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Ahorro, deflación y Guerra.

enero 15, 2009

Las crisis no deben entenderse en absoluto como un momento catastrófico y desalentador para la economía. La actual, como todas las que proceden de una expansión crediticia orquestada por la manipulación del Banco Central tanto de tipos como de la base monetaria, demuestra la inmejorable oportunidad de reconducir el modelo de crecimiento, profundamente insostenible, logrando un reajuste coherente con la preferencia temporal de la economía.

 

Para conseguirlo no solo debe abandonarse el intervencionismo financiero y monetario, posible gracias al curso legal del dinero fiduciario emitido por los Bancos Centrales, sino también los privilegios concedidos por el Estado a la Banca Privada. Siempre que puedan seguir disponiendo sobre los depósitos a la vista será posible la expansión del crédito, la caída de los tipos de interés por debajo de su tasa natural y la dislocación que representa financiar a largo plazo endeudándose a corto.

 

Vivimos un momento especialmente esclarecedor y práctico para apreciar sin problema todas las fuerzas microeconómicas que favorecen el reajuste en forma de crisis. La teoría del Ciclo austriaco, forjada por Mises y Hayek, gracias a sus hallazgos en los ámbitos monetario y financiero, siempre sobre la base de la gran aportación de Böhm-Bawerk y su teoría del capital, describe con un acierto y rigor inauditos en el resto de corrientes de pensamiento económico, todas las fases que conducen a una situación de crisis y recesión, así como los factores que llevarán al reajuste en forma de nuevo y más sostenible crecimiento.

 

Nuestros gobiernos, bajo la égida teórica keynesiana o monetarista (ideología estatista, se diga lo que se diga), lejos de adecuar sus políticas a las conclusiones que se desprenden de la teoría del ciclo austriaco, hacen todo lo posible por impedir que esas fuerzas espontáneas e irremisibles del mercado faciliten la recuperación.

Su tendencia cortoplacista, su ilusión sinóptica y la necesidad de legitimarse en cada acto y situación, les conduce a decisiones que no hacen sino entorpecer y condenar a nuestras economías no solo a una agonía lenta y dolorosa, sino a repetir los mismos errores que nos llevaron sin remedio a esta crisis.

 

La contracción crediticia no deriva, como se ha demostrado, de un problema de liquidez. La Banca Central es capaz de solventarlo inyectando sin límite nuevo dinero a costa de niveles insoportables de inflación. Esa fue su primera sospecha y sus primeras medidas. Pero en realidad la banca privada adolecía de todos los males derivados de un crecimiento insostenible fundado en burbujas especulativas. El problema era de solvencia. Endeudarse a corto para invertir a largo y la dislocación consecuente llevaron a una situación insostenible que tarde o temprano tenía que estallar.

 

Salvada la banca gracias a la reasignación masiva de recursos encarnada en planes de rescate sostenidos sobre deuda pública, los gobiernos han condenado a sus ciudadanos a pagar con la riqueza que aún no han producido los errores pasados, y no sólo eso, salvar a quienes habían cometido dichos errores de una merecida salida del mercado en forma de quiebra. Los sectores sobredimensionados gracias a la expansión crediticia sufren el mayor reajuste, empujados por una caída de precios que no debe entenderse como algo negativo, sino como la señal indispensable que ubicará a cada uno en su sitio, delatando las malas inversiones e impeliendo al ajuste.

 

Quienes viven y han ganado mucho dinero en sectores sobredimensionados son los que en estos momentos tratan de ser beneficiarios de la reasignación masiva de recursos orquestada por el Estado. Es más, son los que tienen un interés superior en que no se desplome el consumo, y por tanto, continúen los precios anteriores, en los que si era viable su inversión. Esta visión profundamente interesa y legítima de estos sectores no debe ser confundida en ningún caso con el rigor debido en la enunciación de principios teóricos. Por desgracia es práctica habitual y fundamento en los entramados doctrinales de la corriente principal de pensamiento económico. El Estado se apunta y busca a toda costa estimular la demanda agregada, huyendo del ahorro, es más, devorándolo a costa de deuda pública que reintroducir como salvamento de sectores quebrados y gastos superfluos.

 

La paradoja del Ahorro es sin lugar a dudas una de las aberraciones teóricas más graves producidas por Keynes, que ignora por completo la dimensión intertemporal de la economía, la estructura de producción o la naturaleza del capital. Lo que ahora parece ser pan para hoy, será hambre, y mucha, para mañana. Toda la manipulación y reasignación presente agudizará los desajustes perpetuándolos a lo largo de una prolongada depresión económica. Lo mismo que sucedió hace 80 años, con una recesión que solo la reactivación del comercio internacional fue capaz de resolver (no fue la segunda guerra mundial y su gasto, sino la paz y el comercio que vinieron después), sucede hoy.

 

Los mismos discursos, las mismas medidas y errores. Suicidio colectivo del que difícilmente saldremos dado el adanismo obamita, y peor, la naturaleza misma del estatismo, que es cortoplacista y se alimenta de las teorías más fallidas y bastardas.

Lejos de aprovechar esta crisis como revulsivo para emprender un senda de crecimiento sano, genuino y sostenible, me temo que nos llevará, si el buen juicio liberal de algunos gobernantes no llega, a la depresión más terrible de las últimas décadas. Los keynesianos, en definitiva, todos y cada uno de los que siguen confiando en el Estado más que en los agentes privados para recomponer la situación, pedirán gasto, más y más gasto… y dónde se gasta más que en una guerra? Esperemos que esa equivocada creencia de que la 2ª GM fue la baza fundamental de la recuperación no empiece de nuevo a conmover las mentes de nuestros dirigentes. El Estatismo es guerra y la guerra es Estado.

 

Saludos y Libertad!

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5 comentarios leave one →
  1. atroma permalink
    enero 15, 2009 1:15 pm

    Lo has dicho. La economía es a largo plazo, mientras que el político tiene vida en corto.

    Lo que no entiendo es esto “Los sectores sobredimensionados gracias a la expansión crediticia sufren el mayor reajuste, empujados por una caída de precios que no debe entenderse como algo negativo” en principio, esa bajada de precios son de aquellos que necesitan liquidez. Y la caída de precios, siendo por la escasez de demanda, y el exceso de excedentes, no es la manera más apropiada de llegar al crecimiento. Las bajadas de precios deben estar basadas en la productividad y la eficacia. Sólo así se consigue disminuir costes por el aumento de la productividad, y reducir el margen de beneficio.

  2. enero 15, 2009 2:16 pm

    Lo que sucede en fases de crecimiento insostenible inducido por la bajada artificial del tipo de interés, la desaforada expansión crediticia y la dislocación del esquema de preferencia temporal de la economía, es que se produce un aumento en la demanda de bienes de producción mientras que la demanda de bienes de consumo no se resiente en absoluto. Suben los precios de los primeros en términos relativos, pero los precios de los segundos hacen lo propio dentro de la pugna de recursos abierta. Por otro lado determinados sectores reciben el impacto del nuevo dinero con más intensidad, surgen burbujas que inflan sobremanera los precios de determinados bienes o activos. La crisis, al pinchar dichas burbujas, a través de la deflación provocada por una caída en la demanda, y lo que es más importante, la contracción crediticia, lo que hace es dejar de manifiesto aquellos sectores sobredimensionados donde la estructura de precios anterior, la vigente en la fase expansiva del crédito, no es sostenible, por lo que toda la inversión calculada en ese orden y en la previsión de que dichos precios continuaran creciendo deviene fallida por lo que debe ser abandonada hasta niveles que solo dejando al mercado fijar unos precios más sostenibles podrán ser advertidos por los agentes. La deflación por tanto no es un efecto pernicioso sino la mera consecuencia del expansionismo y la mala inversión: no caerán todos los precios por igual, tendremos cambios en la estructura de precios relativos, no sé hacia dónde, pero sí que en la medida que haya libertad y fluidez en el mercado, servirán como la única información cierta con la que tomar decisiones de cara a un nuevo crecimiento, en este caso, si no hubiera más intervención, más sostenible.
    Saludos!

  3. Marcelo J F permalink
    enero 16, 2009 4:04 am

    ¿Qué ganan los altos funcionarios públicos admitiendo su condición de parásitos? Nada, y pierden mucho. Por lo tanto, huirán hacia adelante al grito de “sálvese quien pueda!”. Es inexorable: así fue y así será.

  4. enero 16, 2009 11:32 am

    Espléndido post.

    Una de las cuestiones apuntadas y que a mí me gustaría resaltar es que el abrazo sin freno ni excepción de las medidas keynesianas no se realiza debido a un análisis económico sólido o científicamente exigente. Nuestros políticos (casi todos los occidentales) no son keynesianos porque hayan dicho: “Tras estudiar las distintas corrientes del pensamiento económico, creemos firmemente que Lord Keynes estableció el sistema científicamente más sólido y eficaz para aumentar el bienestar de la sociedad desde la actividad político-económica”.

    Que no, que no. Eso no sería tan malo, porque entonces “sólo” serían culpables de un ominoso error intelectual. Pero sinceramente, ¿alguien se cree que Zapatero se ha leído la “Teoría General” de Keynes? Bueno, quizá esté siendo demasiado exigente, la pregunta habría de ser “¿alguien se cree que Zapatero podría decir más de dos frases sobre el pensamiento keynesiano por lo que sepa de dicha corriente de pensamiento”?

    Y sin embargo, la respuesta es que sí, es que si dejamos a Zapatero hablar, dirá muchas “keynesianidades”, pero no por estudioso, sino por político. Y aquí es donde quería yo llegar: el poder político es keynesiano porque el keynesianismo le proporciona más poder, más control sobre la sociedad y los individuos y genera sinergias en las que el intervencionismo de hoy parece justificar y causar mayor grado de intervencionismo mañana (la crisis es una de las pruebas: el intervencionismo genera la crisis y luego nos quieren “salvar” de ella con más intervencionismo todavía, pero a la gente le suena bien porque creen que “alguien debe hacer algo”). La “public choice” de Buchanan ya demostró cómo los empleados públicos escogen egoístamente las opciones que les convienen, convenientemente disfrazadas de “intereses nacionales”. Es una cuesta abajo en la que cuanto más descendemos, más intervencionismo. Han logrado que generaciones enteras crean que la actuación del Estado es “insustituible” y que la elección es “Estado o caos”.

    Como bien dice el post, jamás hubo guerras más destructivas que las orquestadas y mantenidas por la figura del Estado, siempre presente entre ambos contendientes en casi todas las guerras de los dos últimos siglos.

    Saludos.

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  1. W, Herederos y las propuestas de Ekaizer « LA LIBERTAD Y LA LEY

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