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El sistema de Banca Central (EE.UU y los gigantes hipotecarios)

septiembre 9, 2008

“La institución de la banca central tiene su origen en el fracaso de los poderes públicos a la hora de definir y defender adecuadamente el derecho de propiedad de los depositantes”. (p. 503 Dinero, crédito Bancario y Ciclos Económicos)

Huerta de Soto, en su libro Dinero, crédito bancario y ciclos económicos, sigue, entre otras, la senda trazada por el teorema de imposibilidad del socialismo para demostrar cómo la banca central, al margen de su perverso origen, adolece de las mismas trabas que cualquier órgano de planificación que pretenda organizar la sociedad o un mercado concreto a partir de mandatos y una gestión estática y deficiente de la información. Lo relacionado con los mercados financieros y el dinero, y por supuesto los tipos de interés, muy al contrario de lo que otros paradigmas o escuelas económicas defienden, tiene especial y fundamental trascendencia en todos los órdenes posibles del mercado.

En su libro (Huerta de Soto) muestra el origen de la reserva fraccionaria en el depósito bancario, privilegio concedido por el poder político a costa de vulnerar y dejar sin vigencia los principios generales del Derecho que obligan en todo depósito irregular a la guarda y custodia del tantundem, o equivalente en calidad y cantidad de lo depositado (lo que en el ámbito dinerario exigiría el coeficiente de caja del cien por cien). Cuando no es así, y los bancos disponen de lo depositado en ellos, se genera una expansión crediticia que produce una bajada correlativa de tipos de interés llevando a los inversores a la realización de malas inversiones que derivan, tarde o temprano, en un necesario reajuste en forma de crisis económica.

Esta circunstancia lleva a la ruina a aquellos empresarios que efectuaron, en época de bonanza, inversiones que ante el ajuste devienen catastróficas (por culpa del dinero fácil y una señal errónea con un tipo de interés por debajo de su nivel natural), genera crisis bancarias, retiradas masivas de depósitos, contracción súbita del crédito. La consecuencia inmediata son quiebras bancarias generalizadas.

Dada la fragilidad de un sistema donde no se respetan los principios generales del Derecho concediendo a la banca el privilegio excepcional de poder disponer sobre los depósitos irregulares de dinero, empuja al sector, y al Estado mismo (máximo beneficiado de las expansiones crediticias) a constituir un órgano de planificación central de los mercados financieros que sirva a su vez como prestamista de última instancia. A él se recurrirá en los momentos de contracción. Gracias a la expropiación del dinero privado (el oro) imponiendo un dinero fiduciario, fiat, no convertible, para salvar a las entidades bancarias a costa de extender el coste entre todos los ciudadanos en forma de inflación y una recesión más profunda.

El banco central no es resultado evolutivo y espontáneo del proceso de mercado. Es una institución coactiva encaminada a garantizar determinados objetivos políticos. La complicidad entre banqueros y gobierno es más que evidente: mientras que unos incurren en una apropiación indebida de fondos ajenos para emplearlos en sus negocios y expandir el crédito de forma desorbitada, otros se sirven de esa creación de dinero de la nada (dinero fiduciario) dando viabilidad al sistema a costa de devorar silenciosamente el patrimonio de todos: inyección de liquidez, inflación sobrevenida, e interviniendo aquí y allá para salvar a los bancos de la quiebra.

Todo esto escenifica uno de los concubinatos delictivos más escandalosos de la historia reciente de la humanidad, llevando a la práctica aquello que ya hemos explicado en los regímenes socialistas, donde todo está planificado y nada queda a disposición del mercado. Los Bancos privados y el mercado en que actúan, pueden considerarse intervenidos a unos niveles casi insoportables. Es más, la oferta de dinero y el tipo de interés obedecen a las directrices de ese órgano de planificación central con todas las características de un régimen socialista de primer orden.

El banco central nunca podrá responder a las necesidades del mercado ordenando desde arriba la fijación del tipo de interés o la oferta monetaria adecuada. Siempre somete al mercado a la crisis de sus decisiones, pero más si cabe cuando las burbujas de inversión y especulación erróneas y masivas estallan. La inyección de liquidez en esos momentos impide el reajuste espontáneo y necesario: la sana recesión.

Huerta de Soto, siguiendo a Hayek, nos dice que “todos los bancos centrales se enfrentan a un dilema básico que hace inevitable que su política deba efectuarse con un amplio poder discrecional en un entorno en el que carecen de toda la información que necesitan para lograr sus objetivos” (p.509 Dinero, crédito Bancario y Ciclos Económicos). La estadística no proporciona información cualitativa. No es objetivizable el conocimiento sobre los componentes de la oferta y la demanda de dinero. No pueden ajustarse mediante el estudio de agregados que extravían los elementos fundamentales del proceso.

 “Son los cambios en la cantidad de dinero y en su distribución, a través de la expansión de créditos sin respaldo en ahorro, o mediante el gasto directo de las nuevas unidades monetarias en determinados sectores de la economía, los que producen un grave efecto perturbador dando lugar, de manera generalizada, al desajuste o descoordinación en el comportamiento de los diferentes agentes” (p.511 Dinero, crédito Bancario y Ciclos Económicos).

El socialismo genera “información errónea o equivocada, dando lugar a un comportamiento generalizadamente irresponsable” (p.116 Socialismo, Cálculo Económico y Función Empresarial). El órgano de planificación, Banco central en este caso, peca de voluntarista no asumiendo su ignorancia absoluta respecto a la información relevante en sus decisiones. Se mueve a partir de grandes números, agregados sesgados y caprichosos que ocultan la realidad haciendo más imposible si cabe la toma de decisiones. Se reafirma  Huerta de Soto aduciendo que “no se trata, por tanto, de comparar el conocimiento del órgano central de planificación con el de un empresario individual suelo y aislado, sino con el generado y utilizado por todo el entramado de empresarios individuales que ejercen libremente la función empresarial en una sociedad libre”. (p.338 Socialismo, Cálculo Económico y Función Empresarial)

Es constatable e inevitable que la legislación bancaria incurra en fracasos respecto a sus fines. Ordenar el mercado al margen de las preferencias temporales, bajo la expropiación del medio de intercambio evolutivo y privado (el oro) obligando a los agentes a aceptar forzosamente como medio liberatorio de pago dinero fiduciario, producido a su antojo por el banco central, entre otras muchas regulaciones, lleva sin remedio a todos los errores de los que el socialismo nos ha dejado constancia, como teoría, y como drama social práctico.

(Más y mejores argumentos en el artículo de Rallo respondiendo las falacias escolares)

Saludos y Libertad!

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