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Contra natura

marzo 2, 2009

No sabemos si los que votaron PNV ayer domingo saben mucho o poco sobre las uniones contra natura… llevan muchos años gobernando con comunistas federalistas gracias al voto o la abstención de los hinchas del terrorismo. Sea como fuere basta con ver unos minutos la ETB2 para comprobar la tensión que ha despertado entre los nacionalistas “moderados” el más que previsible cambio.

Lo bueno, o lo malo, es que por “cambio” se entiende casi cualquier cosa. Todo depende de quién incluya la palabra en su discurso hacia donde pretenda orientar sus esfuerzos de ingeniería social. Patxi López Álvarez “no renuncia” a liderar el cambio. Ambigüedad calculada en una tierra donde las medias palabras han tenido y tienen viles partidarios. Es comprensible que se espere hasta comprobar si son 24 o 25 escaños los alcanzados por el PSE (se soñaba con alguno más, dicho sea de paso), y si UPyD forma parte del frente constitucionalista. Está por ver, de igual manera, si el desalojo del PNV pasa por confirmar dicho frente o basta con apelar a la coherencia del resto, demostrando como siempre, la propia desvergüenza y “el todo vale” característico de los socialistas.

En El País Vasco suceden cosas tan curiosas como estas: en las elecciones generales gana el PSE lo que en las autonómicas recibe el PNV. Más de la mitad de los encuestados por el dichoso (y filológicamente garrafal) Euskobarómetro declararon su preferencia por un gobierno bipartito PNV-PSE, respetando, eso sí, el derecho de los nacionalistas a presidirlo y dominarlo. El aparente pluralismo político que transmite a división electoral de los vascos no es tal cuando de una convicción se trata: es tan fuerte la creencia de los militantes del PNV de que aquello les pertenece con exclusividad inviolable, que el síndrome se extiende y mella la determinación del resto en hacerse algún día con el poder.

El PSE tiene una mala experiencia con ese entreguismo, muchas veces inevitable. Rosa Díez salió rebotada, no sabemos si con el mismo derecho a pensión que de su escaño en el Parlamento Europeo conquistado encabezando la lista socialista, pero seguro que algo defraudada. El PNV, como perfecto partido revolucionario que es, tiene esas cosas: gusta y disgusta, complace y provoca arcadas, hace bien algunas cosas (ejem) mientras que otras mejor ni hablar. Es un partido de derechas, sí, pero nada que ver con su homólogo españolista. Creen firmemente en mantener a la sociedad entretenida, ocupada y en la vanguardia. El cambio por el cambio y la postura más avanzada de las que sean capaces son válidas en todo caso con tal de mover el foco de atención de su patio de tropelías.

Mi opinión es clara: Zapatero se la juega, sí, pero también está en cuestión la estabilidad institucional de los vascos y la lucha contra el terrorismo. No tiene sentido apostar desde la debilidad y la relativa legitimidad por una alternativa que de antemano se sabe será difícilmente reeditable dentro de 4 años. Conviene no ser implacable y sí comedido. Si se hace bajo el complejo del que hablábamos, mal irá la cosa, regresaremos a los 90 y quién sabe en qué situación se las verá ETA y su mundo. El PSE tiene la responsabilidad de elegir y ser consecuente: puede gobernar en solitario aceptando un pacto contra natura en un sentido, o puede formar parte de un gobierno de coalición tramado del mismo tipo. Toda decisión que adopte podrá ser calificada de esa forma cuando en realidad en el País Vasco lo “contra natura” sea más que habitual.

Saludos y Libertad!

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