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Los errores de Keynes

enero 25, 2009

Afirmar que las grandes aportaciones keynesianas no han sido sino un fiasco o una aberración científica de terribles consecuencias (clara coartada estatista a costa del rigor y la verosimilitud) no es una licencia permisible únicamente para doctos en la materia. El propio Keynes, en su lecho de muerte, confesó a Hayek (eso contaba el economista austriaco) que era plenamente consciente de los errores cometidos, y con su arrogancia intelectual intacta, con un giro de muñeca afirmó algo así como, mañana mismo digo lo contrario y todos contentos. Desgraciadamente para los que le concedieron y aún hoy conceden magnífica autoridad, no pudo Keynes corregir sus desmanes, y para sufrimiento de todos quedaron intactas sus teorías como mejor baza ideológica para sostener el estatismo hasta sus últimas consecuencias.

Este post pretende destacar los puntos donde la teoría austriaca del ciclo contradice el modelo keynesiano, aportando los elementos fundamentales para comprender cada realidad. Comencemos:

 

1. Keynes no admite que la demanda de consumo futuro procede del ahorro presente. Para el keynesianismo la inversión es función del consumo presente. Esta simpleza procede de la profunda ignorancia que Keynes demostró acerca del proceso productivo y la teoría del capital (Böhm-Bawerk): La dinámica económica se compone de numerosas etapas productivas, desde las más intensivas en capital hasta las más próximas al consumo final del bien. La producción exige tiempo y esfuerzo. Lo que hoy consumimos comenzó su camino en el pasado, así lo que consumiremos dentro de un año deberá iniciar su producción ahora. La inversión presente genera bienes de consumo futuro, es decir, consumo e inversión (financiada a través del Ahorro) van en direcciones opuestas pero coordinadas, y nunca podrán moverse en la misma dirección, como quiso afirmar Keynes con su efecto multiplicador del gasto.

2. Los tipos de interés, según la teoría austriaca, son reflejo de la estructura de preferencia temporal de la economía. En el mercado del crédito, que como bien afirma Huerta de Soto, no es sino una pequeña parcela del mercado general de tiempo (donde se intercambian bienes presentes por bienes futuros), el tipo de interés deviene en función de la oferta y la demanda de fondos prestables (crédito). Este precio informa y favorece la coordinación intertemporal de las decisiones de los agentes económicos (consumir o invertir para la producción). Es decir, si aumenta el ahorro por encima de la demanda de crédito caerán los tipos de interés, como consecuencia de un cambio en la estructura de preferencia temporal de la economía, reduciéndose la producción en las fases más próximas al consumo a costa de invertir en las más alejadas (para producir bienes futuros), alargando la estructura productiva en sus fases más capital intensivas (esto incrementará la productividad, hará que bajen los precios de los bienes finales y generará crecimiento económico genuino o sostenible).

 

3. Es una falacia la conclusión keynesiana de que un incremento en el ahorro, o lo que es igual, un descenso en el consumo presente, lleven a la depresión económica per se (Paradoja del Ahorro). Todo lo contrario: al crecer el volumen de ahorro crecerá la cantidad de fondos prestables, bajando el tipo de interés como señal del cambio en la preferencia temporal, que interpretada por cada agente supondrá una tendencia a invertir en las fases más alejadas del consumo presente, absorbiendo los recursos liberados (es decir, no habría desempleo de recursos como alerta Keynes).

4. Keynes cae en ese error considerando la producción como un proceso estático e inmediato, tomando el capital como un conjunto homogéneo de bienes perpetuo. De esta forma la caída del consumo llevaría a una reducción de la inversión presente, con el incremento del desempleo evidente. Queda demostrado que esta visión es falaz y simplista, no comprende la naturaleza temporal del capital ni de la producción, no entiende que la economía es un gran mercado de tiempo donde la tasa de descuento actúa como incentivo para la inversión. Tratar de manipular la relación real y dinámica a través de políticas monetarias expansivas o mero fiscalismo no hace sino llevar a la economía a contradicciones que necesariamente terminan por generar un reajuste en forma de crisis y recesión

 

Son muchos más los errores cometidos por Keynes y sus sucesores, pero estos son los que consideramos de mayor actualidad dadas las prácticas adoptadas por nuestros gobiernos como estrategia para salir de esta crisis: no confiar en los agentes privados, dejando de mano del Estado la reactivación económica, siempre bajo el error de creer que sólo consumiendo hoy, animando la “demanda agregada”, podrá superarse la dificultad y garantizar el regresó al crecimiento. Nada más lejos de la realidad. La economía está en fase de reajuste. Los sectores sobredimensionados deben ceder a favor de aquellas inversiones que dejaron de hacerse y que hoy deberían ser destino de todo el esfuerzo retraído del consumo presente. El ahorro, odiado y vilipendiado por el intervencionismo, no es sino la garantía para que podamos salir de esta crisis lo antes posible y de la mejor forma. Lo que debe preocupar a los gobiernos es sentar procurar un escenario de confianza y certidumbres respecto a su actuación, y no la captación del ahorro presente a través de deuda pública para gastarlo a toda costa salvando a quienes deben reajustar su dimensión o en su caso salir del mercado. El Gobierno no debe gastar, ni debe alentar el gasto: la mejor política económica es dejar que suceda lo que tiene que suceder, que los precios se reajusten, que cada agente tome sus propias decisiones de ahorro, consume e inversión, para caminar hacia un escenario donde el crecimiento sea por fin genuino y sostenible. A través de políticas de gasto, deuda y déficit o el intento de manipular monetariamente a los agentes con inyecciones de nuevo dinero o nuevas bajadas artificiales de tipos, solo lograrán que la economía occidental y mundial caiga en una depresión inaudita, de terribles y dolorosas consecuencias.

Saludos y Libertad!

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4 comentarios leave one →
  1. enero 25, 2009 8:58 pm

    Exposición muy clara y concisa de los errores de Keynes. Es tanto más necesario hacer difusión ahora, cuando el gobierno de Rodríguez Zapatero aumenta el gasto público en 8.000 millones de euros para que los ayuntamientos aprueben y ejecuten antes del 31/12/09 obra pública (por ejemplo, pistas de monopatín …)

  2. enero 25, 2009 9:22 pm

    Gracias, esa es mi intención. Por desgracia son mayoría los economistas que repiten sin complejo semejantes falacias. No es de extrañar que pertenezcan a la cultura popular, la gente ve tan claro que la demanda genera su propia oferta que resulta complicadísimo hacer pedagogía, por muy necesaria que sea. Al gobierno le doy por perdido, el keynesianismo y sus sofismas son meros fundamentos estatistas.
    Saludos! 🙂

Trackbacks

  1. meneame.net
  2. Krugman se olvida de casi todo para no acordarse de sí mismo « LA LIBERTAD Y LA LEY

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