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Dichosa Inflación

enero 5, 2009

Siempre con la misma cantinela. El gobierno, los medios en general y demasiados economistas en particular, repiten hasta la saciedad la misma falacia en torno a la inflación, suba o baje. Dicen que son los precios de las materias primas, fundamentalmente del Petróleo, y en especial, en los últimos tiempos, de los alimentos, los responsables de todo vaivén o descoque del índice de precios al consumo.

Primero, que el IPC no es la misma cosa que la inflación y no tiene porque expresar con nitidez lo que en su caso pudiera medir aquella. Tomar una cesta de productos, sesgada, caprichosamente diseñada, eligiendo marcas, cantidades y demás, para comprobar la evolución agregada de los precios, es tan arbitrario como propenso a confundir a los destinatarios y pacientes de dicho marcador: los ciudadanos.

Ni la vivienda ni las acciones son tenidas en cuenta. La inflación desbocada o sostenida vive al margen de las dos grandes burbujas que ahora han explotado. Para que los precios caigan como lo están haciendo debido en exclusiva a la disminución del precio del petróleo (de 140 a 43 euros) o del precio de alimentos o concretas materias primas, las circunstancias deberían de ser bien distintas. Primero porque los precios solo se moderan al margen de los cambios en la oferta y la demanda de dinero cuando aumenta la productividad y dichos bienes resultan mucho menos costosos de generar, es decir, se abre la demanda a quienes estarían dispuestos a adquirirlos por un precio inferior. Y esto, que sucede continuamente en una economía capitalista, aun cuando parezca oculto merced de las expansiones y la consecuente inflación, podemos tener por cierto que no está sucediendo en estos momentos con la intensidad suficiente para que unos cuentos bienes fluctúen como lo hacen, y el efecto sea una inflación cercana al 0.

En realidad, al margen de la explicación debida sobre los cambios en el precio de petróleo y alimentos, por compleja e innecesaria al objeto de este post, la menor inflación y el riesgo de deflación no se debe a variaciones de productividad, sino a movimientos monetarios, o mejor dicho, la contracción del crédito expandido en los años de bonanza económica. De cada 10 euros o dólares sobre los que los agentes económicos creen tener disponibilidad, solo 1 está en metálico, físico, o mejor, en billetes y moneditas. Los otros 9 euros o dólares son meros apuntes contables, dinero electrónico o como se quiera. Forman parte de la capacidad expansiva que tiene un mercado financiero y monetario intervenido, donde la cantidad física de dinero es arbitrariamente decidida por el Banco Central; donde el dinero es fiduciario, no convertible en dinero externo (no hay mundo exterior al sistema de bancos centrales, en realidad); donde su dinero es de curso forzoso, monopolista, sin libertad bancaria en absoluto; donde el banco central fija los tipos de interés o intervención a su antojo, arrastrando consigo los tipos de interés de los bancos “privados”… y así un larguísimo etcétera de distorsiones y tretas organizativas de un mercado que no existe, que se parece más al sistema de pagos del MONOPOLI que a una economía monetaria como la actual.

Pues bien, cuando las noticias nos dicen que ese índice sesgado conocido como IPC sube poco y roza el cero o directamente el desplome, no debemos mirar a lo que suceda con determinados bienes (aunque también merecen atención y análisis) sino a lo que esté ocurriendo con el dinero, con la demanda y oferta de dinero, con los tipos de interés, con la base monetaria. Si estamos próximos a la deflación no es porque el petróleo caiga en picado después de subir desaforadamente, sino porque el crédito se contrae al mismo tiempo que disminuye con intensidad la demanda de bienes. Hay menos disposición dineraria, o mejor, menos dinero en circulación. La velocidad de la misma es baja, como baja es la confianza y alto el riesgo de prestarlo. Cae la oferta y sube la demanda, se contrae el crédito a marchas forzadas en ese margen de 9 dólares o euros de cada 10.

Que se deje el gobierno, lo medios y tanto economista tendencioso de comentar la realidad (de por sí sesgada en índices diseñados por ellos mismos) tratando de ocultar las verdaderas causas de la situación actual.

Muy recomendable el último artículo de JR Rallo en El Cato: De la Deflación a la Recuperación.

Saludos y Libertad!

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  1. Emilio Márquez

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