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Garzón, cuéntame otra vez

octubre 17, 2008

Como hizo Ismael Serrano, con su posmodernismo facilón, Garzón echa mano de la historia reciente para redimir miserias y ganar la guerra de Papá.

Serrano, por la generación a la que pertenece, quiso vender el recuerdo de los contestatarios sesenta olvidándose de los que sí lucharon por la libertad, recurriendo en exclusiva a las poses y proclamas filomarxistas y totalitarias. Mucho cántico a la paz y la libertad escondiendo en realidad una arrogancia intelectual (infundada, propia del analfabeto funcional) muy escorada a las posturas más liberticidas de nuestra historia reciente. Aún así, se hizo un hueco y ofreció la tontería reminiscente que mucho púber demandaba. Hubo ajuste; cosas del mercado.

Garzón, que por sus años, si es hijo de la guerra, busca su momento, y no me extrañaría, como bien explicó JJ (Con Propiedad…), que todo formara parte de una carrera de fondo para alcanzar el premio Nobel de la paz. Que es el único, con la excepción de cuatro honrosas nominaciones, al que puede acceder un mediocre alzado más por la propaganda de su persona que por los méritos laudatorios de sus obras.

La guerra civil fue terrible, lo peor que le puede suceder a un pueblo. Pero también fue puro espectáculo, destino turístico y filón para componer historias, mitos (de todo color y condición) y todo tipo de falsedades tendenciosas. Internacionalmente, con la segunda Guerra Mundial en ciernes, fue el escenario de confrontación de paradigmas, ideologías y carreras totalitarias. España se convirtió en un reducto romántico, como lo fue en tiempos de Napoleón, donde dirigieron su mirada, con la superioridad del que se cree civilizado respecto a la bestiecilla dominada por sus atávicos instintos (los españolitos, claro).

Garzón clava sus garras en causas remotas de las que solo quedan cuatro nonagenarios como artífices directos, y otros tantos ancianos que recuerden los hechos. La posguerra, que fue terrible y origen de muchos traumas, dejó otras generaciones, que en general, mayoritariamente, han olvidado, pasado página o normalizado sus vidas a pesar del hambre, los conatos totalitarios padecidos o el recuerdo de tragedias familiares.

La generación de Garzón es la primera de la que en España podemos afirmar no ser protagonista de nada del pasado y prácticamente de nada del futuro. No es la generación de la posguerra, ni en el recuerdo ni en su obra de reconciliación y transición política. Garzón es un cincuentón (53) que tenía 25 años en 1978, 29 en 1982. Vivió pero no protagonizó esos años. No estuvo en la responsabilidad de constituir un país tras 40 años de dictadura nacida de una guerra fratricida.

Tampoco pertenece a la generación del padre de Ismael Serrano (que no sabemos si estuvo  en el mayo francés), si pone la televisión para ver un episodio de la cada vez más tendenciosa y absurda “Cuéntame cómo pasó…”, está más cerca de Carlitos que de Tony. Y claro, Carlitos es de la quinta de Zapatero, debe ser que por eso los guionistas lo quieren convertir en un joven y concienciado activista de quince años.

Conclusión, nos encontramos, como en el caso de nuestro Presidente, ante un personaje, Garzón, víctima de su época, de sus ansias por poder contar batallitas, por haber protagonizado algo, lo que sea. Esa frustración, esa rémora nacida de tanta batallita ajena, de hermano mayor, de padre reminiscente, recurrente o idealizado, genera, al margen de otras otros vicios, egolatría y afán de notoriedad, un esperpento de personalidad que inevitablemente se infiltra en cada acto, cada decisión, más si cabe en el ámbito profesional. Garzón es un juez injusto, un juez personaje que condiciona su labor a las pasiones que lo comprimen y atenazan. A todos nos sucede, nadie permanece al margen de sus miserias. Pero el poder y las facultades a su cargo, lo convierten en un pelele ridículo a merced de medios y contertulios ávidos de carnaza que destripar.

Saludos y Libertad!

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5 comentarios leave one →
  1. octubre 17, 2008 8:25 pm

    Veo que compartimos la misma opinión de Ismael y de la serie Cuéntame, en fin, cultureta progre que se retroalimenta para sobrevivir.

    Respecto a la “garzonada” pues imagino que es una nueva táctica de distracción, así el personal se pone a discutir de lo que pasó hace 70 años y no de la que se nos viene encima.

    Resulta curioso que este tipo rechazó una petición similar, por lo de Paracuellos, y la rechazó por los mismos motivos que ahora todo el mundo le echa en cara ¡y eso que con lo de Paracuellos no tiene tanto trabajo! se saben los nombres, de dónde salieron los reos y, encima, no tiene que pedir partes de defunción, el responsable anda por ahí suelto soltando paponás a la mínima ocasión.

    No defiendo ningún bando, mucho menos en una época en la que la política era lo más extremista, o marxismo o fascismo, no había otra, pero la gilipollez de Garzón y la de sus corifeos, empieza a tocar algo más que las narices, si quiere investigar que lo haga, pero dejando a los historiadores trabajar, si lo que busca son responsabilidades llega tarde,ya hubo una amnistía en ¿1977?

    Pero que tenga ojo dónde mete la mano porque todavía quedan muchos chekistas y aficionados al “paseo” vivitos y coleando, que yo incluso conozco, y a ellos nadie les ha pedido responsabilidad pese a tener muchos crímenes a sus espaldas, muchas de sus víctimas fueron asesinadas, sin juicio, por el simple hecho de no tener callos en las manos.

    Saludos

  2. liberand permalink
    octubre 17, 2008 10:45 pm

    El Nobel de la Paz desde que se lo dieron a Al Gore está bastante desprestigiado, no me extrañaría que algún día se lo veamos al Gran Juez.

  3. atroma permalink
    octubre 18, 2008 8:58 am

    Ya hay una cifra aproximada; 130 millones de euros, va a costar. Y ya se sabe, cuando hay tráfico de dinero, entre la calderilla que se pierde, y los intereses que se genera, hay excelentes motivos para hacer de franco una causa. Además, no creo que sea de garzón la iniciativa, hay un movimiento de intereses, aparte del económico, y medición de tiempos, que ya veremos.

    Crecí con un padre “franquista” y un abuelo revolucionario. Por entonces simpatizaba más por el abuelo que por mi padre. Aunque recuerdo más justo a mi padre que a su suegro. Lo cierto, es que mi abuelo fue revolucionario hasta el 78, el acuerdo entre formaciones para las reformas políticas. Mi abuelo con escasos 60 años me reconoció ciertos puntos de vista, criterios que me marcaron desde entonces, me dijo: los de izquierdas mataban a los de izquierda, a los de la derecha, y a los que no se sabía. Los de derecha solo mataron de izquierdas. También simplifico el golpe de estado; necesitábamos una policía que parara las barbaries, no la hubo, y esa tarea la intento hacer el ejercito. Mi abuelo no cuestionaba el alzamiento, sino los 40 años de dictadura. Aunque en el 90 me dejo otro simplificado resumen; con franco tuvimos dictadura hasta el 75, si hubiésemos ganados los revolucionarios, hubiésemos tenido dictadura hasta el 91. Mi abuelo no votaba, no votaba a la derecha por sus principios, no votaba a la izquierda por sus mentiras.

    De seguir vivo, seguro que disfrutaría mucho con él. Trataríamos ideologías sin políticos. Lo opuesto de garzón.

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