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La Revolución nunca termina

febrero 16, 2009

Chávez se enmienda a sí mismo. Tras un intento fallido logra barrer de la Constitución Bolivariana el límite de mandato. Podrá ser, como es su sueño y vocación, “Presidente hasta que Dios quiera”.

Habla de Socialismo, revolución, una suerte de pansudamericanismo, castrismo idílico, odio al yanqui, populismo con desenfreno. Chávez es esa bestiecilla que muchos dirigentes occidentales, incluido Aznar, recibieron con simpatía asociándolo al aire de renovación y cambio necesario en Venezuela.

El fiasco fue tremendo, Chávez ha hundido a su país en la miseria del que se sabe exportador de una materia prima como el petróleo, pero que en vez de aprovechar su potencial para afianzar una economía dinámica y productiva, lo empeña en un modelo de intervención y estatismo que tarde o temprano terminará por destruir Venezuela.

A Luis Herrero le expulsaron por “bocazas”. Todo el que toca COPE y no se arrepiente, tiene asegurada la indiferencia, cuando no el desprecio, de gran parte de la profesión periodística. Para muchos el caso de Herrero no es ejemplo de las prácticas totalitarias de un régimen que organiza y escruta a priori todo plebiscito, sino una sencilla muestra de estúpida temeridad.

Mientras aquí, en España, al abrigo de un modelo económico algo más libre que el venezolano, con un régimen político algo más pluralista, y unas prácticas sociales consolidadas algo menos proclives a la tiranía, contemplamos con ese regustillo por los exótico la locura de media Venezuela y la frustración e incapacidad por consolidar una alternativa de la otra media: y parece que nos hace gracia.

Quien dijera que la historia se acabó con la caída del muro estaba muy equivocado: desde hace unos siglos la historia del mundo es la historia del estatismo. Por encima de la formación de un orden social y de mercado cada vez más extenso, interiorizando colectivismo, política, odios, rencores y fantasías, los Estados se han consolidado como conductores históricos, protagonistas por representar el objeto de deseo de toda ideología constructivista, del corte que sea.

Chávez lo demuestra en cada gesto, en cada decisión. Es el paradigma del estatismo más vulgar, más tosco y poco refinado. Desde Europa nos resulta estrambótico, cuando en realidad es nuestro propio reflejo en los espejos cóncavos y convexos del Callejón del Gato, mero esperpento que aloja y exhibe con descaro miserias que nos son propias, queramos o no asumirlo.

La revolución es eterna. Es la única baza que posibilita la égida estatista. El totalitarismo, sea populista o democrático, como el que padecemos en España, requiere de cambios institucionales continuos e inesperados para alterar el orden espontáneo provocando en los ciudadanos desasosiego e incertidumbre, falsas expectativas, nuevos anhelos. Sin ese recurso el Estado sucumbiría irremediablemente, aunque no podamos afirmar causa y resultado. El ánimo suplantador del orden social libre por una estructura organizacional monopolista (Estado) no puede permitirse que afloren en su interior microcosmos espontáneos que demuestren una más intensa y extensa coordinación social en la persecución de fines particulares. La farsa colectivista cede de inmediato, desde las cosas más pequeñas, a la consideración más personal de la propia existencia. Sin golpes de efecto, sin nuevas proclamas, cambios en la regulación, ingeniosas e ilusionantes empresas comunes, la organización se desmorona y con ella todo el plan de transformación social.

Aquí en España tenemos algo parecido, aunque la realidad es otra. También aquí el socialismo gobernante pretende Transformar, cambiar, diseñar, planificar, lustrar y retocar la sociedad. También aquí se recurre a la revolución, al cambio abrupto, a la perpetua sensación de movimiento político. El estatista presiente o conoce la naturaleza intrínsecamente perturbadora del Estado. Su mera existencia provoca desajustes insalvables así como un efecto descoordinador responsable de muchos de las encrucijadas que hoy padecemos. La Revolución política, tal y como la hemos definido y utilizado en este artículo, alberga en su seno otra de las fuentes de inestabilidad y quebranto más en boga en estos tiempos: el inflacionismo, el monopolio sobre el dinero y la planificación financiera…

Saludos y Libertad!

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8 comentarios leave one →
  1. Matritensis permalink
    febrero 16, 2009 2:34 pm

    A mí lo que pase allí me apena pero no me preocupa demasiado. Lo que realmente me preocupa es esto:

    http://www.publico.es/internacional/200977/chavez/gana/referendum/permanencia

    Atencíón a la noticia, a la pregunta de la encuesta ¡y su resultado! por no hablar de los comentarios a la noticia.

    Este país, igual que Venezuela está perdido, lo mejor es hacer las maletas y largarse

  2. febrero 16, 2009 3:48 pm

    Y dónde vamos? porque Australia está que arde… 🙂

  3. Matritensis permalink
    febrero 16, 2009 4:24 pm

    Pues al loro con esto

    http://www.libertaddigital.com/mundo/leire-pajin-dice-que-herrero-debio-acatar-las-reglas-internacionales-de-chavez-1276350933/

    Creo que ya no es escandaloso, es peligroso. Ojito que nos estamos metiendo en un bosque muy chungo.

    Australia, si no nos morimos quemados moriremos por el ataque o picadura de cualquier bicho, allí todos los animales son mortales o ponzoñosos, pero libres.

  4. febrero 16, 2009 4:42 pm

    Lo del PSOE siempre ha sido vocación de perpetuidad… no renuncian a emular a sus referentes, así de triste.
    Por cierto, no publicas?

  5. Matritensis permalink
    febrero 16, 2009 4:46 pm

    Estoy fuera de juego, entre que he estado fuera el finde y que no he dormido nada esta noche sólo tengo cuerda para visitar alguno de mis blogs favoritos y poco más

  6. febrero 16, 2009 4:58 pm

    jeje, ok, pues recupera fuerzas y gracias por lo que nos toca 🙂

  7. Gabriel permalink
    febrero 17, 2009 5:59 am

    Venezuela tiene lo que merece.

  8. febrero 17, 2009 12:40 pm

    ¿Venezuela tiene lo que merece?

    Increíble…

    Saludos a-no-na-da-dos,
    A-no-ni-mus

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