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The Last Laugh: análisis superficial de la Crisis

noviembre 2, 2008

John Bird y John Fortune, “the long Johns”, protagonizan, con más muecas y picardía que Benny Hill (qué tiempos!, y sin rombos), una conversación, amago de entrevista, que trata de desvelar, con humor e ironía, las causas de la actual crisis financiera internacional. Reírme, me he reído, no puedo negarlo, pero me temo que de la mueca a lo Monty Python, son más las reservas y críticas suscitadas, que la alabanza por haber sabido construir un diálogo impecablemente agudo.

El Agente de inversiones distingue entre dos tipos ideales como partícipes en el Mercado (Financiero): Personas serias y sofisticadas, con mentes claras y conocimientos sobrados, y por otro lado, una masa víctima de sus sentimientos y supersticiones. De repente, sin venir a cuento, esa clase ejecutiva, aguda y sofisticada, decide que la cosa va mal, abriendo indefectiblemente una terrible e irracional desbandada en los mercados. Pero poco después, esas mismas personas pasan del ”Vende!, sálvese quien pueda!”, al, “Compra, es una oportunidad inmejorable”.

Resulta evidente que el hecho de presentar a los agentes financieros como fieros y caprichosos especuladores de cuyas neuras y arbitrarias decisiones se originan pánico y desplomes en cadena, responde al tópico que desvincula radicalmente los mercados financieros de la economía real, la estructura productiva y su auténtica capacidad. Se hace culpables a los especuladores de todo desequilibrio y perturbación, inflando precios, desplomando el valor de determinados activos y títulos…

El Sentimiento del Mercado, dice el humorista. Suena al recurrente animal spirits keynesiano, que si bien no podemos desechar por completo, ofrece una visión torpe, prejuiciosa y cargada de ideología contraria al libre mercado.

“Los agentes de mercado no saben si comprar por el rumor y vender por la noticia, hacer lo opuesto, hacer ambas cosas, o no hacer nada; según la dirección del viento”. Esta frase tiene un fondo de verdad: los agentes, en general, no saben muy bien qué sucede, cómo funciona el devenir cíclico provocado por la intervención en los mercados, y en general, se dejan llevar por decisiones poco ajustadas. No merece la pena proceder a un análisis de la psicología humana y la forma en que se toman decisiones dentro de un sistema donde se desconoce la mayor parte de la información y uno es solamente un grano de arena en un desierto de agentes, “movidos como dunas por el viento”.

La cuestión es por qué razón se producen errores masivos, por qué la mayoría de los agentes precipitan movimientos, bien de inversión y apuesta por un activo, o de corrida masiva huyendo de un sector, bien o título. Esos vaivenes no son normales salvo que la distorsión de las señales y los mercados sea tal que al final todo se convierta en un juego del que aprovecharse en cada momento con el único objetivo de ganar hoy lo que se cree no se podrá ganar mañana.

Los mercados financieros en una economía intervenida, con reserva fraccionaria, banco central, dinero fiduciario, ergo, ciclos expansivo recesivos, cuellos de botella, burbujas especulativas, etc… son un circo lleno de fieras donde las señales no existen y termina operando el  sálvese quien pueda.

El análisis humorístico comenta realidades pero se queda en la superficie de los hechos. Esa falta de teoría y profundidad vicia el resultado y ofrece consecuencias devastadoras para la formación de una opinión pública crítica y juiciosa. El tópico anticapitalista humea en todo momento.

Exactamente lo mismo sucede con el comentario sobre las causas de la crisis subprime. La cuestión es la enajenación del riesgo hasta el extremo de desvincular al tenedor del título del conocimiento más próximo de la calidad del mismo. No está mal que se denuncien de esta manera los peligros planteados, pero de nuevo, por desconocer las causas primeras de esta situación, el análisis queda en gran medida invalidado en cuanto a los juicios de valor que se pretenden presentar veladamente.

“No puedes esperar que se haga por nada. Es un trabajo duro”

De nuevo el recurso a la mofa sobre la irracionalidad de las decisiones de los agentes. Todo depende de los “nombres” de esos Fondos de riesgo: Fondo estratégico de Crédito estructurado de Alta Gama, por ejemplo. Y esa, según el humorista, es la magia del mercado: Lo que empezó siendo una hipoteca concedida a un hombre negro pobre se convierte en un Fondo con un nombre que hace imposible pensar vaya a fracasar. La burla es buena, pero falta la conexión con la realidad. Uno puede llegar a dominar estos conceptos y acontecimientos pero permanecer totalmente ignorante respecto a la mejor teoría que hace posible la comprensión de las causas fundamentales de una situación de error masivo en la consideración de riesgos inducida por malas inversiones generalizadas en sectores concretos. Se apunta la cuestión, pero es evidente que profundizar quitaría gracia al la escena, y total, para qué formar opinión si podemos sembrar el camino de tópicos y lugares comunes. Vamos, como El País pero con la excusa de ser un programa de humor.

La crítica final es aguda pero no está bien conducida. Es evidente que pretende reiterar aquello de la avaricia y la codicia de algunos como el origen cierto de la crisis. La denuncia parece dirigirse a que esos mismos que “provocaron” las turbulencias sean los que acaben siendo recompensados por los Bancos Centrales y los gobiernos, tratando de evitar males mayores.

Tabula rasa, dice el agente. Olvidémoslo todo y volvamos al circo, al juego financiero. Olvidemos la crisis, saldremos a flote, y todo seguirá como antes, preparando la siguiente. Es triste que tanta genialidad a la hora de componer un diálogo tan ácido y gracioso, no se haya visto completada por el manejo riguroso de la única teoría que hoy día explica las causas ciertas de la crisis e identifica, sin ambages y con claridad, a los responsables de la misma.

Saludos y Libertad!

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