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Darwinismo “social”, libertad y ventaja comparativa

marzo 7, 2009

Cándido Méndez recurre a uno de los tópicos más peligrosos que han derivado de las teorías darwinianas. Lo hace para denunciar el egoísmo maligno que, como todos sabemos, caracteriza a todo empresario (que no sea de izquierdas, claro). La reforma del mercado laboral que reduzca el coste del despido, y por tanto, las barreras de acceso al puesto de trabajo (cosa que no han llegado a comprender o asumir en su incontestable evidencia teórica y práctica, nada menos) es, para los sindicalistas (esos que dejan al 15% de la población en el paro con la única intención de guardar un falsa sensación de que toda “conquista social” es disfrutada por el trabajador sin coste alguno: todo lo soporta el empresario, dicen) un ejemplo de darwinismo social.

Primero habría que ver lo que entienden por tal cosa: unos creyeron que favorecían la mejor adaptación y supervivencia del ser humano depurándolo racialmente a costa de crear una sociedad idílica, monocolor y de mentón prominente. Todos, en definitiva, creen haber descubierto las mejores características que propician el éxito y la adaptabilidad del hombre. Curiosamente pocas veces dichos atributos excluyen a quien los defiende como sinónimo de perfección… pero hay de todo, incluso afán por crear de la nada un nuevo y superior Hombre (y mujer, no vaya a decir Aido que…).

Cándido parece de los que a todas luces saldrían perdiendo en ese mundo contra el que supuestamente se revela el sindicalismo español. No tiene pinta de ser bueno en nada, salvo en lo que hace… y lo que hace, me temo, no sería (o quién sabe) un negocio lucrativo en un mercado libre. Es un liberado que se permite el lujo de jugar con los sentimientos de aquellos a los que dice defender: potencia las situaciones más perjudiciales para los “débiles”, los condena al ostracismo laboral, y luego reparte el coste de su manutención contra la menor riqueza generada de la que son capaces los que si trabajan. Enfermizo, lo sé.

Pero hay algo que debería tener en cuenta este analfabeto funcional, mentiroso o inmoral sindicalista. También existiría esperanza para él en un mundo sin intervención laboral. Sí, pero no le garantizaría los niveles que hoy disfruta, eso es evidente. Sin expolio estatal y restricciones a la libertad, semejantes ladrones y farsantes deberían buscarse el pan en otro lugar.

No solo es que un mercado libre tiende a ajustar de forma más satisfactoria para los intereses particulares de muchos más individuos, sino que además genera las oportunidades para que hasta el aparentemente más inútil y marginal encuentre un trabajo cuyo beneficio sea apreciado con más intensidad que el ocio al que se renuncia. Mises lo llamó, con mucha generosidad por su parte, “ley de asociación de Ricardo”. En realidad aquel economista aplico tal criterio a la ventaja comparativa existente entre los distintos países del mundo para la producción de los diferentes bienes demandados en el mercado.

Aplicado al ámbito laboral la ley asegura que aun cuando siempre exista alguien que en nuestro puesto haría mejor las cosas, sus aptitudes superiores en otros ámbitos le harían preferir dedicarse a ellos antes que a lo que nosotros hacemos. Es decir, aun cuando seamos malos en todo siempre habrá algo que podamos hacer para que otra persona pueda dedicarse a otra cosa que se le dé mejor. El resultado es más dinamismo, más capacidad de generación de riqueza, la tendencia a mejorar la productividad de todos los trabajadores, también la tendencia a la escasez de trabajadores, la especialización, la subida de los salarios reales… Vamos, la panacea propia del mutuo ajuste individual y la coordinación de la que solo es capaz un proceso social y de mercado libre.

Los sindicatos se aferran a los desajustes, inevitables, para legitimar su lucha. No se dan cuenta de que no solo no consiguen mejorar la situación de partida, sino que empeoran la realidad de todos. Lo que sucede es que imprimen falsas convicciones en privilegiados y desamparados, trabajadores, parados y dependientes. Esa es su táctica.

Del darwinismo social del que habla Méndez reconozcamos que no tiene ni idea, ni pajolera idea de lo que dice. Del resto de lo explicado, sepa más o menos, seguramente su necedad y arrogancia intelectual le impidan comprender que su privilegiada mente tratando de suplantar las fuerzas espontáneas y libres del mercado será siempre incapaz de atisbar ni de lejos un resultado general que se acerque mínimamente a la tendencia de ajuste y coordinación que favorece la libertad. Por qué se sostiene toda esta farsa?, muy sencillo: permite que los más sinvergüenzas vivan del resto. Redistribuye una riqueza mermada consiguiéndoles niveles de vida que en otro caso probablemente no serían capaces de lograr.

Cándido Méndez no defiende al débil, vive de él. Del mismo modo, el salario mínimo no mejora las condiciones laborales, sino que impide acceder a muchos a un puesto de trabajo. Resulta evidente que en su idea de darwinismo social los elegidos para heredar la tierra son los más infames y ladrones.

Saludos y Libertad!

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6 comentarios leave one →
  1. marzo 7, 2009 10:16 pm

    en total acuerdo:
    no defiende al débil, vive de él

  2. marzo 9, 2009 12:58 am

    “un mercado libre tiende a ajustar de forma más satisfactoria para los intereses particulares de muchos más individuos, sino que además genera las oportunidades para que hasta el aparentemente más inútil y marginal encuentre un trabajo cuyo beneficio sea apreciado con más intensidad que el ocio al que se renuncia”.

    En verdad os digo, un día lloverá miel del cielo, y panes como rocas brotarán de la tierra yerma…

    Por cierto, el padre de Mises era funcionario público, tenían una buena fortuna, y gracias a ella pudo estudiar en el elitista “Akademisches Gymnasium” de Viena y convertirse también en funcionario público, cargo que sólo abandonó cuando descubrió que se podía vivir mucho mejor trabajando menos, como “teórico”, aprovechando la publicidad que podía darle gente como la “titiritera” Ayn Rand (escribía guiones de niña, con 7 años). No es raro: Carl Menger era hijo de nobles (padre abogado), Böhm-Bawerk era aristócrata y fue ministro, Friedman hijo de un acaudalado empresario judío, y tu homónimo Hayek nació en una familia de autodenominados “intelectuales”, toda una casta sacerdotal que atesoraba prestigio intelectual y dinero gratis (¿cuántos familiares de Hayek fueron realmente notables como pensadores?). Ya se sabe que se teoriza mucho mejor cuando se tiene el estómago bien lleno y la bolsa repleta.

    Todos ellos eran defensores y partícipes activos de una sociedad donde el acceso a la cultura del conocimiento se reservaba exclusivamente a los hijos de las familias iniciadas. Todo un ejemplo de la “libertad” que pregonaban. Todos ellos fueron muy revolucionarios de jóvenes, y muchos de ellos coquetearon con el socialismo sin pudor. Hasta que descubrieron que se vivía mejor en la otra orilla. Y como es lógico, desde ese momento, todos ellos vivieron muy, muy bien, sin haber nunca trabajado la mitad que Cándido Méndez (como ingeniero metalúrgico, por cierto) o cualquiera de sus afiliados.

    Saludos liberaloides,
    Quinto Fabio Máximo

  3. marzo 9, 2009 11:29 am

    Eras así de niño o ha sido con los años? Es que no sé exactamente lo que pretendes con esa estrategia tuya de querer parecer que sabes de todo mucho más que el resto.
    Saludos!

  4. liberand permalink
    marzo 9, 2009 11:48 am

    Anonimus, cuando leas y entiendas algo de todos esos autores a los que citas rebátelos si no estás de acuerdo. Pero no basta con el “corta y pega” que has hecho de la wikipedia.

  5. marzo 9, 2009 5:09 pm

    YSH: de niño se tiende a mitificar a una persona de carne y hueso, convertirla en un dios. Se suele hacer con la madre o con el padre, y luego generalmente se hace con algún héroe deportivo o estrella de cine. Normalmente, se avanza en la vida, y cuando dejas de pensar que hay personas sagradas e intocables es un indicativo de que has madurado y ya eres adulto. Te recomiendo el sano ejercicio de no pensar que nadie es un santo, por muy listo que sea.

    Por cierto, no pretendo saber de todo mucho más que el resto. En mis comentarios ya he dicho de qué cosas se más que de otras. Cada persona sabe de lo suyo, o de sus intereses, y modestamente de lo demás. Sin embargo, tu estrategia es amedrentar o desacreditar las opiniones de quienes no son tan eruditos en determinados temas como (supuestamente) eres tú. Además, te permites habitualmente el lujo de hacer una purga bibliográfica, diciendo a la gente lo que debería leer. Incluso te permites dudar de la alfabetización del algunos de los que comentamos en este blog. Y después de haberme dicho, directamente, “sabes leer?”, resulta que soy yo el que quiere parecer más listo. Por favor, no me hagas reir, que se me salen los puntos.

    liberand: en primer lugar, no he rebatido nada. Como podrás ver, si vuelves a leer con algo más de calma mi comentario, no he dicho nada, ni puesto una sola coma o punto, a la teoría y reflexión de ninguno de esos autores. No tiene nada que ver con eso. No me atrevería a enmendarles nada.

    Pero eso no significa que no se pueda observar, y comentar, una obviedad: todos los teóricos de los últimos tres siglos (sociales, económicos, filósofos, arquitectos…) tienen la característica común de habe sido gente muy acomodada sin preocupaciones económicas. Mencioné a algunos “santos”, sinceramente, porque sé cuánto le molesta a YSH que se nombre en vano a ciertas personas. Pero también podemos hablar de Marx, que era otro “niño de papá”.

    Y sobre el saber enciclopédico en general, no es necesario que el espíritu del padre de Mises se me aparezca para enseñarme las cuotas del “Akademisches Gymnasium” para que yo pueda saber que su hijo se formó en esa prestigiosa academía. ¿Acaso tú has leído mucho al respecto, por poner un ejemplo de las muchas cosas divinas y humanas de que se habla en este blog, de la propiedad intelectual, en los autores que la han definido en los últimos 250 años? Y sin embargo, opinas de ello, tu punto de vista, humano, personal, y valioso como cualquier otro.

  6. abril 10, 2009 6:32 pm

    acronym. cuanta basura cultural nos hacen tragar cuando dejamos de leer (“investigar”). No soy erudito en esta materia.Por deber de alumno, busco temas relacionados al Darwinismo Social y la Revolución Etica. Quedé pasmado en el ostracismo en que me debatía en mis conceptos y por ende de mi entorno. Mis colegas mirán aún a los sindicatos como los liberadores de la explotación, esgrimiendo plataformas sociales reivindicativas; como dice el articulista anterior, estos, comen del sufrimiento de que los “representa”. No solo eso, oleadas de docentes son enemigos de los estudiantes porque no admiten su debilidad frente a la globalización y a la Tecnología de Punta, la atacan en vesz de aprovechar la potencialidad de estos conocimientos. Siglos y siglos, sumidos a la peor ignorancia por intereses de políticos que gobernaron naciones y estaqdos, que en complicidad con la iglesia, oprimen a los creyentes para enriquecerse, haciéndoles creer, que serán doblemente recompesados en el cielo por este sufrimiento terrenal, hasta llegar a fanatizarlos, como aquellos que se tumbaron las dos torres gemelas de EEUU. Ojalá pudiera recibir alguna orientación para mi trabajo a favor de los herederos del siglo XXI. Es difícil, exponer en breves segundos una opinión objetiva, pero; seguro lo haré posteeriormente.

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