Skip to content

Václav Klaus

febrero 20, 2009

“Temo que los intentos de profundizar en la integración y llevar decisiones sobre las vidas de los ciudadanos de los Estados miembros al nivel europeo pueden poner en peligro todas las cosas positivas que Europa ha alcanzado en el último medio siglo”.

El Presidente checo corre el riesgo de convertirse en la mejor baza de los euro-estatistas. El mayor peligro del escepticismo es la indefinición, y si bien es cierto son de sobra conocidos los argumentos de Klaus, su reproducción en los medios de comunicación resulta sesgada y deficiente.

La coherencia exige que nuestra posición sea idéntica respecto a toda instancia de dominación, sea regional, nacional o supranacional. El temor a una UE detentadora de poderes de intervención centralizados no debe ser mayor al reparo que hoy en día representa el intervencionismo de los Estados, las regiones o los ayuntamientos.

Puede que la visión de muchos euro-escépticos, en este sentido, tenga un fondo de verdad: apuestan por el control nacional frente al de la unión al entender que el monopolio competencial en manos de UE es mucho peor que la competencia entre Estados. Apuestan por la libertad de comercio, cierta armonía en la regulación, pero la pervivencia de la soberanía nacional. Tiene su lógica, pero no es suficiente.

La UE, como toda entidad política que aspira a comprender un territorio amplio y diverso, sucediendo como espacio de interacción ilimitada a los antiguos Estados, necesariamente debería guardar un espíritu antiestatista. Sin embargo la integración ha tenido una doble vertiente: puesta en común de políticas públicas y resortes intervencionistas, sobre un mercado único (con sus deficiencias) sustentado en la libre circulación de personas, bienes y capitales.

El estatismo europeo, siguiendo una de las grandes lecciones post totalitarias, parte de un dato: no hay viabilidad para ninguna estructura de dominación irresistible sin que sobre el territorio que se aspira gobernar exista cierta homogenización de mercados y normas, así como unos niveles de libertad “óptimos” que impidan el colapso del sistema.

De todo esto deducimos que a pesar de que nos podamos sentir identificados con el sentimiento general apreciable en el discurso de Klaus, los liberales debemos profundizar un poco más para no padecer la incongruencia que tarde o temprano nos podrá pasar factura.

Dicho lo cual, hay un mundo entre Sarkozy y Klaus. Serán unos meses en los que quizá nos sintamos más identificados con quien encabeza la presidencia de la UE.

Saludos y Libertad!

Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: