LA LIBERTAD Y LA LEY

La Coherencia sólo es posible si se aceptan principios bien definidos, F.A.Hayek.

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El mercado del átomo

Publicado por yosoyhayek en Marzo 11, 2009

La energía nuclear, sus orígenes y las aplicaciones técnicas que ha posibilitado su estudio científico son posiblemente, o así ha sido hasta la fecha, elemento de sencilla apropiación por parte del utilitarista para justificar la intervención del Estado.

Para evitar equívocos y no caer en contradicciones internas trataremos de distinguir entre los diferentes mercados que del átomo, por así decirlo, se derivan, pero siempre adjudicando a cada uno el nombre oportuno y ajustado a su naturaleza.

sigue…

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JOHN STUART MILL (Londres, 20 de mayo de 1806 — m. Aviñón (Francia) el 8 de mayo de 1873).

Publicado por yosoyhayek en Diciembre 30, 2008

La importancia que para el hombre y para la sociedad tiene… el dar entera libertad a la naturaleza humana para expandirse en innumerables y opuestas direcciones. JSM, Autobiografía (JSM y los fines de la vida, I. Berlin)

1. VIDA Y OBRA:

James Mill educó a su hijo bajo el patrón de perfección que él mismo había construido. Le aisló sometiéndole a una formación meticulosa mediante un método estricto, riguroso y exigente. A los 5 años sabía griego, a los 9 años, álgebra y latín. Excluyó de su educación la religión, a la metafísica, y poca poesía, nada de lo que Bentham tachó como fruto de la idiotez humana.  (JSM y los fines de la vida, I. Berlin)

Nos explica Berlin que llegado a su primera madurez, JSMILL sufrió una crisis personal, de hastío y abulia que le dejó inmóvil y desesperado… Síntoma de lo inhumano y extremo del trato al que fue sometido dentro de la locura utilitarista de su padre y Bentham.

Desarrolló la economía ricardiana introduciéndola junto con el utilitarismo benthamita en el ámbito intelectual británico.

Según Rothbard, JSM es blando, sensiblero, de ideas vagas, las sintetizaba incorporándolas a su credo. De ahí que “esa “síntesis” intelectual en permanente ampliación de Mill no fuera más que un vertedero de posiciones diversas y contradictorias”.

Estilo elegante y lúcido, dice Rothbard, capaz de enmascarar la “confusión de su bagaje intelectual”.

Concede un ejemplo de esta visión tan demoledora que nos concede Rothbard, recordar como Mill llegó a escribir, firmando con su nombre, un artículo elogiando a Bentham, mientras por detrás, escribía otro, esta vez  anónimo, criticándolo. Aun así puede decirse que Mill fue un benthamita moderado.

Dice Rothbard que sustituyo el laissez-faire de su padre por el socialismo moderado. Y así fue si analizamos algunas de sus ideas más relevantes a la par que chocantes.

Su táctica, según Rothbard, fue la de un Escepticismo práctico, caracterizado por tranquilizar y desarmar al enemigo mediante la conciliación aparente. En resumidas cuentas, engaño y duplicidad.

 A su haber como personaje “amable” y fácil de tener en alta estima casi desde cualquier credo ideológico podemos señalar su “militancia” Feminista “progresista”, y las vueltas que le dio al derecho de propiedad privada, culminando en una supeditación de la misma a esa  “función social” que sin duda supone abrir la caja de Pandora al totalitarismo.

1.3. SOBRE LA LIBERTAD:

En cierta medida tediosa, no tan clara como debería, Sobre la Libertad hace un brindis al sol en defensa de la Soberanía individual en todas las acciones humanas, reivindicando la no interferencia del Estado. Será  posteriormente cuando se dedique a introducir excepciones que legitimen “alguna” intervención por el “bien” de la sociedad y la felicidad del individuo.

Especial preocupación por el pensamiento minoritario, la libertad de expresión y la tolerancia: aunque no compartamos lo que digan, no sabemos si estarán en lo cierto y sean la vanguardia del cambio a mejor, por lo tanto, respeto absoluto y escrupuloso cuidado de las minorías díscolas. Límites?

 

1.2. LOS PRINCIPIOS:

Siguiendo el patrón de la Riqueza de las Naciones de Smith, se componen de tres volúmenes, accesibles para el gran público. Fue el texto estándar de economía hasta principios del siglo XX.

Rothbard se reafirma en su convicción sobre la actitud y calidad intelectual de Mill, su estrategia de confusión y moderación para “ablandar y conciliar a los numerosos enemigos del ricardismo”. Todos tomaron aprecio a Mill, menos Marx, dice Rothbard.

Mill introduce la Metodología hipotética del positivismo rompiendo con Say y Senior, aunque muchos estudiosos de su obra siguen afirmando que defendía cierto apriorismo en las leyes económicas.

Crea la idea del Hombre Económico falseando la naturaleza humana, logrando cautivar a los enemigos de la praxeología deductiva. La economía política no se fundamenta en supuestos correctos, sino sólo parcialmente verdaderos.

 

A lo largo de su obra, John Stuart Mill realiza numerosas concesiones al socialismo, profiriendo una “apostasía” al laissez-faire:

Usa un elevado tono moral reconociendo en el socialismo y el comunismo el sistema social “ideal”,  y se lamenta de su imposibilidad en este “mundo práctico y cruel”. Dice Rothbard que “los pro-capitalistas que empiezan reconociendo el fundamento moral de sus adversarios se exponen a perder la guerra a largo plazo, si no la batalla inmediata, contra el socialismo” (P.312, v.2).

Rothbard resalta una afirmación poco ricardiana: “mientras que los procesos de producción se hallan sometidos a férreas leyes de la economía política, no ocurre lo mismo con la distribución, que es libre y sólo está sujeta a la voluntad humana u a los ordenamientos establecidos por los hombres”. Lo vemos en el siguiente epígrafe.

Mill defiende, siguiendo a Ricardo, que la tendencia general de toda la economía es la consagración de un estado estacionario final de reposo. Supone el fin del crecimiento debido a varias causas, entre ellas los progresos técnicos, la ley de rendimientos decrecientes, la acumulación de capital y el incremento de la competencia de las empresas.

Ese equilibrio final es para Mill un objetivo social utópico donde el Estado por fin sería capaz de redistribuir la riqueza y conceder la total felicidad a la sociedad.

 

2. TEORÍA DEL VALOR Y LA DISTRIBUCIÓN:

Para JSM ni el consumo ni la utilidad influyen en el valor, aunque también desprecie la idea ricardiana de que pueda hallarse una medida invariable del mismo.

Su teoría del valor la presentó en función de los costes de producción en la que los costes monetarios representan fundamentalmente a los costes reales de las desutilidades del trabajo y la abstinencia del consumo de los capitalistas.

Sus afirmaciones resultan cuanto menos arrogantes, llegando a decir que sus postulados cerraban el debate en torno al valor: “felizmente, no queda nada ya en las leyes del valor que el escritor actual o futuro deban aclarar: la teoría sobre este punto está terminada”.

Toma la idea de abstinencia de Nassau Senior que implica que los beneficios (el interés) son “la remuneración por la abstinencia”, consiguiendo hacer un totum revolutum  introduciendo  la máxima que en el trabajo la única causa del beneficio.

Como hemos visto, Mill apuesta por la radical separación entre producción y distribución.  Esta diferenciación resulta artificial e inválida, para Rothbard. Siguiendo el argumento milliano la distribución podrá modificarse vía impuestos, subvenciones u otro tipo de intervenciones “sin que el mercado deje de funcionar o la producción se vea alterada”.

 Esto conlleva sin remedio la consagración de una dicotomía: por un lado están las leyes económicas de producción, inmutables, mientras por otro, debemos hablar de leyes sociales de la distribución, no estaban determinadas sólo por las fuerzas económicas, sino fijadas casi por completo a través de la voluntad individual de cada agente interviniendo las instituciones sociales evolutivas, es decir, cambiantes y adaptadas a las preferencias contingentes de todo tipo. Es obvia la peligrosa conclusión y los efectos de la misma en la construcción de la doctrina marxista.

3. FONDO DE SALARIOS:

Mill defiende que la oferta de trabajo varía en función de la población, mientras que la demanda del mismo depende del ahorro bruto, o capital circulante, disponible para pagar a los trabajadores hasta que la producción del bien finalice y se ponga a la venta.

Una subida de salarios conseguida a través de la coacción sindical genera una bajada en otro lugar.

Rothbard afirma que esta teoría supone un retroceso respecto a la Ley de Say, y dice que “la demanda y los precios de los factores de producción vienen determinados por su capacidad de producción de aquellos bienes de consumo que la sociedad desea y demanda”.

Aun así concede un fondo de verdad a la idea de Fondo de Salarios: “En un momento dado existe una cantidad de ahorro bruto disponible para la inversión en el pago de los factores de producción”.

 

 

Retractación sobre la doctrina del fondo de salarios:

Thornton, amigo de Mill, en su On Labour reintroduce el análisis de la demanda prevista de los consumidores. Este fondo de capital circulante también se emplea para pagar a los capitalistas (interés) y, según Rothbard, debería haber añadido las rentas de las tierras.

Mill se retracta ante la aportación de su colega, explicando su doctrina con más cuidado: Los salarios pueden subir reduciendo el beneficio a cero, pero esto generaría una pérdida de capital e incapacidad de ampliación del mismo: empobrecimiento de todos.

Rothbard sostiene que  la teoría del fondo de salarios es una parte de la teoría del capital de Turgot-Smith-Ricardo. Para Mill “la demanda de bienes no es demanda de trabajo”, es decir, la demanda de trabajo la aporta el capital aun cuando la demanda final la aporten los consumidores.

Mises: “el error básico de la ley de hierro de los salarios estriba precisamente en considerar a los seres humanos –o por lo menos a los asalariados- como seres movidos por impulsos animales. Quien admite esa ley olvida que el hombre, a diferencia de las bestias, quiere alcanzar además otros fines netamente humanos, que podemos calificar de elevados o sublimes” (p.787 AH).

 

Estructura temporal del capital: es un descubrimiento de Turgot, defendido también por Mill. El ahorro pasado a los factores antes de la producción y la venta  levanta la estructura de capital e incrementa los fondos pagados a los salarios y otros factores, es de este modo, sillar fundamental de la teoría austríaca de la estructural temporal del capital.

Mill, sin embargo, siguiendo las impresiones de Rothbard sobre su carácter dualista alaba la negociación colectiva, sin la que, afirma que los salarios caerían hasta el nivel de subsistencia.

Tasa decreciente de los beneficios: (interés) dice Rothbard que “los salarios no presionan de forma inevitable sobre los beneficios; y, segundo, (…) el descenso de las tasas de beneficio en el tiempo se debe a tasas de preferencia temporal o estancamiento, dado que este interés o tasa de beneficio sólo refleja los deseos y valores de quienes participan en el mercado”. Los tipos de interés son inversos a la provisión de capital: “no hay garantía de que estos tipos sean más altos en el exterior que en los países de origen como Inglaterra”.

 

 

4. TEORÍA MONETARIA: Mill  abandonó la posición al papel moneda no convertible por la escuela bancaria, defendiendo el papel pasivo del dinero, jugando una relevancia insignificante en los ciclos, es más, Mill defiende que los mismos son necesarios para el crecimiento económico.

 

5. EL GIRO AL IMPERIALISMO:

El Liberalismo clásico se asienta sobre los principios inquebrantables de Paz y libre cambio. Dos versiones conviven dentro del mismo credo, utilitaristas e iusnaturalistas.

James Mill postula una excepción a la regla general en el caso de India blandiendo un argumento utilitarista: es responsabilidad del hombre blanco gobernar a los “salvajes” indios. Propone una nacionalización británica del suelo indio estableciendo arrendamientos a largo plazo, con lo que JSM estuvo de acuerdo.

Bentham y James Mill excluyeron también a Irlanda de su determinación liberal aduciendo con vehemencia que la independencia irlandesa era políticamente imposible, según Rothbard, impelidos por el anti-catolicismo reinante en la anglicana Inglaterra.

JSM extendió el argumento sobre la excepción india de su padre a todo el mundo no civilizado. Una suerte de despotismo benévolo. Aceptó a regañadientes la independencia de las colonias desarrolladas de población blanca.

Capital excedente: los países desarrollados generan un exceso de capital que debe exportarse a las colonias. Esta idea fue defendida por Bentham durante un tiempo. James Mill logró persuadirle de su error. Mill padre, como cofundador, según Rothbard, de la ley de Say no puede sino defender que en realidad nunca habrá excesos de capital, la oferta genera su demanda. Su hijo, JSM, aun  retomando la ley de Say como legado paterno imposible de traicionar, dentro de su deriva imperialista quiso justificar su posición en base a la idea de capital excedente.

JSM se convirtió a la Falacia de Wakefield: acumulación inevitable de capital excedente en los países capitalistas avanzados, ergo, el capitalismo necesita económicamente el imperio para poder invertir: dice Rothbard que Mill fue “uno de los principales fundadores de la teoría leninista del imperialismo”.

 

 

 

6. SUPREMACÍA DE MILL:

Principles of Political Economy (1848) fue la fuerza dominante en la economía británica desde su publicación. Consiguió rechazar en 1870 la revolución marginalista de Jevons.

Legado según Rothbard:

-Teoría diluida del valor basada en el trabajo, o por lo menos, en el coste de producción.

-Método positivista confuso que daba cabida a los inductivistas e incluso a los organicistas.

-Devoción por el patrón oro contrarrestada con una teoría inflacionista y de escuela bancaria sobre ciclos.

-Adhesión al status quo de control y manipulación del sistema monetario por parte del Banco de Inglaterra.

- Volvió a imponer el sistema ricardiano, pero, según Rothbard, contradictorio, a modo de “revoltijo inasible”.

-Sustituyó el entusiasmo por el laissez-faire por una “vaga creencia en el libre cambio”, con amplias excepciones.

 

 

7. LOS MILLIANOS:

            La Sociedad de apóstoles de Cambridge elaboró un estudio minucioso de los Principios de Mill. También tuvo impacto en Oxford, aunque no tanto.

            Bagehot (1826-77): siguió la distinción milliana entre producción y distribución. Acabó cayendo en un institucionalismo nihilista e historicista.

           

            Cairnes (1824-75): defensor convencido de la Teoría del coste de producción, en la que introdujo su teoría de los trabajadores no competitivos: donde no compiten inmediata y plenamente, sus precios son determinados por la demanda y no por el coste. (¡!)

Cairnes coincidió con Mill en que en las ciencias sociales no son posibles los experimentos, pero añadió que aun así disponen de una ventaja comparativa respecto a las ciencias físicas: el economista parte de un conocimiento de las causas últimas: motivos de la acción.

Leyes económicas, como leyes de tendencia, cualitativas, no cuantitativas. Advirtió contra la creciente utilización del método matemático en economía. Según Rothbard, se alejó de Mill en la medida que se acercó a la teoría del valor subjetivo.

Análisis cuantitativo de Cairnes, despertando el análisis de procesos de los escolásticos y Cantillon, según Rothbard advirtió los efectos distributivos: donde primero aparece el nuevo dinero primero se sentirán sus efectos inflacionistas y de despilfarro de recursos. Estos efectos se exportarán parejos a la exportación del oro.

            Fawcett: descubrió que el nuevo oro descubierto en Australia y California constituyó un novedoso capital que incrementó el fondo de salarios haciendo que subieran. Marx asumió esta idea aceptando que el final del capitalismo se retrasaría.

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Europa, hacia un orden económico internacional.

Publicado por yosoyhayek en Diciembre 23, 2008

Resulta extremadamente complicado advertir entre los hechos históricos descritos, interpretados y muchas veces distorsionados, una certeza acerca de la más ajustada conclusión sobre cómo y por qué aconteció esto o aquello. Supongo que como en todas las ramas de la historia, en sentido general, existen múltiples zonas oscuras que dificultan emitir juicios sin miedo a caer en gravísimas contradicciones.

Es muy importante identificar elementos fundamentales en el devenir histórico. El que determina en gran medida otros factores y es capaz de liberarse de los que a su vez lo condicionaron, es el Poder político. En un estudio sobre el mismo podemos entender una progresiva concentración de Poder en manos de estructuras de dominación territorial, progresivamente delimitadas, bajo la dirección de sistemas monárquicos. Sería complicado y tedioso profundizar más en la conformación de estos órdenes políticos, pero es interesante para las posteriores conclusiones advertir que el Poder tiene una tendencia innata a engrandecerse y asegurarse, contra otros poderes equivalentes. En otro aspecto del mismo, en cuanto a personificación u ostentación de este poder, a nivel interno, cuando no también externo, los grupos o clanes que dirigen el régimen, también se ven indefectiblemente avocados a una irrefrenable aseguración de sus posiciones.

Esto es sin duda lo que ocurrió en los siglos que fueron tránsito entre la época medieval y el mundo moderno. En los siglos XV y XVI surgieron los primeros Estados extensos, a nivel Europeo, con estructuras de poder necesitadas de independencia, o lo que es igual, soberanía, en cuanto a sus decisiones y sus aventuras históricas. La figura de la iglesia católica, encarnada en el Papa de Roma, como supuesto líder jerárquico, infiltrada en los incipientes Estados, como contrapoder al ejercido por los monarcas, no sólo suponía la herencia viva de un “poder universal” en occidente al modo de lo que fue el Imperio romano y su emperador, sino que significaba una instancia perfectamente refrendada por siglos de construcción teórica y asentamiento práctico imposible de desligar de las sociedades europeas.

La Reforma, con todas sus vicisitudes y particulares manifestaciones respondió a una tendencia irrefrenable del mundo moderno, que en todas sus expresiones, políticas, económicas y sociales, requería de nuevos cauces para legitimar lo que ya se venía haciendo y lo que se considera como paso necesario en el avance de la humanidad. Esto es tan amplio y complicado que es mejor dejarlo aquí y remitirse a lo que ya está escrito por tantos autores e historiadores, pero es obligado afirmar tal circunstancia antes de concluir lo siguiente.

Es obvio que la escolástica se esforzó en comprender lo que movía el mundo económico, lo que ya generaba riqueza y prosperidad. Las ciudades del norte de Italia eran la muestra de cómo el comercio, el préstamo, la iniciativa privada y la creación de capital, hacían del mundo empobrecido y estático, una realidad distinta, prometedora y cargada de innovación y satisfacción de necesidades. Esto movió a la Iglesia, a sus miembros, a los que pensaban y transmitían el conocimiento en ese momento, a superar anquilosados y estáticos principios, para adaptarlos a lo que los empresarios y el pueblo ya practicaban. Es innegable el valor teórico y su relevancia en la posterior construcción de la ciencia económica, pero sin duda, no es motivo suficiente para ocultar la realidad.

El calvinismo introdujo, por decirlo de algún modo, la bendición del lucro y el comercio. Dio rienda suelta, no sin grandes cargas morales, a una población deseosa de alcanzar el cielo a pesar de su interés comercial. La presión social logró de este modo una reforma del cristianismo que permitiera hacer mucho más de lo que la pétrea y estática iglesia Católica permitía. Sería demasiado frívolo atribuir a este factor la categoría de causa principal de la ruptura de la unidad occidental del cristianismo, pero sin duda, dentro de un contexto cambiante y sin freno,  sin duda fue fundamental. El poder secular requería economías prósperas para estrangularlas con un mercantilismo generador de fondos suficientes para engrandecerse sin límites. Este círculo vicioso en el que entraron muchas naciones europeas no todas pudieron reconducirlo de igual modo. No es igual España y su relación con el Papado así como su realidad económica tras el descubrimiento de América, y el sueño del oro y la plata, que el crecimiento francés o el papel de holandeses e ingleses, entre otros. Cada uno se merece un esmerado análisis de las circunstancias particulares que lo movieron en sus cambios y decisiones políticas, derivadas o claramente contracorriente, que a su vez introdujeron nuevos elementos con los que singularizar aun más su realidad.

Como conclusión resaltar las ideas introducidas de construcción del poder político, independencia de la iglesia Católica Romana y sus dogmas y principios rectores, así como la cambiante situación del comercio internacional. El calvinismo abrió la puerta a una legitimidad ansiada por muchos capaz de generar y perfeccionar los elementos necesarios para la explosión capitalista; sin olvidar que también, y de forma muy relevante, los autores católicos construyeron desde su perspectiva lo que posiblemente, asumiendo la pluralidad del mundo moderno y los acontecimientos posteriores, sirvió determinantemente a la causa de la Libertad política y el capitalismo.

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La Intervención del Estado Moderno.

Publicado por yosoyhayek en Diciembre 22, 2008

El conocido como Mercantilismo significó sin duda la concreta manifestación de la interacción entre el poder central creciente y el dinámico y expansivo comercio. Como ya se ha señalado, desde las profundidades de la Edad Media, a través de diversas fases, manifestándose en concretas plazas, bajo el rigor de factores particulares, el comercio, producción e intercambio, abrieron los horizontes de prosperidad y bienestar. El mundo moderno no nace de la noche a la mañana, es un proceso, del que podemos afirmar su entidad cuando sus características aparecen con tal evidencia que hacen imposible negar la transformación del mundo anterior.

                Dos motores caminan juntos produciendo toda una cadena de cambios fundamentales. El primero, el que arrastra en gran medida al otro, el factor económico y su expansión. Por detrás, como proceso, vamos a llamarlo, natural, la conformación de un poder central más amplio que la anterior configuración de dominio, enfrentado entre iguales tras una victoria consolidad frente a los poderes hegemónicos del Medievo, Papado e imperio, ya obsoletos y defenestrados del conflicto internacional (ya puede empezar a llamarse así).

                Un creciente poder, ante nuevos desafíos desatados tras el descubrimiento del nuevo mundo y de la forma esférica del planeta, abriendo más rutas, reverdeciendo las entumecidas y dando una nueva visión, y en lucha común, entre iguales, desemboca en una inevitable estrategia de engrandecimiento. Los Estados, copiando, o espontáneamente actuando, como las ciudades-estado italianas, requieren de un gasto ingente para mantener sus desbocadas operaciones internacionales, así como la consolidación de las monarquías a nivel interno. Cuando no hay nada uno, o bien se queda quieto, cosa poco frecuente, o busca soluciones. Cuando hay mucho, las soluciones se simplifican y obnubilan la mente de los técnicos y visionaros. Eso sucedió en relación a la trepidante escalada impositiva y reguladora de los estados Modernos. Sin comercio, sin desarrollo productivo, sin las posibilidades que aportaba el nuevo mundo, el atractivo comercio con oriente, el Estado no habría sido lo que fue, o mejor dicho, no habría labrado un sistema de control e intervención como el que se dio.

                Pero no fue un proceso de estrangulamiento irracional de la economía. Sus fines, aun siendo maltratados por muchos, eran en mayor o menor medida el engrandecimiento del país, en todos los campos. Para lograr mantener un imperio y la hegemonía sobre las demás potencias, eran indispensables gastos elevados. Para financiarlos, requerían de todo tipo de estrategias, que no siendo suficientes con la vía impositiva, recurrieron al terror inflacionista. Ideas erróneas pero demasiado “evidentes” en esos tiempos, favorecieron políticas de proteccionismo y de acumulación de oro y plata que por un lado contribuyeron a dilapidar el esfuerzo espontáneo comercial de muchos, a la par que generaban un incremento de la moneda en circulación, lo que unido a devaluaciones y la novedad fiduciaria despedazaban la estabilidad económica pretendida.

                Una intervención lleva a otra, y el desconocimiento o error conceptual, conducen a decisiones equivocadas que siempre producen el efecto contrario al pretendido. Esto puede resumir el mercantilismo, el intervencionismo del Estado Moderno. Creían que era la única forma de asegurar la viabilidad de un orden espontáneo que no llegaban a asumir como dinámico e imposible de manipular sin destruir su original naturaleza. Creían que con monopolios mejorarían la producción y la exportación, que con aranceles protegerían a los suyos en una retroalimentación satisfactoria, pensaron que expandiendo la oferta monetaria no pasaría nada malo, sino todo lo contrario, y que con el papel moneda salvarían de la crisis financiera al Estado sin tener que lamentar bajas de ningún tipo. Todo esto es obvio que lo creían quienes se beneficiaban del modelo, quienes vivían de él, o quienes erróneamente comulgaban con las medidas mercantilistas.

Los comerciantes que se veían al margen, que no eran alimentados por las estructuras de intervención, mantenían su lucha diaria por expandir su actividad, por buscar soluciones y oportunidades allá donde se les presentarán. Muchos lucharon por el libre comercio, se resistieron a las medidas mercantilistas. La actividad siguió con mayor o menor intensidad en todo occidente, pero sólo allí donde los pueblos no cedieron, donde la querencia de Libertad, el individualismo se manifestó con más fuerza, logró el mercado hacerse con las riendas, lograron los mercaderes, los empresarios, hacer evolucionar las formas de producción hasta un límite inconcebible. La industria nación donde lo hizo por muchas circunstancias que posiblemente no sepamos, otras sí, pero sobre todo por un espíritu individual, cultural, muy concreto. Es posible que hoy en día, cuando vivimos una situación con bastantes rasgos de aquellos siglos cuando el Estado moderno apareció en escena, solo una sociedad consciente de su Libertad pueda poner freno al expolio de un poder público desmesurado.

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Nacimiento del Estado Moderno

Publicado por yosoyhayek en Diciembre 19, 2008

En la Italia medieval se dieron las circunstancias necesarias para que naciera un nuevo modelo de poder y justificación del mismo, con implicaciones trascendentales en el discurrir histórico posterior. Frente a dos poderes en colisión, las ciudades del norte de Italia tuvieron que determinar su independencia con nuevas formas y teorías político morales que refrendaran una estructura de poder capaz de administrar los nuevos desafíos planteados. El comercio impulsó el cambio, el interés mercantil, las nuevas prácticas surgidas de necesidades concretas, significaron una singularidad evidente entre la realidad de las ciudades italianas y su entorno, no solo peninsular, también en el contexto continental. Su progreso económico despertó en sus tradicionales dominadores, imperio y papado, un interés por una riqueza que veían indispensable para continuar con sus empresas bélicas, políticas.

            En esta situación algo dio luz a los gobernantes y pensadores de las ciudades Estado. Al margen de otras consideraciones, importantes, pero no tanto como para dirigir esta reflexión, como en cierto sentido ocurrió en la antigüedad con las polis griegas, en un mundo adverso, lleno de peligros amenazando su viabilidad como comunidades políticas y económicas, la única opción viable, o considerada como tal en ese momento, fue la consagración de lo que después se llegaría a denominar economía Nacional. El incipiente mercantilismo, la intervención de la autoridad pública, la concesión de privilegios, el control sobre las importaciones, las ideas sobre el tráfico de metales, y otros elementos, condujeron indefectiblemente hacia unas conclusiones prácticas muy novedosas dada la estructura del pensamiento de la época.

            Independencia económica y manos libres de consideraciones morales o religiosas a la hora de gestionar el poder. Todo para favorecer la perpetuación de una economía expansiva, sin límites ciertos, que aun medrándola con el intervencionismo, fue capaz de introducir una nueva esperanza en la situación comercial de occidente. Ese modelo de poder absoluto, sin freno alguno ante el poder religioso o moral, que dejaba absoluta libertad al gobernante, al Príncipe, para dirigir su Estado y conservarlo, o bien primar ese Bien común legitimador de casi cualquier desmán, se exportó, o surgió al tiempo aprendiendo del éxito italiano, por toda Europa.

El nacimiento del Estado moderno marcha irremediablemente unido al ideal mercantilista. Las configuración de unas relaciones inter estatales, entre poderes de idéntica legitimidad y justificación, dejando atrás el caduco imperio y el menguante papado, hizo nacer nuevas necesidades de gasto público, una estrategia de varios sujetos enfrentados por el control de rutas comerciales, territorios y riquezas. Ese modelo intersubjetivo requirió de una praxis que organizara la acción política de los gobernantes, así como de un desarrollo teórico que refrendase su poder ilimitado para ser ellos los actores de ese nuevo juego internacional. A pesar de todo, los comerciantes siguieron haciendo su trabajo, y la prosperidad, aun desangrada por proteccionismo, devaluaciones monetarias, altos impuestos e intervención en el libre mercado, siguió creciendo y generando nuevas circunstancias capaces de sostener las bases de un nuevo cambio futuro.

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De la Antigüedad a la Modernidad

Publicado por yosoyhayek en Diciembre 18, 2008

El tránsito entre el mundo considerado por los historiadores como antiguo y la edad moderna, también calificada así por el consenso de estos estudiosos, está lleno de dudas y vaguedades deliberadamente ocultas entre un marasmo de relatos sobre Poder y Religión. Todo lo que puede decirse sobre el colapso de Roma y la apertura, cuanto menos formal, de una nueva etapa en la historia de occidente, se ha dicho ya. Todos los elementos que precipitaron el fin del Imperio están descritos y combinados de todas las formas imaginables para tratar de explicar el porqué de esta debacle y sus consecuencias.

Un mercado amplísimo pero cada vez más intervenido. Una actitud expansionista, universalista, olvidada y congelada en tiempos de esplendor, reconvertida en un pesimismo demasiado apto para ideas orientales nada conformes con el espíritu práctico de la Roma clásica. El cristianismo, y lo que es más importante, su incorporación en la estructura de poder, la conformación de una iglesia a imagen y semejanza del maltrecho imperio. Todo hizo inevitable que la llegada de oleadas de bárbaros y las revueltas de los que ya estaban, entre otras cuestiones, disolvieran el poder central en occidente dejando un territorio plagado de fuerzas e intereses enfrentados.

Eso fue la Edad Media. En el siglo V dc no termino una era, aunque si se hizo incuestionable el fin de un poder único en occidente. El marasmo ya crecido y reinante a partir de ese siglo fue muestra de la progresiva complicación de la seguridad y la libertad que venía experimentándose siglos atrás.

Cuando una religión se apodera de la ideología fundamental de una cultura se puede esperar lo peor; y así fue. Las personas que habitaron esos siglos siguieron con sus vidas, como siempre se ha hecho, al margen de las conjeturas de historiadores pretenciosos. Los intelectuales no son la historia, son parte de ella. Ni siquiera la condicionan, solo aportan una contribución, de mayor o menor relevancia, pero nunca considerada como único elemento del cambio. Que la cultura estuviera en manos de los religiosos no quiere decir que sus prejuicios, dogmas o complejos forzaran inevitablemente que los hechos, los fines de la mayoría, discurrieran por la senda de sus mandatos. Lo cierto es que el comercio siguió vivo, nunca pereció, a pesar la inseguridad, de la repulsa o condena que se hiciera del ánimo de lucro o de los elementos fundamentales para su desarrollo, como son el crédito o la acumulación de capital. El mundo camina solo, no en sentido estricto, pero si a los ojos de quienes pretenden detenerlo.

A pesar de los que pensaban, los que teorizaban, los que desarrollaban las ideas y principios fundamentales del credo cristiano, el comercio se abrió camino y trajo crecimiento y dinamismo. La Edad Media no puede considerarse como un tránsito, porque fue tan íntegra en sí misma como cualquier otro periodo que a los ojos de los historiadores tendenciosos fue mejor. En todas las épocas el progreso y la libertad se han topado y topan con enemigos. En todos los siglos desde que el hombre se civilizó, los pensadores, intelectuales se llaman ahora, han intentado frenar, paralizar y resolver lo que no llegaban a entender y aun así sucedía.

La escolástica iba por detrás de la realidad. El estudio del pensamiento económico nos muestra de qué forma los teóricos alcanzaban a explicar y plasmar en textos o ecuaciones aquello que el hombre por si solo ya hacía. La persecución de la usura era puramente ideológica. Que los pensadores comenzaran a justificarla de un modo u otro no hizo que los préstamos aparecieran, porque ya existían y movían la actividad económica.

Es importante tener en cuenta esta evidencia al tratar la historia del pensamiento económico. Lo que se hace es revisar ensayos y escritos varios sobre un tema u otro. Intentamos descubrir los avances teóricos que propulsaron de algún modo las conclusiones de autores posteriores. Saltamos de unos a otros sin apenas percatarnos de que la realidad era la que movía su trabajo. A pesar de ellos, de sus errores, y nunca por sus aciertos, en la mayoría de los casos, el espíritu emprendedor del hombre occidental se hizo con el desarrollo ilimitado e imparable de la actividad empresarial. Es posible que lo que diferencie a occidente de otras civilizaciones no sea el innato impulso de los individuos que lo han conformado en su larga historia sino la adaptación, aunque tardía, de la ideología reinante. De ahí viene el mérito relativo de los escolásticos, por ejemplo. Muchos fueron realmente rompedores y supieron adaptar sus posiciones a la realidad que los rodeaba, es más, incluso avanzaron soluciones, como Juan de Mariana o Francisco de Vitoria, por dar dos nombres, pero fue más el lastre que arrastraba el pensamiento respecto a la realidad lo que merece la pena señalar cuando contrastamos situaciones, hablando siempre del ámbito económico, como queda claro.

Necesitamos percibir con nitidez que no fueron los héroes de la Historia los que se atrevieron a decir y escribir, o llegaron a conclusiones tras un largo discurrir, las fórmulas que de forma espontánea ya se venían dando. Los auténticos héroes fueron y son los empresarios, los comerciantes, las personas que actúan, que hacen cosas, que piensan y crean de la nada, y que en según qué épocas, se enfrentan con la ideología del momento y los peligros que esto supone.

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Grecia

Publicado por yosoyhayek en Diciembre 15, 2008

Tengo la convicción de que en la antigüedad podemos encontrar la clara expresión de cómo el hombre construye de manera espontánea sistemas políticos de convivencia que tienen su explicación más íntima en la propia naturaleza humana. En la Grecia antigua, origen asumido por todos, de la civilización occidental –a lo que yo humildemente matizaría con más de una razón-, se dio de manera sucesiva una concatenación de situaciones que en sí mismas pueden reflejar  los porqués de la organización social en sentido amplio.

Las Polis griegas surgen, ante todo, y como casi toda agrupación de seres humanos, en un momento indefinido como grupo humano, supuestamente averiguable en cuanto a su asentamiento en un lugar concreto, pero eso si, por razones de colectiva protección. En un mundo hostil las comunidades tienden a hacerse compactas y temerosas de los otros. La forma en que aparecen las Polis, todas en torno a una fortaleza elevada, o acrópolis, simboliza con claridad el interés defensivo que movió a cada comunidad en su momento. Esto se verá en la historia de Europa en fases de gran inseguridad, de conflictos, de ausencia de un poder generalizado garantizador de cierta paz interna.

Las polis son islas colectivas de seguridad y protección. En un mundo difícil se hizo inevitable este tipo de organización, al menos en la península helenística, aunque el proceso fue común en todo el arco mediterráneo, muchas veces por deliberada propagación griega en forma de colonias. Estas ciudades Estado consolidan instituciones que sirven al anhelo de mejor gobierno para los implicados en la viabilidad del colectivo. Esta suerte de timocracia, si hoy en día tuviéramos que definirla, se llamaría sin duda sociedad nacional, entendida como la parte del total de la sociedad, que por su realidad y relación de interés, dirigen, de un modo u otro, el destino presente y el plan futuro de una comunidad política.

Decir que en la Atenas clásica, la de Pericles, regía un sistema democrático no debe confundirnos con el concepto que actualmente manejamos, aunque sí con en que los revolucionarios que acabaron con el Antiguo régimen soñaban. La democracia ateniense era participativa, de todos los ciudadanos, miembros todos de esa sociedad nacional dirigente. Su implicación con el común se hacía inevitable, necesaria. Como en Roma, las obligaciones del ciudadano para con la comunidad, pesaban más que lo recibido de ella. La Libertad no es más que el concepto que cada uno tiene de su seguridad. Parece reduccionista, pero sin la certeza en que podemos hacer esto o aquello sin ser expulsados del grupo o castigados por el, o cercenados por los actos de otros, por mucha ausencia de coacción que estimemos, nada nos atreveríamos a hacer. Así pues, lo que surgió en Grecia no fue otra cosa que ámbitos de seguridad donde desarrollar la personalidad con una capacidad mayor que fuera de los muros de la ciudad.

Esta formulación, y así sucedió en Grecia, con todas las salvedades propias de la variedad de Polis y Principados de la península, asumiendo el devenir irresistible del tiempo, consagró modelos de convivencia, de comunidad política que ante el mundo circundante, optaron por debatir de qué forma alcanzarían una organización mejor y más duradera. Dando por supuesto todo lo que ahí sucedió, la obsesión por conseguir alumbrar modelos absolutos de Estado, modelos totales de sociedad, de virtud, es propia de sociedades desarrolladas y con ocio. Todo es consecuencia de esa paz interna alcanzada, de esa prosperidad conseguida.

El comercio, aunque defenestrado por la Inteligencia griega, fue sin duda motor de su supervivencia, generador de la genial diferencia que hizo de los helenos aguerridos resistentes frente al poder Persa, entre otros. Los empresarios, siempre presentes en la historia de la humanidad, por pura redundancia, han actuado siempre creando y descubriendo a pesar de coacciones y espíritus críticos o lugares comunes y tópicos adversos. Su presencia generó riqueza, sin ella no sería explicable la liberación que disfrutaron muchos griegos. El comercio abrió su mundo, lo amplió, generando nuevas formas de relación, nuevas oportunidades de ganancia, satisfacciones e inquietudes. Pero solo queda la palabra de los excéntricos, de los que viven del intercambio pero recelan de él exhibiendo modelos de virtud. Centrarse en sus palabras sería traicionar a todos los visionarios y emprendedores que hicieron posible una civilización rica y próspera como la helena.

La eterna pugna con los bárbaros persas se salda con el arrojo de Filipo, truncado por la muerte, seguido por Alejandro, ensimismado pero visionario. Grecia cae en manos de bárbaros macedonios que creyeron ver el siguiente paso en la organización política de ese mundo de filósofos. Poderes que caen, bajo el mayor trauma de occidente hasta la época. Las Polis ceden ante la mayor fuerza de un poder imperial, encauzado en las manos de un líder aguerrido y valiente que ve más allá de los límites de esas islas de paz, y proyecta en el futuro un estado de paz extensa, imperial, derrotando a los que desde oriente amenazaban incansables la vida placentera ansiada por los griegos, con una idea distinta, cosmopolita, en ocasiones megalómana.

El helenismo es la prueba de cómo el capitalismo, o mejor dicho, la propiedad privada bajo el principio de libre comercio, solo alcanzaría mayores cotas de desarrollo bajo un espacio de seguridad cada vez más amplio. Las ciudades helenísticas son enormes, bulliciosas, con  ciudadanía, pero pobladas por extranjeros, esclavos, comerciantes y todo tipo de gentes de esa ecúmene ampliada. Si bien es cierto que los estados cuanto más grandes más necesitados de ingresos, más caprichosos y más arbitrarios, a pesar de todo, el nuevo mundo favoreció un nuevo paso, una realidad económica distinta, capaz de satisfacer más necesidades y de incrementar el número de ciudadanos “libres”.

Cuando la seguridad genera comercio, y este emana bienestar, muchos de los que disfrutan de estas ventajas, se dejan llevar por un ocio intelectual de imprevistas consecuencias. En libertad, el libre se lamenta, se estresa ante tantas posibilidades y contempla su realidad pretendiendo ver más allá. Existe en los mundos libres, en los grupos liberados de la carga del trabajo, personas que por excéntricas deciden contradecir su propia buenaventura. Esa excentricidad crea formas sociales propias de la corte dominante, de los que se aburren entre el mundano ruido y asisten desde lo alto al cambio o inmovilismo de lo que les rodea. De ahí surgen los ideólogos, los constructores de mentiras liberticidas, volcadas con la fuerza de complejos y carencias, incomprensión y alardes de superioridad. Así, por el bien de todos, idearon muchos sus repúblicas perfectas, despreciaron las actividades generadoras de bienestar, como siempre, frente a una existencia virtuosa e idílica. Queda en manos de los historiadores desentrañar cada época, pero la lógica nos permite percibir movimientos y tendencias que sentidas en nuestro interior se nos hacen evidentes al contemplar los hechos con la frialdad requerida.

Nada nuevo bajo el sol.

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L. von Mises. Vida y vivencias

Publicado por yosoyhayek en Octubre 2, 2008

El Próximo día 10 de octubre se cumplirán 35 años de la muerte del más grande Economista de la historia. Sirvan como homenaje a Ludwig von Mises esta serie de artículos comentando aspectos de su vida y la relevancia científica de toda su obra.

Murray N. Rothbard recuerda en Lo esencial de L. von Mises, una cita que su maestro les dijo en alguna ocasión durante sus seminarios en los EEUU: “No les amedrante hablar, señores; tengan presente que, por erróneo e infundado que sea lo que sobre el tema digan, lo mismo ya anteriormente habrá dicho algún eminente economista”.

Admito que al leer dicha cita, como también al avanzar en la Autobiografía de un liberal misiana, sentí y siento cierta emoción. La figura de Mises despierta en mí una impresión muy llamativa; la vida y obra de Mises no pueden pasar como cualquier biografía más para cualquier liberal consciente de su credo. Su paso por este mundo y el legado que nos ha dejado, sirven como testimonio de lo que debe ser la lucha del que cree sin ambages en la libertad y en el ser humano como centro de toda acción científica y política.

Mises nació el 29 de septiembre de 1881 en Lemberg, hoy perteneciente a Ucrania, por aquel entonces parte del imperio austro-húngaro. No tuvo una infancia incómoda, o eso podemos pensar dado el estatus familiar. Se doctoró en Derecho y Economía en 1900, siendo miembro del seminario de Böhm-Bawerk.

Contrajo matrimonio en Ginebra, en 1938, con Magit Sereny-Herzfeld.

Una vez fallecido, su esposa tomó el manuscrito de su autobiografía con la intención de publicarlo. Margit desvela que su marido atravesó “un periodo de profunda depresión” hacia diciembre de 1940, en el momento de escribir ese texto. Por aquel entonces, y con razones más que obvias (dado el contexto histórico y su vida hasta el momento) Mises rezumaba pesimismo, advirtiendo el desastre generalizado que produjo el abandono del capitalismo y el liberalismo.

Comenta de una forma simbólica que quizá “el archiduque (Rodolfo de Habsburgo, alumno y amigo de Menger) no se suicidó ciertamente por una mujer, sino porque no tenía esperanzas en el futuro de un imperio y de la civilización europea” (p.68). Desde 1914, en el periodo de entreguerras y, durante es ascenso y consolidación de Hitler en Alemania, Mises sufrió en primera persona los horrores del socialismo, del ánimo liberticida, totalitario. Tuvo una vida abocada a la depresión psicológica; motivos no le faltaron. Hayek también sufrió de este mal, pero en su caso con mayor intensidad .

Entre 1909 y 1938 Mises formó parte de la Cámara de Comercio e industria de la Baja Austria, que en 1920 tomó el nombre de Cámara Vienesa para el Comercio, la Artesanía y la Industria. La carrera universitaria le estaba vedada, así que fue una buena oportunidad. Mises reconoce que a pesar de ser un funcionario más, orgánicamente hablando, llegó a ser “el economista del país” (p.106). El gran profesor tuvo vedada la entrada en el ámbito donde habría sido posible ilustrar a jóvenes mentes en un método y un paradigma a favor de la causa de la libertad.

Mises aceptó el ostracismo y se volcó en sus funciones, sin renunciar a la posibilidad de conectar con discípulos y compañeros a través de su seminario. Sólo consiguió ser nombrado, en 1918, profesor extraordinario en la facultad de Derecho de la universidad de Viena.

Merece la pena hacer mención de la anécdota comentada por Hayek en su introducción a la autobiografía de Mises. Comenta que fue recomendado por Wieser, tras doctorarse en Derecho, para ser subordinado de Mises, quien al entrevistarse con él llegó señalar que nunca le “había visto en sus clases”. En 1924, al regresar de América, Hayek fue admitido en su seminario. Dice Hayek que la Escuela Austríaca, a finales de los 70, “está hoy en actividad, casi exclusivamente en los EEUU, está compuesta por los seguidores de Mises y está basada en la tradición de Böhm-Bawerk”. Mises fue quien mantuvo con vida el ideal nacido de la mano de Menger llevándolo desde Austria a los EE.UU.

En el Despacho de la Cámara de Comercio dio vida a su Seminario de dos horas semanales sobre problemas de teoría económica. La afluencia, excepcional en comparación con otros seminarios sobre temas económicos y de ciencia social en general, rondaba los 50 asistentes. A estos no les convenía aparecer como alumnos suyos si querían obtener habilitaciones y demás dispensas estatales. Mises formó una gran biblioteca en su amplio despacho para compensar la prohibición de entrada a sus alumnos a la biblioteca del Seminario de Economía política. De este círculo surgió la joven Escuela Austríaca de economía. Mises no se tomaba a sí mismo como el gran maestro del resto; humildemente se autodefinía como un Primus inter pares.

Para darle fuerza y entidad al seminario, fundaron una Asociación, la Nationalökonomische Gesellschaft. En 1938, con la anexión a la Alemania nazi, aplicando las leyes de Núremberg, se forzó la expulsión de todos los judíos. Fue el fin definitivo de la agrupación (Mises y muchos otros eran Judios).

Vivió en primera persona los años más funestos de la historia de Europa central, el fin del Imperio Austro-Húngaro y el nacimiento de un Estado Austriaco por muchos considerado como incapaz de sobrevivir. Tras sus vivencias en la Gran Guerra, Mises adopta una posición responsable y  comprometida con su país. Es él mismo quien se atribuye uno de los logros más importantes en aquel momento de crisis. Reconoce que “si en el invierno de 1918-19 no se impuso el bolchevismo, y si la quiebra de la industria y de los bancos no se produjo ya en 1921 sino sólo el 1931, se debió en buena parte al éxito de mis esfuerzos” (p.106).

Gracias a su labor de presión sobre Bauer, líder socialdemócrata, y a la colaboración de Wilhelm Rosenberg, antiguo alumno de Menger, logró que el equilibrio presupuestario y el bloqueo de la emisión de billetes estabilizaran la situación económica del país y, aseguraran el mantenimiento  del orden público. Por otro lado también consiguió convencer a los cristiano-sociales en abolir las subvenciones para mantener artificialmente los precios. Mises no fue sólo un teórico, un profesor de economía, sino que contribuyó, y de qué forma, al auténtico bienestar social que sólo con un buen criterio puede alcanzarse en situaciones tan tensas y desesperadas.

Hizo frente en la medida de sus fuerzas a “la leyenda de la incapacidad austriaca de supervivencia” que  “se convirtió para los nacionalistas alemanes en el argumento puntero a favor del Anschluss” (p.117) Curiosamente, en 1922, tras el saneamiento “misiano”, Austria estaba gobernada por Cristiano-sociales y partidarios de la “Gran Alemania”.

Aceptó en 1934 la cátedra de relaciones económicas internacionales en Ginebra (Institut Universitaire des Hautes Études Internationales), aunque conservó su puesto en la Cámara de Comercio. En 1938, tras el Anschluss, tomó la decisión de no volver a Viena hasta que no cayera el III Reich alemán. Influyó para aceptar la plaza ofrecida en 1934 el hecho de que desde dos años antes había alcanzado su derecho a la jubilación en la Cámara de comercio. Irse a Ginebra fue para Mises una liberación, al poder alejarse de sus tareas políticas. En Ginebra percibió un espíritu Liberal que no halló nunca en Viena.

Su marcha hacia los EEUU dejando Suiza se debió a que “no podía soportar vivir en un país que sentía mi presencia como un peso político y un peligro para su seguridad” (p.166) El matrimonio von Mises llega en 1942 a New Jersey con lo puesto. Su autobiografía comenzó a ser escrita en otoño de 1940. El propio Ludwig comentó a su mujer, Margit, que eso era todo, “no es necesario que la gente sepa más sobre mí”. Fue publicada en 1977, 4 años después de su muerte.

Nunca logró una cátedra retribuida en EEUU. Tuvo que conformarse con ser profesor invitado en el Graduate School of busness Administration de la Universidad de Nueva York en 1945. Rothbard recuerda con emoción las jornadas de seminario con Mises: “cuantos gozábamos del privilegio de asistir al seminario misiano de la U. de Nueva York comprendíamos que no sólo estábamos ante un economista excepcional, sino además ante un maestro incomparable” (Lo esencial de L. von Mises). En 1969 se retiró, lúcido y activo, de la vida académica. Murió el 10 de octubre de 1973.

Hayek comenta de su maestro que “nunca fue realmente un verdadero especialista”, hizo “una interpretación global de los fenómenos sociales” (p.34). De hecho el propio Hayek reconoce que el mismo “no creía al principio que sus argumentos fuesen completamente convincentes, y sólo (se) iba dando cuenta lentamente de que él (Mises) tenía razón en lo principal, y de que, después de cierta reflexión, podría encontrarse una justificación que él no había explicado” (p.41). Conservó cierta distancia 03-06-1959 (Conferencia de Von Mises)epistemológica con quien le descubriera en su momento el grave error intelectual que supone el socialismo. Hayek, hasta ese momento fue un socialista fabiano. Al comprender la incapacidad de organizar el orden social de la nada comenzó su reflexión sobre el mismo, produciendo los grandes avances teóricos que hoy podemos disfrutar en todas sus obras. 

Concluyo esta parte rescatando una cita de Mises donde queda en evidencia el pesimismo comprensible con el que encaró la confección de sus breves memorias: “Quería convertirme en un reformador, y en cambio me he convertido sólo en el historiador de la decadencia” (p.147).

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Estado y Dinero.

Publicado por yosoyhayek en Septiembre 20, 2008

Interesante comentario sobre los orígenes del intervencionismo monetario. Creo que muy útil para comprender muchos de los fenómenos relacionados con la crisis económica que estamos viviendo.

Hasta la invención del papel moneda las monarquías, Estados incipientes, si querían incrementar la cantidad de moneda en circulación, y así monetizar su déficit, se veían obligadas a recurrir  a la DEVALUACIÓN. Era un mecanismo que no podía usarse ilimitadamente. JUAN DE MARIANA (1536-1624) hizo una relevante aportación  con su  De monetae mutatione, criticando la devaluación del vellón, que de plata acabó siendo de cobre, provocando inflación y perjudicando al comercio. Dijo con acierto que la devaluación suponía un oneroso impuesto que grava la propiedad privada de los súbditos. Mariana defiende la prohibición a los gobiernos de alterar los patrones de pesos y medidas de la moneda, y de los demás bienes.

En 1685, en Quebec,  se descubrió el papel moneda gubernamental como mecanismo inflacionario. Su gobierno, falto de fondos, decidió dividir algunos naipes en cuatro partes marcándolos con denominaciones de circulación francesa y utilizándolas para pagar sueldos y géneros. Poco a poco su emisión se convirtió en práctica habitual.

En 1690, en Massachusetts, su gobierno tuvo que afrontar el pago a sus tropas encargadas de saquear Quebec. Su pago tradicionalmente procedía de la subasta del botín conseguido, pero en esa ocasión la campaña fue un desastre. Para afrontar el pago emitió 7000 libras en vales de papel, en teoría convertibles en metálico en pocos años, que se fueron prorrogando, sirviendo como medio de intercambio comúnmente aceptado. El gobierno, viendo su éxito, para conseguir más fondos, emitió otras 40000 libras. Dice Rothbard que fue entonces cuando  nació el papel moneda.

Durante los siglos XVII y XVIII, Inglaterra, necesitada de fondos para sus numerosas guerras se veía obligada a recurrir a préstamos bancarios. Estos recibían sus fondos de capitalistas que los PRESTABAN, no depositaban. Para guardar el dinero de forma “segura” se recurría a la Casa de la Moneda, en la Torre de Londres, donde se almacenaba el oro y las joyas de la Corona.

Carlos I en 1638, falto de fondos, confiscó el oro de la Casa de la Moneda, escudándose en que los depósitos se convertían en un préstamo. Esta situación forzó a los capitalistas a recurrir a los orfebres para guardar su oro. Ante tal avalancha de depósitos empezaron a funcionar como bancos privados, bancos de depósito, en sentido estricto.

Carlos II en 1671 solicitó nuevos préstamos a los bancos de los orfebres, topándose con la oposición de estos. Su reacción fue decretar  la suspensión de pagos de la Hacienda Real. Esta deuda suspendida perjudicó gravemente a los orfebres por préstamos anteriores (1,17 millones de libras). En 1677 la corona empezó de mala gana a pagar la deuda, pero a una tasa bajísima fijada arbitrariamente…

Los orfebres reclamaron judicialmente, pero prevaleció el poder real. En 1701 la Cámara de los comunes canceló la mitad de la deuda, y el resto se pagaría a partir de 1705 a un 3%… fue un desastre financiero para los orfebres. La confiscación de 1680 acabó con la banca privada.

En 1693 PATERSON propuso a la Cámara de los comunes una nueva forma de obtener fondos. Constituyeron el Banco de Inglaterra, cargado de privilegios. Emitiría nuevos billetes, dedicados en su mayoría a financiar el déficit del Gobierno. Como no bastaba con el ahorro privado para financiarlo, Paterson se decidió por comprar los títulos del interés adeudado por el gobierno, usando los billetes bancarios. En 1694 se le dio el estatuto real al B. de Inglaterra, el propio rey Guillermo, y muchos otros, se hicieron accionistas de esta máquina de crear dinero, como dice Rothbard.  Paterson no consiguió que la Corona diera calidad de valor de curso legal a estos billetes, pero sí el privilegio de tener en depósito los fondos del gobierno.

La gran emisión de billetes y su introducción comprando deuda pública produjo inflación. El BdI se declaró insolvente ante el acoso de los acreedores. Fue entonces, en 1696, cuando el gobierno tomó la decisión de suspender el pago en metálico, mientras que el BdI seguía emitiendo y reclamando las deudas a su favor. Esta situación, que fue temporal, sentó precedente, y se volvió a repetir poco después. En 1708 el parlamento proscribió la emisión de billetes a cualquier otro banco corporativo que no fuera el BdI, y poco después les prohibió hacer préstamos a corto plazo, acabando con la mayoría de ellos; sólo quedaron bancos diminutos. Bajo el paraguas de un Banco central privilegiado surgieron bancos privados de depósito, que sirvieron para ampliar la deuda pública y financiar más guerras.

Dentro de este contexto histórico cabe destacar la importancia de dos inflacionistas confesos.

POTTER (1650, mediados del sXVII): inglés; el dinero en papel moneda estaría respaldado por la tierra de la nación, no por metales preciosos. Creía en los beneficios de la expansión monetaria. Este Land Bank era una máquina de hacer dinero en perpetuo movimiento. Potter tenía especial preocupación en que el dinero no quedase acaparado en saldos de caja, sino que circulase para propiciar los beneficios de la inflación. El papel moneda es más eficaz dado que la gente prefiere deshacerse de él por su fragilidad, frente a las monedas metálicas. Creía que más dinero generaba más comercio, y por tanto, más riqueza. El aumento de dinero sería absorbido por un aumento de la producción, llegó a creer que terminaría bajando los precios, ante el gran aumento productivo, lo cual es algo más que un error teórico…

JOHN LAW (finales del XVII principios del XVIII): escocés; Huyó al continente. A favor de un banco central rural emitiendo papel moneda no convertible, respaldado por la tierra de la nación (FIAT). Proto-keynesiano, según Rothbard. Decía que su inflación llevaría a la estabilización del valor. Defendió la reserva fraccionaria ya que expandía la cantidad de dinero sin necesidad de recurrir a la acuñación de más oro. La inflación sólo traería beneficios, mejoraría la balanza de pagos. Se fijó en HOLANDA y quiso ver que su riqueza era debida a tipos de interés bajos y abundancia de dinero, ergo, sin advertir las causas, creyó que estos elementos bastarían para inducir el crecimiento de la nada. También se preocupó, como Potter, por el acaparamiento, proponiendo una ley que impidiese la acumulación de dinero.

El gobierno francés se creyó las ideas de Law nombrándole director de la Banque Générale, ostentadora del monopolio de emisión de billetes. Se transformó en la Banque Royale; en principio sus billetes eran convertibles en plata, pero desapareció la posibilidad. Fue nombrado director de la Compañía del Mississippi, donde se produjo un gran fraude, respaldo ficticiamente por una inmensa cantidad de tierra. Finalmente estalló dejando tras de sí una inmensa  expansión monetaria y de crédito.

CHILD (1630-99) y CULPEPER (principios del sXVII) defendieron la idea de que tipos de interés bajos eran la causa y no el efecto de la riqueza holandesa; eran panfletistas. LOCKE lo criticó, diciendo que una bajada arbitraria del tipo de interés produciría un empeoramiento económico restringiendo el ahorro y los créditos.

Desde 1690 se debatió en Inglaterra la reacuñación de la moneda, por su deterioro y pérdida de valor. Operaba la Ley Gresham: la gente atesoraba las buenas, y circulaban las malas, sobrevaloradas (perdieron hasta un tercio del valor). Los mercantilistas inflacionistas, pidieron que la Casa de la Moneda reacuñase alterando el contenido metálico, devaluando la moneda de plata y aumentando la oferta de dinero. Todo esto sucedía mientras el Banco de Inglaterra procedía a su explosión inflacionista. LOCKE denunció la devaluación propuesta como engañosa e ilusoria: lo que determina el valor de una moneda es el contenido metálico no el nombre que le pongan las autoridades, dice Rothbard. Defendió que la única función de la Casa de la moneda era la de conservar el valor NOMINAL monetario, o su exacto contenido en plata (Juan de Mariana). Triunfó Locke y en 1696 se reacuñó siguiendo los términos expuesto por éste.

En esa época CANTILLON adujo que las fuerzas del mercado mantienen el valor del dinero fiduciario a la par con el del oro o la plata en los que el papel moneda puede convertirse, y por tanto, dice que un incremento de la oferta del dinero fiduciario, convertible, tiene el mismo efecto que un aumento de la oferta del dinero real. Pero si se daña la confianza en el dinero, se produce desorden monetario y el colapso del dinero ficticio. El gobierno está tentado a imprimir dinero ficticio. El Efecto Cantillon: el dinero se introduce paulatinamente, por lo que la elevación de precios no es homogénea, sino que afecta a la estructura de precios relativos, contradiciendo a Locke. Quienes primero reciben el dinero generaran subidas de unos precios concretos, y así sucesivamente…

La asunción por parte del gobierno del monopolio de emisión de moneda llevó primero a la devaluación, como recurso expansionista y de pago de deuda pública, y después al nacimiento del dinero Fiat, sin respaldo, no convertible. Con él logró su objetivo primordial: la financiación de políticas coactivas e invasivas, tanto en el exterior como en el interior de su territorio.

Según HISTORIA DEL PENSAMIENTO ECONÓMICO, VOL. 1, MURRAY N. ROTHBARD.

Saludos y Libertad!

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Libertad Y Riqueza

Publicado por yosoyhayek en Junio 15, 2008

Hace unos días publique un post algo controvertido, EL DINERO OS HARÁ LIBRES. Polémico, sin duda, el anuncio de Caja Madrid pretendía romper moldes y puede que se pasara de frenada. Identificar Libertad y riqueza hace un flaco favor a la popularidad del discurso liberal, es obvio que alimenta los sofismas anticapitalistas (aunque siempre lo primero lleve a lo segundo).

La Libertad debe entenderse en su sentido original, auténtico, el que manejamos los liberales, como ausencia de coacción. La coacción debe proceder de la voluntad de un tercero. Son muchos los pensadores que han tratado el tema y desentramado satisfactoriamente la conceptualización del término libertad.

Berlin, ya lo comentamos, sistematizó la distinción entre la libertad, en su sentido negativo, como ausencia de coacción, y la libertad positiva, entendida como poder hacer, o mejor, profundizando un poco más, como necesidad de permisión previa para la acción, es decir, de que una voluntad externa defina las posibilidades de actuación del sujeto. Es este tipo de libertad la que más confusión suscita generando conclusiones erróneas y tendenciosas.

Hayek y Rothbard también profundizaron en sus obras en la distinción entre Libertad y poder. Hayek trató también sobre la conocida como libertad política, de participación en las decisiones públicas o en la elección de representantes, la libertad interior, utilizada por los deterministas para exonerar al individuo de responsabilidad por sus actos buscando orígenes difusos y abstractos sobre los que volcar la culpa, siempre ubicados en el orden o proceso espontáneo social y de mercado. Típico sofisma progre.

Interesa distinguir libertad de poder por las consecuencias que tiene su identificación en el tema que nos ocupa. Poder hacer algo, no frente a una barrera institucional sostenida por una voluntad, o por una coacción concreta, sino el capricho de querer hacer lo que física o biológicamente es imposible. No podemos volar, ni bucear indefinidamente, ni caminar sobre el agua, ni reproducirnos sin intervención de otro sujeto de sexo distinto… La intervención, la creación de un orden social basado en la libertad positiva siembra la convicción en el individuo de que basta con el permiso previo del Estado para que cualquier cosa sea posible. Es evidente que hay cosas que no lo son, hoy por hoy, pero todo llegará, y ahí estará el gobierno para conceder graciosos privilegios a costa de lo que sea.

La riqueza no debe identificarse con el poder de compra. Quede claro que no es rico el que mucho dinero tiene sino el que tiene capital, aunque normalmente, salvo que una lotería nos sorprenda, lo uno va unido a lo otro, a no ser que fundamos nuestros sueldazos en mero consumo, no invirtamos. El dinero permite hacer cosas, adquirir cosas, satisfacer fines concretos, reporta esa sensación de poder que tanto anhelamos.

Cuando dijimos, el Dinero os hará libres, nos referíamos al dinero como institucional social fundamental, medio de intercambio comúnmente aceptado capaz de multiplicar las posibilidades de satisfacción de objetivos, es decir, hacer más intenso y ampliar el producto básico del intercambio voluntario (ver Falacia de Montaigne). El dinero permite hacer cosas, pero no nos hace más libres, en sí mismo, si no hablamos de él como institución. La libertad es ausencia de coacción, sin más, lo otro es capacidad de compra. En un sistema de división del trabajo, dispersión del conocimiento, y mercado libre, el individuo goza de un poder innegable, oferta su capacidad, la que sea, que siempre será demanda por alguien como trabajo, pudiendo intercambiarlo por dinero y con él disponer sobre el bien que desee y pueda adquirir. Ese es el milagro del dinero como institución. La libertad es otra cosa, aunque no sea posible sin esas instituciones, el Derecho (no la legislación), el Mercado y el Dinero.

Espero que ahora se entienda mejor la idea, si no fuera así, seguiremos intentándolo.

Saludos y Libertad!

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CAPITALISMO E IMPERIALISMO

Publicado por yosoyhayek en Mayo 8, 2008

Rothbard es “malo”, pero da en la diana y sirve como referente. A los tibios hay que sacarle los colores, y a los confusos o proclives a dar oxígeno al enemigo, más si cabe. Eso hace con J.S.Mill, tan admirado por una “clase de Liberales”, que no debería denominar así, pero es que ellos gustan lucir el credo sin darse cuenta de que su auténtica madre es la socialdemocracia.

Dice Rothbard que “los pro-capitalistas que empiezan reconociendo el fundamento moral de sus adversarios se exponen a perder la guerra a largo plazo, si no la batalla inmediata, contra el socialismo”.

Traigo el tema a la bitácora por lo controvertido del mismo, da pie a muchas discusiones en las que todos sacamos la patita dejándonos ver el plumero que aun nos queda. Digo todos, porque yo el primero, pero para eso estamos aquí, para eso cada día intentamos dar un paso más advirtiendo las falacias y corrigiendo nuestros planteamientos.

Rothbard denuncia, en su Historia del Pensamiento Económico, vol. II, entre otros muchos defectos de JSM (tuvo otras tantas virtudes, si bien es cierto que deslucidas por las concesiones al credo liberticida), la justificación, heredada de su padre y el querido Bentham, amplificada, como es propio de un geniecillo, del imperialismo.

Dos son las ideas, las dos solapadas y en el fondo garantías de un único impulso, la arrogancia y el paternalismo occidental. Por un lado se habla del salvajismo, de la incapacidad de pueblos concretos para asumir el progreso que les brinda el mundo desarrollado, civilizado, claro, Europa y sus colonias “blancas” (ejem). Si son como niños que menos que un par de azotes, mucha intervención, las manos atadas y el cariño de un padre comprensivo pero severo. Invadamos esas tierras, eduquemos a sus bárbaros habitantes, ordenemos sus posesiones, tutelemos sus acciones, y oye, algún día, algún remoto día podremos dejarles solitos enfrentarse al mundo cruel (vista la descolonización del siglo XX lo que queda claro cuanto menos es el fracaso de la propuesta, aunque influyan otros muchos factores más allá del mero colonialismo imperialista).

Para dotar esta tremenda posición invasora, claramente coactiva, en principio contraria a los postulados de los defensores del laissez-faire (si leemos a alguno de ellos, en el siglo XVIII veremos que la idea de Progreso y Superioridad europea pesaba más de la cuenta), que rompe con los ideales de paz y libre comercio, base fundamental del capitalismo, era necesario recurrir a una “ley inmutable de la economía”, vamos, una ley natural que sirviera de legitimación incontestable para proceder a pasar el rodillo por las colonias. Asume Mill la falacia de Wakefield, o la postura de Bentham, contradiciendo a la Ley de Say. Esta postura da por sentado que el sistema capitalista, las naciones capitalistas europeas, generan indefectiblemente un capital excedente que deben invertir fuera de sus fronteras para mantener el nivel de crecimiento y continuar su expansión. Es decir, siguiendo la doctrina marxista-leninista, el capitalismo conduce como paso necesario en su evolución al imperialismo, es decir, a la invasión y esclavitud de los pueblos… Ta chan!

Claro, con estos amigos, no necesitamos enemigos; hablo de los liberales de verdad, los que si defendemos el libre comercio, la ausencia de coacción y la propiedad privada. A muchos les parecerá obvio el contenido de la falacia, pero el que sepa algo de economía advertirá con claridad que no es más que un sofisma tendencioso. El Capitalismo es el único orden capaz de mejorar la vida de los individuos, pero no solo eso, que sería sin duda un planteamiento utilitarista, más misiano, sino que es el único orden que respeta la libertad individual, la naturaleza humana, que parte de la integridad moral y la dignidad individuales y fundamenta todo su bagaje en la ética de la libertad. Rothbard, para los que aun zarandeen entre las buenas intenciones y la incoherencia teórica y conceptual, hace un magnífico análisis en su Ética de la Libertad sobre la propiedad, el derecho a la misma, y como debe restituirse en los casos de expolio ilegítimo perpetrado, entre otros lugares, en las antiguas colonias.

El Capitalismo no conduce al imperialismo, son conceptos contradictorios que solo en el discurso anticapitalista son útiles para distorsionar la realidad. Pero es que además son las leyes económicas las que demuestran absurda tal conclusión. Ética y eficiencia son dos caras de la misma moneda, capitalismo y libertad, también, o lo que es igual, sólo existe un credo político y económico perverso e inhumano, el socialismo y el estatismo.

Saludos y Libertad!

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MARX Y ROTHBARD

Publicado por yosoyhayek en Abril 30, 2008

Me merezco un premio. Por fin he terminado de leer los cinco capítulos (del IX al XIII, incluidos) que le dedica Rothbard en el Volumen II de su Historia de Pensamiento Económico. Soy de los que releen, piensan y vuelven a leer. La primera fase está completada, y he de reconocer que ha sido instructivo al tiempo que tedioso. Me explico: Rothbard toca todo Marx, con matices, desde su pensamiento filosófico e histórico hasta el económico. Es demasiado extenso en muchas cosas mientras que en otras se ajusta al especio debido, eso hace que la lectura sea como una montaña rusa de entusiasmo e interés. Aun así mi nota es 9,9 y recomiendo la aventura a todos, los que no tienen ni idea, los que creen que tienen demasiado, los prejuiciosos, los resabiados, es igual, algún impacto tendrá.

Rothbard recurre en su explicación a Alexander Gray en varias ocasiones, reproduciendo esta cita suya que considero oportuno traer este post por su humor e ironía…:

“Presenciar como Böhm-Bawerk o Mr. (H.W.B.) Joseph despedazan a Marx sólo es un placer pedestre; porque éstos sólo son autores pedestres, tan pedestres como para tratar de aferrarse al significado evidente de las palabras, sin darse cuenta de que lo que Marx realmente quiso decir (Cole) no guarda relación necesaria alguna con lo que innegablemente dijo.

Ahora bien, contemplar a Marx rodeado de sus amigos constituye un disfrute de orden completamente diferente. Porque es casi evidente que ninguno de ellos sabe realmente qué es lo que de verdad quiso decir Marx; incluso no saben muy bien de qué estaba hablando; existen indicios de que tampoco Marx sabía lo que hacía.

En concreto, no hay ninguno que nos diga qué es lo que Marx entendía por “valor”. Pero, lo que de verdad revelan todas estas conjeturas es algo increíble, y me atrevería a decir que único. En cierto sentido, el Capital es un tratado en tres volúmenes que expone una teoría del valor y sus múltiples aplicaciones. Pero Marx nunca accede a decir qué entiende por “valor”, que, por consiguiente, es lo que uno quiera hacer de él a medida que lee el rollo desplegado entre 1867 y 1894.

Tampoco sabe nadie en qué mundo tiene aplicación todo esto. ¿Es el mundo en el que Marx escribió? O ¿un mundo capitalista abstracto, “puro”, que no existe más que como idea de la imaginación? (Croce)O (por muy extraño que parezca la sugerencia) ¿no podría haber estado pensado Marx (probablemente de modo inconsciente) en términos de condiciones medievales? (Wilbrandt).

Nadie lo sabe. ¿Nos interesa la Wissenchaft, los eslóganes, los mitos y las fórmulas mágicas? Se ha dicho que Marx fue un profeta; quizás esta sugerencia nos brinde el mejor enfoque. Uno no somete a Ezequiel y a Jeremías a las pruebas a las que se hallan sujetos hombres menos inspirados. El error del mundo y de la mayoría de los críticos quizá sólo haya sido el no haber considerado a Marx lo bastante profeta, un hombre más allá de la lógica, que pronuncia palabras crípticas e incomprensibles que cada cual puede interpretar como le plazca.”

Alexander Gray.

Böhm-Bawerk refutó por completo en 1884, si no me equivoco en el año, la teoría de la explotación, aportando su Teoría del Capital y el interés, hito científico sin parangón. Rothbard desrma el sistema marxiano de arriba abajo, sin demasiado esfuerzo, el trabajo estaba hecho, pero sintetiza la demolición con inteligencia y claridad expositiva. En unos tiempos donde Marx sigue estudiándose, no criticándose, casi alabándose,  en las clases de filosofía, historia, incluso economía, no ya del colegio, que también, sino en las facultades de historia, Derecho y ciencias económicas, entre otras, merece la pena que alguien que sí sabe de economía sirva como referencia para adentrarse en la obra de este maníaco y falaz aprendiz de brujo. Rothbard, de nuevo, imprescindible.

Saludos y Libertad!

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EL SUBCONSUMO, falacia anticapitalista.

Publicado por yosoyhayek en Abril 28, 2008

En tiempos de crisis económica sacan pecho los anticapitalistas, resabiados, que ven óptima ocasión para lanzar sus proclamas de siempre. Los tópicos se suceden y la falta de rigor queda enmascarada detrás de una solemnidad arrogante y biendicha que calla al liberal que no maneja el paradigma adecuado. Resulta que son eso liberales los que más daño le hacen al principio que creen defender con acierto. Tu tibieza, su titube dificulta y entorpece la dura tarea de quien si quiere plantar cara al socialismo. No sólo debemos hacerlo en lo teórico, en lo histórico, en lo político, sino también, y con más fuerza s cabe, en lo moral. Rothbard ataca a quien “primero reconoce en el socialismo, e incluso en el comunismo, el sistema social “ideal” y luego da marcha atrás lamentándose de que o es probable que aquel pueda realizarse en este mundo práctico y cruel”, y dice: “Los pro-capitalistas que empiezan reconociendo el fundamento moral de sus adversarios se expone a perder la guerra a largo plazo, si no la batalla inmediata, contra el socialismo”.

En este blog hemos hecho hincapié en la explicación y ejemplificación de la teoría del ciclo austriaco. Con ella es posible esclarecer los fenómenos que hoy padecemos, su origen, la realidad que subyace a los ciclos recurrentes de auge y depresión. Nuestra lucha contra la falacia y el error teórico no cejará, mucho será el tiempo que dure la recesión, más con una política económica incorrecta. Tiempo tendremos de analizar hechos, de traer al blog los estudios de otros, pero también necesitaremos atención y vehemencia para contradecir los argumentos anticapitalistas, que clamarán por una mayor intervención, que adjudicarán la hecatombe al mercado libre, que harán todo lo posible por recuperar espacio e invadir aun más la esfera de libertad que hoy por hoy disfrutamos.

La idea que repetirán como origen de la crisis es antigua. Merece la pena volver a citar a Rothbard cuando, en su volumen II de Historia de Pensamiento Económico analiza el marxismo. Dice que “se utilice para explicar crisis cíclicas o depresiones permanentes, el Subconsumismo es, en cualquier caso, una teoría completamente viciada. En primer lugar, los ahorros no se “escapan” de la economía; se emplean en inversiones vitales en recursos y bienes de capital. Algo más importante es que, como sucede en todas las teorías endebles, el sistema de precios abandona la escena, y nos quedamos con las apisonadoras agregativas de la “producción” y el “consumo” enfrentadas una a la otra. No existe la superproducción; sólo se produce demasiado para el precio que los consumidores están dispuestos a pagar, un precio que, durante la crisis, no cubre los costes asumidos por los hombres de negocios. Ahora bien, una vez que reconocemos eso, también debemos saber que para equilibrar la producción y el consumo, para eliminar el problema de una oferta, o provisión de bienes, que excede la demanda, todo lo que tiene que suceder es que bajen los precios. Bájense los precios y en breve equilibrarán la oferta y la demanda, y las pérdidas, sólo serán temporales. Esta cuestión lleva al analista a dar un paso más: ¿cómo es que esta vez los hombres de negocios –empresarios con un historial general excelente en la previsión de la demanda y los costes- pujaron de un modo tan excesivo sobre los costes que ahora sufren pérdidas al tratar de vender el producto? En definitiva, ¿por qué los hombres de negocios cometieron esta serie de errores graves de previsión que caracterizan a un periodo de crisis económica? Por supuesto, nada de esto pudieron plantearse Marx y los subconsumistas, que no se tomaron la molestia de tener en cuenta el sistema de precios. Es más, al igual que Smith y que Ricardo antes que él, Marx carece de toda concepción sobre el empresario o sobre la función de la empresa.”

Espero que la cita, larga cita, ayude a muchos a advertir el origen de la cuestión. Más, en la página dedicada a Ciclos Económicos.

Saludos y Libertad!

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LA FALACIA DE MONTAIGNE

Publicado por yosoyhayek en Marzo 13, 2008

No será la última vez que en este blog recurramos al genial y ácido Rothbard para entregar a la reflexión propia y a la de quien nos visite ideas y comentarios sobre historia del pensamiento económico y otros muchos aspectos recogidos en su obra.

Montaigne, del que puedo decir que tengo sus obras completas pero aun no me he decidido siquiera en abrir el volumen, es sin duda uno de los ensayistas franceses más conocidos del siglo XVI gracias a su decidida defensa del absolutismo real. Me interesa, en este aspecto, por sus ideas sobre la obediencia del mandato, no ya del Derecho, y por la declarada aquiescencia con el parecer real, al que uno debe someterse ordene lo que ordene. Es una suerte de positivista temprano, y como nos indica Rothbard, sigue a Platón en su convicción de que aun queriendo que cambien nuestros gobernantes, “debemos sin embargo obedecer a los que tenemos”. Esto suena un poco a la cantinela socialista esgrimida en cuanto a la negociación con ETA, exigiendo al PP que en la política antiterrorista, siempre, siempre, debe estar la oposición al lado del gobierno, haga lo que haga… El absolutismo es inmoral…

Pero hay algo más importante y relevante en el conjunto de ideas de Montaigne, algo que no por él, pero seguro que si en parte gracias a su formulación, ha imperado y dañado gravemente al pensamiento político, jurídico y económico posterior, aun hasta nuestros días.

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La Falacia de Montaigne, como la llamo Mises, rompe con su escepticismo habitual.  Tal falacia sirve de base a todas las falacias y errores teóricos e intelectuales en los que se basa el mercantilismo, y por qué no, también el socialismo. Opina Montaigne que en el comercio siempre uno se aprovecha del otro, es decir, siempre hay quien sale beneficiado a costa de la perdida en la que incurre el otro; dice “no se puede obtener un gran beneficio sino a costa de otros”

La falacia es de tal calibre, pero tan sencilla de asumir y repetir que ha servido como justificación y origen de otras tantas barbaridades de consecuencias tan negativas y sangrantes que sobra cualquier comentario. En libertad, el intercambio voluntario entre dos sujetos sólo se producirá cuando ambos encuentren satisfacción de sus fines en el mismo, es decir, cuando valoren más lo que el otro ofrece que lo que él deba entregar para adquirirlo. Sería burdo rebatir esta obviedad aludiendo a situaciones dónde no acontezca un intercambio voluntario, dónde alguien usurpe al otro entregando lo que prefiera como gesto displicente. Estando perfectamente definidos los derechos de propiedad y respetando la libertad, en el comercio nadie entrega nada propio a no ser que valore más aquello que recibirá a cambio, y en esto, el intercambio es recíproco y no cabe duda alguna. Recomiendo la lectura de la Acción Humana, capítulo XXIV, ARMONÍA Y CONFLICTO DE INTERESES, página 783 y siguientes, en especial lo dicho en la 807. No seré yo quien mejore a Mises…

AMPLIACIÓN 22/03/08: Como bien nos recuerda Mises, el propio Voltaire, “gran debelador de vetustas supersticiones y populares falacias” (M), identificó el comercio internacional con la guerra, diciendo que “es obvio que jamás puede prosperar una Nación sino a costa de otra, resultado inconcebible unaconquista que no infiera daño a tercero” (V)… Un gran pensador víctima de se sus propias enemigas intelectuales…

Saludos y Libertad!

(La foto no pretende hacer alusión al 11s)

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Bruno Leoni

Publicado por yosoyhayek en Febrero 27, 2008

El título de este nuevo Blog y la primera entrada que hago están dedicados a la gran obra de Bruno Leoni, La Libertad y la Ley. Como jurista tuve que padecer una licenciatura cargada de materias tediosas, no por su contenido sino por el método de estudio y el tratamiento caprichoso de textos y profesores. El Derecho, la Ley, son algo distinto a eso que se imparte en las Facultades de ciencias jurídicas. Hayek y Leoni, entre otros, pero ambos como representantes fundamentales, han dado una nueva visión al análisis del Derecho, desde una perspectiva evolucionista propia de la Escuela Austríaca de Economía, trayendo de nuevo todo aquello que del Derecho Romano, también del Common law, quedó en anécdota para muchos científicos sociales, pero que en realidad sigue vivo, a pesar del positivismo, y debe guiar el futuro desarrollo de los ordenamientos jurídicos occidentales.

La Libertad y la Ley, de Leoni, Derecho, Legislación y Libertad, de Hayek, y como elemento crítico y necesario, La Ética de la Libertad de Rothbard, son tres obras que todo jurista debería tener en su biblioteca y haber leído con atención por lo menos una vez.

Inicio este blog con esta declaración de principios. Vendrán muchas más, pero esta es el primera. Queda abierto el blog, veremos qué sale de todo esto.

Saludos y Libertad!

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