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Callao será peatonal, pero… a qué precio?

febrero 6, 2009

El fondo de 8.000 millones de euros para ayuntamientos forma parte de una clase de políticas cortoplacistas (por eso lo de pan para hoy, hambre para mañana) que trata de estimular la economía a través del gasto, del incremento de la Demanda Agregada de la mano del Estado.

Lo que se busca con estas políticas es la inyección en la economía de una cantidad considerable de dinero con visos a que sea íntegramente consumida. Si los receptores de esa liquidez terminaran por atesorar las cantidades recibidas, el efecto pretendido no llegaría a suceder.

Si los agentes acaparan el ingreso sin convertirlo en ahorro puesto a disposición, a través del sistema financiero, de posibles inversores, la medida acaba por romper los esquemas previos de quienes la idearon.

Los 400 euros, o los 800 dólares de Bush, en este sentido, no fueron tan efectivos como los 8.000 millones de euros que el Estado va a gastar en pequeñas obras municipales. Con esta decisión se elige un sector concreto, el de la construcción (aunque en un sentido muy específico, eso sí), y sobre él se vierten miles de millones en forma de gasto directo. Lo que hagan los receptores con ello preocupa, pero no tanto.

Lo importante es que la inyección se traduzca a corto plazo en un incremento en la demanda, en un gasto efectivo, que genere puestos de trabajo y movimiento de bienes y servicios.

En la segunda fase, ese dinero llevará a sus perceptores, empresas en forma de beneficios o particulares (trabajadores) en forma de rentas, a tomar la decisión de cómo asignar el ingreso: cuánto gastar, cuánto ahorrar o cuánto utilizar para recomponer su solvencia personal. Es ahí donde el Gobierno pierde el control.

Con los 400 euros se dio esta circunstancia: no puede hablarse de una bajada de impuestos sino de una puntual inyección que impide a los beneficiados tomar decisiones sostenibles y serias sobre su situación; esa es la trampa.

Pues bien, con el dichoso fondo ayuntamientos como el de Madrid han sacado del cajón proyectos de meramente decorativos o suntuosos, si se quiere. La peatonalización de la plaza de Callao, de Sol, de la calle Alcalá desde Sol a Sevilla, de la calle de Fuencarral, de la Red de San Luis, la plaza de las Cortes, tramos del Paseo de Recoletos o la Plaza de Colón. Fuera del centro se gastarán los 500 millones que le tocan a la Capital en mejoras de infraestructuras, aceras, alumbrado, algún polideportivo, ajardinado, etc.

Gasto por gastar, básicamente. El Gobierno, siguiendo irresponsablemente los fundamentos “teóricos” del keynesianismo más rancio, pretende aminorar los efectos del reajuste con decisiones de este estilo, que conllevan: expolio de los 8.000 millones, vía impuestos, o a través de deuda (impuestos futuros); asignación arbitraria del montante en un sector concreto; elección de gastos superfluos que no mejoran la productividad, incrementan el capital invertido ni nada por el estilo; resultado: pan para hoy y hambre, mucha hambre para mañana.

La crisis es dolorosa y lo será más. Hay que pasarla, qué remedio queda. La coartada del intervencionismo es que sin él todo sería más duro y nadie nos garantizaría salir algún día de la recesión: y esto es, MENTIRA. Es más, todo lo contrario. Las políticas de gasto desconocen por completo las causas de la crisis, y peor, adolecen de taras teóricas insuperables: no comprenden la naturaleza del Capital, el elemento temporal de la producción, ignoran por completo el papel que juega la preferencia temporal de la economía, la posición del ahorro…

Creen que inversión y consumo van en la misma dirección, que los agentes privados se dejan llevar por sentimientos insuperables que los empujan a no acertar en sus decisiones, por lo que debe ser el Estado quien tome las riendas de la inversión… es un cúmulo de falacias y sofismas tan inmenso que los resultados no pueden ser otros que los que tristemente padecemos y padeceremos.

Solo bajando los impuestos, impulsando el ahorro, el ajuste de precios vía deflación, la desinflamación de sectores sobredimensionados en la época álgida de exuberancia, constriñendo el gasto público, dejando a la iniciativa privada que sea ella quien descubra dónde, cuándo y cuánto invertir  (el mercado libre es el único mecanismo donde cada bien es asignado allí donde sea más valorado), no recurriendo al endeudamiento (privando al sector privado de ahorro disponible), desregularizar el mercado de trabajo, agilizar o eliminar los trámites burocráticos para entrar o manejarse en los diversos sectores intervenidos…

Esta es la única política que favorece crisis breves, intensas, pero satisfactorias en su capacidad de reajuste. Solo así lograremos que el efecto deseable de toda recesión sea la depuración de las bases de un nuevo crecimiento, más sostenible, de tipo genuino.

(imágenes en Espormadrid)

Saludos y Libertad!

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6 comentarios leave one →
  1. febrero 6, 2009 11:57 am

    Para los que, como yo, carecemos de idea alguna sobre Economía, este tipo de entradas son la mejor forma de entender un poco cómo se mueve el sistema, con ejemplos claros y palpables.

    Quisiera preguntar dos dudas al respecto.

    1.- ¿Podría ser que en vez de una medida económica fuese maquilladora del paro?. Son obras dirigidas a un sector muy determinado y con un plazo limitado, da la sensación de que quisiesen sacar a un número de obreros del INEM de aquí a 2010 a la espera de que la cosa mejore y las cifras bajen.

    2. Si esto fuera así, ¿qué repercusiones tendría en la economía?. Supongo que debe existir algún modelo que estudie este fenómeno. Trabajadores que estaban en el paro ahora reciben una serie de obras con una duración determinada, es decir, después de ver la crisis cara a cara, vuelven a estar en una situación laboral pero sabiendo por adelantado que dentro de x meses vuelven a quedar fuera de juego. Supongo que eso debe cambiar por completo sus sistemas de ahorro y consumo y a su vez repercutir de algún modo en la economía que se intenta agitar con este plan.

  2. febrero 6, 2009 12:12 pm

    Las consecuencias de la medida son ridículas. Los empleados por estas obras no llegarán a 2010 con un puesto de trabajo, y en total no suman la destrucción de empleo de un mes o dos.
    La mayoría de ellos pertenecen a un sector poco cualificado, no van a salvar a los trabajadores más productivos: para ellos está pensado el plan de infraestructuras, a medio largo plazo. Lo que se busca con esto son licitaciones rápidas para dar la sensación de que se hace algo.
    Ni aligerarán las cifras de desempleo, ni aliviarán el pago del subsidio, ni nada de nada… es una inyección de liquidez de 8.000 millones a través de un sector concreto, sin otra esperanza que ese dinero se mueva rápido, pase de unas manos a otras, e incremente la actividad.
    Por otro lado ayuda a los ayuntamientos a dedicar sus presupuestos a mantener su maltrecha estabilidad financiera y los gastos fundamentales, mientras que se siguen haciendo obras de este estilo…
    Son tan pocos lo afectados que no se va a conseguir nada. Esos 8.000 millones son deuda pública. El Estado debería renunciar a ese endeudamiento y proceder a una bajada similar de impuestos. A nadie se le ocurre en momentos como este ponerse a cambiar los baños, a poner tarima flotante o comprar muebles nuevos, verdad?
    Lo prioritario es pagar nuestras deudas, prever y ajustar nuestros gastos. Es la única forma de respaldar la solvencia de nuestros acreedores y poner ahorro a disposición de lo emprendedores que deben invertir allí donde resulte más atractivo dadas las circunstancias.
    Saludos!

  3. febrero 6, 2009 12:28 pm

    Lo de que no es momento de cambiar los baños y poner tarima flotante me ha resultado curioso, porque en mi edificio en este momento hay dos vecinos que lo están haciendo. Lo que aumenta mi sospecha de que la crisis es aún peor de lo que parece porque muchos españoles aún están viviendo como si nada sucediese, en vez de hacer eso que dice usted tan lógico de ahorrar y pagar deudas.

  4. febrero 6, 2009 2:00 pm

    Hombre, la crisis no afecta por igual a todos los sectores, y no quiero decir que no deba conservarse y mejorarse el estado de nuestras aceras, calzadas y jardines (o baños, suelos y cocinas). Pero etas inyecciones arbitrarias impiden que sectores clave para entender el desfase económico se ajusten como deben, retardando lo inevitable a costa de comprometer la riqueza presente y futura del resto de agentes.
    Toca ahorrar para poner a disposición de los inversores y emprendedores los recursos suficientes para que puedan salvar las inversiones consolidadas y que pueden ser viables, y para que se abran camino en sectores olvidados o nuevas oportunidades que serán el germen de nuestro crecimiento futuro. La política del expolio, la deuda y el gasto para parchear y apuntalar lo que necesariamente debe derrumbarse, es suicida e irresponsable: por otro lado, típica de políticos y sus ganas de salir reelegidos.
    Saludos!

  5. inxs5000 permalink
    febrero 6, 2009 2:28 pm

    Otro efecto negativo de los 8.000 millones son los edificios y similares que van a construir los ayuntamientos y que van a necesitar unos gaastos de mantenimiento que lastrarán aún más las maltrechas finanzas municipales, es decir, a corto plazo más gasto, más deuda y más impuestos a los ciudadanos en los municipios.

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  1. Las Opciones del Gobierno: Justicia y gasto público « LA LIBERTAD Y LA LEY

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