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Eluana y la muerte

febrero 7, 2009

La pugna política, ideológica, moral, y ética en torno a la eutanasia tiende a caer en una simpleza que asusta. Antes de emitir un juicio, veamos algunas ideas sobre el tema:

-Eluana permanece en un estado vegetativo: la persona no da señales de consciencia siendo incapaz de interaccionar con el ambiente. Esa incapacidad de respuesta, según parece, no puede identificarse con la muerte cerebral: el afectado no necesita ayuda para sostener sus constantes vitales, únicamente alimento e hidratación.  

-El ser humano es libre de hacer lo que le plazca con su propio cuerpo, su integridad e incluso su supervivencia: esto comprende el derecho a no ser coaccionado cuando su deseo sea el suicidarse, o la posibilidad, en caso de incapacidad física para lograrlo, de que uno o varios colaboradores sigan sus órdenes para conseguirlo: suicidio asistido, donde lo fundamental es la voluntad libre y autónoma del suicida y la necesidad de testigos cualificados que certifiquen que la asistencia ha obedecido en todo momento sus órdenes (recordemos que en sentido estricto es un homicidio alevoso, pero justificado mediando la petición y aceptación del que quiere morir).

– Son varios los escenarios donde el individuo no puede emitir su voluntad de seguir viviendo o morir:

-Cuando terceros hayan situado al inconsciente en condiciones de sostenibilidad vital                guiados por su voluntad de socorrerlo. Es distinto si el afectado llegó a solicitar el         socorro y estuvo algún tiempo consciente a que los facultativos se lo encontraran   directamente inconsciente.

-Cuando se conozca a priori, con el paciente inconsciente, una declaración de voluntad              previa (testamento vital) que se entienda válida y en virtud de misma se abstengan a          realizar los actos necesarios para sostener su vida de forma artificial.

 -Cuando el testamento vital sea conocido a posteriori, una vez colocado el paciente    (inconsciente) en situación de sostenibilidad mecánica.

En el primero de los casos no hay ningún elemento que justifique la ulterior desconexión. En el segundo se tendrá que juzgar si bastaba con esa declaración para omitir el deber de socorro. En el tercero de los casos nos hallamos en una situación difícil: la declaración de voluntad no es inmediata y clara, a no ser que especificara que en caso de conexión preferiría la desconexión. Es uno de los temas controvertidos en nuestros días.

Pero vayamos al caso de Eluana: La situación es la que sigue… no hay voluntad expresa de la afectada, simplemente el deseo de la familia de que su situación acabe en muerte. Se considera irreversible su estado de letargo por lo que la muerte se plantea como la mejor opción para Eluana. En virtud de esta conclusión de familiares y quienes les apoyan, se solicita el amparo legal y judicial para dejar de hacer lo que se venía haciendo para sostener su vida: alimentarla e hidratarla.

No se pide en virtud del derecho a una muerte digna la posibilidad de inyectarle una dosis letal para acabar con su vida en cuestión de segundos y sin sufrimiento. Se pide que se la deje morir, procediendo a un acto positivo: dejar de alimentarla en un momento concreto (trata de enmascararse como omisión, pero la omisión solo puede ser primigenia o tras situaciones que escapan al dominio, el control y la voluntad del enjuiciado).

Se alega que una muerte por inanición será indolora para Eluana. Se obvia que una vida en estado vegetativo está siendo igualmente indolora para ella. Se pide su “derecho” a morir cuando en realidad lo que se pretende es que se facilite la voluntad de sus familiares a seguir viviendo sin la preocupación (razonable) de tener a Eluana en semejante situación.

No es una eutanasia en sentido estricto: la muerte o la vida son igualmente indiferentes para la afectada, en términos de dolor (o eso se dice). Lo que importa es que ahora está viva y una voluntad que no es la suya pretende su muerte. La legitimidad para proceder a dicho homicidio, no fundado en el dolor o el padecimiento insoportable de la víctima incapaz de emitir su propio deseo, y posiblemente irrecuperable (lo que podría encuadrarse en el concepto de eutanasia), es lo que aquí realmente importa.

Es un debate muy complicado. La simpleza con la que muchos lo tratan, sorprende y alarma. Pensar que el único argumento a favor de la integridad vital es el de la Iglesia, resulta ridículo. Es más, su razonamiento adolece de tantos vicios que muchas veces no sirve siquiera como respaldo para un juicio más elaborado.

Antes de concluir aclaremos algunos puntos: la ley penaliza la omisión del deber de socorro, cuando en realidad este deber es de tipo moral, y no forma parte de un ética fundamental inspiradora del buen Derecho. Nadie merece pena por no hacer lo que no debe. La moral es de cumplimiento voluntario, no cabe exigirla, salvo que quede efectivamente incluida en una norma jurídica, como es el caso.

 Pero esto nos lleva a que si una persona se encuentra en una situación de sostenibilidad vital, sin que haya medida su voluntad en ningún caso, fruto del deber de socorrer al que está en peligro, lo que importa es el presente, y no tanto el origen de la situación. Es decir, Eluana vive gracias a la alimentación y los cuidados de otros individuos: lo que debe juzgarse es si estos están legitimados o no para dejar de hacer lo que vienen haciendo para mantenerla con vida. El debate reside en si esto forma parte de ese principio moral que impele a socorrer al necesitado, o deriva de algún principio ético.

En mi opinión la ley, al acoger este deber moral en su seno, convierte en delito ese “dejar morir”. No es una cuestión ética, como si lo sería la intención de proceder a quitarle la vida directamente con una acto concreto como una inyección letal. En ese caso solo sí la situación de la afectada fuera manifiestamente irreversible, y el sufrimiento y dolor demostradamente insoportable, podríamos estar ante una eutanasia.

El caso de Eluana es distinto: se la quiere dejar morir por inanición alegando que no va a sufrir, es decir, que viviendo o muriendo su sufrimiento va a ser igualmente nulo… ¿quién decide?

Saludos y Libertad!

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7 comentarios leave one →
  1. liberand permalink
    febrero 7, 2009 1:26 pm

    Es un tema complicado, sí. ¿Cómo se actuaría si la sanidad fuera privada? ¿quién correría con los costes de mantener ingresado y conectado a una persona en estado como el de Eluana? ¿la familia? ¿por qué?

    Aunque, claro, la sanidad pública la podría perfectamente mandar a casa, ya que no podrían hacer nada más por ella en un hospital.

    Saludos!!

  2. febrero 7, 2009 2:16 pm

    El deber de socorro, convirtiendo en delito su omisión, nos obliga a socorrer en la medida de nuestra capacidad, conocimiento y las circunstancias concretas, a toda persona que se halle en situación de peligro manifiesto o grave, o en su caso, desamparada. En nuestro código penal se dedica un artículo a los profesionales sanitarios y su deber a prestar asistencia médica, con penas más graves que en caso de particulares.
    Es decir, sí o sí, pague o no pague, sea privado o público en centro sanitario, sea o no profesional sanitario el encausado, existe el deber de socorrer a quien lo necesite, en este caso, dada la situación fáctica presente, alimentar e hidratar a la chica en coma.
    Es un deber moral convertido en deber jurídico.
    Éticamente nada puede precisarse al respecto, o eso opino yo. Debemos distinguir entre moral y principios éticos fundamentales: solo existe la obligación de amparar al necesitado (lo reclame o no –si se niega, es evidente que ayudarle sería una agresión contra su libre voluntad de padecer, sufrir o morir-) cuando seamos nosotros los causantes de la situación de peligro o riesgo para su vida o integridad.
    Es decir, en mi opinión, con indiferencia de si está en un hospital privado, público o en su casa, todo el que sepa del riesgo de morir de Eluana, con la ley en la mano, está omitiendo su deber de socorro.
    Luego podríamos discutir sobre todo lo demás, pero por lo que tú planteas, está es mi respuesta.
    Saludos!

  3. febrero 7, 2009 10:14 pm

    Los liberales y su Estado de bienestar al rescate.

  4. yoelnico permalink
    febrero 8, 2009 12:51 am

    aun no he visto en que ha parado todo..
    que se puede decir en este caso? lo que si es fijo es que causara controversia como ninguna…
    saludos!!

  5. febrero 8, 2009 1:50 am

    Octopus…, en qué parte del post intuyes que yo defienda la exigibilidad de lo que he dejado bien claro es un principio moral, y por tanto, coherentemente de cumplimiento voluntario?
    Lo fácil es soltar chorradas y no argumentarlas, verdad?
    Yoelnico, es complicadísimo, pero me repito, la legislación convierte en jurídico lo que es un deber moral, mientras que no estemos dispuestos a reconsiderarlo radicalmente, este caso no es sino una caprichosa excepción que en absoluto busca resolver un malestar insoportable a través de una “buena” muerte, sino evitar el sufrimiento de los familiares a costa de dejar morir (y ese es el dato: no se la va a matar directamente porque no hay justificación alguna para ello, o no se atreven a plantearlo directamente, una de dos) a una persona inconsciente y dependiente.
    Saludos!

  6. febrero 9, 2009 1:18 pm

    YSH: buen análisis, equivocadas algunas conclusiones (siempre en mi modestísimo y humildísima opinión, no te vayas a mosquear). Me gustaría recordarte que la chica sí expresó en su día la voluntad de no encontrarse en esta situación de forma prolongada pero (como es lógico en una persona tan joven) no lo había puesto por escrito. También hay que tener en cuenta que hace 17 años no era nada normal poner estas cosas por escrito, como viví en mi propia experiencia, para asombro del notario. Por otra parte, si no se le “inyecta la dosis” que ponga fin a su vida de forma más rápida y garantizable, es porque en Italia (como aquí) eso metería en muchos problemas legales a familia y facultativos.

    “Se alega que una muerte por inanición será indolora para Eluana. Se obvia que una vida en estado vegetativo está siendo igualmente indolora para ella”. Cierto, pero es una persona, no un objeto. Y puede “vivir” facilmente unos 40 o 50 años más en esa situación. ¿Como no le “duele”, hay que mantenerla viva? ¿Para satisfacer a quién?

    Sólo añadiría un matiz importante: la “omisión del deber de socorro” se da en muchos casos en los que los médicos deciden que, pudiendo hacer “más por el maciente”, ello no va a mejorar sus posibilidades de supervivencia y sólo contribuirá a añadir más incomodidades (pruebas, tratamientos) a su, ya confirmado, proceso de fallecimiento. Y en esos casos, incluso en España, pero muy especialmente en los USA, los médicos simplemente “dejan que el paciente muera”, o expresémoslo cada cual en las palabras que nos gusten más. Es decir, una situación muy similar a la de la chica italiana, con la diferencia de que el paciente en esos casos suele estar consciente (no siempre).
    Y para liar más la cosa, recordemos que se socorre también a los suicidas, quienes, con sus actos, han dejado bastante claro que tienen la voluntad (más o menos cabal) de quitarse la vida.

    Saludos gota a gota,
    Prime

  7. febrero 9, 2009 1:51 pm

    Excelente aportación. Yo en este tema trato de no ser dogmático… lo que no impide que trate de fundamentar mis argumentos en la defensa de la libertad, la autonomía de la voluntad y la integridad individuales.
    Que esta chica dijera en algún momento esto o aquello difícilmente exoneraría quien procediera a administrarle una “buena” muerte. En estos casos prima la declaración expresa, inmediata y clara en pleno uso de facultades mentales. El problema de los testamentos vitales es la inmediatez, y en su caso, la claridad respecto a la contingencia exacta a la que finalmente tengan que aplicarse.
    Y en cuanto a la omisión del deber de socorro, muy de acuerdo, pero no creo que en mi escrito haya contradicho esa situación que tu planteas. El problema es que Eluana vive hoy por hoy gracias a la ayuda que le prestan, y esa vida, en su caso, no es dolorosa o insufrible. Es decir, la muerte, no es la única opción para evitar el un dolor insuperable. Para ella, morir, es tan positivo o tan negativo como para cualquiera de nosotros. Lo que me temo es que su muerte se convierta en medio para liberar o tranquilizar a sus padres, y en ese caso, las dudas son más que razonables.
    Saludos!

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