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Cambio, pero hacia dónde?

enero 10, 2009

Creyeron ser los primeros en advertir que todo cambia, nada permanece. El clima no es excepción, sino todo lo contrario: el mejor ejemplo. Orden Complejo por excelencia, por la multitud de factores intervinientes. No más que el Orden social mismo, pero, si fueron aquellos arrogantes quienes creyeron haberlo dominado, cómo no iban a ser capaces de comprender el clima?

Y se lanzaron a ello, no desde el interés científico, sino como coartada para seguir desarrollando y defendiendo miserias de antaño. Muchos estudian el clima o la meteorología con criterio y rigor. Los propagandistas, con o sin bata de investigador, se sirven de hallazgos, netos o manipulados, para engranar y armar un entramado de modelos capaces de concluir lo que a priori venían pensado les resultaba más favorable para su pavoneo.

En eso quedó el rigor sobre la dichosa capa de ozono y sus agujeros, y en eso ha quedado el caro carísimo movimiento sobre el eufemismo conocido como “cambio climático”. Comenzó con Calentamiento, y visto lo visto, visto que no se sabe nada, que no se controla nada, que los modelos fallan y no pueden acertar, que la previsión de un mes para otro es tan inútil como la hecha a cincuenta años vista, nos hemos quedado con un genérico “cambio”, y poco más.

Cuando hace calor, se deshiela el polo o no llueve durante semanas, brotan como setas los agoreros anunciando el apocalipsis climático por obra y gracia del fiero hombre capitalista. Cuando nieva, llueve o templa con “normalidad”, siquiera de forma excepcional, pocos salen a denunciar el abrupto cambio en las propias previsiones hechas. Es curioso como todo lo anormal que suene a calor o tropical pertenece al grupo de fenómenos incluidos en la propaganda climática. Sin embargo sobre la nieve, el enfriamiento o las cadena de semanas con lluvia, mejor ni hablar, no vaya a ser que el modelo apriorista desvele sus taras y la gente vulgar, que en definitiva es destinataria de toda esta gran mentira, se empiece a mosquear.

Y en esas estamos. El mundo, según las mediciones no sesgadas y caprichosamente interpretadas, se enfría lentamente. El cambio es perenne, de eso no hay duda. Lo arrogante es creerse en la sinóptica capacidad de incluir en un mismo análisis todos los datos relevantes así como su “comportamiento” completo, y de ahí obtener predicciones válidas. En temas climáticos solo se tienen dos elementos de observación: las huellas dejadas por el clima pasado, y de ellas, la identificación de factores más relevantes con los que tratar de discriminar y acotar el objeto de estudio; y por otro lado, fenómenos presentes tomados de forma agregada y grosera, como masas de nueves y corrientes, con las que tratar de realizar predicciones a 10 días vista, como máximo, desde un criterio fundamentalmente mecanicista.

Del primer filón de estudio podemos pretender la confección de una historia climática, más o menos simple. La tentación historicista es muy grande, y como siempre sucede, quienes buscan justificar en la historia sus caprichosos modelos constructivistas, recurrirán a las mismas estrategias adoptadas en política o economía.

El estudio climático que más repercusión tiene, que más financiación recibe, es aquel que sirve de coartada ideológica intervencionista. Del mismo modo que la corriente principal de pensamiento económico es responsable de la actual crisis económica, crisis del intervencionismo imperante, y además, incapaz de explicarla para aportar soluciones viables, los científicos, por llamarlos de algún modo, agoreros del estatismo, producen modelos y predicciones a medida de las necesidades de quienes se las demandan. Pese a esta identificación hay una salvedad que hacer: mientras que el proceso social está fuertemente intervenido financiera y monetariamente, siendo las crisis recurrentes fruto de dicha intervención, el clima, por muy afectado que se pueda ver por la acción del hombre, no tiene en sus manos ámbitos fundamentales para su viabilidad. Es decir, en el estudio del cambio climático valen las mismas recetas metodológicas que en el del proceso social: humildad intelectual, teoría de los fenómenos complejos y comprensión de los órdenes espontáneos. Aun conociendo a la perfección algunos de los elementos particulares (serán más los que se nos escapen o directamente ignoremos), el sistema, dada su complejidad, excede nuestra capacidad de modelización y predictibilidad.

Saludos y Libertad!

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2 comentarios leave one →
  1. enero 13, 2009 9:15 pm

    Hombre, pues ya que estáis con los “top-ten”, una pequeña explicación:

    Con motivo del año nuevo es posible que hayáis oído a los alarmistas tremendistas que 2008 ha sido un año especialmente caliente. Pero veamos como es la cosa, porque estaréis soprendidos de ver eso con el frío que habéis pasado.

    * Los que miden la temperatura con termómetros en garitas (mal) repartidas por la tierra y con termómetros en los barcos (muy mal) repartidos por los océanos, dicen que 2008 está entre los diez años más calidos en ¡159 años!
    * Los que miden las temperaturas con satélites, algo perfectamente repartido por todo el globo, dicen que 2008 ha sido el año nº 14 de los más fríos en los últimos 30 años. O sea, del montón, ni fu ni fa.

    ¿Como pueden decir unas mediciones que es un año del montón, y otras que está entre el 6% de los más calientes? Una de las dos mediciones tiene que estar mal. Sabemos, por surfacestations.org que las garitas de temperaturas USA, que tiene que estar entre los mejores sistemas del mundo, están sujetas a un montón de errores y disfuncionalidades. Y sabemos que en todo el mundo, en los alrededores de 1990 (entre pocos años más y pocos años menos) ha habido una enorme baja en el número de estaciones. Pero, sobre todo entre las estaciones rurales. Desde esa bajada en el número de estaciones que intervienen en la medición global, pesan mucho más las mediciones de las áreas pobladas que las rurales. Y es bien conocido como según la ciudad o el pueblo se acerca al lugar del termómetro (por ejemplo el aeropuerto), sube la temperatura media del lugar donde está el termómetro. Pero no por el CO2, sino por el acercamiento de la ciudad. El conocido efecto “isla térmica” de la ciudad. Por supuesto los satélites no están afectados por este fenómeno, y de ahí la diferencia.

    Mejor explicado, aquí:
    http://icecap.us/images/uploads/MSU_Satellite_Temperatures_Continue_to_Diverge_from_Global_Data_Bases.pdf

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  1. Desde el Exilio

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