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Más gasto, menos impuestos y más dinero en circulación

noviembre 26, 2008

Son las medidas con las que afrontar el asumido de antemano fracaso de los planes de rescate. Puede que las entidades beneficiadas sobrevivan, pero los efectos positivos en cuanto a la reanimación económica, están muy lejos de ser ciertos. Los gobiernos del mundo echan mano de viejas recetas, teorías marchitas y profundamente reconsideradas, pero que en tiempos de crisis, cuando ya nada parece funcionar, representan la única alternativa “viable” que no suponga la paulatina desaparición del Estado.

Tenemos dos opciones para hacer de esta recesión un periodo relativamente breve: por una lado, la alternativa liberal, o lo que es igual, la mengua del Estado, bajada del gasto, de tributos, regulación y vuelta al patrón oro y un sistema financiero libre y autoajustado; y por otro, el ánimo estatista: dejarlo todo como esta, tratar de sellar las fugas en el casco y seguir remando a la espera de un milagro…

Analicemos la segunda de las opciones, puesto que parece ser la dominante. Desde Europa, la Comisión, tras la iniciativa del gobierno británico y el cariz que está tomando la estrategia económica de la nueva administración norteamericana, toda la atención se centra en dos puntos: animar la demanda agregada, y por ende, la restauración de niveles crecientes de crédito. Se busca que no decaiga el consumo y al mismo tiempo se sostenga y aumente la inversión. Variables que en una economía sostenible deben ir en sentido opuesto, cuando lo hacen en la misma dirección, se generan los desajustes y quebrantos que hoy padecemos en forma de recesión. Aun con todo, la salida al problema supone sentar las bases de crisis futuras, en el mejor de los casos, porque como todo apunta, no será sino el resorte para hacer de esta una depresión mucho peor que la de los años 30 del siglo pasado.

Los gobiernos se proponen activar la demanda con dos mecanismos: la bajada de impuestos, como aquí la farsa adoptada ahora por los Socialistas respecto al impuesto de patrimonio, y, desde Reino Unido pasando por la Comisión, recortes significativos en el IVA. Dejar en manos de los contribuyentes una cantidad equivalente al 1,5% del PIB de la UE. Si a esto unimos el presunto saneamiento del sector financiero y el arranque de los planes de rescate reactivando la concesión de crédito, es de suponer (mucho suponer) que los efectos sobre la Demanda Agregada (dichoso Keynes) no tardarán en llegar.

Como se desconfía, y de qué manera, en la capacidad inversora y el acierto de los agentes privados, el Estado se convierte en el actor de referencia en la toma de decisiones y la asignación de recursos. Para que la inversión pública tenga suficiente capacidad en un panorama en el que se bajan los impuestos, o bien se sufraga con dinero de nueva creación o echando mano de la deuda pública. Más gasto y menos ingresos genera déficit. Esa es la receta.

Si la deuda pública no estaba ya a punto de colapsar, debemos unir déficits muy por encima del 3%, o esa es la previsión complaciente de gobiernos como el español. Parecen no comprender que todo ese dinero sale de algún lado. La capacidad de ahorro global está siendo engullida por las necesidades de los Estados, inauditas y crecientes. Succionar hasta la última gota de los recursos que deberían estar a disposición de los agentes privados, allí donde fueran más valorados, para proceder a las inversiones sectoriales capaces de reajustar y corregir los desequilibrios que nos han conducido a la actual situación, no es la mejor política contra la recesión. Los gobiernos ofrecen condiciones favorables pero asignan el ahorro captado en salvar y perpetuar las viejas y equivocadas inversiones. Contribuyen a retrasar o impedir el reajuste. Además comprometen a las próximas generaciones con un endeudamiento desbocado y generan las distorsiones que nos harán caer en la larga depresión que nos espera, o, en el mejor de los casos, en las próximas crisis económicas.

Consciente del límite y de los efectos que trae consigo el recurso masivo e indiscriminado a la deuda pública, unido al fracaso en la reactivación del crédito, los gobiernos se ven en la tesitura de adoptar otras medidas. Es lo que ha anunciado el tesoro y la reserva federal de los EEUU. La contracción del crédito, la caída en el consumo y la presunta incapacidad privada de activar la inversión, están haciendo más que posible un escenario deflacionario no dentro de mucho tiempo. O ese es el miedo que quieren presentar ante la población como justificación de toda medida, por muy extrema que parezca, para evitar semejante escabechina de deudores (el primero, el Estado), con consecuencias abruptas y trágicas cuando se viene de una situación inflacionaria crónica como la actual.

Para evitarlo, y esa era mi sospecha de hace días, tristemente confirmada, puesto que la expansión crediticia se les ha atragantado y los planes de rescate no han logrado el efecto querido, no queda otra que la emisión física de nuevos dólares, o nuevos euros (todo llegará). La reserva Federal fabricará 800.000 millones de dólares con los que adquirir títulos hipotecarios y deuda emitidas por los gigantes semipúblicos (ya intervenidos y salvados)  Fannie Mae y Freddie Mac y la Federal Home Loan Banks. Ese nuevo dinero inundará el mercado presuntamente desde el punto que es más necesario, favoreciendo el crédito, la nueva contratación hipotecaria, aliviando a los consumidores y haciendo revivir sectores estratégicos…

Son muchas las medidas, todas a la desesperada y fundadas en un error teórico de bulto: no es la caída del consumo y la incapacidad privada de afrontar nuevas inversiones o mantener las ya consolidadas lo que ha originado la crisis. Todo viene de las políticas expansionistas orquestadas por los bancos centrales, con tipos bajos y excesiva liquidez. Tratar de arreglar el desaguisado echando más leña al fuego sólo logrará que la situación no solo no cambie, sino que agudice las contradicciones y perpetúe los desajustes. Recurrir a tipos bajos, más gasto público, políticas fiscales espurias, inyección de liquidez o emisión de nuevos dólares o euros, pueden presentarse como las opciones más sencillas, pero, recordemos, que se fundamentan en postulados teóricos keynesianos, profundamente equivocados y, lo que es peor, demostrados inútiles en varias ocasiones.

Me temo que la situación es tan desesperada, que cada paso dado en los últimos meses no ha hecho sino empeorarla,  que las consecuencias, terroríficas, no tardarán en verse… pero serán, tan solo, una pequeña parte de lo que nos espera. El Estado es el origen y el Estado será quien nos condene a la mayor depresión económica de nuestra historia.

Saludos y Libertad!

5 comentarios leave one →
  1. noviembre 26, 2008 12:40 pm

    ¿ Crees que se derrumbará el dólar ?

  2. noviembre 26, 2008 1:51 pm

    Es lo único que les queda y a nadie le conviene que suceda. Ni idea, la verdad, aunque creen que todavía queda margen, así que ya se verá…

  3. Angel permalink
    noviembre 26, 2008 3:28 pm

    Es curioso como economistas como Thomas Sowell quitan hierro al asunto, y dicen que no es una crisis tan grave y desesperada…

  4. noviembre 26, 2008 3:48 pm

    Todo hace pensar que todavía no hemos visto lo peor…

Trackbacks

  1. Abrir zanjas, cerrar zanjas « LA LIBERTAD Y LA LEY

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