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Y las cárceles llenas

febrero 14, 2009

En tiempos de crisis, una de dos, o se agudiza el ingenio o sale lo peor de cada uno. Familias que emiten billetes de 50 euros (la trampa solo le está permitida a los Estados, vaya por Dios), una señora Delegada del Gobierno en Madrid advirtiendo de un más que previsible incremento de la delincuencia en nuestras calles, atracos a joyerías y tiendas de lujo, asaltos a pisos, adosados y unifamiliares… y las cárceles llenas de reos de delitos sin víctima.

Se esfuerzan los carceleros en mantener cierta hipocresía al respecto. La cárcel, por nutrida y concurrida, se ha convertido en una suerte de taller de manualidades, centro de estudios, terapia ocupacional, trabajo social o polideportivo. Llevan a Strippers, hombres y mujeres, y a futbolistas galácticos, como Raúl y su visita a la cárcel de Navalcarnero.

Cabe criticar esta doble moral, esta pose absurda, este gesto progre que victimiza al criminal por encima de los auténticos damnificados y perjudicados por sus actos ilícitos. Pero, qué sucede cuando la mayoría de los presos lo son por delitos sin víctima?

Más de 53.000 reclusos de los que casi 15.000 lo son por delitos contra la salud pública, la mayoría de ellos, por tráfico de drogas. Yo entiendo la alarma que esto pueda suscitar en muchos, o que no se entienda nuestra postura al respecto, pero resulta escandaloso que por un mero acto de prohibicionismo 15.000 personas acaben en prisión (según la estadística no lo están por otra clase de tipificación penal) sin haber causado victima alguna.

El concepto de víctima es discutible, pero siempre que no exista coacción, debemos descartarlo por completo. El engaño sobre el contenido o los efectos de la sustancia, pueden encuadrarse en un sentido amplio dentro de la idea de coacción, pero tengamos en cuenta que la prohibición por sí misma no se justifica en la falta de información por parte del que voluntariamente adquiere la sustancia estupefaciente.

Nos cuesta millones mantener a esos 15.000 reclusos, otros tantos detenerles, muchos más reprimir la venta de sustancias, repeler la delincuencia asociada a todo mercado interdicto o asimilar la falta de disciplina individual respecto a los efectos reales de estas sustancias y las consecuencias físicas y mentales: una regulación que disipa todos los mecanismos espontáneos por los que individualmente interiorizamos riesgos y asumimos consecuencias, creando una cultura del consumo y la adicción que corrompe por completo a la sociedad.

Estos 15.000 presos no son necesariamente personas peligrosas, pero una vez internadas, adquieren todas las papeletas para llegar a serlo una vez libres. La cárcel es la mejor escuela del crimen, una suerte de convivencias entre delincuentes beatos. La reinserción en escenarios de masificación es complicada por no decir imposible. Todas esas formas de entretener, estimular o saciar en ciertas apetencias a los reclusos, lo que procuran es anestesiar su irrefrenable caída en picado hasta una marginalidad criminal de la que cada día que pasa resulta más complicado salir.

Strippers, Coros, obras de teatro, ligas de fútbol, strippers, son entretenimiento para delincuentes normalmente de baja formación y orígenes precarios. Son ellos las principales víctimas de un sistema penitenciario que persigue crímenes sin víctima efectiva pero incrementan la delincuencia en las calles.

La reclusión del delincuente no basta. Primero debemos definir muy bien los tipos penales, los bienes jurídicos protegidos y el tipo de penas adecuadas a cada situación.

Un asesino seguramente merezca la cadena perpetua; un lesionador grave o un violador, algo por el estilo, como el secuestrador. Un ladrón con violencia, algo menos, y así descendiendo, pero nunca superando el límite fundamental: la existencia de una víctima, de un individuo afectado en su integridad, su libertad o patrimonio. Fuera de esto, aun cuando nos puedan parecer mejores o peores ciertas actividades, poco sentido tiene criminalizarlas y castigarlas con la reclusión.

Hasta entonces, protegiendo entelequias, apostando por insustanciales alardes de colectivismo ilustrado, llenaremos las cárceles de víctimas del prohibicionismo, restando hueco y eficiencia en la persecución de los verdaderos criminales, que, curiosamente, son los más beneficiados en sistemas como este.

raul_carcel_navalcarnero

La Libertad y las Drogas.

Delitos sin Víctima.

El drogadicto Responable.

La irresponsable drogadicta.

Saludos y Libertad!

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3 comentarios leave one →
  1. febrero 14, 2009 3:20 pm

    Es inadmisible el trato al delincuente en España, viven mejor que en un hotel y las víctimas tiene que ver cómo al poco tiempo están ya por la calle.

    La masificación se arreglaría con relaciones bilaterales entre países, delitos que no sean de sangre, juzgar en España y a cumplir condena a su país, que allí las cárceles no son tan bonitas.

    En cuanto al tema de las drogas, discrepo de ustedes, causan muchas víctimas directas e indirectas además del gran número de delitos que van de la mano. Sí es cierto que se deberían revisar las condenas e incluso el método de cumplimiento.

    Pero esto es España, hemos pasado de la férrea firmeza de la dictadura al progresismo barato, de extremo a extremo, nunca podemos irnos a un punto medio. Ahora que la Guardia Civil rastrea el Guadalquivir en busca de la joven Marta de 17 años desaparecida hace un mes, ¿qué se le pasará al pobre padre pensando que vive en un país donde si ha sido asesinada, al culpable le caerán como mucho 20 años, y a los 12 estará paseando de permiso, después de haber estado años jugando al futbito, haciendo cursos de macramé y teniendo universidad gratuita que a los españoles decentes les niegan las becas?

  2. liberand permalink
    febrero 14, 2009 4:08 pm

    Fin de los tiempos: no olvidemos que el código penal que permitía la salida de la cárcel de los etarras más sanguinarios a los 20 años era de la dictadura

  3. febrero 14, 2009 6:59 pm

    Si, también la excarcelación masiva de D. Adolfo Suárez al clasificarlos como presos políticos. Pero son los hombres los que hacen las leyes, no las leyes a los hombres. Si no son adecuadas, se cambian y no pasa nada. Lo que es una barbaridad que el asesino de Marta con 32 esté en la calle con cuatro carreras pagadas por nosotros pero el padre de la chiquilla pase la vida entera llorando. Cadena perpetua como Dios manda.

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