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Corrupción, Corrupción de Partido y todo lo demás

febrero 10, 2009

La confusión de términos da rienda suelta al sectarismo del medio encargado de la exclusiva. El País habla de “trama de corrupción del PP”. Y leyendo sus reportajes y artículos de investigación, las filtraciones interpretadas y reinterpretadas, su gusto por dejar para el final lo mejor, se queda uno con la misma confusión que al principio.

Corrupción es una palabra que lo dice todo sin decir nada. Corromper el poder político al servicio de los intereses particulares de quien lo ejerce (como si nuestros dirigentes, cualquiera, llevaran vida monacal y sirvieran al Estado o a la Sociedad (¡!!) con devoción y abnegada entrega). En nuestro código penal hay un título (XIX) dedicado a Delitos contra la Administración pública, que comprende la prevaricación, el cohecho, el tráfico de influencias, la malversación, las exacciones ilegales (otras lo son…) y otros. Un cargo público, en el ejercicio de sus funciones, puede incurrir, como cualquiera de nosotros, en fraude, falsedad y otros tipos generales.

Esa es la corrupción con nombres y apellidos, la que subsume hechos, calificándolos con meridiana claridad. A eso debe dedicarse Garzón, o la Fiscalía anticorrupción, a encontrar, investigar y aclarar hechos presuntamente delictivos.

Luego tenemos la corrupción interna de cualquier organización al margen del ejercicio del poder. Resulta evidente que los Partidos políticos no son cualquier organización, porque en ellos, todo movimiento, presión o irregularidad termina por involucrar caudales públicos, a cargos institucionales, etc.

El PP está inmerso en un proceso de descomposición propiciado por la lucha intestina pero también por interesados ataques desde el exterior. Nada de lo que ha salido hasta ahora en los medios es capaz de sostener una trama de corrupción seria, de proporciones considerables, que desacredite de raíz a la organización popular. A pesar de ello, tiene un efecto controlado y premeditado sobre la opinión pública; y es aquí donde tiene una importancia significativa el momento, la forma, el titular y la distorsión de la que solo es capaz una maquinaria de intoxicación totalitaria.

Puedo apreciar dos elementos diferenciados: por un lado, la evidencia de un sistema de partidos e intervención pública que corrompe por completo instituciones y espíritus formando en torno de estas formaciones y quienes trabajan para ellas una red de intereses y corruptelas, complicada, pero persistente e intensa en todo ámbito donde quede comprometido dinero público: empresas de seguridad privada para cubrir edificios públicos, regidas y fundadas por miembros de partido o antiguos cargos. Empresas de eventos diversos que reciben contratos del propio partido pero también de las instituciones que gobiernan. Y un largo etcétera, relacionado con todo, infiltrado en cada manifestación de este entramado estatista y partidocrático en el que vivimos…

Y por otro, como segundo punto sobre el que reflexionar, la facilidad o la inmoralidad con la que el estatista valedor de la causa es capaz de destripar al contrincante (que por otro lado aspira y disfruta a lo mismo, o no cuestiona la raíz del problema) con tal de barrerle al precio que sea. Una suerte de pacto entre caballeros (expoliadores unidos) que siempre rompen los mismos, con inquina y maleficencia, dando relevancia a lo menos escandaloso de todo lo posible. Porque admitamos que este caso de corrupción atribuido al PP se quedará en cuatro duros y cuatro chorradas, pero llenará portadas y desviará la atención durante semanas, o meses. Otras corruptelas o abusos descarados de poder seguirán agazapadas, como si no fuera con ellas, o peor, las mismas tramas pervivirán en administraciones gobernadas por socialistas.

Alguno de los hechos filtrados por El País parecen graves (viniendo de quien viene y siendo contra quien son, dudo de en qué quedará todo…), pero dada la realidad intrínsecamente corrupta del Estado en el que vivimos, la elección del escándalo (cualitativa y cuantitativamente hablando) es tan arbitraria y ruin, que, asumiendo lo anterior, termina por preocuparme más la bajeza moral que el carácter delictivo de algunos.

Saludos y Libertad!

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4 comentarios leave one →
  1. requerido permalink
    febrero 10, 2009 2:24 pm

    Si eres Concejal de Deportes y por casualidad se quema el Palacio de los Deportes debido a un accidente con un soplete y luego, el coste efectivo de rehacerlo,es el triple de lo presupuestado, es todo debido a la mala suerte.
    Esto es solo el efecto de los dossiers y no pasaria si el PP fuese liberal,claro que es muy goloso ser presi del Ifema,colocar amiguetes en la camaradecomercio, en cajamadrid, en el canaldeisabel2,la emt etc etc vamos como para privatizarlo…

  2. febrero 10, 2009 8:06 pm

    Requerido: das en el calvo. El problema es ponerse las etiquetas (de liberal) sin habérselas leido antes. Lo que me sorprende es que haya tanta gente inteligente que se cree la gran mentira de que esta banda de criminales son “liberales”. Por favor… son tan liberales con Stalin: todo para nosotros, y por el “bien” del pueblo.

    Saludos liberaloides,
    Prim

  3. febrero 10, 2009 8:57 pm

    Lo cierto es que la reacción del PP de Madrid ha sido ejemplar, y ha insuflado un soplo de aire fresco a nuestra maltratada democracia. Raras veces se han depurado responsabilidades políticas con tanta firmeza y celeridad. Ojalá el ejemplo cunda.
    http://apuntesenlibertad.blogspot.com/

  4. febrero 10, 2009 11:30 pm

    Ja, ja, ja.
    Por favor, cuenta ahora el del lorito japonés.

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