o al menos acotar la próxima crisis”… y punto… eso sí que es teoría económica de la buena…

Saludos y Libertad!

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Cuando el Estado devora el ahorro de sus ciudadanos

Publicado por yosoyhayek en Noviembre 26, 2008

No es que me quiera extender mucho con el tema, pero he aquí una de las consecuencias del estatismo que mayor sufrimiento y desajustes provoca. El Estado devora cada año el 50% de nuestra riqueza, pero es que además regula fuertemente el uso que podamos dar al resto. La renta del ciudadano medio mengua merced de los impuestos y contribuciones forzosas a la seguridad social. Fruto de esta presión justificada en principios como la garantía común de la previsión de infortunios o directamente la vejez, nace un individuo incapaz, por lo general, de afrontar su propia existencia disciplinando su voluntad, interiorizando los costes de sus acciones y calculando y especulando respecto a su futuro próximo o lejano.

No dejamos de ser humanos por culpa del Estado. Sigue vivo en nosotros el espíritu individualista, pero nadie es de piedra, y el que más o el que menos se entrega a la irresponsabilidad y los instintos atávicos propios de la vida tribal de hace miles de años.

La mitad de los españoles entre 30 y 55 años no ahorran nada, llegan justos a fin de mes y confían su futuro al Estado. Esta degeneración moral y personal tiene consecuencias. Muchos de aquellos que nada ahorran no tienen opción. La presión fiscal y el coste social les privan del margen que sí podrían haber invertido mejor en su previsión y futuro inactivo. El Estado se escuda en los servicios y bienes que dispensa, afirmando que fuera de su dominio y la exacción forzosa para sufragarlos, sería imposible su mera existencia, y menos aún una calidad similar. Esto, en la teoría y en la práctica se ha demostrado como otra de las falacias con las que tratan (y generalmente consiguen) engañar al personal.

Mientras tanto el Estado sigue engullendo nuestra renta, en sentido amplio, y fiscalizando nuestro patrimonio y logros. Eso que nos quita lo gasta, en parte, en servicios necesarios, pero siempre de forma redistributiva e ineficiente, al margen de las preferencias personales de cada uno de los que son víctimas de expolio. Otra parte la malgasta o invierte en cuestiones que en un mercado libre no lograrían dicho respaldo financiero, generando desajustes y desequilibrios que tarde o temprano contribuyen al desencadenamiento de crisis recurrentes (crisis del estatismo, claro).

La única esperanza para salir de la actual, compleja y diversa, fruto en este caso de la intervención monetaria y financiera, así como de concretas políticas adoptadas arbitrariamente por gobiernos de toda tendencia y condición, está en el ahorro y el libre mercado. Únicamente el sacrificio existente y el nuevo sacrificio en forma de ahorro podrán favorecer la coordinación suficiente para saldar malas inversiones y dirigir esfuerzos en los ámbitos olvidados en el periodo expansivo. El mercado asignará allí donde sea más valorado cada bien, es decir, conducirá al inversor a los sectores clave. Habrá errores, pero nunca masivos. Habrá fracasos, pero nunca suficientes para impedir la recuperación y el crecimiento sostenible.

Si los individuos no son dueños de lo que producen o de lo que son propietarios, la perturbación sobre el mutuo ajuste y la coordinación social hará sucumbir cualquier intento por salir de esta crisis lo antes posible. No es una buena noticia que la gente no ahorre, pero no debe sorprender a nadie la incapacidad de sacrificio y previsión, la responsabilidad sobre el propio futuro, o lo que es peor, una situación en la que aunque así lo quisiéramos el Estado dispone sobre nuestra riqueza, mucha o poca, y decide por nosotros…

Saludos y Libertad!

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Más gasto, menos impuestos y más dinero en circulación

Publicado por yosoyhayek en Noviembre 26, 2008

Son las medidas con las que afrontar el asumido de antemano fracaso de los planes de rescate. Puede que las entidades beneficiadas sobrevivan, pero los efectos positivos en cuanto a la reanimación económica, están muy lejos de ser ciertos. Los gobiernos del mundo echan mano de viejas recetas, teorías marchitas y profundamente reconsideradas, pero que en tiempos de crisis, cuando ya nada parece funcionar, representan la única alternativa “viable” que no suponga la paulatina desaparición del Estado.

Tenemos dos opciones para hacer de esta recesión un periodo relativamente breve: por una lado, la alternativa liberal, o lo que es igual, la mengua del Estado, bajada del gasto, de tributos, regulación y vuelta al patrón oro y un sistema financiero libre y autoajustado; y por otro, el ánimo estatista: dejarlo todo como esta, tratar de sellar las fugas en el casco y seguir remando a la espera de un milagro…

Analicemos la segunda de las opciones, puesto que parece ser la dominante. Desde Europa, la Comisión, tras la iniciativa del gobierno británico y el cariz que está tomando la estrategia económica de la nueva administración norteamericana, toda la atención se centra en dos puntos: animar la demanda agregada, y por ende, la restauración de niveles crecientes de crédito. Se busca que no decaiga el consumo y al mismo tiempo se sostenga y aumente la inversión. Variables que en una economía sostenible deben ir en sentido opuesto, cuando lo hacen en la misma dirección, se generan los desajustes y quebrantos que hoy padecemos en forma de recesión. Aun con todo, la salida al problema supone sentar las bases de crisis futuras, en el mejor de los casos, porque como todo apunta, no será sino el resorte para hacer de esta una depresión mucho peor que la de los años 30 del siglo pasado.

Los gobiernos se proponen activar la demanda con dos mecanismos: la bajada de impuestos, como aquí la farsa adoptada ahora por los Socialistas respecto al impuesto de patrimonio, y, desde Reino Unido pasando por la Comisión, recortes significativos en el IVA. Dejar en manos de los contribuyentes una cantidad equivalente al 1,5% del PIB de la UE. Si a esto unimos el presunto saneamiento del sector financiero y el arranque de los planes de rescate reactivando la concesión de crédito, es de suponer (mucho suponer) que los efectos sobre la Demanda Agregada (dichoso Keynes) no tardarán en llegar.

Como se desconfía, y de qué manera, en la capacidad inversora y el acierto de los agentes privados, el Estado se convierte en el actor de referencia en la toma de decisiones y la asignación de recursos. Para que la inversión pública tenga suficiente capacidad en un panorama en el que se bajan los impuestos, o bien se sufraga con dinero de nueva creación o echando mano de la deuda pública. Más gasto y menos ingresos genera déficit. Esa es la receta.

Si la deuda pública no estaba ya a punto de colapsar, debemos unir déficits muy por encima del 3%, o esa es la previsión complaciente de gobiernos como el español. Parecen no comprender que todo ese dinero sale de algún lado. La capacidad de ahorro global está siendo engullida por las necesidades de los Estados, inauditas y crecientes. Succionar hasta la última gota de los recursos que deberían estar a disposición de los agentes privados, allí donde fueran más valorados, para proceder a las inversiones sectoriales capaces de reajustar y corregir los desequilibrios que nos han conducido a la actual situación, no es la mejor política contra la recesión. Los gobiernos ofrecen condiciones favorables pero asignan el ahorro captado en salvar y perpetuar las viejas y equivocadas inversiones. Contribuyen a retrasar o impedir el reajuste. Además comprometen a las próximas generaciones con un endeudamiento desbocado y generan las distorsiones que nos harán caer en la larga depresión que nos espera, o, en el mejor de los casos, en las próximas crisis económicas.

Consciente del límite y de los efectos que trae consigo el recurso masivo e indiscriminado a la deuda pública, unido al fracaso en la reactivación del crédito, los gobiernos se ven en la tesitura de adoptar otras medidas. Es lo que ha anunciado el tesoro y la reserva federal de los EEUU. La contracción del crédito, la caída en el consumo y la presunta incapacidad privada de activar la inversión, están haciendo más que posible un escenario deflacionario no dentro de mucho tiempo. O ese es el miedo que quieren presentar ante la población como justificación de toda medida, por muy extrema que parezca, para evitar semejante escabechina de deudores (el primero, el Estado), con consecuencias abruptas y trágicas cuando se viene de una situación inflacionaria crónica como la actual.

Para evitarlo, y esa era mi sospecha de hace días, tristemente confirmada, puesto que la expansión crediticia se les ha atragantado y los planes de rescate no han logrado el efecto querido, no queda otra que la emisión física de nuevos dólares, o nuevos euros (todo llegará). La reserva Federal fabricará 800.000 millones de dólares con los que adquirir títulos hipotecarios y deuda emitidas por los gigantes semipúblicos (ya intervenidos y salvados)  Fannie Mae y Freddie Mac y la Federal Home Loan Banks. Ese nuevo dinero inundará el mercado presuntamente desde el punto que es más necesario, favoreciendo el crédito, la nueva contratación hipotecaria, aliviando a los consumidores y haciendo revivir sectores estratégicos…

Son muchas las medidas, todas a la desesperada y fundadas en un error teórico de bulto: no es la caída del consumo y la incapacidad privada de afrontar nuevas inversiones o mantener las ya consolidadas lo que ha originado la crisis. Todo viene de las políticas expansionistas orquestadas por los bancos centrales, con tipos bajos y excesiva liquidez. Tratar de arreglar el desaguisado echando más leña al fuego sólo logrará que la situación no solo no cambie, sino que agudice las contradicciones y perpetúe los desajustes. Recurrir a tipos bajos, más gasto público, políticas fiscales espurias, inyección de liquidez o emisión de nuevos dólares o euros, pueden presentarse como las opciones más sencillas, pero, recordemos, que se fundamentan en postulados teóricos keynesianos, profundamente equivocados y, lo que es peor, demostrados inútiles en varias ocasiones.

Me temo que la situación es tan desesperada, que cada paso dado en los últimos meses no ha hecho sino empeorarla,  que las consecuencias, terroríficas, no tardarán en verse… pero serán, tan solo, una pequeña parte de lo que nos espera. El Estado es el origen y el Estado será quien nos condene a la mayor depresión económica de nuestra historia.

Saludos y Libertad!

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Los intervencionistas y el miedo a la Deflación

Publicado por yosoyhayek en Noviembre 24, 2008

Obama advierte del “riesgo de caer en una espiral deflacionaria”. El País de ayer,  afirmaba: “El Fantasma de la deflación sobrevuela Occidente”. Con un guiño evidente al Manifiesto Comunista, la “comunidad” progre, de un lado y otro del Atlántico, meten miedo a la opinión pública anunciando la posibilidad de entrar en un periodo de Deflación a la japonesa (durante casi todos los 90´ y parte de los 2000´).

El estatismo vive de la expansión crediticia sin base en el ahorro real y, cómo no, de la inflación. Para saber de lo que hablamos procede no caer en las definiciones que manejan sus propagandistas de lo económico, ni el torticero uso de índices públicos como el IPC.

Inflación es: todo aumento de la cantidad de dinero que se ofrece en el mercado que da lugar (ceteris paribus) a una disminución del poder adquisitivo de la unidad monetaria, es decir, un aumento de los precios de bienes y servicios de forma generalizada, consecuencia de un aumento de la masa monetaria o disminución de la demanda monetaria.

Por tanto, Deflación es: toda disminución de la cantidad de dinero, o de la oferta monetaria, o aumento de la demanda de dinero, que, ceteris paribus, da lugar a un aumento del poder adquisitivo de la unidad monetaria, y la consecuente disminución de los precios del resto de bienes.

A pesar de la claridad de estas definiciones la propaganda estatista ha logrado que los ciudadanos interioricemos un significado alternativo, opaco y recurrente, con el que manipular datos y confundirnos en todo momento. A través de índice como el de precios al consumo, los gobiernos ofrecen tasas de inflación maquilladas y sesgadas, pero también que ocultan la auténtica pérdida de poder adquisitivo de la unidad monetaria.

Es decir, mientras que la base monetaria, la cantidad de dinero (físico y electrónico) ofertada en el mercado, ha crecido por encima del 10% tanto en la zona euro como en los EEUU en los últimos años expansionistas, la inflación, al menos en España, ha rondado, o ni siquiera superado, el 3%. Ese diferencial oculta el incremento sostenido de la productividad, la mejora tecnológica y la bajada real de precios al consumo. Sin ese elemento la economía no habría sido capaz de absorber la nueva masa monetaria, generando un efecto súper inflacionario capaz de destrozar toda la estructura productiva.

Los defensores de la Inflación, como regla general y deseable, son los mismos que le atribuyen neutralidad en sus efectos (afirmación completamente falsa: el que primero recibe el nuevo dinero compra a precios antiguos, mientras que el último compra a precios inflados, es decir, hay una redistribución innegable de la riqueza; no todos los precios varían del mismo modo), o sus efectos positivos de cara al desempleo (se pretende generar actividad a corto plazo, sin asumir sus efectos a medio y largo; ahora mismo esta relación inversamente proporcional ha dejado de funcionar). Los inflacionistas temen sobremanera la posibilidad de que la demanda efectiva de bienes, incluido el dinero, crezca por encima de su oferta, generando, ceteris paribus, el incremento de su precio; en el caso del dinero, de su poder adquisitivo.

Pero es que ocurre todo lo contrario: el aumento de inversión, la mejora tecnológica y de productividad, incrementan la oferta de bienes haciendo que sus precios caigan considerablemente. Como bien dijo Mises, a cualquier cantidad de dinero, puede funcionar la economía. Los que temen esta bajada de precios con oferta rígida de dinero alertan de los perniciosos efectos de la Deflación, que haría a la unidad monetaria cada vez más apreciada y con un mayor poder de compra.

Para estabilizar esta situación el estatismo, se vista de política neoliberal o retroceda directamente al descaro socialista, recurre a la expropiación del dinero y la renuncia al patrón oro (cuya oferta crece de forma muy estable en función de su producción minera), que necesariamente propiciaría una situación deflacionaria. Para evitarlo se echa mano del dinero fiduciario cuya oferta queda en manos de las autoridades, decidiendo qué cantidad imprimir y qué tipo de intervención fijar para orquestar la ulterior expansión crediticia (de cada 10 euros que creemos tener, solo uno es físico, el resto son apuntes contables).

En periodos de gran crecimiento de la productividad y mejora tecnológica, como fueron los 90´ y los 8 años que llevamos de siglo XXI, esta inyección continua y extrema de nueva oferta monetaria, a pesar de su terrible intensidad y cuantía, ha generado subida de precios, o depreciación de la moneda, relativamente moderados. Para comprenderlo basta con hacer la reflexión presentada más arriba. Si crece la oferta un 10% y la inflación (maquillada) es del 2%, en una situación normal, es posible que la deflación hubiera sido de más del -5%.

Cuando se pasa de una situación inflacionaria a una deflacionaria, como quieren advertir los estatistas y sus medios, como sucedió en Japón desde su crisis de finales de los 80´, nos encontramos, efectivamente, ante una situación complicada y perversa. La contracción del crédito puede ser tan intensa como brutal fuera su expansión. Si a esto unimos la desconfianza, la morosidad y el acaparamiento de moneda, es obvio que la oferta de dinero se reduce mientras que la demanda no tanto.

En situaciones de crisis cae la actividad, cae el consumo, y con ello, bajan los precios de los bienes y servicios de forma independiente a lo que suceda con la oferta o demanda de dinero. Si esta ralentización implica la caída en la demanda de dinero, muy por encima de la caída efectiva de su oferta (contracción crediticia, por ejemplo), tendremos recesión inflacionaria. Si por el contrario es la oferta la que se contrae súbitamente mientras que la economía no ve caer en tanta medida su demanda de dinero, este tenderá a apreciarse más, generando un periodo deflacionario. Ese parece ser el miedo que quieren inocularnos los que apuestan por más intervención como salida de la crisis. Amenazan con que si se reduce el crédito, las consecuencias serán terribles. Es preferible la inflación por aquello de que deudor (quién debe más que el propio Estado?) sale beneficiado, frente a momentos deflacionarios, donde, con intereses positivos (si siempre hubiera deflación, los intereses, obviamente, serían negativos), el claro beneficiado sería el acreedor. Como todos, de una forma u otra, somos deudores (empresas y particulares), o así tendemos a sentirnos, el mensaje llega y acaba calando. Inflación indiscriminada, redistribución inducida de la renta e incautación por parte del dueño del dinero (el Estado), de un silencioso impuesto sobre todo el que tenga su riqueza directa o indirectamente en unidades monetarias.

Es evidente que pasar de una inflación perpetua y sostenida a una deflación súbita conlleva perturbaciones y quebrantos dolorosos y difíciles de afrontar en el corto y largo plazo. Lo que no vemos ahora es que la bajada real de precios de determinados bienes, como el petróleo o los alimentos (cuya subida fue debida cuellos de botella producidos por los errores de inversión en la fase expansiva), no es necesariamente síntoma de que la inflación caiga. No debemos confundir los índices agregados con la realidad. Cada precio es un mundo, al agregarlos se busca manipular e intervenir económicamente favoreciendo a unos frente a otros. Pero es que además dentro de esas subidas y bajadas de precios debemos ser capaces de discriminar entre lo que es inflación monetaria y lo que no.

Las caídas en el índice oficial pueden ser debidas a que un precio, como el del petróleo, por causas reales, haya bajado, pero eso no hace que la inflación sea estable y sostenida. Si las bajadas en el IPC son causadas por la efectiva disminución inflacionaria, o el primer paso dentro de un proceso deflacionario, es muy distinto.

Con los meses veremos ante qué situación nos hallamos. Los gobiernos apuestan por la inflación como última baza. Cuando sus planes de rescate fracasen dejando su deuda por los cielos, qué mejor que paladas y paladas de dinero, otra expansión crediticia, para salir de esta crisis, no corregir los excesos de la actual, y postergar unos años sus efectos, aumentados, eso sí, con la nueva inyección creando nuevas burbujas y nuevos desajustes. Eso es lo que se hizo tras la crisis de las .com y lo que se ha querido hacer para evitar esta. Pero no ha bastado y los planes de rescate son la última opción al tiempo que la peor opción. Si nos empiezan a tratar de atemorizar con la deflación es porque saben inútiles todas sus medidas hasta el momento y preparan ya la reeefinitiva

-Juan Ramó Rallo, ¿Inflación o delación? e, inflacionismo, causa última de la crisis.

-RöpKe, Estado benefactor e Inflación crónica.

 

Saludos y Libertad!

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Zapatero y el Panóptico Financiero

Publicado por yosoyhayek en Noviembre 13, 2008

Queda poco, muy poco para la cumbre del G-20+1. Los intereses españoles estarán representados por J.L., que no es una tienda de moda viejuna en Serrano, sino el Presidente del gobierno, un puestazo. Prepara papeles y el discurso más brillante de su carrera internacional (Donde se culpará de crisis a Thatcher, Reagan, Aznar, y Bush… bueno, a él no, que está presente y nos plan de hacerle un feo). Nunca se había visto en una así. Todas las cámaras apuntando, los medios de medio mundo radiando, y 20 líderes pasmados por la intriga de escuchar lo que con tanta persuasión ha logrado vender ZP.

Empiezan a salir noticias al respecto. Ha encargado a su Think Tank particular (no es el IJM, tranquilos), dirigido por ese intelectual de izquierdas, bobalicón y algo analfabeto, llamado Caldera, Jesús!, la confección de las bases que respaldarán el discurso y las propuestas de la cumbre. Entre ellas cosas tan bonitas como la “democratización” del Banco Mundial y el FMI. No sabemos si se celebrarán elecciones globales, el 1 de mayo, por ejemplo, para nombrar a sus miembros, o serán nuestros gobiernos los encargados de comportarse “democráticamente”, que no tengo muy claro lo que exige pero sí la cantidad de canalladas que se pueden esconder detrás del eslogan.

Otra de las maravillas con las que tratan de sorprendernos (inútilmente, algunos estamos curados de espanto) es con una de esas redefiniciones rocambolescas y rimbombantes en las que incluir el término Mercado, y a continuación una sarta de palabras huecas con las que vaciar aquel de contenido. La refundación del Capitalismo (en otras palabras, y no es fly me to the moon, pero casi, la reconversión del intervencionismo monetario y financiero, que es lo que venimos teniendo y parece que no dejaremos de practicar) hacia el nacimiento de… tambores y algún platillo, un gong y un coro ruso grave grave… La Economía Social de Mercado, garante de la Paz Social, protectora del medio ambiente, concienciada del Cambio Climático, y el etcétera que más guste.

Los socialistas, obsesionados con la posibilidad de planificar la vida económica, llenan sus bocas con aquello de Economía Productiva, tejido industrial, Especulación salvaje, o como dijo Gallardón, ese prócer, precios justos coherentes con el valor de las cosas (ein?!) y una economía volcada en la creación de empleo (vaya!). Acaban de comprender, todos los que viven de la expansión crediticia, de la montaña rusa (con o sin Repsol), del “agárrate una cogorza, que total, son dos días, y el que venga por detrás, que arreé”, aquello de que las inversiones a largo no deben financiarse con deuda a corto, o lo que es lo mismo y parecido, que el ahorro debe graduar y ajustar conjuntamente con la demanda de fondos prestables, el precio del crédito, o tipo de interés, y de ahí, la preferencia temporal de la economía, es decir, cuánto queremos consumir hoy, cuánto mañana, y cuánto, al parecer, dentro de 30 años. Sólo así se logra una economía “productiva”, si por productiva se entiende la inversión en fases de la producción capital intensivas, alejadas del consumo, que en su momento hará que los precios caigan, se incremente la productividad del trabajo y el capital, todos vivamos mejor ya la cosa vaya bien. Pero claro, por mucho canto de sirena y brindis al sol que hagan, lo duro es comprender que para que así sea debe el Estado desmontar el tinglado organizado para su interés e ilusión sinóptica (de creer poder verlo todo, y todo controlarlo y ajustarlo con eficiencia insuperable). Con dinero fiduciario, sin patrón oro, con reserva fraccionaria y Bancos centrales, las expansiones del crédito no cesarán y el crecimiento será insostenible, revertiendo en crisis y recesiones como la que vivimos.

La receta para solucionar el quebranto financiero que lleva Zapatero al convite de los 20+1 es el modelo español de supervisión, que si bien es cierto es más solvente que otros, no ha impedido que la expansión del crédito haya generado burbujas, malas inversiones y el consecuente peligro de una morosidad creciente y el descalabro contable de las entidades. Creer que el plan de rescate organizado por Moncloa se debe en exclusiva a los efectos arrastrados de las dichosas subprime y los males norteamericanos, es burdo, no se corresponde con la realidad o esconde un ánimo distorsionador inquietante.

Last, but not least, la gran propuesta, en la que seguro ha participado Pepe Blanco, Caldera, de la Vega y la ministrilla de Igualdad al compás. La creación de un Panóptico mundial como gendarme de los mercados financieros, padre de todos nosotros, ser inmaculado, ojo que todo lo ve, amigo del necesitado, implacable con el ruin especulador. Un súper policía internacional para gobernarnos a todos, controlarnos y tenernos bien atados. De nuevo la Ilusión sinóptica, la recurrente y cansina convicción en que es posible controlar lo incontrolable, en que la organización puede suplantar al orden espontáneo donde cada cual persigue sus fines particulares coordinado a partir de reglas generalmente tácitas, información en continua creación y adaptación, y un conocimiento, que por sus características (disperso, privativo, tácito y subjetivo) resulta imposible de articular, explicitar o dominar siquiera en una mínima parte. No contentos con mantener a nivel monetario y financiero un Socialismo mucho más rancio e inviable que el practicado por la URSS, a esos órganos de planificación conocidos como Bancos Centrales, ahora quieren unir, más allá del FMI y el BM, un nuevo ente, un nuevo juego de espejos… vamos, esta vez sí (casi seguro, eh!), funcionará fijo y no harán falta más retoques, todo controlado.

Saludos y Libertad!

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Sísifo y el Crecimiento insostenible

Publicado por yosoyhayek en Octubre 6, 2008

Llama la atención de qué forma Público y sus miembros tratan de dar la talla en lo que a la explicación de la crisis se trata. Ernesto Ekaicer (Tutor de Nacho Escolar), encendido y sobervio (mucho más que en su época prisaica) comparte tertulia con Rodríguez Braun, que algo de economía sí sabe. Sus movimientos de cabeza, toque displicente e intento por acaparar la máxima autoridad en el tema, convierten a Ekaicer en el ejemplo del lego obsceno, que trata de distorsionar la percepción del público (con minúscula) respecto a cuál de los dos hispano-argentinos maneja el mejor aparato explicativo o quién de los dos sabe más sobre el tema. La respuesta es evidente: Braun, siempre.

Este breve comentario sobre el esperpento nacional representado en televisión por un lego y un docto, resume a la perfección el estado de opinión que impera en nuestro país. A su lado, el pobre Miguel Ángel Rodríguez, lego y demagogo, echándole la culpa a los brokers, caricaturizados como tipos jovenzuelos con tirantes, una ambición desmedida y muchas ganas de medrar. La búsqueda del malo malísimo, del responsable de todo el espanto, también es táctica del diario Público: no satisfechos con haberse topado con esa bestia negra de la corrupción, Fabra (el tardo franquista castellonense), toca expandir sus miserias sobre el Ladrillo despiadado, especuladores sedientos que roban la ilusión a los pobres, pobres, pobres ciudadanos en busca de vivienda. Mucho podríamos hablar al respecto; por ahora, sirva la nota para advertir la necesidad de aquellos por personificar en sus enemigos fundamentales, también el origen del resto de males posibles.

No se puede hablar sobre los acontecimientos tratando de dar una explicación solvente cuando se desconoce por completo el juego de razonamientos que componen una teoría del ciclo económico próxima a desentrañar las causas efectivas del mismo. Esos hechos, sin teoría previa, se convierten en casi cualquier cosa ante nuestros ojos. Los percibimos y manipulamos mentalmente en un juego de ideas y composiciones que en nada tienen porque coincidir con la realidad de los hechos.

Debemos preguntarnos, ante situaciones de crisis y recesión, si el sistema en que vivimos (nada más lejos del libre mercado) genera necesariamente escenarios expansivo recesivos como estos. Lo fácil es culpar al fiero especulador inmobiliario, que recibió líneas de crédito sin aval alguno, que se puso a construir donde sus corruptelas le permitieron y que pudo vender sus pisos a precios desorbitados que otros, los pobres e incautos ciudadanos, lograron pagar gracias a hipotecas del 100%, cuando no más, a tipos bajos y 35 años.

Algo sucede cuando no es uno, sino todos, los que caen en la trampa. El sentido común nos decía, con o sin teoría que nos ayudara a explicar la situación, que el crecimiento era del todo insostenible. Vivir endeudados de esa manera, piso, coche y todo tipo de caprichos. La maquinaria bancaria, a modo de Cornucopia, expulsando financiación para todos, brindando por los beneficios y favoreciendo la aparición de burbujas de activos.

Lo que sucede es que pocos se replantean la situación yendo hasta las bases mismas del sistema. Nadie lo cuestiona, simplemente se lamenta, con alma puritana, de los excesos cometidos. Pero todos nos apuntamos, no toca hacer ascos. Dinero barato, por no decir gratis, y oportunidades de ganar y ganar sin prácticamente hacer nada.

Cuando llegan las vacas flacas siempre ocurre lo mismo: se personifica al responsable y todos tranquilos. Miguel Ángel Rodríguez tiene los suyos, esos brokers repeinados, jóvenes pero sobradamente preparados. La progresía, también: Bush, Aznar, los del ladrillo, el Capitalismo con cuernos, rabo y tridente, el Mercado, con chistera y monóculo… El analfabetismo funcional no tiene límites.

En definitiva pocos advierten el origen de todos los males. Puede parecer que compartimos dolencia, que también nosotros nos obsesionamos cayendo en el animismo antropomórfico… El Estado, o mejor, el estatismo, es esa losa, esa piedra pesada que debe arrastrar el proceso social cuesta arriba. El trabajo es arduo, casi imposible. Las fuerzas se pierden por el camino, el crecimiento real es una tarea compleja que requiere un esfuerzo imposible para un cuerpo debilitado por la punzante intervención. La piedra crece a medida que los estatistas entienden acertado hacerla crecer. El cuerpo mengua y se debilita dejándosela caer… El punto medio permite que el pobre Sísifo resista pero sin dar un paso, ni adelante, ni atrás. Cómo hacerlo avanzar? Qué droga necesita para dar un empujón y subir un poco más? Crédito, crédito fácil, crédito de la nada, dinero fiduciario, bancos centrales, tipos de intervención, expansiones súbitas, sostenidas…

El Estatismo asfixia el proceso, distorsiona señales y arruina las posibilidades del mercado. Para no morir de éxito perpetuando su existencia requiere de chutes de crédito que disparen la actividad y movilicen al personal. Los efectos son desastroso, la recesión llega necesariamente en forma de brutal ajuste. Por el camino, riqueza y esfuerzo se quedan por el camino. La esperanza es que Sísifo, en ese tropiezo, en esos pasos hacia atrás, no supere de forma negativa el punto en el que fue excitado con el crédito. Procurar,  rezar por que la borrachera y la exuberancia irracional no le dejen aun más regado que al principio de la expansión. Por ahora no le ha salido mal del todo. De forma agregada, todos contentos. En la cuneta, millones de emprendedores despedazados por la brutal caída. Pero, qué más da? El Estatista lo ve todo desde arriba, lo que importa es el total, nunca la parte.

Saludos y Libertad!

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SKYSCRAPERS CRISIS

Publicado por yosoyhayek en Abril 16, 2008

No sé si este es el término exacto que tiende a utilizarse cuando coinciden el advenimiento de una crisis económica con la inauguración de uno o varios rascacielos que durante largos años crecían poco a poco parejos al crecimiento de la burbuja especulativa. Espero que Rallo me corrija en este punto, porque tengo mis dudas sobre la denominación de esta fatal, pero consecuente coincidencia.

En Madrid, también en Barcelona y otras ciudades españolas, se ha experimentado un crecimiento económico acelerado, exuberante, sin visos de concluir. La euforia ha sido compartida por todos, más si cabe por los amantes del urbanismo y la arquitectura. Nuevos edificios, la mayoría mediocres, pero de entre tanta mole informe, algunas grandes joyas de la arquitectura contemporánea. El Real Madrid se fue de su ciudad deportiva con un cambio de usos y una edificabilidad extraordinaria. La decisión salvó al club, lo revitalizó al tiempo que liberaba una gran parcela en la Castellana fea, la Castellana de suburbio, pero con una situación excelente y visos de convertirse en La Defense madrileña si es que el plan Chamartín sale adelante alguna vez (Tendremos que esperar a la próxima burbuja, que llegará, dentro de unos años, pero tristemente volveremos a la euforia irracional).

Azca, junto a Nuevos Ministerios y el Bernabéu, despuntó sus grandes hitos con retraso, la crisis de los 70 no dejó que el planeamiento de 1966 tuviera resultados inmediatos. La Torre Picasso se inauguró en 1988, a puntito de llegar la crisis de los 90. Esta “desaceleración” (usamos terminología económica del libro de Petete, digo, ZPete) nos dejó un esqueleto inquietante. Las Torres Kio, Puerta de Europa, por muchos avatares y tramas que no vienen a cuento tuvieron que esperar, desnudas, inconclusas, varios años hasta que en 1996, gracias a la nueva fase de expansión pudieron ser finalizadas e inauguradas.

En Madrid se ha optado por otro tipo de crecimiento del parque de oficinas. Tenemos la N-I como ejemplo, también la N-II y la N-VI, la zona del recinto ferial de Juan Carlos I… pero nos faltaban rascacielos, hombre!. Una ciudad sin especulación inmobiliaria, precios por los cielos, y nunca mejor dicho, y mucha intervención pública exigiendo espacios verdes y usos dotacionales no es nada! Dónde va a parar. El precio del suelo sube hasta las nubes y quien quiera oficina que se construya un Skyscraper, que además de emblemático permite ser partícipe de algún pelotazo urbanístico, Club de Fútbol mediante.

                

Y ahí las tenemos, las cuatro torres, y el centro de Convenciones, este sí, público, es decir, lo pagamos todos. La crisis llega y los cuatro colosos deben encarar una situación que puede dejar al descubierto una malísima inversión. La especulación forma parte del proceso social, de la acción humana. Planificar acciones a largo plazo, prever y calcular qué precio tendrá algo transcurrido un tiempo. Si se empeñan en distorsionar las señales, tipos de interés y oferta monetaria, por ejemplo, resulta harto complicado emprender acciones duraderas con visos de alcanzar la rentabilidad que movió en su día la inversión. Como hemos visto, los ciclos proceden de una descoordinación inter e intratemporal de las preferencias de los consumidores y las decisiones empresariales. Sin ahorro real que sostenga una bajada del tipo de interés producido por el aumento en la oferta de fondos prestables, con la consecuencia que tiene en cuanto a rentabilidad de cualquier operación empresarial o inversión, el consumo no caerá, no se liberarán factores de producción, habrá pugna por los recursos, se expandirá el crédito en base a la nada (Depósitos irregulares que son apropiados, legalmente, por los bancos), las inversiones no se corresponderán con una cambio en las preferencias temporales de consumo… y ca-ta-plás! Crisis!

Estas Torres, como en su día el Empire State Building, inaugurado el año 1931, proyecto emprendido en medio de la exuberancia irracional que precedió a la crisis de 1929, serán testigos de lo que se nos viene encima. El Gobierno Socialista parece no querer admitir la realidad. Balones fuera y las peores e inadecuadas decisiones políticas. La recesión es inevitable, el reajuste es movido por las fuerzas del mercado, poner obstáculos a las mismas supondrá más sufrimiento, un mayor coste para todos, vía inflación y más años de penuria y de empty buildings.

Saludos y Libertad!

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