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Los Santos Inocentes

diciembre 28, 2008

La Iglesia ha convocado esta mañana a sus fieles. Miles de ellos han contribuido a ponérselo difícil a muchos conductores ávidos de restaurante o domingueo motorizado. Los Medios anticlericales desatan su furia arremetiendo contra algo que sin semejante publicidad muy pocos habrían llegado a conocer.

 

Destacan el lamento de Rouco en cuanto al aborto, aun cuando sea hoy el día más oportuno para que un cristiano denuncie la siega de seres humanos en formación. También se ha aprovechado la homilía para reafirmar la apuesta coherente e inquebrantable de la iglesia católica por un modelo concreto de familia.

Afirman los católicos que el suyo es el modelo único, natural, consustancial a la esencia misma del ser humano. Lo tratan de justificar a través de mandatos divinos, leyes eternas y demás recursos propios de un credo religioso organizado y con milenios de historia y desarrollo. Es una opción, una posición respetable, pero forzosamente competitiva, y por tanto, alternativa, dentro de un orden social liberal.

Los que escupen contra la iglesia exceden los límites de la decencia. No por defender modelos distintos, sino por la muestra de inquina y compulsivas manías. Hoy en día, gracias a Dios, la oferta moral católica es eso, una opción, libremente adoptada, tradicional pero inserta en un orden de cosas donde no debería resultar muy complicada la mera reconsideración y abandono del credo.

Hablar de un tipo de familia natural es tan arriesgado como impreciso. Basta con analizar la institución dentro de la civilización grecolatina para darse cuenta de muchos de los cambios acontecidos. Y no hace falta mirar veintitantos siglos atrás, con repasar la senda seguida por la institución familiar en los dos últimos siglos, con mayor intensidad en el XX y lo que llevamos de XXI es suficiente.

Solo existe un elemento constante: la filiación. Todo nuevo miembro de la sociedad nace de otros dos, siempre un varón y una hembra. Esto es un hecho que en cada momento despliega efectos jurídicos distintos. Los vínculos paternofiliales han variado, pero siempre han sido la base institucional sobre la que se han asentado los distintos tipos de familia. Negar este extremo corrompe el argumento ulterior, sea cual fuere su contenido.

La familia engloba una red de relaciones fundada en los vínculos de filiación. Aun cuando hablemos de adopción, en sus justos términos, proyectando los efectos jurídicos derivados de la filiación genética en un acto jurídico por el que alguien accede a tomar como hijo a un tercero, serán las consecuencias descritas para aquella las que definan la relación entre adoptante y adoptado.

Que la iglesia afirme que la Familia, su familia, sea exclusivamente la unión de un hombre y una mujer en matrimonio y la prole que lleguen a tener, así como de forma extensa la red social de vínculos filiales y políticos consecuentes, es una opción respetable y que responde a la idea que la mayoría de nosotros tenemos sobre lo que viene siendo una familia (el que más o el que menos ha nacido en semejantes entornos).

De ahí a que se trate de condenar cualquier composición libre y voluntaria trazada entre individuos adultos hay un mundo. El problema salta cuando aquellos pretenden incluir su particular y competitiva red de relaciones en la definición tradicional y mayoritariamente asumida de familia. Este amago de intrusismo genera resquemor y cierto desasosiego, cuando no auténtica virulencia. Es razonable que el innovador quiera para sí el respeto que considera debido dentro de una sociedad libre, pero parece poco comprensible que lo busque jugando y tensando la situación tratando de desvirtuar instituciones más o menos estables y extendidas en cuanto a su contenido y significado. La pugna no responde tanto al conservadurismo de unos, sino a las ganas de bronca de otros. Hay otras vías para buscar la normalización.

Decir que de la noche a la mañana resulta prioritario reformular institucionalmente matrimonio y familia, a fuerza de mandato e imposición estatista, no es en absoluto favorable al cambio sostenible y pacífico por el que todos deberíamos apostar. Decir, del mismo modo, que dos personas del mismo sexo puedan virtualmente llegar a ser, mandato estatal mediante, jurídicamente progenitores del mismo ser humano, además de físicamente imposible, no busca facilitar y solventar situaciones concretas, sino institucionalizar un absurdo que bien podría encuadrarse en otras figuras tradicionales como la mera tutela.

Decíamos que si algo permanece constante a pesar de los cambios y transformaciones de la familia, como red de relaciones entre individuos, es el origen de las mismas. Es la filiación, la procreación como hecho biológico, lo que despliega efectos que posteriormente adoptan una definición jurídica concreta. Si un padre o una madre biológico/a convive con su hijo y un tercero de su mismo sexo (el del padre o madre) no podrá asimilar en términos formales dicha situación a si lo hiciera con el otro progenitor, o en su caso, con un tercero del otro sexo, que sí podría sustituir la figura de aquel jurídicamente hablando. No entramos en las relaciones efectivas, pero si en su definición jurídica. Es ridículo tratar de relativizar al respecto o introducir absurdos que no se corresponden, siquiera en apariencia, con lo que puede suceder en la realidad. El Derecho genera ficciones como la adopción, pero siempre representando los efectos que aparentemente podrían desprenderse de las mismas.

Por lo demás, nada debe impedir que las personas libremente pacten sus vínculos o convivan entre sí como deseen. La familia católica es una opción, si bien es cierto que asume con rigor la esencia misma de las relaciones filiales. No por ello merece mayor consideración que otras realidades culturales u opciones morales en todo lo que exceda dicha inclusión del principio fundamental sobre el que se sostiene la institución familiar, con sus cambios y variantes: el origen de todos y cada uno de nosotros está en un hombre y una mujer, con los que establecemos por el mero hecho de aparecer en este mundo unas relaciones de filiación innegables. Todo el entramado ulterior, siempre y cuando se respete dicha vinculación, es variable, relativo y cuanto más libre sea el orden social, competitivo.

Saludos y Libertad!

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4 comentarios leave one →
  1. diciembre 29, 2008 11:35 am

    Hola,

    Dice: “Por lo demás, nada debe impedir que las personas libremente pacten sus vínculos o convivan entre sí como deseen. ”

    Claro… así las relaciones zoofilicas por ser una realidad deben ser un modelo familiar aceptado para el que quiera libremente acogerse a él. También las relaciones entre adultos y menores libremente consentidas por ambos o por quienes ostentan la tutela de esos menores que al fin y al cabo, tienen su representación y tutela. Supongo que la poligamia es para usted no un delito, sino un modelo más de familia, máxime si como usted dice, contribuye de manera más eficaz a la perpetuación de la especie. El sadomasoquismo no es una perversión sino un modelo de relación o negocio libremente consentido y, por tanto, respetable. Lo mismo la prostitución, la eutanasia, las sectas, etc. Si el consentimiento es la fuente legitimadora de todo.. qué importa si es conforme o disconforme con la verdad de las cosas.

    La familia como el matrimonio no son exclusivas de la religión católica y tienen su fundamento último en la misma razón humana. Que haya sociedades enteras apartadas de esta verdad no es una prueba de la bondad de otros modelos, como tampoco lo es la extensión del crimen, de la mentira, del odio, etc. El hombre es libre, que duda cabe, y puede elegir entre el bien y el mal, sin que la elección repetida del mal suponga lo convierta en bueno.

    La exclusividad de la familia (sin calificativos que vacían su significado y supone admitir la validez de otros modelos) le viene dada por su propia verdad. Si todo es familia nada es familia. La familia no es un modelo más de convivencia sino el único posible por estar basado en la verdad antropológica del ser humano.

    No estoy dando recetas concretas de la tolerancia que debe tenerse hacia relaciones que de facto se producen y que nos llevaría a otro debate (es evidente que no todas deben tener el mismo grado de tolerancia/intolerancia), pero no puede darse carta de ciudadanía o legitimidad a relaciones o uniones basadas en la mentira o en la negación de dimensiones constitutivas del ser humano.

    En cualquier caso, la realidad social no es que los católicos queramos preservar la exclusividad de un modelo que la sociedad rechaza, sino que la realidad es que la familia está penalizada legalmente pues contribuye más que ningún otro modelo a la sociedad y, sin embargo, obtiene del Estado menos beneficios… e incluso es cuestionada en su faceta educadora o procreativa. El concubinato por ejemplo tiene ventajas frente al Matrimonio civil a la hora de solicitar plazas en colegios concertados, viviendas protegidas, etc. ¿Es eso justo?. Los progenitores no casados pueden optar por basar su solicitud en la renta de uno u otro cónyuge mientras que los casados no pueden evitar que se les compute como unidad familiar.

    Los católicos no buscamos obtener del gobernante privilegios sobre un “modelo” que otorga indudablemente por su estabilidad y perdurabilidad mayores beneficios sociales que otros que usted considera legítimos, sino proteger la civilización frente a corrientes destructivas de uno de sus pilares más firmes, pues es en la familia donde se desarrolla la persona y se transmite la educación y los valores propios de la familia y los comunes de la patria. No se trata de condenar políticas que rebajan (banalizan) la importancia de la verdadera familia sino de llamar la atención a la sociedad en su conjunto frente al peligro de ciertos hábitos destructivos para la sociedad misma, tendencias, ideas e incluso prácticas destructivas de la familia que lo serán también de la comunidad y de la persona.

    Un saludo

    In veritas libertas

  2. diciembre 29, 2008 2:29 pm

    La Familia fundada en la unión estable de un hombre y una mujer sigue siendo la mayoritaria, de ahí que conserve su carácter institucional, al margen de la regulación tendenciosa que pueda hacer el Estado. Lo que quería resaltar es que hoy por hoy, lo único consustancial a la naturaleza del ser humano es la filiación de todo individuo con un hombre y una mujer. Ese hecho genera ulteriores instituciones, y en cada momento histórico adopta una forma que termina por estabilizarse y arraigar en un pueblo concreto. La familia occidental, más allá del cristianismo, es monógama y patriarcal. Los cambios recientes son muchos, pero no se ha perdido ese elemento. Ahora la mujer tiene idéntica capacidad jurídica, y los hijos tienen iguales derechos sobre sus padres, sean o no fruto del matrimonio.
    La esencia de la familia, lo que permanece inalterable por responder a un hecho natural, es la filiación. Ese es mi argumento principal. Una familia es una red de relaciones sociales que tienen la filiación como eje fundamental. Toda relación intersubjetiva o social donde no haya filiación, no es una familia. No lo es un matrimonio heterosexual entre sí hasta que no tienen prole, aunque sí respecto a sus progenitores por la inclusión política de la pareja. Lo mismo sucede con una unión homosexual. Por sí mismos son incapaces de generar prole común, y por identidad, tampoco pueden aparentarlo, por lo que no es aceptable extender la figura de la adopción a estos casos (si de un tipo concreto de tutela, por ejemplo). No serían familia, institucionalmente hablando, al menos no uno de los miembros de la pareja respecto al hijo adoptivo o biológico del otro, ya que en este último caso, por filiación, sí estaríamos ante una familia, como sucede cuando solo queda vivo uno de los progenitores… Esto no quiere decir que dicha convivencia deba ser desconsiderada o no respetada, siempre que se funde en la decisión libre y voluntaria de adultos.
    Saludos!

  3. diciembre 30, 2008 5:47 am

    Hayek, tocas Iglesia y no puedo pasar por alto una institución que me toca tan cerca.

    La defensa del mal llamado “concepto tradicional de familia cristiana” que hace actualmente la Iglesia es el resultado de la omisión (quizás deliberada) de la historia de la familia en 20 siglos de cristianismo europeo. Como digo, imagino que es una omisión voluntaria, pues no creo que en el seno de la Iglesia Católica haya semejante masa de ignorantes.

    La Iglesia a tolerado, permitido e, incluso, fomentado, conceptos de familia mucho más amplios, hasta tal punto de englobar bajo tal epígrafe a una “unidad de vivienda con todas sus propiedades vivas, incluidos sirvientes y animales de carga”. Este formato amplio de familia, muy variado en función del lugar (Italia no lo aplicaba igual que Inglaterra, por ejemplo) es conocido por todos los historiadores, medievalistas o modernistas, que saben que cuando un cura o obispo escribía en el siglo XVI “en esta ciudad viven 200 familias” eso no significa padre+madre+hijos sino padre+madre+otramadre+hijosdeambasuniones+familiares+mantenidas. El concubinato, de hecho, era perseguido por una Iglesia que, paradójicamente, tenía graves problemas de concubinato en su propio clero.

    ¿De tantas cosas se han olvidado los señores obispos?

    Cuando dices “La familia occidental, más allá del cristianismo, es monógama y patriarcal”… ¿cuántos matices aceptas a ello? ¿Qué ámbito empleas para definir “occidente”? Por ejemplo, dónde queda en ese planteamiento la bastardía, hábito muy extendido a causa del fachadismo de la Iglesia desde el siglo XIII, particularmente en el Imperio Español. El recurso al reconocimiento de hijos bastardos incluso era utilizado por muchas madres campesinas para heredar porciones del patrimonio del señor. Muchos padres nobles han tenido más hijos bastardos, y de mayor número de mujeres, que hijos con la “legítima”. ¿Acaso no era una forma de regular una praxis de poligamia relativa?

    Un poco más de historia y menos de política.

    Un inciso doble: “Por sí mismos son incapaces de generar prole común, y por identidad, tampoco pueden aparentarlo, por lo que no es aceptable extender la figura de la adopción a estos casos (si de un tipo concreto de tutela, por ejemplo).”

    Un matrimonio esteril, ¿no es familia? Y mejor todavía ¿es requisito “poder aparentar capacidad reproductiva” para poder adoptar? En ese caso, retirada masiva de adopciones a los solteros… El problema de todo esto viene que una masa política supuestamente liberal ha resultado ser antiliberal cuando se tocan aspectos tradicionales. Bonita paradoja, mentes vacías y mucho cinismo.

    Anonimus Prime
    http://anonimusiv.blogspot.com

  4. diciembre 30, 2008 10:07 am

    Si te fijas bien en lo que he escrito en ningún momento estoy apostando por modelos estáticos o tradiciones inamovibles. Destaco la importancia de las instituciones estables frente al constructivismo del Estado, siempre en busca de la refundación social guiada por una ideología concreta.
    Pero no aplaudo la posición de la iglesia, ni mucho menos. Es más, ni me toca ni me importa. Destaco su calidad de “posición competitiva”, es decir, ofrece un modelo sin capacidad de imponerlo. La imposición, por desgracia, en nuestros días, solo puede venir del Estado. Los individuos deberíamos ser libres para pactar nuestras relaciones, aunque dichos pactos siempre se moverán en ámbitos institucionales a cuyo cambio podremos contribuir, pero no de una forma generaliante y automática. Ese es el juego de la libertad, la tolerancia y las tradiciones.
    Familia puede s muchas cosas y englobar muchos tipos de relaciones, pero siempre, y esa es mi tesis, pivota en torno al hecho de la filiación, o su proyección jurídica en forma de adopción. Por esa razón debemos ser cuidadosos con esta institución y no forzar los principios generales que le conceden su lógica y engarce en todo el orden de reglas. Su identificación con la procreación natural impide que sobre un mismo sujeto dos personas del mismo sexo pretendan aparentar filiación, por lo que jurídicamente sería absurdo reconocer algo así. Existen otras fórmulas que no exigen apariencia de, para articular relaciones concretas.
    Yo no apuesto por ningún tipo de familia, sencillamente considero básico que las instituciones guarden coherencia con los hechos, mientras los hechos sigan siendo como son en cuanto a la procreación y su consecuente filiación, o relaciones paterno filiales.
    Saludos!

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