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Europa, hacia un orden económico internacional.

diciembre 23, 2008

Resulta extremadamente complicado advertir entre los hechos históricos descritos, interpretados y muchas veces distorsionados, una certeza acerca de la más ajustada conclusión sobre cómo y por qué aconteció esto o aquello. Supongo que como en todas las ramas de la historia, en sentido general, existen múltiples zonas oscuras que dificultan emitir juicios sin miedo a caer en gravísimas contradicciones.

Es muy importante identificar elementos fundamentales en el devenir histórico. El que determina en gran medida otros factores y es capaz de liberarse de los que a su vez lo condicionaron, es el Poder político. En un estudio sobre el mismo podemos entender una progresiva concentración de Poder en manos de estructuras de dominación territorial, progresivamente delimitadas, bajo la dirección de sistemas monárquicos. Sería complicado y tedioso profundizar más en la conformación de estos órdenes políticos, pero es interesante para las posteriores conclusiones advertir que el Poder tiene una tendencia innata a engrandecerse y asegurarse, contra otros poderes equivalentes. En otro aspecto del mismo, en cuanto a personificación u ostentación de este poder, a nivel interno, cuando no también externo, los grupos o clanes que dirigen el régimen, también se ven indefectiblemente avocados a una irrefrenable aseguración de sus posiciones.

Esto es sin duda lo que ocurrió en los siglos que fueron tránsito entre la época medieval y el mundo moderno. En los siglos XV y XVI surgieron los primeros Estados extensos, a nivel Europeo, con estructuras de poder necesitadas de independencia, o lo que es igual, soberanía, en cuanto a sus decisiones y sus aventuras históricas. La figura de la iglesia católica, encarnada en el Papa de Roma, como supuesto líder jerárquico, infiltrada en los incipientes Estados, como contrapoder al ejercido por los monarcas, no sólo suponía la herencia viva de un “poder universal” en occidente al modo de lo que fue el Imperio romano y su emperador, sino que significaba una instancia perfectamente refrendada por siglos de construcción teórica y asentamiento práctico imposible de desligar de las sociedades europeas.

La Reforma, con todas sus vicisitudes y particulares manifestaciones respondió a una tendencia irrefrenable del mundo moderno, que en todas sus expresiones, políticas, económicas y sociales, requería de nuevos cauces para legitimar lo que ya se venía haciendo y lo que se considera como paso necesario en el avance de la humanidad. Esto es tan amplio y complicado que es mejor dejarlo aquí y remitirse a lo que ya está escrito por tantos autores e historiadores, pero es obligado afirmar tal circunstancia antes de concluir lo siguiente.

Es obvio que la escolástica se esforzó en comprender lo que movía el mundo económico, lo que ya generaba riqueza y prosperidad. Las ciudades del norte de Italia eran la muestra de cómo el comercio, el préstamo, la iniciativa privada y la creación de capital, hacían del mundo empobrecido y estático, una realidad distinta, prometedora y cargada de innovación y satisfacción de necesidades. Esto movió a la Iglesia, a sus miembros, a los que pensaban y transmitían el conocimiento en ese momento, a superar anquilosados y estáticos principios, para adaptarlos a lo que los empresarios y el pueblo ya practicaban. Es innegable el valor teórico y su relevancia en la posterior construcción de la ciencia económica, pero sin duda, no es motivo suficiente para ocultar la realidad.

El calvinismo introdujo, por decirlo de algún modo, la bendición del lucro y el comercio. Dio rienda suelta, no sin grandes cargas morales, a una población deseosa de alcanzar el cielo a pesar de su interés comercial. La presión social logró de este modo una reforma del cristianismo que permitiera hacer mucho más de lo que la pétrea y estática iglesia Católica permitía. Sería demasiado frívolo atribuir a este factor la categoría de causa principal de la ruptura de la unidad occidental del cristianismo, pero sin duda, dentro de un contexto cambiante y sin freno,  sin duda fue fundamental. El poder secular requería economías prósperas para estrangularlas con un mercantilismo generador de fondos suficientes para engrandecerse sin límites. Este círculo vicioso en el que entraron muchas naciones europeas no todas pudieron reconducirlo de igual modo. No es igual España y su relación con el Papado así como su realidad económica tras el descubrimiento de América, y el sueño del oro y la plata, que el crecimiento francés o el papel de holandeses e ingleses, entre otros. Cada uno se merece un esmerado análisis de las circunstancias particulares que lo movieron en sus cambios y decisiones políticas, derivadas o claramente contracorriente, que a su vez introdujeron nuevos elementos con los que singularizar aun más su realidad.

Como conclusión resaltar las ideas introducidas de construcción del poder político, independencia de la iglesia Católica Romana y sus dogmas y principios rectores, así como la cambiante situación del comercio internacional. El calvinismo abrió la puerta a una legitimidad ansiada por muchos capaz de generar y perfeccionar los elementos necesarios para la explosión capitalista; sin olvidar que también, y de forma muy relevante, los autores católicos construyeron desde su perspectiva lo que posiblemente, asumiendo la pluralidad del mundo moderno y los acontecimientos posteriores, sirvió determinantemente a la causa de la Libertad política y el capitalismo.

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2 comentarios leave one →
  1. diciembre 24, 2008 2:36 pm

    Feliz Navidad. Pasa unas fiestas geniales, aunque se las debamos al malévolo Estado. Con todo sabes que te deseo unas felices fiestas y lo mejor para el 2009.
    Un abrazo

  2. diciembre 24, 2008 5:21 pm

    Hombre, son fiestas estatales pero que no dejarían de serlo si no existiera el Estado, no crees? jeje, Felices fiestas!
    Un Abrazo!

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