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Cambio Pesos por caramelos

enero 22, 2009

Interesante artículo sobre los efectos de la inflación en Argentina.

La escasez de monedas, desde la de 10 centavos hasta las de un peso, ha hecho que el 80% de los argentinos acepten que en los kioscos les den las vueltas en caramelos.

Los problemas también aparecen en el transporte público, ya que los billetes de autobús solo pueden comprarse con monedas. Antes, los usuarios iban al kiosco y pagaban con un billete para que le diesen el cambio en monedas y comprar así el billete del bus, pero ahora carecen de ese cambio.

Las taquillas del metro y el tren cuelgan cárteles de “no hay monedas” y piden colaboración y pago exacto. Los taxis y supermercados redondean el precio regalando los centavos al consumidor.

El Banco Central de Argentina ha habilitado cajeros para cambiar hasta 20 pesos por persona en tres estaciones de tren, colas de hasta 200 metros de personas esperando 45 minutos para conseguir monedas con las que viajar al trabajo o a casa. También ha multado a cinco bancos por no dar cambio a los ciudadanos.

Hasta ha aparecido un mercado negro de monedas y  empresas de autobuses aprovechan el pago en monedas para almacenarlas y revenderlas a los establecimientos que lo necesitan: venden 90  pesos en monedas por un billete de 100.

La inflación ha producido que el valor que marcan las monedas sea menor que el del metal fundido de las mismas, lo que ha hecho que opere la Ley de  Gresham. Tenemos dos formas de pago, monedas y billetes, pero resulta que un peso en monedas es más valioso que la misma cantidad en billetes. Con lo que los billetes serán los que circulen, mientras que las monedas se guardan y ahorran ya que tienen mayor valor que el papel. ¿Qué escasean las monedas?, pues metemos más, parecen haber dicho desde el Banco Central de Argentina, ya que éste ha respondido inyectando al mercado un 13% más de monedas que en 2007. Impresionante la lógica de primaria de los supuestos expertos, no hacen sino más que agravar el problema.

Leer el artículo entero aquí.

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  1. enero 23, 2009 9:55 am

    Cualquier cosa en Argentina… su debilidad institucional, el vaivén de las últimas décadas, una clase política irresponsable y caótica… son muchas variables combinadas para generar situaciones como esta.
    Cuando la inflación se dispara con medios de pago fiduciarios de curso forzoso, lo normal es que las personas busquen formas de conservar su riqueza a margen de la tenencia de dinero. Los billetes vuelan porque nadie quiere quedárselos, es preferible evadirse de la economía monetaria y empezar otra vez con el trueque. Como esto es complicado e ineficiente lo razonable es que comience de nuevo un proceso espontáneo de formación de un dinero alternativo al impuesto por el Estado. Si hay oro, será el oro, aunque depende de las cantidades de que dispongan de media los ciudadanos. Pueden surgir otras vías, como los cigarrillos, o cualquier bien escaso y que no se multiplique de forma abrupta o por decisión arbitraria de una autoridad.
    Cuando la gente prefiere atesorar monedas y desprenderse de billetes es porque el valor del material de que están hechas es más estable que el poder de compra fijado nominalmente en ellas. Es decir, vale más el metal que los bienes con los que podría intercambiarse según su nominal. No es que vayan a fundirlas para venderlas, que también, sino que basta con conservarlas con la esperanza de tener en ellas un depósito de valor más fiable que la tenencia de billetes.
    Las monedas, por otro lado, circulan con una velocidad superior a la de los billetes con nominales más altos, aunque depende de la inflación, claro. En la medida que sean necesarias para compras rutinarias y numerosas, circularán más rápido generando la sensación de que hay más de las que físicamente hay. Esto colisiona con la tendencia a atesorarlas, por lo que la distorsión es terrible y genera situaciones como las comentadas. La única solución sería emitir billetes de céntimo, aunque quizá ahí también el material del que esté hecho el billete valiera más que ese nominal en céntimos, y la gente prefiriera atesorarlos y venderlos como mercancía.
    Saludos!

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